Juan Bautista (muerto en torno a 30 d.C.) fue un predicador itinerante de Judea del siglo I d.C. No se conoce su nombre completo, sino que se lo reconoce por su actividad. «Bautista» (en griego: baptizo) se tradujo directamente y significaba «sumergir» o «zambullir». Juan sumergía a la gente en el río Jordán después de que se arrepintieran de sus pecados. Junto a Jesús de Nazaret y el apóstol Pablo, Juan Bautista es una de las personas más reconocidas del cristianismo y el bautismo se convirtió en uno de los primeros rituales practicados por los cristianos.
Juan fue declarado mártir en el siglo IV d.C. y ahora se lo llama san Juan. Era popular en el comercio de reliquias y varias iglesias siguen afirmando tener su cabeza o la mano derecha que bautizó a Jesús. Los cristianos mandeos de Irak afirman ser los descendientes supervivientes de los seguidores de Juan Bautista, donde algunas de sus enseñanzas se fusionaron con la secta cristiana gnóstica conocida como maniqueísmo. Las comunidades cristianas de todo el mundo siguen utilizando el bautismo como un elemento fundamental de la fe y en el islam se lo honra como un profeta devoto de Dios.
Josefo
Juan tiene una gran presencia en el estudio del Nuevo Testamento porque existe una descripción de Juan de una fuente no cristiana. Flavio Josefo (37-100 d.C.) era un historiador judío que escribió una historia de los judíos. No fue un testigo de Juan, pero utilizó registros y anales contemporáneos. La historia de Juan Bautista ocurre en una digresión de su historia sobre Herodes Antipas (tetrarca de Galilea, en torno a 4 a.C. - 39 d.C.). Antipas estaba casado con la hija de rey Aretas IV de Nabatea (que reinó en torno a 9 a.C. - 40 d.C.), un reino situado en Jordán (Petra). Después se divorció para casarse con Herodías, que había estado casada con el medio hermano de Antipas, Herodes Filipo I. Juzgando por su nombre, tenía una relación familiar próxima con estos hombres, que eran sus medio tíos. El rey Aretas fue a la guerra contra Herodes Antipas y lo derrotó. Después, Josefo añade:
Entonces, algunos de los judíos pensaron que la destrucción del Ejército de Herodes vino de Dios y que fue muy justa, como castigo por lo que había hecho contra Juan, llamado el Bautista. Porque Herodes lo mató, a él que era un buen hombre, y ordenaba a los judíos que practicaran la virtud, tanto los unos con los otros como la piedad o devoción para con Dios, y así les decía que bautizaran; porque el lavado [con agua] sería aceptable. (Antigüedades de los judíos, 18.5.2)
La razón de la muerte de Juan fue que tenía «un gran número de seguidores». Las multitudes en Judea a menudo acababan desembocando en disturbios, por lo general contra el Gobierno del momento. Josefo describió a varios predicadores itinerantes más de la época que tenían seguidores. Tradicionalmente, el Gobierno romano arrestaba al líder y lo ejecutaba junto con todos los seguidores que pudiera atrapar. Herodes mató a Juan porque tenía miedo de que Roma pensase que no podía controlar su provincia.
Esta historia es importante no solo porque atestigua la actividad de Juan sino también por la existencia de una gran audiencia. Tras su muerte, sus seguidores se reunieron en torno a su nombre y transmitieron sus enseñanzas y aparentemente el ritual del bautismo.
Los cuatro evangelios
Los cuatro evangelios dan comienzo al ministerio de Jesús con su bautismo a manos de Juan. Esto no indica que haya cuatro fuentes diferentes para Juan; utilizaron el primer evangelio, el de Marcos, y añadieron sus propios detalles. El bautismo que Juan realiza con Jesús en los cuatro convence a los estudiosos de que:
- Debió de haber una tradición primitiva que decía que Juan había bautizado a Jesús.
- La historia de Juan (tanto sus actividades como su muerte) debían de ser muy conocidas; la gente sigue preguntando si Jesús era Juan regresado de entre los muertos.
- Los seguidores de Juan representaban un problema para los seguidores de Jesús: «Ellos le dijeron: "Muchas veces los discípulos de Juan ayunan y oran... pero los tuyos siguen comiendo y bebiendo"» (Lucas 5:33).
El evangelio de Juan apunta a esta competición entre ambos grupos: «Entonces Jesús se enteró de que los fariseos habían oído que estaba ganando y bautizando a más discípulos que Juan» (Juan 4:1-2). Las tradiciones de Juan llevaron a los compositores de los evangelios a recurrir a las escrituras judías para explicar la conexión entre ambos. Resulta importante notar que todos los evangelios enfatizan la superioridad de Jesús sobre Juan.
