Anu (también conocido como An) es un dios celeste mesopotámico primitivo, considerado posteriormente como el padre de los dioses y gobernante de los cielos, cargo que posteriormente pasó a su hijo Enlil. Es hijo de Anshar y Kishar (cielo y tierra, respectivamente), el segundo hijo nacido de Apsu y Tiamat.
Originalmente, era una deidad celeste sumeria conocida como An (que significa «cielo»), mencionada por primera vez por escrito durante el Período Dinástico Arcaico (2900-2334 a.C.), y adoptada por los acadios hacia el 2375 a.C. como Anu («cielo»), el todopoderoso.Sargón el Grande de Acadia (que reinó de 2334-2279 a.C.) menciona a Anu e Inanna en sus inscripciones como legitimadores de su gobierno o ayudándolo en sus conquistas a la hora de establecer el Imperio acadio y mantener el orden.
Con gran frecuencia Anu se representa en la iconografía simplemente con una corona sobre un trono, que simboliza su estatus como rey de los dioses. Un honor y una responsabilidad que posteriormente confiere a Enlil, Marduk (hijo de Enki/Ea, el dios de la sabiduría) y Ashur de los asirios, quienes, según se creía, fueron elevados y bendecidos por Anu. Su consorte es Antu (también conocida como Uras, diosa de la tierra), y entre sus numerosos hijos se encuentran los Annunaki (dioses de la tierra y jueces de los muertos),y Nisaba (la diosa sumeria de la escritura y las cuentas). También se lo presenta como el esposo de su hermana Ki (tierra), de quien nace su hijo Enlil.
En muchos mitos, Anu carece de un lugar destacado, a menudo se le menciona como una figura secundaria. Esto se debe a que, a medida que avanzaba la veneración del dios, se volvía cada vez más lejano. Inicialmente era un dios del cielo y uno de los muchos jóvenes nacidos de Apsu y Tiamat. Gradualmente, Anu se convirtió en el señor del paraíso sobre el cielo y el dios que ordenaba y sostenía todos los aspectos de la existencia.
Junto con Enlil y Enki, Anu formó una tríada que gobernaba los cielos, la tierra y el inframundo (en una versión) o, en otra, el cielo, el firmamento y la tierra. También figuraba entre los dioses más antiguos de los Siete Poderes Divinos: Anu, Enki, Enlil, Inanna, Nanna, Ninhursag y Utu-Shamash.
Aunque rara vez es un personaje principal en los mitos, cuando aparece, desempeña un papel importante, incluso cuando este pueda parecer menor. De hecho, se lo menciona en algunos de los más conocidos de Mesopotamia, como Gilgamesh, Enkidu y el Inframundo, la Epopeya de Gilgamesh, el Mito de Adapa y el Enuma Elish.
La epopeya babilónica de la creación, Enuma Elish (en torno a 1100 a.C.), narra el nacimiento de los dioses, la formación del mundo y de los seres humanos. Al principio, solo existen las aguas turbulentas del caos, que se dividen en un principio masculino (Apsu, simbolizado por el agua dulce) y un principio femenino (Tiamat, el agua salada). Estos dan origen a Lahmu y Lahamu (deidades protectoras), y a Anshar y Kishar (quienes engendran a los dioses más jóvenes). Este grupo de jóvenes tiene poco que hacer, así que se divierten de diversas maneras, lo que enfurece a Apsu; el ruido le impide dormir por la noche y lo distraen durante el día. Finalmente, tras consultar con su visir, decide matarlos.
Tiamat escucha la conversación de su esposo y advierte a su hijo (o nieto) Enki del peligro. Tras considerar cuidadosamente sus opciones, Enki infunde en Apsu un sueño profundo y lo mata. Horrorizada, Tiamat reniega de las deidades jóvenes y reune rápidamente un ejército de demonios y monstruos para destruirlos. Ambos grupos se embaten y los jóvenes son derrotados y obligados a retroceder una y otra vez. En ese momento, Anu se ofrece voluntario para hablar con Tiamat e intentar resolver el problema de manera diplomática.
Los dioses parecen tener plena confianza en la capacidad de Anu, pero cuando este se enfrenta a Tiamat, se acobarda y regresa con los demás para informarles de su misión fallida. Sin embargo, el fracaso de Anu contribuye a la victoria final de los jóvenes. Los dioses confiaban en el éxito de Anu, y cuando sus esperanzas se ven frustradas, se dan cuenta de que deben cambiar su forma de actuar; ya no pueden mantener el viejo paradigma de cómo creen que debería funcionar el mundo y deben aceptar el cambio y encontrar una nueva forma de alcanzar su objetivo.
