¡Celebra nuestro aniversario con un concurso de preguntas y respuestas!
Acompáñanos el 23 de agosto en una fiesta virtual de preguntas y respuestas gratuita con preguntas sobre civilizaciones antiguas, la historia de Estados Unidos, curiosidades históricas, cultura pop y mucho más.
Federico II (1194 a 1250 d.C.) fue el rey de Sicilia (reinó de 1198 a 1250), de Alemania (reinó de 1215 a 1250), de Jerusalén (reinó de 1225 a 1228) y también reinó supremo como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (reinó de 1220 a 1250). Nació en Jesi en 1194, pero pasó su niñez en Palermo. Era descendiente de la dinastía Hohenstaufen (1079-1268) de Suabia, que gobernó sobre el Sacro Imperio Romano Germánico de 1138 a 1268. Pasó su vida luchando por la dinámica de poder con la Iglesia medieval, aunque no logró someter al papado; más tarde, otros gobernantes europeos seguirían sus pasos y tendrían éxito. Sin embargo, él es el más famoso gracias a su participación en la sexta cruzada (1228-1229) que devolvió Jerusalén al Dominio Cruzado (Reino Latino de Jerusalén) mediante un arreglo de paz con el sultán ayubí de Egipto, al-Kamil, pero sus esfuerzos fueron menospreciados. El papado utilizó propaganda religiosa para pregonar una cruzada contra él, pero en 1250 murió por causas naturales. También fundó la Universidad de Nápoles en 1224, la primera universidad estatal en la Europa de la Edad Media.
SU PADRE MURIÓ EN 1197 CUANDO FEDERICO TENÍA SOLO TRES AÑOS DE EDAD Y AL AÑO SIGUIENTE FUE CORONADO COMO REY DE SICILIA, CON SU MADRE COMO REGENTE.
Juventud
Federico II fue el hijo único de Enrique VI (rey de Alemania, reinó de 1169 a 1197; emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, reinó de 1191 a 1197) y Constanza (1154 a 1198), la hija de Roger II (reinó de 1130 a 1154), el rey normando de Sicilia. Su otro abuelo fue el legendario emperador alemán, Federico I Barbarroja (reinó de 1152 a 1190). Nació en 1194, en Jesi, Italia, y pasó la mayor parte de su vida en la Corte de Palermo en Sicilia. En 1197, su padre murió cuando él tenía solo tres años de edad y fue coronado al año siguiente como rey de Sicilia, con su madre como regente. Constanza marginó a los lords alemanes, que habían servido bajo su padre, para agrandar su autoridad. Su rival principal fue Markward (murió en 1202), un lord alemán que reclamaba la regencia del joven soberano, pero fue exiliado.
Constanza murió después de haber gobernado durante poco más de un año. En su testamento, ella dejó al joven Federico bajo la custodia del papa Inocencio III (en torno a 1160-1216). Esta decisión no fue motivada simplemente por su devota fe católica, sino también debido a una razón práctica; ella tenía que asegurar la posición de su hijo, que era un menor de edad, manteniéndola inviolable. Sin embargo, la vinculación papal probó ser ineficaz para asegurar que Sicilia estuviera fuera de las manos de Markward, que se apoderó de los dominios de Federico, solo para morir unos años después. Entonces, un capitán alemán de Palermo, Guillermo de Capparone, tomó el control, solo para ser depuesto en 1206 por Gualtiero de Palearia (o Pagliaria), el excanciller del Reino de Sicilia.
En 1208, Federico destituyó a su tutor y ahora buscaba restaurar el control sobre Sicilia. En 1209, Inocencio III lo arregló para que Federico, que en ese momento tenía 14 años, se casara con una princesa española de 30 años de edad, Constanza de Aragón (1179 a 1222). Este matrimonio fue una jugada política y permitió que Federico adquiriera un ejército considerable que utilizó para consolidar su poder sobre Sicilia. Constanza también dio a luz al primer hijo de Federico, Enrique VII (1211 a 1242). Su reina le aconsejaba en importantes asuntos de Estado y a su muerte en 1222, se dice que Federico colocó una corona sobre su estatua como reconocimiento de sus servicios.
