El Imperio sasánida (224-651 d.C.) constituyó la máxima expresión de la cultura persa en el mundo antiguo. Se inspiró deliberadamente en el anterior Imperio aqueménida (en torno a 550-330 a.C.), que estableció la supremacía persa en la región y desarrolló innovaciones en materia de gobierno, agricultura, arte y arquitectura persas y religión.
Los seléucidas empezaron a perder territorios en el oeste frente a Roma a partir del año 190 a.C., pero los partos ya habían estado realizando incursiones en su reino mucho antes y establecieron el Imperio parto (247 a.C.-224 d.C.), que acabaría sustituyendo a los seléucidas. Los partos conservaron algunos aspectos del Imperio aqueménida, pero en algunos aspectos significativos se alejaron bastante, como por ejemplo con la descentralización del gobierno y la reforma del ejército ya que las técnicas bélicas partas giraban en torno a la caballería en lugar de la infantería.
Hasta los últimos 100 años del imperio, los reyes sasánidas mantuvieron la visión de su fundador, aunque ellos mismos no hicieran ninguna contribución duradera.
En el año 224, los partos cayeron ante los sasánidas, quienes se inspiraron en los tres imperios anteriores para forjar el suyo propio, pero, principalmente, tomaron los mejores aspectos del Imperio aqueménida y los adaptaron a su propio uso y época. No todos los monarcas sasánidas fueron modelos de realeza, ni mucho menos, pero, hasta los últimos 100 años del imperio, mantuvieron la visión de su fundador, Ardacher I, incluso cuando ellos mismos no hicieron ninguna contribución duradera. No obstante, algunos de ellos mejoraron esa visión en gran medida para crear una de las entidades políticas y sociales más impresionantes de la época, cuya influencia se sentiría en culturas posteriores.
A continuación se presenta una lista de los reyes sasánidas con un breve comentario sobre su reinado. Después de Ardacher I, los más destacados son Sapor I, Sapor II, Bahram V, Kavad I y Cosroes I. Tras el reinado de Cosroes I, el imperio se deterioró a causa de las luchas internas entre los nobles y las guerras con el Imperio bizantino (330-1453), lo que lo debilitó hasta el punto de carecer de los recursos y la imaginación necesarios para resistir la invasión de los árabes musulmanes en el siglo VII.
Monarcas desde Ardacher I hasta Sapor II (224-379)
Ardacher I (que reinó de 224-240) fue un general del ejército parto que lideró la revuelta que derrocó al Imperio parto. Después, fundó el Imperio sasánida (llamado así por su antepasado Sasan), derrotó al Imperio romano en varias batallas, amplió sus territorios e inició políticas y desarrollos culturales, arquitectónicos y religiosos que establecieron la visión del imperio.
Sapor I (que reinó de 240-270), hijo de Ardacher I, continuó y mejoró sus políticas, como convertir el zoroastrismo en la religión oficial del Estado, introducir innovaciones arquitectónicas y centrarse en las unidades de caballería en la guerra persa. Sapor I salió victorioso en casi todas las batallas contra Roma, capturó al emperador romanoValeriano (que reinó de 253-260) y empleó a los prisioneros de guerra romanos en trabajos forzados. Bajo su reinado, se amplió la política persa de tolerancia religiosa, el maniqueísmo se desarrolló en gran medida en su corte, de mano del profeta Mani (216-274), y se intensificó el proceso para recoger por escrito del Avesta (las escrituras zoroástricas).
Ormuz I (que reinó de 270-271), hijo de Sapor I, gobernó durante casi un año antes de ser sustituido por su hermano Bahram I. Mantuvo las políticas de su padre, haciendo especial hincapié en limitar el poder de los magi (clase sacerdotal) y la nobleza, lo que muy probablemente condujo a su destitución y asesinato; aunque, supuestamente, murió por causas naturales.
Además de por las persecuciones de los maniqueos, Bahram I es conocido sobre todo por enemistarse con Roma al prometerle ayuda militar a su adversaria, la reina Zenobia.
