Tarento (Tarentum o Taras en la Antigüedad), situada en la costa sur de Apulia, Italia, fue una ciudad griega y posteriormente romana. Al controlar una amplia zona de la Magna Grecia y estar al frente de la Liga Italiota, Tarento, con su excelente puerto, fue una ciudad de gran importancia estratégica a lo largo de la Antigüedad. Por ello, desempeñaría un papel fundamental en las guerras entre Pirro y Roma en el siglo III a.C. y de nuevo durante la segunda guerra púnica, cuando Aníbal ocupó el sur de Italia. Aunque hoy en día quedan pocos restos de los edificios de la antigua Tarento, el museo de la ciudad cuenta con una de las mayores colecciones de cerámica griega del mundo y posee numerosos bronces de gran calidad, joyas de oro y mosaicos de suelo.
Resumen histórico
Fundación
Tarento, o Taras, como se la conocía inicialmente en griego, fue una colonia fundada por Esparta en el siglo VIII a.C. como parte de la ola de colonización griega de la región que se conocería como la Magna Grecia. Según la tradición, el héroe espartano Falanto fundó la ciudad en el año 706 a.C. Se dice también que los primeros colonos eran descendientes de mujeres espartanas y ilotas, los trabajadores agrícolas semiesclavizados que servían a sus amos espartanos. Sin embargo, las pruebas arqueológicas apuntan a un asentamiento neolítico mucho más antiguo, seguido de una presencia micénica en la zona durante la Edad del Bronce.
Se han encontrado objetos y monedas de Tarento a lo largo de toda la costa sur y adriática de Italia.
Una ciudad próspera
Situada en la costa y con el mejor puerto del golfo de Tarento, la ciudad prosperaría y se convertiría en uno de los centros de comercio más importantes de la región. El crecimiento de la ciudad la llevó a entrar en conflicto con rivales locales como Metaponto, al otro extremo del golfo, pero Tarento obtuvo importantes victorias sobre las tribus locales (los mesapios y los peucetios) en los años 490 y 480 a.C. Estas batallas se conmemoraron con dedicatorias realizadas en Delfos, aunque la paz no duró mucho porque que los mesapios le infligieron una grave derrota a Tarento hacia el 475 a.C. en una batalla descrita por Heródoto como un «baño de sangre» (7.170.3). Una consecuencia de la debilidad militar de la ciudad fue el derrocamiento de la clase dominante, que se sustituyó por un sistema de democracia limitada.
La suerte de Tarento mejoró a finales del siglo V a.C. y la ciudad creció hasta alcanzar unas 530 hectáreas y ampliar su territorio periférico, una expansión favorecida por el declive de su rival de siempre, Crotona, más al sur de la costa de Italia. Por toda la costa meridional y adriática se han encontrado mercancías y monedas de Tarento, incluidos estateros de platacon su distintiva figura masculina montada en un delfín, algo que ilustra la prosperidad y la capacidad comercial de la ciudad. Los grandes santuarios y cementerios también dan testimonio del crecimiento de la ciudad durante la segunda mitad del siglo V a.C. Llegó incluso a fundar su propia colonia al oeste, Heraclea (Herakleia), en el 433 a.C. Hacia el 400 a.C., esta colonia se convertiría en la sede de la Liga Italiota, una asociación de ciudades-Estado del sur de Italia, dominada por Tarento.
Durante el siglo IV a.C., el gobierno de Tarento estuvo dominado por el pensamiento pitagórico (Pitágoras había establecido su escuela más al sur de la costa) y por un hombre en particular, Arquitas (en torno a 400-350 a.C.). El célebre matemático, pitagórico y estadista fue elegido general en siete ocasiones y probablemente forjó una alianza con Siracusa, la poderosa ciudad-Estado de Sicilia, lo que permitió a Tarento expandirse aún más en un momento en que Dionisio I, el tirano de Siracusa, se dedicaba a saquear ciudades del sur de Italia. En la segunda mitad del siglo IV a.C., Tarento luchó por mantener su posición de dominio regional y hacer frente a la amenaza cada vez mayor de los mesapios y los lucanos contratando ejércitos mercenarios, a menudo liderados por generales de Esparta y Epiro. Pero para el siglo III a.C., un enemigo mucho más peligroso acechaba en la Magna Grecia: Roma.
Afortunadamente para Tarento, había un poderoso aliado dispuesto para salvarla de la ocupación romana. El gran general y rey de Epiro, Pirro, respondió a una petición de ayuda de la ciudad cuando esta se encontraba bajo un inminente ataque romano en el año 280 a.C. Pirro cruzó el Adriático con su ejército de 25.000 soldados de infantería y, con 20 elefantes de guerra y una fuerza de caballería superior de 3.000 hombres, ganó batallas contra los ejércitos romanos en Heraclea en el 280 a.C. y en Ásculo en el 279 a.C. No obstante, estas victorias se cobraron muchas vidas en ambos bandos y no fueron decisivas, de ahí la expresión «una victoria pírrica». Algo más importante aún para Tarento fue que Pirro pronto se vio obligado a abandonar la región y hacer frente a la creciente amenaza de Cartago para sus intereses en Sicilia. Con el campo de batalla ahora despejado, Roma ocupó la ciudad en el 270 a.C. y, a partir de entonces, Tarento se convirtió en aliada de la potencia dominante de la península.
La región volvió a convertirse en el campo de batalla más importante del Mediterráneo cuando Aníbal invadió Italia durante la segunda guerra púnica (218-201 a.C.). Al igual que la mayoría de las ciudades del sur de Italia, Tarento se estaba de parte de Cartago, pero a pesar de ello la acrópolis y el puerto de Tarento estaban ocupados por Roma. Aníbal buscaba desesperadamente un puerto desde el que su ejército pudiera reabastecerse desde África, pero no pudo tomar Tarento y solo logró ocupar la ciudad exterior.
