El África subsahariana fue explorada por expediciones romanas entre el año 19 a.C. y el 90 d.C., muy probablemente con el objetivo de localizar las fuentes de valiosos productos comerciales y establecer rutas para transportarlos hasta los puertos marítimos de la costa del norte de África, minimizando así las interrupciones en el comercio provocadas por los conflictos entre las tribus y los reinos indígenas.
La mayoría de estas expediciones comenzaron como campañas militares, mientras que la última pudo haberse iniciado con el propósito de establecer relaciones comerciales; sin embargo, el objetivo de todas ellas parece haber sido ampliar la presencia romana en África y localizar el origen de los productos comerciales más valiosos.Roma había establecido relaciones comerciales con varios reinos de África, entre los que destacaba Meroe, cuyos comerciantes traían mercancías desde el interior para comerciar en los tres grandes centros romanos de la costa norteafricana (Leptis Magna, Oea y Sabratha), pero el deseo de obtener aún más mercancías y de acceder directamente a ellas impulsó las incursiones romanas en las regiones subsaharianas. Las cinco expediciones fueron:
Estas expediciones llevaron a los romanos a entrar en contacto directo con tribus que nunca antes habían conocido, lo que dio lugar a un intercambio intercultural, a la importación de productos romanos a África y a la exportación de productos africanos a las grandes civilizaciones del Mediterráneo. Aunque los estudiosos europeos de finales del siglo XIX y principios del XX hicieron mucho hincapié en la influencia «civilizadora» de los romanos sobre los «nativos» de África subsahariana, los estudios actuales dejan claro que los pueblos con los que interactuaron los romanos ya contaban con civilizaciones muy desarrolladas y un rico patrimonio cultural. De hecho, el impacto cultural de las expediciones romanas en las culturas subsaharianas aún es objeto de debate entre los estudiosos.
El comercio bereber, cartaginés y romano
El comercio entre los distintos reinos y tribus de África se encontraba bien establecido cuando los fenicios fundaron Cartago, alrededor del año 814 a.C. Los comerciantes africanos llevaban siglos utilizando las rutas comerciales terrestres, las conexiones y los puertos marítimos y, una vez que los cartagineses se afianzaron en el norte de África, contribuyeron a la riqueza, el prestigio y el poder de su ciudad principal y de otras en la región. Las tribus bereberes seminómadas o nómadas de la región ya habían establecido centros comerciales en la costa norteafricana, donde comerciaban entre sí y es posible que exportaran mercancías a otros lugares. Se cree que se trataba de asentamientos modestos que los cartagineses posteriormente tomaron y desarrollaron. No está claro cómo ni con quiénes podrían haber comerciado los bereberes fuera de África, pero lo cierto es que ese comercio ya existía, ya que los cartagineses simplemente se hicieron cargo de los contactos comerciales que los bereberes habían establecido anteriormente. Los académicos R. Oliver y J. D. Fage comentan:
Dado que los fenicios no dudaban en aprovechar cualquier oportunidad comercial que se les presentara, y además de que su destreza mercantil se veía respaldada por técnicas agrícolas avanzadas, incluso el asentamiento costero más pequeño solía convertirse en una metrópolis local donde los miembros de las tribus bereberes podían adquirir ciertos conocimientos sobre un modo de vida más ordenado y sedentario. (54)
Los cartagineses estaban interesados en «civilizar» a los bereberes introduciéndolos a la vida y la cultura urbanas, y parece que lograron su objetivo, ya que los comerciantes bereberes se convirtieron en un elemento fundamental del comercio en las principales ciudades cartaginesas del norte de África. Tras la caída de Cartago a manos de Roma después de la primera guerra púnica (264-241 a.C.), Roma se convirtió en la superpotencia del Mediterráneo y sustituyó a Cartago, se apoderó de sus centros comerciales del norte de África y los transformó en la región conocida como Regio Tripolitania («región de las tres ciudades»), en referencia a Leptis Magna, Oea (la actual Trípoli) y Sabratha.
