En el mundo antiguo, Palestina formaba parte de la región conocida como Canaán, donde se encontraban los reinos de Israel y Judá. El nombre Palestina procede del término Filistea, que inicialmente designaba un territorio situado en el sur de Canaán, en el que los filisteos ocupaban una pequeña zona.
Los cananeos, los fenicio-cananeos y los israelitas, entre otros pueblos, se habían establecido en el área desde épocas muy anteriores. Se considera que los filisteos llegaron hacia el final de la Edad del Bronce, alrededor del siglo XII a.C., y se asentaron en la llanura costera meridional del Mediterráneo en un territorio que más tarde se conocería como Filistea.
En los textos mesopotámicos y en los registros comerciales hallados en Ebla y Mari, de fecha tan temprana como el siglo XVIII a.C., el nombre de Canaán designaba toda la región; el término Palestina, en cambio, no se documenta hasta el siglo V a.C. en las Historias de Heródoto. A partir de ese momento, el vocablo Palestina pasó a emplearse para designar la totalidad del territorio antes conocido como Canaán.
La región forma parte del llamado Creciente Fértil, donde existen evidencias de habitación humana anteriores al 10000 a.C. Los primeros pobladores de estas tierras fueron cazadores-recolectores nómadas de probable origen mesopotámico, transformados en agricultores sedentarios durante la Edad del Bronce Antiguo (alrededor de 3300 a 2000 a.C.). En la Edad del Bronce Medio, que abarcó desde alrededor de 2100 hasta 1550 a.C., se intensificó el comercio con otras naciones y Canaán alcanzó un notable desarrollo económico. En el Bronce Tardío (en el entorno de 1550 a 1200 a.C.), la prosperidad continuó en la región tras su incorporación al Imperio egipcio, que existió desde alrededor de 1570 hasta 1069 a.C.
A medida que el poder y la influencia de Egipto declinaban, se expandían los de Asiria, cuyas incursiones en otras tierras habían comenzado en 1295 a.C. Desde alrededor de 1250 hasta cerca de 1150 a.C. el Cercano Oriente experimentó el llamado colapso de la Edad del Bronce, fenómeno que también afectó a Canaán. Según el libro bíblico de Josué, el general israelita homónimo invadió el territorio y lo repartió entre las tribus. La hipótesis que plantea la ocurrencia más tardía de este evento lo sitúa hacia 1250 a.C. y los hallazgos arqueológicos muestran indicios de una destrucción generalizada en la región alrededor de esa época. Sin embargo, por esas fechas llegaron a la región los pueblos del mar, de identidad desconocida, quienes podrían haber causado la destrucción de pueblos y ciudades, del mismo modo que se les atribuye la de otras naciones.
Los asirios, babilonios, persas y los ejércitos de Alejandro Magno conquistaron de manera sucesiva la región hasta su caída frente a las tropas romanas. Desde mucho antes de la llegada de los romanos el territorio se conocía como Judea, denominación derivada del antiguo Reino de Judá, destruido por los babilonios.
Por otra parte, la zona también se identificaba como Palestina, y tras la revuelta de Bar-Kojba de 132-136 d.C., el emperador romanoAdriano la rebautizó como Siria-Palestina, en referencia a los dos enemigos tradicionales de los judíos, los sirios y los filisteos, como castigo resultante de la insurrección. A partir de entonces, las designaciones Filistea, Judea romana y Palestina continuaron todas en uso.
DESPUÉS DE QUE HERÓDOTO EMPLEARA EL TÉRMINO «PALESTINA», ESTE APELATIVO REEMPLAZÓ DE MANERA GRADUAL A CANAÁN COMO DENOMINACIÓN DE LA REGIÓN
Se piensa que el nombre Palestina puede derivar de la palabra plesheth, que significa «raíz de palash», un comestible preparado por las tribus migratorias que llegó a simbolizar a los pueblos nómadas; otra posibilidad es que provenga del vocablo egipcio peleset, o de la propia forma Filistea, estos dos últimos con el significado «Tierra de los filisteos». Tom Robbins, un novelista, ha sugerido que el término Palestina se origina a partir de Pales, antigua deidad andrógina adorada en la región de Canaán. De ser cierta esta hipótesis, Palestina significaría «Tierra de Pales».