El Evangelio según san Marcos
Marcos (en torno a 70 d.C.) empezó su evangelio con el bautismo de Jesús y por eso los estudiosos lo utilizan para extraer la historia básica de Juan:
El principio de la buena nueva de Jesús el mesías, el hijo de Dios, tal y como está escrito en Isaías el profeta: «Enviaré a mi mensajero antes que a ti, que preparará el camino», dijo una voz que llamaba entre la maleza, «prepara el camino para el Señor, haz caminos rectos para él». Y así Juan el Bautista apareció en el campo, predicando el bautismo del arrepentimiento para el perdón de los pecados. Todo el campo de Judea y toda la gente de Jerusalén salió a encontrarlo. Confesando sus pecados, fueron bautizados por él en el río Jordán. Juan llevaba ropa hecha de pelo de camello, con un cinturón de cuero a la cintura y comía saltamontes y miel. Y este era su mensaje: «Después de mí viene aquel más poderoso que yo, las tiras de cuyas sandalias no soy digno de agacharme a desatar. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con el espíritu santo». En aquella época Jesús llegó de Nazaret en Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Justo cuando Jesús volvía a salir del agua, vio los cielos abrirse y al Espíritu descender sobre él como una paloma. Y una voz que vino del cielo: «Tú eres mi hijo, a quien amo; contigo estoy contento». Al mismo momento el Espíritu lo mandó al campo y estuvo allí durante cuarenta días, tentado por Satanás. Estuvo con las bestias salvajes y los ángeles lo servían. (Marcos 1: 5-13).
Aquí Marcos junta varios textos mesiánicos de los profetas Isaías y Malaquías (3:1 y 4:5), junto con imágenes que evocan al profeta Elías. La descripción física de Jesús (el pelo de camello y el que coma saltamontes y miel) se cuenta en las historias de Elías (I Reyes 17-19 y II Reyes 1-2). Elías llevaba «una prenda de pelo con un cinturón de cuero a la cintura» (II Reyes 1:8). La descripción de Marcos se ha convertido en la manera favorita de retratar a Juan en el arte y en el cine.
La cita del libro de Malaquías (¿en torno a 450 a.C.?) afirmaba que Elías, que había ascendido a los cielos sin morir, sería enviado por Dios como un heraldo «antes del gran y temido día» (Malaquías 4:5) y anunciaría la llegada del mesías. En la escena de transfiguración, Elías se le aparece a Jesús junto a Moisés, lo que indica que se ha cumplido la profecía (Mateo 17:1-8, Marcos 9:2-8, Lucas 9:28-36).
El espíritu santo que se menciona en el pasaje no es todavía el Espíritu Santo de la trinidad. Es el espíritu de Dios (el «aliento de Dios» que «poseía» a los profetas). La paloma es un símbolo de la presencia de Dios. Con esto, Jesús está imbuido del mismo espíritu que los profetas para poder realizar milagros. Su partida al campo es una alusión a los profetas, que iban al campo de alguna manera para prepararse para la misión, a modo de un aprendizaje.
Marcos informó de la muerte de Juan a mitad del ministerio de Jesús. En la versión de Marcos, la razón por la que Juan es arrestado es que ha criticado el matrimonio de Antipas con Herodías, «porque Juan había estado diciendo "No está bien casarte con la esposa de tu hermano"» (Marcos 6:18). Esta es la famosa escena durante la fiesta de cumpleaños de Antipas en la que su hijastra baila para los invitados y él le ofrece lo que ella quiera. A instancias de su madre, la chica pidió «la cabeza de Juan Bautista en una bandeja» (Marcos 6:25). Marcos no nombra a la hija, pero sabemos por las genealogías que se llamaba Salomé. Mientras que Josefo describe la muerte de Juan como un recurso político, Marcos, siguiendo el tema principal del evangelio, hace que Juan muera por diferencias religiosas entre los judíos.
El Evangelio según san Mateo
Destaca que ni Josefo ni Marcos describan a Juan predicando sobre el reino inminente de Dios, que era el mensaje de Jesús. Ambos dicen que Juan bautizaba a la gente por «el perdón de los pecados», como una señal pública de arrepentimiento. Mateo, en su edición de Marcos, eliminó el verso que menciona la remisión de los pecados. En vez de eso, conectó a Juan con Jesús a través de su mensaje idéntico: «En aquellos días Juan Bautista llegó, predicando sobre el desierto de Judea y diciendo: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca"» (Mateo 3:1). Juan se dirigió a los fariseos y los saduceos como un «nido de víboras» (Mateo 3:7), lo que refleja la polémica favorita de Mateo contra las autoridades. Esto estableció la imagen icónica de Juan como una especie de predicador alborotador que trabajaba en conjunto con Jesús para preparar a todo el mundo para el reino venidero.
