Heiankyo (Kioto), situada en el centro de la isla de Honshu, fue la capital de Japón durante más de mil años y dio nombre a una de las épocas doradas de la historia japonesa, el período Heian (794-1185 d.C.). Construida según un diseño chino por el emperador Kammu, la ciudad contaba con un enorme complejo palaciego, amplias avenidas, parques de recreo y numerosos santuarios sintoístas y templos budistas de importancia nacional. En 1868, Tokio se convirtió en la nueva capital, pero, en muchos sentidos, Kioto sigue siendo la capital cultural de Japón, ya que cuenta, por ejemplo, con 17 lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en su recinto o en sus alrededores.
Fundación
Durante el periodo Nara (710-794), la corte imperial japonesa se vio acosada por rivalidades entre familias nobles y una influencia excesiva en la política por parte de las sectas budistas cuyos templos salpicaban la capital. Con el deseo de empezar desde cero, el emperador Kammu (que reinó en 781-806) trasladó la capital de Nara a Nagaokakyo, a orillas del río Yodo, en el año 784. Sin embargo, Nagaokakyo pronto se ganó la reputación de ser un lugar de mala suerte tras varias muertes en la corte, una epidemia y una inundación. Por ello, Kammu volvió a trasladar la capital en 794, esta vez a Heiankyo. Este traslado marcó el comienzo del periodo Heian, que duraría hasta finales del siglo XII.
El emplazamiento se encontraba en una llanura con suelo aluvial fértil y ríos que ya se habían optimizado mediante técnicas de riego. También había sido durante mucho tiempo una región dedicada al cultivo del arroz, la producción de sake y la cría de gusanos de seda. Las montañas al norte y la presencia de al menos tres ríos importantes hacían que el emplazamiento fuera también propicio para la defensa. El clima era, y por supuesto sigue siendo, uno de los aspectos negativos de la ciudad, que debe soportar inviernos fríos, veranos calurosos y una elevada humedad. Aun así, se consideraba que la primavera y el otoño eran especialmente encantadores, como refleja este poema de la poeta del siglo XI Izumi Shikibu, una dama de la corte de Heiankyo:
Ojalá el mundo
en primavera y otoño
Pudiéramos convertirlo para siempre
Y el verano y el invierno
Nunca más existieran.
(Whitney Hall, 99)
Diseño
Heiankyo significa «la capital de la paz y la tranquilidad», y es el nombre que le dio el emperador Kammu en un edicto oficial. Sin embargo, a partir del siglo XI, se adoptó oficialmente el nombre informal que la ciudad había tenido durante mucho tiempo y que significaba simplemente «la capital»: Kioto. La ciudad era ahora el centro de un Gobierno formado por el emperador, sus altos ministros, un consejo de Estado y ocho ministerios que, con la ayuda de una extensa burocracia, gobernaban a unos 7.000.000 de personas. La arquitectura de la ciudad debía reflejar su posición como centro del mundo japonés.
Dado que hoy en día casi no se conservan edificios antiguos en la ciudad, su trazado y arquitectura deben reconstruirse a partir de las normas oficiales del siglo X que se conservan, de mapas de los siglos XII y XIII y de otras referencias textuales. Heiankyo se trazó según un plano cuadriculado regular, con calles en ángulo recto que creaban manzanas de tamaño regular siguiendo el modelo chino de la capital occidental de Ch'ang-an (aunque algunos historiadores sostienen que el modelo fue Fujiwara, que copió Nankín).
La ciudad contaba con una avenida central de 83 metros (270 pies) de ancho que dividía los barrios oriental y occidental, conocidos como Rakuyo y Choan, respectivamente. Había quizás ocho puertas alrededor de la ciudad, aunque probablemente no hubiera murallas exteriores dignas de mención, salvo un breve tramo al sur. El resto de la ciudad estaba protegida de manera modesta por zanjas y fosos, cruzados por numerosos puentes de madera. La puerta principal de la ciudad era la Puerta de la Muralla Sur, que tenía dos pisos, una anchura de 33,5 metros (110 pies) y alcanzaba una altura de unos 21 metros (70 pies).
