La civilizaciónsumeria floreció en el sur de Mesopotamia (el sur del actual Iraq) entre los años 4000 y 1750 a.C. Su nombre se deriva de la región, a menudo designada —incorrectamente— como «país». En realidad, Sumeria nunca fue una entidad políticamente cohesionada, sino un territorio de ciudades-Estado, cada una con su rey.
La mítica Lista Real sumeria, compuesta entre el 2112 y el 2004 a.C. aproximadamente, afirma que, cuando los dioses implantaron la realeza en la tierra, esta descendió del cielo a la ciudad de Eridu, vinculando así los conceptos de ley y orden con la ciudad, un paradigma que se mantendría a lo largo de la civilización sumeria.
Sumeria contrastaba con la región norteña de Acadia, cuyas gentes le dieron este nombre, que significa «tierra de los reyes civilizados». Los sumerios llamaban a su tierra simplemente «la tierra», o «la tierra de la gente de cabeza negra».
Los sumerios fueron los primeros en concebir tantos «primeros» que se pueden considerar de pleno derecho como los «inventores de la civilización».
Los sumerios fueron los artífices de muchas de las innovaciones, inventos y conceptos más importantes que hoy damos por sentado. «Inventaron» el tiempo, dividiendo el día y la noche en periodos de doce horas, las horas en sesenta minutos y los minutos en sesenta segundos. Otras innovaciones e inventos incluyen las primeras ciudades, la escritura, las escuelas, la primera versión del relato del Diluvio universal y otras narraciones bíblicas, el poema épico más antiguo, la burocracia gubernamental, la arquitectura monumental y las técnicas de regadío. Fueron los primeros en concebir tantos «primeros» que pueden ser considerados de pleno derecho como los «inventores de la civilización».
Tras el apogeo de los amoritas (o amorreos) en Mesopotamia, la invasión de los gutios y después de los elamitas, Sumeria dejó de existir y fue conocida solo por referencias en las obras de los escritores antiguos, incluyendo los escribas que redactaron el libro del Génesis, en la Biblia. Sumeria permaneció ignorada hasta mediados del siglo XIX, cuando las excavaciones en Mesopotamia desenterraron su civilización y sacaron a la luz sus muchas aportaciones.
Desarrollo y los «39 primeros»
A lo largo del siglo XIX, los arqueólogos europeos acudían al Oriente Próximo en busca de antiguas ciudades, tumbas y tesoros enterrados. Ninguno fue a Mesopotamia en busca de ciudades sumerias, porque nadie conocía su existencia. Trataban de excavar los lugares mencionados en la Biblia, como Babilonia, Nínive y un misterioso lugar llamado Senaar… y encontraron mucho más de lo que podían esperar.
Nadie sabe de dónde vinieron los sumerios, pero hacia el 2900 a.C. ya estaban firmemente asentados en el sur de Mesopotamia. La historia de esta región se divide, según los estudiosos modernos, en seis etapas:
Período Dinástico Arcaico: en torno a 2900 hasta alrededor de 2350/2334 a.C.
Período Acadio: en torno a 2350/2334-2154 a.C.
Período Guti: en torno a 2141-2050 a.C.
Tercera Dinastía de Ur (también conocido como Renacimiento sumerio): en torno a 2112-2004 a.C.
El origen de las gentes del Período El Obaid es desconocido, así como su cultura, pero dejaron tras de sí artefactos intrigantes y probablemente fundaron las primeras comunidades que, con el tiempo, se convertirían en ciudades y ciudades-Estado en el Período de Uruk. El Período Dinástico Arcaico presenció el ascenso de los reyes, la implantación del Gobierno y la burocracia, así como los conflictos entre las diferentes ciudades sumerias en lucha por los derechos de la tierra y del agua. Las ciudades sumerias solían unirse, cada cierto tiempo, bajo el mandato de un solo rey, como Enembaragesi de Kish, que llevó a Sumeria contra Elam en la primera guerra registrada en la historia, hacia el 2700 a.C. Los sumerios lograron la victoria y saquearon las ciudades de Elam.
