Cirene, hoy Shahat, Libia, fue un importante centro cultural y puerto comercial del norte de África fundado en el año 631 a.C. por colonos griegos procedentes de la isla de Tera. La ciudad es conocida sobre todo por ser el lugar de nacimiento del filósofo Aristipo de Cirene, el poeta y erudito Calímaco y el polímata Eratóstenes, así como por las referencias que se hacen a ella en la Biblia.
Se convirtió en la ciudad fundacional de la región de Cirenaica, también conocida como la Pentápolis («cinco ciudades»), que incluía:
- Cirene (actual Shahat),
- Barca (actual Al-Marj),
- Evespérides (actual Bengasi),
- Apolonia (actual Susa),
- Tauquira (actual Tocra).
Algunos estudiosos sustituyen Apolonia, que era el puerto de Cirene, por Balagrae (la actual Al Baida) y otros por la ciudad posterior de Ptolemaida (la actual Tolmeita), pero las cinco mencionadas anteriormente son las más aceptadas como la Pentápolis original.
La región era excepcionalmente fértil, y la riqueza de Cirene provenía en gran parte del cultivo y comercio del silfio, una planta muy apreciada en la antigüedad como aromático y condimento y por sus propiedades medicinales, como así también por su uso para causar abortos. Se convirtió en sinónimo de Cirene, y su imagen aparecía en la moneda de la ciudad. El silfio se extinguió en el siglo I d.C. (según Plinio el Viejo) y, según Estrabón (en torno a 64 a.C. a 24 d.C.), la planta se cultivaba solo en una estrecha franja de la región, y esta fue casi destruida por una invasión de «bárbaros», aunque no se los nombra (17:22). Sin embargo, los estudiosos actuales creen que la planta se extinguió debido al pastoreo y la recolección excesiva, que agotaron los nutrientes del suelo.
La pérdida de la cosecha del silfio, la expansión de Cirenaica que agotó los recursos naturales, las guerras y los conflictos civiles (en particular el levantamiento judío durante la época romana) y los desastres naturales como la sequía y los terremotos (en los años 262 y 365 d.C.) provocaron el declive de la ciudad. Cirene quedó prácticamente desierta en el siglo IV d.C. y para el siglo VII d.C. la ciudad era una ruina vacía. Las primeras excavaciones modernas comenzaron a mediados del siglo XIX y continuaron hasta el siglo XX. En 1982, Cirene fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y, en los últimos diez años, ha sido declarada en peligro debido a la invasión del desarrollo, el saqueo y el vandalismo.
Comienzos de la ciudad y nombre
La región estaba ocupada originalmente por el pueblo imazighen (más tarde conocido como bereberes), pero, al parecer, no la zona que se convertiría en Cirene. Según Heródoto (en torno a 484-425/413 a.C.), la isla de Tera se superpobló y, tras consultar al Oráculo de Delfos, se le aconsejó enviar a parte de su población al sur para colonizar el norte de África. El pueblo ignoró este consejo hasta que la hambruna le recordó las palabras del oráculo de Apolo y organizó un grupo para el viaje (Libro IV, p. 542).
El líder de la expedición fue Aristóteles (más tarde conocido como Bato I, que reinó entre alrededor del 631 y el 599 a.C.), pero como nadie en Tera sabía dónde estaba la tierra a la que se había referido Apolo, pidieron ayuda a Creta y se pusieron en contacto con un comerciante llamado Corobio, que primero los llevó a la isla de Platea, luego a la región norteafricana de Azilirs y, finalmente, en el 631 a.C., al lugar donde se construiría la futura ciudad de Cirene.
