Cayo Casio Longino

¿Libertador, tiranicida o traidor?
Harrison W. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
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Gaius Cassius Longinus (by Panagiotis Constantinou, CC BY-NC-SA)
Cayo Casio Longino Panagiotis Constantinou (CC BY-NC-SA)

Cayo Casio Longino (hacia el 86-42 a.C.) fue uno de los líderes de los «Libertadores», la facción de senadores romanos que asesinó a Julio César en los idus de marzo (15 de marzo) del año 44 a.C. Ya fuera por un deseo de salvar la República romana del colapso bajo un gobierno unipersonal, o por una serie de razones más egoístas, Casio conspiró para matar a César junto con otros 60 senadores aproximadamente, entre ellos su cuñado, Marco Junio Bruto. Una vez consumado el acto, Casio y Bruto huyeron de Roma y reunieron un ejército, pero al final serían derrotados por los sucesores de César en la batalla de Filipos. Prefiriendo la muerte antes que la captura, Casio se suicidó.

Familia y primeros años

Casio nació alrededor del año 86 a.C., quizás el 3 de octubre, en el seno de la familia Cassia, una distinguida familia patricia. Su padre era senador y ocupó el cargo de gobernador de la Galia Cisalpina en la época de la tercera guerra servil contra el gladiador rebelde Espartaco. De hecho, Espartaco y su ejército de esclavos derrotaron de manera rotunda a Casio padre cerca de Mutina (Módena en 72 a.C. y, si se cree al historiador Plutarco, tuvo suerte de escapar con vida del campo de batalla. Aunque no sabemos cómo se llamaba la madre de Casio, debió de ser una mujer respetada e influyente, ya que un político se refirió en una ocasión a sus consejos en un discurso público.

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Casio tenía un temperamento fuerte y pare ce que también sentía un gran amor por la República.

De joven, Casio estudió filosofía en Rodas y llegó a dominar el griego. Con el tiempo entabló amistad con uno de los grandes filósofos de su época, Marco Tulio Cicerón, quien evidentemente quedó impresionado por el joven. Según Cicerón, Casio era «el más valiente de los hombres, alguien que, desde que pisó por primera vez el Foro, [no hacía] nada a menos que estuviera rebosante de la más abundante dignitas» (citado en Strauss, 71). Sin embargo, Cicerón también reconocía que Casio tenía un temperamento formidable: el veterano estadista recordaba que, cuando Casio se enfadaba, sus ojos ardían con una intensidad que le recordaba al dios de la guerra, Marte. No obstante, la descripción más famosa de Casio no proviene de Cicerón, sino de William Shakespeare. En su Tragedia de Julio César, escrita más de 1.500 años después, el bardo le hace decir a César: «Aquel Casio tiene un aspecto demacrado y hambriento. / Piensa demasiado. Los hombres así son peligrosos» (1.2, 195-96)

Por muy demacrado y hambriento que estuviera, parece que Casio también albergaba un amor por la República romana. Según Plutarco, cuando Casio era adolescente, fue a la escuela con Fausto, hijo del difunto dictador Lucio Cornelio Sila. Al parecer, Fausto se había estado jactando de los poderes autocráticos de su padre cuando Casio, incapaz de contener su furia, se abalanzó sobre el otro muchacho y le propinó una paliza. Después de que apartaran a Casio, los tutores de Fausto amenazaron con llevarlo a los tribunales. Sin embargo, Pompeyo Magno, uno de los antiguos tenientes de Sila, lo prohibió y prometió resolver el asunto él mismo. Cuando Pompeyo reunió a los dos muchachos para resolver sus diferencias, Casio se burló y dijo: «Venga, Fausto, ten el valor de pronunciar en presencia de este hombre las palabras que me enfurecieron, y te volveré a partir la cara» (Plutarco, Vida de Bruto, 9.1). La historia, afirma Plutarco, demuestra que ya desde muy temprana edad, Casio albergaba una «gran hostilidad y amargura hacia toda la raza de los tiranos» (ibidem).

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Carrera militar

En la década de los 50 a.C., la República romana estaba en decadencia. A todos los efectos, el poder estaba concentrado en manos de solo tres hombres: Pompeyo el Grande, Julio César y Marco Licinio Craso, que se habían unido en una alianza inestable que los historiadores denominan el Primer Triunvirato. Para entonces, a Pompeyo ya se lo reconocía como el mayor general de su generación, y César estaba de campaña en la Galia, ganándose la gloria y amasando riqueza. Para no quedarse atrás respecto a sus compañeros del triunvirato, Craso comenzó a planear su propia expedición militar contra el Imperio parto. Una nueva guerra en Oriente ofrecía oportunidades a jóvenes oficiales ambiciosos como Casio, quien se unió a su ejército como cuestor y comandante adjunto.

