Primera Cruzada

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Definición

Mark Cartwright
por , traducido por Antonio Elduque
Publicado el 09 julio 2018
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Texto original en inglés: First Crusade

Robert of Normandy at the Siege of Antioch (by Jean-Joseph Dassy, Public Domain)
Roberto de Normandía en el asedio de Antioquía
Jean-Joseph Dassy (Public Domain)

La Primera Cruzada (1095-1102) fue una campaña militar de fuerzas de Europa occidental para recuperar la ciudad de Jerusalén y Tierra Santa del control musulmán. Organizada por el papa Urbano II tras la llamada de auxilio del emperador bizantino Alejo I Comneno, la Cruzada fue un éxito, con la conquista de Jerusalén por parte de las fuerzas cristianas el 15 de julio de 1099.

Alrededor de 60.000 soldados y al menos la mitad de no combatientes participaron en la Primera Cruzada, que empezó su expedición en el 1095. Tras unas campañas en Asia Menor y en Oriente Medio, grandes ciudades como Nicea y Antioquía fueron recuperadas, y después el objetivo real, Jerusalén. Seguirían muchas más cruzadas, se ampliarían los objetivos, así como el ámbito del conflicto, de forma que incluso Constantinopla sería atacada en campañas subsiguientes.

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Causas de la Primera Cruzada

La primera y más importante acción que encendería la mecha que haría explotar la Primera Cruzada fue la expansión de los musulmanes selyúcidas, una tribu turca de la estepa. Estos lograron importantes victorias en Asia Menor contra los ejércitos bizantinos, en especial en la batalla de Manzikert, en la antigua Armenia, en agosto de 1071. La consecuencia fue que consiguieron el control de ciudades tan importantes como Edesa y Antioquía y, en ca. 1078, crearon el sultanato de Rum con capital en Nicea, en Bitinia, al noroeste de Asia Menor. En 1087 conquistaron Jerusalén.

El emperador bizantino Alejo I Comneno (r. 1081-1118) se dio cuenta de que la expansión selyúcida en Tierra Santa era una oportunidad para conseguir la ayuda de los ejércitos de Occidente en la lucha por el control de Asia Menor. En consecuencia, Alejo pidió ayuda militar a Occidente en marzo de 1095. La petición fue enviada al papa Urbano II (r. 1088-1099) que se mostró muy receptivo, igual que miles de caballeros europeos.

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Una cruzada aumentaría el prestigio del papado, al liderar un ejército combinado de Occidente, y consolidaría su posición en Italia.

El papa Urbano II ya había enviado tropas en 1091 para ayudar a los bizantinos contra los nómadas pechenegos de la estepa, que invadieron el imperio por el área norte del Danubio, y estaba dispuesto a ayudar de nuevo, por varios motivos. Una cruzada para devolver Tierra Santa al control cristiano era un objetivo por sí mismo – qué mejor manera de proteger lugares tan importantes como la tumba de Jesucristo, el Santo Sepulcro de Jerusalén. También necesitaban protección los cristianos que vivían allí o la visitaban como peregrinos. Además había otros beneficios adicionales muy importantes.

Una cruzada aumentaría el prestigio del papado, al liderar un ejército combinado de Occidente, y consolidaría su posición en la propia Italia, que había sufrido serias amenazas por parte de los emperadores del Sacro Imperio en el siglo anterior, que incluso obligaron a los papas a reubicarse fuera de Roma. Urbano II también aspiraba a convertirse en la cabeza de una iglesia cristiana unificada de Occidente (católica) y Oriente (ortodoxa), por encima del patriarca de Constantinopla. Ambas iglesias se habían dividido en 1054 por desacuerdos sobre la doctrina y las prácticas litúrgicas. En el caso de que alguien tuviera escrúpulos, se podía justificar una campaña de violencia tomando como referencia algunos pasajes concretos de la Biblia y haciendo énfasis en que se trataba de una campaña de liberación, no un ataque, y que los objetivos eran justos y honestos.

