Recreaciones mitológicas en el espectáculo de la antigua Roma

Dana Murray
por , traducido por C. Valenzuela-Orrego
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Hasta el día de hoy, los antiguos romanos siguen teniendo una infame popularidad por su dramático uso del espectáculo y otras formas de entretenimiento. Una variación menos conocida del espectáculo romano son las recreaciones mitológicas que tenían lugar durante el ludi meridiani (espectáculo de mediodía). Estas representaciones no eran solo recreaciones con fines de entretenimiento, sino que también constituían una forma real de ejecución. Las desafortunadas almas obligadas a representar los mitos eran principalmente criminales condenados que habían cometido una ofensa capital, aunque también podían ser prisioneros de guerra. En el Imperio romano, solo los humiliores (personas de menor estatus) y quienes no eran ciudadanos podían ser sentenciados a morir de esa manera, ya que las ejecuciones públicas solían realizarse de una forma que se consideraba degradante y humillante. Kathleen M. Coleman sugiere que los no ciudadanos, junto con los delincuentes de bajo nivel social, eran objeto de las penas más degradantes debido a su falta de estatus dentro de la sociedad. La intención del individuo responsable de juzgar a los delincuentes/presos era separar a los condenados de la sociedad, tanto física como emocionalmente, con el fin de prevenir cualquier tipo de empatía por parte de los espectadores. Al humillar a los condenados, el público experimentaba un sentimiento de superioridad moral compartida sobre el individuo que había sido sentenciado a muerte.

El emperador no solo podía utilizar el espectáculo como propaganda, sino que también era capaz de demostrar que, como emperador, tenía poder sobre la historia y los mitos populares.

Aunque es difícil determinar el verdadero motivo tras las ejecuciones, es probable que el emperador organizara juegos como los ludi meridiani para controlar a la población y que las representaciones sirvieran como ejemplo de lo que le podría ocurrir al público si ellos también infringían la ley. Si este fue el caso o no, y si resultó eficaz o no, sigue sin esclarecerse. Sin embargo, es evidente que tales espectáculos tenían una finalidad política, y la incorporación de los mitos no es ninguna coincidencia. Dado que la historia de la Antigua Grecia y Roma se medía en términos de mitos, estos se incorporaron, a su vez, en muchos aspectos de la vida cotidiana y del espectáculo en el mundo antiguo, cumpliendo funciones políticas, sociales y religiosas por igual.

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Entre las fuentes primarias de estos eventos se encuentran Marcial, un poeta del siglo I d.C., y Clemente de Alejandría, un teólogo cristiano de los siglos II y III. En la obra de Marcial, Liber spectaculorum, se describen los juegos inaugurales de Tito en el año 80 d.C. y ofrece tres recuentos de recreaciones mitológicas. Estas incluyen: Hércules, Orfeo y Pasífae.

Hércules

Es probable que los romanos eligieran deliberadamente los mitos y personajes más populares para que se pudiera identificar a los condenados con facilidad, como Hércules, vestido con una piel de león y empuñando una maza. El desenlace inevitable de esta representación era crematio (cremación), tal como ocurre en el mito. El escenario en sí podía diferir del mito, pero se cree que la ambientación más habitual tendría lugar en la pira funeraria del monte Ida. De no ser así, la representación se limitaría a mostrar a «Hércules» vistiendo la túnica que le entregó Deyanira, la cual, según el mito, había sido untada con la sangre del centauro Neso. En realidad, la túnica se bañaba en brea para que fuera más inflamable. A esta túnica se le dio el nombre de tunica molesta. Si se compara con el mito original, esta recreación es bastante similar. Las características de Hércules son en general las mismas, incluida la túnica entregada por Deyanira. Y más importante aún, el desenlace del mito sigue siendo el mismo: «Hércules» muere quemado vivo de una forma u otra.

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Hercules and the Hydra
Hércules y la Hidra The Yorck Project (Public Domain)

Orfeo

En cuanto a Orfeo, otra figura fácilmente identificable de la mitología, Marcial describe una manipulación de la historia. Aunque Orfeo habría seguido siendo reconocible por llevar una lira, quizá incluso tocando música y cantando, el desenlace original se alteró. A diferencia del mito, Marcial relata que la muerte de «Orfeo» fue causada por un oso en lugar de las Bacantes. En esta recreación, las maravillas del anfiteatro habrían entrado en acción, aprovechando las múltiples entradas, las trampillas y los decorados. «Orfeo» habría entrado en la arena con su lira, mientras que iban soltando animales domesticados e inofensivos paulatinamente. Es posible que algunos de estos animales incluso estuvieran adiestrados para interactuar con el personaje y su música. Finalmente, habrían soltado a un oso y tal vez incluso habrían atado a «Orfeo» con una red para impedir que escapara. Una vez que «Orfeo» quedara atrapado y se liberara al oso, el criminal habría sido despedazado, lo que probablemente se interpretaría como un giro irónico del mito, que el público, al no haberlo previsto, encontraría entretenido y lleno de suspenso: «Orfeo», asesinado por la misma bestia que debía cautivar.