El último rey, Eannatum, reconquistó zonas de Elam hacia el 2500 a.C., y Lugalzagesi hizo lo mismo hacia el 2330 a.C., pero ninguno de estos reyes controló totalmente las ciudades-Estado sumerias. Finalmente, Sumeria fue conquistada por Sargón de Acadia, (que reinó entre 2334 y 2297 a.C.), quien la convirtió en el núcleo de su imperio multinacional. Ejerció su control sobre el territorio colocando a oficiales de confianza al mando de cada ciudad, incluyendo a su hija, Enheduanna (en torno a 2300 a.C.), la suma sacerdotisa de la diosa Innana en Ur, famosa por ser la primera escritora del mundo conocida por su nombre.
El Imperio acadio dominó la zona hasta la invasión de los guti, que gobernaron hasta ser expulsados por Ur-Nammu (que reinó alrededor de 2112-2094 a.C.) y su hijo Shulgi de Ur (en torno a 2094-2046 a.C.). Ambos fueron los artífices del llamado Renacimiento sumerio, que vio florecer de nuevo la cultura sumeria tras las conquistas acadia y guti.
Antes y después de las conquistas, las ciudades sumerias se enriquecieron con el comercio. La relativa estabilidad de las ciudades alentó el crecimiento cultural, la innovación y el ingenio. El académico Samuel Noah Kramer, en su emblemática obra La historia empieza en Sumer, explora los «39 primeros» inventos que los sumerios trajeron al mundo:
Las primeras escuelas.
El primer ejemplo de «hacer la pelota».
El primer caso de delincuencia juvenil.
La primera «guerra psicológica».
El primer Congreso de dos cámaras.
El primer historiador.
El primer caso de reducción de impuestos.
El primer «Moisés».
El primer antecedente legal.
La primera farmacopea.
El primer «calendario del agricultor».
El primer experimento en jardinería con árboles de sombra.
La primera cosmogonía y cosmología.
Los primeros ideales morales.
El primer «Job».
Los primeros proverbios y refranes.
Las primeras fábulas de animales.
Los primeros debates literarios.
Los primeros paralelos bíblicos.
El primer «Noé».
El primer relato de una resurrección.
El primer «san Jorge».
El primer caso de préstamo literario.
La primera edad heroica de la humanidad.
La primera canción de amor.
El primer catálogo de libros.
La primera edad de oro del hombre.
La primera sociedad «enferma».
Las primeras liturgias de duelo.
Los primeros Mesías.
El primer campeón de larga distancia.
La primera metáfora literaria.
El primer simbolismo sexual.
La primera Mater Dolorosa.
La primera canción de cuna.
El primer retrato literario.
Las primeras elegías.
La primera gran victoria de los trabajadores.
El primer acuario.
Los sumerios también inventaron el concepto de ciudad, y la sumeria Uruk reclama el título de ser «la ciudad más antigua del mundo». Las primeras ciudades fundadas en Sumeria fueron:
Eridu,
Uruk,
Ur,
Larsa,
Isin,
Adab,
Kutallu,
Nippur,
Kish.
El corazón de la ciudad era el complejo del templo, donde destacaban los grandes zigurats, que inspirarían más tarde el relato de la torre de Babel. Cada ciudad tenía su deidad protectora, que habitaba el templo, protegiendo y guiando a los ciudadanos. Pero la ciudad de Eridu, y su diosEnki, tenía un lugar especial en el corazón de los sumerios.
Aunque la arqueología moderna considera Uruk la ciudad más antigua de Mesopotamia, los mismos sumerios creían que la primera ciudad del mundo era Eridu, presidida por su dios de la sabiduría y del agua, Enki, que emergió de las marismas pantanosas y estableció el concepto de realeza y orden sobre la tierra. La fundación de Eridu por parte de Enki era vista como una edad dorada comparable al bíblico jardín del Edén; morada de los dioses y lugar de nacimiento de las leyes que gobiernan la civilización, conocidas como los «meh» o decretos divinos. La académica Gwendolyn Leick observa que:
El Edén mesopotámico no es un jardín, sino una ciudad, formada por un pedazo de tierra firme rodeada por las aguas. El primer edificio es un templo […] Así es como la tradición mesopotámica presentaba la evolución y el rol de las ciudades, siendo Eridu el paradigma mítico. A diferencia del Edén bíblico, lugar del que el hombre fue expulsado para siempre tras la caída, Eridu continuó siendo una sede real, imbuida de sacralidad, pero siempre accesible.
