Gula (también conocida como Ninkarrak) es la diosa sumeria de la curación y patrona de los médicos, las artes curativas y las prácticas médicas. La primera referencia a ella de la que se tiene constancia proviene del período III de Ur (2047-1750 a.C.), cuando se la menciona como una gran diosa de la salud y el bienestar. Era una de las deidades más populares de la antigua Mesopotamia.
Su nombre, Gula, significa «grande» y se suele interpretar como «grande a la hora de sanar», mientras que Ninkarrak significa «señora de Kar», y se interpreta como «señora del muro», en el sentido de una barrera protectora, aunque también se ha interpretado como «señora de Karrak», una ciudad asociada a la de Isin.
En Sumeria, se hablaba de ella como «un gran médico de la gente de cabeza negra» (los sumerios). En los textos médicos mesopotámicos y los encantamientos se habla de ella como belet balati, «señora de la salud» y como Azugallatu, «gran sanadora». Su principal centro de culto estaba en Isin, aunque su adoración se extendería por toda Sumeria, desde el sur hacia Acadia y, finalmente, a través de toda la región de Mesopotamia. En la iconografía siempre se la representa con un perro, a veces sentado, y rodeada de estrellas. Está asociada con el inframundo y la transformación.
Originalmente, Gula era una deidad sumeria conocida como Bau (o Baba), diosa de los perros. La gente notó que, cuando los perros se lamían las heridas, estas parecían curarse más rápido, y así los perros se asociaron a la curación y Bau se transformó en una deidad curativa. Cuando su culto se extendió de la ciudad de Lagash a Isin, pasó a conocerse como Ninisina, «señora de Isin». Entre los demás nombres por los que se la conocía estaba Nintinugga y Nimdindug, que estaban relacionados con su talento curativo, y también tenía otros títulos que simplemente la elevaban a la posición de patrona de una ciudad.
El erudito Jeremy Black señala que muchos de sus nombres eran «originalmente los nombres de otras diosas [como Meme]» a las que asimiló (101). Cuando la veneraban en Nippur, la conocían como Ninnibru, «reina de Nippur» y estaba asociada con el dios héroe Ninurta. Adquirió el nombre de Gula, la gran sanadora, a finales del periodo paleobabilónico (2000-1600 a.C.) y hoy en día es su nombre más común.
Origen mitológico y familia
Gula era la hija del gran dios Anu, creada con sus otros hijos al principio de los tiempos, y se nombran diversos esposos/consortes, tales como el dios sanador Ninurta, el juez divino Pabilsag, o el dios agrícola Abu. El erudito Stephen Bertman escribe que «como al menos dos de estas divinidades estaban relacionadas con la agricultura, puede que su matrimonio con ellas refleje de manera simbólica el uso medicinal de las plantas» (119). Tenía dos hijos, Damu y Ninazu, y una hija, Gunurra, todos ellos deidades sanadoras.
Damu era el dios sumerio principal de la curación, que combinaba los enfoques mágico y «científico» de la enfermedad. Estaba asociado con la figura de dios que moría y revivía, Tammuz (también conocido como Dumuzi), central de los cuentos sobre Inanna y el renacimiento; en consecuencia, también está asociado con la transformación y la transición. Con frecuencia se menciona junto a Gula en los encantamientos de curación. Aunque Gula se consideraba la sanadora suprema, los sumerios pensaban que Damu era el intermediario a través del cual los médicos recibían el poder de Gula.
Ninazu, que estaba asociado con serpientes (símbolos de transformación), el inframundo (transición) y la sanación (transformación), llevaba un bastón con serpientes entrelazadas. Los egipcios adoptaron este símbolo para Heka, su dios de la magia y la medicina, y después los griegos lo adaptarían como el caduceo, el bastón de Hermes Trismegisto, dios de la magia, la curación y la escritura (asociado con el dios egipcio Thot). Hoy en día, por supuesto, el caduceo se ve en los consultorios médicos y las prácticas médicas de todo el mundo como el símbolo de Hipócrates, el padre de la medicina.
Doctores en Mesopotamia
En la antigua Mesopotamia había dos tipos de médicos: el Asu, un médico que trataba las enfermedades desde el punto de vista «científico» y el Asipu, un curandero que se basaba en lo que hoy en día se consideraría «magia». También había cirujanos y veterinarios que podían proceder de cualquiera de estos dos orígenes. Ambos tipos de doctores practicaban la odontología y puede que también ambos rigieran los partos.
