Sardes (cerca de la actual Sart, en Turquía) era la capital del antiguo reino de Lidia, fundada (según Heródoto) por los heráclidas, la dinastía heráclida descendiente del héroe Heracles (Hércules). La ciudad era famosa en la antigüedad por su riqueza, cultura y posición favorable en la ruta principal de comercio desde el mar Egeo hasta el interior de Asia Menor.
Según Heródoto (en torno a 484-425/413 a.C.), Lidia se estableció gracias a un tal Lido, hijo de Atis, y luego fue entregada a manos de los heráclidas, quienes estuvieron en ella por 505 años hasta que el último rey, Candaules, fue asesinado por Giges, quien después estableció la dinastía mermnada que terminó con Creso (que reinó de 560-546 a.C.) cuando Sardes fue tomada por el Imperio persa aqueménida bajo Ciro II (también conocido como Ciro el Grande, que reinó de 550-530 a.C.) en 547/546 a.C.
Los persas la conservaron hasta la conquista de Alejandro Magno en 334 a.C., y tras su muerte, se anexó al Imperio seléucida (312-63 a.C.) antes de ser tomada por Roma como una ciudad de comercio importante en la provincia romana de Asia. Sardes fue saqueada por el Imperio persa sasánida y luego severamente dañada en el siglo VII, año en el que ya se había asociado durante mucho tiempo con el cristianismo como una de las Siete Iglesias de Asia mencionadas en el libro del Apocalipsis. Siguió siendo un importante centro religioso, intelectual, cultural y comercial hasta principios del siglo XV, cuando fue abandonada por completo.
Desde su fundación hasta su caída, Sardes está asociada con numerosos personajes notables y acontecimientos entre los que se incluyen:
La primera ciudad en el mundo en acuñar monedas bajo el gobierno del rey Aliates. (que reinó de 635-585 a.C.);
capital del reino de Lidia y hogar de Creso, considerado el hombre más rico de su tiempo;
el extremo occidental de la administración y comercio del Imperio persa aqueménida. (en torno a 550-330 a.C.);
sitio del lanzamiento de la invasión de Grecia de Jerjes I en 480 a.C.;
sitio de la concentración de los mercenarios griegos en 401 a.C., descrito por Jenofonte en su Anábasis;
sitio del asedio de Sardes (215-213 a.C.) liderado por Antíoco III del Imperio seléucida;
lugar del Templo de Artemisa, el cuarto templo jónico más grande del mundo (en torno a 300 a.C.);
una de las metrópolis más grandes de Asia Menor; cario, griego, hebreo, latín, lidio y otros lenguajes aparecen en inscripciones ubicadas en Sardes durante todo el período romano;
sitio de la sinagoga más grande de Asia Menor;
hogar de Melitón de Sardes (muerto en 180 d.C.), obispo y apologista cristiano;
una de las Siete Iglesias de Asia mencionadas en el Apocalipsis;
lugar del cementerio de Bin Tepe que data desde Lidia hasta la época otomana.
Una de las características más citadas de Sardes es su ciudadela, que los escritores describen regularmente, citando al historiador Polibio, como «el lugar más fuerte del mundo». Sin embargo, esta frase tiene un tono de ironía y se refiere a la captura de Aqueo (muerto en 213 a.C.), señor de Sardes, por parte de Antíoco III (el Grande, que reinó de 223-187 a.C.). Polibio (en torno a 200-118 a.C.) observa cómo, después de que Aqueo fuera capturado, su gente, sin saber nada de su secuestro, pensó que estaba seguro en «el lugar más fuerte del mundo» (8.20.12); no está diciendo que realmente lo fuera.
La ciudad fue redescubierta por Howard Crosby Butler de la Universidad de Princeton entre 1910 y 1914, pero los trabajos se suspendieron debido a la Primera Guerra Mundial y posteriores hostilidades en la región. Aunque las excavaciones continuaron en el sitio durante la década de 1920, apenas en 1958 se pudo realizar una expedición por George M. A. Hanfmann de la Universidad de Harvard; con trabajos que continúan hasta la actualidad y ahora están supervisados por el Dr. Nicholas Cahill de la Universidad de Wisconsin-Madison.
