Juicio de Anne Hutchinson

La censura de la disidencia en la América colonial

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Joshua J. Mark
por , traducido por Ariana Rau
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Anne Hutchinson (1591-1643) fue una disidente religiosa llevada a juicio por John Winthrop (1588-1649) y otros magistrados de la Colonia de la Bahía de Massachusetts en 1637 por divulgar «opiniones erróneas» sobre las creencias y prácticas religiosas. Es reconocida por ser la figura central de la Controversia antinómica.

La Controversia antinómica (antinómico del griego anti «contra» y nomos «ley») desafió la autoridad de los magistrados de la colonia, y, aunque Hutchinson se defendió apelando a la Biblia y a su propia reputación de piadosa, fue condenada por difundir creencias falsas y desterrada.

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Winthrop estableció la Colonia de la Bahía bajo el precepto de total conformidad con la teología puritana, con el fin de honrar el pacto que los colonos habían hecho con Dios, según el cual ellos cumplirían su voluntad y Él los recompensaría con las bendiciones del éxito.

Anne Hutchinson on Trial
Anne Hutchinson en el juicio Edwin Austin Abbey (Public Domain)

El disidente Roger Williams (1603-1683) fue desterrado en 1636, y el pastor John Wheelwright (el cuñado de Hutchinson) fue exiliado en 1637 por haber dado un sermón donde defendió la primacía de la gracia de Dios sobre las obras del hombre para alcanzar la salvación (el argumento central de la controversia antinómica). Ambos hombres, al igual que Hutchinson, predicaban de acuerdo con la visión del reformador Juan Calvino (1509-1564), cuyas ideas influyeron en el puritanismo de la Colonia de la Bahía de Massachusetts, así como en el puritanismo en general; sin embargo, su énfasis en la gracia por encima de las obras alteró el statu quo.

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Winthrop, aunque reconocía la supremacía de la gracia, creía que uno se consolidaba como cristiano a través de las obras. La fe, sin obras, argumentaba Winthrop, carecía de mérito, una opinión que fundamentaba en el libro bíblico de Santiago. Williams y Wheelwright fueron desterrados por negarse a aceptar la interpretación que hacía Winthrop de la teología puritana, y lo mismo ocurrió con Hutchinson, aunque en su caso se le imputaron tres cargos distintos:

  • era una mujer ejerciendo autoridad sobre los hombres,
  • predicaba la doctrina de la gracia libre y negaba la importancia de las obras,
  • aseguraba poder identificar quienes serían «salvos» (los elegidos) y quienes no.

Hutchinson fue declarada culpable de los tres cargos y expulsada de la colonia en 1638 tras su segundo juicio, de carácter eclesiástico. Se marchó, junto con unos 60 seguidores, y fundó una nueva colonia llamada Portsmouth cerca de la colonia de Providence de Roger Williams, en la actual Rhode Island.

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Más tarde abandonó Portsmouth cuando se rumoreó que la colonia de la Bahía de Massachusetts iba a absorber las colonias de Rhode Island, y se trasladó a Nueva Holanda (el actual estado de Nueva York), donde murió en un ataque de los nativos americanos contra el asentamiento en 1643. Hoy en día se la recuerda como defensora de la libertad religiosa y la tolerancia, así como una proto feminista que no se dejó silenciar por el patriarcado.

La ciudad sobre la colina y la disidencia

Los dos conceptos fundamentales de Calvino, que inspiraron el puritanismo, fueron la predestinación y los elegidos. Basados en los pasajes bíblicos de Jeremías 1:5 («Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué») y Salmos 139:16 («Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, cuando no existía ninguna de ellas»), Calvino aseguraba que Dios habría predestinado a personas para ser salvas (los elegidos) y a otros para ser condenados, y no había nada que la persona pudiera hacer para cambiarlo.

Winthrop les dijo a los colonos de la Bahía de Massachusetts que ellos habían formado un pacto con Dios y que la disidencia no sería tolerada, ya que ponía en peligro dicho pacto.

