Carlos VI (1368-1422) fue rey de Francia de 1380 a 1422, durante una etapa importante de la guerra de los Cien Años (1337-1453) contra Inglaterra. Carlos, conocido como el «rey loco» debido a sus ataques de psicosis frecuentes, a menudo debía entregarles el poder a sus regentes que, en diversas ocasiones, fueron sus tíos corruptos, su esposa la reina Isabel o su desenfrenado hermano menor, Luis I de Orleans. Su reinado fue una época tumultuosa para Francia e incluyó el inicio de una guerra civil entre las facciones de los armagnacs y los borgoñones, así como una derrota desastrosa de los franceses contra los ingleses en la batalla de Azincourt el 25 de octubre de 1415. Después de Azincourt, Carlos se vio obligado a desheredar a su propio hijo y reconocer al rey Enrique V de Inglaterra (que reinó de 1413 a 1422) como su heredero. Sin embargo, Carlos sobrevivió a Enrique por dos meses, lo que le permitió a su hijo, Carlos VII de Francia (que reinó de 1422 a 1461), continuar la lucha contra Inglaterra.
Primeros años y regencia
Los cuatro tíos del rey utilizaron sus posiciones en el consejo de regencia para enriquecerse a expensas del reino.
Carlos nació el 3 de diciembre de 1368 en la residencia real del Hôtel Saint-Pol, en París. Era el hijo primogénito y heredero del rey Carlos V de Francia (que reinó de 1364 a 1380) y su esposa, la reina Juana de Borbón (1338-1378). Carlos V, conocido como «el Sabio», había sido un soberano eficaz en tiempos de guerra y había logrado reconquistar la mayor parte del territorio que se había perdido ante Inglaterra en 1360. Sin embargo, no había podido conseguir una paz duradera antes de su muerte prematura el 16 de septiembre de 1380. En su lecho de muerte, llamó a sus hermanos a su lado y les encargó que asumieran la regencia y supervisaran el reino hasta que Carlos VI, de once años, fuera mayor de edad. El 4 de noviembre, el rey niño fue coronado en la catedral de Reims. La historiadora Barbara Tuchman lo describe como «un niño apuesto, corpulento, alto y de tez clara (...) con un rostro inexpresivo que reflejaba un alma frívola» (368). Junto a él estaban sentados sus tíos, quienes, como sería evidente más adelante, tenían poco interés en gobernar o en el bienestar de su sobrino monárquico.
Los cuatro tíos del rey (los duques de Borgoña, Anjou, Berry y Borbón) utilizaron sus posiciones en el consejo de regencia para enriquecerse a expensas del reino y vaciaron las arcas que Carlos V había reunido con tanta meticulosidad. Marginaron a los asesores del exmonarca, repartieron los cargos políticos entre sus propios partidarios y volvieron a imponer políticas fiscales poco populares que llevaron a la revuelta de Harelle en 1382 en Ruan y a levantamientos similares en París. La figura más dominante en el consejo de regencia era Felipe II, duque de Borgoña (1342-1404), también conocido como Felipe el Atrevido, quien usó su nuevo poder para aumentar su influencia personal en Flandes, en ese entonces la provincia más rica de Europa. El cumpleaños n.º 14 de Carlos VI pasó sin pena ni gloria y, aunque esta era la mayoría de edad legal, el duque de Borgoña y los otros tíos se negaron a cederle el poder. Fue recién en 1388 cuando finalmente se sintieron obligados a entregarle las riendas del reino a su sobrino, que ahora tenía 20 años. Con la esperanza de deshacer el daño causado por sus tíos corruptos, Carlos volvió a nombrar a los antiguos asesores de su padre, un grupo de consejeros competentes a quienes el cronista Jean Froissart llamaba marmosets (monos tití). Bajo su guía, las condiciones en Francia empezaron a mejorar, y la población agradecida le otorgó a Carlos VI el epíteto «el Bienamado».
Primera crisis mental
En abril de 1392, Carlos VI cayó gravemente enfermo durante un viaje a Amiens. Tardó un mes en recuperarse de la enfermedad (probablemente fiebre tifoidea), aunque sus médicos siguieron preocupados por el frágil estado de su salud. Poco después, Olivier de Clisson, el condestable de Francia, fue atacado de regreso a su casa tras cenar con el rey. Aunque lo habían apuñalado varias veces, Clisson sobrevivió el ataque y pudo nombrar a su agresor: Pierre de Craon, el exchambelán descontento del rey que había culpado a Clisson por perder su cargo. Carlos VI se enfureció cuando supo del ataque, ya que lo vio como un insulto a la Corona, y se enfureció aún más cuando se enteró de que Craon había huido a la corte del duque de Bretaña, quien le había brindado asilo. Así, Carlos VI, tras jurar que llevaría al criminal ante la justicia, decidió reunir un ejército, invadir Bretaña y encontrar a Craon. El rey decidió liderar él mismo a este ejército e ignorar a sus médicos, quienes insistían que aún no se había recuperado totalmente de su enfermedad.
