Los Treinta Tiranos (οἱ τριάκοντα τύραννοι) es un término que utilizó por primera vez Polícrates en un discurso en el que elogiaba a Trasíbulo (Aristóteles, Retórica, 1401a) para describir la breve oligarquía de ocho meses que gobernó Atenas tras la guerra del Peloponeso, aproximadamente desde finales del verano del año 404 a.C. hasta principios del verano del 403 a.C., también conocida simplemente como «los Treinta». El gobierno de los Treinta se caracterizó por acciones brutales y represivas de la «oligarquía», razón por la que los atenienses se negaron a considerar el «gobierno de unos pocos» como una alternativa respetable a la democracia durante tres generaciones.
Fuentes antiguas
La información sobre los Treinta proviene principalmente de Jenofonte, la Athenaion Politeia (Constitución de los atenienses) de Aristóteles, Diodoro Sículo y Justino, con datos adicionales de Plutarco, Pausanias y Nepote. Asimismo, se poseen numerosas menciones al régimen en los discursos de Andócides, Lisias, Demóstenes e Isócrates. Por desgracia, no todas estas fuentes coinciden entre sí, por lo que los historiadores deben realizar deducciones e inferencias racionales con respecto a varios acontecimientos claves.
Aunque Jenofonte, que vivió durante el período del régimen, nunca utiliza el término los Treinta Tiranos, describe su gobierno como τύραννειν o tyrannein, literalmente «ser el único gobernante» (Jenofonte, Helénicas, 2.4.1; cf. 23.16; 6.3.8). Otros autores usan el término δυναστεία o dynasteia, que significa «poder» o «señorío» (por ejemplo Andócides, 2.27; Aristóteles en Constitución de los atenienses, 36.1; Platón, Carta VII, 7.325a). No obstante, el título de Treinta Tiranos se había convertido en la designación habitual en la época de Diodoro y Justino.
Contexto histórico
Alrededor de noviembre del año 405 a.C., los atenienses, liderados por Terámenes, entablaron grandes negociaciones con los espartanos para rendirse, impulsados por la victoria naval espartana en Egospótamos, que había puesto fin a la guerra del Peloponeso.
Aunque los corintios, los tebanos y otras polis instaban por la destrucción de Atenas, los espartanos defendieron con éxito que los griegos no podían «arrancar uno de los dos ojos de Grecia» (Justino, 5.8.4). Los espartanos, en cambio, reclamaron que los atenienses habían destruido los Muros Largos y las fortificaciones del Pireo. Los atenienses también readmitirían a todos los exiliados y retirarían tanto a sus magistrados como a sus cleruchies (colonias) de todos los territorios de las demás polis. Además, los atenienses ahora tendrían «los mismos amigos y enemigos» que los lacedemonios (Andócides, 3.11-12, 39; Diodoro Sículo, 13.107.4; 14.3.2; Jenofonte, Helénicas, 2.2.20; Lisias, 13.14; Plutarco, Vida de Lisandro, 14.4). Al mismo tiempo, los espartanos le exigieron a los atenienses que reformaran sus leyes para favorecer a la oligarquía (Aristóteles, Constitución de los atenienses, 34.3). Los atenienses aceptaron estas condiciones a principios de abril del año 404 a.C.
Los atenienses designaron a cinco éforos (supervisores) para organizar todas las votaciones a través de los Phylarchoi (gobernantes tribales). La Ekklesia (asamblea) ateniense pronto se dividió en tres campamentos: aquellos que estaban a favor de la patrios politeia (constitución ancestral), los que deseaban mantener la democracia y quienes querían una oligarquía. El debate y la inacción continuaron hasta septiembre del año 404 a.C., con la oposición a cualquier resolución liderada principalmente por la facción democrática, hasta que la creciente demora obligó a los espartanos a intervenir.
Los espartanos les ordenaron a los atenienses elegir a 30 hombres para dirigir todos los asuntos de las polis. Terámenes, líder de facto de los demócratas, designó a diez de estos hombres, los cinco éforos designaron a otros diez, mientras que la Ekklesia elegiría a esos 20 y designaría a los diez restantes. Estos 30 hombres se encargarían entonces de «redactar las patrios nomoi (leyes ancestrales) según las cuales [los Treinta] gobernarían» (Diodoro Sículo, 14.4.1; Jenofonte, Helénicas, 2.3.2).
