Tarso

Joshua J. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
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Roman Road, Tarsus (by Troels Myrup, CC BY-NC-ND)
Camino romano, Tarso Troels Myrup (CC BY-NC-ND)

Tarso era una ciudad de la antigua Cilicia situada en la provincia moderna de Mersin, en Turquía. Es uno de los centros urbanos en uso continuo más antiguos del mundo y se remonta al periodo neolítico. Se construyó cerca del río Cidno (el actual Berdan) y fue un importante centro de comercio durante gran parte de su historia. Por lo que mejor se conoce esta ciudad es por ser el lugar de nacimiento de san Pablo (Pablo de Tarso, en torno a 5 - 64 d.C.) y, según Plutarco, Cleopatra VII (en torno a 69-30 a.C.) conoció a Marco Antonio (83-30 a.C.) abordo de su barco a la entrada del puerto de la ciudad; las ruinas de la puerta de entrada son una popular atracción turística hoy en día. Alejandro Magno (356-323 a.C.) se recuperó en Tarso cuando cayó enfermo allí después de nadar en el Cidno en 333 a.C. después de tomar la ciudad en su conquista de Cilicia.

Tarso floreció con los hititas en torno a 1700-1200 a.C., fue saqueada en el siglo XII o XIII a.C. (casi seguramente por los pueblos del mar) y recuperó su antiguo estatus de centro vital de comercio con los asirios (entre alrededor de 700-612 a.C.), con los persas (entre alrededor de 547-333 a.C.), después con Alejandro Magno (en torno a 333-323 a.C.) y más tarde se dividió entre dos de sus generales, que fundaron los imperios seléucida y ptolemaico, hasta que la región pasó a formar parte de Roma en 103 a.C.

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Después de 64 a.C. fue nombrada la capital del distrito de Cilicia Campestris y siguió siendo la capital del área incluso cuando esta se volvió a redistribuir y cambió el nombre a Cilicia Prima. Posteriormente, pasó a estar bajo el control del Imperio bizantino. Las invasiones musulmanas de alrededor de 700 d.C. la conquistaron junto con el resto de Cilicia, volvió al control bizantino en torno a 965 d.C. y siguió siendo una ciudad importante de comercio después de pasar a formar parte del Imperio otomano después de 1453 d.C.

Historia temprana

Tarso ya era un centro importante de comercio con los hititas y los hatianos lo desarrollaron a partir de un centro urbano muy anterior en torno a 2500 a.C.

Los textos romanos posteriores afirman que la ciudad fue fundada por el nieto de una mujer llamada Anchiale, que estableció una ciudad cercana nombrada en su honor y cuyo hijo, Cidno, le puso el nombre al río. El hijo de Cidno, Partenio, fundó la ciudad de Partenia, que más tarde pasó a llamarse Tarso. Sin embargo, esta historia es una ficción bizantina ya que la ciudad aparece antes en los textos asirios, en los que los acadios (entre alrededor de 2334-2083 a.C.) la conocen como Tarsisi y los hititas la llamaban Tarsa en honor a uno de sus dioses. Ya era un centro importante de comercio con los hititas y lo más probable es que los hatianos la desarrollaran a partir de un centro urbano muy anterior en torno a 2500 a.C.

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Los hititas llamaban a esta región Kizzuwatna y nombraron Tarsa su capital. El comercio floreció con el rey hitita Suppiluliuma I (que reinó de alrededor de 1344-1322 a.C.) y sus sucesores, que hicieron a la ciudad muy rica. Entre alrededor de 1276-1178 a.C., una coalición de invasores y piratas conocida como los pueblos del mar saqueó la región mediterránea y casi con toda seguridad son los responsables de la destrucción de Tarso. Los registros hititas hacia el final del imperio se han perdido, pero los egipcios dejaron escrito que varias ciudades de Anatolia habían sido destruidas por los pueblos del mar, entre ellas Troya, Mileto y Tarso.

