Enrique II de Inglaterra reinó de 1154 a 1189. Obtuvo el trono tras una negociación con su predecesor, el rey Esteban de Inglaterra (que reinó de 1135 a 1154), después de la guerra civil que estalló entre ese monarca y la madre de Enrique, la emperatriz Matilda (1102-1167). Enrique comenzaría una nueva dinastía gobernante, los angevinos-Plantagenet, y gobernaría hasta 1189; así, formaría el «imperio» más grande de Europa occidental y se establecería como uno de los reyes más grandes de Inglaterra. Sin embargo, su reinado tuvo dos manchas que fue imposible borrar de la memoria: el asesinato de su canciller, y más tarde arzobispo, Tomás Becket en 1170 y las rebeliones lideradas por sus propios hijos al final de su reinado. Enrique fue sucedido por su hijo Ricardo I de Inglaterra, también conocido como Ricardo Corazón de León (que reinó de 1189 a 1199), y luego su otro hijo, el rey Juan de Inglaterra (que reinó de 1199 a 1216).
Primeros años: los Plantagenet
Enrique de Anjou nació el 5 de marzo de 1133 en Le Mans, Francia; era hijo de Godofredo, conde de Anjou (1113-1151), y de la emperatriz Matilda, la hija de Enrique I de Inglaterra (que reinó de 1100 a 1135), quien había obtenido su título en 1114 de su primer marido, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Enrique V (que reinó de 1111 a 1125). Tras la muerte de Enrique V, Matilda se volvió a casar, esta vez con Godofredo, en 1128. El conde llegó a ser conocido por el sobrenombre «Plantagenet» porque el escudo de armas de su familia incluía la retama (planta genista). Hay teorías alternativas sobre el origen del nombre, a saber, que el conde Godofredo usaba ramitas de la planta en su sombrero o que estaba plantada en sus tierras para proporcionar protección durante la caza. Por supuesto, los Plantagenet (1154-1399) no se llamaban a sí mismos con este nombre, ya que los monarcas no tenían apellido. A veces se denomina «angevinos» a los primeros tres reyes del linaje (Enrique II, Ricardo I y el rey Juan) por sus tierras ancestrales en Anjou, en el noroeste de Francia.
Enrique II era conocido por su buen aspecto, inteligencia y capacidad para hablar varios idiomas. El rey, de quien se dice que mostraba una energía y un impulso inagotables, tenía una complexión fornida, ojos grises penetrantes, cabello rojo y un temperamento feroz. Hacia el final de su vida, habría tenido una barriga significativa.
En 1151, Enrique heredó las tierras de su padre en Normandía, Anjou, Turena y Maine, pero ambicionaba mucho más. Después de varias victorias militares en Bretaña y su casamiento, en mayo de 1152, con Leonor de Aquitania (hacia 1122-1204), la exesposa de Luis VII de Francia (que reinó de 1137 a 1180), Enrique controlaba la mayor parte de Francia. También tenía la ambición de controlar Inglaterra, en este momento debilitada por años de guerra civil. Él y Leonor tuvieron ocho hijos, incluidos Ricardo I Corazón de León (nacido en 1157), Godofredo, conde de Bretaña (nacido en 1158), Enrique el Joven (nacido en 1155, que reinó cuando aún era menor de edad entre 1170 y 1183) y el rey Juan de Inglaterra (nacido en 1167).
En 1153, el rey Esteban firmó con Enrique el tratado de Wallingford, que lo reconocía como el heredero oficial de Esteban.