La leyenda cuenta que la ciudad recibió su nombre en honor a una princesa que se convirtió en diosa, pero esto ha sido cuestionado en la era moderna. La académica Kathleen Freeman (1963) comenta:
El nombre de la ciudad proviene en realidad del manantial local llamado Kyre; según la leyenda, Cirene era una princesa que vivía en los bosques cercanos al monte Pelión y era una cazadora muy querida por Artemisa. Apolo la vio luchando contra un león sin armas y se enamoró de ella. La llevó a Libia y se unieron; ella se convirtió en la reina del país y dio a luz a un hijo llamado Aristeo, una deidad agrícola y pastoral. La leyenda local cuenta que Cirene mató al león en Libia, donde el rey había ofrecido su reino a cualquiera que lo librara de la destructiva bestia. En cualquier caso, los griegos convirtieron a Cirene en su diosa protectora junto con Apolo, cuyo culto habían traído consigo y al que siempre consagraron su culto principal. (p. 192)
Los inmigrantes encontraron la tierra virgen e increíblemente fértil. Freeman señala:
Se eligió bien el lugar: «por su ubicación, formación, clima y suelo», dice un escritor moderno, «la región es quizás una de las más encantadoras de la superficie del globo». Todo el distrito era un vasto jardín fértil y de gran belleza natural, dotado de un clima fresco y templado. Los abundantes rocíos de verano y las lluvias de invierno alimentaban innumerables manantiales y arroyos, y el suelo profundo proporcionaba no solo cosechas abundantes, sino también excelentes pastos. Para la nueva ciudad, los colonos eligieron un emplazamiento a 16 kilómetros tierra adentro, en una meseta delimitada al sur por quebradas que conducían a la meseta superior y al norte por el borde de un gran acantilado a 610 metros sobre el nivel del mar. (pp. 192-193)
El mito de la princesa Cirene y Apolo parece haberse desarrollado muy temprano, y la construcción de la ciudad comenzó en el lugar donde se creía que Cirene había matado al león y atraído la atención del dios. Entre los primeros edificios se encontraban un templo dedicado a Apolo y un palacio para su rey, Bato I, fundador de la dinastía batíada.
Primeros reyes y Egipto
Aristóteles eligió el nombre de Bato (que se cree que es la versión griega del término imazighen para «rey») como nombre de trono, pero sonaba similar al griego para «tartamudo», lo que dio lugar a la leyenda de que Bato padecía un problema del habla y acudió al Oráculo de Delfos en busca de consejo sobre cómo curarlo. Apolo, en cambio, le dijo que abandonara Tera y se dirigiera al norte de África, y cuando llegó, vio un león que le asustó, y la repentina conmoción curó su tartamudez.
Aparte de esta leyenda y de la fundación de Cirene, no se sabe nada sobre su reinado ni sobre el de su hijo y sucesor Arcesilao I (aproximadamente entre 599 y 583 a.C.), salvo que, bajo su mandato, Cirene se expandió, se fundó el puerto de Apolonia y floreció el comercio. Sus esfuerzos proporcionaron al tercer rey, Bato II el Próspero, que reinó entre el 583 y el 560 a.C. aproximadamente, una gran cantidad de recursos, y la expansión le animó a enviar una invitación para que más griegos se unieran a la comunidad. Los griegos, especialmente los del Peloponeso, respondieron a la llamada y llegaron en masa, adentrándose en las zonas periféricas y desplazando a los pueblos indígenas. Los imazighen respondieron pidiendo ayuda a Apries, faraón de Egipto, quien reinó entre los años 589 y 570 a.C. Heródoto escribe:
El efecto fue, que se juntó en Cirene mucho griego; pero viendo los Libios circunvecinos que se les iba cercenando mucho el terreno, y no pudiendo sufrir Adieran, que este era el nombre de su rey, ni el perjuicio de verse privado de aquella comarca, ni la insolencia que con él usaban los Cireneos, por medio de unos enviados al Egipto, se entregaron a sí mismos con todos sus bienes al rey de los egipcios Apries. Juntó éste un numeroso ejército de egipcios, y le hizo marchar a Cirene. Concurrieron armados los Cireneos al lugar llamado Irasa y a la fuente Testa, donde venidos a las manos con los egipcios, quienes no sabiendo por experiencia qué tropa era la Griega la tenía en bajo concepto, los vencieron y derrotaron de manera que pocos pudieron volver sanos a Egipto. (Libro IV. 549-550)
Apries fue derrocado poco después y sucedido por Amasis, también conocido como Amosis II, quien reinó entre los años 570 y 526 a.C. Amasis no solo hizo las paces con Cirene, sino que fomentó el comercio entre los cireneos y Náucratis en Egipto, además de enviar generosos regalos a la ciudad, entre ellos una gran estatua de la diosa Atenea. El reinado de Bato II le valió el epíteto de «el Próspero», ya que la ciudad y las regiones circundantes florecieron, y en el momento de su muerte, Cirene era fabulosamente rica.