The First Triumvirate of the Roman Republic, c. 60-53 BCE
El Primer Triunvirato de la República Romana, c. 60-53 a.C. Simeon Netchev (CC BY-NC-ND)

Al principio, la expedición fue bien, y Craso obtuvo pequeñas victorias contra los partos en Siria. Pero entonces, el triunviro, demasiado confiado, cruzó el Éufrates y condujo a su ejército a un territorio enemigo desconocido, marcado por un terreno desértico abrasador. En poco tiempo, a Craso se le acabó la suerte y sus legiones fueron aplastadas en la batalla de Carras, en el año 53 a.C., la peor derrota romana desde los días de Aníbal. Miles de soldados romanos murieron, se perdieron varios estandartes con el águila y, poco después de la batalla, el propio Craso fue hecho prisionero y ejecutado; según se dice, le vertieron oro fundido en la boca. Como era uno de los únicos oficiales de alto rango que quedaban en pie, Casio tomó el mando de lo poco que quedaba del ejército. Condujo a los 10.000 supervivientes de vuelta a Siria y se atrincheró en Antioquía, el centro del poder romano en la región. Allí, comenzó a prepararse para el contraataque parto.

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Ese ataque se produciría más tarde ese mismo año, cuando un ejército parto, liderado por el general Osaces, invadió Siria y arrasó con todo a su paso. Para entonces, Casio estaba preparado: cuando los partos llegaron a Antioquía, no lograron quebrantar las murallas. Incapaces de mantener el asedio, se retiraron y volvieron a saquear el campo sirio. Durante los dos años siguientes, Casio libró una guerra de guerrillas contra los invasores, utilizando Antioquía como base desde la que enviaba tropas para hostigar los flancos enemigos o eliminar a grupos aislados de soldados partos. Luego, en el año 51 a.C., Casio les tendió una emboscada a los partos y estos cayeron de lleno. El ejército parto quedó devastado y Osaces recibió una herida mortal. Tras la muerte de su comandante, los partos supervivientes abandonaron Siria. Aunque la victoria no fue lo suficientemente grandiosa como para vengar Carras, sin duda consolidó la reputación de Casio como un general a tener en cuenta.

Como gobernador en funciones de Siria, Casio utilizó su cargo para enriquecerse extorsionando a la población local.

Durante los tres años que pasó en Antioquía, Casio ejerció como gobernador interino de Siria. Aprovechó este cargo para enriquecerse extorsionando a la población local y comprando productos sirios para revenderlos a precios inflados. Su intromisión en el comercio sirio le valió el apodo de «el Dátil», por el fruto que crecía en las palmeras de la zona, pero, tal y como señala el historiador Barry Strauss, no lo decían a modo de cumplido. Durante su mandato también invadió Judea, donde capturó y esclavizó a unos 30.000 judíos, que posteriormente vendió a precios elevados. Casio no fue, ni mucho menos, el único gobernador romano que se dedicó a este tipo de corrupción. Sin embargo, su posterior imagen como modelo de virtud republicana hace que sus acciones como gobernador sean destacables.

Guerra civil

Casio regresó a Roma en el año 50 a.C., en vísperas de la guerra civil. Pompeyo había ejercido como único cónsul en el año 52 a.C., una concentración de poder casi sin precedentes en manos de un solo hombre, mientras César seguía fuera, librando su guerra de dudosa legalidad en la Galia. Para entonces, los Optimates, una facción conservadora del Senado romano, exigían que César entregara sus legiones y regresara a Roma para responder por los delitos que se le atribuían, tanto antes como durante su guerra en la Galia. De negarse, el Senado recurriría a Pompeyo, pidiéndole que liderara los ejércitos de la república y llevara a César ante la justicia. Al final, César accedió a regresar, pero no para responder por ningún delito, y desde luego no solo. En enero de 49 a.C., cruzó el Rubicón al frente de sus legionarios veteranos.