Los seguidores de Calvino, los calvinistas, eran conocidos como puritanos por su esfuerzo de purificar la Iglesia anglicana de las creencias y prácticas católicas. Sin embargo, la Iglesia anglicana estaba dirigida por el monarca inglés, por lo que, cualquier crítica a la Iglesia, se consideraba traición. La monarquía decretó que las autoridades civiles actuaran en interés de la Iglesia, en consecuencia, los puritanos fueron perseguidos, encarcelados, multados y hasta ejecutados. Esto llevó a muchas congregaciones a huir de Inglaterra hacia los Países Bajos y, finalmente, a establecer colonias en Nueva Inglaterra, Norteamérica.

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John Winthrop lideró un grupo de 700 colonos puritanos para fundar la Colonia de la Bahia de Massachusetts en 1630 e hizo clara la visión que él tenía para el pueblo en su sermón Un modelo de caridad cristiana, en el que escribió: «Pues debemos considerar que seremos como una ciudad en una colina. Los ojos de todas las gentes están sobre nosotros». Con esto quiso decir que sería una comunidad cristiana modelo cuyo éxito glorificaría a Dios, pero cuyo fracaso no solo traería la ira de Dios, sino también el desdén y desprecio del mundo al cristianismo. Winthrop les dijo a los colonos que ellos habían formado un pacto con Dios y que este solo podía mantenerse si todos creían, trabajaban y se comportaban como uno solo; además, la disidencia no sería tolerada, ya que ponía en peligro dicho pacto al amenazar la unidad.

El ascenso al poder de Hutchinson

Anne Hutchinson llegó a Boston en 1634 siguiendo al pastor puritano, John Cotton (1585-1652), quien había dejado Inglaterra para escapar de la persecución. En Inglaterra, Cotton y Wheelwright animaron a Hutchinson a celebrar reuniones en su casa con otras mujeres para debatir sobre las Escrituras. Cuando llegó a Boston, se abstuvo de asistir a los conventículos ya establecidos para no perjudicar la autoridad de otras mujeres, pero cuando descubrió que la estaban criticando diciendo que era muy engreída como para asistir, comenzó a organizar los suyos.

Al principio, no eran más que estudios bíblicos, pero Hutchinson era hija de un predicador puritano que conocía bien la Biblia y había sido educada por su padre para expresar sus opiniones con libertad y sin temor. Comenzó a criticar los sermones de los ministros de la Bahía de Massachusetts, señalando sus errores con referencias a las Escrituras y, además, ocupó el asiento principal de su casa para impartir sus propios sermones, un honor reservado al hombre de la casa. Afirmaba que Cotton y Wheelwright eran los únicos pastores santificados de la colonia, y que el resto ni siquiera formaban parte de los elegidos. Decía que lo sabía gracias a los dones espirituales que Dios le había concedido, los cuales le permitían distinguir a las personas que Dios había elegido como suyas y a las que iban a ser arrojadas al infierno.

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Anne Hutchinson Statue
Estatua de Anne Hutchinson Cyrus Dallin (Public Domain)

Según ella, la mayoría de los ministros de la Colonia de la Bahía claramente no eran de Dios, ya que hacían hincapié en la importancia de las obras de las personas (ir a la iglesia, dar limosna, realizar actos virtuosos, abstenerse de las «malas» obras) en lugar de reconocer la primacía de la gracia gratuita de Dios, que perdonaba a los pecadores y los acogía en el cielo. Justificó estas afirmaciones con referencias a las Escrituras, como Efesios 2:8-9 («Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe»), y criticó a cualquier ministro que no estuviera de acuerdo con ella por ser antibíblico y no ser de Dios.

Dado que muchos de estos ministros eran magistrados que defendían la rigidez de la ley e imponían castigos a menudo severos, el desafío de Hutchinson a su autoridad fue bien recibido por muchos. Sus reuniones clandestinas se hicieron cada vez más populares, y llegaron a asistir tantos hombres como mujeres. Para el año 1636, Hutchinson era una de las ciudadanas más populares de la colonia; incluso podía presumir de que el nuevo gobernador, sir Henry Vane (1613-1662), también asistía a las reuniones. Winthrop y los demás magistrados la consideraron una amenaza para la unidad de la colonia y para su propia autoridad. Es por ello que se reunieron en privado con ella y con Cotton en diciembre de 1636 para discutir la situación. Esto no resolvió nada, y el primer juicio civil se llevó a cabo en noviembre de 1637.