Declive, democracia y Persia
Arcesilao II el Severo sucedió a su padre, Bato II, y reinó entre 560 y 550 a.C. aproximadamente. Heródoto señala que «desde el principio reinó entre él y sus hermanos la discordia y sedición» (Libro IV, p. 549). La disputa parece haber surgido debido a la personalidad dominante de Arcesilao II y su desconfianza hacia los demás, lo que provocó que los hermanos abandonaran Cirene y fundaran la ciudad de Barca. Arcesilao II marchó contra Barca, pero fue derrotado por una alianza entre barcos y libios, perdió 7.000 hombres, y luego fue asesinado por Learco, que era su hermano menor o un amigo cercano. Learco reinó brevemente como regente del joven Bato III antes de ser asesinado por la viuda de Arcesilao II, Erixo, quien ejerció como regente hasta que su hijo alcanzó la mayoría de edad.
Bato III el Cojo, quien reinó entre el 550 y el 530 a.C. aproximadamente, recibió su apodo por una deformidad congénita que le hacía cojear. Se dio cuenta de que la estabilidad y la prosperidad del reinado de Bato II se habían visto seriamente comprometidas bajo el mandato de Arcesilao II y viajó al Oráculo de Delfos en busca de consejo. Se le dijo que consultara al legislador Demonacte de Arcadia (hacia el 550 a.C.), quien regresó con él, creó (o revisó) la constitución de Cirene y dividió al pueblo en tres tribus según su lugar de origen: los procedentes de Tera (incluidos los que se habían casado con imazighen); los procedentes de Creta y el Peloponeso; y los procedentes de otras zonas de Grecia. De este modo, Demonacte estableció una democracia en Cirene, ya que los asuntos legislativos pasaron a ser responsabilidad del pueblo, y la función del rey se limitaba a oficiar como sumo sacerdote en las fiestas y aprobar la asignación de tierras.
A Bato III le sucedió su hijo Arcesilao III (que reinó entre el 530 y el 514 a.C. aproximadamente), quien, con el apoyo de su madre Feretima, intentó derrocar la democracia y restaurar la monarquía absoluta. Cuando el rey persa aqueménida Cambises II, quien reinó entre los años 530 y 522 a.C., conquistó Egipto en el 525 a.C. Arcesilao III reconoció su supremacía y le envió regalos monetarios, como era de esperar, ya que Cirene había sido aliada de Egipto. Sin embargo, es posible que esperara que sus presentes inclinaran a Cambises II a ayudarle a restaurar la monarquía cirenaica. Si fue así, sus esperanzas se vieron defraudadas, ya que Cambises II consideró que la cantidad era demasiado pequeña y, según Heródoto, arrojó el dinero a sus tropas, ya que era demasiado poco para hacer otra cosa con él.
A Cambises II le sucedió Darío I (también conocido como Darío el Grande, que reinó entre 522 y 486 a.C.) y Cirene aparece en las listas persas como tributaria del Imperio aqueménida. La negativa de Arcesilao III a considerar las negociaciones con la facción prodemocrática de Cirene condujo a una guerra civil en el 518 a.C., que perdió y le obligó a huir a Samos, mientras que su madre se refugió en la ciudad-Estado de Salamina, en Chipre. Feretima fracasó en sus esfuerzos por conseguir tropas del rey de Salamina, pero Arcesilao III tuvo más suerte en Samos.
Cuando regresaba a Cirene con su ejército, se detuvo en el Oráculo de Delfos para preguntar sobre sus posibilidades de éxito y se le dijo que debía tratar con amabilidad a los cireneos si deseaba gobernar. Arcesilao III ignoró el oráculo, marchó sobre la ciudad y restauró la monarquía, exiliando o matando a sus antiguos oponentes y oprimiendo al pueblo. Mientras se encontraba en Barca un día con su suegro, fue asesinado por algunos de los exiliados alrededor del año 514 a.C. y le sucedió Feretima hasta su muerte ese mismo año (ambos acontecimientos se sitúan a veces en el año 515 a.C.).