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Heiankyo contaba con 24 avenidas, 72 calles y una población de 150.000 habitantes, lo que la convertía en una de las grandes ciudades de Asia Oriental.
De norte a sur discurrían unas 33 calles y avenidas, y otras 39 calles iban de este a oeste. La mayoría de las calles tenían 10,5 metros (35 pies) de ancho, y muchas estaban flanqueadas por gruesos muros de tierra y zanjas. Las 24 avenidas de la ciudad tenían el doble de ancho que las calles, y varias de ellas medían unos 30 metros (100 pies) de ancho. Estas calles tan anchas daban a la ciudad una sensación de amplitud, creaban muchas plazas grandes en diversas intersecciones y ofrecían unas vistas despejadas de las montañas al norte. Para el siglo X, la ciudad abarcaba un área rectangular de unos 4,8 km (3 millas) de ancho y 14,5 km (9 millas) de largo, y contaba con una población de entre 100.000 y 150.000 habitantes, de los cuales unos 50.000 trabajaban en la administración pública. Heiankyo era, sin duda, una de las grandes ciudades de Asia Oriental.
El Palacio Real
El complejo rectangular del palacio real, conocido como el Gran Palacio Imperial o Daidairi, medía alrededor de 1,2 × 1,4 km (el 7 % de la superficie total de la ciudad) y estaba completamente rodeado por un alto muro de tierra con 14 puertas, la más importante de las cuales era la Puerta del Gorrión Bermellón. En su interior había 200 estructuras de diversa índole, entre las que se incluían edificios residenciales del palacio, salones de banquetes, oficinas gubernamentales e instalaciones de almacenamiento, santuarios sintoístas, pagodas, torres, pasillos cubiertos, jardines, árboles y arroyos. La arquitectura seguía los modelos chinos y el edificio más grande era el Daigokuden o Gran Salón de Estado, que albergaba la sala del trono imperial. La enorme estructura, con sus tejas verdes, remates en forma de delfín y pilares bermellones típicos de todos los edificios gubernamentales, medía 53 m (175 pies) por 20 m (65 pies). Destruida por un incendio, más tarde se reconstruyó a menor escala y hoy en día forma parte del Santuario Heian (véase más abajo). Otro edificio que ha sobrevivido, aunque reconstruido tras otro desastroso incendio, es el Shishen-den o Sala de Audiencias.
Fuera del complejo palaciego, la aristocracia poseía palacios con sus propios jardines cuidadosamente diseñados, y al sur del Daidairi se construyó el Parque de la Fuente Divina (Shinsen'en). Este parque de ocio tenía una superficie de 120.000 metros cuadrados (30 acres) y estaba presidido por un lago con un salón de banquetes para ceremonias reales, el Pabellón de la Presidencia Celestial o Kenrinkaku. Muchos de los arroyos de la ciudad se desviaron y gestionaron para crear lagos artificiales para los parques de la ciudad. También había barrios dedicados a los artesanos, como pintores, metalistas y alfareros. Las viviendas particulares de la gente común eran, por supuesto, mucho más modestas y tenían techos de paja o corteza en lugar de tejas. La ciudad en su conjunto contaba también con más oficinas gubernamentales, almacenes, residencias para funcionarios y embajadas extranjeras, una Academia de Estudios Chinos (Daigaku-ryo), templos budistas, dos prisiones y dos grandes mercados, cada uno del tamaño de cuatro manzanas, con sus propias tiendas, residencias de comerciantes, almacenes y oficinas comerciales gubernamentales.
