La propaganda de la guerra civil entre Octaviano y Marco Antonio

Artículo

Jesse Sifuentes
por , traducido por Carlos A Sequera B
Publicado el 20 noviembre 2019
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Disponible en otros idiomas: inglés, francés, portugués

La propaganda jugó un papel importante en la guerra civil entre Octaviano (63 a.C. – 14 d.C.) y Marco Antonio (83 a.C. – 30 a.C.) y, una vez victorioso en la batalla de Accio (31 a.C.), Octaviano regresó a su patria para convertirse en el primer emperador romano. La década anterior a su guerra civil fue decisiva. En el año 43 a.C., Octaviano, Antonio y Lépido (89/88 a.C. - 13/12 a.C.) formaron el segundo triunvirato para "restaurar el orden del Estado" y declararles la guerra a los asesinos de Julio César. Durante estos años trascendentales Antonio estaba lejos, en el este, preparando su invasión a Partia. Octaviano permaneció principalmente en Italia y en sus cercanías, fortaleciendo su imagen y consolidando su autoridad entre el Senado y el pueblo romanos.

Equestrian statue of Augustus
Estatua ecuestre de Augusto
Carole Raddato (CC BY-SA)

En Sicilia, Sexto Pompeyo (67–35 a.C.) estaba cortando el suministro de grano a Italia, lo que causó una hambruna generalizada. Algo debía hacerse, así que Octaviano aprovechó la oportunidad para ganar aclamación. Octaviano y su máximo general, Marco Agripa (63-12 a.C.), lograron derrotar a Sexto Pompeyo en la batalla de Nauloco en el 36 a.C. y, cuando regresó a su hogar, "el Senado y el pueblo de Roma le dieron la bienvenida a Octaviano como un héroe, listos para colmarlo de honores" (Southern, Augustus, 85). Al año siguiente, Octaviano se embarcó en las campañas de Iliria donde una vez más demostraría ser inmensamente exitoso. Por el contrario, la campaña de Antonio en Partia terminó desastrosamente, colocándolo a él y a Octaviano en posiciones muy diferentes de poder y de cómo eran percibidos.

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Del segundo triunvirato, Lépido fue exiliado por Octaviano en el año 36 a.C. y no volvió a involucrarse en la vida política. Esto dejó a Octaviano y a Antonio como los dos triunviros restantes. Su tambaleante alianza se iría deteriorando continuamente, con ambos librando una guerra de propaganda perniciosa, pavimentando el camino para la última guerra civil de la República romana, que culminaría en la batalla de Accio. Posteriormente, Octaviano también realizó propaganda de su victoria en Accio como la batalla que legitimó su papel como portador de la paz, la libertad y la estabilidad de Roma.

Propaganda previa a Accio

Tanto la escalada pre-bélica entre Octaviano y Antonio como la justificación de Octaviano para la propia guerra civil estuvieron basadas en gran medida en la propaganda. El primer momento decisivo ocurrió en el año 35 a.C. cuando Octavia (69 - 11 a.C.), hermana de Octaviano y esposa de Antonio, realizó un viaje a Atenas para visitar a Antonio. Para ese momento, Antonio y Cleopatra, la reina de Egipto, ya eran amantes desde el 40-41 a.C. y rara vez se separaban el uno del otro durante mucho tiempo. Octavia le llevó a Antonio suministros vitales, animales para transporte, vestimenta, dinero, armaduras y soldados de élite de la guardia pretoriana. Antonio aceptó y recibió los regalos, pero no la vio e hizo que un mensajero la enviara de regreso a Roma.

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Octaviano aprovechó la oportunidad para describir a Antonio de una mala manera. Después de todo, Octavia era una noble romana quien iba más allá de sus deberes como esposa y Antonio, vergonzosamente, la rechazó. Aunque no era común que la esposa de un gobernador provincial acompañara a su marido a su provincia, tampoco lo era que su esposo "mantuviese a una amante regia tan públicamente" (Goldsworthy, 182). Según Plutarco, Octaviano permitió que Octavia visitara a Antonio en Atenas. Esto da credibilidad a la idea de que Octaviano orquestó toda la escena para hacer quedar mal a Antonio. Debido a que en esos años Octaviano estaba en Italia o en sus cercanías y Antonio estaba lejos en el este, el primero estaba en una posición mucho más propicia para ganarse el favor de los ciudadanos y del ejército romano. Octaviano, además de su exitosa campaña en Iliria, también había derrotado recientemente el bloqueo del suministro de grano de Sexto Pompeyo e Italia estaba "avanzando hacia algo parecido a una existencia estable y normal" (Goldsworthy, 182).