Se sabe que las que asistían en el parto eran las comadronas (sabsutu), no los médicos, pero a pesar de ello el médico recibía un pago por algún tipo de servicio prestado durante el parto, ya que según los registros está claro que les pagaban más por el nacimiento de un niño que de una niña. Cabe la posibilidad de que el Asipu recitara plegarias o cánticos para ahuyentar a los demonios (en especial la demonia Lamashtu que mataba o se llevaba a los niños), o que el Asu aliviara los dolores del parto con hierbas, pero que no ayudara con el parto propiamente dicho.
Las mujeres embarazadas y las que estaban de parto llevaban amuletos especiales para proteger al niño nonato de Lamashtu y para invocar la protección de otro demonio, Pazuzu. El concepto de demonio no siempre tenía la connotación de maldad que tiene hoy en día, y podía tratarse de un espíritu benigno, aunque, en el caso de Pazuzu, era tan malévolo que se lo invocaba para ahuyentar a otras entidades tenebrosas. Aunque hoy en día dentro del campo se suele hablar de los Asipu como «brujo curandero» y de los Asu como «practicantes de medicina», los mesopotámicos tenían el mismo respeto por ambos. El experto Robert D. Biggs comenta:
En los textos de la Antigüedad no hay ninguna indicación de que un enfoque fuera más legítimo que el otro. De hecho, parece que ambos tipos de sanador tenían la misma legitimidad, a juzgar por frases como «si ni la medicina ni la magia aportan la cura», que aparece varias veces en textos médicos. (1)
La diferencia importante entre estos dos tipos de sanador era que el Asipu confiaba más abiertamente en lo sobrenatural, mientras que el Asu lidiaba de manera más directa con los síntomas físicos del paciente. Sin embargo, ambos habrían aceptado el origen sobrenatural de la enfermedad, y no debería considerarse al Asu más «moderno» o «científico» que el Asipu.
Ambos tipos de médico trabajaban en el templo y recibían allí a sus pacientes en él, pero más a menudo hacían visitas. La ciudad de Isin era el centro de culto de la diosa Gula, y se cree que servía como un centro de formación para los doctores que luego se enviaban a los templos de otras ciudades según se necesitaran. No hay ninguna prueba de consultas privadas, aunque los reyes y los ciudadanos más ricos tenían sus propios médicos. El doctor siempre estaba asociado a un templo.
Tanto hombres como mujeres podían ejercer la medicina, aunque, tal y como indica el académico Jean Bottero, «se podría contar con los dedos de una mano a las escribas, las copistas, las exorcistas o las expertas en adivinación deductiva [Asu y Asipu]» (117). A pesar de ello, había más doctoras en Sumeria que en otros lugares y no es casualidad que fueran los sumerios, con su alta estima por la mujer, los que imaginaran primero una diosa femenina de la curación.
Enfermedades y dioses
Los sumerios pensaban que las enfermedades provenían de los dioses y que eran un castigo o una llamada de atención al individuo. Los dioses habían creado a los seres humanos como sus compañeros de trabajo y por tanto se preocupaban por ellos y miraban por su felicidad. Aun así, tal y como señala Bottero, los humanos tenían una tendencia hacia el pecado y a veces necesitaban una corrección en forma de enfermedad o aflicción para volver al camino correcto. No obstante, las enfermedades podían tener otras causas sobrenaturales, tales como demonios, espíritus malvados o difuntos enojados. Era totalmente posible que una persona sin culpa alguna enfermara y que los doctores realizaran todos los encantamientos correctamente y aplicaran las medicinas correctas y aun así la persona muriera.
Incluso si un dios no quería nada más que el bien para una persona enferma, puede que otro dios se sintiera ofendido y se negase a apaciguarse, a pesar de las ofrendas que le hicieran. Para complicar más las cosas, había que tener en cuenta que no eran los dioses los que causaban el problema, sino un fantasma al que los dioses habían permitido causar el problema para corregir algún mal, o simplemente un espíritu maligno, un demonio o un fantasma enojado. Los fantasmas en la antigua Mesopotamia se reconocían como una posible amenaza para la seguridad de la gente, igual que lo eran otras cosas. Biggs escribe que:
Los muertos, especialmente los parientes, puede que también molestaran a los vivos, especialmente si se descuidaban las obligaciones familiares de proporcionar ofrendas a los muertos. Lo más probable era que regresaran a molestar a los vivos los espíritus de personas que habían muerto de manera antinatural o a los que no se había enterrado adecuadamente, como alguien que se había ahogado o que había muerto en el campo de batalla. (4)
Sin embargo, los libros de medicina de la Biblioteca de Asurbanipal dejan claro que los doctores tenían unos conocimientos médicos impresionantes y que los aplicaban regularmente para curar a sus pacientes y apaciguar a los dioses y a los espíritus de los muertos. Pensaban que este conocimiento provenía de Gula como un regalo de los dioses. De la misma manera que habían enviado la aflicción, por la razón que fuera, también proporcionaban los medios para curarla.