Bahram I (que reinó de 271-274) se deshizo de las políticas anteriores, en particular la tolerancia religiosa, y mandó ejecutar a Mani, quemar las obras maniqueas y dispersar a los maniqueos. Estaba casi por completo bajo el control de los magi y la influencia de los nobles y, además de las persecuciones maniqueas, es conocido por enemistarse con Roma al prometerle ayuda militar a su adversaria, la reina Zenobia de Palmira (en torno a 240), promesa que nunca llegó a cumplir.
Bahram II (que reinó de 274-293), hijo de Bahram I, también estaba bajo el control de los magi y los nobles. Fue un monarca indeciso que perdió Armenia a manos de los romanos y permitió que los magi continuaran con la persecución de los maniqueos.
Bahram III (que reinó en 293), hijo de Bahram II, resultó ser tan ineficaz en todos los aspectos que su tío abuelo Narseh lo derrocó tras reinar apenas cuatro meses.
Narseh (también conocido como Narses, que reinó en 293-302) estabilizó el imperio y reconquistó Armenia, con lo que ya a principios de su reinado demostró ser el primer líder militar eficaz desde Sapor I. Sin embargo, fue derrotado por el ejército romano en 297 y obligado por Diocleciano (que reinó de 284-305) a firmar el Tratado de Nisibis, que cedía territorios sasánidas a Roma y modificaba la frontera entre los imperios, de modo que la capital sasánida, Ctesifonte, quedaba a poca distancia de las fuerzas bizantinas. Se sintió tan humillado por la derrota que abdicó en favor de su hijo Ormuz II.
Ormuz II (que reinó de 302-309) parecía tan intimidado por la derrota de su padre que no emprendió ninguna acción militar contra Roma ni contra nadie más durante su reinado. Practicó una política de conciliación con los nobles, los magi y las tribus de las fronteras orientales, lo que logró mantener unido el imperio, pero no supuso ningún avance. Fue asesinado mientras cazaba, muy probablemente por la nobleza, aunque una versión posterior de su muerte afirma que cayó noblemente en batalla contra los invasores árabes.
Adur Narseh (que posiblemente reinó en el año 309), hijo de Ormuz II, pudo haber reinado brevemente tras la muerte de su padre, aunque no está del todo claro. Los nobles lo mataron a él y a uno de sus hermanos, y encarcelaron a otro (Ormuz), quien más tarde se escaparía al Imperio bizantino.
Sapor II (que reinó de 309-379) era el hijo pequeño de Ormuz II, coronado rey por los nobles poco después de su nacimiento. Durante los primeros 16 años de su vida, el imperio estuvo administrado por nobles ineficaces que permitieron que los invasores árabes se apoderaran de territorios sasánidas importantes. Sapor II tomó el control al alcanzar la mayoría de edad, expulsó a los árabes del imperio y llevó a cabo campañas en sus tierras para ampliar las suyas, derrotó a los romanos y expandió sus territorios hacia el este. Derrotó y mató al emperador Juliano (que reinó de 361-363) y obligó a Joviano (que reinó de 363-364) a firmar el tratado por el que la Mesopotamia romana se cedía a los sasánidas. Completó la transcripción del Avesta y, salvo por la persecución de los cristianos, a quienes consideraba agentes de Roma, mantuvo la política anterior de tolerancia religiosa.
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Monarcas desde Ardacher II hasta Cosroes I (379-579)
Ardacher II (que reinó de 379-383), hermano de Sapor II, aceptó gobernar tan solo hasta que el joven hijo de Sapor II alcanzara la mayoría de edad. Se ganó la antipatía de la nobleza con políticas que favorecían a las clases bajas, pero debilitó la cohesión del imperio con la persecución de los cristianos. Fue destituido por la nobleza y sustituido por Sapor III.
Sapor III (que reinó de 383-388) logró negociar un acuerdo pacífico con Roma respecto a Armenia, pero poco más consiguió.
Bahram IV (que reinó de 388-399), hijo de Sapor III, revivió las políticas de Ardacher II de ganarse a las masas a expensas de la nobleza, pero, incapaz de equilibrar su gobierno, acabaría alienando a ambos. Repelió una invasión de los heftalitas (hunos) en 395, pero era tan impopular que al final lo asesinaron ropias tropas.
