Marco Vipsanio Agripa (64/62 – 12 a.C.) fue el general de mayor confianza y lealtad inquebrantable de Augusto (que reinó de 27 a.C. - 14 d.C.), así como su mano derecha en la administración de la ciudad de Roma. Aunque su nombre está por siempre ligado al del primer emperador romano y ha quedado relegado a un segundo plano en cuanto a importancia histórica, fue uno de los comandantes militares más hábiles del mundo militar romano, además de un ingeniero, arquitecto y administrador de gran talento.
No hay mucha información sobre Agripa y, dado que está indisolublemente vinculado a Augusto, la historia de Agripa siempre se cuenta en relación con Augusto (conocido como Octaviano antes del 27 a.C.). Se llevaban menos de un año y es muy probable que incluso estudiaran juntos y mantuvieran una relación muy estrecha durante toda su adolescencia. No se sabe nada sobre el origen de la familia de Agripa y el nombre de su gens, Vipsanio, que indicaba su tribu o clan concreto, era extremadamente raro, e incluso Agripa quería dejarlo de lado.
Agripa se labró una reputación como comandante militar extremadamente capaz.
En su testamento, Julio César (100-44 a.C.) le legó la mayor parte de sus propiedades y grandes sumas de dinero a Octaviano, además de adoptarlo como hijo. Aceptar el contenido del testamento era opcional, y hacerlo acarreaba implicaciones políticas extraordinarias tras el asesinato de César en el 44 a.C.: los idus de marzo. Su aceptación del testamento le granjeó la enemistad de los asesinos de César: Marco Junio Bruto (85-42 a.C.) y Cayo Casio Longino (85-42 a.C.). También situó a Octaviano en una relación conflictiva con Marco Antonio (83-30 a.C.), uno de los mejores generales de Julio César que esperaba llenar el vacío de poder que había dejado este. Octaviano formó un consejo improvisado que incluía a Agripa y a su otro amigo íntimo, Quinto Salvidieno Rufo. Una historia posiblemente apócrifa cuenta que Agripa convenció a Octaviano de marchar sobre Roma para aceptar el testamento de César.
La facción pro-César, Octaviano, Antonio y Emilio Lépido (89/88-13/12 a.C.), formaron el Segundo Triunvirato en 43 a.C. para regular la República romana y acabar con los asesinos. Bruto y Casio fueron derrotados en la batalla de Filipos (42 a.C.), y es muy probable que Agripa luchara allí bajo las órdenes de los triunviros.
La inestable alianza entre Octaviano y Antonio se fue deteriorando progresivamente, lo que condujo a una serie de guerras civiles entre ambos que culminaron en la batalla de Accio (31 a.C.), la cual provocó la caída de la República y el inicio del Imperio romano. Fue durante esos años cuando Agripa se labró una reputación, junto con Rufo, como comandante militar extremadamente capaz. Octaviano no tardó en descubrir que Rufo había establecido comunicaciones en secreto con Antonio y estaba considerando cambiar de bando, así que, en 40 a.C., Octaviano le ordenó que se suicidara por su traición. Con esto, Agripa pasó a ser el único comandante subordinado que le quedaba a Octaviano.
Durante estos años (44-40 a.C.), Octaviano y Agripa estuvieron ocupados luchando contra los asesinos de César. Esto le permitió a Sexto Pompeyo (67-35 a.C.), hijo de Pompeyo el Grande y enemigo del Segundo Triunvirato, reunir una gran flota y establecer su base en la isla de Sicilia, que estaba bajo su control total. Pompeyo y Octaviano habían firmado la paz mediante el tratado de Miseno, pero las hostilidades se reanudaron en el 38 a.C.