El rey de Sicilia también tenía derecho a gobernar sobre los dominios de su padre: el Sacro Imperio Romano Germánico. El imperio (962 a 1806) se extendía sobre Alemania, Cerdeña y partes del norte de Italia y servía como protector de la Iglesia católica.
El tío de Federico, Felipe de Suabia (reinó de 1198 a 1208), había subido al trono como rey de Alemania después de la muerte de Enrique VI.Otón de Brunswick (reinó de 1209 a 1215, más tarde Otón IV) se oponía a las reivindicaciones del rey. El papa estaba convencido de que Otón mantendría el imperio en el norte separado de Sicilia y le extendió su apoyo. Felipe de Suabia fue asesinado (en 1208) por un lord alemán que estaba furioso por haber sido rechazado como el pretendiente de su hija. El camino de Otón estaba despejado; en 1209 fue coronado con una ceremonia completa. Poco después de su coronación desafió la autoridad papal y marchó para conquistar Sicilia. Aunque Otón era el emperador, el papa era quien nombraba a los emperadores y también podía excomulgar a aquellos que lo desafiaban.
Esto liberó a los súbditos de Otón de sus juramentos y expuso sus tierras a los ataques de potencias rivales europeas. Felipe Augusto (reinó de 1180 a 1223), el rey de Francia, aprovechó la situación e invadió los dominios de Otón. Este tenía lazos estrechos con los ingleses y el rey francés no quería permitir que sus enemigos llevaran la delantera. En 1212, Federico cabalgó hasta Alemania y al haber asegurado una alianza con Felipe Augusto, castigó debidamente a las fuerzas de Otón y en 1215 fue elegido rey de Alemania en Fráncfort. Después de la muerte de Otón en 1218, la reivindicación de Federico fue indiscutible.
Consolidación del poder
En 1216, el papa Inocencio III murió y Honorio III (1150 a 1227) lo sucedió. El nuevo papa exigió que el emperador retribuyera al papado por su bondad y Federico acordó separar a Sicilia de las tierras del Sacro Imperio Romano Germánico y conducir una cruzada a Tierra Santa. Los Estados papales no podían permitir que las tierras del norte y del sur estuvieran unidas bajo una sola persona, lo que exponía al territorio papal a la invasión desde ambos lados.
Después de asegurar su poder en Alemania, Federico dejó el país bajo el gobierno de su hijo Enrique VII (reinó de 1220 a 1235). Ante su insistencia, Federico fue coronado por Honorio en 1220, en Roma, con una ceremonia completa, como el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Su primer acto como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico fue introducir una serie de leyes llamadas Constitutio in Basilica Beati Petri (una declaración en la Basílica de San Pedro) para salvaguardar los intereses papales en Sicilia. Introdujo varios actos legislativos para fortalecer la autoridad real; y los tribunales de Capua (año 1220) y de Messina (año 1221) le permitieron al emperador ejercer control completo sobre su imperio en el sur.
Persuadió al papa de que Sicilia era vital para apoyar una cruzada, por eso no la cedió y siguió preocupadísimo por unirse a los ejércitos de la quinta cruzada (1218-1221) cuando partieron de Europa. Mientras tanto, Federico se empeñó en estabilizar e incluso glorificar sus dominios; en 1224 estableció la primera universidad estatal en la Europa de la Edad Media, la Universidad de Nápoles. Con Sicilia en orden y con los colaboradores de los pretendientes aplastados, Federico podía respirar con alivio.
