Eduardo I de Inglaterra

Mark Cartwright
por , traducido por Eliana Rua Boiero
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King Edward I of England (by National Portrait Gallery, CC BY-NC-ND)
El rey Eduardo I de Inglaterra National Portrait Gallery (CC BY-NC-ND)

Eduardo I de Inglaterra reinó de 1272 a 1307. Sucedió a su padre Enrique III de Inglaterra (que reinó entre 1216 y 1272) y era conocido como «Zanquilargo» debido a su impresionante estatura, y como «el martillo de los escoceses» debido a sus repetidos ataques contra Escocia. Durante un reinado agitado y a menudo brutal, luchó en una cruzada, sometió a Gales, logró un gran avance en la conquista de Escocia y construyó muchos castillos excelentes que aún sobreviven en la actualidad, en especial en el norte de Gales. Lo sucedió su hijo Eduardo II de Inglaterra (que reinó de 1307 a 1327) y luego su nieto Eduardo III de Inglaterra (que reinó entre 1327 y 1377).

La segunda guerra de los Barones y sucesión

El príncipe Eduardo nació el 17 o 18 de junio de 1239; era el hijo mayor de Enrique III de Inglaterra y Leonor de Provenza (1223-1291). Conocido por su temperamento feroz y la confianza que se tenía, Eduardo recibió el apodo de «Zanquilargo» a causa de su altura: 1,90 m, una estatura bastante inusual para la época medieval. Era fuerte, atlético y tan buen jinete como espadachín; también era un partidario acérrimo de los torneos medievales, en los que solía participar personalmente, y se dice que una vez tiró al conde de Chalon de la montura en un torneo celebrado en Chalon. Aunque el joven príncipe estaba destinado a ser rey, igual tendría que luchar por proteger el trono de su padre, y más tarde el propio, de los usurpadores.

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Eduardo no estaba contento con gobernar solo Inglaterra y Gales, sino que también puso sus miras en Escocia.

Enrique III había logrado poner fin a la guerra de los Barones, alimentada por el descontento por el gobierno de su padre, el rey Juan de Inglaterra (que reinó de 1199 a 1216), y por su incumplimiento de la carta de libertades conocida como la Carta Magna. Enrique y su regente sir Guillermo Marshal, conde de Pembroke (hacia 1146-1219), considerado el más grande de los caballeros medievales, derrotaron a los barones rebeldes en la batalla de Lincoln el 20 de mayo de 1217. Desafortunadamente, Enrique no aprendió la lección y sus campañas militares ineficaces, los altos impuestos para pagar por ellas y el patrocinio excesivo de sus parientes franceses provocaron una segunda guerra de los Barones.

Los barones querían limitar el poder real y estipularon en las Disposiciones de Oxford de 1258 que los impuestos debían ir al tesoro y no estar a disposición de los caprichos del rey, y que un consejo gobernante de 15 barones debía asesorar al rey. Se formó otro organismo, un parlement (parlamento), para debatir las políticas, al que se invitó a participar a los caballeros de los condados y a los ciudadanos de ciertos distritos. Enrique repudió las Disposiciones en 1262, y estalló una guerra civil.

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Edward I of England & Eleanor of Castile
Eduardo I de Inglaterra y Leonor de Castilla Lincolnian (Brian) (CC BY-SA)

Las cosas no salieron bien para los monárquicos. El 14 de mayo de 1264, después de la batalla de Lewes, el rey y el príncipe Eduardo fueron capturados por el líder rebelde Simón de Montfort, conde de Leicester (hacia 1208-1265), quien luego se autoproclamó rey en 1264. Afortunadamente para Enrique, su hijo Eduardo logró escapar en mayo de 1265 y así pudo ayudar a restaurar al legítimo monarca en el trono.

Eduardo, que ya había adquirido una valiosa experiencia militar en las campañas de su padre en Gales, reunió a un ejército de leales y de barones ya molestos con las políticas egoístas de Montfort y derrotó a los rebeldes en la batalla de Evesham, en Worcestershire, el 4 de agosto de 1265. De Montfort fue asesinado y Enrique regresó al trono, pero pasó la mayor parte de sus últimos años lejos de la política, mejorando los monumentos arquitectónicos del país, como la abadía de Westminster y la catedral de Lincoln.