En 39 a.C., Agripa era gobernador de la Galia Transalpina y demostró su destreza militar pacificando los disturbios entre la población local, asentando a la tribu de los ubios en una zona a la izquierda del río Rin y fundando la primera ciudad ubia, que se convertiría en la ciudad de Colonia. Agripa fue elegido cónsul en 37 a.C. El consulado de Agripa se situó justo en medio del mandato de cinco años del Segundo Triunvirato, durante el cual los triunviros ostentaban el poder absoluto. Esto significaba que los propios triunviros eligieron a los cónsules cuidadosamente.Naturalmente, Agripa fue la elección de Octaviano. Lucio Caninio Galo, pariente de Antonio, fue el otro cónsul del año 37 a.C.
Para entonces, estaba claro que Octaviano no era un comandante militar de gran talento y confiaba de buen grado en la habilidad de subordinados como Agripa para llevar a cabo las campañas. Octaviano se enfrentó a una emergencia y, por ello, lo llamó desde la Galia para luchar contra Pompeyo, quien dominaba el mar Tirreno con su enorme flota naval y estaba bloqueando Italia impidiéndole el suministro vital de cereales procedentes de Sicilia. Este fue el inicio de la guerra de Sicilia en el año 36 a.C. Agripa construyó una flota naval para Octaviano. El historiador antiguo Veleyo Patérculo escribe:
A Marco Agripa se le encomendó la construcción de los barcos, la reclutación de soldados y remeros, y familiarizarlos con las contiendas y maniobras navales. Era un hombre de carácter distinguido, indomable ante el esfuerzo, la falta de sueño o el peligro, bien disciplinado en la obediencia, pero solo a un único hombre, y aun así ansioso por mandar a los demás; en todo lo que hacía no conocía el retraso, sino que en él la acción iba de la mano de la concepción. Construyó una imponente flota en los lagos Averno y Lucrino, y mediante ejercicios diarios llevó a los soldados y remeros a un conocimiento profundo de la lucha en tierra y en el mar. (Historia romana, 2.79)
La habilidad de Agripa no se limitaba a la estrategia militar; también diseñó y desarrolló el harpax, un gran dispositivo similar a una balista acoplado a un gran barco que lanzaba un enorme gancho de abordaje con múltiples puntas al final de una cuerda, que perforaba el costado de la embarcación enemiga para abordarla.
El plan consistía en que Octaviano navegara por el estrecho de Mesina y desembarcara en la costa oriental de Sicilia, mientras que Agripa debía atravesar las islas Eolias y desembarcar en la costa norte, y Lépido debía zarpar desde África y desembarcar en el oeste de Sicilia. De los tres, Agripa fue el que más éxito tuvo. Los barcos de Pompeyo eran más ligeros y fáciles de maniobrar, mientras que los de Agripa eran más pesados, tenían los costados más altos y podían soportar más daños. Se topó con una de las flotas de Pompeyo, pero la derrotó rápidamente en Milas. Tras este éxito naval, Agripa y sus legiones establecieron con éxito el control en Tíndaris (la actual Tindari) y sus alrededores.
Tras algunas dificultades, Octaviano y Lépido también lograron desembarcar en Sicilia. Pompeyo y Octaviano se reunieron entonces y acordaron librar una batalla entre ellos. Decidieron que cada bando contaría con 300 barcos cada uno, que la fecha sería el 3 de septiembre y que la batalla se libraría en la costa noreste, frente al puerto de Nauloco, donde las tropas de ambos bandos podrían observar la batalla desde la orilla. La batalla tuvo lugar bajo estas condiciones acordadas.
La flota de Pompeyo estaba al mando de sus almirantes de confianza, Apolofanes y Democares. Naturalmente, Octaviano le confió el mando de su flota a Agripa y este, utilizando sus barcos mucho más grandes y fuertes y la táctica del harpax, derrotó de forma aplastante a la flota de Pompeyo: destruyó 28 naves enemigas y no perdió más que tres barcos. Octaviano premió a Agripa con un estandarte azul y una corona de oro por su valor y destreza en la guerra naval romana.