Los Treinta
Los 30 atenienses elegidos fueron: Esquines (no el orador), Dracóntides, Mnesiteides, Anetio, Erasístrato de Arcanas, Onomacles, Aresias, Eratóstenes, Pisón, Aristóteles, Euclides, Fedrias, Queréleo, Eumates, Fidón, Caricles hijo de Apolodoro, Hierón, Polícares, Cremón, Hipóloco, Sófocles (no el autor teatral), Cleomedes hijo de Licomedes, Hipómaco, Teógenes, Critias hijo de Calescro, Melobio, Teognis, Diocles, Mnesíloco y Terámenes hijo de Agnón.
Los objetivos de los Treinta
Al principio, Los Treinta evadieron la elaboración de una constitución definida. En cambio buscaron: a) establecer el funcionamiento de un Gobierno provisional; b) eliminar oponentes; y c) reformular las leyes que veían «problemáticas».
Gobierno provisional: los Treinta restablecieron la Boulé (Consejo de los 500) y reeligieron a otros magistrados, como los nueve Arcontes (líderes), los Once (magistrados de prisiones), los estrategos (comandantes militares), así como al Consejo de los Diez Tesoreros de Atenea y los Demás Dioses entre otros diversos cargos de la democracia. Sin embargo, también crearon «los Diez», diez hombres supervisados por los Treinta que gobernarían el Pireo. Además, también contrataron 300 mastigóforos (acompañantes armados con látigos) para que actuaran como una especie de fuerza policial.
Eliminación de los oponentes: Los Treinta presidieron un juicio en la Boulé contra los anteriores strategoi, taxiarcas (brigadistas) y diversas personas que se habían opuesto a la paz con Esparta. Aunque los Treinta condenaron a muerte a muchos de estos hombres, no les confiscaron sus bienes. Poco después de este juicio, los Treinta declararon que debían purgar «las polis de hombres injustos y del resto de ciudadanos inclinados contra la virtud y a favor de la injusticia» (Lisias, 12.5). Ejecutaron a aduladores, ladrones, sobornadores y otros «indeseables» tras más juicios ante la Boulé. Los atenienses aceptaron en general estas medidas iniciales como necesarias (Aristóteles, Constitución de los atenienses, 35.3; Diodoro Sículo, 14.4.2; Jenofonte, Helénicas, 2.3.12; Lisias, 25.19).
Reforma de las leyes: Los Treinta anularon diversas concesiones de ciudadanía a extranjeros y revocaron varias proxenias (embajadas, lit. «pactos de amistad»). También derogaron las leyes de Efialtes y Arquéstrato, y, en consecuencia, ampliaron los poderes del Areópago (tribunal superior de apelación). A continuación, comenzaron a modificar las leyes de Solón, inscritas y expuestas junto a la Estoa Real. Asimismo, reorientaron el Pnyx (el lugar de reunión de la Ekklesia) con el fin de limitar el tamaño máximo de esas reuniones. Por último, hicieron que los Once les informaran directamente a ellos en lugar de a los tribunales.
Sin embargo, durante estos acontecimientos, comenzaron a surgir fracturas dentro de los rangos de los Treinta. Al parecer, la mayor parte del grupo deseaba cambios más radicales. Presuntamente querían convertir Atenas en un modelo de Esparta. Buscaban imitar la γερουσία o gerousia («Consejo de Ancianos») espartana, el Ὅμοιοι o homoioi («los Iguales», lit. «aquellos que son parecidos»), y el περίοικοι o perioikoi (“no ciudadanos libres», lit. «habitantes de alrededor») de la sociedad lacedemonia.
Los Treinta actuarían como la gerousia ateniense. A continuación, designarían a «los incluidos», los «mejores» hombres o «más adecuados» para ser el equivalente ateniense de los homoioi. Por lo que entonces «excluían» al resto de la población, convirtiéndolos en perioikoi (que seguían siendo libres, pero no se les consideraba ciudadanos atenienses).