Octaviano se perfilaba como la quintaesencia de un romano quien fue declarado emperador, no tenía una amante egipcia y estaba trabajando por el bienestar de Roma.

Al año siguiente, en el 34 a.C., Antonio y Cleopatra celebraron una ceremonia triunfal extravagante en Alejandría para festejar la anexión de Armenia por parte de Antonio, la cual fue percibida como "teatral, arrogante y que revelaba un odio a Roma" (Plutarco, Vida de Antonio, 54.3). La ceremonia recordaba un triunfo romano, pero tuvo lugar en una tierra extranjera. Había dos tronos de oro, uno para Antonio y otro para Cleopatra, con tronos más bajos para sus hijos. El propósito de esta pomposa ceremonia era confirmar el poder de la reina y distribuir reinos y territorios entre los hijos de Antonio y Cleopatra. Antonio declaró a Cleopatra la reina de Egipto, Chipre, Libia y Siria. Para sus hijos fueron Armenia, Media, Partia, Fenicia, Siria y Cilicia. Esto fue de mal gusto y se consideró una afrenta para la sensibilidad romana. Para empeorar las cosas, Cleopatra vistió "una túnica sagrada para Isis y se la trató como la nueva Isis" (Plutarco, Vida de Antonio, 54.6).

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Octaviano, como la mayoría de la "gente de Italia, consideraba las creencias egipcias extrañas" y merecedoras de desconfianza (Bleicken, 257). Se aprovechó de la deshonrosa ceremonia alejandrina y continuó el ataque propagandístico contra Antonio. Octaviano llevó el asunto de la ceremonia de Antonio al Senado romano y lo denunció ante el pueblo romano en un intento de obtener la desaprobación pública del comportamiento de Antonio. Se presentó a Antonio como no romano y esclavo de "la pasión y la brujería de Cleopatra" (Dion, Historia romana, 49.34). Por el contrario, Octaviano se perfilaba como la quintaesencia de un romano quien fue declarado imperator (comandante victorioso), traía la paz a Roma, no tenía una amante egipcia y estaba trabajando por el bienestar de Roma.

La propaganda no era unilateral. Antonio afirmaba que Octaviano "primero comprometió a su hija con su hijo Antonius y luego con Cotiso, rey de los getas, pidiendo al mismo tiempo la mano de la hija del rey para sí mismo" (Suetonio, Vida de Augusto, 63.2). Estas eran afirmaciones incendiarias de Antonio, según las cuales, Octaviano prometió en matrimonio a su hija infante, Julia, a alguno de tribu iliria, así como que el mismo Octaviano desposaría a la hija del rey. Antonio también revivió historias de la vergonzosa conducta de Octaviano en la batalla de Filipos, así como los rumores salaces sobre una relación sexual entre Octaviano y su padre adoptivo, Julio César (100-44 a.C.).

El golpe final fue el asunto del testamento de Antonio. Octaviano no perdió la oportunidad de exponer las cláusulas incriminatorias de su contenido, que se describió como "fatal para la reputación de Antonio en Roma" (Zanker, 72). El testamento estaba depositado en el templo de Vesta y cuando Octaviano fue a requerirlo ilegalmente, las vírgenes vestales rehusaron entregárselo. Sin embargo, le dijeron que si quería el testamento podía entrar al templo y tomarlo sin más y que ellas no lo detendrían. Así que fue y lo tomó. Octaviano se lo leyó en voz alta al Senado entero, aunque a la mayoría de ellos les pareció muy inapropiado llamar a Antonio para rendir cuentas "mientras estaba vivo por lo que deseaba hacer después de su muerte" (Plutarco, Vida de Antonio, 58.3).

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En el testamento, Antonio nombraba a los hijos que había tenido con Cleopatra como sus herederos. Sin embargo, Octaviano le dio mayor importancia al hecho de que Antonio, aunque muriera en Roma, deseaba que lo enviaran a Cleopatra para ser enterrado en Alejandría. Esto reavivó los rumores de que Antonio quería trasladar la capital de Roma a Alejandría. Octaviano magnificó y distorsionó el vergonzoso contenido del testamento de Antonio, que se contrastó marcadamente con el apropiado comportamiento romano de Octaviano. Después de todo, Octaviano no tenía planes de ser enterrado en tierra extranjera. Al contrario, tendría una enorme tumba para él y su familia en el corazón de Roma, conocida como el Mausoleo. Es posible que Octaviano comenzara a planificar esta tumba monstruosamente grande una vez que descubrió los preparativos de entierro de Antonio, para colocar aún mayor distancia entre los dos.