Sardes estaba ubicada cerca del río Hermo (hoy en día río Gediz) en la base del monte Tmolo, bautizado así por el mítico rey lidio que, según la leyenda, fue corneado por un toro hasta morir como un castigo por ofender a los dioses. Su viuda, Ónfale (según Diodoro Sículo), formó la dinastía heráclida, mientras que, según Heródoto, fue el rey Agrón de Iliria (aunque esto ha sido cuestionado). Heródoto afirma que los ancestros de los heráclidas fueron «Hércules y una esclava» (Libro 1.7) pero puede que esté confundiendo a la Ónfale que esclavizó a Hércules durante un año con la Ónfale de Tmolo. También es posible que la mujer de ambas historias sea el mismo personaje mítico.
ALIATeS FUE EL PRIMER MONARCA EN EL MUNDO EN ACUÑAR MONEDAS HECHAS DE ELECTRO.
Heródoto relata que los heráclidas gobernaron por 505 años hasta que el rey Candaules fue asesinado por su guardia personal, Giges, quien luego se casó con la viuda de Candaules y fundó la dinastía mermnada. Sus sucesores lucharon contra los cimerios del norte, que invadieron el reino en más de una ocasión hasta que el rey Aliates, aliado con los escitas, los derrotó y estabilizó el reino nuevamente. Aliates fue el primer monarca en el mundo en acuñar monedas hechas de electro, mientras que su hijo y sucesor, Creso, sería el primero en acuñarlas en oro.
Se decía que la riqueza de Creso provenía del río Pactolo donde, según la leyenda, el rey Midas, el del toque de oro, se había lavado las manos para liberarse del «don» de convertir todo lo que tocaba en oro. Con ello, enriqueció el lecho del río con yacimientos de oro. El oro del río provenía de los yacimientos del monte Tmolo, y esto, sumado a la fertilidad del valle del Hermo, convirtió a Sardes en una ciudad próspera. Las monedas acuñadas en Sardes eran de tal pureza que eran aceptadas en el comercio por todos, enriqueciendo aún más a Sardes y a su rey.
Creso sometió las ciudades jónicas y eolias, se alió con ciudades-Estado insulares y continuó sus campañas militares para establecer el Reino de Lidia con Misia al norte, Frigia al este y Caria al sur. Los tributos de las ciudades conquistadas y el comercio con otras continuaron enriqueciendo la ciudad, y su ubicación en un fértil valle a lo largo de la ruta central que unía el mar Egeo con el interior de Asia Menor (Anatolia) elevó aún más su estatus. La acrópolis y la ciudadela en la cordillera del Tmolo, muy por encima de la ciudad, también la hacían fácilmente defendible, y Creso, el rey más rico de la región, tenía motivos de sobra para creerse invencible y capaz de hacer lo que quisiera.
Persia y Alejandro
Creso reconoció que una campaña exitosa contra el creciente imperio de Ciro II de Persia solo podría enriquecerlo aún más, por lo que envió emisarios al Oráculo de Delfos en busca de garantías. El Oráculo respondió con el siguiente mensaje: «Si Creso va a la guerra, destruirá un gran reino» (Heródoto, Libro I, 53). Creso, creyendo que la predicción aseguraba su victoria, se alegró mucho con la noticia, lanzó su ataque y fue derrotado en la batalla de Timbrea en el 547 a.C. Tras retirarse a Sardes tras la batalla de Pteria (547 a.C.), que fue un empate entre Creso y Ciro II, desmovilizó a sus tropas para el invierno, esperando que Ciro II hiciera lo mismo, según su costumbre.
No obstante, Ciro II lo persiguió, lo derrotó en la batalla de Timbrea fuera de Sardes y tras un asedio de 14 días, la ciudad cayó. El «gran reino» destruido resultó ser el suyo. Heródoto, el historiador Ctesias (siglo V a.C.) y escritores posteriores afirman que Creso fue recompensado por Ciro II después de explicar cómo había malinterpretado el mensaje del oráculo, pero lo más probable es que fuera ejecutado. No hay registro de cómo ni cuándo murió, lo que brinda a los historiadores antiguos la oportunidad de concluir su historia en consonancia con su exitoso reinado.
