Año de los cuatro emperadores

Cuando cuatro hombres se disputaron el control del Imperio romano
Harrison W. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
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Map of the Year of the Four Emperors, 69 CE (by Simeon Netchev, CC BY-NC-ND)
Mapa del año de los cuatro emperadores, 69 d.C. Simeon Netchev (CC BY-NC-ND)

El año de los cuatro emperadores (69 d.C.) fue un breve periodo de agitación política y guerra civil en el Imperio romano. Tras la muerte del emperador Nerón, cuatro hombres, Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano, fueron proclamados emperadores en rápida sucesión a lo largo de un solo año, y tres de ellos tuvieron un final espantoso y violento. Fue la primera guerra civil que vivió el imperio desde los últimos días de la República romana, lo que sacudió los cimientos de la Pax Romana.

Antecedentes

En medio de una cálida noche de junio del año 68 d.C., el emperador Nerón se despertó sobresaltado al descubrir que lo habían abandonado. Excepto por un puñado de sirvientes, su palacio estaba completamente desierto; guardias, sirvientes y consejeros habían huido durante la noche. Nerón se levantó y, tras contemplar brevemente la posibilidad de suicidarse, decidió huir. Disfrazado con una capa, él y cuatro de sus sirvientes más cercanos, entre ellos Esporo, el joven esclavo al que había castrado y con el que se había casado recientemente, huyeron a una villa situada a 6,4 km (4 millas) de Roma. Allí, Nerón hizo que sus hombres le cavaran una tumba mientras él caminaba de un lado a otro, murmurando para sí mismo: «¡Qué artista muere en mí!». Poco después, recibió una carta en la que se le informaba de que el Senado romano lo había declarado enemigo público. Ahora, la propia Roma lo había abandonado. Estaba completamente solo.

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Galba era muy respetado y procedía de una familia distinguida, lo que lo convertía en el mejor candidato disponible.

Los problemas habían comenzado unos meses antes, cuando Cayo Julio Vindex, gobernador de la Galia Lugdunense, alzó sus estandartes en señal de rebelión. Al igual que muchos otros miembros de la élite romana, Vindex había acabado despreciando a Nerón, cuya egolatría, vanidad y crueldad amenazaban con socavar los cimientos mismos del imperio. Pero incluso mientras estaba declarando su rebelión, sabía que no podía enfrentarse al poder del Imperio por sí solo, así que les envió cartas a sus compañeros gobernadores para pedir ayuda.

El único que mostró un apoyo entusiasta fue Servio Sulpicio Galba, gobernador de la Hispania Tarraconense (la provincia romana más grande de la España actual). Como Vindex no quería el trono para sí mismo, le ofreció a Galba convertirse en la cara de la rebelión. Aunque era un anciano y carecía de vínculos familiares con la dinastía imperial Julio-Claudia, Galba gozaba de un gran respeto y procedía de una familia distinguida, lo que lo convertía en el mejor candidato disponible. A mediados de abril del año 68 d.C., Galba fue proclamado emperador por sus soldados.

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Galba se pasó las siguientes semanas preparándose para la guerra. Reclutó a provincianos de las clases más bajas para su ejército y promulgó edictos en los que instaba a todas las comunidades de su provincia a apoyar la insurrección. Atrajo a varios romanos prominentes a su causa, hombres que creían que él era la mejor alternativa al tiránico Nerón. Uno de ellos era Marco Salvio Otón, que había sido amigo de Nerón hasta que el emperador le robó a su esposa y lo desterró a una de las provincias más remotas del imperio. Galba debió de sentirse seguro al ver aumentar su lista de partidarios.

Galba (Artistic Facial Reconstruction)
Galba (recostrucción facial artística) Daniel Voshart (CC BY-NC-SA)

Pero entonces recibió una terrible noticia: Vindex se había suicidado tras ser derrotado en batalla por las fuerzas leales a Nerón. Durante un tiempo, Galba se desesperó pensando que todo estaba perdido. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que la rueda de la fortuna volviera a girar. Unas pocas semanas más tarde llegó la noche en la que Nerón se encontró solo y abandonado, tildado de enemigo público. Sin más recursos, hizo que uno de sus sirvientes le ayudara a clavarse una daga en la garganta. El Senado no perdió tiempo en reconocer a Galba como emperador. Parecía que al final su apuesta había dado sus frutos.