Al parecer, surgieron nuevos desacuerdos entre los Treinta sobre el funcionamiento exacto de este nuevo Gobierno, es decir, cuánto poder ejercían ante el lugar que ocupaban los incluidos. Además, los Treinta nunca disolvieron la Boulé. Cuando deseaban tener la aprobación de un grupo más amplio, solían presentarse ante la Boulé. Aun así, un pequeño grupo dentro de los Treinta, liderado de nuevo por Terámenes, trató de ampliar el número de «incluidos» a 5.000, pero la facción oligárquica más estricta, encabezada por Critias y Caricles, prevaleció y se decidió incluir solo a los 3.000 que los Treinta consideraban partidarios del nuevo Gobierno.
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En febrero del año 403 a.C., únicamente los 3.000 podían vivir dentro del Asty (ciudad propiamente dicha) de Atenas. Los excluidos tuvieron que trasladarse a otros lugares de Ática, y los Treinta procedieron a confiscar sus bienes. Como consecuencia de estos actos, muchos atenienses comenzaron a huir a polis vecinas como Beocia, Corinto, Argos, Calcis, Mégara y Oropo, convirtiéndose así en fugitivos.
Una tiranía cada vez mayor
Por esa época, el exiliado ateniense Trasíbulo encabezó a un grupo de aproximadamente 70 hombres y se apoderó de la colina Filé, al norte de Atenas, un lugar fácil de defender. Aunque se trataba de una fuerza relativamente pequeña, los Treinta respondieron a esta amenaza sacando a 3.000 hombres de Atenas para bloquear el campamento. Sin embargo, el mal tiempo obligó a que se retiraran.
La amenaza armada de Trasíbulo quebrantó la frágil unidad de los Treinta, dividiéndolos entre quienes aún deseaban una estrecha oligarquía y aquellos que anhelaban ampliar los derechos políticos de los atenienses. Critias y Caricles volvieron a imponerse, y luego de que la Boulé les otorgara a los Treinta el poder de decidir sobre la vida o la muerte de los excluidos, Critias eliminó el nombre de Terámenes de la lista de los incluidos y ordenó su ejecución.
Los Treinta continuaron modificando la lista de los «incluidos» a su parecer. Un número cada vez mayor de atenienses comenzó a alarmarse al ver que los Treinta ahora parecían ejecutar a hombres no solo por delitos sino por motivos de facción (Lisias, 30.13). Luego desarmaron a los excluidos y depositaron sus armas en la Acrópolis. Poco tiempo después, el creciente temor de los Treinta, así como su codicia y despiadada determinación de eliminar a toda oposición, los llevó a ejecutar a muchos más hombres destacados en gran cantidad. Las fuentes concuerdan en que alrededor de 1.500 atenienses murieron bajo el régimen de los Treinta.
Los espartanos también habían dictado decretos dirigidos a otras polis griegas. Estas debían entregar a los Treinta a cualquier fugitivo ateniense. La mayoría de los griegos acataron la orden, pero Argos y Tebas se negaron.
En mayo del año 403 a.C., alrededor de 700 hombres se habían reunido con Trasíbulo en Filé: 100 atenienses, 300 extranjeros y 300 mercenarios contratados por el metic (residente extranjero) Lisias. Los Treinta procedieron a tomar Eleusis y Salamina. Ejecutaron a otros 300 hombres por votación de los 3.000. Intentaron reconciliarse con Trasíbulo y le ofrecieron el lugar de Terámenes, pero se rehusó. En cambio, les exigió a los Treinta que establecieran la patrios politeia.
A instancia de los Treinta, los espartanos enviaron una guarnición armada a Atenas para ayudar a los Treinta a hacer frente a la amenaza cada vez mayor de Trasíbulo. Cuando los Treinta volvieron a enviar una diminuta fuerza a Filé, al mando de los lacedemonios, Trasíbulo contraatacó. Derrotó a la fuerza enemiga y se dirigió de inmediato al Pireo. Trasíbulo llegó a la colina de Muniquia con unos 1.200 hombres.