Silver Tetradrachm Portraying Antony and Cleopatra
Tetradracma de plata que representa a Antonio y Cleopatra
Sailko (CC BY)

La tensión entre los dos triunviros había llegado al punto de ebullición y era inminente otra guerra civil pero, como Octavio había logrado perfilar a Antonio como no romano, esta no sería una guerra civil. La propaganda de Octaviano era estruendosa y clara: Antonio no pertenecía a Roma, sino a Egipto y a Cleopatra. Octaviano atacó la romanitas ("romanidad") de Antonio; este estaba ahora perdidamente embelesado por Cleopatra, por Egipto y por sus "extrañas" deidades.

cuando vea que este hombre [Antonio] ahora ha abandonado todos los hábitos de vida de sus ancestros, ha emulado todas las costumbres extrañas y bárbaras, que él no honra a los nuestros ni a las leyes ni a los dioses de sus padres, sino que rinde pleitesía a esa moza [Cleopatra] como si fuese alguna Isis o Selene… pero, siendo un esclavo de esa mujer, emprende la guerra y sus propios peligros en su nombre en contra de nosotros y en contra de su país… Por lo tanto, que ninguno lo considere un romano, sino un egipcio (Parte del discurso de Octaviano contra Antonio en la Historia romana de Dion Casio. 50.25-26)

Octaviano justificaba la necesidad de la guerra no como de un romano contra otro, sino como de Roma contra Cleopatra y el este. Para los romanos, agotados de la guerra, esto era mucho más fácil de aceptar que otra guerra civil. Octaviano movilizó a Roma e Italia para defenderse del enemigo extranjero. En el año 32 a.C., declaró oficialmente la guerra a Cleopatra en el templo de Bellona, donde se celebraban los antiguos ritos preliminares a la guerra. Plutarco describió estos procedimientos como dirigidos contra Cleopatra, pero realmente eran contra Antonio. Algunos senadores desertaron a favor de Antonio, pero la mayoría se quedó y le juró lealtad a Octaviano. Augusto escribiría posteriormente: "la totalidad de Italia voluntariamente me juró lealtad y me requirió como su líder en la guerra en la que salí victorioso en Accio." (Augustus, Res Gestae Divi Augusti, 25).

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La propaganda post-Accio

En cuanto se supo de su victoria, la gente de la capital le concedió unánimemente votos de alabanza, estatuas, el derecho a asiento delantero, un arco rematado por trofeos y el privilegio de entrar en la ciudad cabalgando, de portar la corona de laurel en todas las ocasiones y de celebrar un banquete con su esposa e hijos en el templo de Júpiter Capitolino en el aniversario del día en el cual logró su victoria, el cual iba a ser un día de agradecimiento perpetuo. (Dion Casio sobre la noticia de la victoria de Octaviano en Accio en su Historia romana, 49.15.1)

Esta propaganda post-Accio era diferente a la invectiva política entre Octaviano y Antonio conducente a la batalla. Accio se usó como un símbolo de la paz, la estabilidad y el retorno de la República al pueblo de Roma. La victoria de Accio "llegó a ser considerada como una especie de milagro secular, del cual nació el nuevo gobierno de Augusto" (Zanker, 84).

La intervención divina y el nuevo mito fundacional de Roma

La leyenda de la fundación de Roma en el año 753 a.C. por Rómulo y Remo, descendientes del semidiós Eneas, es en parte histórica y en parte mítica. En la victoria de Octaviano en Accio, el mito también se entrelazó inseparablemente con la historia. Después de su victoria, Octaviano no quiso aceptar la responsabilidad exclusiva del éxito. Al contrario, había sido el dios Apolo quien ayudó a obtener la victoria a los romanos y a liberarlos de las costumbres "bárbaras" de Egipto y de la religión egipcia.