En 213 a.C. se realizó un breve intento de recuperar la independencia de la ciudad aprovechando el caos de las guerras púnicas. Varios aristócratas derrocaron al Gobierno, pero fue una rebelión efímera y la ciudad volvió a quedar totalmente bajo control romano en el 209 a.C., cuando fue capturada por Quinto Fabio Máximo. Cuando Escipión el Africano zarpó hacia África y atacó la propia Cartago en 203 a.C., los cartagineses llamaron a Aníbal de vuelta para una última defensa de su patria. Tarento quedó a merced de Roma. Con sus territorios muy reducidos y gobernada directamente por un pretor romano, la ciudad recuperó finalmente su antiguo estatus de aliada formal hacia el año 180 a.C. Con la prolongación de la vía Apia hasta Brindisi, más al sureste, Tarento perdió su posición como principal puerto del sur de Italia.
Tarento siguió adelante como una modesta ciudad en la República romana y en 122 a.C. se fundó la colonia de Neptunia, que pasaría a formar parte de la propia Tarento en 89 a.C. En 59 a.C. los veteranos recibieron parcelas de tierra de Tarento, con lo que la ciudad se fue romanizando cada vez más. Seguía produciendo artículos para la exportación, como lana, textiles, tinte púrpura de Tiro y productos alimenticios. Las pruebas epigráficas, la densidad de viviendas privadas y la presencia de varias villas de gran tamaño demuestran que la ciudad siguió siendo económicamente activa y relativamente próspera hasta bien entrado el periodo imperial, cuando el emperador Nerón (que reinó de 54-68 d.C.) le concedió el estatus de colonia.
Antigüedad tardía
Tanto los judíos como los cristianos tuvieron una fuerte presencia en Tarento a partir del siglo I d.C., con un obispado establecido en el siglo IV d.C. o antes. Durante las invasiones godas, el rey de los ostrogodos Totila (que reinó de 541-552 d.C.) logró ocupar la ciudad a pesar de sus fortificaciones nuevas. El excelente puerto de la ciudad nunca dejó de atraer una presencia naval cuando se presentaba la oportunidad, y Constante II, el emperador bizantino, envió una flota a Italia que desembarcó en Tarento en 661 d.C. En 668 d.C., cuando Tarento todavía seguía siendo una adquisición de utilidad estratégica para los invasores, entró en la época medieval con fuerza cuando el duque lombardo Romualdo saqueó la ciudad.
Restos arqueológicos
En su día Tarento contaba con grandes complejos sagrados con impresionantes templos, pero, debido a que la ciudad ha estado ocupada de forma continua desde la Antigüedad, hace mucho que se desmanteló la mayor parte de la arquitectura antigua a gran escala para reutilizarla en otros lugares en edificios más modernos. Una excepción son las dos enormes columnas que en su día pertenecieron a un templo arcaico dedicado a Poseidón. Estas columnas se encuentran ahora en una esquina de la plaza municipal (no es su ubicación original) y su enorme tamaño da una idea de la grandiosidad de este templo ahora perdido.
Lo que le falta a Tarento en arquitectura se compensa con creces con la riqueza de los artefactos excavados en el yacimiento, en los alrededores y en el propio puerto. En el yacimiento se han descubierto muchos ejemplos de cerámica de figuras negras y de figuras rojas que se cuentan entre los mejores y mejor conservados, y el magnífico museo MARTA de Tarento posee una colección que rivaliza con la de Atenas y la del Vaticano en cuanto a alcance y calidad artística. Las joyas de oro en forma de diademas, anillos, pendientes y collares, con minuciosas decoraciones elaboradas de filigrana y granulación, son otra rica fuente de pruebas que apuntan a la destreza de los orfebres de Tarento y a la riqueza de la ciudad en los siglos IV-III a.C. Muchos de los objetos proceden de tumbas y ninguna es más interesante que la Tumba del Atleta, la tumba de un vencedor de Tarento en los Juegos Olímpicos, que conserva su disco, sus pesas y las puntas de sus jabalinas y, de forma conmovedora, el premio que ganó en vida: el ánfora de figuras negras que se entregaba a todos los ganadores.
Mención especial merecen los numerosos y bellos mosaicos de suelo procedentes de las residencias romanas más grandiosas de la ciudad. El más grande y mejor conservado es un mosaico de finales del siglo II o principios del III d.C. con cuatro paneles principales que representan el rapto de una ninfa y escenas adicionales de caza de un leopardo, un león y un tigre. Los paneles laterales, más pequeños, muestran aves y frutas.
Otro espléndido mosaico de suelo presenta formas puramente geométricas y florales, con un gran círculo central cuyo velarium (cortina) plisado adquiere una calidad casi tridimensional gracias al uso deteselas de distintos tonos. Este mosaico, perfectamente cuadrado, data del siglo II d.C. y perteneció a una casa romana o domus en el centro de Tarento.
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Por último, una de las piezas estrella de la antigua Tarento y la que da la bienvenida a los visitantes al museo arqueológico es una estatua de bronce de Zeus. Datada hacia el año 530 a.C., la figura sostenía en su día un rayo en una mano y un águila en la otra. La estatua se colocó originalmente sobre un capitel dórico de mármol y se erigía en un santuario de la ciudad dedicado al jefe de los dioses del Olimpo, un poderoso recordatorio de los orígenes griegos de una de las ciudades antiguas más ricas e influyentes del sur de Italia.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 24 agosto 2017. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.