Orpheus
Orfeo Dan Diffendale (CC BY-NC-SA)

Pasífae

Finalmente, Marcial también cuenta la recreación de Pasífae, la esposa del rey Minos y madre del Minotauro. Según el mito, fue el rey Minos quien provocó la ruina de Pasífae, al estafar a Poseidón con un magnífico toro que debía serle sacrificado a cambio de que él legitimara el derecho del rey Minos al trono. Como castigo por este delito, Pasífae fue maldecida a enamorarse del toro. Llena de deseo por el animal, pidió al artesano Dédalo que le construyera una vaca de madera recubierta de piel para poder entrar en ella y unirse al toro en su prado. Ovidio se burla de la situación en su obra Arte de amar en español, afirmando, «Pasífae gritó de alegría cuando el animal la convirtió en su amante... Bueno, el señor del harén, engañado por un muñeco de madera recubierto, dejó embarazada a Pasífae. El niño era idéntico a su padre». (289)

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Torso of the Minotaur
Torso del Minotauro Carole Raddato (CC BY-SA)

La recreación de un mito tan escandaloso resulta dudosa y poco clara. Aunque la zoofilia también estaba presente en la obra Las metamorfosis de Apuleyo, y se conocen casos de mujeres que practicaban la zoofilia con diversos animales en otras culturas, resulta difícil creer que esto ocurriera realmente en la arena bajo la mirada de los espectadores. Puede que a la multitud solo se le hiciera creer esto, pero tal vez el mito se recreó tal y como nos cuenta Ovidio. Marcial parece animar a los lectores a creer que el espectáculo fue real con el fin de otorgar al emperador poder sobre el propio mito, escribiendo, «Creed en Pasífae unida al toro cretense: lo hemos visto; la vieja historia es creíble. Ni, oh César, la antigüedad debe sorprenderse de sí misma: lo que sea que cante Fama, la arena os lo presenta» (Coleman, 66). Si tal recreación tuvo lugar, la condenada habría aparecido vestida con la piel de una vaca. Se sabe que Nerón vestía a los cristianos con pieles de animales antes de arrojarlos a los perros para humillarlos, por lo que esta práctica no era desconocida y quizá ni siquiera fuera infrecuente en la arena. Coleman sugiere que la única forma en que un toro habría montado realmente a una mujer era si a la condenada se le hubiera untado el olor de una vaca en celo. Dado que esta recreación estaba concebida como un método de ejecución, parece que a los romanos les preocupaba poco el daño interno que tal encuentro pudiera causar. En cualquier caso, si la mujer hubiera sobrevivido al suceso, de todos modos habrían acabado con ella por la espada.

Dirce y las Danaides

Otros dos mitos ambiguos de los que se tiene constancia fueron recreados son los de Dirce y las Danaides. Al describir la persecución de los cristianos, Clemente de Alejandría relata que, «las mujeres sufrieron persecuciones como Danaides y Dirce a causa de su compromiso. Tras haber soportado torturas atroces e indescriptibles, siguieron con firmeza el camino de su fe y, físicamente quebrantadas, recibieron su noble recompensa». [4] Cabe pensar que los mitos de Dirce y las Danaides estaban reservados para las mujeres cristianas, aunque no está claro si detrás de ello subyacía algún significado en particular.

En el mito, Dirce es atada a los cuernos de un toro salvaje y arrastrada hasta la muerte por Zeto y Anfión, hijos de Antíope, a quienes Dirce había mantenido prisioneros. En este caso, el mito y la recreación eran esencialmente iguales. En la arena, una mujer condenada, a menudo cristiana, se veía obligada a reproducir este mito; la atadan a los cuernos de un toro, que la arrastraba hasta la muerte. Sin embargo, en el caso de las Danaides, la relación entre el mito y la recreación es menos clara.

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A Christian Dirce
La Dirce cristiana Franciszek Stolot (CC BY-SA)

Según la mitología, la historia de las Danaides varía según la fuente. Las 50 hijas de Dánao se casaron con los 50 hijos de su hermano, Egipto, pero solo tras mucha insistencia. Dánao entregó a cada una de sus hijas una daga y les ordenó que mataran a sus maridos la noche de su boda; todas lo hicieron, salvo una. Su castigo parece variar, aunque en el periodo helenístico parece que la creencia generalizada era que las Danaides se vieron obligadas a llevar agua al inframundo, o al Hades, en vasijas con fugas para llenar un abrevadero, o quizá, llenar un recipiente sin fondo. Dentro de la arena, su castigo resulta aún más confuso, ya que a las «Danaides» solo se las reconocía por las vasijas que se veían obligadas a llevar. Se desconocen las causas de su muerte y es probable que fueran inventadas únicamente para la recreación.