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Galba

Para enero del año 69 d.C., Galba llevaba en el trono poco más de medio año. Pero su reputación de crueldad y codicia, cultivada inicialmente en Hispania, se había hecho ampliamente conocida, y ya era casi tan impopular como su predecesor. Había mostrado los primeros indicios de malicia durante su entrada en Roma, cuando masacró a miles de soldados de Nerón cerca del puente Milvio. Luego, se negó a pagar a ningún soldado o miembro de la Guardia Pretoriana que hubiera luchado contra Vindex o que no le hubiera jurado lealtad a tiempo.

Confiscó propiedades de ciudadanos romanos y destituyó a su escolta germánica. Pero su peor ofensa, a ojos de muchos romanos, fue que se apoyara en el consejo de tres hombres de mala reputación que le habían acompañado desde Hispania: Tito Vinio, Cornelio Lacón y un liberto llamado Icelo. Según el historiador Tácito, se decía que Vinio era «el más vil de los hombres», mientras que Lacón era «el más perezoso» (1.6).

Otón había sido amigo íntimo de Nerón y compartía muchos de sus rasgos de personalidad.

El 1 de enero de 69 d.C., las legiones de la Germania Superior se negaron a jurarle lealtad a Galba y, en vez de ello, derrivaron sus estatuas y exigieron que el Senado eligiera un nuevo emperador. Unos días más tarde, las legiones de la Germania Inferior siguieron el ejemplo y proclamaron emperador a su propio general, Aulo Vitelio. Galba se sintió perturbado por esta agitación y sabía que la mejor manera de consolidar el poder y sofocar futuros disturbios era elegir un heredero, ya que era anciano y no tenía hijos.

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La opción más obvia era Otón, que había estado con él desde el comienzo de la rebelión; aún era joven y popular, y procedía de una familia ilustre. Pero Galba sabía que Otón había sido amigo íntimo de Nerón y compartía muchos de sus rasgos de personalidad. Como no quería arriesgarse a incurrir en la ira del pueblo al adoptar a un segundo Nerón, Galba eligió como heredero a Pisón Liciniano. En general a Pisón se lo consideraba un hombre bueno y noble y parecía una elección acertada. Tácito escribe que «había una austeridad de la antigua escuela en su rostro y porte, y los críticos justos hablaban de su estricta moralidad» (1.14).

Otón no era de los que aceptaban bien el rechazo. Sentía que lo había menospreciado, que había arriesgado mucho al unirse a la rebelión de Galba y que se merecía una recompensa. Así que decidió tomar lo que le correspondía y, junto con otros pretorianos y soldados descontentos, comenzó a conspirar para usurpar el trono. El 15 de enero, Galba estaba realizando un sacrificio en el Templo de Apolo con Otón a su lado. De repente, un liberto se acercó y le susurró a Otón: «Los arquitectos están esperando», la señal de que los soldados estaban listos para iniciar el golpe.

Otón se excusó y se dirigió al Foro Romano, donde fue aclamado por los soldados y proclamado emperador antes de ser subido a una litera y trasladado al campamento pretoriano. La noticia de que se estaba produciendo un golpe de Estado se extendió rápidamente, y el pánico se apoderó de la ciudad. Cuando Galba se enteró de la noticia, se dirigió al palacio y se puso una coraza de lino, aunque murmuró que sería poca protección contra tantas espadas. Finalmente, le informaron de que Otón había sido asesinado. Creyendo que la crisis había terminado, Galba salió al Foro. Uno de sus últimos actos fue reprender al soldado que afirmaba haber matado a Otón, preguntándole bajo qué autoridad lo había hecho.

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Roman Emperor Galba
Emperador romano Galba Carole Raddato (CC BY-SA)

Sin embargo, Otón no estaba muerto: no era más que una artimaña para hacer salir al emperador. Galba y Pisón estaban bajando por la calle en literas cuando se les acercó un grupo de pretorianos con las espadas desenvainadas. En el caos que siguió, los sirvientes tiraron a Galba de su silla sin miramientos para salir huyendo. Tan solo salió a su auxilio un único pretoriano, Sempronio Denso, quien logró mantener a raya a sus traicioneros compañeros de armas durante un rato.

Según el historiador Plutarco, Sempronio nunca había recibido ningún favor de Galba, pero defendió al emperador de todos modos, «resistiendo durante mucho tiempo, hasta que al fin le cortaron por debajo de las rodillas y lo derribaron al suelo» (Plutarco, Vida de Galba). Los asesinos se abalanzaron entonces sobre Galba, quien se mantuvo en pie, les ofreció la garganta y los desafió a «golpear, si eso sirve a las necesidades del país» (Tácito, 1.41). Así lo hicieron, apuñalándolo hasta que su cuerpo mutilado y decapitado quedó irreconocible. A continuación, los pretorianos localizaron a Pisón, que había huido al Templo de Vesta mientras Sempronio oponía resistencia. Lo arrastraron hasta los escalones sagrados del templo y allí procedieron a despedazarlo.