El Juan de Mateo se muestra reacio al principio: «Pero Juan intentó disuadirlo, diciendo: "necesito que tú me bautices, ¿y tú vienes a mí?" Jesús respondió: "Que así sea por ahora; es adecuado que hagamos esto para cumplir todo lo que es justo". Y entonces Juan consintió» (Mateo 3:13-15). Uno de los temas de Mateo era que todos los aspectos de Jesús, incluido Juan, confirmaban las Escrituras.
El Evangelio según san Lucas
El evangelio de Lucas presentó una biografía de Juan que hoy en día es estándar en el cristianismo. Los padres de Juan Bautista eran una pareja anciana y estéril que recibió la intervención divina con el nacimiento de un hijo. El ángel Gabriel se apareció:
No tengas miedo, Zacarías... Tu mujer Isabel dará a luz un hijo y lo llamarás Juan. ... Nunca debe beber vino ni bebidas fuertes, ya incluso antes de su nacimiento estará lleno del espíritu santo, ...con el espíritu y el poder de Elías... para preparar a un pueblo preparado para el Señor. (Lucas 1:1-18)
El comentario de no beber vino es una referencia a lo que se conoce como un voto nazareno (Números 6:2-4). La gente tomaba votos nazarenos para demostrar su devoción a Dios. Tanto Sansón (Jueces 13:4) como Samuel (1 Samuel 1:11) eran hijos de promesas divinas a mujeres estériles. La orden nazarena contra «utilizar una cuchilla en la cabeza» era la razón por la que Juan tenía el pelo y la barba largas.
La María de Lucas visitó a su prima Isabel mientras ambas estaban embarazadas. Esta es la única fuente del parentesco entre Jesús y Juan. Cuando María se acercó a Isabel, «el bebé saltó en su vientre» (Lucas 1:41). Para Lucas, si alguien dudaba de quién era superior, ya incluso en el vientre, Juan reconoció a «su Señor» pero hay que destacar que el bautizo de Jesús ocurre fuera de la narración, no aparece directamente.
Tanto Mateos como Lucas incluyen una escena durante el ministerio de Jesús que desmiente sus historias iniciales: «Cuando Juan oyó desde prisión lo que estaba haciendo el mesías, envió un mensaje mediante sus discípulos y le dijo: "¿Eres tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro?"» (Mateo 11; Lucas 7). Jesús les dice que relaten los milagros que ha realizado y luego le dice a la multitud: «Os digo que entre los nacidos de mujeres no hay ninguno más grande que Juan; sin embargo, el menor en el reino de Dios es aún más grande que él» (Lucas 7:28).
El Evangelio según san Juan
Juan empieza su evangelio con el famoso prefacio que afirma que Cristo era la palabra preexistente: «El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Juan 1:14). El bautista sirve principalmente como un testigo de su naturaleza divina:
Entonces vino un hombre enviado por Dios. Su nombre era Juan. Vino como testigo para dar fe sobre la Luz, de manera que todos creyeran a través de él. Él mismo no era la Luz, sino que vino a dar fe de la Luz. (Juan 1:6-8)
La historia de Juan sobre el Bautista contribuyó a las fórmulas posteriores de credo. En el cuarto evangelio, la crucifixión ocurrió mientras sacrificaban a los corderos en el templo para la Pascua. Al acercarse Jesús, el Bautista dijo: «¡Mira, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Juan, 1:29) En la Iglesia católica la liturgia de la eucaristía culmina con este verso de Juan.
Historicidad
El griego baptizo equivale al concepto judío de tvilah, o «inmersión de cuerpo entero». La tvilah era necesario en relación a la pureza/impureza para el mantenimiento del espacio sagrado del Templo de Jerusalén. La práctica queda atestiguada en las ruinas arqueológicas de Israel. Los mikvahs (en hebreo «recolección de aguas») eran baños hundidos construidos en la roca con escalones para entrar. Tenían que contener «agua viva» (no estancada) y la persona se sumergía sola. Bautismo acabó por significar simplemente sumergimiento.
En la historia de Juan Bautista persiste una anomalía histórica. Ni Josefo ni los evangelios explican por qué Juan estaba bautizando a la gente en el río Jordán cuando había un ritual de arrepentimiento con agua disponible en el Templo de Jerusalén. Sin embargo, si era un nazareno, su zona de actividad habría sido el desierto. Al combinar a Juan con el ministerio de Jesús, el entendimiento tradicional alineó a Juan con la misma actitud antitemplo asignada a Jesús en los evangelios.