Fricción con la Iglesia católica
Para despertar aún mas el interés de Federico en Tierra Santa, el papa arregló para él un matrimonio con la hija adolescente del rey Juan de Jerusalén (reinó de 1210 a 1215, también conocido como Juan de Brienne): Yolanda de Brienne (vivió de 1212 a 1228, también conocida como Isabel II de Jerusalén). Jerusalén no estaba bajo el control de los cruzados pero el trono del rey persistía, lo mismo que la esperanza de que la ciudad santa sería reconquistada. El rey Juan le ofreció la mano de su querida hija con la condición de que Federico no reclamaría el trono de Jerusalén mientras que él viviera. La pareja se casó en 1225 en Bríndisi, Italia del sur. Según algunos historiadores (aunque otros no están de acuerdo), Federico rompió su promesa y la reina fue maltratada, como lo describió el historiador Harold Lamb:
No había pasado una semana antes de que Juan encontrara a su hija desatendida y llorando en el castillo de Bríndisi. Lo que ella tuvo que soportar por parte de la mano de Federico nunca se supo… Al día siguiente, Federico le exigió repentinamente que le cediera el cetro de su reino… (página 210)
La paciencia del papa se estaba agotando y Federico, ahora rey de Jerusalén (reinó de 1225 a 1228), partió rumbo a Tierra Santa en 1227, pero contrajo malaria y tuvo que regresar. Se recuperó, pero retrasó su partida para esperar el nacimiento de la criatura que Yolanda llevaba: un varón. En 1228, la reina, que tenía 17 años de edad, murió dando a luz a su hijo, Conrado (vivió de 1228 a 1254). Federico ya no podía reclamar ser el rey de Jerusalén, pero continuó haciéndolo.
El papa Honorio III había muerto en 1227 y su sucesor, Gregorio IX (murió en 1241) no era tan paciente. Formuló una serie de cargos contra Federico (incluyendo su falta de habilidad para cumplir con los juramentos de los cruzados). El papa no solo excomulgó al emperador, sino que también rechazó admitir en su presencia a los enviados imperiales; tales insultos empujaron al emperador a responder de la misma manera.
Federico proclamó que la Iglesia medieval se había desviado de los principios de sus fundadores, que se habían entregado complacientemente a las riquezas terrenales y al poder, en vez de perseguir la pobreza y la devoción de Dios; y declaró que el papa era un «lobo vestido de oveja». En 1228, el rey excomulgado, determinado a rectificar un error, emprendió camino hacia Tierra Santa.
Federico y al-Kamil: La sexta cruzada (1228-1229)
Desde 1226, Federico había abierto un canal de comunicación con el sultán ayubí de Egipto, al-Kamil (reinó de 1218 a 1238). Este hombre era el sobrino del gran Saladino (1137 a 1193) que había asegurado Jerusalén para el islam en 1187; sin embargo, estaba dispuesto a ceder aquello por lo que sus antepasados habían luchado y muerto. Al-Kamil necesitaba extender su autoridad más allá de Egipto, hacia las tierras que una vez habían estado unidas bajo Saladino. Necesitaba estar a salvo de una guerra con los cruzados para luchar contra su hermano, al-Mu'azzam (reinó de 1218 a 1227), el sultán de Damasco.
¿Te gusta la historia?
¡Suscríbete a nuestro boletín electrónico semanal gratuito!
Federico también necesitaba la paz ya que sus dominios al oeste estaban mucho más amenazados después de la excomunión. Acordaron una transferencia de Jerusalén a Federico sin derramamiento de sangre. Sin embargo, al-Mu'azzam, el hermano del sultán, murió y al-Kamil ya no necesitaba a Federico y así, Federico engañó al sultán haciéndole creer que un ejército imperial aplastaría sus fuerzas armadas si él no cumpliera con su promesa y al-Kamil cedió.
El 18 de febrero de 1229, el tratado de Jaffa fue firmado entre el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y el sultán de Egipto. Jerusalén, Belén, Nazaret y parte de la costa oriental levantina estaban en manos europeas, junto con la ruta de peregrinación hacia Jaffa. En contraparte, Federico prometió que los musulmanes tendrían vía libre y la posesión del Monte del Templo y de la mezquita de Al-Aqsa; las murallas de la ciudad que se habían derrumbado no se reconstruirían. Federico se autocoronó sin ceremonia en el Santo Sepulcro y así terminó su empresa en Tierra Santa. Pronto regresó a sus dominios en el oeste que estaban bajo la terrible amenaza de Gregorio IX y de Juan de Brienne.
