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Durante la batalla de Crécy del 26 de agosto de 1346, un ejército inglés derrotó a una fuerza francesa mucho más grande en la primera gran batalla de la guerra de los Cien Años (1337-1453).Eduardo III de Inglaterra (que reinó de 1327 a 1377) y su hijo Eduardo el Príncipe Negro (1330-1376) lideraron a su ejército profesional a la victoria gracias a una buena elección del terreno, la disciplina de sus tropas en el calor de la batalla, el uso del arco largo, un arma devastadora, y la incompetencia general del liderazgo francés bajo el rey Felipe VI de Francia (que reinó de 1328 a 1350). Luego de Crécy, lograrían una victoria aún más impresionante en la batalla de Poitiers en 1356, cuando Inglaterra se puso manos a la obra en un conflicto que se prolongaría 116 años.
En 1337, Eduardo III de Inglaterra estaba decidido a expandir sus tierras en Francia y tenía la excusa perfecta, ya que, a través de su madre Isabel de Francia (nacida hacia 1289, hija de Felipe IV de Francia, que reinó de 1285 a 1314), podía reclamar su derecho al trono francés como sobrino de Carlos IV de Francia (que reinó de 1322 a 1328). Naturalmente, el rey del momento, Felipe VI, no estaba dispuesto a dejar el trono, y así empezó la guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra. El nombre del conflicto, así llamado por su larga duración, es en realidad una etiqueta que se le dio a la guerra en el siglo XIX, la cual siguió de forma intermitente durante más de un siglo y, de hecho, terminó recién en 1453.
El arco largo inglés era entonces el arma más devastadora en el campo de batalla medieval.
La primera acción importante de la guerra fue en junio de 1340, cuando Eduardo III destruyó una flota francesa en Sluys, en los Países Bajos. Luego, en 1345, un ejército liderado por el conde de Derby recapturó Gascuña para la Corona inglesa. A continuación, el hijo mayor de Eduardo III, Eduardo de Woodstock, también conocido como el Príncipe Negro, recibió la tarea de incendiar tantas ciudades y pueblos franceses como pudiera a lo largo del valle del Sena durante julio de 1346, como preparación para una campaña en territorio francés. Esta estrategia, conocida como chevauchée («cabalgata» en francés), tenía varios objetivos: aterrorizar a los lugareños, proporcionar comida gratis para el ejército invasor, obtener botines y rescates a cambio de los prisioneros nobles, y garantizar que la base económica del oponente se debilitara seriamente para dificultarles la tarea de reunir un ejército más adelante. Inevitablemente, las tropas comunes también aprovechaban la oportunidad para causar caos general y saquear todo lo que pudieran de las incursiones. Esta fue una forma cruel de guerra económica, tal vez creada para provocar al rey Felipe a salir al campo y enfrentarse al ejército invasor, que es exactamente lo que sucedió.
Ambos lados en Crécy contaban con unidades de caballería pesada de caballeros medievales e infantería, pero sería el arco largo inglés, en ese entonces el arma más devastadora en el campo de batalla medieval, el que resultaría ser decisivo. Estos arcos largos medían entre 1,5 y 1,8 metros (entre 5 y 6 pies) de largo y solían estar hechos de madera de tejo y encordados con cáñamo. Las flechas, capaces de perforar armaduras, tenían unos 83 cm (33 pulgadas) de largo y estaban hechas de madera de fresno y roble para que fueran más pesadas. Un arquero habilidoso podía disparar flechas a una velocidad de 15 por minuto o una cada cuatro segundos. El ejército inglés también incluía un contingente de arqueros a caballo que podían perseguir a un enemigo en retirada o desplegarse rápidamente a donde más se los necesitara en el campo de batalla.
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Los franceses, aunque tenían algunos arqueros, dependían más de los ballesteros, ya que disparar una ballesta requería menos entrenamiento. El contingente principal del ejército de Felipe estaba formado por ballesteros genoveses. Sin embargo, la ballesta tenía una cadencia de tiro seriamente más lenta que el arco largo, aproximadamente una flecha contra cinco en términos de velocidad de disparo.
Rechazaron hasta 15 ataques de la caballería francesa, y la disciplina inglesa se aseguró de que nadie rompiera su formación defensiva.
En cuanto a la infantería, los soldados mejor equipados llevaban armadura de metal o de tela o cuero rígido, reforzada con tiras de metal. La infantería común, que normalmente se mantenía en reserva hasta que la caballería se hubiera enfrentado, llevaba poca armadura (si es que llevaba algo) y empuñaba armas como picas, lanzas, hachas y herramientas agrícolas modificadas. Por último, el ejército de Eduardo contaba con algunos cañones rudimentarios (los primeros en utilizarse en suelo francés), aunque su impacto habría sido limitado dada la mala tecnología de la época, ya que no podían, por ejemplo, disparar colina abajo.