El juicio civil de Hutchinson

Hutchinson se vio obligada a comparecer ante el tribunal y a subir al estrado para responder a los cargos que se le imputaban. Varios participantes se encargaron de levantar acta del juicio. En el siguiente diálogo, se entiende que el «Tribunal» es Winthrop, quien presidió las vistas.

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Tribunal: Señora Hutchinson. Se le ha llamado a comparecer aquí como una de las personas que han sido responsables de nuestros disturbios públicos, en parte por esas opiniones erróneas que ha planteado y difundido entre nosotros, y las cuales ha mantenido; en parte por apoyar y alentar a quienes han sembrado sediciones entre nosotros; en parte por lanzar reproches contra los fieles ministros de este país y contra su ministerio, y en contra de ellos, en los corazones de su pueblo; y en parte por celebrar reuniones semanales y públicas en su casa, para ofensa de todos ellos, ya que tales reuniones fueron claramente condenadas en la última asamblea general.

Ahora bien, el fin de su citación es que, o bien al ver sus errores y otras ofensas, se vea usted llevada a reconocerlos y a reformarlos, o bien que tomemos con usted las medidas necesarias para que no nos cause más problemas.

Hutchinson: Me han llamado aquí para responder a los cargos que se me imputan; mencione uno de ellos.

Tribunal: ¿Ha apoyado, o va a justificar, esas prácticas sediciosas que han sido censuradas aquí, en este Tribunal?

Hutchinson: ¿Me lo pregunta desde el punto de vista de la conciencia?

Tribunal: No, su conciencia puede guardársela para usted, pero si en este asunto apoya y alienta a quienes transgreden así la ley, debe ser cuestionada por ello, y eso no es por su conciencia, sino por su conducta.

Hutchinson: ¿Qué ley han transgredido? ¿La ley de Dios?

Tribunal: Sí, el quinto mandamiento, que nos ordena honrar al padre y a la madre, lo cual incluye a todas las autoridades; pero estas prácticas sediciosas de ellos [los disidentes religiosos] han arrojado el oprobio y la deshonra sobre los padres de la república.

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Hutchinson: ¿Acaso les apoyo o los animo en sus acciones, en las que se oponen a todo lo que Dios ha establecido?

Tribunal: Sí, usted ha justificado el sermón del Sr. Wheelwright, por el cual, como sabe, fue condenado por sedición, y asimismo ha respaldado y animado a quienes firmaron la petición [que le apoyaba].

Hutchinson: Lo niego, solo debo obedecer a ustedes en el Señor.

Tribunal: No puede negar que participó en la petición.

Hutchinson: Supongamos que yo temo al Señor, pero mis padres no; ¿no puedo acoger a alguien que teme al Señor solo porque mi padre no me deja? Puedo honrarlo como hija de Dios.

Tribunal: Eso no viene al caso, pero no podemos entrar ahora en discusiones con usted sobre los motivos; ¿qué tiene para decir sobre sus reuniones públicas semanales? ¿Puede presentar alguna justificación para ellas?

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Hutchinson: Les contaré cómo lo inicié: ya existían tales reuniones antes de mi llegada, y como yo no asistía a ninguna de ellas, esa fue la razón principal por la que emprendí este camino; comenzamos con solo cinco o seis personas, y aunque el número aumentó con el tiempo, al ser toleradas al principio, no veía por qué no podrían continuar.

Tribunal: Es cierto que había reuniones privadas, y las sigue habiendo en muchos lugares, de unos pocos vecinos, pero no tan públicas y frecuentes como las suyas. Estas sirven para aumentar el amor y la edificación mutua; pero las suyas son de otra naturaleza; si hubieran sido como las suyas, habrían sido malas, y por lo tanto no hay ninguna justificación válida para las suyas; pero responda con qué autoridad o norma las defiende.