Otón

Otón supo que todo había acabado cuando le presentaron la cabeza de Pisón. La sostuvo entre sus manos, contemplándola durante largo rato con «ojos insaciables» (Tácito, 1.44). El nuevo emperador completó la tarea eliminando a los odiados consejeros de Galba: Vinio había sido asesinado durante el golpe inicial, Lacón fue exiliado y posteriormente asesinado, mientras que Icelo fue ejecutado públicamente. Después de que el Senado reconociera a Otón como emperador, muchos temieron que su régimen se asemejara al de Nerón.

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De hecho, entre los primeros decretos de Otón estaba volver a colocar los bustos y estatuas de Nerón, reinstaurar a los funcionarios de la casa de Nerón y destinar 50.000 sestercios a la finalización del proyecto vanidoso de Nerón, la Domus Aurea (Casa de Oro). Las masas incluso lo aclamaron como «Nerón Otón». Aun así, Otón tranquilizó a algunos de sus detractores mostrando clemencia hacia sus oponentes y prometiéndole al Senado que su gobierno se guiaría por la «opinión pública más amplia posible» (Suetonio, Otón, 7).

Roman Emperor Otho
Emperador romano Otón Mary Harrsch (Photographed at the Musèe du Louvre) (CC BY-NC-SA)

Pero aunque Otón fue capaz de cautivar y ganarse a algunos de sus enemigos en Roma, aún tenía que enfrentarse a Vitelio y a las legiones germánicas amotinadas. Vitelio tenía unos 70.000 soldados bajo su mando, incluidos legionarios romanos y tropas auxiliares batavas, una fuerza bastante formidable. La vanguardia del ejército de Vitelio ya había cruzado los Alpes y avanzaba hacia el norte de Italia. Otón temía la posibilidad de una guerra civil. De hecho, se estremecía cada vez que alguien sacaba a relucir el destino de Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino, los hombres que habían asesinado a Julio César antes de pagar con sus vidas en la batalla de Filipos en el año 42 a.C.

Al principio, Otón intentó negociar con Vitelio, ofreciéndole que eligiera entre varias villas de lujo a cambio de retirarse. Pero cuando las negociaciones no llegaron a nada, Otón supo que no le quedaba más remedio que luchar. Partió de Roma el 14 de marzo al frente de un ejército compuesto por legionarios romanos, pretorianos e incluso una fuerza de gladiadores. Muchos de sus soldados eran veteranos de la reciente guerra en la Britania romana contra la reina icena Boudica.

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A principios de abril, Otón ganó tres escaramuzas menores contra los hombres de Vitelio. Aunque esto afianzó un poco su confianza, sabía que la batalla decisiva aún estaba por llegar. El 14 de abril, los dos ejércitos se enfrentaron en la primera batalla de Bedriacum, cerca de Cremona, en el norte de Italia. La lucha fue sangrienta y caótica, y duró todo el día. Tal y como describe Tácito:

Luchaban ahora a distancia, ahora cuerpo a cuerpo, y cargaban a veces en destacamentos, a veces en columna. En la calzada elevada luchaban cuerpo a cuerpo, utilizando el peso de sus cuerpos y sus escudos. Dejaron de lanzar sus jabalinas y atravesaban yelmos y corazas con espadas y hachas. Cada hombre conocía a su enemigo; estaban a la vista de las otras tropas y luchaban como si el resultado de toda la guerra dependiera de ellos.

(2.42)

Al final, el centro de la línea de Otón se rompió y sus hombres huyeron presas del pánico. Según Dion Casio, ese día murieron o resultaron heridos hasta 40.000 hombres. Otón no había estado presente en la batalla, sino que permaneció en el campamento, esperando ansiosamente conocer el resultado. Cuando se enteró de su derrota, supo que era inútil seguir luchando y en vez de eso, decidió morir. En parte, tomó esta decisión por preocupación por sus soldados, y comentó: «No seguiré arriesgando la vida de estos hombres, que tanto bien merecen» (Suetonio, Otón, 10). Se pasó la noche poniendo sus asuntos en orden y ocupándose de los asuntos de Estado. Luego, en la madrugada del 16 de abril del año 69 d.C., puso fin a su vida clavándose una daga en el pecho de un solo golpe. Había gobernado durante solo 95 días.