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El 27 de noviembre de 1095, Urbano II convocó una cruzada en un sermón durante el Concilio de Clermont, en Francia. El mensaje, conocido como la Indulgencia y dirigido específicamente a los caballeros, fue alto y claro: quienes defendieran la cristiandad se estarían embarcando en una peregrinación, todos sus pecados serían perdonados y sus almas recibirían la recompensa en la otra vida. Urbano II realizó una gira de sermones por Francia durante 1095-6 para reclutar cruzados, con un mensaje salpicado de historias exageradas sobre cómo, en ese preciso momento, los monumentos cristianos estaban siendo profanados y los creyentes perseguidos y torturados impunemente. Se enviaron cartas y embajadores a todos los rincones de la cristiandad. Las iglesias principales, como las de Limoges, Angers y Tours, sirvieron de centros de reclutamiento, así como muchas iglesias rurales y especialmente los monasterios. La llamada a “llevar la cruz” – con lo que la gente hacía el juramento de convertirse en cruzado y llevaba una cruz bordada en el hombro para proclamar su compromiso – tuvo un éxito increíble. Por toda Europa, guerreros conmovidos por el fervor religioso, la salvación personal, la peregrinación, la aventura y un deseo de enriquecimiento personal, se fueron reuniendo a lo largo de 1096, listos para embarcar hacia Jerusalén. La fecha de salida se estableció para el 15 de agosto de dicho año. Unos 60.000 cruzados, incluyendo 6.000 caballeros, participarían en las primeras oleadas.

Los nobles caballeros de Occidente no estaban interesados en hostigar a un enemigo y llevarse algún pequeño botín, estaban en Levante para lograr una conquista permanente.

El enemigo musulmán

Los musulmanes selyúcidas, que habían logrado el control de la mayor parte de Asia Menor y el norte de Siria en las últimas décadas del siglo XI, estaban ya sufriendo sus propios problemas incluso antes de la llegada de los cruzados. En conflicto con sus rivales implacables, los fatimíes chiitas de Egipto, los selyúcidas sunitas les habían arrebatado Jerusalén. Sin embargo, la muerte del sultán selyúcida Malikshah, en 1092, fue un serio contratiempo para sus ambiciones, al producirse una lucha por el poder entre varios señores locales, sin que ninguno consiguiera la supremacía. Además, la base selyúcida estaba en Bagdad, lejos de las batallas que iban a tener lugar durante la Primera Cruzada, por lo que el apoyo centralizado y la gestión militar fueron escasos. Además, los chiitas consiguieron recuperar Jerusalén de manos de los selyúcidas unos pocos meses antes de la llegada de los cruzados. Probablemente, ambos grupos musulmanes desconocían por completo la naturaleza religiosa de la misión de los cruzados y que se trataba de algo muy diferente de las habituales incursiones bizantinas. Los nobles caballeros de Occidente no estaban interesados en hostigar a un enemigo y llevarse algún pequeño botín, estaban en Levante para lograr una conquista permanente.

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The Byzantine Empire c. 1090 CE
El Imperio bizantino (ca. 1090 d.C.)
Spiridon MANOLIU (Public Domain)

Pedro el Ermitaño y la ‘Cruzada de los pobres’

Irónicamente, a pesar de la intención del papa de dirigirse específicamente a los caballeros (que era lo que Alejo había solicitado), otros grupos diferentes se sintieron atraídos por la propuesta cruzada. El primero importante fue el ejército popular, un conjunto heterogéneo de pobres y pequeños caballeros, liderados por el predicador Pedro el Ermitaño y el caballero Walter el Indigente (Walter Sans Avoir). Mal equipados y obligados por la necesidad a buscar alimentos en su recorrido a través de Europa, hicieron pocos amigos en la ruta. Pedro había peregrinado anteriormente a Tierra Santa, donde había sido capturado por los musulmanes y torturado; era su oportunidad de revancha.