Apollo Statue, Palazzo Massimo
Estatua de Apolo, Palazzo Massimo
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

Apolo fue increíblemente significativo durante y en las postrimerías de Accio. Resultó que había un templo de Apolo cercano al hogar de Augusto y Apolo también "observó" la batalla de Accio desde su templo sobre las colinas vecinas de Accio. Los dioses intervenían en los asuntos humanos para determinar el resultado y en la propaganda de Accio estaba frecuentemente ilustrada la intervención divina. Agripa, el general de Octaviano y su mano derecha, se muestra imponiéndose sobre su flota de barcos como "apoyado por los vientos y los dioses" (Virgilio, Eneida, 8.780). En una sección, Virgilio (70-19 a.C.) incluso describe la batalla como una pelea entre los dioses romanos y los "monstruosos" dioses egipcios:

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Entre ellos la reina, traqueteando los timbales egipcios, llamó a sus barcos de guerra, todavía sin percatarse de las serpientes gemelas a su espalda. Anubis ladrando y dioses monstruosos de todo tipo pelearon contra Neptuno, Minerva y Venus. (Virgilio, Eneida, 8.797-801)

Apolo, arqueado en su templo contemplando la batalla, había intervenido y salvado a Roma de "la vergüenza y la humillación, y Octaviano había sido su instrumento. Por lo tanto, había que dar las gracias al dios Apolo". (Bleicken, Augustus, 261). Octaviano, después de Accio, construyó un nuevo templo para Apolo en el monte Palatino el cual era "visible en una amplia zona, incluyendo desde el Foro" (Goldsworthy, Augustus, 225). Esta victoria no fue simplemente como cualquier otra; conectaba estrechamente lo divino con el propio Octaviano.

Al conectar la batalla de accio a lo divino, Octaviano fortaleció su aura divina y le confirió credibilidad a su mandato.

Es importante recordar que en la antigüedad no había distinción entre mito e historia. Los dos estaban inseparablemente interconectados. Al leer sobre la historia de la antigua Roma se leerá acerca de Antonio y Hércules, César y Venus, Augusto y Eneas. La tela de la divinidad y los dioses estaba entretejida en la mismísima fundación de Roma. Hoy en día se puede separar lo que es histórico de lo que es mítico. Sin embargo, en la antigüedad no había tal inquietud. Por ejemplo, Júpiter, el semidiós Eneas y Venus todos aparecen en los libros de apertura de la Historia de Roma de Livio.

Octaviano ya tenía una relación ancestral sólida con los dioses. Su padre adoptivo era el deificado Julio César, quien afirmaba que el nombre Julio venía de Julo o Ascanio o Iulus, hijo de Eneas, cuya madre era la diosa Venus. Posteriormente, parte del nombre de Octaviano era Divi Filius que significa "hijo del dios". Al conectar la batalla de Accio a lo divino, Octaviano fortaleció su ya robusta aura divina y le confirió credibilidad a su gobierno. Esto creó una clase de leyenda fundacional mítica de la nueva Roma, en la cual Octaviano y Apolo eran los protagonistas principales. Accio marcó el comienzo de una nueva era de paz y estabilidad.

Imágenes, simbolismo, triunfos y literatura tras la batalla de Accio

Al entrar en Roma, fue galardonado con tres días consecutivos de "triunfos" (una procesión masiva de celebración para un comandante exitoso) por sus victorias militares en Iliria, Egipto y Accio. Los monumentos y las monedas ilustraban la virtus (excelencia militar) de Octaviano en Accio. Por ejemplo, en un monumento decorativo, se muestra a Octaviano sosteniendo el tridente de Neptuno y conduciendo un carruaje de mar tirado por hipocampos (una criatura mitológica con cuerpo de caballo y una cola de pez) sobre las olas espumosas. Algunas monedas conmemorativas de la batalla de Accio muestran a Octaviano con una tiara de laurel e inscripciones donde se lee: Libertatis Populi Romani Vindex (salvador de la libertad del pueblo de Roma). Por supuesto, esto se refería a la libertad de ser esclavizado por la "hechicera" Cleopatra y el este. Otras monedas muestran a la diosa Victoria montada sobre la proa de un barco, de nuevo conectando a la divinidad con Octaviano.

Roman Lamp Handle Ornament
Adorno del mango de una lámpara romana
Trustees of the British Museum (CC BY-NC-SA)

Los objetos domésticos tales como lámparas y jarrones adornados con imágenes de Accio llegaron hasta los lugares más recónditos del imperio y "atestiguan el hecho de que el gobierno de Augusto alcanzó una aceptación intensa y amplia" (Hölscher, Monumentos de la Batalla de Accio). Para cimentar la idea de que la victoria en Accio trajo la paz fue el cierre del Arco de Jano en 29 a.C., las puertas de la ciudad, las cuales le permitían a la gente entrar y salir de Roma. Esto era un honor increíble, ya que las puertas solo se cerraban en tiempos de paz y habían estado cerradas solamente tres veces en la historia de Roma. Según Augusto, en su parte-biografía, parte-currículum Res Gestae Divi Augusti (Las hazañas del divino Augusto), no menciona a Antonio ni a Cleopatra. En cambio, afirma haber "extinguido las llamas de la guerra civil" (34).

