La crucifixión fue un castigo practicado por varias culturas antiguas, pero más adoptado por la República romana y luego por el Imperio romano. La crucifixión era un método de colgar o suspender a alguien sobre la combinación de postes verticales y horizontales hasta que la persona muere. En la teología y ritual cristianos, el juicio y crucifixión de Jesús de Nazareth son icónicos tanto por su sufrimiento físico, como por la forma en la que su crucifixión y posterior resurrección de entre los muertos transformó la vida de los creyentes.
Orígenes
Sigue siendo difícil de rastrear el origen y evolución de esta práctica. Los ejemplos más antiguos son los castigos para prisioneros de guerra. Luego se amplió para crímenes específicos, la mayoría de las veces, el crimen de la traición o conspirar contra el monarca o el trono actual.
El propósito de este castigo insoportable era enfatizar la crueldad y el terror que les esperaba a los prisioneros y rebeldes.
El antiguo Egipto utilizó un proceso conocido como empalamiento. El cuerpo era atravesado por una estaca puntiaguda, perforando los órganos, lo que llevaba a una muerte instantánea. El carácter jeroglífico para denotarlo era un dibujo del acto con la frase «acertaren la madera». Esta práctica se menciona durante los reinados de Sebekhotep II, Akenatón, Seti y Ramsés IX. Merenptah (1213 - 1203 a.C.) «hizo que pusieran a gente en una estaca» al sur de Menfis.
En la región de la antigua Mesopotamia (imperios posteriores de Asiria, Babilonia y Persia) existe un proceso similar. Cuando el rey de Asiria, Senaquerib, conquistó la ciudad israelita de Laquis en 701 a.C., sus representaciones en la pared mostraban a los prisioneros colgados en un poste, donde el poste les atravesaba las costillas. El propósito de este terrible castigo era enfatizar la crueldad y el terror que les esperaba a los prisioneros y rebeldes.
Durante el Imperio aqueménida, el Libro de Ester, relata como Ester salva a su pueblo del pogromo planeado contra los judíos de Hamán, con la ironía de la muerte que él había planeado para ellos:
El rey Jerjes le respondió a la reina Ester y a Mardoqueo el judío: Porque Hamán atacó a los judíos, les di su estado a Ester, y ellos lo empalaron con el poste que instaló. (Ester, 8:7)
El uso del empalamiento por parte de los fenicios (Canaán y Líbano) se trasladó a las colonias comerciales que se establecieron alrededor del mar Mediterráneo.
Las conquistas de Alejandro Magno (336 - 323 a.C.) trajeron un cambio paradigmático a la región del Mediterráneo oriental. La cultura griega, el gobierno, idioma, religión y filosofía se utilizaron en todo momento, incluyendo adaptaciones de los judíos. A menudo, los griegos se oponían al empalamiento en algunas de sus obras literarias, pero Heródoto relató que un general persa fue ejecutado en el año 479 a.C., y que luego este acto se convertiría en el estándar: «lo clavaron a una tabla y lo colgaron» (Historias, IX.120-122). Se dice que fue el propio Alejandro, quién empaló a 2.000 prisioneros en su asedio a la ciudad fenicia de Tiro.
Es en estos escritos posteriores donde vemos el problema del lenguaje y la traducción. El griego antiguo utilizaba dos palabras: anastauroo («un poste de madera») y apotumpanizo («empalar en una tabla»). En las adaptaciones al latín, crux («árbol o estructura de madera para colgar a los criminales ejecutados») se combinó para dar lugar al término «crucifixión» que entonces se refería a una cruz específicamente. El problema es que los manuscritos conservados tanto de las escrituras judías como del Nuevo Testamento utilizan el término «crucifixión» sin distinguir si se trataba de empalamiento o de una forma posterior que evolucionó. Por ejemplo, Deuteronomio 21:22-23 señala:
Si alguien, culpable de un delito capital, es condenado a muerte y su cuerpo es expuesto en un poste, no debes dejar el cuerpo colgado en el poste toda la noche. Asegúrate de enterrarlo ese mismo día, porque cualquiera que sea colgado en un poste está bajo la maldición de Dios. No debes profanar la tierra que el Señor Dios te da como herencia.
Las escrituras griegas (la Septuaginta) utilizaron «crucifixión» para referirse a «colgado en un poste». Tanto Pablo (en Gálatas) como los evangelistas utilizaron este pasaje como una predicción profética de los acontecimientos relacionados con la muerte de Jesús.
