Odiseo (nombre romano: Ulises) fue uno de los grandes héroes panhelénicos de la mitología griega. Fue famoso por su valor, inteligencia y liderazgo. El ingenio y las dotes oratorias de Odiseo fueron decisivos para la victoria griega en la guerra de Troya. Tras ese conflicto, Odiseo protagonizó numerosas aventuras fantásticas en su Odisea, el largo viaje de vuelta a casa, a Ítaca.
En la mitología griega, Odiseo era el hijo de Laertes y Anticlea y el rey de Ítaca, líder de los cefalonios. Casado con Penélope, también tuvo un hijo, Telémaco. El héroe también tuvo la suerte de recibir regularmente la ayuda y protección especial de la diosa Atenea. Hesíodo describe a Odiseo como «paciente», y Homero a menudo lo describe como «divino», también como «igual a Zeus en el recurso de su mente» y un gran orador, cuyas palabras persuasivas «descendieron como copos de nieve en invierno». Sin embargo, el héroe no era solo un pensador sino también un guerrero, y se hace referencia su coraje y destreza de lucha en el epíteto homérico «saqueador de ciudades». Homero también afirma que el nombre de Odiseo significa «víctima de la enemistad», sin duda en referencia a los malos sentimientos que Poseidón dirigió contra el héroe.
Odiseo se prepara para la guerra de Troya
La primera fuente de información rica sobre Odiseo fue el relato de Homero de la guerra de Troya en la Ilíada en la que nuestro héroe es protagonista. Odiseo estuvo involucrado en varios episodios importantes y su inteligencia, sabiduría e ingenio resultaron cruciales para la victoria griega al final de la guerra. Sin embargo, Odiseo casi evitó el conflicto por completo, ya que cuando fue llamado por Palamedes (un emisario de Menelao), como el rey de Ítaca detestaba dejar a su esposa y familia, fingió estar loco. Lo logró arando un campo con un buey y un asno unidos y esparciendo sal en los surcos. Sin embargo, Palamedes no se dejó engañar y, al poner al joven Telémaco en el camino del arado, Odiseo se vio obligado a desviarse y demostrar que no estaba tan loco después de todo.
Fue Odiseo quien persuadió a Aquiles a unirse a la expedición griega a Troya. Escondido por su madre Tetis (que sabía lo que le esperaba si participaba en la guerra), Aquiles fue criado por la familia real de Licomedes en la isla de Esciros. Sin embargo, Néstor, el rey sabio de Pilos, predijo que los griegos solo tenían la esperanza de conquistar la gran ciudad amurallada de Troya con la ayuda del gran guerrero Aquiles.
En consecuencia, enviaron el astuto Odiseo para persuadir al mejor luchador de Grecia a dejar a su esposa e hijo y luchar junto a las fuerzas dirigidas por el rey Agamenón. Disfrazado de vendedor rico, el rey de Ítaca tentó a Aquiles a dejar caer su disfraz de una de las hijas de Esciros y revelar su verdadera identidad presentando una variedad de armas finas sobre las que el gran guerrero no pudo ocultar su interés. Con Aquiles también llegó su formidable Ejército privado, los mirmidones de Tesalia.
Odiseo nuevamente fue elegido como enviado para persuadir a la hija de Agamenón, Ifigenia, de unirse a las fuerzas griegas en Áulide. Mientras cazaba, Agamenón mató por error a un ciervo sagrado de Artemisa y según el vidente Calcas, tan solo el sacrificio de la hija del rey apaciguaría a la diosa y permitiría a los griegos un viaje seguro a Troya. Odiseo luego viajó a Micenas y prometió a la madre de Ifigenia, Clitemnestra, que la niña podría casarse con Aquiles. Complacida por la perspectiva de un yerno tan prestigioso, la reina estuvo de acuerdo. Sin embargo, al llegar a Áulide ya se habían hecho preparativos para el sacrificio y la pobre niña fue inmediatamente puesta sobre un altar. Afortunadamente, al igual que Agamenón dejó caer su espada, Artemisa se apiadó de la chica, la reemplazó con un ciervo y se llevó a Ifigenia para convertirla en sacerdotisa en Tauris en uno de los santuarios de la diosa.
Los griegos recibieron vientos favorables debidamente y desembarcaron en Troya. Salvo por un incidente menor donde Odiseo y Diomedes emboscaron al joven Dolón en un bosque, Odiseo tuvo poco que hacer hasta las etapas finales de la guerra. Después de la muerte de Aquiles, hubo cierta disputa sobre quién debía heredar la magnífica armadura del héroe. Odiseo y Áyax presentaron reclamaciones, pero el asunto se decidió en una votación y con influencia de Atenea en los procedimientos. Odiseo recibió las armas y armaduras hechas por Hefesto.