Después del año 30 a.C., tras la muerte de Cleopatra VII (69-30 a.C.), Roma se apoderó de Egipto y lo incorporó a sus territorios del norte de África. El Egipto romano se convirtió entonces en el «granero» del imperio, cuyo suministro de grano a Roma se complementaba con el comercio de las ciudades de la Regio Tripolitania. El académico John Reader comenta la dependencia de los romanos del comercio con el norte de África:
En esa época, Roma tenía una población de casi un millón de personas… Comunidades urbanas tan grandes requieren un gran suministro de alimentos y deben tener acceso a un sistema agrícola extenso, especialmente a cultivos de granos, que sean muy productivos y relativamente fáciles de transportar y almacenar para su uso futuro… Roma y sus alrededores inmediatos consumían 320.000 toneladas de grano al año —casi 1.000 toneladas al día—, de las cuales más del 60 por ciento (200.000 toneladas) llegaban por mar desde las colonias romanas del norte de África y otras 100.000 toneladas solo de los campos de grano de Egipto. La enorme e incesante demanda de granos de Roma se satisfacía con un mínimo de 800 travesías por el Mediterráneo cada año, en barcos con una capacidad de hasta 1.000 toneladas o más. (201-202)
Roma había establecido relaciones comerciales con el reino de Kush tras las guerras meroíticas (27-22 a.C.), después de lo cual César Augusto (que reinó en 27 a.C. - 14 d.C.) firmó un acuerdo con una de las más grandes candaces de Meroe (reinas de Kush), Amanirenas (que reinó en torno a 40-10 a.C.), y las mercancías meroíticas llegaban a través de rutas terrestres hasta los puertos marítimos de la costa. Desde África Occidental, otros comerciantes también traían sus productos hacia la Regio Tripolitania, pero estas rutas comerciales solían verse interrumpidas por conflictos entre reinos o diferentes tribus.
Se ha sugerido que una de las tribus involucradas en el comercio de esta región eran los garamantes, aunque esta afirmación ha sido cuestionada. Sin embargo, el hecho de que los garamantes estuvieran directamente involucrados en el comercio procedente de África Occidental, es en realidad irrelevante, ya que es seguro que hicieron algo (posiblemente interrumpir el comercio mediante incursiones contra las caravanas) que provocó una respuesta de Roma y condujo a la primera de las expediciones romanas.
Expediciones
Cornelio Balbo – 19 a.C.
En la región se han encontrado monedas romanas y otros artefactos que respaldan la hipótesis de que los hombres de Balbo cruzaron las montañas y exploraron la región.
Lucio Cornelio Balbo (vivió en el siglo I a.C.) fue procónsul de África hacia el año 19 a.C., cuando César Augusto le ordenó sofocar la rebelión de los garamantes, quienes, de alguna manera, estaban interfiriendo con los intereses romanos en la región de Fezán, en Libia. Balbo dirigió a 10.000 legionarios desde Sabratha contra la tribu bereber y los venció. Posteriormente, y tal vez por iniciativa propia o por órdenes recibidas, Balbo envió a varios de sus hombres a explorar la «tierra de los leones», que se encontraba al otro lado de las montañas Hoggar, en la región central del Sáhara. Los hombres de Balbo regresaron con información de un gran cuerpo de agua que ahora se cree que es el río Níger; además, se han encontrado monedas romanas y otros artefactos en la región, lo que respalda la afirmación de que los hombres de Balbo cruzaron las montañas y exploraron la región.
Sin embargo, estas pruebas han sido cuestionadas, entre otros, por el profesor Timothy Insoll, quien argumenta que Balbo fue procónsul solo durante un año y habría tenido poco tiempo para llevar a cabo la campaña contra los garamantes y prolongar su estancia en la región para seguir explorándola (Insoll, 211). Insoll afirma además que no hay pruebas de una presencia romana en la zona que, según se dice, fue explorada en esa época.
Sin embargo, Plinio el Viejo (23-79 d.C.), quien describe con detalle la expedición de Balbo en su Historia natural, sugiere que fue el informe de los hombres de Balbo lo que permitió a Agripa revisar el mapa romano de África, haciéndolo más preciso (Historia natural, VI.209). De hecho, se han hallado en la región artefactos romanos que datan aproximadamente de la época de la expedición de Balbo, pero el pasaje de Plinio se refiere claramente a la campaña de Balbo contra los garamantes y no a otras exploraciones posteriores. Aun así, es probable que el relato de Plinio sobre la expedición de Balbo sea exacto, dadas las pruebas materiales y las expediciones posteriores, que parecen haber tenido algún conocimiento de esta primera expedición.
Suetonio Paulino – 41 d.C.
Cayo Suetonio Paulino (que vivió en el siglo I d.C.) fue nombrado gobernador de Mauretania en el año 41 d.C., poco después de que el berberisco libre Aedemon iniciara su revuelta (en torno a 40-44 d.C.), que se convirtió en una rebelión generalizada de los bereberes contra la ocupación romana. Paulino, junto con el general Cneo Hosidio Geta (en torno a 20-95 d.C.), sofocó la rebelión con un elevado número de víctimas mortales entre los bereberes y la destrucción, total o parcial, de varias ciudades.