Hay una historia en Antigüedades judías de Flavio Josefo sobre uno de los reyes asmoneos, Alejandro Janneo (rey de Judea entre 103 y 76 a.C.). Al apoyar a los saduceos con los rituales adecuados en el Templo, se enemistó con la emergente secta de los fariseos. Este fue también un período de disturbios civiles, los fariseos apoyaban a los enemigos de Janneo. Durante la festividad judía de Sucot:
Siguiendo el consejo de un saduceo llamado Diógenes, ordenó que en un solo día se crucificara a 800 fariseos capturados. Este acto monstruoso se vuelve aún más horrible por la legendaria afirmación de que ordenó que las esposas e hijos de los condenados fueran ejecutados ante sus ojos, mientras él, rodeado de cortesanos y cortesanas que festejaban, disfrutaba del sangriento espectáculo. (XIII, 356-83)
Crucifixión romana
Roma absorbió y adoptó muchos conceptos y prácticas de las provincias. Conocemos de las crucifixiones romanas gracias a los escritos de Cicerón, Plauto, Séneca, Tácito y Plutarco. Una de las ocasiones más infames fue cuando Marco Craso castigó a los sobrevivientes de la rebelión de esclavos liderada por Espartaco (73-71 a.C., tercera guerra servil.). Craso ordenó que se crucificara a unos 6.000 esclavos a ambos lados de la Vía Apia (desde Nápoles hasta Roma). Sus cuerpos fueron abandonados allí en estado de descomposición para enfatizar lo que les sucedía a los rebeldes.
El sistema penal romano reconocía diferentes clases y el estatus de cada una de ellas. Los ciudadanos y las clases altas eran ejecutados mediante decapitación por delitos graves (entre los que se incluía la traición). Las clases más bajas, dependiendo del delito, eran condenadas a pagar multas, pero si eran declaradas culpables de asesinato o traición, el Gobierno romano las ejecutaba en las arenas, como parte de los juegos venatio (cacerías de bestias salvajes). Con la presencia de animales salvajes (leones, panteras, osos), estos se convirtieron en los verdugos. Los delitos cometidos por los esclavos se castigaban con la crucifixión. Existía la suposición tácita de que un esclavo era más traidor que los demás. La ley romana establecía que si un esclavo mataba a su amo o ama, toda la servidumbre debía ser crucificada, bajo la premisa de que ninguno de ellos reveló el complot, por lo que debía tratarse de una conspiración. A menudo considerada por algunos como un desperdicio de recursos y propiedades, este tipo de ejecución era poco común.
También existe la historia de Julio César (100-44 a.C.), cuando fue secuestrado por piratas en el antiguo Mediterráneo. Mientras esperaba el pago de su rescate, les dijo que volvería y los crucificaría a todos y así lo hizo. Los piratas secuestradores tenían como objetivo a los magistrados romanos para obtener rescate; esto se consideraba traición, por lo que el castigo era la crucifixión.
El proceso
Según la literatura romana y las descripciones de las provincias, la crucifixión era una práctica habitual. Había equipos militares especial dirigidos por un centurión y, en provincias, los soldados eran seleccionados entre los auxiliares locales (nativos que se habían unido al Ejército romano). A la víctima se la desnudaba y luego se la azotaba (flagelaba). Como parte de la humillación pública, se le llevaba por las calles y permanecía desnuda. El arte cristiano representa a Jesús con un taparrabos decente en la cruz, pero la desnudez se mantenía como parte de la humillación. Había una placa pública (titulus) que indicaba el delito. El derramamiento de sangre y el concepto de contaminación del cadáver hacían que las ejecuciones se llevaran a cabo fuera de las murallas de la ciudad. El lugar más popular era uno de los caminos principales que conducían a la ciudad. Esto también servía como propaganda para demostrar la ley y el orden romanos.
La víctima no cargaba con toda la cruz, sino solo con el travesaño.
Estos campos de exterminio tenían postes permanentes en posición vertical. La víctima no cargaba con toda la cruz, sino solo con el travesaño. El poste y el travesaño juntos pesaban aproximadamente entre 135 y 180 kg (300-400 libras). Después de la flagelación (el trauma y la pérdida de sangre), existía el riesgo de que la víctima muriera antes de llegar al lugar de la ejecución. La necesidad de mantener viva a la víctima llevó a las legiones a reclutar a alguien de entre la multitud para ayudar a llevar el travesaño cuando la víctima sucumbía. Este es el papel de Simón de Cirene en las versiones del Evangelio.