Le sucedió su hijo, Bato IV el Justo, que reinó entre el 514 y el 470 a.C. aproximadamente, y quien aparece en las listas persas aqueménidas como rey aliado al imperio. Esto sugiere que la monarquía restaurada bajo Arcesilao III seguía vigente bajo Bato IV, y otra prueba de ello proviene del reinado de su hijo y sucesor, Arcesilao IV (que reinó entre el 470 y el 440 a.C. aproximadamente). Se sabe poco del reinado de Bato IV, pero Arcesilao IV fue honrado en una canción por el poeta Píndaro por su victoria en la carrera de carros en los Juegos Píticos de Delfos en el 462 a.C.
Los caballos de Cirene, así como sus carros, eran muy apreciados en todo el Mediterráneo en aquella época y volvieron a ser de gran utilidad para Arcesilao IV dos años más tarde, cuando ganó la aún más prestigiosa carrera de carros en los Juegos Olímpicos. Poco después, los cireneos restauraron la democracia: Cirene se convirtió en una república en el 460 a.C al ser Arcesilao IV destituido. Este huyó con su hijo, Bato V, a la cercana Evespérides, donde ambos fueron asesinados en el 440 a.C., poniendo así fin a la dinastía batíada.
Período helenístico
Cirene apoyó a Esparta en las guerras del Peloponeso, pero una facción cada vez más numerosa admiraba la democracia ateniense. La anterior constitución de Demonacte había provocado un desequilibrio de poder entre la élite y la clase trabajadora, que se veía cada vez más oprimida y maltratada. Alrededor del año 401 a.C., la clase trabajadora se rebeló. Freeman comenta:
Esta represión gubernamental se debió al temor a la clase trabajadora, que ahora superaba en número a las clases alta y media; en esta revolución, quinientos ricos fueron ejecutados y otros huyeron. El partido democrático procedió entonces a consolidar su poder mediante cambios constitucionales. Imitando las medidas de Clístenes en Atenas un siglo antes, crearon nuevas tribus y clanes, que superaban en número a los antiguos, disolvieron las antiguas asociaciones, mezclaron a la población en la medida de lo posible y sustituyeron las numerosas celebraciones de ritos familiares y tribales por un pequeño número de fiestas religiosas comunes a todos los ciudadanos. (p. 200)
Se desconoce cómo funcionaba esta democracia en la práctica, ya que no hay registros que lo atestigüen. No se sabe nada de Cirene hasta la llegada de Alejandro Magno en el 332 o 331 a.C., salvo que siguió siendo un importante centro comercial y cultural. Aristipo de Cirene, quien vivió aproximadamente entre los años 435y 356 a.C., fue un discípulo de Sócrates y fundó allí la escuela cirenaica del hedonismo, que enseñaba que el placer era el bien supremo de la vida (un concepto que desarrollaron posteriormente los cirenaicos y epicúreos), y el silfio seguía siendo abundante. Aparte de esta información y de que la gran necrópolis de Cirene siguió en uso, la historia de la ciudad se reanuda con Alejandro. De camino al Oráculo de Amón en el oasis de Siwa, una delegación de Cirene lo recibió y le ofreció regalos en forma de caballos y carros de guerra, que él aceptó. Tras su muerte en el 323 a.C., la ciudad fue tomada por su general Ptolomeo I Sóter de la dinastía ptolemaica de Egipto, quien reinó desde el año 323 hasta el 282 a.C.