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Map of the Roman Civil War (49 - 45 BCE)
Julio César y la guerra civil romana (49-45 a.C.) Simeon Netchev (CC BY-NC-ND)

Casio, que acababa de ser elegido tribuno de la plebe, se puso del lado de Pompeyo y del Senado. Huyó de Roma y se dirigió a Grecia, donde Pompeyo estaba reuniendo un ejército. Al mando de una flota pompeyana, Casio demostró una vez más su valía militar al destruir una flota cesariana frente a las costas de Sicilia en el año 48 a.C. Luego se pasó los siguientes meses hostigando a los barcos frente a las costas del sur de Italia. Pero los éxitos navales de Casio no fueron más que un episodio secundario de la guerra que se estaba librando en Grecia. Allí, en la batalla de Farsalia, César logró una victoria decisiva sobre Pompeyo y desarticuló su ejército. Derrotado pero sin desanimarse, Pompeyo huyó a Egipto, pero fue asesinado sin contemplaciones nada más pisar tierra. Aunque la guerra civil se prolongaría durante unos años más, el veredicto ya estaba escrito: César había ganado.

Relación con César

Tras Farsalia, muchos pompeyanos prominentes acudieron en masa a César en busca de clemencia. Ansioso por demostrar que era misericordioso, y sin duda satisfecho de ver a los hombres más orgullosos de Roma postrados a sus pies, César indultó a la mayoría de quienes lo solicitaron, actuando como si la guerra civil no hubiera sido más que una disputa familiar. Entre los senadores pródigos que buscaban el perdón de César se encontraban grandes nombres como Cicerón y Marco Junio Bruto, cuñado de Casio. Inicialmente el propio Casio estaba planeando seguir luchando, pero al final se dejó convencer de la rendición, tal vez por el ejemplo de Bruto. Se reunió con César en el sur de Anatolia y fue indultado. Casio afirmó más tarde que estuvo a punto de asesinar a César en ese mismo momento, aunque algunos historiadores como Strauss lo descartan y dicen que no es más que una «historia inventada» (74). César acogió a Casio de nuevo en el redil y lo nombró legado de su ejército.

Casio participó en la campaña de César contra el rey Farnaces II de Ponto, pero se negó a tomar las armas contra los reductos pompeyanos en África liderados por sus antiguos aliados Metelo Escipión y Catón el Joven. Así, mientras César acababa con los últimos vestigios de la resistencia pompeyana, Casio regresó a Roma, donde esperaba reanudar su carrera política. Pero las reglas del juego habían cambiado: César era ahora dictador, y todos los demás funcionarios públicos del Gobierno romano servían a su antojo. Casio tendría que aprenderlo a las malas cuando César nombró a Bruto gobernador de la Galia Cisalpina, a pesar de que la experiencia de Casio en Siria lo convertía en el candidato más cualificado. A finales del año 45 a.C., Casio perdió otro cargo frente a su cuñado cuando César le otorgó a Bruto el prestigioso cargo de pretor urbano. Enfurecido, se negó a hablar con Bruto durante meses.

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Marcus Junius Brutus
Marco Junio Bruto Panagiotis Constantinou (CC BY-NC-SA)

Esto no significaba que la carrera de Casio hubiera llegado a un callejón sin salida. De hecho, César, que hacía nombramientos políticos con años de antelación, accedió a que Casio fuera cónsul en el año 41 a.C. Pero era precisamente esta idea de tener que doblegarse ante César para salir adelante lo que lo irritaba porque ofendía su sentido de la dignitas, una virtud compleja que abarca tanto el honor personal como el prestigio. Por supuesto, es posible que también albergara un rencor personal contra el dictador. Se rumoreaba que César, un notorio mujeriego, se acostaba con la esposa de Casio, Junia Tercia (también hermanastra de Bruto). También está la historia que contó Plutarco de que César había confiscado unos leones que Casio había comprado en Megara para los juegos de Roma, y que eso le hirió el orgullo (Plutarco admite que en realidad puede que los leones fueran del hermano de Casio, Lucio).

