Elam, ubicada en la región de las actuales provincias de Ilam y Juzestán en Irán, fue una de las civilizaciones más impresionantes del mundo antiguo. Nunca fue un reino ni un sistema político étnico cohesionado, sino una federación de diferentes tribus gobernadas en diversas épocas por ciudades como Susa, Anshan y Shimashki, hasta que se unificó brevemente como imperio durante el período elamita medio.
El nombre Elam fue dado a la región por otros —los acadios y sumerios de Mesopotamia— y se cree que es su versión de como los elamitas se llamaban a sí mismos —Haltami (o Haltamti)—, que significa «los de las tierras altas». Por lo tanto, «Elam» suele traducirse como «tierras altas» o «región alta», ya que estaba compuesta por asentamientos en la meseta iraní, que se extendía desde las llanuras del sur hasta las elevaciones de la cordillera de los Zagros. La afirmación bíblica de Génesis 10:22 acerca de que la tierra recibió su nombre de Elam, hijo de Sem, a su vez, hijo de Noé, carece de fundamento fuera de la narrativa bíblica.
Es muy probable que los elamitas fueran los indígenas de la región, cuya civilización comenzó a desarrollarse aproximadamente al mismo tiempo que el período de El Obaid mesopotámico (circa 5000-4100 a.C.). Habían construido Susa, una de las ciudades más antiguas del mundo, y desarrollado una escritura hacia el 3200 a.C., para el final del período predinástico en Egipto (circa 6000 a 3150 a.C.), siglos antes de que se erigieran las pirámides de Guiza. Los estudiosos actuales dividen su historia en cuatro períodos:
Período protoelamita (en torno a 3200 a alrededor de 2700 a.C.)
Período elamita antiguo (en torno a 2700 a alrededor de 1600 a.C.)
Período elamita medio (en torno a 1500 a alrededor de 1100 a.C.)
Período neoelamita (en torno a 1100 a alrededor de 539 a.C.)
Estos períodos trazan el desarrollo de la civilización elamita desde sus inicios conocidos, pasando por su progreso, hasta su declive y asimilación, pero con demasiada frecuencia omiten las importantes contribuciones que realizó a la cultura de Oriente Próximo y del resto del mundo. Elam fue un actor central en la historia de Oriente Próximo entre en torno a 3200 y en torno a 539 a.C. Luchó contra Sumeria, fue conquistada por el Imperio acadio, se alió con Hammurabi de Babilonia y posteriormente fue traicionada por él, fundó su propio imperio, ayudó a derrocar al gran Imperio neoasirio y finalmente fue absorbida por el Imperio aqueménida alrededor del año 539 a.C., después de lo cual la cultura elamita continuó ejerciendo una influencia significativa.
La escritura lineal elamita, que documenta su historia entre el 3200 y el 2700 a.C., fue descifrada en 2020.
Los artesanos del período protoelamita temprano no tenían comparación con otros en su época; se reconocía la igualdad de la mujer, así como la legitimidad de las diferentes creencias religiosas, y se respetaban las culturas de otras civilizaciones, incluso cuando los elamitas estaban en guerra con ellas.
A continuación, se presentan diez datos importantes sobre los antiguos elamitas, quienes, aunque desaparecieron por completo del registro histórico tras la toma de su último Estado-nación, Elimaida, por el Imperio sasánida en el año 224, dejaron huella en la historia con sus contribuciones a la cultura persa.
La escritura lineal elamita, que documenta su historia entre el 3200 y el 2700 a.C., fue descifrada entre 2017 y 2020. Su lengua no tiene parientes conocidos (por lo tanto, se la considera una lengua aislada). Cuando Elam entró en contacto más estrecho con Sumeria y, posteriormente, con Acadia, adoptó la escritura cuneiforme para sus registros y correspondencia. El elamita se siguió escribiendo en cuneiforme desde aproximadamente el 2700 a.C. hasta su desaparición alrededor del 224 d.C. El Imperio aqueménida (circa 550-330 a.C.) utilizó la escritura cuneiforme elamita, y Darío I (el Grande, reinado de 522-486 a.C.) utilizó el elamita como una de las tres lenguas de su famosa inscripción de Behistún. Antes de 2020, se desconocían los acontecimientos del período protoelamita, pero ahora que se ha descifrado la escritura, se podrá profundizar en la historia de Elam.