A medida que el Imperio seléucida se debilitaba en torno a 110 a.C., su control sobre Cilicia perdió robustez y esto dio pie a que aumentara la piratería en la región. Roma intervino primero en 103 a.C. y conquistó el área que más adelante se conocería como Cilicia Campestris en un esfuerzo por expulsar a los piratas cilicios que estaban atosigando a los barcos y perturbando el comercio, con lo que empieza la presencia de Roma en la región.

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Tarso y la República romana

Roma participó en las guerras mitridáticas al norte entre 89-63 a.C. Mitrídates VI (120-63 a.C.), como parte de su estrategia contra Roma, había firmado acuerdos con los piratas cilicios para hostigar y saquear buques comerciales y puertos romanos. El problema de la piratería empeoró para Roma cuando Mitrídates VI lo alentó aún más, de manera que el general Pompeyo el Grande (106-48 a.C.) decidió movilizarse para acabar con él de una vez por todas.

A diferencia de los intentos anteriores, que habían atacado a los piratas por tierra, Pompeyo se llevó la lucha a los mares; dividió el Mediterráneo en 13 distritos y les asignó a todos una flota para capturar a los piratas a partir de 67 a.C. En 89 días logró quebrar el poder de los piratas cilicios, capturó o destruyó sus barcos y para 66 a.C. los había derrotado. En 64 a.C. Pompeyo dividió Cilicia en seis distritos y reubicó un gran número de piratas al distrito de Cilicia Campestris, que incluía la ciudad de Tarso.

Pompey Marble Bust
Busto de mármol de Pompeyo Carole Raddato (CC BY-SA)

Los antiguos piratas eran tan buenos agricultores y trabajadores como habían sido ladrones y secuestradores, de manera que la región floreció gracias en gran medida a sus esfuerzos. Los administradores romanos gobernaban la región y Roma consiguió así un territorio estable desde el que lanzar sus campañas a Oriente Próximo. El puerto de Tarso, que siempre había sido uno de los más lucrativos, se volvió aún más transitado bajo la administración romana y la ciudad vio crecer su riqueza y opulencia. Cilicia se quedó tranquila durante la guerra civil entre Julio César (100-44 a.C.) y Pompeyo, pero ambos generales estaban en la región o los alrededores entre 49-45 a.C.

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César estaba tan impresionado con Tarso que la eximió de impuestos y le otorgó aún más favores; agradecida, Tarso se cambió el nombre a Juliópolis. César también recompensó a los judíos de la región (y, por extensión, a todos los judíos que acabarían viviendo bajo el Gobierno romano) con la libertad de practicar su religión en agradecimiento a su apoyo durante sus luchas con Pompeyo. César Augusto (que reinó de 27 a.C. a 14 d.C.) mantuvo este decreto, probablemente promulgado en 47 a.C., así como los emperadores posteriores.

Tras el asesinato de César en 44 a.C., Marco Antonio y Octaviano (el futuro Augusto) persiguieron a los conspiradores y sus fuerzas y los derrotaron finalmente en la batalla de Filipos en 42 a.C. Antonio seguía en la región, en Tarso, en 41 a.C., cuando la reina Cleopatra de Egipto hizo su famosa oferta desde su barcaza en el Cidno a las puertas de Tarso. César y Cleopatra habían tenido una relación tanto personal como política y ahora ella necesitaba el apoyo y la protección de Antonio. Por su parte, Antonio reconoció el valor de tener un interés dominante en Egipto, el granero de Roma por todas las exportaciones que hacía, y Tarso fue el comienzo de su célebre historia de amor y alianza política.

Cleopatra's Gate, Tarsus, Cilicia
Puerta de Cleopatra, Tarso, Cilicia Carole Raddato (CC BY-SA)

Tarso y el Imperio romano

En un principio, la relación de Antonio con Cleopatra, así como su comportamiento en general, irritó a Octaviano, pero al final lo enfureció y acabó desembocando en una guerra civil entre ambos generales que culminó en la batalla de Accio en 31 a.C., en la que Antonio y Cleopatra fueron derrotados. Ambos se suicidaron poco después y en 27 a.C. Octaviano se convirtió en César Augusto, el primer emperador de Roma. Ese mismo año, cambió Cilicia de distrito y la unió a Siria bajo el nombre de la provincia Siria-Cilicia Fenicia; ordenó la reconstrucción de templos, edificios administrativos y caminos.