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La caída de Eridu no tuvo nada que ver con los pecados humanos, sino con la astucia de una de las diosas más populares en Mesopotamia, Inanna. En el poema Inanna y el dios de la sabiduría, la diosa viaja desde su ciudad, Uruk, a visitar a su padre, Enki, a Eridu, y lo invita a sentarse con ella y a beber. Mientras bebe, se regocija cada vez más, y muy alegremente transfiere sus meh a su hija. Una vez ella los ha reunido todos, escapa a su barco y se los lleva de regreso a Uruk. Desde entonces, su ciudad dominará y Eridu empezará su declive. Los académicos creen que este mito surgió en respuesta al salto de una cultura agraria (simbolizada por Eridu) a una civilización urbana, cuyo epítome fue Uruk, entre las más poderosas ciudades de la zona.
La religión estaba totalmente integrada en la vida cotidiana y modelaba el Gobierno y la estructura social. Los sumerios creían que los dioses habían creado el orden a partir del caos y el rol de cada individuo era colaborar con ellos para asegurarse de que el caos no volvía a cundir de nuevo. Los mismos dioses, sin embargo, revertirían su obra, devolviendo el mundo al caos, cuando la humanidad se hizo demasiado ruidosa y conflictiva como para soportarla.
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La obra sumeria conocida como el Génesis de Eridu (compuesta hacia el 2300 a.C.), es la versión más antigua del relato del Diluvio Universal.
La obra sumeria conocida como el Génesis de Eridu (compuesta hacia el 2300 a.C. y hallada en las ruinas de Eridu) es la versión más antigua del relato del Diluvio universal, más tarde reescrito en el Atrahasis, en la Epopeya de Gilgameshy en el libro del Génesis. Relata cómo los dioses destruyeron a la humanidad mediante una gran inundación, pero un solo hombre, Ziusudra, se salvó porque Enki le ordenó que construyera un arca para salvar a un par de cada especie animal. Más tarde, los dioses cedieron en su furor y resolvieron controlar la población humana poniendo coto a sus molestas inclinaciones, introduciendo la muerte y la enfermedad en el mundo a fin de restablecer el orden y poniendo límite a la vida humana y a su ambición.
Los dioses esperaban que los seres humanos dedicaran su vida a mantener el orden y esto implicaba encontrar la manera de cooperar con ellos. Los sumerios se enorgullecían de su individualidad, como lo evidencia el patronazgo de cada ciudad bajo la protección de un dios, así como las continuas luchas y rivalidades entre ellas, pero los dioses exigían que dejaran a un lado el conflicto para trabajar en aras al bien común. Kramer escribe:
Aunque los sumerios tenían en gran estima el valor y los logros individuales, había un factor superior que alentaba un espíritu de cooperación entre las personas y las comunidades: la total dependencia de Sumeria del regadío para asegurar su bienestar y, de hecho, para sobrevivir. El regadío era un proceso complejo que requería de una organización y un esfuerzo comunitarios. Había que cavar canales y repararlos constantemente. Había que distribuir el agua de forma equitativa entre los interesados. Para asegurarse de ello, se precisaba de un poder superior al del terrateniente, incluso a la misma comunidad: de ahí el crecimiento de las instituciones gubernamentales y el auge del Estado sumerio. (Los sumerios, 5)
La Lista Real sumeria enumera a todos los reyes desde los inicios del mundo, cuando los dioses establecieron la realeza en Eridu. El primer rey documentado por la arqueología fue Etana, descrito como «el que estabilizó todas las tierras» (Sumerios, 43) y héroe del poema del Mito de Etana. La lista sigue en orden cronológico, a menudo con reinados de una longitud inverosímil, hasta los reyes alrededor del año 2100 a.C.
La ciudad-Estado sumeria estaba gobernada por un rey, el lugal (literalmente, «gran hombre»), que supervisaba el cultivo de la tierra, entre muchas otras responsabilidades, y estaba consagrado por los dioses para asegurar que la voluntad divina se cumplía en la tierra. El lugal inicialmente era el cabeza de familia de una comunidad fuertemente cohesionada que almacenaba sus recursos, y el concepto de hogar-familia continuó como estructura de poder subyacente en las ciudades.