Un ejemplo de lo que se perdió anteriormente debido a la escritura no descifrada es la relación entre Elam y Sumeria durante este período y los acontecimientos que condujeron a la primera guerra documentada en la historia. Alrededor del 2700 a.C., el rey sumerio Enmebaragesi, de la ciudad-Estado de Kish, lanzó una campaña contra Elam, obtuvo una gran victoria y llevó el botín de vuelta a Sumer. Este evento se conoce por la Lista real sumeria, famosa por sus breves entradas, y no se detalla en ningún otro lugar. Comprensiblemente tras haber perdido la guerra, los elamitas no sintieron una gran necesidad de registrarlo en cuneiforme. Sin embargo, es posible que lo hayan plasmado en su propia escritura, y tal vez salga a la luz un relato ahora que ha sido descifrada.
Obra de arte completamente única
Las primeras obras de arte elamitas también carecen de una narrativa escrita que las acompañe, lo que podría arrojar luz sobre los orígenes de sus novedosas creaciones artísticas. La cerámica, la joyería, las impresiones y la metalistería del período protoelamita no corresponden a ninguna otra civilización de la región ni, de hecho, del mundo de esa época. Los estudiosos han observado cómo otras civilizaciones de la época —sumeria, acadia, egipcia, etc.— priorizaban las figuras humanas en su arte o antropomorfizaban animales (por ejemplo la práctica egipcia de combinar la cabeza de un gato con el cuerpo de una mujer para representar a la diosaBastet), mientras que los elamitas hacían de los animales el centro de su arte. En relieves hallados en Susa aparecen animales, especialmente perros, en lugar de seres humanos, posiblemente como figuras humanas en la representación de una leyenda o mito. Entre las obras de arte más famosas de este período se encuentra la pieza conocida como «toro arrodillado sosteniendo vasija», creada alrededor del 3100 en torno a 2900 a.C. La pieza es un toro de plata cuidadosamente elaborado, arrodillado, con una túnica ornamentada, que sostiene lo que parece ser una copa. Tras el contacto cercano de Elam y Sumeria, su arte reflejó la nueva relación y perdió su originalidad, aunque aún exhibe un alto nivel de maestría.
Los elamitas construyeron Susa, una de las ciudades más antiguas de la historia mundial, que data de alrededor del 4200 a.C. La evidencia arqueológica confirma la presencia humana en el sitio alrededor del 7000 a.C., con asentamientos continuos desde el 4395 a.C., antes de que la comunidad construyera la ciudad. Fue un importante centro comercial durante el período protoelamita, floreció durante el período elamita medio y recibió especial atención de dos de los reyes más importantes de la historia elamita, Untash-Napirisha (que reinó alrededor del 1275 a 1240 a.C.) y Shutruk-Nahhunte (que reinó entre el 1184 y el 1155 a.C.), quienes hicieron de Susa su capital. La ciudad fue conocida por su impresionante desarrollo en agricultura, cerámica, metalurgia y textiles. Se convirtió en una de las capitales del Imperio aqueménida y siguió siendo un importante centro comercial, industrial y artístico hasta su destrucción por la invasión mongola de 1218 d.C.
Práctica de una religión politeísta
El panteón elamita constaba de 200 deidades distintas, presididas por el dios supremo Napirisha.
La religión elamita era politeísta y, al igual que las religiones de otras civilizaciones antiguas, se centraba en deidades que representaban poderes cósmicos, preocupaciones regionales y fenómenos naturales. Se desconocen los detalles de los rituales y las observancias religiosas, pero se establecieron lugares sagrados en montañas, colinas altas y bosques sagrados. De acuerdo con inscripciones encontradas principalmente en Susa, el enfoque de los rituales era la inmortalidad del alma y el más allá. Los primeros artefactos religiosos sugieren la adoración de una diosa madre que más tarde pudo haberse convertido en la diosa Kiririsha, madre de los dioses y consorte/esposa de los dioses Insushinak y Humban, dioses patronos de Susa y Anshan, respectivamente. El panteón elamita constaba de 200 deidades distintas, presididas por el dios supremo Napirisha (señor de la tierra y la gente), que parece haber sido venerado en mayor o menor grado en diferentes zonas de Elam. Los elamitas también incorporaron deidades mesopotámicas a su panteón, en particular las sumerias, por lo que veneraban a Ea, Enki, Ninhursag, Shamash y otras.
