Aníbal

Definición

Joshua J. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
Publicado el 29 marzo 2018
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Disponible en otros idiomas: inglés, francés
Hannibal Barca [Artist's Impression] (by Creative Assembly, Copyright)
Aníbal Barca [impresión artística]
Creative Assembly (Copyright)

Aníbal (también conocido como Aníbal Barca, que vivió de 247 a 183 a.C.) fue un general cartaginés durante la segunda guerra púnica entre Cartago y Roma (218-202 a.C.). Está considerado como uno de los generales más grandes de la antigüedad y sus tácticas se siguen estudiando y utilizando hoy en día. Su padre fue Amílcar Barca (que vivió de 275 a 228 a.C.), el gran general de la primera guerra púnica (264-241 a.C.).

Estas guerras se libraron entre las ciudades de Cartago, en el norte de África, y Roma, en el norte de Italia, por la supremacía en el Mediterráneo, y la segunda guerra fue resultado directo de la primera. Aníbal asumió el mando de las tropas tras la muerte de su padre, y las llevó a la victoria en varias batallas hasta llegar casi a las puertas de Roma; en ese momento, no fueron los romanos quienes lo detuvieron, sino la falta de recursos para tomar la ciudad.

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Tuvo que regresar a África para defender Cartago de la invasión romana, fue derrotado en la batalla de Zama en 202 a.C. por Escipión el Africano (que vivió del 236 al 183 a.C.) y se jubiló en Cartago. Pasó el resto de su vida como un estadista y después en el exilio voluntario en las cortes de reyes extranjeros. Murió en 183 a.C. tras beber veneno.

Primeros años

Aunque probablemente Aníbal sea uno de los generales más famosos de la antigüedad, sigue siendo una figura misteriosa. El estudioso Philip Matyszak apunta:

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Hay mucho que no sabemos sobre este hombre, a pesar de haber sido uno de los grandes generales de la antigüedad. No es el tema de ninguna de las biografías que se conservan de la antigüedad, y aparece y desaparece dependiendo de la atención que los escritores le presten a sus logros y su carácter. (24)

No se sabe nada sobre su madre y, aunque estaba casado cuando logró algunas de sus victorias más importantes, en ningún registro se dice nada de su mujer más allá de su nombre, lmilce, y del hecho de que le dio un hijo. No se sabe qué pasó ni con ella ni con su hijo. Son principalmente sus enemigos, los romanos, los que cuentan la historia de la vida de Aníbal a través de los historiadores que escribieron sobre las guerras púnicas.

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DE PEQUEÑO, EL PADRE DE ANÍBAL LE ORDENÓ "JURAR QUE NUNCA SERÍA AMIGO DE ROMA".

El historiador griego Polibio (que vivió en torno a 208 a 125 a.C.) escribe que el padre de Aníbal lo invitó a unirse a una expedición a España cuando tenía unos nueve años. Aníbal aceptó alegre la invitación, pero, antes de dejarlo unirse, su padre lo llevó "de la mano hasta el altar. Una vez allí le ordenó a Aníbal poner la mano en el cuerpo de la víctima del sacrificio y jurar que nunca sería amigo de Roma" (3:11). Aníbal hizo el juramento de buen grado, y nunca volvió a olvidarse de él.

Acompañó a su padre a España y aprendió a luchar, rastrear y, lo que es más importante, adelantarse al oponente. Matyszak comenta que "el concepto moderno del adolescente en una etapa entre la niñez y la edad adulta no existía en la antigüedad, y Aníbal recibió el mando de las tropas a una edad temprana" (23). Cuando su padre se ahogó, el mando del ejército pasó a Asdrúbal el Bello (que vivió en torno a 270-221 a.C.), el yerno de Amílcar, y cuando este fue asesinado en 221 a.C., las tropas eligieron unánimemente a Aníbal como comandante a pesar de que en aquel momento solo tenía 25 años.

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El paso por los Alpes y las primeras victorias

Tras la primera guerra púnica, el tratado entre Cartago y Roma estipulaba que Cartago podía seguir ocupando los territorios de España siempre y cuando siguiera pagando el tributo que le debía ahora a Roma y se quedara en áreas específicas. En 219 a.C., los romanos organizaron un golpe en la ciudad de Sagunto, que instaló un gobierno hostil hacia Cartago y sus intereses. Aníbal marchó a la ciudad en 218 a.C., la asedió y la tomó. Los romanos se sintieron ultrajados y exigieron que Cartago les entregara al general; cuando esta se negó, estalló la segunda guerra púnica.