Mientras tanto, un segundo grupo de cruzados, igualmente humildes y carentes de disciplina, fue siguiendo la ruta por el Rin. Liderados por el conde Emicho de Leiningen, el grupo dirigió, de manera infame, su odio contra los judíos en Espira, Maguncia, Tréveris y Colonia. Ambos grupos de cruzados, a veces denominados la ‘Cruzada de los pobres’ (aunque entre ellos había algunos caballeros), llegó a Constantinopla a principios de verano de 1096, con el objetivo de seguir hacia Jerusalén para echar a los selyúcidas. Esos recién llegados son descritos por Ana Comneno (1083-1153), historiadora e hija del emperador bizantino, en su Alexiada:

Y esos soldados franceses venían acompañados por un hueste desarmada más numerosa que los granos de arena o las estrellas, llevando palmas y cruces en sus hombros; también mujeres y niños, lejos de sus países. (Gregory, 296)

Enseguida fueron enviados por Alejo hacia Asia Menor donde, desoyendo el consejo bizantino, sufrieron una emboscada y fueron aniquilados cerca de Nicea por un ejército selyúcida liderado por Kilij Arslan I, el 21 de octubre de 1096. Eso no era lo que tenían en mente Alejo o el papa Urbano II cuando iniciaron el movimiento cruzado.

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La caída de Antioquía

La segunda oleada de cruzados, esta vez compuesta por más caballeros y soldados profesionales, llegó a Constantinopla durante el otoño e invierno de 1096. Por lo que respecta al emperador bizantino, este segundo grupo no mejoraba mucho al anterior, porque incluía entre sus líderes a un viejo enemigo, el normando Bohemundo de Tarento. Junto con su padre, Roberto Guiscardo (“el astuto”), duque de Apulia, había atacado a la Grecia bizantina entre 1081 y 1084. Bohemundo y sus caballeros llegaron a Constantinopla en 1097; las cosas fueron bien al principio, con los normandos jurando lealtad al emperador junto con otros líderes cruzados como Godofredo de Bouillón , duque de la Baja Lorena y Raimundo IV (alias Raimundo de Saint-Gilles), conde de Tolosa. Aparte hubo muchos otros nobles, cada uno al mando de su propio contingente de caballeros, por no mencionar los problemas prácticos de las barreras lingüísticas, con lo que fue un milagro que esa fuerza consiguiera hacer alguna cosa. Su éxito sería una sorpresa para todos.

The Siege of Antioch, 1098 CE
Asedio de Antioquía, 1098 d.C.
Jean Colombe (Public Domain)

Alejo dio buen uso de los cruzados, a pesar del pillaje y las violaciones perpetrados por los miembros menos piadosos de los ejércitos de Occidente, que dejaron un rastro de caos a su paso por Europa y los territorios del imperio. Los normandos tenían ganas de derrotar a los selyúcidas y establecer nuevos reinos por su cuenta, que podían ir bien para los planes de Alejo, al servir de zonas de amortiguación en la frontera del Imperio. Con un ejército mixto de cruzados, al mando del general bizantino Tatikios, consiguió reconquistar Nicea en junio de 1097, aunque los selyúcidas, en realidad, prefirieron abandonarla y reservar sus fuerzas. A continuación, barrieron la llanura de Anatolia, logrando una gran victoria en Dorilea, el 1 de julio de 1097.

En septiembre de 1097 el ejército cruzado – bizantino se dividió, con un ala moviéndose hacia Edesa, más al este, otra hacia Cilicia, al sudeste, y el cuerpo principal hacia Antioquía, en Siria, la llave de la frontera del Éufrates. La gran ciudad era una de las cinco sedes patriarcales de la iglesia cristiana, residencia de San Pablo y San Pedro y probablemente lugar de nacimiento de San Lucas. Reconquistarla sería un buen golpe propagandístico.