WHE's first book takes a truly global outlook and introduces readers to the different cultures that survived, thrived, and fell amid adversity in the 14th century. Filled with in-depth text written by WHE authors, many exclusive maps, and plenty of illustrations, The Forsaken 14th Century takes you on a global journey from the nomads of the Mongol Empire to the Black Death in Europe, the booming trade on the Swahili Coast to the Aztecs and the Māori settlements in New Zealand.
A principios de agosto, el rey partió con su ejército. Durante la marcha hacia el oeste bajo un sol de verano abrasador, algunos de los compañeros de Carlos observaron que había empezado a farfullar de forma incoherente y hacía gestos groseros «impropios de la realeza» (citado en Famiglietti, 26). El ejército acampó en Le Mans, y Carlos envió mensajeros para demandar que el duque de Bretaña entregara a Craon. Cuando el duque respondió que Craon había dejado su corte y que no conocía su paradero, la mayoría de los caballeros de Carlos se sintieron satisfechos y quisieron regresar. Sin embargo, Carlos creía que el duque mentía, y la mañana del 5 de agosto, se puso la armadura completa y lideró al ejército hacia delante. Entraron en el bosque y estaban pasando junto a una colonia de leprosos cuando uno de estos, descalzo y vestido con harapos, tomó de repente la brida del caballo del rey. «No siga avanzando, gran rey», gruñó el hombre, «pues está a punto de ser traicionado» (ibidem). El hombre fue golpeado y obligado a alejarse del rey, pero igual siguió a la comitiva durante media hora, gritando sus advertencias.
A eso del mediodía, un paje exhausto dejó caer la lanza que portaba. Esta golpeó un casco de acero e hizo un ruido metálico fuerte que sorprendió al rey, quien saltó sobre su montura y gritó: «¡Adelante contra los traidores! ¡Desean entregarme al enemigo!». En una furia ciega, desenvainó su espada y atacó a un grupo de caballeros, cortando a todos a su alcance. Para cuando uno de los chambelanes logró someter a Carlos, cuatro caballeros habían muerto. El rey, tirado en el suelo, contemplaba a sus tíos y a su hermano con ojos vacíos, sin reconocerlos. La expedición se canceló, y Carlos fue llevado de vuelta a Le Mans, donde entró en coma. La noticia de su ataque de locura se propagó rápidamente, y muchos empezaron a hablar de hechicería o un veneno; la puerta de sus aposentos debía mantenerse abierta para asegurarle al público que seguía vivo. Cuatro días después, recobró el conocimiento y expresó su pesar por lo que había hecho. Decidió irse al castillo de Creil por su salud, de modo que la regencia volvió a recaer en manos de Borgoña. Este no perdió el tiempo en vengarse de sus rivales; además, despidió a los marmosets y mandó arrestar a aquellos que no habían dejado sus cargos a tiempo.
En enero de 1393, la reina Isabel de Baviera, una joven noble alemana que se había casado con Carlos en 1385, decidió dar un baile de máscaras para celebrar la boda de una de sus damas de compañía. Como parte de estas festividades, seis nobles jóvenes se disfrazaron de «salvajes del bosque» con trajes de lino bañados en cera resinosa para «parecer desgreñados y peludos de la cabeza a los pies» (citado en Tuchman, 504). Cada bailarín recibió una máscara para ocultar su identidad; pocos sabían, en ese momento, que uno de los bailarines era el propio Carlos VI, quien había regresado a la corte hace poco. La noche del baile, el 28 de enero, los seis bailarines enmascarados brincaron frente a una multitud de invitados y aullaron como lobos.
En ese momento, el hermano menor del rey, Luis de Orleans, y uno de sus amigos entraron llevando antorchas, ignorando las advertencias de la reina. Con la esperanza de averiguar la identidad de uno de los bailarines, Luis le acercó su antorcha. Una chispa saltó, y el traje del hombre se incendió al instante. La duquesa de Berry, que había reconocido al rey, lo cubrió rápidamente con su falda y lo protegió de las llamas, mientras que otro bailarín se zambulló en un enfriador de vinos que estaba lleno de agua. Los otros cuatro no tuvieron tanta suerte, y pronto sus gritos llenaron la sala mientras las llamas los devoraban. En tres días, los cuatro habían sucumbido a sus heridas. El baile de máscaras, desde entonces conocido como Bal des Ardents o Baile de los ardientes, empeoró el estado mental del rey, y la historia se propagó por todo el reino como una consecuencia de la decadencia cortesana.
Para explicar los brotes psicóticos de Carlos VI, se han ofrecido varias opciones, entre ellas, esquizofrenia, trastorno bipolar y porfiria.