Yezdegard I ( r. 399-420), hermano de Bahram IV, estabilizó el imperio y está considerado uno de los mejores entre los reyes sasánidas menos impresionantes. Fue un diplomático de talento que forjó buenas relaciones con Roma y mejoró la economía sasánida manteniendo la paz con sus vecinos. Al principio restableció la tolerancia religiosa, pero, bajo la presión de los magi y los nobles, cedió y persiguió brutalmente a los cristianos por predicar contra el zoroastrismo. Sin embargo, la nobleza no consideró que estos fuerzos fueran suficientes y acabó asesinándolo.Tras su muerte, su hijo Sapor IV también fue asesinado, al igual que el primo de Sapor, Cosroes, y el imperio se tambaleó al borde de la guerra civil antes de que su hijo Bahram V tomara el poder.
La legendaria figura de Bahram V ha eclipsado los aspectos más débiles de su reinado, y principalmente se le recuerda como un gran arquero, cazador y guerrero.
Bahram V (que reinó de 420-438) fue un líder carismático cuyo reinado se convirtió en leyenda. Ocupa un lugar destacado en la gran epopeya persa Shahnameh (escrita hacia el año 1010). Bahram V fue capaz de controlar a los nobles y a los magi, ya que era un zoroastriano estricto y les exigía el mismo nivel de conducta que se imponía a sí mismo. Derrotó a los heftalitas y aseguró sus fronteras orientales, pero su reinado se vio empañado por las persecuciones a los cristianos y una guerra sin sentido con Roma a raíz de su exigencia de que el Imperio bizantino devolviera a todos los cristianos que habían huido de Persia. Puso fin a la guerra con un tratado que garantizaba la paz durante cien años, lo que estabilizó el imperio hasta después de que su hijo llegara al poder. Su legendaria personalidad ha eclipsado los aspectos más débiles de su reinado y se le recuerda principalmente como un gran arquero, cazador y guerrero.
Yezdegard II (que reinó de 438-457), hijo de Bahram V, fue un monarca religioso, estudioso y culto que habría tenido mejores resultados en una época más pacífica. Su reinado se dedicó casi por completo a las guerras con Roma y los heftalitas, y a la persecución de los cristianos, a quienes acusaba, al igual que su padre, de ser espías romanos que socavaban la autoridad zoroástrica. A su muerte, sus hijos Ormuz III y Peroz I se enfrentaron por la sucesión, cada uno reivindicando la legitimidad desde una región diferente, mientras que la esposa principal de Yezdegard II, Denag, gobernaba como regente desde Ctesifonte.
Ormuz III (que reinó de 457-459) era el hijo mayor de Yezdegard II y su heredero legítimo, pero al tomar el poder se enfrentó a la oposición de su hermano menor, Peroz I, y se desató una guerra civil que desestabilizó el imperio con tres centros de poder distintos que administraban el Gobierno persa. Ormuz III fue derrotado y asesinado por su hermano, quien luego ocupó el trono.
Peroz I (que reinó de 457-484) sometió a los kidaritas de Bactria, pero, para ello, se alió con los heftalitas, quienes luego los sustituyeron y se volvieron contra Peroz I. A continuación, pasó la mayor parte de su reinado en guerras infructuosas contra los heftalitas, quienes lo derrotaron repetidamente gracias a tácticas, estrategias y armamento superiores. Gobernó el imperio durante una hambruna de siete años y probablemente se lo recordaría mejor de no ser por las tres guerras contra los heftalitas. Murió en combate durante el tercer conflicto.
Balash (que reinó de 484-488), hermano de Peroz I, le sucedió e intentó levantar un ejército para vengar su muerte y neutralizar la amenaza heftalita. Sin embargo, todos los recursos se habían agotado a causa de las guerras, y se vio obligado a aceptar el pago de un cuantioso tributo anual a los heftalitas, que no se levantaría hasta el reinado de Cosroes I (531-579). Su incapacidad para negociar mejores condiciones de paz volvió a los nobles en su contra y fue destronado en 488.
