Luis XVII de Francia

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Louis XVII of France (by Alexander Kucharsky, Public Domain)
Luis XVII de Francia Alexander Kucharsky (Public Domain)

Luis XVII de Francia fue el nombre regio de Luis Carlos de Francia (1785-1795), el hijo menor del rey Luis XVI de Francia (que reinó de 1774-1792) y de la reina María Antonieta (1755-1793). Aunque Luis Carlos nunca llegó a reinar, los monárquicos lo reconocieron como el gobernante legítimo de Francia tras la ejecución de su padre durante la Revolución francesa (1789-1799).

Nacimiento y parentesco cuestionado

Luis Carlos de Francia nació el Domingo de Pascua, 27 de marzo de 1785, en el Palacio de Versalles. Su nacimiento fue muy esperado; durante muchos años, el matrimonio entre el rey Luis XVI y la reina María Antonieta no había producido ningún hijo. Esto había supuesto un grave problema, tanto para la institución de la monarquía, que necesitaba mostrarse fuerte ante una opinión pública cada vez más desfavorable, como para los propios reyes, cuya falta de descendencia los había convertido en objeto de burla no solo en Francia, sino en toda Europa. Cuando María Antonieta dio finalmente a luz a un heredero al trono francés en 1781, el niño, Luis José, era débil y enfermizo, y los cortesanos temían una sucesión inestable provocada por una muerte prematura. Sin embargo, Luis Carlos, el segundo hijo de la pareja real, era robusto y sano; su nacimiento aseguró la sucesión y parecía prometer la continuidad de la estirpe de Luis XVI durante al menos otra generación.

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Luis Carlos recibió el nombre tanto de su padre (Luis) como de la hermana favorita de su madre, la reina María Carolina de Nápoles y Sicilia, cuyo apodo era Charlotte (la forma femenina de Carlos). Al nacer, se le concedió el título de duque de Normandía. Luis Carlos fue el tercero de los cuatro hijos de Luis XVI y María Antonieta; su hermana mayor, María Teresa, nació en diciembre de 1778, y su hermano mayor, Luis José Javier Francisco, en octubre de 1781. Una hermana menor, Sofía, nació en julio de 1786, pero solo vivió once meses, ya que falleció en junio de 1787. María Antonieta también tuvo cuatro hijos adoptivos, tres de los cuales hacían las veces de compañeros de juegos de sus hermanastros reales y vivieron con la familia real a cargo de la reina hasta su detención en 1792. La mayoría de los relatos indican que María Antonieta quería a sus hijos, aunque sentía un cariño especial por Luis Carlos, que se convirtió en un niño fuerte y de carácter afable.

La gente empezó a murmurar que el verdadero padre de Luis Carlos no era Luis XVI, sino el conde Axel von Fersen.

Los nacimientos de los cuatro hijos se convirtieron en objeto de rumores escandalosos, ya que la gente comenzó a murmurar que su verdadero padre no era Luis XVI, sino el conde Axel von Fersen. Fersen era un noble sueco que se había convertido en íntimo de María Antonieta y del que se creía ampliamente que era su amante. Este rumor era aún más prevalente en torno a la paternidad de Luis Carlos, ya que Fersen había regresado a la corte francesa nueve meses antes de que naciera el príncipe. Por lo general, los estudiosos actuales descartar estas acusaciones, ya que hay pocas pruebas que sugieran que el padre fuera cualquiera que no fuera el rey. El propio Luis XVI nunca cuestionó los nacimientos de los hijos, ni en público ni en privado, lo que sugiere que visitaba regularmente a su esposa para cumplir con sus obligaciones conyugales. Esto lo corroboran los cortesanos de Versalles, quienes anotaron en sus diarios que Luis XVI y María Antonieta pasaban mucho tiempo juntos en la época en que Luis Carlos fue concebido. Además, la biógrafa Antonia Fraser señala que un caso documentado de las visitas nocturnas de Luis XVI a las habitaciones de su esposa coincide perfectamente con la fecha de nacimiento de Luis-Carlos. Aunque muchos estudiosos reconocen que Fersen y María Antonieta mantuvieron una relación amorosa, de sus cartas se desprende claramente que tomaban precauciones para evitar embarazos accidentales.