Es imposible determinar qué tipo de enfermedad mental sufría Carlos VI. Para explicar sus brotes psicóticos, se han ofrecido varias opciones, entre ellas, esquizofrenia, trastorno bipolar y porfiria. En cualquier caso, está claro que, tras el trauma del Baile de los ardientes, empezó a sufrir ataques psicóticos más frecuentes. Sufrió una segunda crisis en junio de 1393, cuando de repente no podía recordar quién era: no sabía que era el rey, que estaba casado o siquiera que su nombre era Carlos. Se ofendía terriblemente cuando veía su propio escudo de armas, el cual intentaba vandalizar cada vez que se lo cruzaba, y estaba aterrado de su esposa; cada vez que la reina Isabel se le acercaba, huía aterrorizado y gritaba: «¿Quién es esa mujer, cuya presencia me atormenta?» (citado en Tuchman, 513). Durante este ataque, que duró unos siete meses, el rey solo se calmaba cuando hablaba con su cuñada, la duquesa de Orleans, a quien llamaba su «queridísima hermana». Se recuperó en enero de 1394, pero, un año y medio más tarde, sufrió un tercer episodio de psicosis en el que afirmaba ser san Jorge.
En 1399, empezó a tener ataques de psicosis más breves pero más frecuentes. Solo ese año, sufrió seis ataques distintos. En un caso, creyó que estaba hecho de cristal y ordenó que cosieran varas de hierro en su ropa para no hacerse pedazos si se chocaba con algo. En otros casos, se negaba a bañarse o cambiarse de ropa durante semanas. En momentos de lucidez, expresaba su miedo de ser víctima de brujería, y les suplicaba a los que le rodeaban que, si eran responsables de haberlo maldecido: «¡No me torturen más y déjenme morir!» (citado en Tuchman, 515). A medida que la afección de Carlos VI empeoraba, sus cortesanos lo marginaron cada vez más hasta que terminó siendo poco más que una figura. La reina Isabel se convirtió en la regente de facto, mientras que varias facciones lucharon por obtener influencia sobre el consejo de regencia. El líder de una de estas facciones era, por supuesto, Felipe el Atrevido, el viejo duque de Borgoña, que codiciaba sus poderes anteriores. Lo desafió el hermano menor de Carlos, Luis I de Orleans, que afirmaba ser el próximo en la línea de sucesión al trono hasta que los hijos de Carlos fueran mayores de edad. Con el tiempo, Orleans formó una alianza estrecha con Isabel (de hecho, había rumores de que eran amantes), lo que lo llevó a una posición dominante en el consejo de regencia a su lado. El duque de Borgoña no soportaba que el joven y temerario duque de Orleans lo eclipsara, y así se desarrolló una rivalidad irreconciliable entre ambos.
El asesinato de Orleans y la invasión inglesa
En 1404, Felipe el Atrevido murió, y el ducado de Borgoña pasó a su hijo, Juan Sin Miedo (1371-1419). El nuevo duque de Borgoña odiaba a Orleans incluso más que su padre, y la lucha entre ambos hombres se intensificó a tal punto que amenazó con desestabilizar el reino. Para este momento, Orleans había perdido popularidad, ya que su supuesto romance con la reina le daba la reputación de usurpador con un bajo carácter moral. Pronto, los partidarios de cada uno de estos hombres formaron dos facciones separadas, los borgoñones y los armagnacs, cada una de las cuales intentó aventajar a la otra y obtener influencia en la corte. La disputa culminó la noche del 23 de noviembre de 1407, cuando Luis de Orleans fue brutalmente asesinado por 15 matones en las calles de París. Lo abordaron mientras estaba en camino a visitar a la reina Isabel y le partieron la cabeza en dos con un hacha. Muchos supusieron que Juan Sin Miedo estaba detrás del asesinato. En lugar de negarlo, el nuevo duque de Borgoña encargó un panegírico de tiranicidio.
El asesinato de Luis I de Orleans desencadenó una guerra civil entre los borgoñones y los armagnacs que duraría décadas y destrozaría el reino. Carlos VI, a quien el asesinato de su querido hermano había hundido más profundo en la locura, fue incapaz de intervenir. Se retiró a los brazos de su amante, Odette de Champdivers (la hija de un vendedor de caballos a quien el público llamaba «la pequeña reina»), mientras los borgoñones y los armagnacs se atacaban sin piedad. Sin embargo, las calamidades de Francia estaban por empeorar. En 1415, el recién coronado Enrique V de Inglaterra miró al canal y vio una tierra destrozada por la guerra civil y gobernada por un rey loco, una tierra lista para ser tomada.