Aparte de eso, también invocaban a Gula a menudo para que ayudara en la concepción, especialmente cuando creían que estaba interfiriendo alguna entidad sobrenatural, y aparece en inscripciones que invocan la fertilidad. Tanto si la enfermedad estaba causada por un dios, un fantasma o un espíritu maligno, los poderes curativos de Gula normalmente podían restaurar la salud del paciente. Pero no siempre era tan amable y solícita y también era conocida por su temperamento violento.
Gula como castigadora y protectora
La diosa Gula se invoca casi con la misma frecuencia en maldiciones que en la curación. Creían que era capaz de traer terremotos y tormentas cuando estaba enfadada y entre sus epítetos están «reina de la tempestad» y «la que hace temblar el cielo». Una tablilla del reinado de Nabucodonosor I (1125-1104 a.C.) invoca a Gula como protectora para un monumento. Era costumbre, cuando un rey erigía un monumento, añadir una maldición a la inscripción sobre cualquiera que lo mancillara o lo quitara para pedir que los dioses castigaran al transgresor de muchas formas.
La inscripción en el monumento de Nabucodonosor I dice en parte que, si alguien lo mancillara o quitara, «Que Ninurta, el rey del cielo y de la tierra, y Gula, la novia de E-Sharra, destruyan sus logros y borren su descendencia» (Wallis Budge, 126). También se la menciona en otras inscripciones de la misma manera.
La gente la apaciguaba a través de la adoración en sus templos donde los perros andaban libremente y estaban bien cuidados porque eran sus compañeros sagrados. Bertman escribe:
Su animal sagrado era el perro y los que habían recibido su misericordia le dedicaban estatuillas de perros de cerámica en sus santuarios. (119)
Los famosos perros de Nimrud, unas estatuillas de cerámica encontradas en la década de 1950 en la ciudad de Nimrud, son algunos de los ejemplos más conocidos de figuras-amuleto dedicadas a Gula.
Los sumerios respetaban sus poderes curativos tanto como temían su temperamento, y entre sus otros epítetos se pueden encontrar «sanadora de la tierra», «la que restituye lo que se ha roto» o «la señora que restaura la vida». Se dice que tras el Gran Diluvio fue Gula la que insufló vida en las criaturas nuevas que habían hecho los dioses para animarlas. A través de este acto, y su cuidado posterior de los seres humanos, se consideraba una especie de diosa madre al estilo de Ninhursag que era quien había creado realmente los cuerpos de los seres humanos.
La adoración en los templos y santuarios de Gula habría sido la misma que la de cualquier dios o diosa mesopotámicos: los sacerdotes y sacerdotisas del complejo del templo cuidaban de su estatua y santuario interior y la gente corriente presentaba sus respetos en los patios exteriores, donde se reunían con el clero que se hacía cargo de sus necesidades y dejaban sus ofrendas de súplica o de agradecimiento. No existía ninguna ceremonia o ritual tal y como lo reconoceríamos hoy en día.
Una diferencia importante entre los ritos en sus templos y los de otras deidades era que los perros participaban de alguna manera en los rituales de curación, aunque no se conocen los detalles de lo que hacían exactamente. Puede que fueran parte de un sacrificio ritual, ya que había más de treinta perros enterrados bajo la rampa que conducía al templo de Gula en Isin. No obstante, puede que fueran simplemente perros del templo que recibieron el honor de ser enterrados a la entrada.
En las entradas y los umbrales se enterraban figurillas de cerámica como los perros de Nimrud, a menudo con una inscripción del nombre de Gula, a modo de protección contra el mal. Esta clase de figuras se han encontrado en varios sitios además de Nimrud, especialmente en Nínive, y las inscripciones dejan claro que enterrar figuras de perros, o en este caso perros de verdad, era un encantamiento potente para proteger un hogar del mal.
Las deidades femeninas perdieron gran parte de su prestigio durante el reinado de Hammurabi (1792-1750 a.C.) y más adelante cuando los dioses masculinos dominaban el paisaje teológico, pero se siguió adorando a Gula de la misma manera y con el mismo respeto. Sus poderes transformadores la vinculaban con la agricultura (otro de sus epítetos es «cultivadora de hierbas»), y por eso también la adoraban con la esperanza de recibir una buena cosecha, así como para la maternidad y la buena salud general.
La veneración de la diosa continuó hasta bien entrado el período cristiano y en Oriente Próximo era tan popular como muchas deidades más conocidas como Anahita o Isis, por ejemplo. Su culto se fue perdiendo a medida que el cristianismo fue ganando terreno en la mente de la gente hasta que, para finales del primer milenio d.C., había caído en el olvido.