Ciro II incorporó Lidia al Imperio aqueménida, y debido a su ubicación, se convirtió en una de las satrapías más importantes en la administración de las regiones occidentales del territorio de Persia y la conducción del comercio. Bajo el reinado de Darío I (el Grande, que reinó de 522-486 a.C.), el Camino Real iba desde Susa, una de las capitales del imperio, directamente a Sardes. Durante la revuelta jónica (499-493 a.C.), cuando los griegos jónicos se rebelaron contra el dominio persa, una fuerza liderada por Atenas incendió Sardes en 498 a.C., enfureciendo tanto a Darío I que juró vengarse de Atenas, lo que condujo a la primera invasión persa de Grecia en 490 a.C., y fue derrotada en la célebre batalla de Maratón con una victoria griega.
El sucesor de Dario I, Jerjes I (que reinó de 486-465 a.C.), trató de vengar esta derrota y movilizó su ejército en Sardes en 480 a.C. para su propia invasión de Grecia, que también fue repelida. Sardes desempeñó un papel fundamental en otra invasión en 401 a.C., cuando sirvió como punto de partida del ejército de Ciro el Joven (muerto en 401 a.C.) contra su hermano Artajerjes II (que reinó de 404-358 a.C.) por el control del imperio. Ciro el Joven reclutó la Expedición de los Diez Mil, un cuerpo de mercenarios griegos famosos por la Anábasis de Jenofonte (430 a.C. – en torno a 354 a.C.), pero fue asesinado en la batalla de Cunaxa en 401 a.C., dejando a Jenofonte, como uno de los comandantes, la tarea de llevar a sus hombres de regreso a Grecia, viaje que se relata en la Anábasis.
Sardes siguió como una importante satrapía del imperio durante el reinado de Darío III (336-330 a.C.), quien fue derrotado por Alejandro Magno, terminando con el Imperio aqueménida. La ciudad mantuvo su posición como un importante centro administrativo y de comercio durante el tiempo de Alejandro y, después de su muerte en 323 a.C., su general Seleuco I Nicátor (que reinó de 305-281 a.C.) mantuvo la ciudad como parte del Imperio seleúcida. Seleuco I le dio continuidad a las directivas administrativas y políticas de los persas y así Sardes conservó su estatus durante y después de su reinado. Se cree que el gran Templo de Artemisa se concibió e inició durante este periodo (en torno a 300 a.C.) pero estuvo sin terminar hasta el siglo IV d.C.
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Imperio seléucida
El Imperio seléucida mantuvo el control de sus vastos territorios hasta el 247 a.C., cuando Arsaces I de Partia (que reinó de 247-217 a.C.) se separó y formó el Estado independiente que se convertiría en el centro del Imperio parto. Otras regiones siguieron sus pasos y los monarcas seléucidas lucharon por mantener el control mientras, al mismo tiempo, Cartago, la potencia naval del Mediterráneo, entraba en conflicto con la pequeña ciudad-Estado de Roma. Roma aprendió rápidamente las habilidades necesarias para la guerra naval, derrotó a Cartago en la primera guerra púnica (264-241 a.C.) y se coronó como el nuevo amo del Mediterráneo.
Los reyes seléucidas continuaron sus luchas hasta que Antíoco III llegó al poder en el 223 a.C. y dirigió a sus tropas en campaña para someter las regiones rebeldes. Nombró a su primo, Aqueo, comandante del ejército al oeste de las montañas Tauro, ya que este había demostrado ser leal al rey en el pasado. No obstante, cuando Aqueo fue erróneamente acusado de incitar la insurrección, se declaró rey y se estableció en Sardes con su reina, Laódice de Ponto. Antíoco III llegó y puso Sardes bajo asedio, pero Aqueo, su esposa y sus consejeros principales se mantuvieron apartados en la alta ciudadela sobre la ciudad.