Dejando a un lado las ambiciones y los rencores personales, a Casio le preocupaba que César se estuviera acercando peligrosamente al monarquismo. A principios de 44 a.C., César fue nombrado dictador vitalicio (dictator perpetuo). Luego, en las semanas siguientes, se dedicó a pisotear constantemente la tradición; primero, le faltó al respeto al Senado romano al negarse a levantarse para saludar a una delegación senatorial y luego destituyó a dos tribunos por supuestamente incitar a la oposición. El colmo se produjo durante la fiesta de las lupercales, el 15 de febrero, cuando Marco Antonio, uno de los lugartenientes de César, le ofreció repetidamente una corona. Aunque César se negó, muchos lo interpretaron como una representación ensayada destinada a sondear la opinión pública sobre la posibilidad de convertir a César en rey. Es muy posible que Casio estuviera de acuerdo con las palabras que Shakespeare pone en su boca respecto a César: «Él se yergue sobre el estrecho mundo / como un coloso, y nosotros, hombres insignificantes, / caminamos bajo sus enormes piernas y miramos a nuestro alrededor / para encontrarnos tumbas deshonrosas» (Julio César 2.1, 142-145).

Conspiración

Probablemente no fue hasta febrero del 44 a.C. cuando Casio decidió que la única forma de salvar la república era asesinar a César. No le resultó difícil reclutar en su conjura a otros senadores descontentos, ya que muchos hombres poderosos tenían cuentas pendientes con el dictador. Algunos eran antiguos pompeyanos enfadados porque César no les había devuelto todas las propiedades que les había confiscado. Otros eran acérrimos conservadores optimates indignados por las reformas de César, que incluían la concesión de tierras a sus veteranos y la distribución de cereales a los pobres de las ciudades, así como la incorporación de extranjeros al Senado. Otros simplemente querían preservar la república. En total, es probable que se unieran 60 senadores a la conjura (aunque probablemente menos de 20 participaron activamente en el asesinato en sí).

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Si Casio era el cerebro de la conspiración, Bruto se convirtió en su corazón.

Pero había un hombre que Casio necesitaba por encima de cualquier otro: Bruto. Según la leyenda, había sido un antepasado de Bruto quien había expulsado a los últimos reyes de Roma, y su nombre añadiría mucho peso simbólico a la conspiración. Dejando de lado su reciente disputa con él, Casio visitó la casa de su cuñado en una fría tarde de febrero. Lo convenció de que, si no hacía algo para detener al ambicioso César, la república caería. Bruto finalmente accedió. Si bien Casio era el cerebro de la conspiración, Bruto se convirtió en el corazón. Cuando Casio propuso matar a Marco Antonio además de a César, Bruto lo disuadió, argumentando que actuaban para salvar la república, no para hacerse con el poder. Se concretaron los planes y se acordó que actuarían en la reunión del Senado de los idus de marzo (15 de marzo), unos días antes de la salida de Roma que Césa tenía prevista para emprender una campaña militar contra los partos.

Los idus

César llegó tarde a la reunión del Senado el día en que iba a morir. Al principio, había decidido no ir en absoluto: se había despertado mareado y había estado acosado toda la mañana por malos presagios. Pero Casio sabía que tal vez no tendrían otra oportunidad de llevar a cabo el plan. Así que, cuando César no apareció a tiempo, envió a Décimo Bruto Albino, un hombre de confianza del dictador, a buscarlo. Décimo logró atraer a César al Pórtico de Pompeyo, donde se reunía el Senado ese día. Al entrar en la sala del Senado, los asesinos lo rodearon y lo apuñalaron un total de 23 veces. Murió a los pies de una estatua de su gran rival Pompeyo, asesinado por las dagas de hombres a quienes había considerado sus amigos.

Assassination of Julius Caesar
La muerte de Julio César Vincenzo Cammuccini (Public Domain)

Los conspiradores, o «Libertadores» como los llamó Cicerón, marcharon entonces desde el Pórtico de Pompeyo hasta la colina Capitolina, con las manos y las togas aún cubiertas de sangre. Se pasaron los dos días siguientes atrincherados allí, pronunciando discursos que justificaban el asesinato. Los Libertadores no se marcharon de la Capitolina hasta el 17 de marzo, cuando se alcanzó un acuerdo, negociado por Cicerón: los asesinos recibirían la amnistía y, a cambio, los actos y nombramientos de César seguirían vigentes. Esa misma noche, como muestra de buena voluntad, Casio fue a cenar a casa de Antonio. Fue una comida tensa. Antonio le preguntó a Casio si ocultaba una daga bajo la axila, a lo que Casio respondió que, efectivamente, tenía una daga para Antonio, por si acaso él también resultaba ser un tirano.

