Leptis Magna (o también Lepcis Magna), situada en el oeste de Libia, en el norte de África, fue una ciudad fenicia fundada por Tiro en el siglo VII a.C. Continuó siendo una ciudad importante en la época romana y fue el lugar de nacimiento del emperador Septimio Severo (que reinó de 193-211 d.C.). Leptis Magna, gracias a sus impresionantes ruinas, como el Teatro de Augusto, el foro y el arco Tetrápilo, está catalogada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
Asentamiento fenicio
La ciudad costera que los romanos llamarían más tarde Leptis Magna fue fundada en la segunda mitad del siglo VII a.C. por colonos fenicios procedentes de Tiro, en un puerto natural situado en la desembocadura del río Wadi Lebda. La historia prerromana de Leptis, entonces llamada quizás Lpqy, es irregular debido a la escasa evidencia arqueológica, pero originalmente había un área abierta de cuatro lados que probablemente funcionaba como foro público, una necrópolis del siglo IV a.C. (cubierta por el posterior teatro romano) y templos dedicados a los dos dioses patronos de la ciudad, Shadrapa y Milk'ashtart. La ciudad prosperó en gran medida gracias a la producción y exportación de aceite de oliva, aunque también tenía rivales, en especial la colonia griega de Cinyps, situada a solo 18 km (11 millas) al este a lo largo de la costa.
Leptis Magna era una de las joyas del Imperio Romano y la costa de la zona se convirtió en el lugar favorito de los aristócratas para sus villas.
El periodo romano
En el siglo II a.C., la ciudad se ganó el favor de Roma al apoyarla durante la tercera guerra púnica contra Cartago (149-146 a.C.). En el siglo I a.C., la ciudad eligió el bando equivocado durante la guerra civil romana entre Julio César (100-44 a.C.) y Pompeyo el Grande (106-48 a.C.). César salió victorioso en el 48 a.C. y no tardó en imponerle a la ciudad un tributo anual de tres millones de libras de aceite de oliva por su error. Los romanos construyeron una presa y canales alrededor de la ciudad para gestionar mejor las inundaciones periódicas del Wadi Lebda.
La mayoría de las ruinas que se encuentran hoy en día en el yacimiento datan de la época romana, y la mayoría de ellas del reinado de Augusto (que reinó de 27 a.C. - 14 d.C.) o posteriores. Sin embargo, suelen mostrar una mezcla interesante de los estilos arquitectónicos púnico y romano. El gran Teatro de Augusto tiene un escenario con columnas y el mercado o macellum data de la misma época. Sabemos que ambas estructuras fueron financiadas por un aristócrata local con el espléndido nombre de Annobal Tapapius Rufus. El mercado era inusual, con sus dos naves semicirculares, y aún hoy se pueden ver las piedras en las que se tallaron las medidas romanas estándar de longitud y volumen. Otras estructuras romanas destacadas son el Chalcidium, un edificio con columnatas cuya función es incierta (probablemente comercial), y un templo dedicado a la familia de Augusto y a Roma. Este último contaba con dos bellas estatuas de Augusto y su esposa Livia, que ahora se exhiben en el Museo Arqueológico de Trípoli. Leptis Magna se convirtió en municipium romano en el año 64 d.C.
Alrededor del año 110 d.C., la ciudad obtuvo el estatus oficial de colonia romana, lo que le otorgó derechos de voto en Italia. En relación con este acontecimiento, se construyeron el Foro de Trajano y el Arco de Trajano. Durante el reinado de Adriano (117-138 d.C.) se construyó un nuevo acueducto, financiado de nuevo por un aristócrata local, en esta ocasión Quinto Servilio Cándido. Otra de las novedades de la ciudad fueron las termas romanas, construidas con mármol y ladrillo y situadas junto a una enorme palestra. Leptis Magna, que ya contaba con un anfiteatro (56 d.C.), un circo (cuyas puertas de salida se han conservado increíblemente bien) y muchas villas grandes (cuyos mosaicos en el suelo son otro testimonio duradero de la prosperidad de la ciudad), se estaba convirtiendo rápidamente en una de las joyas del Imperio romano, y la costa de la zona se convirtió en el lugar favorito de los aristócratas para construir sus villas.