El 13 de agosto, desembarcó en el norte de Francia con un ejército y, un mes después, capturó la ciudad de Harfleur. Durante su marcha a Calais en octubre, Enrique V fue interceptado por un ejército francés más numeroso cerca del pueblo de Azincourt. Sin embargo, gracias a la habilidad superior de sus arqueros de arco largo por un lado y, por el otro, al campo angosto y enlodado que hundió a los caballeros franceses con armadura, Enrique obtuvo una victoria decisiva. Se dice que murieron unos 7.000 franceses, incluidos 433 nobles. Carlos VI estaba en Ruan cuando recibió la noticia del desastre en Azincourt. Él y sus asesores se estaban preguntando qué hacer cuando se enteraron de que Enrique V había regresado a Inglaterra para celebrar su triunfo.
Así, la atención regresó a la guerra entre los borgoñones y los armagnacs. Si bien las facciones habían hecho a un lado sus diferencias para resistirse a la invasión de Enrique (de hecho, dos de los hermanos de Juan Sin Miedo habían muerto en Azincourt), su enemistad amenazaba, una vez más, con desintegrar el reino. En abril de 1416, después de que se descubriera un complot borgoñés para secuestrar a funcionarios reales clave, Juan Sin Miedo se vio obligado a jurar que mantendría la paz y a renovar su juramento de lealtad al rey. Estas promesas se rompieron el 30 de mayo de 1418, cuando Juan Sin Miedo lideró un ejército a París, capturó rápidamente la ciudad y se instaló como protector del rey. No había logrado capturar al joven delfín, el futuro Carlos VII de Francia, quien escapó a Ruan. Para este momento, los ingleses habían regresado y capturado grandes extensiones de territorio en el norte de Francia, lo que llevó a Juan a querer terminar la guerra civil lo antes posible. El 10 de septiembre de 1419, aceptó reunirse con el delfín en un puente de Montereau para hablar de los términos. Sin embargo, esta era una trampa, y Juan fue asesinado por uno de los compañeros del delfín.
¿Te gusta la historia?
¡Suscríbete a nuestro boletín electrónico semanal gratuito!
El tratado de Troyes y la muerte del rey
Aunque la amenaza borgoñona se había reprimido temporalmente, la casa real de Valois sabía que no podía resistir la invasión inglesa que arrasaba el norte. El 21 de mayo de 1420, Carlos VI y Enrique V firmaron el tratado de Troyes. En él, Carlos aceptaba casar a su hija, Catalina de Valois, con Enrique V, y además reconocía a Enrique como heredero del reino de Francia. Para esto, tuvo que desheredar a su hijo, el delfín de 17 años, quien prácticamente se convirtió en un exiliado en su propio reino. Aunque la mayoría de la aristocracia francesa se opuso a esta medida, los borgoñones la apoyaron, ya que ya habían estado publicando propaganda donde afirmaban que el delfín era el hijo ilegítimo de Luis de Orleans.
En potencia, el tratado podría haber terminado la guerra de los Cien Años con una victoria inglesa mediante la unión de las coronas de Inglaterra y Francia en una sola persona: Enrique V. Sin embargo, el rey inglés enfermó y murió el 31 de agosto de 1422 y, como Carlos lo había sobrevivido, Enrique nunca heredó la Corona francesa. El propio Carlos VI moriría dos meses después, el 21 de octubre de 1422, a los 53 años. Dejó atrás un reino desgarrado por la guerra y una dinastía revuelta. Sería solo con la ayuda de Juana de Arco (hacia 1412-1431) que el delfín en desgracia ascendería al trono como el rey Carlos VII antes de poder recuperar la mayor parte del territorio perdido y ser testigo del final de la guerra de los Cien Años.
Carlos VI fue rey de Francia de 1380 a 1422 durante una etapa importante de la guerra de los Cien Años. Tras la batalla de Azincourt, se vio obligado a firmar el tratado de Troyes, casar a su hija con Enrique V de Inglaterra y reconocer a Enrique como su heredero.
¿Por qué Carlos VI era conocido como el rey loco?
Carlos VI era conocido como el «rey loco» debido a sus ataques de psicosis. Si bien no se sabe exactamente qué enfermedad mental sufría, su situación llevó a una lucha por el poder que con el tiempo provocó una guerra civil.
¿Qué fue el Baile de los ardientes?
El Baile de los ardientes fue un baile de máscaras que se celebró el 29 de enero de 1393, en el que los disfraces de cuatro nobles se incendiaron, lo que causó sus muertes. Esto ocurrió durante el reinado de Carlos VI de Francia, uno de los seis bailarines, que sobrevivió.
Soy traductora pública, literaria y científico-técnica de inglés al español y me apasiona todo lo relacionado con la arqueología, la historia y la religión.
Harrison Mark es un investigador histórico y escritor para World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió Historia y Ciencias Políticas.
Escrito por Harrison W. Mark, publicado el 04 septiembre 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.