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Aunque lo más probable es que el rey fuera el padre de los niños, la creencia pública de lo contrario dañó aún más la reputación de María Antonieta tras el asunto del collar de diamantes. Se la consideraba ampliamente una extranjera sexualmente depravada y moralmente corrupta, una sanguijuela del erario público. Acabó convirtiéndose en la personificación de las frustraciones del pueblo con la monarquía, con la creciente deuda pública de Francia y con la mala calidad de vida bajo el Antiguo Régimen. En mayo de 1789, Luis XVI convocó una reunión de los tres estamentos de la Francia prerrevolucionaria en Versalles para resolver estas cuestiones. Pero la reunión, los Estados Generales de 1789, no pudo comenzar hasta que el tercer estamento (el pueblo llano) validara sus propias elecciones, algo a lo que se negó a hacer hasta que los dos estamentos superiores (el clero y la nobleza) accedieran a una votación por cabeza en lugar de por estamento; el tercer estamento temía una representación desigual si no se satisfacían sus demandas. Luis XVI intentó mediar en este punto muerto, pero pronto su atención desvió por una terrible noticia: el joven delfín, Luis José, había fallecido.

Un nuevo delfín

Luis José siempre había sido frágil. En 1786 contrajo las fiebres que fueron los primeros síntomas de la tuberculosis que finalmente le causó la muerte. Aparte de sus continuas enfermedades, el niño padecía una curvatura de la columna vertebral que le dificultaba caminar. El 4 de junio de 1789, Luis José falleció en el castillo de Meudon, a la edad de siete años y medio; esa misma mañana, informaron a Luis Carlos, desconsolado, de que su hermano había fallecido y de que él era ahora el delfín, y le concedieron la Orden de San Luis. Sumido en el dolor, Luis XVI asistió a misa antes de aislarse del mundo, negándose a reunirse con los representantes del tercer estado. Al rey y a la reina les horrorizó que la nación apenas se tomara tiempo para llorar la muerte del delfín, tan preocupada estaba por los dramáticos acontecimientos de los Estados Generales. «Ante la muerte de mi pobre y pequeño delfín», se lamentó la reina, «la nación apenas pareció darse cuenta» (Fraser, 277).

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Marie Antoinette and her Children
María Antonieta y sus hijos Élisabeth Vigée Le Brun (Public Domain)

Durante este lapso de falta de atención real, el tercer estado se autoproclamó Asamblea Nacional, jurando no disolverse jamás hasta que hubiera dotado a Francia de una nueva constitución. Luis XVI intentó recuperar el control de la situación enviando a 30.000 soldados a la región de París, pero lo único que consiguió fue desencadenar los disturbios que culminaron en la toma de la Bastilla el 14 de julio. A regañadientes, el rey cedió mientras la Asamblea Nacional dedicaba el verano a aprobar reformas radicales que limitaban los privilegios de la Corona y de las clases altas. La negativa de Luis XVI a consentir estas reformas llevó a 7.000 mujeres del mercado, indignadas, a marchar desde París a Versalles los días 5 y 6 de octubre de 1789 en la Marcha de las mujeres a Versalles. Se enfrentaron a la Asamblea Nacional y rodearon el palacio. Un grupo de ellas irrumpió en el palacio durante la noche, asesinó a dos guardias y persiguió a María Antonieta por los pasillos, amenazando con matarla. La Guardia Nacional logró calmar la situación, pero Luis XVI se vio obligado a aceptar los decretos revolucionarios y a acompañar a las mujeres de vuelta a París junto con su familia. A partir de entonces, la familia real se instaló en el Palacio de las Tullerías de París, donde permaneció prácticamente prisionera bajo la atenta mirada de la Guardia Nacional y de los ciudadanos franceses.

Abolición de la monarquía

Luis XVI, María Antonieta y sus dos hijos supervivientes residieron en las Tullerías durante casi tres años. A Luis Carlos le parecía un lugar frío y feo en comparación con el esplendor de Versalles; para animarlo, y tal vez para distraerlo de la cruda realidad de la Revolución, María Antonieta adoptó a una niña de su misma edad, apodada Zoë, para que fuera su compañera de juegos. En junio de 1791, Luis Carlos tenía seis años. Mostraba un gran afecto por la hermana que le quedaba y también había empezado a dar muestras de orgullo y de un temperamento irascible, rasgos que no estaban presentes en la personalidad apática de Luis XVI. Los cortesanos interpretaron esto como un indicio de que Luis Carlos se convertiría en un rey fuerte y obstinado.