Map of Hannibal's Route into Italy
Mapa de la ruta de Aníbal hacia Italia
The Department of History, United States Military Academy (GNU FDL)

Aníbal decidió llevarles la guerra a los romanos e invadió el norte de Italia en 218 a.C. cruzando los Alpes. Dejó a su hermano Asdrúbal Barca (que vivió de 244 a 207 a.C.) a cargo de los ejércitos de España y partió con sus hombres hacia Italia. Por el camino, al reconocer la importancia que tenía el apoyo de la gente, se fue presentando como un liberador liberando a la gente de España del control romano.

Su ejército fue creciendo incesantemente con reclutas nuevos hasta llegar a los 50.000 soldados de infantería y 9.000 de caballería para cuando llegó a los Alpes. También tenía consigo varios elefantes que le resultaron muy útiles a la hora de aterrorizar a los soldados romanos y su caballería. Una vez llegados a los Alpes se vio obligado a dejar atrás sus máquinas de asedio y varios otros suministros que pensaba que detendrían su avance y luego hizo que el ejército empezara a ascender.

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Las tropas y el general tuvieron que enfrentarse no solo al clima y la subida sino también a las tribus hostiles que vivían en las montañas. Para cuando llegaron al otro lado, 17 días después, el ejército había quedado reducido a 26.000 hombres en total y unos pocos elefantes. Aun así, Aníbal estaba seguro de que saldría victorioso y condujo a sus hombres a las llanuras de Italia.

Mientras tanto, los romanos no tenían ni idea de los movimientos de Aníbal. Nunca pensaron que avanzaría con su ejército a través de las montañas para llegar hasta ellos y pensaban que todavía estaba en algún lugar de España. Sin embargo, cuando los romanos se enteraron de la maniobra de Aníbal, actuaron rápidamente y enviaron al general Escipión (el padre del Escipión el Africano el mayor, que lo acompañó) para interceptarlo. Los dos ejércitos se encontraron en el río Tesino donde los romanos fueron derrotados y casi matan a Escipión.

Carthaginian War Elephant
Elefante de guerra cartaginés
The Creative Assembly (Copyright)

Después Aníbal derrotó a sus enemigos en el lago Trasimeno y rápidamente se hizo con el control del norte de Italia. No tenía máquinas de asedio ni elefantes para tomar ninguna de las ciudades y se sirvió de su imagen de liberador para intentar convencerlas de que se pusieran de su lado. Después pidió más hombres y provisiones a Cartago, especialmente máquinas de asedio, pero se los denegaron. El senado cartaginés creía que podría manejar la situación sin incurrir en más gastos y le sugirieron que el ejército viviera de los frutos del campo.

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Los trucos de Aníbal y la batalla de Cannas

La estrategia de Aníbal de presentarse como un liberador funcionó y varias ciudades decidieron pasarse a su bando contra Roma mientras sus victorias en el campo siguieron alimentando sus tropas de reclutas nuevos. Tras la batalla del Trebia (218 a.C.), cuando volvió a derrotar a los romanos, se retiró a pasar el invierno al norte donde desarrolló sus planes para la campaña de primavera y desarrolló sus propias estratagemas para evitar los intentos de asesinato de los espías en su campamento o los asesinos a sueldo enviados por los romanos. Polibio escribe que Aníbal,

hizo que le confeccionaran una serie de pelucas, cada una de las cuales lo hacían parecer de edades diferentes. Se las cambiaba constantemente, cambiando su apariencia para parecer diferente. Así era difícil de reconocer, no solo entre los que lo veían brevemente sino también entre los que lo conocían bien. (3:78)

Una vez llegada la primavera, Aníbal lanzó un nuevo ataque con el que destruyó al ejército romano bajo el mando de Cayo Flaminio y al que estaba bajo el mando de Servilio Gémino.

Después, los romanos enviaron al general Quinto Fabio Máximo (que vivió en torno a 280-203 a.C.) contra Aníbal, que empleó una táctica nueva haciendo agotarse a Aníbal al tenerlo constantemente en movimiento. Fabio se hizo conocido como Cunctator, "el que retrasa", al negarse a enfrentarse directamente a Aníbal y retrasar el encuentro cara a cara; en vez de eso, prefirió situar a sus ejércitos estratégicamente para evitar que Aníbal atacara o se retirara de Italia. La estrategia de Fabio funcionó tan bien que casi logra atrapar a Aníbal en una trampa.