La batalla
El 26 de agosto de 1346, tras algunas escaramuzas en el camino, los dos ejércitos se enfrentaron formalmente cerca de Crécy-en-Ponthieu, un pequeño pueblo al sur de Calais. El rey Eduardo, que lideró a su ejército en persona, había desembarcado en Saint-Vaast-La-Hougue, cerca de Cherburgo, el 12 de julio y luego marchó hacia el este. El rey se juntó con la fuerza del Príncipe Negro y, tal vez como recompensa por sus incursiones exitosas, su padre lo nombró caballero. Luego, tras capturar Caen el 26 de julio, el ejército invasor giró al norte en Poissy, al oeste de París, y finalmente llegó cerca de Crécy. Mientras tanto, el rey Felipe lideraba a su ejército desde la cercana Abbeville.
Los números en la batalla de Crécy se han puesto en duda, pero los historiadores concuerdan en que el ejército inglés era significativamente más pequeño que el francés, tal vez unos 12.000 contra 25.000 hombres. Según algunos historiadores, el ejército de Eduardo ascendía a 15.000 hombres. El ejército del rey Eduardo intentó superar su desventaja numérica tomando una posición defensiva en una pequeña colina con vistas al río Maie. La fuerza de Eduardo se dividió en tres divisiones y los flancos estaban protegidos, de un lado, por bosques y un terreno pantanoso y, del otro, por la pequeña aldea de Wadicourt. Los franceses tendrían que reducir sus líneas de tropas y atacar colina arriba. Eduardo le dificultó aún más las cosas a la caballería enemiga al mandar excavar pozos en el suelo frente a sus propias líneas.
Justo antes de que empezara la batalla, el rey inglés dio un discurso encendido a sus tropas, al menos según el cronista medieval Jean Froissart (hacia 1337-1405):
Entonces el rey saltó sobre un palafrén con una vara blanca en la mano. (...) Cabalgó de una fila a otra con el deseo de que cada hombre prestara atención a su derecho y honor ese día. Lo dijo con tanta dulzura y tan buena expresión y alegría que todos aquellos que estaban desconcertados se armaron de valor al verlo y escucharlo.
(citado en Starkey, 231)
La caballería francesa atacó primero, pero se metió en un lío cuando el rey francés dio la orden de avanzar, pero luego se retractó al darse cuenta de que avanzaban contra un sol de media tarde bajo. Algunas unidades de caballería francesas siguieron avanzando a pesar de ello, mientras que otras se retiraron. Luego avanzaron los ballesteros genoveses del rey Felipe, acompañados por tambores y trompetas, pero rápidamente rompieron filas tras darse cuenta de que estaban totalmente expuestos a los arqueros enemigos. El rey francés, al ver la retirada de los genoveses, ordenó a su propia caballería que atacara, lo que causó una mayor confusión. La caballería francesa entonces continuó atacando en oleadas, pero los arqueros galeses e ingleses, posiblemente posicionados en los flancos de los soldados ingleses, resultaron ser devastadores.
Eduardo estaba utilizando la misma formación de tropas que le había otorgado la victoria en Halidon Hill contra los escoceses en 1333. Los caballeros franceses fueron derribados de sus caballos, y sus armaduras, perforadas por las poderosas flechas inglesas que llegaban desde muchas direcciones. Los franceses simplemente no pudieron responder ante el alcance, la potencia y la precisión del arco largo inglés. A medida que la batalla avanzaba y se volvía más confusa, el ejército del rey Eduardo se beneficiaba de su mayor experiencia y disciplina en la batalla, que había obtenido por las malas durante sus luchas en Escocia y Gales.
Rechazó hasta 15 ataques de la caballería francesa, y la disciplina inglesa se aseguró de que nadie rompiera su formación defensiva para perseguir de forma imprudente a la caballería en retirada, donde seguramente la infantería francesa numéricamente superior en la retaguardia los habría derribado. En contraste, aunque los caballeros franceses y sus aliados europeos eran experimentados, la infantería de Felipe estaba formada por una milicia mal entrenada y poco confiable, e incluso los caballeros resultaron ser totalmente indisciplinados. Luego, el rey inglés obtuvo mayor movilidad al hacer que sus caballeros desmontaran y avanzaran hacia el enemigo en formación cerrada apoyados por piqueros y una vanguardia de arqueros.