Sin embargo, Luis XVI no era del todo dócil. Aunque públicamente alababa la Revolución, en secreto estaba conspirando para huir de Francia con su familia e instigar una contrarrevolución en el extranjero. A las diez de la noche del 20 de junio de 1791, los sirvientes despertaron a Luis Carlos y le hicieron vestirse de niña. Le llevaron a un carruaje que les esperaba, donde se reunieron con su hermana, sus padres y su tía paterna, Madame Isabel, todos ellos disfrazados. Al amparo de la oscuridad, el carruaje partió de las Tullerías y se dirigió hacia la frontera con los Países Bajos austríacos (Bélgica), donde les esperaban soldados austriacos para recibirlos.

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Arrest of Louis XVI and His Family in Varennes, 1791
El arresto de Luis XVI y su familia en Varennes, 1791 Thomas Falcon Marshall (Public Domain)

Sin embargo, nunca llegaron hasta allí. Al día siguiente, cuando el carruaje se detuvo para cambiar de caballos, reconocieron a Luis XVI en el pueblo de Varennes-en-Argonne y lo detuvieron. Una multitud de guardias nacionales y ciudadanos patriotas escoltó a la familia real de vuelta a París. Dos diputados de la Asamblea Nacional se apiñaron en el carruaje, ya de por sí abarrotado; uno de ellos, Jérôme Pétion, se divirtió burlándose del delfín, tirándole de su larga melena rubia y obligándole a leer las consignas revolucionarias que llevaba en los botones. La fuga a Varennes destruyó cualquier confianza que aún quedara en la monarquía francesa y provocó que el movimiento republicano echara raíces. Por el momento, la monarquía se mantuvo, pero había quedado debilitada y sometida a una constitución; Luis XVI, antes conocido por el título absolutista de «rey de Francia y Navarra», pasó a ser simplemente el «rey de los franceses»; del mismo modo, Luis Carlos ya no era delfín, sino príncipe real.

Pero las tensiones no se disiparon, sobre todo al estallar las guerras revolucionarias francesas; la gente comenzó a sospechar, con razón, que el rey y la reina esperaban una derrota francesa y estaban enviando secretos militares a los enemigos de Francia. Las tensiones estallaron cuando una insurrección popular desembocó en el asalto al Palacio de las Tullerías el 10 de agosto de 1792. La familia real, advertida con antelación, pudo refugiarse en la Asamblea Legislativa mientras se libraba una sangrienta batalla entre sus guardias suizos y los parisinos rebeldes. Cuando todo terminó, la Comuna de París insurreccional envió representantes a la Asamblea Legislativa exigiendo la entrega de la familia real, y Luis XVI, María Antonieta, sus hijos y madame Isabel fueron encarcelados en la Torre del Temple. Un mes más tarde, se abolió oficialmente la monarquía y se proclamó la República Francesa; a partir de entonces, Luis XVI pasó a ser conocido como el ciudadano Luis Capeto.

El encarcelamiento

Durante los primeros meses de su encarcelamiento, la familia real intentó llevar una vida lo más normal posible. Jugaban juntos durante el tiempo que se les asignaba en el patio de la prisión, y Luis leía historias romanas a sus hijos antes de acostarse. Luis XVI se ocupaba de la educación de Luis Carlos y le daba clases personalmente, sobre todo de geografía. Sin embargo, la normalidad tenía sus límites; la intimidad era inexistente, ya que la familia estaba bajo la vigilancia constante de los guardias y se les exigía hablar siempre en francés claro. El Temple se veía inundado de visitantes; además, tras la decisión de los revolucionarios de juzgar a Luis XVI por traición, los abogados no dejaban de ir y venir constantemente. Cuando quedó claro que iba a ser declarado culpable, Luis pasó el día de Navidad de 1792 revisando su testamento. Le dejó un mensaje a Luis-Carlos, diciéndole que, si alguna vez tenía la desgracia de convertirse en rey, no debía buscar venganza, sino velar únicamente por la felicidad de sus súbditos.

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Louis XVI Educating His Son in the Tower of the Temple
Luis XVI educando a su hijo en la Torre del Templo Unknown Artist (CC BY-SA)

El ciudadano Luis Capeto fue guillotinado la mañana del 21 de enero de 1793. La noche anterior había visitado a su familia por última vez; el ayuda de cámara real, Cléry, describe una escena desgarradora en la que los dos niños, entre llantos, se aferraban a las piernas de su padre. Tras el juicio y ejecución de Luis XVI, Luis-Carlos, de siete años, fue aclamado inmediatamente por los monárquicos como el rey Luis XVII de Francia. Por supuesto, nunca fue coronado y la monarquía francesa estaba oficialmente abolida, pero los monárquicos sostenían que la corona pasaba a un sucesor inmediatamente tras la muerte del monarca reinante. En marzo de 1793, los rebeldes monárquicos se sublevaron contra la República francesa en la guerra de la Vendée, proclamando a Luis XVII como su rey y acuñando moneda con su efigie; durante las posteriores revueltas federalistas, otras partes de Francia también reconocieron a Luis XVII. El tío paterno del joven rey, el conde de Provenza, que había logrado escapar de Francia, se proclamó regente. Esto fue impugnado por los Habsburgo, quienes argumentaban que ese honor debía recaer en María Antonieta como madre del rey.