El papel de Odiseo en la victoria griega
A pesar de la pérdida de su talismánico guerrero, la guerra continuó, pero a esta altura los griegos empezaron a emplear un poco más de pensamiento estratégico para el problema de superar los muros de Troya. El vidente Calcas predijo la victoria solo si los griegos podían asegurar tres cosas: la participación del hijo de Aquiles, Neoptólemo, en la guerra; la utilización de las armas legendarias de Hércules, entonces en manos de Filoctetes; y finalmente, la captura del Paladión por parte de los griegos. Esta última era una estatua sagrada de madera de Atenea que se creía que había caído del cielo y fue encontrada por Troas, el fundador de Troya. Los troyanos creían que esta estatua les daba protección y poder, de manera que, al robarla, los griegos obtendrían una gran ventaja en la guerra.
Odiseo era el hombre que debía llevar a cabo estas tres difíciles tareas. Primero, regresó a Esciros y persuadió a Neoptólemo para que se uniera a él. Luego fue a Lemnos a recoger a Filoctetes y las armas de Hércules. Sin embargo, Hércules estaba bastante molesto por haber sido abandonado en la isla en primer lugar, pero resultó que valían la pena todos los esfuerzos persuasivos de Odiseo, ya que Filoctetes logró matar a París con sus flechas mortales tan pronto como entró en la batalla de Troya.
Esto dejó la tercera tarea por cumplir: tomar el Paladión sagrado del corazón de la ciudad. Para localizar la estatua con exactitud, Odiseo se disfrazó de mendigo y entró en la ciudad sin ser detectado. Una persona reconoció al infiltrado, Helena, a la que para entonces habían obligado a casarse de nuevo con otro de los hijos de Príamo y estaba ansiosa por volver a Grecia. Fue ella quien guio a Odiseo a la ubicación del Paladión. Al regresar al campamento griego con esta información, Odiseo reclutó la ayuda de Diomedes y, a la noche siguiente, la pareja volvió a entrar en la ciudad y se hizo con la estatua.
A pesar del robo del Paladión, la guerra continuó y se hizo evidente que hacía falta una estrategia más ambiciosa si los griegos querían ganar el conflicto. Con la inspiración divina de Atenea, a Odiseo se le ocurrió la brillante idea del caballo de madera. Hizo que los carpinteros construyeran un caballo enorme que pudiera esconder a varios soldados griegos. El truco era cómo persuadir a los troyanos para que llevaran el caballo dentro de los muros de la ciudad. Odiseo primero hizo que todos los griegos abandonaran su campamento y navegaran fuera de la vista, echando el ancla frente a la isla de Ténedos. Esto dejó solo al caballo parado en la llanura con un hombre rezagado, Sinón. Fingió haber sido perseguido por los griegos como un enemigo y posible víctima de sacrificio. Al ganarse su confianza, procedió a contarles a los crédulos troyanos una historia inverosímil sobre Atenea indignada por el robo de su estatua, su castigo a los griegos, y decirles que la única manera de recuperar su benevolencia era construir un caballo de madera gigante en su honor y navegar de vuelta a casa. Los troyanos, que se creyeron la historia, arrastraron el caballo hacia la ciudad para colocarlo fuera del templo de Atenea. Sin contar a Laocoonte y Eneas, los troyanos se pusieron a festejar toda la noche para celebrar que finalmente habían ganado la guerra.
Cuando la fiesta terminó y los troyanos estaban durmiendo en un estado de embriaguez, Sinón disparó una señal a los barcos griegos que esperaban y rápidamente regresaron a las costas de Troya. Odiseo y sus compañeros guerreros griegos descendieron del caballo, abrieron las puertas de la ciudad y el Ejército griego derrotó a los troyanos, profanando templos y masacrando a todos sin piedad.
La Odisea
Una consecuencia desafortunada del comportamiento poco elegante de los griegos en Troya fue que los dioses los castigaron asegurándose de que muchos de sus barcos se enfrentaran a un desastre en el viaje de regreso a casa. Uno de los pocos sobrevivientes fue Odiseo, pero solo después de un viaje increíblemente prolongado de desvíos y desventuras que se relatan en la Odisea de Homero.
En su odisea a casa que duró diez años, el héroe se detuvo en muchos puertos, de los cuales muy pocos fueron amistosos. La primera parada fue la isla de los cicones donde, entre otras cosas, el dios Apolo le dio al héroe doce frascos de vino. Luego, golpeado por una tormenta, Odiseo y su flotilla fueron arrastrados a las costas de los lotófagos. Comer la planta hacía que uno olvidara su patria, por lo que el héroe rechazó su oferta de hospitalidad y rápidamente continuó con su viaje.