Atis

Coleman describe una recreación mitológica adicional relacionada con Atis. Según Ovidio, Atis era un apuesto joven frigio que era amado por la madre de los dioses, Cibeles. Atis se consagró a ella jurándole fidelidad eterna, pero la traicionó con una ninfa del bosque llamada Sagarítide, tras lo cual enloqueció y acabó castrándose a sí mismo. En el poema 63 de Catulo, se describe a Atis como un joven que se castró a sí mismo como resultado de la locura que Cibeles le indujo, mientras que una versión alternativa del mito se refiere al joven como Galo, el principal sacerdote eunuco de Cibeles. El resultado final era el mismo en las recreaciones. El criminal condenado a morir como «Atis» era inevitablemente castrado, lo que tal vez fuera incluso autoinfligido. Acuñando el término «Fatal charades», Coleman aborda este mito en su investigación sobre las recreaciones. En su opinión, la castración en sí misma no se consideraba mortal. En cambio, la recreación de Atis pudo haber sido utilizada como medio de tortura durante los interrogatorios. Para que «Atis» se castrara a sí mismo, es probable que se le hubiera amenazado de muerte si se negaba a hacerlo. Lo más probable es que el condenado fuera consciente de que moriría de todas formas, ya que las recreaciones eran un tipo de ejecución, y es difícil creer que amenazarlo surtiera efecto. Es posible que a «Atis» lo hubieran empalado y ordenado que se castrara a sí mismo si quería ser liberado. Sin duda, una idea bastante explícita, pero probablemente habría funcionado.

Importancia social y política del mito en la arena

Al igual que las obras de Marcial, las representaciones mitológicas tenían un significado político, y ambas pueden atribuirse a una comisión del emperador. De hecho, al recrear el mito, el emperador obtenía control sobre este. No solo era capaz de atraer a las multitudes utilizando el espectáculo como arma propagandística, sino que también lograba mostrar al público que, como emperador, tenía poder sobre la historia y sobre los propios mitos. Siguiendo con esta línea, cada vez que se representaba el mito de Orfeo y el condenado era asesinado por un oso en lugar de las Bacantes, el público apreciaba el cambio innovador, así como el hecho de que el emperador no solo era capaz de recrear el mito, sino también de modificarlo. Un emperador capaz de recrear un mito podía «demostrar» que ese mito era real y, en consecuencia, capaz de obrar un milagro.

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En un mundo en el que el mito y la historia están íntimamente vinculados, aquel que logra apropiarse de la mitología no solo ejerce poder sobre la historia, sino que también adquiere derecho a reclamar todo el prestigio y el poder que los propios mitos poseen. De hecho, los miembros de la aristocracia habrían reconocido fácilmente el concepto de identificarse con el mito y apropiarse de los poderes asociados a este, ya que la élite llevaba generaciones siguiendo esta práctica. Los romanos creían que a través de los mitos se aprendían los valores morales, la conducta y las virtudes de la nobleza. Por supuesto, muchos intentaban atribuirse un linaje mitológico para tener derecho a poseer tales nobles cualidades. Las ciudades y regiones también relacionaban su herencia con héroes mitológicos, ya que estos solían encarnar atributos sumamente valorados, entre los que se incluyen la longevidad, acciones civilizadoras y la valentía marcial.

Los romanos concedían un gran respeto a las religiones y culturas que podían presumir de antigüedad, y la misma teoría se aplicaba también a las personas. Aunque fuera de carácter ficticio más allá de la tercera o cuarta generación, era habitual que la élite relacionara su linaje con héroes y reyes antiguos o mitológicos con el fin de ostentar el mismo prestigio que el supuesto antepasado hubiera tenido alguna vez. Esto no difiere mucho de los responsables de los juegos, aquellos que organizaban los espectáculos más grandiosos y espectaculares con el fin de honrar y ganar prestigio para sus propias familias. Dado que en Roma el mito ocupaba un lugar fundamental en la ascendencia, la sociedad, la política y la religión, no es de extrañar que las recreaciones mitológicas dentro del espectáculo romano desempeñaran también un papel importante. Aunque son pocas las fuentes modernas y antiguas que abordan esta práctica directamente, las recreaciones mitológicas desempeñaron un papel sutil, pero valioso, en los juegos romanos como medio de propaganda y control que no debe pasar desapercibido.

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Murray, D. (2026, mayo 08). Recreaciones mitológicas en el espectáculo de la antigua Roma. (C. Valenzuela-Orrego, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-796/recreaciones-mitologicas-en-el-espectaculo-de-la-a/

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Murray, Dana. "Recreaciones mitológicas en el espectáculo de la antigua Roma." Traducido por C. Valenzuela-Orrego. World History Encyclopedia, mayo 08, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-796/recreaciones-mitologicas-en-el-espectaculo-de-la-a/.

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