En el año 35 a.C., Octaviano llevó a cabo una campaña militar en el este, frente a la costa dálmata (la actual Croacia), contra los iapodas, un pueblo celta-ilirio. Este fue el inicio de la guerra de Iliria y, una vez más, Agripa sería el general de confianza de Octaviano. Octaviano y Agripa partieron de la costa adriática y desembarcaron en Ilírico. Los romanos derrotaron fácilmente a la mayoría de las tribus locales, pero luego se encontraron con una resistencia decidida cuando sitiaron la ciudad de Metelum, la más grande y mejor fortificada de los iapodes.
Los romanos levantaron empalizadas y luego colocaron cuatro puentes de madera que se extendían desde ellas hasta las murallas de la ciudad. Cuando los legionarios corrieron por el primer puente, este se derrumbó bajo el peso. El segundo y el tercer puente también se derrumbaron. Al ver esto, el ejército romano se vio invadido por el pánico. Augusto saltó al suelo y reprendió a sus legionarios, pero sus amonestaciones no los impulsaron al cumplimiento del deber, por lo que él mismo agarró un escudo y saltó al puente. Agripa siguió entonces el ejemplo heroico de Octaviano, y ambos cruzaron el puente. Los soldados, al ver las valientes acciones de Octaviano y Agripa, siguieron su ejemplo y cruzaron el puente, y la ciudad acabó cayendo.
En el año 33 a.C., Agripa asumió el cargo de edil, una magistratura que supervisaba la vida cotidiana romana y la organización de festivales y espectáculos. El cargode edil no era obligatorio en el cursus honorum, la escalera de progresión en la carrera política. Era un cargo bastante modesto para un excónsul como Agripa, que había derrotado de forma contundente a la flota de Sexto Pompeyo en la guerra de Sicilia y había luchado valientemente en la guerra de Iliria. No obstante, Agripa desempeñó sus funciones como edil con la misma competencia que había demostrado en el campo de batalla.
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Se construyó un nuevo acueducto, el Aqua Julia (como de costumbre, el mérito principal de los esfuerzos de Agripa se atribuyó discretamente a su jefe), y se restauraron o repararon otros de forma exhaustiva. No se trataba solo de una gran obra: proporcionaba un buen acceso al agua corriente en toda Roma, con 700 cisternas nuevas, 500 fuentes y 130 torres de agua. (Goldsworthy, 180)
También reparó el acueducto de Marciano (Aqua Marcia), el más largo de Roma, con más de 88 km (55 millas). Llevó a cabo proyectos de ingeniería civil a gran escala, además de reparar calles y edificios públicos. Agripa se encargó de limpiar el sistema de alcantarillado de Roma, organizar juegos fastuosos y espectaculares y colaborar con la política de bienestar social destinada a ganarse el apoyo de la mayoría de la población. Se distribuyeron alimentos a cientos de miles de ciudadanos romanos. Durante los espectáculos públicos, se repartían vales canjeables por dinero y se lanzaban ropas y diversos artículos al público. Agripa también expulsó a los astrólogos y magos cuyas prácticas se consideraban una afrenta a la religión romana tradicional.
La batalla de Accio
La batalla de accio fue sin duda el punto álgido de la carrera de Agripa como general militar.
La alianza entre Octaviano y Antonio se había deteriorado rápidamente y, en el año 32 a.C., Octaviano les declaró oficialmente la guerra a Antonio y a su amante, Cleopatra VII (69-30 a.C.). En 31 a.C., su guerra civil culminaría en la batalla de Accio, en el golfo de Ambracia, frente a la costa griega. Agripa era el general más destacado de Octaviano y, naturalmente, fue él quien inició el ataque contra la flota de Antonio y tuvo el mando absoluto del conflicto naval. Según el historiador el Dr. Adrian Goldsworthy, especialista en el mundo militar romano, probablemente fue Agripa el cerebro detrás de toda la estrategia y, sin lugar a dudas, de todos los momentos más importantes de la batalla, lo que condujo a la derrota de la flota de Antonio. Aunque la flota de Antonio contaba con barcos más grandes y potentes que los de Octaviano, este era muy consciente de la experiencia vital que habían adquirido los soldados de Octaviano en la guerra contra Pompeyo, así como de la destreza de Agripa en la guerra naval.