Es en ese momento que Marduk (hijo de Enki) se ofrece como su campeón si lo eligen rey. Marduk derrota a Quingu, el campeón de Tiamat, y la mata, pero no habría sido elegido si Anu no hubiera fracasado en la diplomacia. Así, Anu marca el comienzo del cambio de percepción que permite la victoria final de los dioses. Una vez establecida la paz, Marduk y su padre se dedican a la creación, el mundo y los seres humanos se establecen. Entre los humanos se encuentran algunos especialmente dotados de sabiduría. El primero entre los sabios es Adapa.
Anu en el Mito de Adapa
El Mito de Adapa (siglo XIV a.C.) narra la historia del primer hombre creado por Enki y dotado de la sabiduría del dios. Aunque Enki ama a su hijo, reconoce que no puede darle todo, pues de lo contrario sería como un dios, y por eso le niega el don de la inmortalidad. Adapa posee sabiduría y esta le informa de que, inevitablemente, morirá. Se contenta con servir como rey de la ciudad sagrada de Eridu y sumo sacerdote del templo de Enki. Para servir a su ciudad, sale de caza y pesca en su barca por el mar.
Un día, mientras Adapa navega en su barca, el Viento del Sur se abalanza sobre él y lo empuja hacia la orilla, rompiendo su barca en pedazos y arrojándolo al mar. Enfurecido, Adapa arremete contra el Viento del Sur, le rompe las alas y regresa a casa. La noticia no tarda en llegarle a Anu, quien llama a Adapa para que le explique. No hay indicios de que Anu desee castigar a Adapa, pero Enki (aparentemente temiendo su ira) le da a su hijo instrucciones explícitas sobre cómo comportarse al llegar a los cielos.
Enki le indica cómo saludar y qué decirles a los guardianes Tamuz y Gishida. También le advierte que no coma ni beba nada de lo que le ofrezcan. Enki menciona que Anu está furioso y le ofrecerá la comida y el agua de la muerte junto con aceite para la unción y una túnica limpia; debe aceptar el aceite y la túnica, pero no la comida ni la bebida.
La benevolencia de Anu impregnó a los demás dioses mientras él mismo se alejaba cada vez más alto en los cielos. Finalmente se vería como el maestro creador detrás de todo el funcionamiento del universo.
Cuando Adapa aparece frente a las puertas, saluda a Tamuz y Gishida según las instrucciones de Enki, quienes quedan impresionados y le hablan bien de él a Anu. Dado que el primer consejo resultó ser útil, Adapa sigue los demás. Anu escucha la explicación de Adapa sobre el altercado con el Viento del Sur y ordena que le traigan el alimento y el agua de la vida para que Adapa se vuelva inmortal.
Lo hace porque está impresionado por la sabiduría y la honestidad de Adapa y no puede comprender por qué Enki crearía un ser así y no le permitiría vivir eternamente. Cuando Adapa rechaza la comida y la bebida, Anu, confundido, le pregunta por qué se comporta así. La segunda tablilla de la historia está dañada hacia el final y la tercera está rota, pero parece que Adapa le cuenta a Anu el consejo que le dio Enki y que este, enfadado, lo castiga.
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Parece claro que Enki sabía que Anu iba a ofrecerle a Adapa la vida eterna y lo engaña a propósito para evitarlo. Aunque el texto está dañado en la segunda tablilla, hay evidencia de que esta oferta solo puede hacerse una vez, y cuando Adapa rechaza el regalo, no se le da una segunda oportunidad. La historia es similar al relato bíblico de la caída del hombre en el libro del Génesis 3:22-23. Aunque no se expresa directamente en el mito, el razonamiento de Enki parece similar al de Yahvé en el relato de Génesis, donde, después de que Adán y Eva sean maldecidos por comer del Árbol del Conocimiento del bien y del mal, Yahvé los expulsa antes de que también puedan comer del Árbol de la Vida:
He aquí, el hombre se ha convertido en uno de nosotros, conociendo el bien y el mal; ahora, para que no extienda su mano y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre; por tanto, el Señor Dios lo expulsó del jardín del Edén. (Génesis 3:22-23)
Enki comprende que los seres humanos no pueden ser como los dioses porque eso perturbaría el orden natural. Adapa debe permanecer mortal, debe mantenerse en su lugar, para que la creación funcione como debe. En otra historia, La epopeya de Atrahasis, se establece que los humanos se crean con una vida limitada por voluntad de los dioses. Al ofrecer la inmortalidad a Adapa, Anu altera el orden natural, pero lo hace por compasión; siente que es un perjuicio para Adapa haberlo hecho lo suficientemente sabio como para reconocer su mortalidad, pero incapaz de hacer nada para escapar de la muerte. Esta compasión y comprensión son características de Anu, como se aprecia en el Enuma Elish cuando intenta lograr la paz mediante la negociación diplomática en lugar de una guerra continua.