Kavad I (que reinó en 488-496 y en 498-531), hijo de Peroz I, había sido rehén en la corte heftalita durante las guerras y más tarde utilizó esta experiencia en beneficio propio. Derrotó a los jázaros, muy probablemente utilizando estrategias heftalitas, aseguró sus fronteras y estabilizó el imperio. En un intento por frenar el poder de los magi y la nobleza, se alineó con el movimiento sociorreligioso del mazdaquismo (esencialmente una forma primitiva de comunismo con un enfoque religioso) al tiempo que instauraba una reforma fiscal. Los magos y los nobles respondieron encarcelándolo y sustituyéndolo por su hermano Jamasp (que reinó de 496-498). Kavad I escapó, solicitó la ayuda de los heftalitas y recuperó su trono. Reformó aún más el sistema tributario, el Gobierno y el ejército, y salió victorioso en sus enfrentamientos con el Imperio bizantino. Proporcionó una base estable y próspera para su hijo y sucesor, Cosroes I.
Cosroes I (que reinó de 531-579) está considerado como el más grande de los reyes sasánidas. Reformó aún más el ejército, el Gobierno y las tradiciones religiosas, expandió sus territorios, desarrolló las artes y las ciencias, y se embarcó en proyectos de construcción a gran escala. Bajo su reinado se completó la labor de transcribir el Avesta y se amplió el comentario sobre el mismo. Los griegos lo consideraban la encarnación de la visión platónica del rey filósofo, ya que gobernaba con justicia y sabiduría e invitaba a su corte a eruditos, filósofos y líderes religiosos de diferentes confesiones. Al final de su reinado, había elevado al imperio hasta un apogeo que nunca volvería a alcanzar.
Monarcas desde Ormuz IV hasta Yezdegard III (579-651)
Ormuz IV (que reinó de 579-590), hijo de Cosroes I, continuó con las políticas de su padre y, en un principio, tuvo un reinado exitoso, pero se enfrentó al desafío de un popular general, Bahram Chobin (muerto en torno a 591), que contaba con el respaldo de un contingente de nobles poderosos. Estos lo derrocaron y murió a manos de su hijo, quien tomó el nombre de Cosroes II.
El reinado de Cosroes II marca el principio del fin del Imperio sasánida.
Cosroes II (que reinó de 590-628) también tuvo que enfrentarse a Chobin, así huyó a Constantinopla, donde logró el respaldo del emperador bizantino Mauricio (que reinó de 582-602), quien le ayudó a recuperar su trono y a deshacerse de Chobin a cambio de grandes concesiones en territorios sasánidas y fortalezas estratégicas. Cosroes II mantuvo la paz con los bizantinos mientras Mauricio fue el emperador, pero, tras su asesinato en 602, Cosroes II le declaró la guerra a su sucesor. Al principio, estas guerras se desarrollaron a favor de Cosroes, pero al final en 628 lo derrotó el emperador Heraclio (que reinó de 610-641). Las guerras agotaron al Imperio sasánida, privándolo de generales y soldados bien entrenados, además de agotar el tesoro. De hecho, el reinado de Cosroes II marca el principio del fin del imperio. Fue destronado y encarcelado por su hijastro Sheroe (también conocido como Shiroe), quien tomó el nombre de Kavad II al subir al trono.
Kavad II (que reinó en 628) comenzó su reinado asesinando a sus hermanos, hermanastros y medio hermanos, destruyendo de hecho el futuro de la Casa Real de los Sasánidas, antes de matar a su padre en prisión. Gobernó solo unos meses antes de morir a causa de la plaga que recibió su nombre: la peste de Sheroe.
Ardacher III (que reinó de 628-629) era el hijo de siete años de Kavad II, de manera que la administración de su reinado recayó en manos del visir Mah-Adur Gushnasp (también conocido como Mehr Hazez), de quien se dice que gobernó con sabiduría. Tanto el joven príncipe como el visir fueron asesinados en un golpe de Estado que elevó brevemente al poder al general Shahrbaraz (muerto en 630).