En el transcurso de esta campaña, en el año 41 d.C., Paulino condujo a sus hombres a través de la cordillera del Atlas, en el sur de Mauretania. Alcanzó la cima de las montañas tras una marcha de diez días y, según Plinio (V.14), recorrió a continuación una distancia considerable hacia el sur a través de las llanuras para explorar a lo largo de un río denominado Ger y, posteriormente, la zona en torno al río Daras (el actual río Senegal). Las pruebas de la presencia romana en esta región provienen de los artefactis y las monedas descubiertas allí, muchos de ellos en la ciudad de Akjoujt y sus alrededores.
Plinio afirma que Paulino encontró en la región una gran cantidad de la planta conocida como euforbia, que ya había sido identificada anteriormente por el rey Juba II de Numidia y Mauretania (que reinó entre los años 30 y 25 a.C.) como un potente laxante, pero se dan pocos detalles más sobre la expedición. Paulino se haría famoso más tarde como el general que sofocó la revuelta de Boudica en Britania en los años 60/61 d.C., una victoria que eclipsó todo lo que pudiera haber relatado sobre su expedición africana.
Septimio Flaco – 50 d.C.
En el año 50 d.C., un tal Septimio Flaco dirigió una expedición desde Leptis Magna contra una «tribu rebelde» que estaba perturbando el comercio en la región controlada por los garamantes (y es muy probable que se tratara de los propios garamantes, aunque esto no está claro). Tampoco está claro quién era Flaco, ya que no se le identifica con ninguna legión y no hay ninguna mención anterior sobre él. Algunos estudiosos han sugerido que el geógrafo Ptolomeo (100-166 d.C.), quien escribió el relato de la expedición de Flaco al tomar una fuente anterior (Marino de Tiro, que escribió entre los años 107 y 115 d.C.), se equivocó con el nombre o pudo haber omitido información que consideró innecesaria. No obstante, Flaco debía tener cierta experiencia militar para poder comandar una fuerza de combate y dirigirla con éxito contra el grupo de personas que estuviera causando problemas en las regiones del sur.
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Según Ptolomeo, este pueblo había llevado a cabo una serie de incursiones en Leptis Magna, lo que había perturbado el comercio y alterado la paz, por lo que Flaco marchó hacia el territorio de los garamantes y los sometió. A continuación, prosiguió su camino atravesando las montañas del Tibesti hasta llegar a la tierra conocida como Agisymba, situada al norte de una gran masa de agua denominada «el lago de los hipopótamos y los rinocerontes», que se ha identificado como el lago Chad. La expedición de Flaco es la primera de la que se tiene constancia que interactuó de forma prolongada con la población de esta región, pero no se dispone de detalles sobre en qué consistió ese contacto. Los estudiosos coinciden en que Agisymba se encontraba al norte del lago Chad, pero, dado que dicho lago era mucho más extenso en aquella época, se desconoce su ubicación exacta, la extensión de la región y quiénes la habitaban; se supone que estaba controlada por los garamantes.
Valerio Festo – 70 d.C.
Cayo Valerio Festo (fechas desconocidas, salvo el año 70 d.C.) fue el comandante general de la Legión III Augusto y la dirigió contra los garamantes en el año 70 d.C. Festo (según el historiador Tácito, que vivió entre los años 56 y 117 d.C.) marchó contra los garamantes, los derrotó y, posteriormente, siguió la ruta que Balbo había trazado anteriormente para explorar la región hasta el río Níger. Festo se declaró partidario de Vespasiano como emperador en el año 69 d.C., el «año de los cuatro emperadores» (cuando cuatro emperadores de Roma gobernaron en rápida sucesión, culminando con Vespasiano, que reinó entre los años 69 y 79 d.C.), y ya tenía el mando de la legión en África. No hay documentación que atestigüe una orden de Vespasiano, pero, como partidario del emperador, a Festo se le habría concedido permiso para continuar tras someter a la tribu o, tal vez, simplemente siguió adelante por iniciativa propia para resolver problemas relacionados con el comercio.
probablemente fue festo, y no flaco, quien dejó en la región una guarnición de legionarios de la legión iii augusto.
El académico Raffael Joorde señala que los garamantes seguían sin ser conquistados en la época en que Tácito escribía sus Historias (en torno a 109 d.C.), por lo tanto, sea cual sea la naturaleza del conflicto, parece que concluyó bien con un tratado de paz similar al que Balbo firmó tras su campaña, bien porque la iniciativa de Festo se dirigió únicamente contra tribus de la región de los garamantes o contra un grupo criminal cuya represión habría aprobado el rey garamante, ya que parece que Festo contó con el apoyo del rey en sus posteriores viajes, que finalmente le llevaron a la ciudad de Tombuctú, en la región de Malí. Probablemente fue Festo, y no Flaco (como se suele citar), quien dejó en la región una guarnición de legionarios de la Legión III Augusto.