El príncipe Eduardo, que entonces tenía solo 16 años, lideró el ala derecha del ejército inglés junto a sir Godofredo Harcourt. El príncipe luchó con aplomo, pero hubo un momento de gran peligro cuando los franceses parecían a punto de aplastar a sus tropas. Sir Godofredo pidió refuerzos pero, según escribió el cronista medieval Jean Froissart en sus Crónicas, cuando el rey Eduardo, que observaba el proceso desde un punto de ventaja junto a un molino, se enteró de la difícil situación de su hijo, simplemente declaró que, si podía librarse solo, entonces se ganaría las espuelas ese día (las espuelas son una marca de los caballeros y, presumiblemente, se las otorgaron a Eduardo cuando regresó a casa y lo nombraron caballero). Al Príncipe Negro lo terminó salvando su portaestandarte, Richard Fitzsimon, y los franceses se vieron obligados a retroceder.
Dada la gran cantidad de nobles franceses que murieron y la eliminación del liderazgo del ejército, también los números superiores de infantería francesa se volvieron teóricos, y no quedó nadie para comandarlos. Al llegar la noche, el resultado estaba claro. El rey Eduardo había ganado la batalla con alrededor de 300 bajas en comparación con los 14.000 franceses caídos; la masacre fue el resultado de que los franceses levantaran su estandarte, la Oriflama, para no dar cuartel. Según la tradición, 1.542 caballeros franceses murieron (según algunos historiadores, esa cifra asciende a 4.000). Lo mejor de la nobleza de Francia y de sus aliados fue eliminado, incluidos el rey Juan de Bohemia (que reinó de 1310 a 1346), el rey de Mallorca, el conde de Blois y Louis de Nevers, el conde de Flandes. El rey Felipe, desmontado de su caballo dos veces, tuvo suerte de escapar de la debacle. Fue después de la batalla, al menos según la leyenda, que el príncipe Eduardo adoptó el emblema y el lema del rey caído de Bohemia: una pluma de avestruz y la frase Ich dien o «Yo sirvo». Con el tiempo, las plumas de avestruz pasaron a ser tres y siguen siendo el símbolo del príncipe de Gales hasta la actualidad.
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Consecuencias
La victoria en Crécy se volvió legendaria, y se recompensó a la crema y nata de los caballeros que habían luchado allí con una membresía al nuevo club exclusivo de Eduardo III:la Orden de la Jarretera (hacia 1348), la reliquia de caballería medieval más prestigiosa de Inglaterra hasta el día de hoy. La victoria también indicaba que, finalmente, Inglaterra ya no era inferior a Francia, una posición que había soportado desde la conquista normanda de Inglaterra por Guillermo el Conquistador en 1066. Otra conmemoración que sobrevive hasta la actualidad (al menos de forma parcial) es el llamado ventanal de Crécy de la catedral de Gloucester, donde se muestra a muchas de las figuras nobles involucradas en la batalla y sus escudos de armas.
De vuelta en el campo de batalla medieval, en julio de 1347, un ejército inglés capturó Calais tras un largo asedio. Mientras tanto, David II de Escocia (que reinó de 1329 a 1371) y un aliado de Felipe VI habían invadido Inglaterra en octubre de 1346. El objetivo era Durham, pero un ejército inglés derrotó a los escoceses en la batalla de Neville's Cross el 17 de octubre de 1346. El rey David fue capturado, y Eduardo III ahora parecía imparable. Una década más tarde, en septiembre de 1356, llegaría otra gran victoria contra los franceses en la batalla de Poitiers. Este éxito fue incluso más importante que Crécy porque el rey de Francia fue capturado.
Tras un período de paz a partir de 1360, la guerra de los Cien Años continuó con Carlos V de Francia, también conocido como Carlos el Sabio (que reinó de 1364 a 1380), quien resultó ser mucho más capaz que sus predecesores y empezó a recuperar las conquistas territoriales inglesas. Para 1375, las únicas tierras que quedaban en Francia pertenecientes a la Corona inglesa eran Calais y una parte de Gascuña. Durante el reinado de Ricardo II de Inglaterra (que reinó de 1377 a 1399), hubo esencialmente paz entre las dos naciones, pero, bajo Enrique V de Inglaterra (que reinó de 1413 a 1422), volvió a estallar la guerra y, en octubre de 1415, los ingleses tuvieron una gran victoria en la batalla de Azincourt. Enrique tuvo tanto éxito que incluso lo nombraron heredero del rey Carlos VI de Francia (que reinó de 1380 a 1422). Enrique V murió antes de poder tomar ese cargo y, con la llegada de Juana de Arco (1412-1431) en 1429, la suerte francesa empezó a aumentar de forma drástica cuando el rey Carlos VII de Francia (que reinó de 1422 a 1461) tomó la iniciativa. El débil gobierno de Enrique VI de Inglaterra (que reinó de 1422 a 1461 y de 1470 a 1471) sufrió una última derrota cuando perdieron todos los territorios franceses, excepto Calais, al final de la guerra en 1453.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 26 febrero 2020. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.