El rey Esteban, la emperatriz Matilda y la sucesión
De vuelta al año 1135, el rey Enrique I de Inglaterra no había dejado herederos masculinos legítimos, por lo que nombró como sucesora a su hija Matilda y obligó a sus barones a jurarle lealtad. Sin embargo, cuando llegó el momento de la coronación, muchos barones, que no querían ni a una mujer ni a un conde de Anjou cerca del trono, apoyaron al sobrino del rey muerto y el hombre más rico de Inglaterra, Esteban de Blois. En consecuencia, tras algunas maniobras bruscas, Esteban fue coronado rey en diciembre de 1135. La emperatriz Matilda estaba decidida, y estalló una guerra civil entre los barones que apoyaban a Esteban y aquellos a favor de Matilda y su principal aliado, Roberto Fitzroy, conde de Gloucester, un hijo ilegítimo de Enrique I. La guerra resultó ser larga y dañina, y ninguno de los bandos logró imponerse, ni siquiera cuando Matilda se convirtió en reina brevemente en 1141, mientras Esteban estaba encarcelado en Bristol. La causa de Matilda se debilitó gravemente tras la muerte de Roberto Fitzroy en 1147, por lo que ahora se concentró en promover a su hijo Enrique.
Enrique intentó invadir Inglaterra en 1147, pero su campaña se terminó cuando se quedó sin fondos, lo que lo obligó a regresar a Normandía. De manera bastante extraña pero totalmente de acuerdo con la reputación de clemencia de Esteban, el rey inglés pagó el viaje de Enrique a casa. Otro ataque en 1149, esta vez en el norte de Inglaterra y con la ayuda de David I de Escocia (que reinó de 1124 a 1153), fue rechazado por un ejército de Esteban. Al menos no fue una pérdida de tiempo total para Enrique, ya que el rey escocés lo nombró caballero. En cualquier caso, Enrique podía esperar un momento más oportuno y, una vez que tuvo muchos más recursos a su disposición, intentó otra invasión en 1153 y, esta vez, logró ponerle fin a la guerra civil.
En 1153, el rey Esteban quedó destrozado tras la muerte de su esposa y su hijo Eustaquio (nacido en 1127) ese año. Ahora se enfrentaba a la tercera invasión de Enrique y esperaba una batalla campal decisiva, pero, al final, ni los soldados ni los líderes de ninguno de los bandos estaban muy interesados en pelear. En consecuencia, el 6 de noviembre, Esteban firmó con Enrique el tratado de Wallingford, que lo reconocía como el heredero oficial de Esteban. A cambio, se le permitió a Esteban conservar su corona por el resto de su vida. Los barones no tenían un mejor candidato para apoyar que Enrique, y estaba claro para todos que la guerra civil no le había hecho ningún bien a nadie (incluso si los historiadores posteriores tal vez exageraron el caos que causó); lo último que Inglaterra necesitaba era otra lucha por el trono. Como dijo un cronista medieval anónimo: «Durante 19 largos inviernos, Dios y sus ángeles durmieron» (citado en McDowall, 26). Era hora de que hubiera unidad y paz. En consecuencia, cuando Esteban murió el 25 de octubre de 1154 en Dover, Kent, Enrique fue coronado en la abadía de Westminster el 19 de diciembre de 1154 y se convirtió en el primer rey indiscutible de Inglaterra en más de un siglo.
Enrique estaba tan decidido a destruir los castillos de los barones rebeldes que se ganó el apodo de «destructor de castillos».
Consolidación del poder monárquico
La primera tarea importante de Enrique fue reunificar a los barones anglonormandos bajo su control, ya que, tras el período de guerra civil en Inglaterra (1135-1153), estos se habían dedicado a ignorar en gran medida la autoridad real y construyeron castillos, acuñaron su propia moneda y, en general, lidiaban con el campesinado como querían sin ninguna consideración por la ley. Muchos de estos castillos fueron de carácter temporal y no grandes edificios de piedra, pero Enrique estaba tan decidido a destruirlos que se ganó el apodo de «destructor de castillos». Algunos de los castillos más antiguos y fuertes, como los castillos de Scarborough, Nottingham, Norwich y Acre, se los quedó. En 1166, para garantizar que la ley se aplicara por igual en todas partes del país, un proceso iniciado por Enrique I, se establecieron los principios del derecho anglosajón(common law) en los Juicios de Clarendon, se crearon tribunales de la Corona y se establecieron juicios por jurado de 12 hombres para castigar a aquellos que quebrantaran la ley.