ANÍBAL PASÓ TIEMPO ESTUDIANDO A SU ENEMIGO, SUS PUNTOS FUERTES Y DÉBILES Y SABÍA QUE VARRÓN CONFIABA DE MÁS EN SU VICTORIA.

Dejó a los cartagineses atrapados cerca de Capua, donde el río Volturno les impedía la retirada. Parecía que Aníbal tendría que abrirse paso luchando o rendirse, pero entonces, una noche, los romanos vieron una fila de antorchas moviéndose desde el campamento de los cartagineses hacia un área que sabían que estaba en manos de una de sus propias guarniciones.

Parecía que Aníbal estaba intentando escapar de la trampa. Los generales de Fabio lo animaron a montar un ataque nocturno para respaldar a la guarnición y aplastar al enemigo entre ambos bandos, pero Fabio se negó, porque creía que la guarnición podría prevenir sin mayor problema la escapada de Aníbal y que aguantaría hasta la mañana. Sin embargo, cuando la guarnición se puso en marcha para encontrarse con Aníbal en la batalla, solo se encontraron con reses con antorchas atadas a los cuernos y el ejército de Aníbal ya se había escapado a través del paso que los romanos habían dejado desatendido.

La táctica de Fabio de negarse a enfrentarse a Aníbal en la batalla estaba empezando a cansar a los romanos, que empezaron a exigir una acción directa. Nombraron a un general más joven, Minucio Rufo (fecha desconocida), como co-comandante, ya que Rufo estaba seguro de poder derrotar a Aníbal y traer la paz a la región. Sin embargo, Fabio entendía que Aníbal no era un adversario cualquiera y siguió negándose a atacar. Le dio a Rufo la mitad del ejército y lo invitó a hacer lo que pudiera. Rufo atacó a Aníbal cerca de la ciudad de Gerione y su derrota fue tal que Fabio tuvo que salvarlo a él y a lo que quedaba de sus tropas de la aniquilación total. Después de este incidente, Fabio dimitió y Rufo desaparece de la historia.

Aníbal se dirigió entonces al depósito de suministros romanos en Cannas, con el que se hizo fácilmente, y luego dio a sus hombres tiempo para descansar. Los romanos enviaron a dos cónsules, Lucio Emilio Paulo (que murió en 216 a.C.) y Cayo Terencio Varrón (que sirvió aproximadamente entre 218 y 200 a.C.), con un ejército de 80.000 soldados, a atacar su posición; Aníbal tenía menos de 50.000 hombres bajo su mando. Como siempre, Aníbal pasó tiempo estudiando a su enemigo, sus puntos fuertes y sus debilidades, y sabía que Varrón estaba ansioso por lanzarse a la batalla y que confiaba de más en su victoria. Cuando el mando del ejército cambió manos de uno a otro cónsul, fue para ventaja de Aníbal que el más ambicioso e insensato de los dos, Varrón, tuviera la autoridad el primer día de la batalla.

Aníbal organizó el ejército en forma de medialuna, con la infantería ligera de galos al frente y en el centro, la infantería pesada detrás y la caballería pesada y ligera en los flancos. Los romanos al mando de Varrón se situaron en formación tradicional para marchar hacia el centro de las líneas enemigas y romperlas. Varrón creía que se estaba enfrentando a un oponente como cualquiera de los que los romanos habían derrotado en el pasado y estaba seguro de que la fuerza del ejército romano rompería las líneas cartaginesas; eso era exactamente lo que Aníbal quería que pensara Varrón.

Battle of Cannae - Initial Deployment
Batalla de Cannas: despliegue inicial
The Department of History, United States Military Academy (Public Domain)

Cuando avanzó el ejército romano, el centro de la línea cartaginesa empezó a dar de sí, de manera que pareciese que Varrón había estado en lo cierto y que el centro caería. Las fuerzas cartaginesas fueron retrocediendo poco a poco, haciendo que los romanos se adentraran más y más en las líneas enemigas, y entonces la infantería ligera se desplazó hacia los extremos de la media luna dejando paso a la infantería pesada, que avanzó hacia el frente. Al mismo tiempo, la caballería cartaginesa se enfrentó a la romana, dispersándola, cayendo sobre la retaguardia de la infantería romana.