Se ha constatado la existencia de una deidad andrógina nombrada Pales, a la que los textos se refieren de manera indistinta como dios o como diosa. Los romanos reconocían a esta divinidad como patrona de las ovejas y de los pastores, y la festejaban el 21 de abril y el 7 de julio en el área de la Colina Palatina de Roma (Adkins & Adkins, 269).
Sin embargo, no existen registros de la antigüedad que vinculen a esta deidad con el nombre de la región, por lo que lo más probable es que Palestina derive de Filistea, según señalan los expertos J. Maxwell Miller y John H. Hayes:
Los filisteos se establecieron en la llanura costera meridional del litoral oriental del Mediterráneo (en líneas generales al sur del actual Tel Aviv). Llegaron a esa región hacia finales de la Edad de Bronce como parte de las migraciones generales de los «pueblos del mar» y habitaron en cinco ciudades principales: Asdod, Ascalón, Ecrón, Gat y Gaza.
Aunque desde el punto de vista histórico los filisteos se asocian en específico con la planicie costera, en la antigüedad clásica el nombre Filistea, «Tierra de los filisteos», se aplicó de manera general a todo el extremo sur del litoral oriental del Mediterráneo… En resumen, el término Palestina procede, en última instancia, de Filistea. (39-40)
Después de que Heródoto empleara el término en su obra en el siglo V a.C., otros autores lo adoptaron en sus escritos, y el nombre Palestina reemplazó de manera gradual a Canaán como denominación de la región.
Historia inicial de la región
El territorio se encuentra entre las primeras zonas del mundo habitadas por humanos. Los restos arqueológicos sugieren la existencia en la región de comunidades cazadoras-recolectoras nómadas anteriores al 10.000 a.C. Durante la Edad del Bronce Antiguo estos grupos establecieron asentamientos permanentes, desarrollaron sociedades agrícolas e iniciaron el intercambio de mercancías con otras regiones del Cercano Oriente. Como resultado, el área se convirtió en un importante nudo comercial, debido a su ubicación entre las urbes de Mesopotamia, Arabia y Egipto. El crecimiento de la región atrajo la atención de Sargón el Grande (reinó 2334-2279 a.C.), quien la incorporó al Imperio acadio cerca del año 2300 a.C.
La prosperidad del Imperio acadio de la época estimuló el desarrollo de centros urbanos en toda la región. Así, Palestina prosperó hasta la caída de Acadia ante los ejércitos invasores gutios en 2154 a.C. Con posterioridad, es probable que por motivos de superpoblación, las ciudades se abandonaron y sus habitantes retornaron a la vida rural y agrícola, pero no resultan del todo claras las causas de este acontecimiento.
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Edad del Bronce Medio
Durante el Bronce Medio, la población adoptó de nuevo la vida urbana y el comercio creció. Alrededor del 4000 a.C. se habían establecido los primeros intercambios internacionales de mercancías entre la ciudad portuaria de Biblos y Egipto, y hacia 2000 a.C. Egipto era el socio comercial más importante de la región. La influencia egipcia se hace patente en el patrón de los rituales funerarios de la región, que reflejaban con bastante fidelidad los de Egipto en cuanto a las características de los artículos incluidos en las tumbas.
Tanto Egipto como Canaán se beneficiaron de su asociación hasta cerca del 1725 a.C., etapa en que arriban los pueblos semitas conocidos como hicsos. A finales del Imperio Medio de Egipto (2040-1782 a.C.) los hicsos, mencionados en las antiguas inscripciones egipcias con el lacónico epíteto de «reyes extranjeros», lograron afianzar una posición en el delta del Bajo Egipto y consolidarse como entidad política en Avaris.