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Hoy en día todavía se puede ver una vía romana en Tarso, posiblemente una de las encargadas por Augusto, aunque solo se ha excavado una porción pequeña. Los caminos de Cilicia la unían con el resto del imperio para que el comercio y los viajes fueran más fáciles. La red de caminos iba desde Troya hasta Pérgamo y desde la llanura de Armenia, bajando por las Puertas de Cilicia, a través de Galacia y hasta Tarso. Con esto, el comercio por tierra era casi tan fácil como por mar, pero eso no supuso una reducción de los beneficios del puerto de Tarso en Cidno.

Roman Road in Tarsus
Camino romano en Tarso Matt Krause (CC BY)

Tarso era la joya de Cilicia en aquella época y el comercio atraía a gente de toda la región, y muchos se quedaban. Los antiguos piratas que Pompeyo había reubicado eran adoradores de Mitra y practicaban la religión persa del mitraísmo que introducirían a los soldados de Roma en Tarso y los alrededores. El experto A. N. Wilson comenta:

Como cualquier gran puerto, Tarso tenía una población mixta. Los escritores antiguos hablan de los tarsos como piratas, navegantes y adoradores de Mitra... [el culto] se hizo especialmente popular entre el Ejército, la mayoría de cuyos soldados, en el siglo I, eran asiáticos. Los arqueólogos muestran que Tarso fue un centro de culto dedicado a la adoración de Mitra hasta la caída del imperio. La característica más distintiva del culto mitraico es que los iniciados bebían o bien sangre de un toro sagrado o de un cáliz de vino como representación simbólica de la sangre. (25)

El mitraísmo era uno de los muchos «cultos mistéricos» del siglo I d.C., así llamados no solo porque afirmaban conocer los misterios de la vida y la muerte sino porque sus seguidores mantenían las creencias y los rituales en secreto; solo los conocían los iniciados. El mitraísmo se extendería fuera de Cilicia, y en especial Tarso, para acabar convirtiéndose en la religión más popular del Imperio romano; llegó a rivalizar con el culto de Isis proveniente de Egipto y, al final, con un culto mistérico menor cuyos seguidores se conocían como galileos o nazarenos pero que acabarían llamándose cristianos y cuyo primer campeón nació en Tarso.

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San Pablo

Saulo, el futuro san Pablo, nació en Tarso como ciudadano romano y judío devoto (Hechos 22:28, Filipenses 3:4-5). Todo lo que se sabe de él proviene del libro bíblico de Hechos, de las epístolas que conforman la mayor parte del Nuevo Testamento cristiano y otras narrativas (tales como los Hechos de Pablo y Tecla) no incluidas en la Biblia. Su nombre original era sin duda Saulo, mientras que Pablo (Paulus) era su nombre romano, que naturalmente habría usado más en su trabajo misionario entre los gentiles. Contrario a la opinión popular, no hay ninguna evidencia bíblica de que Saulo se cambiara el nombre a Pablo tras su experiencia de conversión. En Hechos 13:9 se dice que Saulo también se llamaba Pablo y también se lo menciona como Saulo en otras partes tras su conversión.

Paul the Apostle
Pablo el apóstol RomanZ (CC BY-NC-SA)

Lo enviaron a estudiar a Jerusalén y se convirtió en un miembro destacado de la comunidad judía del lugar (Hechos 22:3). Cuando los discípulos de Jesucristo empezaron a compartir su nueva fe, Saulo estaba entre sus perseguidores hasta que experimentó una visión de camino a Damasco en la que Jesús le habló y se quedó ciego (Hechos 9:3-9). Tras recuperar la vista con la ayuda de cristianos, se convirtió en el gran evangelista y viajó por los caminos romanos de Siria-Cilicia Fenicia para difundir la nueva fe.