Independientemente de cómo concluyera Festo sus negociaciones con los garamantes, parece que estos mantuvieron relaciones amistosas con Roma por veinte años más, tiempo en el que un tal Julio Materno dirigió una expedición a sus territorios. Como señala Joorde, el problema con las fuentes relativas a esta expedición es que no queda claro quién era Materno ni qué cargo (diplomático, comerciante o comandante militar) tenía. No hay ninguna mención a Materno ni antes ni después de su expedición y los detalles de la propia expedición parecen encajar con cualquiera de las tres posibilidades.
Materno viajó en compañía del rey garamante, por lo tanto, como diplomático, podría haber forjado mejores relaciones políticas; como comerciante, forjado mejores relaciones comerciales; y como general, pudo ayudar al rey a sofocar a los súbditos rebeldes, lo que habría beneficiado a ambos. Fuera quien fuera y ocupara el cargo que ocupara, el éxito de Materno parece haberse basado en los informes de las expediciones que le precedieron. Al igual que Flaco, cruzó (o al menos recorrió) las montañas del Tibesti y exploró Agisymba y, al igual que Festo y Balbo, exploró la región en torno al río Níger.
Ptolomeo sugiere que la expedición de Materno tenía como único objetivo el lucro y lo presenta como un comerciante interesado en las mercancías del interior que se podían obtener sin los «intermediarios» de los garamantes u otros comerciantes que llevaban mercancías a la Regio Tripolitania. Si este es el caso, en esencia no difiere mucho de lo que parece haber sido el objetivo de las expediciones anteriores: encontrar fuentes de oro y otros bienes comerciales valiosos que los romanos pudieran obtener sin tener que lidiar con los comerciantes indígenas y sus diversos conflictos.
Conclusión
También se planificaron, y posiblemente se llevaron a cabo, expediciones marítimas romanas, pero el transporte marítimo entre Roma y el África subsahariana no resultaba tan lucrativo y no se consideraba que mereciera la pena correr el riesgo. El manual marítimo del siglo I d.C. Periplo del mar Eritreo(Una circunnavegación del mar de Eritrea) menosprecia el valor del comercio marítimo con la región y sugiere que se puede ganar más dinero en otros lugares. John Reader comenta:
En una obra de aproximadamente 7.000 palabras, el autor del Periplo dedica tan solo cuatro párrafos, 450 palabras, a la vasta región que se extendía más allá del Cuerno de África. Se enumeran varios puntos de referencia, algunos puertos y un único puerto comercial, Rhapta, que se cree que se encontraba en las proximidades de la actual Dar es Salaam, aunque nunca se han encontrado pruebas de la existencia de dicho puerto. Esta falta de interés por África [en lo que respecta al comercio marítimo] se debió probablemente al hecho de que no era posible equipar y completar un viaje de ida y vuelta a la costa de África Oriental en menos de dos años. (203)
Los viajes por mar entre Roma y el norte de África, por el contrario, podían completarse en menos de un mes, por lo que resultaban mucho más lucrativos y, además, más seguros tanto para los inversores como para la tripulación. Aunque no existe ningún documento definitivo que explique explícitamente por qué se emprendieron las expediciones por tierra, es razonable concluir (basándose en la naturaleza de las campañas militares y en la dependencia romana de los productos africanos) que su objetivo era reforzar el control de Roma sobre bienes valiosos y establecer rutas comerciales directas hacia el interior de África sin que participaran africanos en las transacciones. Sin duda, las rutas marítimas se exploraron con este mismo propósito.
Nunca se menciona a ningún comerciante romano que trajera mercancías desde el interior hasta la Regio Tripolitania, por lo que se desconoce qué lograron finalmente estas expediciones (si es que ese era siquiera su objetivo). Sin embargo, parece claro que los romanos interactuaron en gran medida con la población local (tal y como sugieren no solo los relatos antiguos, sino también las pruebas materiales encontradas en la región), aunque el alcance y la importancia de este contacto siguen siendo objeto de debate.
Profesional en lenguas con estudios literarios. Profesor de castellano, escritor, traductor y entusiasta de la historia. Áreas de interés: literatura, artefactos antiguos, la historia de las religiones, la astrología, la arquitectura, la historia militar y del arte.
Joshua J. Mark es cofundador y director de contenidos de World History Encyclopedia. Anteriormente, se desempeñaba como profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde enseñó historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado extensamente y vivió en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 07 febrero 2020. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.