Las aguas tormentosas habían pospuesto la batalla durante días, pero el día finalmente llegó el 2 de septiembre de 31 a.C. Octaviano comandaba el ala derecha de los barcos, y Agripa comandaba el ala izquierda. Agripa había aprovechado su mayor número de barcos para rodear la flota de Antonio y, en consecuencia, Sosio, uno de los comandantes subordinados de Antonio, se vio obligado a responder y atacar. Antonio tuvo que conducir toda su flota a la batalla. Los barcos de Octaviano rodearon las galeras más grandes de Antonio y lanzaron proyectiles y las embistieron, con la esperanza de abordar los buques enemigos. Desde la costa, los soldados de Octaviano lanzaron flechas incendiarias y antorchas contra los barcos de Antonio. La batalla duró cuatro horas y Octaviano y Agripa destruyeron o capturaron todos los barcos de Antonio. La batalla de Accio fue sin duda el punto álgido de la carrera de Agripa como general militar.
Proyectos de construcción, administración y guerra en el Imperio
Una vez terminada la batalla de Accio, todos los enemigos de Octaviano habían sido derrotados, con lo que ya no tenía oposición alguna en Roma. La era posterior a Accio supuso el inicio del Imperio romano y Octaviano, quien más tarde recibiría el honor del nombre y el título de Augusto en el año 27 a.C., se convirtió en el primer emperador de Roma. Augusto eligió a Agripa como cónsul en los años 28 y 27 a.C., cuando este, junto con Augusto, asumiría el cargo de censor y llevaría a cabo el primer censo (lustrum) de Roma desde el año 71 a.C.
Agripa comenzó entonces a trabajar en tres proyectos de construcción a gran escala. En 26 a.C., Agripa terminó de construir la Septa Julia en honor a Julio César, un edificio originalmente planeado e iniciado por César que se creó para que la Asamblea Tribal se reuniera y votara. La zona de votación se construyó con mármol y se adornó con estatuas y obras de arte de gran calidad, y contaba con una marquesina para que los votantes pudieran votar cómodamente y admirar las obras de arte bajo la fresca sombra. Muy cerca se encontraban las termas romanas públicas, el segundo de los proyectos de construcción de Agripa, que contaban con una zona de ejercicio y un monumento a Neptuno, dios del mar, a modo de recordatorio de la victoria naval en Accio.
Por último, Agripa comenzó a trabajar en una de las obras más magníficas de la arquitectura romana: el Panteón. El templo se concibió como un lugar para el culto a todos los dioses, concretamente a los doce olímpicos, ya que se basaba en el modelo helenístico. Más tarde se incendió y fue reconstruido por el emperador Adriano (que reinó de 117-138 d.C.), quien conservó la inscripción original de Agripa en la fachada del edificio. Agripa también restauró y construyó vías en Roma y en las provincias, como su importante red viaria en la Galia, que mejoró las líneas de comunicación y el acceso a todo el territorio.
En el año 19 a.C., enviaron a Agripa a España para sofocar las rebeliones de los cántabros y astures del noroeste de la península ibérica, pueblos difíciles de someter. No fue una campaña fácil, pero finalmente Agripa salió victorioso, y el Senado romano, a instancias de Augusto, votó a favor de concederle un triunfo, que él rechazó. Agripa rara vez llamaba la atención sobre sus propios logros, y prefería atribuirle toda la gloria y la paz logradas gracias a sus victorias militares a Augusto. Más tarde, en el año 13 a.C., un año antes de su muerte, regresó a Oriente para sofocar las revueltas en Iliria y Panonia.