Mientras los generales de Alejandro se disputaban el imperio en las infames guerras de los Diádocos, uno de los comandantes menos conocidos, Tibrón, asesinó al gobernador macedonio Hárpalo, que había sido nombrado por Alejandro para gobernar Babilonia. Luego, se apoderó de la considerable suma del tesoro, equipó una flota y, ante la insistencia de los exiliados cireneos descontentos, zarpó hacia Cirene. Los intentos por tomar la próspera ciudad dañaron en gravedad el puerto de Apolonia, y cuando los cireneos pidieron ayuda a Ptolomeo I Sóter, los conflictos entre su general Ofelas, las fuerzas de Tibrón y los cireneos que luchaban en ambos bandos dañaron o destruyeron aún más zonas de Cirene y sus alrededores. Ofelas salió victorioso y Cirene volvió al dominio ptolemaico, mientras que Tibrón fue capturado y ejecutado en el año 322 a.C. El Decreto Fundacional de Cirene data de esta época y garantiza los mismos derechos a los teranos recién llegados que a los que ya estaban establecidos en Cirene o que permanecieron en Tera. Es posible que el decreto se promulgara con la esperanza de repoblar la ciudad tras las bajas causadas por la guerra.
Dos de los más grandes eruditos de la antigüedad provinieron de Cirene durante esta época: primero está Calímaco de Cirene, quien vivió aproximadamente desde el año 310 hasta el 240 a.C., fue poeta y erudito asociado a la Biblioteca de Alejandría, del que se dice que escribió más de 800 obras y desarrolló el concepto del catálogo de fichas; luego está el erudito Eratóstenes, quien vivió aproximadamente desde el año 276 hasta el 195 a.C., fue el primero en calcular la circunferencia de la Tierra y su inclinación axial. Cuando Eratóstenes era curador en jefe de la Biblioteca de Alejandría bajo el reinado de Ptolomeo III Evergetes, el cual duró desde el año 246 hasta el 222 a.C., Cirene seguía siendo famosa por ser la fuente del silfio, de los mejores caballos y carros, y de otros valiosos productos comerciales.
Conclusión
La ciudad permaneció bajo el control ptolemaico hasta la muerte de Ptolomeo Apión en el año 96 a.C., quien dejó Cirenaica a Roma. Bajo la República romana y los inicios del Imperio romano, Cirene siguió prosperando. Sin embargo, durante el reinado del emperador romano Vespasiano, entre 69 y 79 d.C., la comunidad judía de Cirene se rebeló contra la pérdida de los derechos civiles que habían disfrutado bajo la dinastía ptolemaica y la opresión que percibían del dominio romano.
Esta rebelión formó parte de la gran revuelta judía del año 66 d.C. (también conocida como la primera guerra judeo-romana, 66-73 d.C.), que comenzó bajo el mandato de Nerón, quien reinó entre los años 54‑68 d.C. El conflicto judío-romano se reavivó durante el reinado de Trajano (entre los años 98-117 d.C.) en la guerra de Kitos (115-117 d.C.), que se cobró la vida de más de 200.000 civiles y causó daños tan graves a Cirene que tuvo que ser reconstruida en gran parte, y repoblada, por Adriano, quien reinó entre los años 117 y 138 d.C.
El cristianismo llegó a Cirenaica desde Egipto, pero no se sabe con certeza cuándo. Cirene se menciona en el Libro de los Hechos y en otras partes del Nuevo Testamento de la Biblia, sobre todo en la figura de Simón de Cirene, que se ve obligado a llevar la cruz de Cristo en su crucifixión (Mateo 27:32, Marcos 15:21, Lucas 23:26). En el Primer Concilio de Nicea, celebrado en el año 325 d.C., Cirenaica se convirtió en provincia eclesiástica de Alejandría.
Cirene es mencionada como uno de los primeros centros del cristianismo, pero a finales del siglo IV, según el historiador romano Amiano Marcelino, casi nadie vivía allí: «En la Pentápolis libia se encuentra Cirene, una antigua ciudad ahora desierta» (Freeman, p. 210). Los terremotos del año 262 d.C. y, especialmente, del 365 d.C. acabaron con la vida de la ciudad.
Para entonces, los campos fértiles y valles que recibieron a los colonos de Tera en el año 631 a.C. habían sido urbanizados, pavimentados, probablemente explotados hasta quedar estériles y devastados por diversos conflictos, por lo que parece poco probable que Cirene pudiera haber perdurado mucho más tiempo. Cuando los árabes musulmanes llegaron a Cirene en el siglo VII, se encontraron con un paisaje muy diferente al que hacía mucho tiempo había dado la bienvenida a Bato I.