Muchos estudiosos y teólogos a lo largo de los años han señalado que el lugar de nacimiento de Saulo y su educación influyeron en su visión del cristianismo. Habría conocido el culto mitraico y sus rituales, así como otras religiones tales como el culto de Hércules, el zoroastrismo, el culto de Cibeles, el maniqueísmo, el culto de Isis y muchos otros. El popular culto de Hércules estaba estrechamente asociado con la figura del dios que muere y resucita, una de las primeras deidades de fertilidad y vegetativas. En Tarso, el culto, que originalmente estaba dedicado a la deidad de la vegetación Sandan, estaba asociado con tres figuras de este tipo: el Adonis sirio, el Tammuz babilónico y el Osiris egipcio (Wilson, 26). Hércules «nacía» cada año en primavera y «moría» cada otoño; ambos eventos estaban marcados por un festival religioso. Wilson comenta:

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Cada otoño en Tarso Saulo de niño habría visto la gran pira funeraria en la que quemaban ritualmente al dios. El misterio central de este ritual era que el calor que desaparecía del sol estival había llevado al dios a su muerte, pero que volvería a la vida en la primavera, en la misma época en la que los judíos celebraban la Pascua. Por las inscripciones de Tarso sabemos que Heracles, a su muerte y descenso al Hades, se consideraba un salvador divino. (26)

Esta influencia temprana, según algunos estudiosos (Hyam Maccoby entre otros), explica la diferencia entre el cristianismo de Pedro y la visión de Pablo de la fe que se atisba en Hechos 15:1-35 y Gálatas 2:11-21 (conocida como el Incidente de Antioquía). En estos pasajes se sugieren dos versiones diferentes de las creencias y la práctica cristiana, y parece que el que ganó fue Pablo. Mediante sus cartas y sermones en sus numerosos viajes, de Cilicia a Grecia, a Roma, a Palestina y de vuelta, Pablo difundió su visión de Jesucristo que muere y resucita y no está claro si su mensaje tenía algo que ver con el ministerio real de Jesús o no. Existen varias discrepancias entre el mensaje de Jesús en los evangelios y el mensaje de Pablo en las epístolas, e incluso entre la figura de Pablo en el Libro de Hechos y Pablo tal y como se presenta a sí mismo en sus cartas.

Pablo continuó su trabajo misionario con gran éxito durante unos 30 años antes de ser martirizado, según la tradición cristiana, en Roma. Sin embargo, las iglesias que fundó florecieron y, cuando Constantino el Grande legitimó el cristianismo en el siglo IV d.C., la religión creció hasta convertirse en la religión dominante no solo de Cilicia sino de todo el mundo antiguo.

El Tarso imperial tardío

Tarso siguió perdurando y se hizo famoso tanto por su riqueza como por la indolencia de sus ciudadanos. El sofista griego Filostrato (en torno a 170-250 d.C.), que escribió sobre la vida del místico y filósofo Apolonio de Tiana (en torno a 15-100 d.C., también objeto de otro culto mistérico del siglo I d.C.), señaló:

A Apolonio la atmósfera de la ciudad le resultó dura y extraña, poco propicia a la vida filosófica porque no hay ningún otro sitio en el que los hombres sean más adictos al lujo. Bufones, llenos de insolencia todos ellos y atienden más a sus buenos ropajes que los atenienses atendían a la sabiduría. Un arroyo llamado Cidno recorre la ciudad, a cuyas orillas se sientan como aves acuáticas. (Vida de Apolonio de Tina, I.7)

La observación que hace aquí Filostrato concuerda con la opinión general de Tarso durante la época del Imperio romano como una ciudad portuaria lujosa de gran riqueza y opulencia. No era solo un centro de comercio, sino el centro administrativo romano de la región, y no escatimaron en gastos para crear templos, parques y termas públicas. El emperador Cómodo (161-192 d.C.) era especialmente aficionado a los placeres de Tarso y el emperador Juliano (331-363 d.C.) lo admiraba tanto que planeó trasladar su capital allí desde Antioquía, pero murió antes de poder hacerlo. En Tarso se han encontrado hermosas figuras de terracota talladas, en el emplazamiento del túmulo de Gozlukule, y las excavaciones llevadas a cabo en el lugar desde 2007 han revelado más. La popularidad de los cultos de Afrodita y Dioniso queda demostrada por cierta cantidad de figuras de ambos, lo que también es testimonio de dos de los principales intereses de los ciudadanos.