A medida que Augusto envejecía, la cuestión de quién quería que le sucediera como emperador se convirtió en un asunto apremiante. Agripa se casó con la única hija de Augusto, Julia, en el año 21 a.C. El emperador prefería abiertamente a los dos hijos de Agripa y Julia, Cayo y Lucio César. Incluso los adoptó como hijos propios, convirtiéndolos en sus hijos y nietos al mismo tiempo. Los exhibió por la ciudad, los introdujo en la vida pública y el pueblo de Roma los adoraba. Estaba clarísimo quién tenía Augusto en mente para sucederle. Pero antes de que alcanzaran la mayoría de edad, Agripa figuraba sin duda en la lista de posibles sucesores de Augusto, aunque no fuera el candidato principal.
Agripa era el indiscutible segundo al mando de Augusto. En el año 18 a.C., Augusto incluso dispuso que el Senado le concediera a Agripa el poder tribunicio oficial (tribunicia potestas), que le permitía convocar al Senado y a la Asamblea popular y presentar proyectos de ley, así como un mayor poder proconsular (maiusimperium proconsulare), que le otorgaba precedencia militar sobre todos los demás comandantes del Ejército. El historiador Tácito consideró el poder tribunicio como la «designación del rango supremo» y describió a Agripa como el «socio en el poder» de Augusto (Anales, 3.56). En consecuencia, si Augusto fallecía, tan solo Agripa tenía la autoridad para mantener el imperio intacto y en funcionamiento. Cuando Augusto renunció a sus consulados consecutivos en el año 23 a.C., fue «a cambio» de estos dos enormes poderes.
Cuando el emperador cayó gravemente enfermo en el año 23 a.C. y muchos esperaban que falleciera, también le entregó su anillo con el sello a Agripa. Sin embargo este acabaría muriéndose antes, en el año 12 a.C. en Campania durante una fiesta. Augusto le concedió un funeral de Estado en Roma, donde pronunció el elogio fúnebre. A continuación, depositó sus cenizas en el Mausoleo de Augusto. Ambos hijos de Agripa, Cayo y Lucio, sufrirían muertes prematuras, a los 23 y 18 años respectivamente. Esto supuso que el sucesore de Augusto fuera su hijastro Tiberio(que reinó de 14-37 d.C.), quien acabó convirtiéndose en el segundo emperador de Roma.
El legado de Agripa
Agripa fue el compañero más cercano de Augusto, su subordinado más hábil y su mano derecha. Era de una lealtad incondicional y demostró una abnegación modesta al rechazar el reconocimiento personal y los honores por sus asombrosos logros, optando por cederle el mérito y la gloria a Augusto.
El legado más importante de Agripa no sería su destreza como comandante militar, sino más bien la energía y la habilidad que dedicó a la mejora de la ciudad con sus acueductos, proyectos de construcción, redes de caminos, festivales, arte público y la administración general de Roma. Tan solo tras la muerte de Agripa Augusto se vio obligado a crear cargos administrativos formales dedicados a todos estos aspectos que Agripa había desempeñado con competencia a lo largo de su vida.
Por primera vez en la historia de Roma, se crearon cargos permanentes para gestionar las obras hidráulicas (cura aquarum), para la construcción de carreteras (cura viarum) y para los proyectos de construcción (cura operum publicorum). En el pasado, estas tareas de ingeniería civil estaban en manos de los magistrados, pero, ahora que existían oficinas permanentes, había profesionales y expertos dedicados que podían supervisar los proyectos y centrarse en ellos a largo plazo sin distraerse con las demás responsabilidades de un magistrado.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Soy profesor de historia mundial en Houston. Apasionado de la antigua Roma, en particular del principado de Augusto y los últimos años de la República. Entre mis otras pasiones se cuentan en ajedrez, el ciclismo, el arte y el italiano.
Escrito por Jesse Sifuentes, publicado el 08 enero 2020. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.