La siguiente parada fue la isla de los cíclopes (los gigantes de un solo ojo) que vivían pacíficamente cuidando a sus ovejas. Sin embargo, la suerte quiso que Odiseo se encontrara con el cíclope devorador de hombres Polifemo, el hijo de Poseidón, dios del mar. El gigante se encaprichó con los griegos que viajaban y los atrapó en su cueva, y se comió dos rápidamente como aperitivo. Viendo la gravedad de la situación, Odiseo inmediatamente forjó un astuto plan de escape. Tentando a Polifemo con vino hasta que el cíclope se emborrachó, el héroe ordenó a sus hombres convertir el bastón de madera de olivo de Polifemo en una pica, que luego endurecieron en el fuego y utilizaron para cegar al cíclope mientras dormía. Incapaz de ver y comprensiblemente furioso por el trato, Polifemo trató de atrapar a los griegos viajeros oyendo a sus ovejas cuando salían de la cueva para pastar. Odiseo ordenó entonces a sus hombres que se ataran a los vientres de las ovejas mientras él elegía un carnero para ello, y así escaparon para continuar su viaje. Sin embargo, el cíclope maldijo a Odiseo, prediciendo la pérdida de sus hombres, un fatigoso viaje a casa y un desastre cuando finalmente llegara allí. Invocando la ayuda de su padre Poseidón, Polifemo se aseguró de que hubiera muchas tormentas y diez largos años antes de que Odiseo llegara a Ítaca.
Le siguieron más aventuras. Entre ellas, una parada en Eolia, donde el dios de los vientos, Eolo, dio a Odiseo un frasco que contenía todos los vientos excepto el que lo llevaría a casa pero, por desgracia, algunos miembros de la tripulación de Odiseo permitieron que la curiosidad se apoderara de ellos y, a la vista de Ítaca, abrieron la botella. Como resultado, los vientos contrarios se escaparon y los barcos de Odiseo fueron arrastrados por la tormenta de vuelta a Eolia.
Reanudando el viaje una vez más, hubo más paradas desafortunadas en Lestrigonia, donde los gigantescos lugareños, liderados por Antífates, atacaron y mataron a muchos de los miembros del grupo tirándoles enormes rocas.
Odiseo y Circe
Los pocos supervivientes llegaron en un solo barco a Eea, una isla perteneciente a la hechicera Circe, donde los viajeros asediados se enfrentarían a más problemas. La diosa convirtió a un grupo de viajeros en cerdos y Odiseo solo pudo resolver la situación con un regalo de Hermes. El dios mensajero le dio moly al héroe, una planta que lo hizo inmune a los hechizos de Circe. Sin embargo, los dos se llevaron bastante bien y se convirtieron en amantes, lo que resultó en Odiseo extendiendo su estancia a todo un año. Finalmente, cuando Odiseo se decidió a regresar a casa, Circe le aconsejó que visitara el inframundo y buscara el consejo del vidente tebano Tiresias, que le daría direcciones.
En su viaje allí, el héroe se encontró a su madre, Anticlea, que había muerto de dolor por la continua ausencia de su hijo. También se encontró a muchos héroes caídos como Hércules, Aquiles y Agamenón. Al regresar al mundo de los vivos, Circe le dio a Odiseo un último consejo, que se cuidara de las sirenas (criaturas marinas con cabeza de mujer) que atrapaban a los que pasaban con su hermoso y encantador canto. En consecuencia, cuando el barco del héroe pasó la isla de las sirenas, le ordenío a su tripulación que se tapara los oídos con cera mientras él mismo estaba atado al mástil del barco para poder escuchar el canto divino pero no ser atrapado por él.
Tras superar con éxito a las sirenas, el héroe y la poca tripulación restante tuvieron que sortear los terribles mares entre dos rocas habitadas por los monstruos Escila (que tenía doce pies, seis cabezas y comía marineros por diversión) y Caribdis (que se tragó los mares tres veces y los escupió tres veces para crear temibles remolinos). Aquí se perdieron otros seis tripulantes, pero el barco sobrevivió para continuar su viaje a casa.
Odiseo y Calipso
Una breve parada en Trinacia se convirtió en una estancia de un mes debido al mal tiempo y los griegos se quedaron sin comida. A pesar de los consejos anteriores de Tiresias de no tocar las manadas de Helios, algunos miembros hambrientos de la tripulación, dirigidos por Euríloco, masacraron a varios de los animales para alimentarse. Indignado, Helios hizo que el barco zozobrara cuando salió de Trinacia y el único superviviente del desastre fue Odiseo, quien, después de nueve días a la deriva, apareció en las costas de Ogigia.