A finales del siglo II d.C., los buenos tiempos continuaron, de hecho, incluso mejoraron, y la ciudad vio nacer a su hijo más famoso, el futuro emperador romano Septimio Severo. Nacido en el seno de una familia aristocrática local, Septimio se aseguraría de que su ciudad natal no careciera de inversiones. Sin ningún tipo de pudor, como dice el historiador M. Wheeler, «colmó su lugar de nacimiento con una riqueza artística que superaba su importancia económica y política» (53).
Es probable que el arco tetrápilo de cuatro lados se erigiera para honrar el regreso de Septimio Severo a su ciudad natal en el año 203 d.C.
En consecuencia, Leptis Magna se convirtió en la segunda ciudad más importante del norte de la África romana, solo por detrás de Cartago. Se inició una nueva ola de renovación urbana para honrar la asociación de la ciudad con el hombre más poderoso del mundo antiguo. Aunque la piedra caliza amarilla local era la principal fuente de material de construcción, la tesorería imperial gastó grandes sumas en piedra mucho más cara y rara para los elementos decorativos y las columnas, tales como el brillante mármol pentélico blanco y el mármol verde de Caristo (mármol cipolino) de Grecia, el mármol proconnesio, blanco veteado de gris, de Turquía y el granito rojo egipcio.
Se construyó un nuevo foro de 305 × 183 metros (1000 × 600 pies) y una de las basílicas más bellas del imperio, con tres naves, dos ábsides y esculturas muy decorativas que representaban escenas de las deidades de la familia Severa, Dioniso y Hércules. Con una altura de unos 30 metros (100 pies), la basílica era tan ambiciosa que no se terminó hasta el reinado de Caracalla (211-217 d.C.).
Otras obras realizadas como parte del proyecto de ampliación de Septimio Severo incluyeron la ampliación del puerto y sus instalaciones de atraque: un faro, muelles, una torre de vigilancia, almacenes y un templo. Quizás algo indicativo de la actitud en la planificación urbana de no preocuparse de si algo era necesario o no, parece que el puerto, una vez terminado, no se utilizó demasiado y para finales del siglo III d.C. ya estaba encenagado. Se construyó una calle con columnatas para conectar las termas con el resto de la ciudad y el puerto, y se erigió una gran fuente pública (ninfeo). El emperador incluso consiguió su propio arco conmemorativo, el característico Tetrápilo de cuatro lados, probablemente erigido para honrar el regreso de Septimio a su tierra natal en el año 203 d.C. El arco se encontraba en el cruce principal de la ciudad, pero estaba situado en su propia isla, por lo que no estaba pensado para usarse como paso. Al igual que muchas otras estructuras romanas de la época, su decoración refleja el arte y la arquitectura de Oriente Próximo. En su apogeo, la ciudad llegó a abarcar unas 425 hectáreas (660 acres), lo que la convertía en una de las más grandes del Imperio romano.
Una última característica arquitectónica digna de mención, situada a las afueras de la ciudad, son los llamados «Baños de la Caza», construidos probablemente a finales del siglo II d.C. Este edificio, probablemente utilizado por cazadores de animales que suministraban sus capturas a circos y anfiteatros a juzgar por el tema de uno de sus mosaicos murales, tiene un techo de hormigón con múltiples cúpulas perfectamente conservado. El edificio y sus mosaicos y murales se encuentran en un estado de conservación extraordinario gracias a que permaneció completamente enterrado bajo las dunas durante 17 siglos.
Leptis, junto con Sabratha y Oea, formaba parte de la provincia romana de Tripolitania (actual Libia occidental), y la ciudad fue nombrada capital de la provincia por el emperador Diocleciano (que reinó de 284-305 d.C.). Sin embargo, a medida que avanzaba el siglo IV d.C., la ciudad sufrió cada vez más las incursiones de las tribus norteafricanas. La ciudad había construido fortificaciones ya en el año 69 d.C. para defenderse de las incursiones de los bereberes garamantes, pero en el año 365 d.C. Leptis Magna quedó devastada por los bereberes austurianos. La suerte de la región mejoró algo en el siglo VI d.C., cuando el Imperio bizantino se interesó más por el norte de África, pero la importancia económica de la ciudad se había reducido considerablemente y, en consecuencia, también lo había hecho el tamaño de Leptis Magna. La zona urbana, ahora reducida a apenas 38 hectáreas o 95 acres, estaba protegida por una muralla defensiva, cuyos restos aún pueden verse hoy en día. También en el siglo VI d.C., la basílica se convirtió en una iglesia cristiana. En 1920, los arqueólogos italianos redescubrieron el yacimiento antiguo.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 26 agosto 2019. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.