Con el auge de las ciudades y el desarrollo de innovaciones agrarias, los sumerios cambiaron la forma en que habían vivido y en la que habrían de vivir para siempre. El erudito Paul Kriwaczek comenta:
Fue un momento revolucionario en la historia de la humanidad. Los [sumerios] aspiraban nada menos que a cambiar el mundo, y eran conscientes de ello. Fueron los primeros en adoptar el principio que ha impulsado el progreso a lo largo de la historia y que aún nos motiva a muchos de nosotros en los tiempos modernos: la convicción de que transformar la naturaleza y mejorarla, enseñoreándose de ella, es el derecho, la misión y el destino del ser humano. (20)
Contribuciones y colapso
Las ciudades sumerias se expandieron, y cuando necesitaban más espacio y recursos, los tomaban de otras. Durante el Período de Uruk la cultura se desarrolló con rapidez, gracias al invento quizás mayor de la historia, que surgió hacia el 3500 a.C. y se refinó hacia el 3200 a.C.: la escritura. La escritura primitiva se desarrolló en respuesta a la necesidad de comunicarse a larga distancia, para el comercio. Los primeros escritos recogen información tan simple como «dos ovejas, cinco cabras, Kish». Esto quizás bastaba al remitente, pero al destinatario le faltaba precisar si las dos ovejas y las cinco cabras debían venir o ir a la ciudad de Kish, si estaban vivas o muertas, y cuál era su propósito. Este intento temprano de comunicación pronto se convirtió en un sistema de escritura que daría lugar a obras maestras como la Epopeya de Gilgamesh, los himnos de Enheduanna a la diosa Inanna y muchas otras obras literarias.
El sumerio se convirtió en la lengua franca de Mesopotamia y estableció el sistema de escritura llamado cuneiforme, que sería empleado para escribir otras lenguas. Gwendolyn Leick comenta:
La homogeneidad del horizonte cultural de las llanuras fluviales [en Sumer] encuentra su expresión en el desarrollo de la escritura en un idioma particular. Se desconoce aún por qué los sumerios llegaron a la representación escrita del lenguaje. Mesopotamia nunca fue una zona lingüística ni étnicamente homogénea y los nombres personales en los textos tempranos muestran que en aquel tiempo se hablaban otras lenguas, además del sumerio. (65)
El sumerio se consolidó como lenguaje escrito durante el Período Dinástico Arcaico, así como la cultura, la religión, la arquitectura y otros aspectos relevantes de la civilización. La literatura sumeria influyó a escritores posteriores, principalmente los escribas que redactaron la Biblia. El Mito de Adapa, el Génesis de Eridu y el Atrahasis inspiraron los relatos bíblicos del jardín del Edén, la caída del hombre y el Diluvio universal. Las obras de Enheduanna se convirtieron en modelos para las liturgias posteriores; las fábulas de animales fueron popularizadas por Esopo y la Epopeya de Gilgamesh inspiraría obras como la Ilíaday la Odisea.
El concepto de un dios que habita el santuario de la ciudad, así como la forma del zigurat sumerio, puede que influyera a los egipcios a la hora de erigir las pirámides, así como sus creencias sobre los dioses. El concepto sumerio de tiempo y sistema de escritura cuneiforme fueron adoptados por otras civilizaciones. El sello cilíndrico sumerio, un signo de identificación personal, fue utilizado en Mesopotamia hasta el año 612 a.C. y la caída del Imperio asirio. No hay un solo aspecto de la civilización al que los sumerios no hayan contribuido. Con todo, y pese a sus fortalezas, su cultura empezó a declinar mucho antes de extinguirse.
La civilización sumeria colapsó hacia el 1750 a.C. cuando los elamitas invadieron el territorio. Shulgi de Ur había erigido un gran muro en el 2083 a.C. para proteger a su pueblo de tal invasión, pero al no tener protección en los extremos, pudo ser fácilmente rodeado; esto es justamente lo que hicieron los invasores amorreos. Aún y así, la cultura luchó por mantener su autonomía incluso bajo el poder de los amorreos en Babilonia.