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Aunque bien fortificada y demasiado grande para cercarla completamente, Antioquía fue la siguiente conquista cruzada el 3 de junio de 1098, tras un duro asedio de 8 meses en el que los propios atacantes fueron sitiados por una fuerza musulmana procedente de Mosul. Los cruzados también sufrieron de peste, hambre y deserciones. Desafortunadamente para Alejo, en su camino para dar apoyo al sitio de la ciudad encontró a refugiados de la zona que le informaron, equivocadamente, que los cruzados estaban a punto de derrotar a un gran ejército musulmán, con lo que el emperador emprendió el regreso. Bohemundo quedó muy disgustado al ver que su ejército había sido abandonado por los bizantinos, aunque de todos modos logró conquistar la ciudad y derrotar a una fuerza de rescate. Los normandos decidieron renegar de su promesa de devolver al emperador todos los territorios conquistados y se quedaron la ciudad para ellos, lo que provocó la ruptura irrevocable de las relaciones entre los dos líderes.

La conquista de Jerusalén

En diciembre de 1098 el ejército cruzado marchó sobre Jerusalén, conquistando varios puertos sirios a lo largo de su ruta, y llegando a su destino final el 7 de junio de 1099. Del vasto ejército que había partido de Europa sólo quedaban unos 1.300 caballeros y unos 12.500 soldados de infantería, para afrontar lo que se suponía el objetivo principal de la Cruzada.

Protegida por unas murallas imponentes y una combinación de fosos y precipicios, Jerusalén iba a ser un hueso duro de roer. Por fortuna, en el momento adecuado llegaron varios barcos genoveses con madera, que se utilizó para construir dos torres de asalto, catapultas y un ariete. A pesar de esas armas, los defensores resistieron, aunque la guarnición musulmana no era propensa a salir y atacar a los asaltantes, esperando pasivamente la ayuda prometida desde Egipto. A mediados de julio, Godofredo de Bouillon decidió atacar contra lo que parecía una parte débil de la muralla. Montando la torre de asalto en la oscuridad y rellenando una parte del foso, los cruzados lograron situarse a tocar de las murallas. Con Godofredo al frente, los atacantes escalaron las defensas y lograron entrar en la ciudad el 15 de julio de 1099.

Taking of Jerusalem by the Crusaders
Toma de Jerusalén por los Cruzados
Émile Signol (Public Domain)

Lo que siguió fue una masacre de musulmanes y judíos, aunque las cifras de 10.000 o incluso 75.000 muertos parecen exageradas. Una fuente musulmana contemporánea (Ibn al-Arabi) la sitúa en 3.000, de los aproximadamente 30.000 residentes en la ciudad. Al cabo de un mes, llegó un gran ejército egipcio para recuperar la ciudad, que fue derrotado en Ascalón. Jerusalén, al menos por el momento, estaba de nuevo en manos cristianas; Godofredo de Bouillon, el héroe del asedio, fue nombrado rey de Jerusalén. Mientras tanto, en Italia, el papa Urbano II murió el 29 de julio de 1099 sin llegar a conocer el éxito de su cruzada. Para algunos historiadores, Ascalón marca el final de la Primera Cruzada.

Más victorias

Tras completar su misión, muchos cruzados regresaron a Europa, algunos con riquezas, otros pocos con reliquias, pero la mayoría agotados después de años de duras batallas y escasa recompensa. No obstante, una nueva oleada de cruzados llegó a Constantinopla en 1100, y fueron organizados por Raimundo de Tolosa. El 17 de mayo de 1101 conquistaron Cesarea y el 26 de mayo Acre. Lo malo para las futuras cruzadas fue que los musulmanes se iban familiarizando con las tácticas y el armamento de batalla de Occidente. En septiembre de 1101, un ejército cruzado de caballeros lombardos, franceses y germanos fue derrotado por los selyúcidas. Las cosas se iban a complicar para los ejércitos occidentales en los dos siglos siguientes de guerra.

Para asegurar que Jerusalén permanecía en manos cristianas, fue necesario crear varios asentamientos cristianos: el oriente latino.