Tiempo después los hicsos acumularon el poder suficiente para iniciar intercambios comerciales, reclutar ejércitos y tomar el control del delta y de una gran parte del Bajo Egipto, pero en 1570 a.C. Ahmose I de Tebas los expulsó. Ahmose I persiguió a los hicsos en su marcha hacia el norte, a través de Canaán y hasta el interior de Siria, campaña que dejó en su estela ciudades en ruinas y comunidades dispersas.
Tras la expulsión de los hicsos se reconstruyeron las ciudades de Canaán y Ahmose I incorporó la región al recién formado Imperio egipcio, conocido también como Imperio Nuevo de Egipto, que existió en el período aproximado de 1570 a 1069 a.C. Ahmose I creó una zona de contención en torno a las fronteras de Egipto para impedir que otras potencias extranjeras invadieran el país. En lo sucesivo, distintos faraones ensancharían esta área hasta consolidar su imperio.
Durante el Imperio Nuevo gobernaron algunos de los más famosos faraones egipcios, quienes respaldaron el comercio y proyectos de construcción en Canaán.Hatshepsut (reinó 1479-1458 a.C.), Tutmosis III (reinó 1458-1425 a.C.), Amenhotep III (o Amenofis, reinó 1386-1353 a.C.) y Ramsés el Grande (reinó 1279-1213 a.C.), entre muchos otros, fomentaron el intercambio en la región y mejoraron su infraestructura.
En tiempos de Tutmosis III un pueblo conocido como habiru realizó incursiones contra las comunidades de la región y perturbó la paz. Aunque los habiru parecen haber sido nativos del área, su origen es tan incierto como el de los hicsos y los pueblos del mar. Además, la palabra «habiru» se utilizaba para designar a quienes no acataban las normas de la sociedad, razón por la cual los habiru se describen más como un grupo humano marginal que como invasores; de hecho, los intentos realizados por investigadores modernos para vincularlos con los hebreos han quedado desacreditados.
La llegada de los pueblos del mar
Los pueblos del mar hicieron su primera aparición en la historia de Egipto durante el reinado de Ramsés el Grande. Alrededor del año 1278 a.C. Ramsés los derrotó en un combate naval cerca de las costas egipcias y de nuevo se enfrentó a ellos en la batalla de Kadesh, en 1274 a.C., donde pelearon aliados a los hititas. Aunque el debate acerca de su identidad y procedencia continúa abierto en la actualidad, regresaron durante el reinado de Merenptah (reinó 1213-1203 a.C.) y más tarde en el de Ramsés III (reinó 1186-1155 a.C.) para hacerle la guerra a Egipto.
Los pueblos del mar hostigaban a Egipto al propio tiempo que devastaban al Imperio hitita y todo el Levante. Sus actividades, junto con las incursiones asirias que comenzaron cerca del 1300 a.C., sumieron a la región del Cercano Oriente en el caos.
A LO LARGO DE LOS REINADOS DE LOS PRIMEROS REYES ISRAELITAS Y CON POSTERIORIDAD A ELLOS, LA BIBLIA SE REFIERE EN REPETIDAS OCASIONES A LOS FILISTEOS COMO SUS ENEMIGOS acérrimos.
Se cree que la conquista de Canaán por parte del general israelita Josué ocurrió en esa misma época, alrededor de los años 1250 a 1200 a.C., conforme relatan el libro homónimo de la Biblia y en menor medida el libro de Números. Aunque existen incuestionables pruebas de la ocurrencia de una colosal convulsión en el territorio durante este período, los hallazgos arqueológicos no se corresponden del todo con la narración bíblica, por lo que es posible que los invasores de la región fueran los pueblos del mar.
Israel se menciona por primera vez en la Estela de Merenptah, que describe la victoria sobre los libios, gentes aliadas a los pueblos del mar; en ella el faraón proclama que «Israel está devastado». La estela parece referirse a Israel como pueblo, no como reino ni como ciudad-Estado. Es posible que los israelitas se unieran a los pueblos del mar y a los libios en una ofensiva contra Egipto, aunque ello es materia de especulación.