Tras su ascenso al poder en Babilonia se dio un salto cultural que se evidenció en muchos aspectos, especialmente en la proporción de dioses masculinos y femeninos del panteón mesopotámico. Especialmente con el reinado de Hammurabi (1792-1750 a.C.) el modelo teológico sumerio se revirtió totalmente, elevando a un dios supremo masculino, Marduk, por encima de los demás. Muchos templos dedicados a diosas fueron reemplazados por otros dedicados a dioses. Aunque los templos de las diosas no fueron destruidos, sí fueron marginados.
Los derechos de las mujeres —que tradicionalmente habían ido a la par con los hombres— retrocedieron, igual que las grandes ciudades sumerias. La sobreexplotación de la tierra y la expansión urbana, unidas a un cambio climático y a los sucesivos conflictos, se consideran las principales causas del declive de las ciudades. La correlación entre el declive de las deidades femeninas y los derechos de las mujeres nunca ha sido explicada adecuadamente —se ignora qué vino antes—, pero es un detalle significativo en la decadencia de una cultura que siempre había tenido a las mujeres en alta estima. Cuando los elamitas invadieron el territorio, hacia el 1750 a.C., la cultura sumeria ya estaba en deterioro; Elam sólo dio el golpe de gracia.
El descubrimiento
Los sumerios son reconocidos hoy por sus muchas contribuciones a la cultura humana, pero esto es un hallazgo reciente. Su historia permaneció enterrada bajo las arenas durante siglos, y las referencias en las fuentes antiguas eran malinterpretadas por los académicos pues no había otros referentes conocidos para estas alusiones. Se creía que la tierra de Senaar, en el Génesis bíblico (10, 10), era alguna región de Mesopotamia, pero su significado no se comprendió porque los estudiosos ignoraban que la tierra de Sumeria —la bíblica Senaar—hubiera existido jamás.
Esta situación cambió dramáticamente a mediados del siglo XIX cuando las instituciones y sociedades occidentales comenzaron a enviar expediciones a Oriente Próximo en busca de evidencias que pudieran confirmar los relatos bíblicos. Si la tierra de Senaar había existido, sus ruinas, junto con otros edificios y ciudades mencionados en la Biblia, debían ser descubiertas.
En esa época la Biblia se consideraba el libro más antiguo del mundo, y totalmente original. La historia del jardín del Edén, la Caída y el Diluvio universal se consideraban relatos originales escritos o inspirados por el único Dios verdadero de la tradición judeocristiana. Los arqueólogos y los estudiosos enviados en expedición debían encontrar evidencias claras para respaldar sus afirmaciones, pero encontraron algo totalmente inesperado: la civilización sumeria.
Los sumerios fueron el pueblo de la antigua Sumeria (en el sureste del actual Irak), cuya civilización floreció entre alrededor de 4000 y 1750 a.C. Los sumerios inventaron el concepto de ciudad, la escritura, las escuelas, las técnicas de regadío y muchos otros aspectos de la civilización que hoy en día se dan por sentado.
¿Dónde se encontraba la antigua Sumeria?
La antigua Sumeria se encontraba en el sur de Mesopotamia (el sur del actual Irak).
¿Cuándo se descubrió la antigua Sumeria?
La antigua Sumeria fue descubierta a mediados del siglo XIX por arqueólogos enviados a Oriente Próximo a encontrar pruebas físicas que respaldaran la historicidad de las narrativas bíblicas del Antiguo Testamento. Antes de esa época, nadie sabía que Sumeria había existido siquiera.
¿Por qué son famosos los sumerios?
Los sumerios son famosos por haber dado lugar a muchos «primeros», tales como las primeras ciudades, la escritura, las técnicas de regadío, las escuelas, las leyes escritas, el Gobierno, la cerveza y la literatura épica, entre otras muchas cosas. Inventaron tantas cosas por primera vez que se pueden considerar como los inventores de la civilización.
Soy escritora y trabajo en una fundación humanitaria. Escribo novelas y ensayos de crecimiento personal y espiritualidad, además de impartir cursos de Biblia en Barcelona. Hija de una historiadora y de un catedrático de lenguas clásicas, me apasiona la historia y en ella encuentro inspiración para mis libros.
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 28 enero 2026. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.