Vitelio

Tras su victoria en Bedriacum, Vitelio se dirigió a Roma, donde el Senado lo proclamó emperador. Entró en la ciudad «entre un gran estruendo de trompetas y con estandartes y banderas agrupados a su alrededor, vestido con una capa de general y con una espada a la cintura» (Suetonio, Vitelio, 11). Hombre fastuoso y glotón, el breve reinado de Vitelio estuvo marcado por los excesos y el despilfarro. Según Suetonio, celebraba hasta cuatro banquetes al día y a menudo les servía a sus invitados un plato tan grande que se conocía como el «Escudo de Minerva». Incluía delicias como hígado de pez loro, sesos de pavo real, lenguas de flamenco y las vísceras de lampreas procedentes de Partia y España.

Vitellius, Ny Carlsberg Glyptotek
Vitelio, Gliptoteca Ny Carlsberg Carole Raddato (CC BY-SA)

Agotó rápidamente el tesoro imperial con extravagantes juegos de gladiadores y costosos desfiles triunfales. Además, era un hombre cruel que «se deleitaba en someter a la gente a la tortura o a la muerte, sin importarle quiénes fueran ni cuál fuera la justificación» (Suetonio, Vitelio, 14). No solo ejecutaba a sus oponentes políticos, sino también a los prestamistas a los que debía dinero. Según se dice, también ejecutó a quienes hablaban mal de su equipo favorito de carreras de cuadrigas, los Azules, al considerar tales comentarios como una crítica implícita a su propio régimen.

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Pero mientras Vitelio se afanaba en afianzarse en Roma, una nueva amenaza surgía en Oriente. El 1 de julio, las legiones romanas en Alejandría, Egipto, proclamaron emperador a Tito Flavio Vespasiano. Hombre de origen humilde, Vespasiano había ascendido en la jerarquía política romana y alcanzado renombre como comandante militar. Había pasado los dos últimos años sofocando la gran revuelta judía del año 66 d.C. en Judea y estaba a punto de sitiar Jerusalén cuando le llegó la noticia de la muerte de Nerón. Inmediatamente, suspendió las operaciones militares a la espera de instrucciones del nuevo Gobierno y envió a su hijo, Tito, a felicitar al emperador Galba.

Sin embargo, Tito solo había llegado hasta Corinto cuando se enteró del asesinato de Galba. Regresó junto a su padre con la noticia y, tras un breve consejo, Vespasiano decidió postularse él mismo al trono. Pasó los siguientes meses preparando a sus soldados y ganándose el apoyo de poderosos aliados, como Cayo Licinio Muciano, gobernador de Siria, y Tiberio Julio Alejandro, prefecto de Egipto. Fueron las tropas de Alejandro las que se declararon primero a favor de Vespasiano.

Vespasiano esperaba poder presionar al Senado para que lo nombrara emperador al cortar el suministro de grano a roma.

En lugar de dirigirse directamente a Roma, Vespasiano se dirigió primero a Alejandría. Muchos consideraban que Egipto era el granero de Italia, y Vespasiano esperaba poder presionar al Senado para que lo nombrara emperador al cortar el suministro de grano a Roma, evitando así un derramamiento de sangre. Pero no tardó en impacientarse y le ordenó a Muciano dirigirse a Italia con tres legiones para enfrentarse a las fuerzas de Vitelio en batalla. Sin embarog, Muciano ni siquiera había pisado suelo italiano cuando las legiones del Danubio, intuyendo una oportunidad de saqueo y gloria, se amotinaron y le declararon su lealtad a Vespasiano.

Bajo el mando de un general renegado llamado Marco Antonio Primo, las legiones del Danubio invadieron Italia. El 24 de octubre, los soldados amotinados de Primo se enfrentaron a las legiones de Vitelio en la segunda batalla de Bedriacum, cerca del lugar exacto donde Otón había encontrado su fin hacía seis meses. Sin embargo, esta vez fueron las tropas de Vitelio las que se desmoronaron y huyeron. Los hombres de Primo celebraron su victoria incendiando y saqueando Cremona durante cuatro días. Muchos de los residentes fueron asesinados o violados. Por primera vez desde la caída de la República, los soldados romanos mataron a ciudadanos romanos.