Al cuidado de Simon

Por supuesto, todo esto carecía de importancia mientras Luis Carlos permaneciera en manos de los revolucionarios. A principios de 1793 se idearon varios planes para rescatarlo a él y a su madre, pero todos ellos fueron poco decididos y nunca estuvieron a punto de llevarse a cabo. Para el verano, la República francesa se sentía acorralada por todos lados, a medida que la perspectiva de una victoria militar de la Coalición y una posterior Restauración borbónica se hacía cada vez más probable. En respuesta, el 3 de julio se enviaron comisionados para separar a Luis Carlos de su madre. Durante una hora, María Antonieta se negó a dejar que se lo llevaran, incluso cuando los comisionados amenazaron con matarla. No fue hasta que amenazaron con matar a María Teresa cuando ella, entre lágrimas, cedió. Luis Carlos fue recluido en otra habitación del Temple, y su atormentada madre podía oír los sollozos nocturnos de su hijo.

Posteriormente, Luis Carlos fue entregado al cuidado de un zapatero sans-culotte llamado Antoine Simon. Aunque él mismo apenas sabía leer ni escribir, el Comité de Seguridad General le confió a Simon la tarea de supervisar la reeducación del niño para convertirlo en un ciudadano patriótico en lugar de un príncipe. Los escritores monárquicos contarían más tarde historias espeluznantes sobre los abusos bárbaros de Simon; supuestamente, le daba vino al niño hasta emborracharlo, le enseñaba a hablar con lenguaje soez y le pegaba regularmente cada vez que lloraba. Al parecer, Simon obligó al niño a mantener relaciones sexuales con prostitutas, contagiándole así deliberadamente enfermedades venéreas. Ninguna de estas historias se ha demostrado, y deben tomarse con cautela, ya que fueron difundidas por escritores monárquicos hostiles a los revolucionarios, pero cabe señalar que María Teresa se refirió a Simon como un «monstruo» en sus memorias.

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Louis XVII and Antoine Simon
Luis XVII y Antoine Simon Yan' Dargent (Public Domain)

El 6 de octubre de 1793, justo antes del juicio y ejecución de María Antonieta, el periodista Jacques-René Hébert, Simon y sus compañeros visitaron a Luis Carlos y, de una forma u otra, lo convencieron para que firmara una declaración escrita en la que afirmaba haber sido víctima de abusos sexuales por parte de su madre y de Isabel. Luis Carlos, que aún era un niño impresionable, lo hizo, y su declaración se utilizó como prueba en el juicio. María Teresa se indignó con su hermano por aceptar corroborar tales mentiras, pero María Antonieta le dijo que lo perdonara. La reina fue guillotinada el 16 de octubre de 1793.

En enero de 1794, Simon abandonó el Temple tras obtener un recibo que garantizaba el traslado seguro del prisionero; en ese momento, se declaró que Luis Carlos seguía gozando de buena salud. No se sabe cuál era el estado del niño durante los siguiente seis meses, ya que los registros del Temple fueron se destruyeron durante la Restauración borbónica. Tras la caída de Maximilien Robespierre el 28 de julio de 1794 (Simon fue guillotinado ese mismo día), Paul Barras llegó a la prisión. Informó de que, durante medio año, el niño había permanecido recluido en una habitación oscura, encerrado como un animal enjaulado, sin contacto humano alguno salvo con sus guardias. Barras mandó asear a Luis Carlos y lo puso al cuidado de Jean-Jacques Laurent.

Muerte y rumores sobre su supervivencia

Louis-Charles había hecho voto de silencio como penitencia por las mentiras que había dicho sobre su madre.