Los romanos continuaron con su formación tradicional y sus tácticas bien ensayadas; siguieron avanzando, pero ahora lo único que estaban haciendo era empujar a las primeras líneas hacia la potencia asesina de la infantería pesada cartaginesa. La caballería cartaginesa también había cerrado la salida por detrás, con lo que el ejército romano quedó completamente rodeado. De los 80.000 soldados romanos que entraron en el campo de batalla aquel día, 44.000 acabaron muertos frente a los 6.000 que perdió Aníbal. Fue una derrota devastadora para Roma, cuya consecuencia fue que varias ciudades-estado italianas se pasaran al bando de Aníbal, y Filipo V de Macedonia (que reinó de 221-179 a.C.) se declaró en favor de Aníbal e inició la primera guerra macedonia contra Roma.

Battle of Cannae - Destruction of the Roman Army
Batalla de Cannas: destrucción del ejército romano
The Department of History, United States Military Academy (Public Domain)

La gente de Roma se movilizó para defender la ciudad, que estaban seguros de que sería el siguiente objetivo de Aníbal. Tanto los veteranos como los nuevos reclutas renunciaron a su paga para defender la ciudad. Sin embargo, Aníbal no podía atacar Roma porque no tenía máquinas de asedio ni refuerzos para su ejército. Cartago le negó estas peticiones porque el senado no quería hacer el esfuerzo o gastar el dinero en ello.

El comandante de la caballería de Aníbal, Maharbal, animó a Aníbal a atacar igualmente, seguro de poder ganar la guerra en aquel momento en que el ejército romano estaba desorganizado y la gente había entrado en pánico. Cuando Aníbal se negó, Maharbal dijo: "Sabes cómo lograr una victoria, Aníbal, pero no sabes cómo usarla". Sin embargo, Aníbal tenía razón: sus tropas estaban exhaustas tras Cannas y no tenía ni elefantes ni máquinas de asedio para tomar la ciudad. Ni siquiera tenía suficientes hombres para reducir a la ciudad rodeándola con un asedio a largo plazo. Si Cartago hubiera enviado los hombres y los suministros que había pedido, la historia habría sido diferente; pero no lo hizo.

Más campañas y la batalla de Zama

Entre los guerreros romanos que sobrevivieron en Cannas se encontraba el hombre que acabaría siendo conocido como Escipión el Africano el mayor. El padre y el tío de Escipión, dos antiguos comandantes, habían muerto a manos de Asdrúbal Barca en España y, cuando el senado romano pidió a un general defender la ciudad contra Aníbal, todos los comandantes más factibles se negaron, ya que tras Cannas creían que un mando como ese no era más que una misión suicida. Escipión, que no tenía más que 24 años, se presentó voluntario. Se marchó de Roma con solo 10.000 soldados de infantería y 1.000 de caballería a encontrarse con el ejército mucho más grande de Aníbal.

Escipión empezó en España, no en Italia, en un esfuerzo por vencer primero a Asdrúbal y evitar que cualquier refuerzo llegara a Italia. Primero tomó la ciudad de Cartago Nova y de ahí pasó a lograr otras victorias. En 208 a.C. derrotó a Asdrúbal en la batalla de Baecula sirviéndose de la misma táctica que usara Aníbal en Cannas.

ASDRÚBAL, AL DARSE CUENTA DE QUE ESPAÑA ERA UNA CAUSA PERDIDA, CRUZÓ LOS ALPES PARA REUNIRSE CON ANÍBAL EN ITALIA Y LANZAR UN ATAQUE CONJUNTO CONTRA ROMA.

Asdrúbal, al darse cuenta de que España era una causa perdida, cruzó los Alpes para reunirse con Aníbal en Italia y lanzar un ataque conjunto contra Roma. Sin embargo, el ejército de Asdrúbal fue derrotado en la batalla del Metauro en 207 a.C. contra los romanos al mando de Cayo Claudio Nerón (en torno a 237-199 a.C.). Mataron a Asdrúbal y sus ejércitos se dispersaron. Nerón había estado luchando contra Aníbal en el sur, pero se escapó al amparo de la noche, derrotó a Asdrúbal y regresó sin que Aníbal se diera cuenta. La primera noticia que tuvo Aníbal de la derrota de Asdrúbal fue cuando un contingente romano arrojó la cabeza de su hermano a los guardias de su campamento.

Escipión, que todavía se encontraba en España, le pidió dinero y suministros al senado romano para luchar contra Aníbal atacando Cartago. Estaba seguro de que esta iniciativa obligaría a Cartago a ordenarle a Aníbal que regresara de Italia para defender la ciudad. El senado romano se negó, así que Escipión los puso en evidencia juntando su propio ejército y pidiendo el apoyo de la gente de Roma. Gracias a esto, el senado tuvo que ceder le otorgó el mando de Sicilia desde donde podría lanzar la invasión del norte de África.