Según Polibio, el asedio estaba consumiendo los recursos de la ciudad de forma incesante. Por esta razón, un admirador de Aqueo diseñó un plan para liberarlo secretamente con el fin de que pudiera reunir tropas y levantar el asedio. Se contrató a un cretense llamado Bolis, que conocía la zona, para el trabajo. Sin embargo, tras persuadir a Aqueo de su genuina intención de llevarlo a un lugar seguro, lo traicionó y se lo entregó a Antíoco III, quien lo ejecutó. Este evento ha dado lugar a una de las frases más repetidas sobre Sardes como «el lugar más fuerte del mundo», aunque Polibio lo comenta irónicamente. En ese momento nadie estaba enterado de que Aqueo había sido capturado, y así escribe Polibio:
Y ahora, cuando se suponía que por sus propias fuerzas y las del enemigo debía habitar seguro en el lugar más fuerte del mundo, en realidad estaba sentado en el suelo, atado de pies y manos y a merced de sus enemigos, sin que nadie supiera lo que había sucedido excepto los propios perpetradores del hecho. (Historias, 8.20.12)
Polibio nunca quiso decir que Sardes o su ciudadela fuera «el lugar más fuerte del mundo», sino que eso era lo que se pensaba, y que, claramente, no era suficientemente segura como para impedir que Aqueo cayera en manos de sus enemigos. Después de que la noticia de la muerte de su esposo le llegara a Laódice, ella entregó la ciudad a Antíoco III.
Bajo Roma
Cuando Antíoco III tomó Sardes en el 213 a.C., Roma estaba nuevamente involucrada en un conflicto con Cartago en la segunda guerra púnica (218-202 a.C.), y cuando Cartago fue derrotada, su general, Aníbal Barca (247-183 a.C.), huyó a su corte. Aníbal le aconsejó al rey que se opusiera a Roma y lo animó a atacar primero antes de que los romanos pudieran destronarlo. Antíoco III marchó contra Roma y fue derrotado en la batalla de Magnesia en el 190 a.C. Posteriormente, se vio obligado a firmar el Tratado de Apamea de 188 a.C., lo que lo obligó a retirarse de Anatolia y a entregarle Sardes a la dinastía atálida de Pérgamo, aliados de Roma. El Comité Permanente de Arqueología de la Universidad de Harvard, al discutir su conferencia de 2014 sobre Sardes, observa:
Ya no se puede mantener la comprensión tradicional del asedio de Sardes por Antíoco III en 215-213 a.C. como la gran ruptura en la historia de la ciudad. En cambio, parece que la fortuna de la ciudad cambió con la Paz de Apamea en 188 a.C., después de la cual Sardes fue incorporada al recientemente expandido Imperio atálida. Poco después, las élites de la ciudad introdujeron nuevos cultos y festivales, se construyó un nuevo teatro de piedra, se reinscribieron dedicaciones en el santuario de Artemisa, se desarrolló una cultura política de estatuas honoríficas y se produjeron bienes domésticos inspirados en Pérgamo para una clase media en auge. (2)
Sardes siguió floreciendo bajo la dinastía atálida hasta que fue cedida a Roma, junto con el resto del Reino de Pérgamo, por el último rey Átalo III (reinó 138-133 a.C.) en 133 a.C. El antiguo Reino de Pérgamo se convirtió en una provincia asiática de Roma, y Sardes ahora jugaba el mismo rol que siempre tuvo: administración, comercio y cultura. Sin embargo, para este momento, se había convertido en una ciudad más cosmopolita de lo que había sido en los días de Creso, congregando diferentes nacionalidades y religiones.
La ciudad continuó prosperando hasta que fue destruida por un terremoto en el año 17 d.C., pero fue reconstruida con fondos suministrados por el emperador romanoTiberio (que reinó de 14-37 d.C.). Se cree que en algún momento se estableció una iglesia en la ciudad antes de la fecha comúnmente aceptada para la composición del libro del Apocalipsis (aproximadamente 95 d.C.), que advierte a la congregación sobre mantener una apariencia de piedad y devoción mientras se alejan del verdadero compromiso con Dios:
Escribe al ángel de la iglesia de Sardes: Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes fama de estar vivo, pero en realidad estás muerto. (3:1)
No hay evidencia arqueológica de una iglesia en Sardes previo al 95 d.C., pero como solo una pequeña parte de esta gran ciudad ha sido excavada, se podría encontrar alguna en el futuro. El Templo de Artemisa permaneció sin terminar en el siglo IV d.C. y ya estaba abandonado para cuando se construyó una pequeña iglesia en su esquina sureste (Cahill, 3). Sin embargo, no se cree que este edificio de iglesia sea la iglesia mencionada en el Apocalipsis.