Los Treinta volvieron a atacar con una fuerza armada de 3.000 hombres. Perdieron alrededor de 70 hombres y tanto Critias como Hipómaco cayeron durante la dura batalla. Lo más importante, los oligarcas no lograron vencer a los hombres que ocupaban el Pireo. Algunos atenienses de las polis ahora querían destituir a los Treinta, mientras que otros seguían negándose a ceder ante los hombres que ocupaban el Pireo. Los miembros de los Treinta y de los Diez que aún seguían con vida, así como los Once, huyeron todos a Eleusis. Dejaron a 10 hombres al mando de Atenas.
Este nuevo Consejo de los Diez intentó atacar el Pireo una vez más, pero fracasó y pronto se encontró con que Atenas estaba bloqueada por las fuerzas de Trasíbulo. Debido a las divisiones internas en Esparta, los espartanos reaccionaron con tibieza ante estos acontecimientos. Aunque impusieron un bloqueo naval sobre el Pireo, también sufrieron una derrota en otra batalla de hoplitas contra los hombres que aún ocupaban el Pireo. Los espartanos ya empezaban a estar hartos de las luchas internas de Atenas. Además, el conflicto en curso comenzó a dividir a la Liga Espartana (por ejemplo, los corintios y los beocios se negaron a ayudar a Esparta contra los atenienses en el Pireo). En consecuencia, cuando Esparta se negó a seguir brindando apoyo a los Treinta o al Consejo de los Diez en Atenas, la oligarquía se derrumbó. Los espartanos ayudaron a mediar en un acuerdo entre los hombres que ocupaban el Pireo y los 3.000 que aún permanecían en Atenas, y luego se retiraron de Ática.
Ambas partes acordaron que se restablecería la paz y que cada ateniense recuperaría sus propiedades, salvo las de los Treinta, los Once y los Diez originales. Esos grupos y sus partidarios más destacados podrían permanecer en Eleusis (Jenofonte, Helénicas, 2.4). Si alguno de ellos deseaba volver a Atenas, luego podrían solicitar euthynai (una investigación de su conducta mientras ocupaba el cargo). Por último, los atenienses prestaron juramento de amnistía para no recordar las ofensas del pasado.
Sin embargo, se produjo un último conflicto entre los oligarcas atenienses en Eleusis y la democracia restablecida de Atenas. Algunos de los exiliados que habían regresado deseaban ahora ignorar la amnistía y vengarse de los supervivientes que residían en Eleusis. Cuando la noticia llegó a Atenas de que los oligarcas que quedaban habían comenzado a contratar mercenarios, los atenienses marcharon en masa para sitiar Eleusis.
Repercusiones
Con el pretexto de una conferencia para negociar un acuerdo, los atenienses asesinaron a todos los comandantes militares de los oligarcas. Se desconoce el destino final de los Treinta, los Once y los Diez. Justino afirma que la tiranía llegó a su fin, mientras que el orador Isócrates atestigua que «los principales responsables de los males» fueron asesinados durante ese conflicto final, pero ninguno de los dos aclara el número exacto ni la identidad de las víctimas.
No obstante, la democracia restaurada confiscó los bienes de los Treinta, los Once y los Diez, así como los de los partidarios más destacados de la oligarquía. Como resultado de las acciones de los Treinta durante su mandato, los atenienses descartaron por completo la idea de un «gobierno oligárquico» por los siguientes 40 años.
Selena Gutierrez es traductora literaria y técnica-científica en inglés recibida del Instituto Superior Lenguas Vivas (Argentina). Como lo indica su título, se especializa en la traducción literaria y técnica-científica.
Ha impartido clases de Estudios Clásicos durante 15 años. Ha publicado artículos sobre el contexto dramático de los diálogos de Platón y la historia de la Antigua Grecia. Ha presentado ponencias en congresos en Norte América y Gran Bretaña. Su área de especialización abarca la historia de Grecia entre los años 600 y 300 a. C.
Escrito por Christopher Planeaux, publicado el 13 noviembre 2015. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.