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Filipos y la muerte

Esta frágil paz duró poco. El 20 de marzo, el día del funeral público de César, estallaron los disturbios, quizás instigados por Antonio, en los que las multitudes enfurecidas amenazaron las casas de los conspiradores. La situación se agravó tanto que Bruto y Casio huyeron de la ciudad a mediados de abril, probablemente temiendo por sus vidas. Se dirigieron primero a Antium (Anzio) en Italia, donde permanecieron unos meses. Sin embargo, para agosto ya estaba claro que se avecinaba otra ronda de guerras civiles, lo que llevó a Bruto y Casio a dirigirse hacia el este con la esperanza de reunir un ejército. Mientras que Bruto se dirigió a Grecia, Casio se dirigió a su antiguo territorio de Siria. A lo largo del año siguiente, reunió un formidable ejército de doce legiones.

En el año 43 a.C., Octaviano, el hijo adoptivo de César, de 19 años, llegó al poder en Roma. Aprobó una ley que revocaba la amnistía de los Libertadores y los declaraba enemigos de Roma, antes de hacer causa común con Antonio y otro destacado cesariano, Marco Lépido, con quienes formó el Segundo Triunvirato. Bruto y Casio sabían que era solo cuestión de tiempo que este nuevo triunvirato fuera a por ellos.

Augustus, Bronze Head from Euboea
Augusto, cabeza de bronce de Eubea Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

En la primavera de 42 a.C., Casio condujo a su ejército a Rodas, la isla griega donde había estudiado filosofía de joven. Pero esta vez llegó con intenciones menos pacíficas: dado que Rodas había apoyado recientemente a uno de sus enemigos, la saqueó y mandó ejecutar a 50 de sus líderes principales. Tras llenar así su tesorería con el oro y la plata de Rodas, se reunió con Bruto y unieron sus fuerzas.

El enfrentamiento definitivo tuvo lugar el 3 de octubre de 42 a.C. en un lugar del este de Macedonia llamado Filipos. Era el cumpleaños de Casio, y las probabilidades parecían favorables: juntos comandaban más de 80.000 soldados de infantería y 20.000 de caballería y el terreno elevado estaba bajo su control, mientras que sus oponentes, Octaviano y Antonio, se encontraban en una posición menos favorable y se estaban quedando sin provisiones. Pero los Libertadores subestimaron el ingenio de Antonio, quien se había colado por sus flancos para amenazar sus líneas de suministro. Antonio atacó, haciendo retroceder a los hombres de Casio hasta su campamento.

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Casio vio huir a sus hombres y creyó erróneamente que Octaviano también había derrotado al ejército de Bruto. Prefiriendo la muerte a la captura, le ordenó a uno de sus libertos, llamado Píndaro, que lo decapitara. Cuando Bruto se enteró de la muerte de Casio, lo lloró como «el último de los romanos» (Plutarco, Vida de Bruto, 44.2). Lo hizo enterrar en secreto para no minar la moral de los soldados. Tres semanas más tarde, Bruto también fue derrotado y se suicidó. Con Bruto y Casio murió el sueño de la República romana. A los tres años del asesinato de Julio César, como señala el historiador Suetonio, los principales responsables habían muerto.

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Preguntas y respuestas

¿Quién fue Cayo Casio Longino?

Cayo Casio Longino, por lo general simplemente Casio, fue uno de los principales conspiradores que asesinaron a Julio César el 15 de marzo de 44 a.C. (los idus de marzo).

¿Por qué traicionó Casio a César?

Hay varias explicaciones posibles para que Casio traicionara a César. Para empezar, creía que César estaba actuando demasiado como un monarca y quería salvar la República romana, pero puede que también tuviera motivaciones personales; César les había concedido a otros ciertos cargos políticos que deseaba Casio, y puede que también tuviera una aventura con la mujer de Casio.

¿Cómo murió Casio?

Cayo Casio Longino murió el 3 de octubre de 42 a.C. tras la batalla de Filipos. Se suicidó cuando creyó, erróneamente, que tanto sus ejércitos como los de Bruto habían sido derrotados.

Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Harrison W. Mark
Harrison Mark es un investigador histórico y escritor para World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, H. W. (2026, abril 18). Cayo Casio Longino: ¿Libertador, tiranicida o traidor?. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20488/cayo-casio-longino/

Estilo Chicago

Mark, Harrison W.. "Cayo Casio Longino: ¿Libertador, tiranicida o traidor?." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, abril 18, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20488/cayo-casio-longino/.

Estilo MLA

Mark, Harrison W.. "Cayo Casio Longino: ¿Libertador, tiranicida o traidor?." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 18 abr 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20488/cayo-casio-longino/.

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