Fomento de la tolerancia religiosa
Estas deidades eran veneradas en toda la vasta región de Elam, que, en la mayor parte de su historia, abarcaba las zonas meridionales del actual Irán y parte de Irak. Sin embargo, no hay evidencia de un culto obligatorio impuesto por una casa gobernante al pueblo, ni siquiera durante el período elamita medio, cuando los gobernantes aplicaron una política de «elamización» del pueblo y fomentaron un estándar cultural y religioso. No existen registros de conflictos religiosos, persecuciones ni disturbios sociales causados por diferentes formas de culto o por la concentración en una sola deidad. Este tipo de tolerancia encontraría su máxima expresión en el mayor proyecto de construcción elamita que aún se conserva: el complejo de templos de Dur-Untash.
Entre los reyes más famosos de los elamitas se encontraba el gran Untash-Napirisha de la dinastía igehalkida (circa 1400-circa 1200 a.C.) durante el período elamita medio, quien construyó el zigurat y complejo de templos de Dur-Untash (también conocido como Chogha Zanbil).Dur-Untash se traduce como «Fortaleza de Untash» (o «Ciudad de Untash») en asirio, mientras que el nombre moderno del sitio, Chogha Zanbil, se traduce como «montículo de cesta» debido a su apariencia de cesta invertida. Originalmente fue concebido como un monumento al dios patrón de Susa, Insushinak, y se construyó un zigurat, que posteriormente fue demolido para hacer realidad una visión aún más grandiosa: un complejo de templos para todos los dioses que acogería a fieles de cualquier región de Elam. El sitio contaba con un gran zigurat central dedicado a Insushinak, con once templos dedicados a otros dioses, rodeados por tres muros concéntricos. Toda la estructura se elevaba cinco niveles hasta una altura de 53 metros (174 pies). El templo de Untash-Napirisha personificaba el valor elamita de la tolerancia religiosa y aún estaba en construcción cuando falleció el rey. Posteriormente, fue abandonado por razones desconocidas y, al parecer, nunca se utilizó.
En la cultura elamita, las mujeres se representan en las obras de arte como iguales a los hombres. Los relieves muestran a mujeres y hombres del mismo tamaño y en una relación de igualdad, que es como los artistas antiguos plasmaban el concepto de paridad. Al comparar el arte elamita con, por ejemplo, los relieves o la estatuaria egipcia, el paradigma se puede reconocer fácilmente, ya que en la obra del arte egipcio se enfatiza constantemente el estatus de una figura por su tamaño. No existen registros escritos (a diferencia de los persas) que describan directamente la igualdad de la mujer, pero el arte elamita da fe de un nivel comparable a la notoria igualdad de las mujeres egipcias y, posteriormente, de las antiguas persas. Entre los mejores ejemplos se encuentra la estatua de la reina Napirasu, esposa de Untash-Napirisha, que la representa con el mismo atuendo real que un monarca masculino. Los sellos cilíndricos también representan figuras masculinas y femeninas, generalmente marido y mujer, como iguales.
Fundación de un imperio
El rey Shutruk-Nakhkunte de la dinastía shutrukida (en torno a 1200 - en torno a 1100 a.C.) comenzó su reinado revitalizando, restaurando y embelleciendo sus ciudades, especialmente Susa, para consolidar la grandeza y el poder de Elam. Posteriormente, emprendió una campaña en Mesopotamia para hacer realidad esa visión. Junto con sus hijos (quienes sirvieron a sus órdenes y más tarde se convertirían en gobernantes de sus propias ciudades) fundó el Imperio elamita. Él se volvió un personaje infame en la historia mesopotámica por saquear la ciudad de Sippar y tomar la estatua del dios Marduk —prestada por Babilonia—, para luego recorrer la región de Babilonia conquistando todas las ciudades-Estado a su paso. Envió el botín de su conquista a Susa, entre ellos algunos de los artefactos más famosos de la historia mesopotámica, como la Estela de la Victoria de Naram-Sin (que celebra la victoria acadia sobre Elam) y la estela de Hammurabi de Babilonia, con la inscripción de su código legal. El Imperio de Shutruk-Nakhkunte no sobreviviría más allá del reinado de su hijo menor debido a las luchas internas entre sus familiares.