Templos y santuarios importantes
Dado que el emperador recelaba de una influencia indebida, no se permitían templos budistas en la parte central de la ciudad y no se permitía que el clero se trasladara desde Nara, aunque Kammu sí permitió la construcción de dos templos a ambos lados de la puerta Rashomon de la ciudad: el Sai-ji (Templo del Oeste) y el To-ji (Templo del Este). En 823, este último fue ampliado por el famoso monje y fundador del budismo shingon, Kukai, y en 826 recibió su espléndida pagoda, la más grande de Japón y símbolo de Kioto. La pagoda, de 55 metros (179 pies) de altura, se incendió cinco veces, pero fue restaurada por última vez en 1644. Kammu tampoco descuidó la religión sintoísta y construyó el importante santuario Hirano Jinja en 794. En 859 se construyó el importante santuario Iwashimizu Hachimangu, dedicado a Hachiman, el dios sintoísta de la guerra y la cultura.
El templo budista Kiyomizu-dera, o «Templo del Agua Pura», fue fundado antes incluso de que Heiankyo se convirtiera en la capital, en el año 778. Era un lugar de peregrinación popular, ya que los creyentes consideraban que sus aguas tenían propiedades curativas. El fuego destruyó muchos de los edificios, pero fueron reconstruidos en 1633 y se añadió una nueva pagoda. El recinto alberga una famosa estatua del bodhisattva Kannon, obra de Enchin, que solo se muestra al público cada 33 años. En la actualidad es la atracción turística número uno de la ciudad y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
En 947, los restos y las obras literarias de Sugawara no Michizane, también conocido como Tenman Tenjin (845-903), quien había sido un importante funcionario de la corte y posteriormente fue deificado como el kami sintoísta del aprendizaje y la educación, fueron consagrados en el santuario Kitano Temmangu de Kioto, construido específicamente en su honor.
El recinto del templo budista zen Kinkakuji, fundado en 1397 por el shogún Ashikaga Yoshimitsu, incluye el famoso Pabellón Dorado. Víctima de otro incendio, el magnífico Pabellón Dorado de tres plantas, con sus dos pisos superiores dorados, se reconstruyó en 1955. También es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Otros templos importantes que se pueden visitar hoy en día en Kioto, todos ellos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, son el Kamigamo Jinja (fundado en el siglo VI), el Shimogamo Jinja (también del siglo VI), el Ninna-ji (888), el Tenryu-ji (1339), el Ginkakuji (1460-1490) y el Hongan-ji (1591). Por último, el Santuario Heian de Kioto fue fundado en 1895 con motivo del 1100.º aniversario de la fundación de la ciudad como capital de Japón. En él se consagra el kami del emperador Kammu deificado, el hombre cuya elección encaminó a Kioto hacia la fama y la prosperidad.
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Historia posterior
La ciudad continuó expandiéndose a lo largo de los siglos XI y XII, especialmente hacia el norte y el este. Sin embargo, por desgracia para la posteridad, hoy en día casi no se conservan edificios antiguos en Kioto. El uso de paneles y vigas de madera, persianas de bambú y paredes y biombos de papel en la arquitectura japonesa antigua hacía que los edificios fueran especialmente susceptibles de sucumbir en los incendios. Casi cada década se producía una oleada de incendios devastadores, por lo que partes de la ciudad estaban en constante reconstrucción. Incluso aquellas grandes estructuras que sobrevivieron se reconstruían regularmente de todos modos como parte del ideal sintoísta de mantener un entorno limpio y puro, una tradición que continúa hoy en día en todos los edificios sintoístas, independientemente de su importancia histórica.
Aunque Kioto siguió siendo la capital durante la época medieval, su importancia disminuyó en el periodo Kamakura (1185-1333), cuando los gobernantes militares del shogunato tomaron el poder con sus propias bases en Kamakura y Edo (Tokio). Kioto siguió siendo la capital oficial de Japón durante el período Edo (1600-1868), cuando se erigieron varios edificios nuevos importantes, incluido el castillo de Nijo, construido por Tokugawa Ieyasu en 1603. Tras la Restauración Meiji de 1868, cuando se restableció el imperio, Tokio se convirtió en la nueva capital. Aun así, Kioto siguió gozando de la reputación de capital cultural de Japón, aunque ya no fuera la capital política, y aún hoy es un importante centro cultural y una ciudad con muchos ejemplos magníficos (aunque reconstruidos) de la arquitectura tradicional japonesa.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 22 mayo 2017. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.