La más altísima deidad
La benevolencia de Anu imprengó a los demás dioses mientras él mismo se alejaba cada vez más alto en los cielos. Al final se entendenría como el maestro creador detrás de todo el funcionamiento del universo, pero distanciado tanto de la humanidad como de los demás dioses. La única deidad que tenía acceso a Anu era su hijo Enlil, quien gradualmente asumió las características y el poder de su padre.
Sin embargo, incluso después de que Enlil se hiciera más popular, Anu continuó siendo venerado en toda Mesopotamia. En la ciudad de Uruk (donde Inanna era la deidad patrona) Anu era honrado por un gran templo-zigurat que continuó funcionando desde aproximadamente el 2000 a.C. hasta aproximadamente el 150 a.C. y sirvió como biblioteca y observatorio astronómico. Un himno a Anu de principios de este período ilustra la alta estima que se le tenía. Parte del himno reza:
Oh, Príncipe de los dioses, cuyas palabras gobiernan a la obediente compañía de los dioses; Señor de la corona de cuernos, que es maravillosamente espléndida; viajas de aquí para allá en la furiosa tormenta; te encuentras en la cámara real para ser admirado como un rey.
A tu palabra, los dioses se arrojan al suelo en un cuerpo como una caña en el arroyo; ordenan golpes como el viento y hacen que la comida y la bebida prosperen; Al oír la palabra, los dioses airados regresan a sus moradas.
Que todos los dioses del cielo y de la tierra se presenten ante ti con ofrendas y regalos; que los reyes de los países te traigan cuantiosos tributos; que los hombres se presenten ante ti a diario con sacrificios, oraciones y adoraciones.
Muestra abundante favor a Uruk, tu ciudad; oh gran dios Anu, venga tu ciudad en tierras hostiles. (Wallis Budge, pág. 106-107)
Aunque con el tiempo se le invocaba directamente cada vez menos, seguía siendo considerado el poder tras el poder de los dioses. Se siguieron llevando ofrendas a su complejo de templos en Uruk mucho después de que ya no estuviera estrechamente vinculado a la vida cotidiana del pueblo. El erudito Stephen Bertman escribe:
Anu era el augusto y reverenciado «presidente de la junta» del panteón mesopotámico. Su nombre significaba literalmente «cielo». Era la fuente suprema de autoridad entre dioses y hombres, a quienes confería la realeza. Como gran patriarca del cielo, impartía justicia y controlaba las leyes conocidas como el meh, que regían el universo. (pág. 116)
Tras la caída del Imperio asirio en 612 a.C., muchos de los dioses mesopotámicos asociados a su dominio se abandonaron. Los asirios habían adoptado características de diversos dioses (el mejor ejemplo es su gran dios Assur/Ashur), y quienes sentían haber sufrido bajo el dominio asirio desahogaban su frustración y venganza en las ciudades, templos y estatuas asirias de los dioses.
Sin embargo, algunos dioses continuaron siendo reconocidos, y Anu se encontraba entre ellos. El culto a Anu continuó durante el período helenístico de la historia mesopotámica y, a través de su asociación con Marduk, hasta alrededor de 141 a.C., cuando los partos tomaron el control de la región y el zoroastrismo se extendió.
Anu era el dios celeste mesopotámico, originalmente conocido como An por los sumerios. Era el poder que se ocultaba tras el de los demás dioses mesopotámicos y residía en lo alto de los cielos.
¿Por qué es famoso Anu?
Anu desempeña un papel secundario en muchos mitos mesopotámicos, pero es central en el Mito de Adapa, en el que ofrece a la humanidad la vida eterna, la cual es rechazada. También desempeña un papel fundamental en el mito babilónico de la creación, Enuma Elish.
¿Fue Anu uno de los siete poderes divinos de la religión mesopotámica?
Sí. Los siete poderes divinos eran Anu, Enki, Enlil, Inanna, Nanna, Ninhursag y Utu-Shamash.
¿Cuánto tiempo fue adorado Anu en Mesopotamia?
Anu fue adorado desde al menos el año 2900 a.C. hasta aproximadamente el año 141 a.C.
Mi interés por el pasado me llevó a colaborar como asistente en la restauración de arte sacro en el Templo de la Quinta Aparición Guadalupana y a ofrecerme como voluntario para la transcripción de documentos históricos para The Smithsonian Institutition.
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 20 enero 2017. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.