Hutchinson: Por Tito 2:3-4 [«Las ancianas, asimismo, que se comporten como corresponde a la santidad, que no sean calumniadoras, ni adictas al vino, sino maestras de lo bueno; para que enseñen a las mujeres jóvenes a ser sobrias, a amar a sus maridos, a amar a sus hijos»], donde las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes.

Tribunal: Por lo tanto, te permitimos hacerlo, tal y como lo entiende el apóstol, en privado y de vez en cuando, pero eso no justifica la celebración de reuniones fijas con ese fin. Además, te atreves a enseñar a muchas personas mayores que tú, y no les enseñas lo que el apóstol ordena: que se queden en casa.

Hutchinson: ¿Podríais indicarme una norma que lo prohíba, y yo me someteré a ella?

Tribunal: Debe tener una norma al respecto, o de lo contrario no puede hacerlo con fe; sin embargo, tiene una norma clara en contra: «No permito que una mujer enseñe» [1 Timoteo 2:12].

Hutchinson: Eso se refiere a enseñar a los hombres.

Tribunal: Si un hombre, en angustia de conciencia u otra tentación, viniera a pedirle consejo en privado, ¿no le enseñaría?

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Hutchinson: Sí.

Tribunal: Entonces queda claro que no se refiere a enseñar a los hombres, sino a enseñar en público.

Hutchinson: Se dice, [Hechos 2:17]: «Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán». Si Dios me da el don de la profecía, puedo usarlo.

Tribunal: En primer lugar, el apóstol aplica esa profecía a aquellos tiempos extraordinarios, y los dones de los milagros y las lenguas eran comunes a muchos, al igual que el don de la profecía. En segundo lugar, al enseñar a sus hijos, usted ejerce su don de profecía, y eso dentro de su vocación.

Hutchinson: Yo no enseño en una congregación pública. Se elogia a los hombres de Berea por examinar la doctrina de Pablo; nosotros no hacemos más que leer las notas de los sermones de nuestro maestro y luego razonar sobre ellas indagando en las Escrituras.

Tribunal: Habéis pasado de la naturaleza de vuestra reunión al tipo de ejercicio; os seguiremos en esto y os mostraremos vuestra ofensa en ello, pues no hacéis como los bereanos, que escudriñaban las Escrituras para confirmar las verdades transmitidas, sino que desentrañas los puntos de tu maestro y declaras su significado, y corriges aquello en lo que crees que ha fallado. Por este medio menosprecias el honor y la autoridad del ministerio público y elogias tus propios dones, como si él no pudiera transmitir el mensaje con tanta claridad a la capacidad del oyente como tú misma.

Hutchinson: Demuéstrelo, que alguien hace eso.

Tribunal: Sí, usted es la mujer más destacada y de mayor capacidad, y si alguna otra se atreve a hacer lo mismo, es gracias a su enseñanza y a su ejemplo; pero en todo esto no ha demostrado con qué autoridad se apropia del papel de instructora pública…

Hutchinson: Les he citado dos pasajes de las Escrituras.

Tribunal: Pero ninguno de ellos concuerda con su práctica.

Hutchinson: ¿Debo mostrar mi nombre escrito en ellas?

Tribunal: Debe mostrar lo que sea equivalente, ya que su ministerio es público; usted quiere que reciban su instrucción como si proviniera de tal ordenanza.

Hutchinson: No deben tomarla como si viniera de mí, sino como si viniera del Señor Jesucristo.

(Hall, pp. 216-219)

Hutchinson fue declarada culpable de todos los cargos y condenada a arresto domiciliario hasta la primavera de 1638. Las actas del juicio concluyen con el siguiente pasaje:

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Tribunal: El Tribunal consideró entonces que era absolutamente necesario deshacerse de ella, so pena de ser culpables no solo de nuestra propia ruina, sino también de la del Evangelio; por lo tanto, finalmente se dictó contra ella la sentencia de destierro y fue puesta a disposición del alguacil hasta que el Tribunal decidiera qué hacer con ella.