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Al llegar, ataban o clavaban a la víctima a la viga transversal, que luego se izaba y se conectaba al poste vertical (con escaleras y poleas). Tenemos pruebas del uso de clavos procedentes de varias fuentes. Se trataba de clavos de hierro cónicos de entre 13 y 18 cm (5-7 pulgadas) de largo. La aplicación de los clavos variaba. Séneca informó de que algunos estaban colgados boca abajo o con los brazos extendidos a ambos lados. Josefo informó de que vio víctimas de crucifixión en el asedio de Jerusalén (70 d.C.), donde los soldados las colocaban en diversas posturas para divertirse, movidos por la ira y el odio. Algunas personas recogían los clavos como amuletos mágicos.
A pesar de la iconografía del arte renacentista posterior, los clavos no se colocaban en las palmas de las manos. En el Evangelio de Juan, cuando Tomás, el incrédulo, no creía que Jesús hubiera resucitado y quería ver sus «manos», la palabra griega para «mano» significaba cualquier parte desde la punta de los dedos hasta el codo, pero la interpretación literal se incorporó al arte. Hace varios años, historiadores y científicos comenzaron a realizar experimentos con cadáveres para comprender plenamente cómo moría una víctima de la crucifixión. Rápidamente se hizo evidente que clavar los clavos en las palmas de las manos provocaría que el peso del cuerpo las desgarrara inmediatamente. En cambio, los clavos se insertaban en la muñeca, en la unión del cúbito y el radio. Estos experimentos con cadáveres han permitido comprender que la causa de la muerte de las víctimas era una combinación de traumatismos corporales, pérdida de sangre y, en última instancia, asfixia, ya que cada vez les resultaba más difícil levantar el peso del cuerpo para respirar.
Séneca también informó que algunos eran empalados en sus partes íntimas. Esto puede ser una referencia a lo que se conocía como un cuerno, o un accesorio puntiagudo a mitad de camino, como un «asiento» para la víctima. Puede que fuera una forma de ayudar a sostener el cuerpo, aunque si era puntiagudo, resultaba doloroso.
Existían distintas formas de clavar los pies; en ocasiones se cruzaban, pero lo más frecuente era que los clavos se insertaran en el lateral del poste. Lo sabemos gracias a uno de los escasos esqueletos de una víctima de crucifixión en Jerusalén en el siglo I d.C. En la tumba de una familia adinerada, uno de los osarios (cajas para recoger huesos) incluía el esqueleto de Jehohanan, que pudo haber muerto crucificado. Al parecer, cuando llegó el momento de bajarlo, el clavo que atravesaba el costado del pie se había doblado, por lo que alguien simplemente le cortó los pies. Ahora tenemos un bulto fosilizado que incluye el clavo, el fragmento del talón y un trozo de madera de olivo.
Se esperaba que las víctimas de crucifixión sobrevivieran por varios días.
Las versiones evangélicas de la crucifixión de Jesús incluyen muchos de los elementos habituales. Esto demuestra que los escritores estaban familiarizados con el proceso, aunque no podemos verificar que fueran testigos de esta crucifixión (Marcos, el primer evangelio, se escribió 40 años después de la muerte de Jesús). Una de las formas de mantener a la víctima era con «vinagre mezclado con bilis», como se relata en los evangelios. Uno de los propósitos de la crucifixión era mantener con vida a la víctima el mayor tiempo posible para que todos pudieran apreciar el resultado de rebelarse contra Roma. Esto equivalía a utilizar una especie de sales aromáticas como medio de reanimación cuando la víctima comenzaba a desfallecer. Se esperaba que las víctimas de la crucifixión sobrevivieran varios días. Es problemático en los evangelios que Jesús muriera en tres horas.
Dependiendo de las circunstancias, la escasez de personal u otras razones, las víctimas eran ejecutadas antes de tiempo. Esto se hacía fracturándoles las piernas o eliminando el soporte del cuerpo. Solo en el evangelio de Juan, en lugar de romperle las piernas, un soldado perforó el costado de Jesús para verificar su muerte.
Condenación eterna
La crucifixión de Jesús indica que, a los ojos de los romanos, era un traidor. Jesús había predicado un reino que no era Roma. Roma había hecho esto con muchos «agitadores mesiánicos» que condujeron a la gran revuelta judía del año 66 d.C. Cuando Roma condenaba a un rebelde, el castigo incluía la prohibición de cualquier ritual funerario. Esto significaba que la víctima quedaría atrapada para siempre entre los vivos y los muertos en el Hades. Las víctimas, como las de Craso, permanecían colgadas en las cruces hasta que los buitres acababan con ellas; los huesos se arrojaban simplemente a una zanja cercana para que se los comieran los perros salvajes. Las víctimas de la crucifixión y de la arena en Roma sencillamente se arrojaban al Tíber.