Una segunda área donde el poder real se había deteriorado fue en las fronteras de Inglaterra. Tanto los gobernantes escoceses como galeses se habían aprovechado de la preocupación del rey Esteban por la emperatriz Matilda, que quería aumentar sus dominios. Enrique negoció el regreso de Cumbria y Northumbria con Malcolm IV de Escocia (1153-1165), pero le confirió el condado de Huntingdon y permitió que el rey escocés conservara el castillo en Wark-upon-Tyne en 1157. Los príncipes galeses, en particular Owain Gwynedd (que reinó de 1137 a 1170), necesitaban un enfoque más militarista, pero Enrique logró su objetivo de reafirmar su autoridad en el oeste de su reino. A partir de 1171, lanzó una serie de invasiones en Irlanda contra el peligroso barón Richard FitzGilbert (también conocido como Arco Fuerte, «Strongbow» en inglés). Al final, envió a su hijo menor, Juan, a gobernar allí en lugar del tradicional rey supremo (Ard Ri).
Luego se firmaron tratados, en los que se reconocía formalmente la señoría de Enrique sobre Gales (1163), Escocia (1174) e Irlanda (1175). Además, Enrique recibió el apoyo del papa Adriano IV (pontífice de 1154 a 1159), quien reconoció formalmente la autoridad del rey inglés sobre toda Gran Bretaña e Irlanda. El rey también mantuvo su interés en Francia; de hecho, pasaría 20 de sus 35 años como monarca fuera de Inglaterra.
Tomás Becket
Una tercera área donde Enrique buscó reafirmar el poder de la monarquía fue en su relación con la Iglesia medieval. El arzobispo de Canterbury, Tomás Becket (en el cargo de 1162 a 1170), que también había sido el canciller (desde 1155) y gran amigo del rey, resultó ser problemático, y su asesinato en 1170 eclipsaría el reinado de Enrique desde entonces. Tomás había intentado defender la independencia de la Iglesia y bloquear los intentos de la Corona de extraer impuestos de sus tierras e interferir en los nombramientos. Ninguno de los bandos cedió y, en 1164, Tomás se vio obligado a huir a un monasterio cisterciense en Francia. Seis años más tarde, regresó a Inglaterra a principios de diciembre de 1170 para volver a coronar a Enrique el Joven después de que el papa hubiera declarado nula la coronación original en la que había participado el arzobispo de York.
El asesinato de Tomás Becket en la catedral de Canterbury conmocionó a la clase dirigente europea.
Apenas regresó a Inglaterra, Tomás comenzó de inmediato a suspender o excomulgar a aquellos obispos que no lo habían apoyado contra el rey. Cuando Enrique observó: «¿Nadie me librará de este sacerdote turbulento?», cuatro caballeros lo tomaron como una orden literal, y buscaron y asesinaron a Tomás mientras rezaba en la catedral de Canterbury el 29 de diciembre de 1170. El asesinato conmocionó a la clase dirigente, y el papa incluso convirtió a Becket en santo en 1173. Afortunadamente para Enrique, los legados papales hallaron al rey inocente de la muerte de Tomás, aunque, en 1174, tuvo que visitar la tumba del arzobispo en la catedral en la que fue asesinado como acto simbólico de arrepentimiento, mientras los monjes lo azotaban con ramas, por si acaso.
El año 1173 resultó ser bastante malo para el rey, ya que sus hijos y su esposa se rebelaron contra su gobierno desde este momento en adelante. Leonor de Aquitania se venía sintiendo cada vez más exasperada por la poca disposición de su marido a delegarle cualquier poder real y por sus infidelidades, en particular su relación pública con la noble Rosamund Clifford (muerta en 1176), famosa por su belleza. En alrededor de 1170, Leonor se separó de su esposo y estableció su propia corte en Poitiers. Su hijo favorito, Ricardo, se fue con ella.