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Statue of Marsyas from Tarsos
Estatua de Marsias de Tarso Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)

Tarso bizantino

Tarso mantuvo esta reputación incluso después de la caída del Imperio romano de Occidente en 476 d.C., cuando pasó a formar parte del Imperio romano de Oriente, el Imperio bizantino, para cuando el distrito se conocía como Cilicia Prima. Los emperadores siguieron manteniendo esa consideración especial por la ciudad y el comercio se mantuvo tan rentable como siempre. Tarso exportaba cereales, alubias, grano, pescado, aceitunas, vino, tiendas (especialmente tiendas grandes para el Ejército romano) y paño áspero conocido como cilicium. Esta tela, hecha de pelo de cabra, se menciona a lo largo de la Edad Media (en torno a 476-1500 d.C.) como cilicio y era una forma popular de penitencia. Los penitentes llevaban una camisa de cilicio abiertamente o bajo la ropa para sufrir la incomodidad del material áspero que por lo visto también picaba. En origen, el cilicio era un material para hacer tiendas de campaña, no ropa.

La antigua ciudad de Tarso permanece hundida bajo la nueva y las excavaciones son imposibles sin perturbar las vidas y los intereses comerciales de sus habitantes.

En el siglo VII d.C., el Imperio bizantino defendió la región de los seguidores de la nueva religión del islam, cuyos guerreros se apoderaban de tierras y convertían a la gente de varios modos, pero, por lo general, mediante la espada. Los musulmanes tomaron Cilicia en 700 d.C. y, tras establecer bases y convertir iglesias en mezquitas, utilizaron Tarso y otras ciudades como puntos de partida de asaltos a otras regiones bizantinas.

Esta situación continuó hasta el siglo X d.C. cuando los bizantinos fueron lo suficientemente fuertes como para tomar represalias bajo su emperador Nicéforo II Focas (que reinó de 963-969 d.C.). Nicéforo expulsó a los invasores musulmanes de Cilicia y restableció el control bizantino en 965 d.C. Los bizantinos mantendrían el control de Tarso y la región circundante hasta la caída del imperio en 1453 d.C. y, tras esto, pasó a formar parte del Imperio otomano.

Conclusión

Hoy en día no queda nada de la antigua Tarso en la moderna ciudad turca, excepto por la vía romana parcialmente excavada y parte de la entrada del puerto (conocida como la puerta de Cleopatra) que se ha restaurado hasta tal punto que no parece quedar demasiado de la original. El limo y otros factores se combinaron para alejar el Cidno aún más de la ciudad, a pesar de que todavía se conoce como un centro de comercio lucrativo. Hay dos atracciones turísticas, la Iglesia de San Pablo y el Pozo de San Pablo, que no tienen nada que ver con san Pablo y se construyeron siglos después de su trabajo misionero. La antigua ciudad de Tarso permanece sepultada bajo la nueva y las excavaciones son imposibles sin perturbar las vidas y los intereses comerciales de sus habitantes.

Ciertas áreas en la ciudad y en torno a ella han producido prometedoras obras que apuntan a la opulencia de la antigua Tarso. Las excavaciones en curso en el túmulo de Gozlukule, realizadas desde 2007 por la Universidad de Bogazici, Estambul, han sacado a la luz muchas figuras de terracota, como ya se ha mencionado, así como pruebas de la existencia de los talleres que las produjeron. En cualquier caso, Tarso sigue siendo una ciudad muy bonita, aunque no se aproxime a la joya de Cilicia que era en la época de la Roma imperial, y tiene mucho que ofrecer a los visitantes en cuanto a arquitectura atractiva, especialmente en mezquitas, y la famosa hospitalidad de sus habitantes.

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2025, diciembre 20). Tarso. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10869/tarso/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Tarso." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, diciembre 20, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10869/tarso/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Tarso." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 20 dic 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10869/tarso/.

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