Esta es la razón por la que los arqueólogos han encontrado tan pocos ejemplos de cuerpos crucificados en las capas funerarias. Pero desde el descubrimiento de Jehohanan, en 2007, en la Llanura Padana, se descubrió un esqueleto con un agujero en el hueso del talón, posiblemente causado por un clavo. Hace poco se descubrió otro caso en Fenstanton, en el Reino Unido (2017). Los estudios de la reliquia conocida como la Sábana Santa de Turín, con la imagen de un hombre crucificado, se utilizan a menudo para corroborar los detalles de la crucifixión. En la Sábana Santa, el hombre sangra por las muñecas y tiene una herida en el costado.
Sin embargo, sabemos que muchos magistrados de Roma eran susceptibles al soborno. Esta es la función de José de Arimatea, el «hombre rico» que ya tenía preparada una tumba en los evangelios. Le pidió a Pilato el cuerpo para darle sepultura digna.
Graffito de Alexámenos y estaurogramas
La representación más antigua que tenemos de una crucifixión cristiana se encuentra en un mural (que ahora se exhibe en el Museo Palatino de Roma). Este grafito es quizás una de las primeras representaciones de Cristo con cabeza de asno en una cruz. Al parecer, se burlaba de la idea de un dios crucificado.
La referencia al culto al burro proviene de una historia relatada por el historiador romano Tácito, en la que un grupo de judíos, expulsados de Egipto, vagaban por el desierto, agotados y muriéndose de sed, hasta que una manada de burros salvajes los condujo al agua. A su vez, comenzaron a adorar al animal que los había salvado. Tertuliano respondió a la calumnia: «Vosotros (los no cristianos) decís que nuestro dios es la cabeza de un asno, pero en realidad adoráis al asno en su totalidad, no solo la cabeza. Incluís al dios patrón de los asnos y de todas las bestias de carga, el ganado y los animales salvajes. Incluso adoráis sus establos (una referencia a la obsesión por las carreras de carros y los caballos). Quizás esta sea vuestra acusación contra nosotros, que en medio de todos estos amantes indiscriminados de los animales, nosotros reservamos nuestra devoción solo para los asnos» (Apología, XI).
Otra representación temprana de la cruz era el estaurograma (stauros significa «cruz» en griego). Se trataba de las dos primeras letras del nombre de Cristo, la ji (χ) y la ro (ρ), superpuestas. Este símbolo fue utilizado por los primeros escribas cristianos como nota abreviada en sus manuscritos. También es el signo que Constantino I (que reinó de 306-337 d.C.) afirmó haber visto en el cielo antes de la batalla del puente Milvio (312 d.C.), lo que llevó a la conversión de Constantino al cristianismo.
Crucifixiones devocionales
La Iglesia católica desaconseja oficialmente las crucifixiones voluntarias y autoinfligidas como práctica devocional. Sin embargo, siguen siendo populares en Filipinas y México, donde suelen llevarse a cabo durante la Semana Santa. Las víctimas no mueren, pero se considera un honor experimentar el dolor y el sufrimiento de Cristo.
El origen y evolución de esta práctica son difíciles de rastrear. El empalamiento y la crucifixión no son fáciles de diferenciar en fuentes históricas. Sin embargo, Heródoto relató que un general persa fue ejecutado en 479 a.C., y que luego esta práctica se convertiría en el estándar: «lo clavaron a una tabla y lo colgaron».
¿Cuánto se demoran en morir las víctimas por crucifixión?
Se esperaba que las víctimas de la crucifixión sobrevivieran varios días.
¿Por qué fue crucificado Jesús?
Según los romanos, la crucifixión de Jesús fue porque era un traidor. Este era un castigo por traición.
Licenciada en Lengua Inglesa y egresada de Traducción e Interpretación bilingüe. Mis intereses principales son los idiomas, la evolución de la traducción, el arte, el cine y la subtitulación.
Rebecca I. Denova, Ph D. es catedrática emérita de Cristianismo Primitivo en el Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Pittsburgh. En julio de 2021 se publicó su libro de texto titulado «The Origins of Christianity and the New Testament» (Wiley-Blackwell).
Escrito por Rebecca Denova, publicado el 12 May 2022. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.