Mientras tanto, Alejo no daba por perdida a Antioquía, y envió una fuerza para atacar la ciudad o al menos aislarla de los territorios cruzados que la rodeaban. Bohemundo, que había regresado a Italia, convenció al papa Pascual II (r. 1060-1118) y al rey francés Felipe I (r. 1060-1108) de que la mayor amenaza para el mundo cristiano eran los bizantinos. Había que eliminar a su traicionero emperador y a su obstinada iglesia, de manera que en 1107 se lanzó un ataque contra Bizancio, concretamente en Albania. Fracasó, sobre todo porque Alejo movilizó sus mejores fuerzas para hacerle frente, y el papa abandonó su apoyo a dicha campaña. Bohemundo se vio forzado a aceptar la subordinación al emperador bizantino, que le permitió gobernar Antioquía en su nombre. Se habían marcado las reglas para el reparto de los territorios capturados.

Valoración: logros y fracasos

La Primera Cruzada tuvo éxito en reconquistar Jerusalén pero, para asegurar que la Ciudad Santa permanecía en manos cristianas, fue necesario crear varios asentamientos cristianos en el Levante (conocidos en conjunto como los Estados Cruzados, el Oriente Latino o Ultramar). También se crearon Órdenes de Caballería, para reforzar la defensa, y se necesitaría un suministro continuo de nuevos cruzados en las décadas siguientes y una oleada de impuestos para financiarlo. Al principio, hubo masacres de las poblaciones locales, pero los occidentales pronto se dieron cuenta de que para mantener sus conquistas necesitaban el apoyo de unas poblaciones locales extraordinariamente diversas. En consecuencia, aumentó la tolerancia con las religiones no cristianas, aunque con restricciones.

A pesar del reclutamiento continuo en Europa y los intentos de crear colonias y reinos ‘permanentes’, resultó imposible conservar las conquistas de la Primera Cruzada, e hicieron falta nuevas campañas para reconquistar ciudades como Edesa y la propia Jerusalén, tras su nueva caída en 1187. Habría hasta ocho cruzadas oficiales, y muchas otras no oficiales, a lo largo de los siglos XII y XIII, todas ellas con más fracasos que éxitos.

La Primera Cruzada tuvo consecuencias imprevistas, sobre todo la ruptura de las relaciones entre Occidente y el Imperio bizantino, y el horror de los bizantinos ante los grupos descontrolados de guerreros provocando el caos en sus territorios. Fueron comunes las escaramuzas entre cruzados y fuerzas bizantinas, y crecieron la desconfianza y las sospechas sobre sus intenciones. Era una relación conflictiva que sólo fue a peor, y el malestar y la mutua desconfianza entre Oriente y Occidente culminarían con el saqueo de Constantinopla en 1204.

Grupos de cruzados, en su mayoría no caballeros sino gente pobre de las ciudades, aprovecharon la oportunidad del fervor cristiano para atacar a grupos minoritarios, especialmente a los judíos, en el norte de Francia y Renania. El movimiento cruzado también se expandió a la Península Ibérica donde, en las décadas segunda y tercera del siglo XII, se llevaron a cabo ataques contra los moros. También en Prusia, el Báltico, el Norte de África y Polonia, entre muchos otros lugares, actuaron hasta el siglo XVI ejércitos cruzados, en respuesta al hecho de que, a pesar de los dudosos éxitos militares, el ideal cruzado siguió atrayendo en Occidente a líderes, soldados y gente común, al agrandarse sus objetivos incluyendo no sólo a los musulmanes, sino también a los paganos, cismáticos y herejes.

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Sobre el traductor

Antonio Elduque
Soy doctor en Química y trabajo en el sector biomédico. También licenciado en Humanidades, especialmente aficionado a la Historia. Me gusta traducir porque obliga a una lectura lenta y cuidadosa, buscando el sentido del texto más que el significado de las palabras.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es un escritor de historia radicado en Italia. Sus intereses especiales incluyen la cerámica, la arquitectura, la mitología mundial y el descubrir las ideas que todas las civilizaciones tienen en común. Tiene un máster en Filosofía Política y es el director de publicaciones de la WHE.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2018, julio 09). Primera Cruzada [First Crusade]. (A. Elduque, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16588/primera-cruzada/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Primera Cruzada." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. Última modificación julio 09, 2018. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16588/primera-cruzada/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Primera Cruzada." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 09 jul 2018. Web. 27 nov 2021.

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