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Se inscribió la siguiente leyenda en la tumba de Eduardo: «Eduardo I, Martillo de los escoceses. Conserven la fe».

Eduardo, de hecho, actuó como regente de su padre y, tras la muerte de Enrique (probablemente de un derrame cerebral) el 16 de noviembre de 1272, se convirtió en Eduardo I de Inglaterra. Como Eduardo se encontraba en lo que a veces se denomina la novena cruzada (1271-72), la coronación no tuvo lugar hasta el 19 de agosto de 1274 en la abadía de Westminster. Eduardo reinaría hasta 1307.

Vida personal

Eduardo se casó con Leonor de Castilla (nacida hacia 1242) en octubre de 1254, cuando ella tenía 12 y él apenas 15 años, pero la unión salió bien. Leonor incluso acompañó a su esposo a su cruzada y, cuando murió en 1290, Eduardo sufrió muchísimo su pérdida. El paso de su ataúd de Lincoln a Londres se conmemoró mediante la colocación de 12 cruces monumentales, una de las cuales, la última, le daría su nombre a la estación de tren Charing Cross de Londres. Eduardo, que ya tenía una familia de once hijas y cuatro hijos, se volvió a casar el 10 de septiembre de 1299 con Margarita (hacia 1282-1318), la hija de Felipe III de Francia (que reinó entre 1270 y 1285). Margarita tenía 40 años menos que Eduardo, pero el matrimonio fue otro éxito.

Caernarfon Castle, Wales
El castillo de Caernarfon, Gales Matt Buck (CC BY-SA)

Sometimiento de Gales

La serie de derrotas militares de Enrique III en Gales (en 1228, 1231 y 1232) había llevado a Enrique a otorgarle a Llywelyn ap Gruffudd (hacia 1223-1282) el título de príncipe de Gales. El galés afirmó aún más su autonomía cuando se negó a asistir a la coronación de Eduardo en 1274. Sin embargo, el nuevo rey era mejor en la guerra que su padre y estaba decidido a vengarse por esta falta de respeto. En 1276, reunió un ejército enorme, marchó a Gales y despojó a Llywelyn de sus tierras, aunque le permitió conservar su título real, ahora carente de significado. Sin embargo, los galeses todavía tenían ambiciones de liberarse del dominio inglés, y el hermano de Llywelyn, Dafydd, provocó otra rebelión. En 1282, los rebeldes fueron derrotados y Llywelyn fue asesinado, tras lo cual se presentó su cabeza al rey inglés en señal de triunfo y luego se exhibió en la Torre de Londres. Con el tiempo, Dafydd fue capturado y también ejecutado mediante un método reservado para los traidores: lo ahorcaron, arrastraron y descuartizaron.

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Eduardo ahora estaba decidido a imponer completamente su dominio en la región, particularmente en el norte de Gales, donde los rebeldes habían tenido su base, mediante la construcción de una serie de poderosos castillos. Desde 1283 en adelante, se construyeron fortalezas tan imponentes como el castillo de Caernarfon, el castillo de Conwy y el castillo de Harlech. El rey se aseguró de que sus castillos se construyeran en sitios de importancia cultural e histórica para los galeses para enviar un mensaje claro de que había comenzado un nuevo orden en la región. Incluso se aseguró de que su hijo Eduardo naciera en el castillo de Caernarfon, el centro de la administración inglesa en Gales, el 25 de abril de 1284, y luego le otorgó el título de príncipe de Gales (conferido formalmente en 1301). A partir de entonces, se convirtió en costumbre que un monarca inglés le diera este título a su hijo mayor.

A pesar de los castillos y la propaganda real, los galeses no estaban del todo sometidos y estalló otra gran rebelión, esta vez liderada por Madog ap Llywelyn, en 1294. Eduardo, a pesar de verse obligado a pasar el invierno en el castillo de Conwy, logró recuperar el control del castillo de Caernarfon para 1295. Luego, Madog fue derrotado por un ejército liderado por el conde de Warwick en Maes Moydog en marzo de 1295 y, en adelante, Gales pasó a ser administrada como si fuera parte de Inglaterra. La región ya se había dividido en condados de acuerdo con el Estatuto de Rhuddlan de 1284 para separar los antiguos reinos tradicionales. Luego se erigió una nueva serie de castillos para garantizar su obediencia continua, que incluía el castillo de Beaumaris, quizás el mejor ejemplo sobreviviente de un castillo medieval concéntrico.