Mientras tanto, Aníbal se vio obligado a continuar con su estrategia de atacar Roma con varios combates rápidos y orquestados, intentando ganarse la simpatía de las ciudades-estado, pero sin poder tomar ninguna ciudad al asalto. Matyszak escribe que:

En el campo, Aníbal no tenía igual. En 212 y 210 se enfrentó a los romanos y los derrotó. Pero ahora entendía que la estocada que había asestado a Roma en Cannas no era mortal. El flujo de desertores que se pasaban al bando cartaginés fue disminuyendo hasta acabarse. (39)

En España, Escipión había derrotado a los cartagineses, pero Aníbal no lo sabía; solo sabía que su hermano había muerto, no que España estaba en poder de los romanos.

Battle of Zama
Batalla de Zama
Sailko (CC BY-SA)

Para entonces, Escipión ya estaba preparado para invadir el norte de África, y su plan funcionaría tal y como lo había predicho. En 205 a.C. desembarcó con su ejército y se alió con el rey númida Masinisa. Rápidamente se hizo con la ciudad cartaginesa de Útica y se dirigió hacia Cartago. Ordenaron a Aníbal regresar de Italia para enfrentarse a esta amenaza y ambos ejércitos se enfrentaron en 202 a.C. en la batalla de Zama.

Escipión había estudiado las tácticas de Aníbal al detalle de la misma manera que Aníbal siempre se había preocupado de conocer a su enemigo y ser más astuto que sus oponentes. Sin embargo, no se había enfrentado todavía a Escipión y no lo conocía más que como un general joven que, no sabía cómo, había logrado derrotar a Asdrúbal en España. Escipión parecía ajustarse a las expectativas de Aníbal cuando dispuso a sus tropas en la formación tradicional, en un grupo aparentemente apretado.

Aníbal estaba seguro de poder dispersar fácilmente a estos romanos cargando con elefantes, pero Escipión usó la primera línea como una cobertura para un tipo de defensa muy diferente: en vez de la configuración cerrada en un frente horizontal que veía Aníbal desde su posición, dispuso a sus tropas en hileras verticales tras la primera línea. Cuando Aníbal cargó con los elefantes, la primera línea de Escipión se hizo a un lado y los elefantes corrieron sin causar daño alguno por los pasillos entre las tropas romanas, que se limitaron a matar a los hombres que llevaban los elefantes. Después hicieron que estos se dieran la vuelta y aplastaran al ejército cartaginés. Aníbal fue derrotado y este fue el fin de la segunda guerra púnica.

The Battle of Zama - Elephant Charge
La batalla de Zama: la carga de los elefantes
Mohammad Adil (CC BY-SA)

Últimos años y legado

Tras la guerra, Aníbal aceptó un puesto como magistrado jefe de Cartago en el que trabajó tan bien como lo hiciera como líder militar. Los duros impuestos que Roma le exigió a Cartago en la derrota, destinados a arruinar la ciudad, se pudieron pagar fácilmente gracias a las reformas iniciadas por Aníbal. Los miembros del senado, que se habían negado a enviarle ayuda cuando la necesitaba en Italia, lo acusaron de traicionar los intereses del estado por no haber tomado Roma cuando tuvo la oportunidad, pero aun así Aníbal siguió siendo fiel a los intereses de su pueblo hasta que los senadores se inventaron nuevas acusaciones y denunciaron a Aníbal ante Roma diciendo que estaba haciendo de Cartago una potencia de nuevo para volver a desafiar a los romanos. No está claro exactamente por qué decidieron hacer esto, excepto por la decepción con él tras su derrota en Zama y los simples celos de sus capacidades.

En Roma, por su parte Escipión también estaba lidiando con problemas, ya que su propio senado lo estaba acusando de simpatizar con Aníbal por haberlo perdonado y liberado, de aceptar sobornos y de malversación de fondos. Escipión defendió a Aníbal como un hombre honorable y evitó que los romanos enviaran una delegación a arrestarlo, pero Aníbal entendió que no era sino cuestión de tiempo antes de que sus conciudadanos se volvieran contra él y lo entregaran, así que huyó de la ciudad en 195 a.C. y se marchó a Tiro, para después viajar a Asia Menor, donde recibió el cargo de asesor de Antíoco III (el Grande, que reinó de 223 a 187 a.C.) del Imperio seléucida.