Federico se apresuró a regresar a sus dominios para castigar a los intrusos. En su ausencia, el papa había enviado a sus ejércitos para usurpar sus tierras. A su regreso en 1229, Federico derrotó al ejército papal, pero no trató de atacar las posesiones papales en Italia. La primera fase de la guerra terminó en 1230 con el Tratado de Ceprano firmado entre Gregorio y Federico. El emperador fortaleció aún más su control sobre el Reino de Sicilia y extendió autoridad centralizada sobre sus dominios mediante las Constituciones de Melfi (año 1231).
En Alemania, su ausencia causó problemas. Enrique VII estaba marginando a los príncipes alemanes e incluso buscaba el apoyo de ciudades que no eran alemanas. Este cambio de política estaba amenazando el control de los Hohenstaufen sobre Alemania y, cuando Enrique rechazó poner las cosas en orden, Federico hizo su jugada. En 1235, el emperador solo ejerció su influencia sobre Alemania y esto resultó ser suficiente. Enrique, al ver que sus partidarios lo habían abandonado y que su rebelión se había desintegrado, suplicó clemencia. El emperador se apoderó de todos los títulos y del poder de su hijo y lo sentenció a prisión; él murió en 1242. El otro hijo de Federico, Conrado IV (reinó de 1237 a 1254) fue elegido como el nuevo rey de Alemania y dos años después, también fue aclamado como rey de los romanos (año 1239) en Viena.
Se reanuda la guerra contra el papado
La lucha contra el papa empezó de nuevo debido a una disputa menor sobre las tierras en Lombardía. Los lombardos, apoyados por el papa, se resistieron a la autoridad de Federico, pero sus fuerzas fueron derrotadas decisivamente en la batalla de Cortenuova (año 1237). Entonces, en 1239, el emperador recibió noticias de que había sido excomulgado una vez más.
En Italia del norte, depuso a los partidarios papales y puso la región bajo el mano de su hijo natural, Enzo. Él mismo se fue a conquistar Roma. El papa llamó a un concilio en Roma; prelados de Francia, España, Inglaterra e Italia del norte estaban en camino en barcos genoveses cuando la flota fue atacada por la Armada imperial. El enfrentamiento naval, que más tarde fue llamado batalla de Giglio (año 1241), fue un triunfo imperial decisivo. Roma estaba al alcance de Federico, pero como el destino lo decidiría, Gregorio murió de repente (año 1241). Los cardinales de Roma retrasaron las elecciones papales hasta que Federico se hubiera retirado. Si lo hubiera querido, habría podido saquear Roma, pero su guerra era contra la autoridad papal y no contra el cristianismo.
Aunque vehemente en su oposición contra Federico, el papado mostró una sorprendente negligencia hacia la amenaza mongola que avanzaba rápidamente hacia Europa y la verdadera causa de los cruzados en Egipto. A principios del siglo XIII, los mongoles habían subido al poder desde las estepas de Asia y después de arrasar con la resistencia generalizada en Asia, empezaron su avanzada hacia Europa oriental en 1236. Aplastaron a la confederación europea en la batalla de Legnica (año 1241) y entre 1241 y 1242 causaron graves pérdidas en Polonia y Hungría. Los emisarios mongoles se acercaron a Federico exigiendo que se sometiera a su líder supremo Ogodei Kan (también Ogedei, reinó de 1229 a 1241), pero Federico los ignoró. Conociendo los métodos guerreros de los mongoles, Federico le prohibió estrictamente a sus subordinados que se enfrentaran con ellos en campo abierto. En vez de esto, les ordenó que almacenaran recursos y que mantuvieran seguros los castillos y otras fortalezas. Después de muchos intentos infructuosos, los mongoles se vieron forzados a darse la vuelta en 1242, cuando les llegaron las noticias de la muerte de su líder.