Tras el descubrimiento de los manuscritos del mar Muerto en 1947 y su información sobre la comunidad de esenios en Qumrán ha habido varios estudios para establecer si Juan pudo haber sido miembro. Los esenios practicaban el bautismo y estaban preocupados por separar lo «puro» de lo «impuro». En la Regla Comunitaria, el arrepentimiento precedía a la recepción del «espíritu santo» (1Q III 8-9). También criticaban duramente al Templo de Jerusalén.
Bautizo en las primeras comunidades cristianas
Por desgracia, no se conserva ningún documento escrito por los seguidores de Juan en aquella época. Sabemos que un seguidor temprano de Juan o Jesús lo introdujo en las primeras comunidades cristianas. Lucas afirmó que la práctica empezó con el Pentecostés en Jerusalén. Tras el descenso del espíritu sobre los discípulos, «Pedro contestó: "Arrepentíos y ser bautizados, todos vosotros, en nombre de Jesucristo por el perdón de vuestros pecados. Y recibiréis el don del espíritu santo"» (Actos 2:38). En Actos, el bautismo en nombre de Jesús conllevaba la prueba de que funcionaba: el bautizo dotaba a las personas de los regalos del espíritu; la habitación temblaba, la gente hacía profecías y «hablaba en lenguas» (Actos 19:6).
El choque entre ambos grupos se relata en Actos 18 y 19. Los compañeros de viaje de Pablo, Priscila y Aquila, se encuentran con «un judío llamado Apolo, nativo de Alejandría... que solo conocía el bautismo de Juan. ... Se lo llevaron aparte y le explicaron el camino de Dios con más detalle» (18:24-27). Después Pablo fue a Éfeso y se encontró a algunos que ya habían sido bautizados en el «bautismo de Juan» por Apolo pero que no habían «recibido el espíritu», Pablo tuvo que rebautizarlos y, esta vez, el «espíritu santo descendió sobre ellos y hablaron en lenguas y profetizaron» (19:1-7).
Sabemos que Apolo existió porque Pablo lo menciona en I Corintios. Sin embargo, no tenemos más detalles, pero una corrección de un grupo a otro implica una crítica. El ritual que describió Lucas (confesión, bautismo, recepción del espíritu) se convirtió en la norma en la ortodoxia oriental y en el catolicismo occidental como uno de los sacramentos acompañados por el espíritu.
La historia de Pablo sobre el bautismo solo ocurre en Actos 9:17-19, cuando un cristiano llamado Ananías le curó la ceguera y lo bautizó. El propio Pablo nunca relata su propio bautismo, a pesar de que el bautismo es el tema principal de sus cartas. Al escribir a la comunidad romana utilizó la analogía de la muerte para describir lo que ocurría en el bautismo:
Nosotros somos los que han muerto al pecado: ¿cómo podemos seguir viviendo en él los que hemos muerto al pecado? ¿O acaso no sabéis que todos los que fuimos bautizados en Jesucristo fuimos bautizados a esta muerte? Por tanto, nos enterraron con él a través del bautismo en la muerte para que, igual que Cristo se alzó de entre los muertos gracias a la gloria del Padre, nosotros también podamos vivir una nueva vida. (Romanos 6:1-4)
Es decir, que el bautismo traía un cambio drástico en la vida, dejar de pecar. Las primeras comunidades practicaban el bautismo adulto, que se realizaba tras un periodo de estudio (normalmente tres años). Los iniciados, en grupo, se bautizaban en Pascua.
Bautismo infantil
El bautismo infantil surgió por primera vez en el siglo II d.C. en el norte de África, probablemente a causa de la alta tasa de mortandad infantil. En el siglo IV d.C., Agustín de Hipona (354-430 d.C.) inventó el concepto del pecado original y declaró que el primer pecado resultó en la introducción de la lujuria en el Jardín del Edén. Como descendientes de Adán y Eva, todos heredamos este primer pecado en nuestra alma a través de la concepción. El bautismo se convirtió en un ritual para lavar el pecado original; sin bautismo, no se podía llegar al cielo.
También introdujo un exorcismo en la fórmula: había que renunciar a Satanás antes del bautizo. Agustín permitió que otras personas fueran los patrocinadores de la educación espiritual del infante, creando así la práctica de los padrinos. Sin embargo, muchas denominaciones cristianas modernas siguen practicando el bautismo adulto, como por ejemplo las Iglesias baptistas.