(Hall, pp. 224-225)

John Cotton, cuyas opiniones Hutchinson había adoptado y defendido plenamente, intentó inicialmente defenderla, pero, en el juicio celebrado en marzo de 1638, la abandonó y se puso del lado de los demás magistrados. Henry Vane había partido hacia Inglaterra y había sido sustituido como gobernador por Winthrop, y Wheelwright, como ya se ha señalado, ya había sido desterrado, al igual que Williams. Por lo tanto, Hutchinson no tenía quien la defendiera y no pudo hacer otra cosa que aceptar la sentencia de destierro.

Conclusión

No había nada en las reuniones ni en las creencias de Hutchinson que cuestionara los principios fundamentales de la fe puritana. Todos los magistrados que presidieron el juicio entendían que la gracia de Dios se concedía gratuitamente a los elegidos y que las obras de nadie podían acercar a nadie a Dios más de lo que ya estaba. La preocupación de Winthrop era que la predicación de Hutchinson contra la importancia de las obras y su crítica a varios ministros amenazaban la unidad de la colonia. Sus seguidores ya habían comenzado a abandonar los servicios presididos por ministros que ella afirmaba que no estaban santificados, y algunos se negaban a asistir a dichos servicios.

Es casi seguro que el veredicto ya estaba decidido antes incluso de que se celebrara el juicio, y el testimonio de Hutchinson en su propia defensa (no se le permitió contar con asistencia letrada) no fue más que una formalidad. Winthrop logró mantener la unidad de su «ciudad sobre la colina» silenciando a cualquier disidente. Más tarde, cuando llegó a la colonia la noticia de que Hutchinson y su familia habían muerto en una incursión de los nativos americanos, se regocijó de que esta «Jezabel americana» (como él la llamaba) hubiera encontrado el final que se merecía por desafiar a los elegidos de Dios y atreverse, como mujer, a ejercer autoridad sobre los hombres, en contra de los dictados de Dios.

Sin embargo, para muchos fuera de la Colonia de la Bahía de Massachusetts Hutchinson fue una defensora de la libertad religiosa que se mantuvo firme en sus creencias frente a la tiranía de los magistrados de Boston. La colonia que ella fundó en Portsmouth continuó con su visión, al igual que la colonia de Wheelwright en New Hampshire y la colonia de Providence de Williams, entre muchas otras. En la actualidad, esta misma opinión sobre Hutchinson sigue vigente, y a menudo se la conoce como la «madre fundadora» de los preceptos que conforman los valores culturales de los Estados Unidos de América.

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Preguntas y respuestas

¿Quién fue Anne Hutchinson?

Anne Hutchinson fue una disidente religiosa que cuestionó las opiniones de los magistrados de la Colonia de la Bahía de Massachusetts. Fue llevada a juicio y posteriormente desterrada.

¿De qué trató el juicio contra Anne Hutchinson?

Anne Hutchinson fue juzgada por difundir «opiniones erróneas» sobre las creencias y prácticas religiosas.

¿Anne Hutchinson ganó el juicio?

No. Aunque Anne Hutchinson respondió a todos los cargos que se le imputaban con pasajes bíblicos o con principios puritanos bien establecidos, los magistrados la declararon culpable y la sometieron a arresto domiciliario, para luego desterrarla.

¿Adónde se fue Anne Hutchinson después de que la expulsaran?

Anne Hutchinson se trasladó a la colonia de Rhode Island tras ser expulsada de la colonia de la Bahía de Massachusetts y, más tarde, se mudó a Nueva Holanda (la actual Nueva York), donde falleció.

Sobre el traductor

Sobre el autor

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2026, junio 16). Juicio de Anne Hutchinson: La censura de la disidencia en la América colonial. (A. Rau, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1669/juicio-de-anne-hutchinson/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Juicio de Anne Hutchinson: La censura de la disidencia en la América colonial." Traducido por Ariana Rau. World History Encyclopedia, junio 16, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1669/juicio-de-anne-hutchinson/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Juicio de Anne Hutchinson: La censura de la disidencia en la América colonial." Traducido por Ariana Rau. World History Encyclopedia, 16 jun 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1669/juicio-de-anne-hutchinson/.

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