Louis-Charles recibió un trato mucho mejor bajo el cuidado de Laurent, pero, según se informó, permaneció completamente en silencio todo el tiempo; Laurent explicó que el niño había hecho voto de silencio como penitencia por las mentiras que había dicho sobre su madre. En mayo de 1795, se informó de que el prisionero estaba gravemente enfermo. Llamaron a su médico habitual, P. J. Desault, pero este falleció repentinamente antes de poder examinar al niño, lo que dio lugar a rumores de envenenamiento. Luis Carlos murió el 8 de junio de 1795 en el Temple a los 10 años de escrófula, una forma de tuberculosis. Siguiendo la tradición, se le extrajo el corazón y se depositó en una urna de cristal; el resto del cuerpo fue enterrado sin ceremonia en el cementerio de Sainte-Marguerite.

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Inmediatamente tras la muerte de Luis Carlos, su tío, el conde de Provenza, comenzó a autodenominarse rey Luis XVIII de Francia. Cuando la Restauración de 1815 llevó finalmente a Luis XVIII al trono, no menos de cuarenta personas se presentaron afirmando ser Luis XVII y reclamando los derechos sobre sus propiedades. El pretendiente que convenció a la mayoría de la gente fue Karl Wilhelm Naundorff, un relojero alemán que llegó a París en 1833. Naundorff afirmaba que lo había salvado Paul Barras, quien lo había sacado clandestinamente del Temple para impresionar a su amante, Josefina de Beauharnais. Para no levantar sospechas, al parecer Barras había colocado en el Temple a un sordomudo en su lugar; a su vez, al sordomudo lo sustituyó el cadáver de un niño que había fallecido de escrófula.

Portrait of Louis-Charles in the Temple, 1793
Retrato de Luis Carlos en el Templo, 1793 Joseph-Marie Vien le jeune (Public Domain)

A pesar de la enrevesada historia de Naundorff, varios cortesanos lo suficientemente mayores como para recordar los días de Luis XVI le creyeron. Sin embargo, Naundorff fue expulsado de Francia en 1836 tras interponer una demanda contra la duquesa de Angulema para reclamar la devolución de los efectos personales de Luis XVII. Cuando Naundorff falleció en 1845, en su tumba se inscribió «Luis XVII, rey de Francia y Navarra», y las autoridades neerlandesas permitieron a sus hijos llevar el apellido Borbón. Sus descendientes presentaron nuevas reclamaciones para reclamar su supuesta herencia en 1850 y de nuevo en 1874.

Los rumores sobre la supervivencia de Luis XVII persistieron hasta 1999, cuando se envió a un laboratorio un fragmento de la aorta del corazón conservado para su análisis. Se comparó con muestras de ADN de varios miembros de la familia, como un mechón de pelo de María Antonieta, y con el ADN de parientes maternos aún vivos en aquel momento, como la reina Ana de Rumanía. Los resultados, anunciados en abril de 2000, demostraron que el corazón momificado era efectivamente el de Luis Carlos, lo que acalló definitivamente los rumores sobre su supervivencia.

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Preguntas y respuestas

¿Qué le ocurrió a Luis XVII de Francia?

Luis-Carlos, delfín de Francia, reconocido por los monárquicos como el rey Luis XVII, fue puesto en prisión por los revolucionarios durante la Revolución francesa. Mientras estaba preso, sufrió posibles abusos y abandono y murió de una enfermedad el 8 de junio de 1795 con 10 años.

¿Qué tenía Luis XVII de misterioso?

Hay un misterio que ha persistido en relación a la supuesta supervivencia de Luis XVII: tras la Revolución francesa, hubo al menos 40 personas que dijeron ser él. Pero una prueba de ADN realizada en 1999 demostró que Luis XVII realmente había muerto en 1795, lo que desacreditó las teorías que decían que había sobrevivido a la revolución.

¿Luis XVII gobernó Francia como rey?

Luis XVII de Francia nunca fue coronado y nunca llegó a reina como rey; los años de su «reinado» son 1793-1795, cuando Francia era una república. Tan solo fue rey de nombre, proclamado por los monárquicos que no querían reconocer la existencia de una República francesa.

¿Cómo murió Luis XVII de Francia?

Luis XVII de Francia murió tras casi tres años de prisión de escrófula, una forma de tuberculosis. Solo tenía 10 años.

Bibliografía

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Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, H. W. (2026, agosto 12). Luis XVII de Francia. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-21221/luis-xvii-de-francia/

Estilo Chicago

Mark, Harrison W.. "Luis XVII de Francia." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, agosto 12, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-21221/luis-xvii-de-francia/.

Estilo MLA

Mark, Harrison W.. "Luis XVII de Francia." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 12 ago 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-21221/luis-xvii-de-francia/.

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