Mientras tanto, Enrique, muy consciente de los problemas de sucesión que habían importunado a sus predecesores normandos, trató de cubrirse lo mejor que pudo no solo nombrando a su hijo mayor Enrique como su sucesor, sino, como ya hemos visto, incluso coronándolo como rey en 1170 (y nuevamente en 1173 para estar totalmente seguro). Esta era una política bastante común entre los soberanos franceses, y es por eso que el heredero a menudo se conoce como Enrique el Joven. Además de convertirse en rey de Inglaterra, el Enrique más joven también adquiriría las tierras familiares de Anjou y Normandía. Los otros tres hijos, Ricardo, Godofredo y Juan, recibirían Aquitania, Bretaña e Irlanda, respectivamente. Todos estos planes cuidadosos se fueron por la borda cuando, en 1173, el joven Enrique, Leonor y varios barones prominentes, molestos por el asesinato de Tomás Becket, iniciaron una rebelión contra el rey que duraría 18 meses.
A pesar de que los rebeldes tenían de su lado a sir Guillermo Marshal (hacia 1146-1219), a menudo descrito como el caballero medieval más grande de todos, así como a Ricardo, que se ganaría la reputación de gran líder militar, y a su hermano Godofredo y Guillermo el León de Escocia (que reinó de 1165 a 1214), la rebelión fue sofocada a fines de 1174. La preocupación del rey por los castillos había dado frutos. Sin embargo, el problema fue un gran gasto para la Corona, ya que se gastaron enormes sumas de dinero para reforzar fortalezas clave como el castillo de Windsor y el de Dover, entre muchas otras, y construir el castillo de Orford, en Suffolk, que era muy avanzado tecnológicamente. Después de la rebelión, Leonor fue encarcelada en varios castillos y recién fue liberada en 1184. Enrique el Joven murió de disentería el 11 de junio de 1183. Luego, Godofredo murió en un accidente durante un torneo medieval el 19 de agosto de 1186, lo que dejó a Ricardo como el heredero del trono inglés a pesar de que Juan había sido (aparentemente) el único leal a su padre.
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Sin embargo, Ricardo seguía impaciente, y no había abandonado del todo sus planes para reemplazar a su padre. A mediados de 1189, unió fuerzas con Felipe II de Francia, también conocido como Felipe Augusto (que reinó de 1180 a 1223), técnicamente el señor feudal de las tierras de Ricardo en Francia, y el par incluso recibió el apoyo de Juan contra su padre. Enrique II, con todos en su contra, se vio así obligado a firmar un acuerdo de paz y reconocer formalmente al rey francés como su señor con respecto a las tierras que aún poseía en Francia y nombrar a Ricardo como su heredero en Inglaterra.
Enrique murió de causas naturales el 6 de julio de 1189 en el castillo de Chinon, en Anjou. Traicionado por todos sus seres queridos, dice la leyenda que las últimas palabras del rey fueron: «Vergüenza, vergüenza para un rey vencido». El monarca fue enterrado en la abadía de Fontevraud, en Francia. Enrique, según lo acordado, fue sucedido por su hijo Ricardo, quien fue coronado el 2 de septiembre de 1189 en la abadía de Westminster. El reino aún enfrentaba una seria amenaza por parte del intrigante Felipe II, quien ambicionaba expandir su propio territorio. Felipe conspiró con Juan para hacerlo rey en lugar de a Ricardo, mientras este estaba ausente en la tercera cruzada (1189-1192) y luego hecho prisionero por Enrique VI, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (que reinó de 1191 a 1197). Ricardo fue liberado dos años después gracias a que su madre pagó el rescate, pero, cuando murió en batalla en 1199, Juan finalmente se convirtió en rey hasta 1216. En total, y aunque con diferentes nombres de casas después de 1399, los Plantagenet verían a 14 reyes gobernar Inglaterra durante 331 años, lo que los convierte en la dinastía real más duradera en la historia del país.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 10 diciembre 2019. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.