Tras la batalla, Roma se sumió en el pánico. A medida que se difundía la noticia de que Primo y las legiones del Danubio se acercaban rápidamente a la ciudad, Vitelio intentó desesperadamente retener la lealtad de sus soldados colmándolos de regalos y sobornos. Fue en ese momento cuando el hermano de Vespasiano, el pretor urbano Tito Flavio Sabino, intentó negociar la paz. Se acercó al emperador y le instó a abdicar en favor de Vespasiano, un acto que podría salvar la ciudad y, de hecho, su propia vida.

Aunque Vitelio parecía receptivo a la idea, sus soldados no lo estaban. Indignados, atacaron a Sabino, obligándole finalmente a buscar refugio en la colina Capitolina con sus hijos. La lucha se recrudeció en la colina y, en medio del caos, el Templo de Júpiter Capitolino, el Mejor y el Más Grande, se incendió, un mal presagio para el futuro de Roma. Al final, los vengativos soldados de Vitelio capturaron a Sabino y lo asesinaron brutalmente.

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Vespasiano triunfante

Los fríos vientos de diciembre atenazaron Roma mientras las legiones del Danubio se acercaban poco a poco. Cada vez más desesperado, Vitelio envió emisarios para negociar con los rebeldes, cada uno acompañado por una virgen vestal. Pero fue en vano. El 20 de diciembre informaron a Vitelio de que el enemigo estaba a las puertas de Roma. Se disfrazó y se preparó para huir, pero cuando algunos de los soldados del Danubio irrumpieron en el palacio antes de que estuviera listo, se escondió en su habitación y atrancó la puerta con una cama y un colchón.

Esto no supuso ningún obstáculo, y tras irrumpir en el palacio, los rebeldes sacaron al emperador de la habitación. Le ataron las manos a la espalda, le colocaron una soga alrededor del cuello y le arrancaron gran parte de la ropa. A continuación, le hicieron desfilar semidesnudo por el Foro mientras el pueblo le lanzaba abucheos e insultos. Finalmente, según relata Suetonio, Vitelio fue «torturado hasta la muerte al ir cortándole la carne del cuerpo de forma delicada y metódica en las escaleras Gemonías, para luego arrastrsa su cadáver con un gancho hasta el Tíber» (Vitelio, 17).

Roman Emperor Vespasian, Palazzo Massimo
Emperador romano Vespasiano, Palazzo Massimo Carole Raddato (CC BY-SA)

El 21 de diciembre, el Senado proclamó emperador a Vespasiano, el cuarto y último hombre en ocupar ese cargo en el turbulento año 69 d.C. Poco después, Muciano entró en Roma y restableció el orden, expulsando de la ciudad al impredecible Primo y a sus legionarios amotinados. Gobernó en nombre de Vespasiano durante los meses siguientes, hasta octubre del año 70 d.C., cuando llegó el propio emperador, recibido por el Senado con gran pompa. Gobernaría durante la siguiente década y establecería una nueva casa reinante, la dinastía Flavia. Era una nueva era, pues ni Vespasiano ni ninguno de sus tres predecesores tenían ningún derecho de sangre al trono. A partir de entonces, no serían necesariamente los lazos de sangre los que hicieran a un emperador romano, sino las espadas.

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Preguntas y respuestas

¿Qué fue el año de los cuatro emperadores?

En la historia del Imperio romano, el año de los cuatro emperadores hace referencia a un breve periodo de guerra civil y agitación política en 69 d.C., cuando hubo cuatro hombres que se disputaron el control del imperio.

¿Quiénes fueron los cuatro emperadores?

Los cuatro emperadores de 69 d.C. fueron Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano.

¿Cuál fue la causa del año de los cuatro emperadores?

El malestar político del año de los cuatro emperadores ocurrió porque se produjo un vacío de poder tras la muerte del emperador Nerón.

¿Qué dinastía imperial se fundó durante el año de los cuatro emperadores?

El año de los cuatro emperadores, 69 d.C., dio lugar a la dinastía Flavia, que gobernaría el Imperio romano durante los siguientes 27 años.

Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Harrison W. Mark
Harrison Mark es un investigador histórico y escritor para World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, H. W. (2026, abril 19). Año de los cuatro emperadores: Cuando cuatro hombres se disputaron el control del Imperio romano. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10458/ano-de-los-cuatro-emperadores/

Estilo Chicago

Mark, Harrison W.. "Año de los cuatro emperadores: Cuando cuatro hombres se disputaron el control del Imperio romano." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, abril 19, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10458/ano-de-los-cuatro-emperadores/.

Estilo MLA

Mark, Harrison W.. "Año de los cuatro emperadores: Cuando cuatro hombres se disputaron el control del Imperio romano." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 19 abr 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10458/ano-de-los-cuatro-emperadores/.

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