De cualquier manera, en algún momento posterior a la supuesta invasión del general Josué los israelitas ya se encontraban asentados con firmeza en Canaán, y alrededor del 1020 a.C. se fundó en el norte el Reino de Israel. El desarrollo de la nación continuaría durante su existencia como reino unificado hasta después de la muerte del Rey Salomón, quien la gobernó entre 970 y 931 a.C., al cabo de lo cual se dividió en dos entidades: el Reino de Israel, cuya capital era Samaria, en el norte, y el Reino de Judá, con capital en Jerusalén, en el sur. A lo largo de los reinados de los primeros reyes israelitas, e incluso después, la Biblia menciona en repetidas ocasiones a los filisteos como sus enemigos acérrimos.
Los filisteos, que se cree eran originarios de Creta o al menos del área del Egeo, desembarcaron en la costa mediterránea meridional de Canaán alrededor del siglo XII a.C. después que Ramsés III rechazara la invasión que emprendieron junto a los pueblos del mar contra Egipto. A partir de entonces consolidaron sus asentamientos en la planicie costera de la zona conocida como Filistea. Con anterioridad a su arribo prosperaban en el área otros establecimientos de mayor antigüedad, pero los filisteos se afanaron en dominar con rapidez a esas poblaciones.
Según las narraciones bíblicas, los filisteos contaban con la organización y eficiencia suficientes como para ocasionarles a las primeras tribus y ciudades israelitas una enorme cantidad de problemas. Constituyeron una amenaza significativa para el rey israelita Saúl, quien gobernó en el entorno de los años 1050 a 1010 a.C.; fueron derrotados por su sucesor, el rey David, cuyo reinado se extendió, de manera aproximada, desde 1035 hasta 970 a.C., y mantuvieron su enemistad hacia Israel bajo el rey Salomón. A pesar de las derrotas que les infligieron los israelitas, continuaron su expansión por la costa y el hostigamiento a sus vecinos.
En 722 a.C. los ejércitos del Imperio neoasirio invadieron la región y destruyeron el Reino de Israel. En esa misma época sometieron por completo a los filisteos, quienes perdieron su autonomía. En 703 a.C. el monarca del Imperio neoasirio Senaquerib, que reinó de 705 a 681 a.C., lanzó otra campaña contra la región y consiguió hacer de Judá un estado vasallo, a pesar de haber fallado en su intento de tomar Jerusalén.
Los asirios ocuparon la región hasta la caída de su imperio en el 612 a.C. ante una coalición de babilonios y medos. Poco después, en 598 a.C., los babilonios invadieron el territorio, saquearon Jerusalén, destruyeron el templo de Salomón y deportaron a Babilonia a los ciudadanos israelitas más destacados, período de la historia judía conocido como el cautiverio babilónico. Los babilonios retornaron entre los años 589 y 582 a.C., devastaron el resto de Judá y provocaron la dispersión de los filisteos.
Babilonia cayó ante Ciro el Grande, fallecido en 530 a.C., quien anexó la región al Imperio aqueménida y permitió a los judíos regresar de Babilonia a su patria. Alejandro Magno sometió al Imperio persa en 330 a.C. y tras él, los seléucidas controlaron la región hasta cerca de 168 a.C., ocasión en que los macabeos se rebelaron contra el dominio extranjero y la imposición de religiones foráneas, lo cual desembocó en el establecimiento de la dinastía asmonea, última de las monarquías independientes del reino de Judea. Roma intervino en los asuntos de la región en 63 a.C. y después de que Augusto se convirtiera en emperador, el territorio pasó a ser una provincia conocida como Judea romana alrededor de 31 a.C.
Las guerras judeo-romanas
Los romanos instalaron un rey de su conveniencia, Herodes el Grande, para que gobernara la región, e impusieron en Judea los mismos tributos vigentes en otras provincias del imperio. No obstante, el pueblo resentía la ocupación y el mandato de Roma, por lo que Judea se convirtió en una región conflictiva para las autoridades imperiales.