Administración en Inglaterra

Eduardo intentó evitar los errores de sus predecesores asegurándose de que su sede central en Inglaterra estuviera segura. El rey también se aseguró de que sus barones y sus derechos estuvieran protegidos y de que se mejorara la administración local mediante su agrimensura (1274-1275) y un mejor mantenimiento de registros (los Cien Rollos). En 1275, se codificaron 51 leyes nuevas en el Estatuto de Westminster, muchas de ellas basadas en la Carta Magna. El juicio por jurado se hizo obligatorio (previamente el imputado debía consentirlo) y se designaron jueces de paz.

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El Parlamento modelo se reunió por primera vez en 1295, y estaba formado por miembros del clero, caballeros y grandes propietarios, incluidos dos representantes de cada condado y ciudad (o distrito). La membresía se seguía otorgando solo a aquellos con riqueza, pero era más amplia que nunca, ya que Eduardo necesitaba apoyo para su demanda de más ingresos. El Parlamento también aprobó la campaña militar propuesta por Eduardo en Escocia. Puede que el rey no tuviera ningún interés en limitar su propio poder o aumentar el de la élite, pero, no obstante, al convocar regularmente al Parlamento para aumentar los impuestos, terminó convirtiendo al organismo en una institución con carácter y superioridad propios, siempre presente en el Gobierno inglés. La inclusión de miembros ricos pero sin título fue el comienzo de lo que se convertiría en la Cámara de los Comunes.

Otra consecuencia de la necesidad de fondos fue el ataque a la comunidad judía del reino. En 1287, Eduardo comenzó alegremente a expulsar a todos los judíos de su reino y confiscó sus propiedades para aumentar sus arcas de guerra y apaciguar a la Iglesia, que consideraba a los prestamistas como una amenaza. Para 1290, casi todos los 2000 judíos que habitaban en el reino se habían ido de una u otra forma, y Eduardo quedó tan satisfecho con su política que la repitió en Gascuña (ver a continuación).

Ataques a Escocia

Eduardo no estaba contento con gobernar solo Inglaterra y Gales, sino que también puso sus miras en Escocia. El rey inglés había esperado obtener el control de dicho país de forma pacífica, cuando arregló que su hijo se casara con Margarita, la Doncella de Noruega, nieta y heredera del rey Alejandro III de Escocia (que reinó entre 1249 y 1286). Desafortunadamente, este plan fracasó cuando Margarita murió de una enfermedad en las Orcadas en septiembre de 1290. Entonces, le pidieron a Eduardo que decidiera quién sucedería Alejandro (un acontecimiento a menudo llamado la Gran Causa): el poderoso noble Juan de Baliol (nacido hacia 1249) o Roberto de Bruce (nacido en 1210 y abuelo de su tocayo más famoso). En 1292, Eduardo se inclinó por de Baliol, tal vez porque era el más débil de los dos y, por lo tanto, se lo podía manipular más fácilmente. Al final, los propios escoceses se cansaron de las respuestas ineficaces de de Baliol al dominio de Eduardo, y la rebelión estaba en el aire.

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Sir William Wallace
Sir William Wallace Kjetil Bjørnsrud (CC BY-SA)

El rey inglés estaba teniendo problemas en otras partes. Gales estaba a punto de presenciar la rebelión liderada por Madog de 1294, y Gascuña estaba en serios problemas en Francia, el único territorio del rey al otro lado del canal de la Mancha desde que su padre había cedido todo lo demás mediante el tratado de París de 1259. Efectivamente, Eduardo perdió Gascuña, que brindaba un buen ingreso a través de los impuestos sobre el próspero comercio del vino, ante el ambicioso Felipe IV de Francia (que reinó de 1285 a 1314), y los impuestos que Eduardo había exigido de los escoceses para pagar su campaña fallida en Francia fueron la gota que colmó el vaso. En 1295, Escocia se alió formalmente con Francia, primer movimiento en lo que se conoció como la «Alianza antigua», y de Baliol se sintió con seguridad para no rendirle homenaje a Eduardo.