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Preservación e influencia en la cultura
A través de sus interacciones con Sumer, Elam absorbió, y luego preservó, algunos de los aspectos culturales más vitales de los sumerios. A partir del período elamita antiguo, los artesanos elamitas comenzaron a incorporar motivos y técnicas sumerias en sus obras. Algunas de las deidades más conocidas del panteón sumerio fueron preservadas por los elamitas, y posiblemente también aspectos de sus rituales, aunque esto es especulativo. Las creencias religiosas, deidades y rituales de los elamitas parecen haber influido en la religión primitiva iraniade la región antes del auge del zoroastrismo, que, por supuesto, adoptó varios de los rituales primitivos para su propio uso. El concepto de espacios sagrados en terrenos elevados era un aspecto tanto de la religión primitiva irania como del zoroastrismo, al igual que las deidades que personificaban poderes cósmicos o naturales. En el zoroastrismo, estas deidades se convirtieron en aspectos del dios único Ahura Mazda, pero, en la religión politeísta anterior de los iranios, parecen haber compartido mucho con las deidades elamitas, así como con las deidades de la civilización del valle del Indo. Cuando Elam fue absorbido por el Imperio aqueménida, su cultura se adaptó a las necesidades y valores persas, lo que continuaría desarrollándose desde aproximadamente el 550 a.C. hasta el 651 d.C., cuando el Imperio persa sasánida cayó ante los árabes musulmanes. Posteriormente, la cultura elamita-persa sería valorada por los conquistadores y se difundiría por todo Oriente Próximo.
Los elamitas fueron actores centrales o secundarios en algunos de los acontecimientos más importantes del Cercano Oriente entre en torno a 2700 a.C. y el 224 d.C., aunque su civilización y sus contribuciones suelen pasarse por alto. En la cúspide de su poder, los monarcas elamitas fueron quienes forjaron reyes. El erudito Marc Van de Mieroop comenta:
Los reyes de Elam recibían correspondencia de Hammurabi de Babilonia, Zimri-Lim de Mari y otros. Se declaraban sus «hijos» en lugar de sus «hermanos», el término habitual al escribirse entre ellos. Para ellos, él era «el gran rey de Elam». Sus ejércitos colocaron gobernantes en tronos tan lejanos como Shubat-Enlil, en el norte de Siria. La fuerza de Elam residía en el tamaño de su Estado y la fuerza humana que podía reunir. A su prominencia contribuía el hecho de que controlaba el flujo de estaño iraní hacia el oeste tras el fin del sistema fluvial de Karum-Kanesh. Este ingrediente crucial para la producción de bronce llegaba al Mediterráneo desde Elam a través de Mari. Elam también mantenía un estrecho contacto con Dilmun en el Golfo Pérsico, por lo que es posible que también monopolizara el acceso a otros recursos y rutas extranjeras.
(pág. 102-103)
Aunque fueron conquistados en numerosas ocasiones a lo largo de su historia, los elamitas perseveraron y mantuvieron su cultura y herencia. Finalmente, su asimilación a los imperios persas no hizo más que impulsar su visión, ya que preservó valores elamitas esenciales. Así como los elamitas habían tomado las obras de arte sumerias y otros aspectos culturales y los habían hecho suyos, los persas se apropiaron de la cultura elamita para su propio uso y, al hacerlo, la preservaron.
Sí. Bajo el reinado de Shutruk-Nakhkunte de la dinastía shutrukida (en torno a 1200 a alrededor de 1100 a.C.), Elam se convirtió en un imperio.
En Elam, ¿eran las mujeres iguales a los hombres?
Sí. Lo sabemos por sus obras de arte, que muestran a mujeres y hombres del mismo tamaño. Si las mujeres se hubiesen considerado inferiores, se las habría representado más pequeñas que a los hombres.
¿Cuál era la religión del antiguo Elam?
La religión del antiguo Elam era politeísta e incluía la veneración de una diosa madre.
¿Quién preservó la cultura elamita?
La cultura elamita se preservó gracias tanto a los persas aqueménidas como a las tablillas cuneiformes procedentes de Mesopotamia.
Mi interés por el pasado me llevó a colaborar como asistente en la restauración de arte sacro en el Templo de la Quinta Aparición Guadalupana y a ofrecerme como voluntario para la transcripción de documentos históricos para The Smithsonian Institutition.
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 02 octubre 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.