Aquí el héroe pasó cinco años encarcelado, pero también disfrutando de los encantos de la ninfa Calipso, con quien tuvo un hijo, Nausítoo. Sin embargo, el mérito de nuestro héroe es que, a pesar de la oferta de inmortalidad y eterna juventud, Odiseo decidió que debía intentar una vez más regresar a su patria. Calipso, impulsado por la intervención divina, ayudó al héroe a construir una balsa en la que partió hacia Ítaca una vez más. Poseidón, sin embargo, más intervino de nuevo con rencor y causó una terrible tormenta para romper la balsa en pedazos. Odiseo luego apareció maltrecho y desnudo en la isla de Esqueria, hogar de los feacios, y se puso al cuidado de Nausícaa, la hija del rey Alcínoo. Restaurado a su plena salud y vigor, el héroe recibió una de las mágicas naves feacias que no necesitaban capitán para dirigirlas. Con esta embarcación, Odiseo finalmente regresó a Ítaca. Sin embargo, tal como Polifemo había prometido, no todo iba bien en el palacio del rey.
Odiseo regresa a Ítaca
Después de diez años lejos, Odiseo había sido casi olvidado, solo su esposa Penélope mantuvo la fe en el añorado rey. Atenea le dio al héroe una actualización de todo lo que había pasado en su ausencia. Al considerarlo muerto hacía mucho tiempo, muchos pretendientes buscaron la mano de Penélope y los futuros reyes (los 108 de ellos) se habían establecido en el propio palacio. Sin embargo, Penélope constantemente posponía la decisión de volver a casarse y esperaba contra todo pronóstico que su marido estuviera vivo en algún lugar.
En consecuencia, para forzar la decisión, los pretendientes planearon matar a su hijo Telémaco lo antes posible. Siguiendo el consejo de Atenea, y ejercitando su famoso ingenio, Odiseo se vistió de mendigo y visitó el palacio en persona para evaluar la situación. Solo la vieja doncella de Odiseo, Euriclea, reconoció al héroe (por una cicatriz distintiva en su pierna) y también su fiel perro, Argos, que conocía a su viejo maestro pero murió trágicamente tan pronto como los dos se reunieron. Al revelarse ante su hijo Telémaco (recién llegado de Pilos), Odiseo planeó una estrategia para liberar el palacio de todos los parásitos y reclamar su legítima autoridad. El héroe, todavía en su disfraz de mendigo, fue maltratado por los pretendientes del palacio y fue el blanco de muchas bromas crueles, pero pronto se iba a vengar.
Penélope retó a los pretendientes a que si uno de ellos podía tensar el enorme arco que había pertenecido al viejo rey y disparar una flecha a través de doce cabezas de hacha, se casaría con él. Por supuesto, ninguno de los desafortunados pretendientes tenía la fuerza necesaria para tensar el arco, ni hablar de disparar con él. Entonces, se acercó el mendigo y, ante un coro de burlas escépticas, increíblemente, tensó el arco con facilidad y disparó una flecha que atravesó las cabezas de las hachas. Al deshacerse de su disfraz y revelar su verdadera identidad, Odiseo sembró el pánico entre los pretendientes. Sin embargo, no había escape para los intrusos, porque, como estaba previsto, Telémaco había cerrado todas las puertas y retirado las armas montadas en las paredes. Odiseo entonces liquidó a los pretendientes uno por uno con su arco temible y recuperó su reino largamente abandonado.
La pareja real, juntos de nuevo después de diez largos años de separación, vivieron felices para siempre, o no del todo. En un trágico giro final, un anciano Odiseo fue asesinado por Telégono, su hijo con Circe, cuando aterrizó en Ítaca y en batalla, sin saberlo, mató a su propio padre.
¿Cómo se representa a Odiseo en el arte?
Odiseo es un tema popular en el arte griego antiguo, que aparece en jarrones, monedas, esculturas, trípodes y bandas de escudo de toda Grecia y a menudo se identifica por sus pilos (un sombrero de fieltro cónico). Escenas en cerámica de figuras rojas y negras del siglo VII al V a.C., que representan a Odiseo, incluyen la misión a Aquiles, la pelea con Áyax sobre la armadura de Aquiles, el robo del Paladión, cegar al cíclope, arrasar en las costas de Esqueria, y vengarse de los pretendientes de Penélope.
El tema del caballo de madera es sorprendentemente poco común en el arte griego, pero es famoso por estar representado en un pithos de relieve de arcilla de Miconos de alrededor de 670 a.C. Una representación celebrada de Odiseo y de las sirenas se encuentra en un estamno de figuras rojas ático de Vulci de alrededor de 450 a.C.