El período comprendido entre los años 66 y 73-74 d.C. fue testigo de la primera guerra judeo-romana, en la que Tito destruyó Jerusalén con su Segundo Templo, del cual solo quedó el Muro Occidental, y desencadenó el martirio de los defensores de Masada. Aunque los habitantes de la región gozaban de relativa libertad para vivir de conformidad con su cultura y creencias religiosas, continuaban bajo el yugo romano y deseaban su independencia.
Entre los años 115 y 117 d.C. estalló el conflicto conocido como guerra de Kitos, denominado así por una deformación del nombre del general romano Lucius Quietus, comandante de las legiones imperiales. El conflicto también concluyó con la victoria de Roma y el restablecimiento de una paz relativa. Mas adelante, en 132 d.C. estalló la revuelta de Bar-Kojba, que tuvo un coste enorme para ambos bandos, aunque los habitantes de Judea sufrieron mayores pérdidas, con más de 500.000 combatientes muertos e innumerables víctimas.
La región bajo el dominio de Roma
El emperador Adriano se encolerizó de tal modo por la resistencia judía que decidió sustituir el nombre de la provincia por el de Siria-Palestina, en honor a los enemigos tradicionales de los judíos: los sirios y los filisteos. Además, desterró de la región a todos los judíos y construyó su propia ciudad, Aelia Capitolina, sobre las ruinas de Jerusalén. La revuelta de Bar-Kojba fue la última de las guerras judeo-romanas; en lo sucesivo Roma mantendría el control del territorio sin que se registraran nuevos incidentes de gravedad.
El emperador Diocleciano, quien gobernó entre 284 y 305, dividió el Imperio romano en dos partes, el Imperio romano de Occidente, que controlaba Europa, y el Imperio romano de Oriente, conocido más tarde como Imperio bizantino, que administraba los asuntos del Cercano Oriente y por consiguiente, dominaba Siria-Palestina. Cuando Constantino el Grande (reinó entre 306 y 337) legitimó el cristianismo y lo convirtió en la religión del Estado, Siria-Palestina pasó a ser una provincia cristiana y un importante centro de la nueva fe.
El Imperio romano de Occidente colapsó alrededor del 476 d. C., pero el Imperio bizantino se mantuvo sin afrontar desafíos de relevancia hasta el siglo VII, época en que el Islam surge en la región. En el año 634 los ejércitos musulmanes de Arabia conquistaron Siria-Palestina y la renombraron Jund Filastin, «Distrito militar de Palestina». Los musulmanes consideraron que sus intereses religiosos en aquellas tierras eran tan importantes como los de los cristianos y los judíos que los habían precedido, por lo que convirtieron las iglesias en mezquitas, del mismo modo que antes los antiguos templos paganos habían cedido paso a los templos cristianos.
Conclusión
Los cristianos europeos se referían a la región como Palestina, que consideraban la Tierra Santa, por lo que en 1096 lanzaron la primera cruzada con el fin de reconquistarla del dominio musulmán. A esta campaña siguieron muchas otras respaldadas por el Imperio bizantino, hasta el año 1272, con un enorme costo en vidas y bienes, sin resultados definitivos.
Tras la caída del Imperio bizantino en 1453, la influencia cristiana en la región experimentó una drástica reducción y Palestina pasó al control de los turcos otomanos. La región continuó siendo objeto de disputa durante los siglos siguientes, hasta la intervención británica en 1915, en el marco de la I Guerra Mundial. Fue en esas circunstancias que las potencias occidentales trazaron los primeros planes de partición de Oriente Próximo para satisfacer sus propios intereses.
El territorio de Palestina continuó su existencia azotado por conflictos y disputas hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Al concluir esa conflagración, las Naciones Unidas establecieron el Estado de Israel como hogar nacional del pueblo judío. Tanto la resolución correspondiente de las Naciones Unidas como el surgimiento del Estado de Israel continúan siendo objeto de controversia. En la actualidad la región atraviesa tantos problemas como los que afrontó en la Antigüedad.
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.
Joshua J. Mark es cofundador y director de contenidos de World History Encyclopedia. Anteriormente, se desempeñaba como profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde enseñó historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado extensamente y vivió en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 28 May 2026. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.