Boran (también conocida como Purandokht, que reinó en 629-631) era hija de Cosroes II y fue la primera monarca del Imperio sasánida. Fue elevada al trono por una facción de la nobleza antes del golpe de Estado de Shahrbaraz y gobernó tras su asesinato. Fue destronada brevemente en favor de su hermana Azarmedukht(que reinó en 630), quien asesinó a un poderoso noble y fue, a su vez, destronada y asesinada por el hijo de este, quien le devolvió el trono a Boran. Inició relaciones pacíficas con los bizantinos e intentó estabilizar el imperio, pero las luchas internas de los nobles y la devastación de la economía y la estructura social debido a las guerras de Cosroes II hicieron imposible cualquier avance significativo. Fue asesinada por una facción política rival, lo que sumió al imperio en una guerra civil que solo se resolvió cuando ambas partes acordaron coronar rey a Yezdegard III, nieto de Cosroes II.
Yezdegard III (que reinó de 632-651) fue el último monarca del Imperio sasánida, quien se pasó la mayor parte de su reinado huyendo de los árabes musulmanes invasores. Tenía ocho años cuando llegó al poder y el Gobierno estaba básicamente en manos del general Rostam Farrokhzad (muerto en 636) y los nobles. El imperio se había visto debilitado por la peste de Sheroe de 627-628 y las incursiones árabes musulmanas comenzaron en serio en 633. En 636, en la batalla de al-Qadisiyya, el ejército sasánida al mando de Rostam fue derrotado y él murió. Yezdegard III organizó otras defensas, en particular en 637 en Jalula y en 642 en Nihavand, pero no contaba ni con los recursos ni con el talento militar del imperio anterior a las guerras de Cosroes II. Finalmente fue asesinado en 651 y, junto a él, el Imperio sasánida cayó en manos de los árabes.
Conclusión
Los supervivientes de la familia real huyeron a través de los montes Pamir hacia China, donde el emperador chino Gaozong de la dinastía Tang (que reinó de 649-683) les concedió asilo, al igual que a futuros refugiados, creando una comunidad persa en la ciudad de Zaranj. El hijo de Yezdegard III, Peroz III (636 - en torno a 679) recibió la ayuda militar de los Tang para luchar contra los árabes, y sus hermanos Narseh II y Bahram VII también la pidieron, al igual que el nieto de Yezdegard III, Cosroes VI, pero el Imperio sasánida estaba acabado y los príncipes en el exilio no disponían de los recursos necesarios para plantearles un desafío serio a los invasores árabes.
Al completar su conquista, los árabes musulmanes suprimieron la cultura persa, convirtieron los templos de fuego en mezquitas, prohibieron el zoroastrismo, quemaron los textos y las bibliotecas, saquearon los palacios y las universidades, y obligaron a convertirse a la población que no había logrado escapar. Con el tiempo, la cultura persa les daría forma a los califatos islámicos y, de hecho, muchos de los avances en ciencia, literatura, arte, arquitectura y matemáticas, que normalmente se atribuyen a los eruditos musulmanes, en realidad fueron desarrollos o ideas anteriores de los persas. El legado del Imperio sasánida siguió influyendo en numerosos aspectos de la cultura árabe musulmana y con el tiempo se expandiría a este y oeste e influiría en otras culturas de todo el mundo.
Cosroes I (531-579) está considerado el más grande de los reyes sasánidas pro sus reformas del Ejército, del Gobierno y la religión, por el desarrollo de las artes y las ciencias y la expansión del Imperio sasánida.
¿Quién fue el primer rey sasánida?
Ardacher I (que reinó de 224-240) fue el fundador del Imperio sasánida y su primer rey.
¿Quién fue el último rey del Imperio sasánida?
Yezdegard III (que reinó de 632-651) fue el último rey del Imperio sasánida.
¿Quién fue la primera monarca del Imperio sasánida?
Boran (también conocida como Purandokht, que reinó de 629-631) fue la primera mujer monarca del Imperio sasánida.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Joshua J. Mark no solo es cofundador de World History Encyclopedia, sino también es el director de Contenidos. Anteriormente fue profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde enseñó historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado extensamente y vivió en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 02 marzo 2020. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.