El rey inglés respondió enérgicamente a la desobediencia escocesa formando un nuevo ejército de 25.000 a 30.000 hombres que lideró en persona a Berwick, donde, según el cronista del siglo XIV Walter de Guisborough, masacró a 11.060 de los habitantes de la ciudad. El rey, ahora apodado «el martillo de los escoceses», quería una conquista completa y, para junio, había avanzado mucho en pos de este objetivo. De Baliol se rindió después de la batalla de Dunbar (1296), y se nombró a tres barones ingleses para que reinaran Escocia; Eduardo incluso robó la Piedra de Scone (también conocida como la Piedra del Destino), que era un símbolo de la monarquía escocesa, y la reubicó en la abadía de Westminster, bajo la silla de coronación. La piedra se devolvió recién en 1996. También hubo buenas noticias desde Francia, donde Gascuña fue devuelta a Eduardo tras la intervención del papa en la disputa. Las relaciones amistosas se consolidaron cuando Eduardo se casó con la hija de Felipe III, Margarita, y el príncipe de Gales se comprometió con Isabel, hija de Felipe IV de Francia.

Beaumaris Castle
El castillo de Beaumaris Cadw (Open Government License)

Sin embargo, Escocia nunca estuvo sometida del todo y, a pesar de las invasiones en 1298 y en 1300, estalló una rebelión importante liderada por el terrateniente (y más tarde caballero) William Wallace (hacia 1270-1305), la estrella epónima de la película de 1995 Corazón valiente, y sir Andrew Moray de Bothwell. Los rebeldes obtuvieron una victoria famosa en septiembre de 1297 en la batalla del Puente de Stirling; sin embargo, Eduardo lideró a su ejército en persona y ganó otro enfrentamiento en julio de 1298 en la batalla de Falkirk, donde murieron 20.000 escoceses. En 1301 y 1303, Eduardo envió más ejércitos y recuperó el castillo de Stirling, pero no fue hasta 1305 que Wallace fue finalmente capturado en Glasgow y luego ejecutado como traidor en Londres. Aun así, en febrero de 1306, los escoceses siguieron apoyando a su nuevo representante, Roberto de Bruce (nacido en 1274), nieto del rival al trono de Juan de Baliol en 1292. Tras autoproclamarse rey en febrero de 1306, Roberto contaba con el apoyo de los barones del norte de Escocia, pero al principio se vio obligado a huir a Irlanda. Sin embargo, tanto él como los escoceses se beneficiaron enormemente de la muerte repentina de Eduardo y de la incompetencia de su sucesor, y el rey Roberto gobernaría Escocia hasta 1329.

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Royal Funerary Procession in the Middle Ages
Procesión funeraria real en la Edad Media Mohawk Games (Copyright)

Muerte y sucesor

El 7 de julio de 1307, Eduardo murió de una enfermedad, probablemente disentería, a los 68 años, en Burgh by Sands, cerca de Carlisle, cuando estaba por emprender otra campaña contra los escoceses. Fue enterrado en la abadía de Westminster y, a pedido de él, se inscribió la siguiente leyenda en su tumba: «Eduardo I, Martillo de los escoceses. Conserven la fe». Lo sucedió su hijo Eduardo II de Inglaterra, cuyo reinado hasta 1327 fue un desastre debido a la incompetencia militar, el patrocinio excesivo de sus amigos, la anarquía entre sus propios barones y, como cereza de un pastel nada espléndido, una rotunda derrota ante los escoceses en Bannockburn en junio de 1314. Otro Eduardo lo sucedería, Eduardo III de Inglaterra, nieto de Eduardo I y último integrante del trío que completó el período «eduardiano» de la Inglaterra medieval (1272-1377).

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Estilo APA

Cartwright, M. (2026, junio 21). Eduardo I de Inglaterra. (E. R. Boiero, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-18603/eduardo-i-de-inglaterra/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Eduardo I de Inglaterra." Traducido por Eliana Rua Boiero. World History Encyclopedia, junio 21, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-18603/eduardo-i-de-inglaterra/.

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Cartwright, Mark. "Eduardo I de Inglaterra." Traducido por Eliana Rua Boiero. World History Encyclopedia, 21 jun 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-18603/eduardo-i-de-inglaterra/.

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