La literatura romana de la época también elogió a Octaviano y la derrota de Cleopatra. Virgilio le dedicó una sección de la Eneida a la batalla naval, Propercio escribió elegías alabando a Octaviano y ridiculizando a Cleopatra, Horacio escribió un epodo, "Un brindis por Accio", en el cual celebraba a Octaviano victorioso, invitando al lector a beber y celebrar la derrota de Cleopatra. Mientras que los distintos monumentos, arcos y monedas eran abiertamente propagandísticos en su intención de crear una imagen muy particular de la nueva era de paz y libertad, es mucho más difícil descartar la poesía de la época como mera propaganda. Son obras de arte célebres que persistieron por milenios. La Eneida de Virgilio, por ejemplo, está a la par de los poemas épicos de Homero como las obras más importantes y famosas de la antigüedad. Sus poemas se siguen estudiando hoy en día. El historiador Adrian Goldsworthy afirma que no hay evidencia de la "intervención directa de Augusto en las palabras que escribieron" y que "no hay ninguna razón para dudar de que Virgilio y los demás fuesen sinceros en los puntos de vista que expresaban" (310-11). Dicho esto, aunque estas obras de arte no pueden ser etiquetadas como mera propaganda, su naturaleza elogiosa y la demonización de Cleopatra inequívocamente iban de la mano con la propaganda propiamente dicha de su tiempo.

Conclusión

La propaganda fue un elemento vital en la escalada entre Octaviano y Antonio antes de que estallara la guerra civil. Mientras ambos se peleaban por el dominio, la propaganda llegaba de ambos lados: había la facción de Octaviano y la facción de Antonio. Después de que Octaviano derrotara a Antonio y Cleopatra, quedaba solamente una facción: la de Octaviano. Antonio, o cualquiera de los enemigos de Octaviano realmente, no aparece en ninguno de los monumentos que celebran Accio. Después del 31 a.C., los partidarios de Antonio se fueron al bando de Octaviano, juraron lealtad al nuevo gobernante y algunos, incluso, fueron encargados de la tarea de construir monumentos y templos celebrando a Accio.

Una vez que Octaviano resultó victorioso, la batalla de Accio se hizo emblemática para el nuevo comienzo de Roma. La imaginería de la batalla naval inundó el imperio, desde los monumentos más grandes hasta los artículos domésticos más pequeños. Esto estaba en contraste respecto a los tiempos anteriores a Augusto, donde los "monumentos conmemorativos de los hombres de Estado romanos eran raros fuera de Roma" (Hölscher, 311). Accio fue el punto de partida desde un siglo de guerra civil hacia una nueva era de paz, libertad y estabilidad. Asentó las bases para el Principado de Augusto. Octaviano descendía de Eneas y Rómulo (los fundadores originarios de Roma) y, ahora, él era el fundador de una nueva Roma.

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Sobre el traductor

Carlos A Sequera B
Carlos es ingeniero metalúrgico de Barquisimeto, Venezuela. Desde la infancia se sintió muy atraído por la geografía y la historia antigua. Leer sobre estos temas se convirtió en una afición y fortaleció sus conocimientos sobre historia.

Sobre el autor

Jesse Sifuentes
I'm a World History teacher in Houston. I'm passionate about Ancient Rome, particularly Augustus' Principate and the Late Republic. My other passions include chess, cycling, art, and the Italian language.

Cita este trabajo

Estilo APA

Sifuentes, J. (2019, noviembre 20). La propaganda de la guerra civil entre Octaviano y Marco Antonio [The Propaganda of Octavian and Mark Antony's Civil War]. (C. A. S. B, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1474/la-propaganda-de-la-guerra-civil-entre-octaviano-y/

Estilo Chicago

Sifuentes, Jesse. "La propaganda de la guerra civil entre Octaviano y Marco Antonio." Traducido por Carlos A Sequera B. World History Encyclopedia. Última modificación noviembre 20, 2019. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1474/la-propaganda-de-la-guerra-civil-entre-octaviano-y/.

Estilo MLA

Sifuentes, Jesse. "La propaganda de la guerra civil entre Octaviano y Marco Antonio." Traducido por Carlos A Sequera B. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 20 nov 2019. Web. 25 abr 2024.

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