Los emperadores posteriores también admiraban la ciudad, incluidos Trajano (que reinó de 98-117 d.C.) y Adriano (que reinó de 117-138 d.C.). El apologista cristiano y obispo, Melitón de Sardes, escribió a Marco Aurelio (que reinó de 161-180 d.C.) desde la ciudad, exponiendo el cristianismo y pidiendo la terminación de las persecuciones que fomentaban la violencia diaria contra los cristianos de Sardes y otros lugares. Melitón se dirige a Aurelio como protector y se cree que las persecuciones fueron fomentadas por gobernadores regionales, no por el emperador. De cualquier manera, los argumentos de Melitón fueron ignorados y las persecuciones continuaron bajo Diocleciano (que reinó de 284-305 d.C.), quien, al mismo tiempo, le concedió a Sardes el título honorífico de metrópolis.
Conclusión
La naturaleza cosmopolita de Sardes en el siglo III d.C. se evidencia no solo en escritos, sino también en evidencia arqueológica, la cual incluye la sinagoga más grande en Asia Menor de ese periodo. En el 330 d.C., cuando Bizancio se convirtió en Constantinopla y pasó a ser la nueva capital del Imperio romano de Oriente, Sardes quedó relegada debido al nuevo sistema de rutas y, por primera vez en la historia, perdió su prestigio. Fue saqueada en el año 615 d.C. por el Imperio sasánida bajo Cosroes II (590-628 d.C.) y los daños nunca se pudieron reparar, ya que, en ese momento, Roma no podía costear el gasto.
La ciudad continuó siendo un importante centro cultural, como lo evidencian los túmulos de Bin Tepe, un antiguo cementerio que cubre 116 km² (45 mi²) y que data desde el Reino de Lidia hasta los períodos helenístico, romano y otomano. Los turcos otomanos tomaron Sardes por primera vez en el siglo XI, y comenzó a decaer hasta que fue abandonada y probablemente destruida alrededor de 1402.
Las ruinas de Sardes se fueron cubriendo de vegetación de forma progresiva, y las piedras de los edificios y templos fueron retiradas a lo largo de los años por los habitantes locales para otros fines. Exploradores británicos retiraron estatuas y otros artefactos en el siglo XIX, pero no se intentó una excavación formal del sitio hasta 1910-1914 por Howard Crosby Butler de la Universidad de Princeton. Las excavaciones continúan en la actualidad bajo la supervisión del Dr. Nicholas Cahill de la Universidad de Wisconsin-Madison, dando a conocer una de las ciudades más importantes del mundo antiguo, cuya historia se extendió por más de 2.000 años.
Sardes fue la capital del Reino de Lidia (actual Turquía) y siguió siendo un importante centro comercial, administrativo y cultural por más de 2.000 años hasta que fue abandonada hacia el año 1402.
¿Por qué es importante Sardes?
Sardes es importante porque fue escenario de numerosos acontecimientos significativos, como la primera acuñación de monedas en el mundo; la concentración del Ejército persa para la invasión de Grecia en 480 a.C.; el emplazamiento del cuarto templo jónico griego más grande del mundo; hogar de Melitón de Sardes; y la ubicación del cementerio de Bin Tepe. La ciudad es más conocida por su mención en el libro de Apocalipsis bíblico.
¿Por qué se hace referencia a Sardes como "el lugar más fuerte en el mundo"?
A Sardes se la menciona como "el lugar más fuerte en el mundo" a raíz de una frase en las Historias del escritor Polibio, quién lo dice con ironía. En Historias 8.20.12, Polibio aclara que la ciudadela de Sardes se consideraba "el lugar más fuerte del mundo" pero aún así no pudo proteger a su rey.
¿Qué ocurrió con Sardes?
Sardes fue saqueada por los persas sasánidas en el año 615 d.C. y nunca logró recuperarse. Decayó bajo el dominio turco otomano y fue abandonada en ruinas hacia el 1402.
Kathleen A. Mijares es una traductora voluntaria. Cree firmemente que comprender nuestro pasado colectivo nos ayuda a entender el presente y nos guia hacia el futuro, una convicción que la motiva a continuar con su trabajo.
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 27 septiembre 2022. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.