El papa Inocencio IV (en torno a 1195-1254) comenzó su mandato en 1243. Como Gregorio, él también abogaba a favor del uso de la violencia autorizada e instaba a una «cruzada contra los Hohenstaufen». En 1245 excomulgó y depuso al emperador; la respuesta de Federico fue:
¡Todavía no he perdido mi corona, tampoco me la quitarán ni el papa ni el Consejo sin que haya una guerra sangrienta! (Abulafia, página 375)
En 1246, Inocente incitó a la rebelión en Alemania contra Conrado IV. Al principio, este levantamiento fue exitoso, pero después, los beligerantes apoyados por el papa fueron derrotados. Federico también fortaleció su posición en Alemania al adquirir el ducado de Austria. En el frente italiano, empleó la diplomacia y al haber asegurado una alianza matrimonial con el marqués de Montferrato, por medio de su hijo natural Manfredo, Federico encontró otro aliado.
El papa pregonó una cruzada contra Federico con el pretexto de proteger a Roma, el centro de la fe cristiana, del emperador «amante de los musulmanes», que quería destruir el cristianismo. Fue tachado de herético y de anticristo, lo que provocó que muchos de sus enemigos tomaran armas contra él. Todas estas acusaciones eran excusas convenientes utilizadas por el papa para enmascarar sus razones reales. Inocencio quería:
Autoridad suprema sobre el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, a quien el papa podía bendecir y deponer a su antojo.
Control papal sobre Sicilia, en vez de dárselo a alguien que tenía poder en el norte también.
Autoridad suprema sobre los monarcas de Europa.
Hacer un ejemplo de Federico para disuadir a otros de que siguieran sus pasos.
Esta cruzada ha sido descrita por David Abulafia como «el primer intento a gran escala de utilizar la cruzada como un instrumento para derrotar a los enemigos políticos papales dentro de Europa» (página 386).
Se pusieron en marcha varios complots de asesinato contra el emperador; algunos de los perpetradores fueron capturados y sujetos a castigos horribles; otros escaparon a Roma. Incitados por Inocencio, algunos renegados amenazaron las posesiones de Federico en Alemania e Italia. Los lombardos se rebelaron de nuevo y las fuerzas de Federico enfrentaron múltiples reveses en Italia. La batalla de Parma (año 1248) y la batalla de Fossalta (año 1249) fueron derrotas devastadoras, aunque una invasión de Sicilia fue frustrada en la batalla de Cingoli (año 1250).
Muerte y legado
La cruzada del papa no fue la que triunfó sobre Federico, sino su enfermedad. Antes de que pudiera recuperar el terreno perdido, murió de disentería en 1250, en Castel Fiorentino, en Apulia, al sur de Italia. Fue sepultado en la Catedral de Palermo. El trono pasó a su único hijo legítimo vivo, Conrado IV, pero el nuevo rey murió en 1254, solo cuatro años después, dejándole el trono a su hijo Conradino (reinó de 1254 a 1268), también conocido como Conrado V. Este último continuó resistiéndose al papa, pero al final fue derrotado y ejecutado en 1268.
Federico sería inmortalizado para siempre en los anales de la historia por su apelativo, Stupor Mundi, Asombro del Mundo. Tenía pasión por la aventura y las mujeres; dominaba la cetrería, la equitación, el tiro de lanza y hablaba seis idiomas diferentes. A pesar de la propaganda papal diseñada para debilitar su apoyo, Federico, de hecho, era un gobernante cristiano, aunque no uno devoto. A pesar de que el papado sobrevivió a esta guerra, su dominio estaba llegando a su fin. El papa explotó el fervor religioso de los europeos y este abuso de poder condujo finalmente a la caída de la autoridad papal, en esencia, haciendo que Federico alcanzara el éxito, de manera póstuma. Su mayor logro fue la resolución del asunto de Tierra Santa mediante negociaciones en vez de fuerza brutal. Sin duda fue un gobernante nacido antes de su época, un monarca racional rodeado de un mar de fanáticos religiosos, ¡Stupor Mundi!
Edilsa Sofía es una antigua diplomática y educadora, especialmente interesada en las Artes y los asuntos culturales. Además de otros grados, tiene una maestría en Traducción Literaria.
Muhammad es biólogo, entusiasta de la historia y escritor independiente, que ha contribuido activamente a la Enciclopedia de la Historia del Mundo desde 2019.
Escrito por Syed Muhammad Khan, publicado el 14 mayo 2020. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.