Por supuesto, Antíoco conocía la reputación de Aníbal y no quiso arriesgarse a poner a un hombre tan poderoso y popular al frente de sus ejércitos, así que lo mantuvo en la corte hasta que la necesidad lo obligó a nombrar a Aníbal almirante de la armada en una guerra contra Rodas, una de las aliadas de Roma. Aníbal era un marinero inexperto, al igual que su tripulación, así que fue derrotado, aunque hay que reconocer que estuvo próximo a la victoria. Cuando Antíoco fue derrotado por los romanos en Magnesia en 189 a.C., Aníbal sabía que lo entregarían a Roma como parte de los términos de la derrota, así que volvió a huir.

Hannibal Barca Bust
Busto de Aníbal Barca
Carole Raddato (CC BY-SA)

En la corte del rey Prusias de Bitinia en 183 a.C., como Roma todavía lo estaba persiguiendo, Aníbal decidió acabar con su vida antes que caer en manos de sus enemigos. Dijo, "Acabemos con esta vida que tanto terror ha causado a los romanos", y se tomó un veneno. Tenía 65 años. Al mismo tiempo, en Roma, los cargos contra Escipión lo habían indignado tanto que se retiró a sus tierras fuera de la ciudad y dejó órdenes en su testamento de que lo enterraran allí en vez de en Roma. Murió el mismo año que Aníbal a los 53 años.

Aníbal se convirtió en una leyenda en vida y, años después de muerto, las madres romanas seguían asustando a sus hijos cuando no querían irse a la cama diciendo "Hannibal ad Porto" (que viene Aníbal). Su campaña a través de los Alpes, algo impensable incluso en su época, le valió la admiración a regañadientes de sus enemigos y una fama que ha perdurado desde entonces.

Las estrategias de Aníbal, que Escipión aprendió tan bien, se incorporaron a las tácticas de Roma y esta las seguiría usando constantemente con buenos resultados tras la batalla de Zama. Tras las muertes de Aníbal y Escipión, Cartago siguió causándole problemas a Roma, que acabarían desembocando en la tercera guerra púnica (149-146 a.C.), en la que Cartago quedaría destruida.

El historiador Ernle Bradford escribe que la guerra de Aníbal contra los romanos

se puede considerar como el último esfuerzo de los antiguos pueblos orientales y semíticos de evitar que un estado europeo dominara el mundo mediterráneo. El hecho de que fracasara se debió a la inmensa resistencia de los romanos, tanto en su constitución política como en su soldadesca. (210)

Aunque hasta cierto punto es verdad, al final la derrota de Aníbal se debió tanto a la debilidad de su propio pueblo por el lujo, la riqueza y la vida fácil como a la resistencia a rendirse de los romanos tras Cannas. Tal y como indica también Bradford, no hay duda de que si Aníbal "hubiese estado luchando contra cualquier otra nación de la antigüedad... sus victorias arrolladoras la habrían llevado a la derrota y a una pronta rendición" (210); pero la culpa de la derrota de Aníbal también era de la élite cartaginesa que se negó a apoyar al general y sus tropas cuando estaban luchando por su causa.

No hay ningún registro de que Cartago concediera a Aníbal ningún reconocimiento por sus servicios en Italia, y el perdón y la defensa que hizo Escipión de él fueron un honor mayor que nada que hicieran sus compatriotas por él. Aun así, siguió haciendo lo que era mejor para su pueblo a lo largo de toda su vida y se mantuvo fiel al juramento que hiciera de pequeño: fue un enemigo de Roma hasta el final y su nombre se recordaría como el mayor adversario de Roma durante generaciones, incluso hasta hoy en día.

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Tiene un profundo interés por la historia, especialmente la antigua Grecia y Egipto. Hoy en día escribe subtítulos para clases online y traduce textos sobre historia y filosofía entre otras cosas.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Escritor independiente y antiguo profesor de filosofía a tiempo parcial en el Marist College de Nueva York, Joshua J. Mark ha vivido en Grecia y Alemania; también ha viajado por Egipto. Ha sido profesor universitario de historia, escritura, literatura y filosofía.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2018, marzo 29). Aníbal [Hannibal]. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-406/anibal/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Aníbal." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia. Última modificación marzo 29, 2018. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-406/anibal/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Aníbal." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 29 mar 2018. Web. 08 dic 2022.

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