Estados Generales de 1789

Harrison W. Mark
por , traducido por Marco Antonio Delgado Delgado
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Opening Session of the General Assembly, 5 May 1789 (by Auguste Couder, Public Domain)
Sesión de apertura de la Asamblea General, 5 de mayo de 1789 Auguste Couder (Public Domain)

Los Estados Generales de 1789 consistieron en la reunión de los tres estados de la Francia prerrevolucionaria: clero, nobleza y pueblo llano. El rey Luis XVI de Francia (que reinó de 1774 a 1792) convocó Estados Generales para encarar los problemas financieros y sociales del reino, pero su final fue la ruptura del tercer estado (el pueblo llano) con el poder real y la formación de una Asamblea Nacional. Con frecuencia, esta ruptura se considera el inicio de la Revolución francesa (1789-1799).

El rey Felipe IV de Francia (1285-1314) creó los Estados Generales en 1302 como un organismo de consejo al que se consultaba tradicionalmente sobre política fiscal y, a su vez, este le presentaba al rey las peticiones y agravios de los estados o estamentos sociales. Aunque los estados carecían de poder legislativo por sí mismo, su autoridad procedía de su papel como la voz de la nación. Aun así, los Estados Generales no eran un organismo permanente y solo se convocaban de manera esporádica según la voluntad del rey. Cuando los reyes franceses comenzaron a centralizar el poder y desarrollar políticas absolutistas, convocaron Estados Generales cada vez con menos frecuencia. Cuando la asamblea de 1614 se cerró ya no hubo nueva convocatoria hasta 1789, 175 años más tarde.

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En los tumultuosos años que precedieron a la Revolución, los Estados Generales se juzgaban necesarios para reconducir las desigualdades de la sociedad francesa, particularmente con respecto al tercer estado. Dado que la situación empeoró en la década de 1780, una confrontación abierta entre la monarquía y los estados era tan evidente que Luis XVI no tuvo más elección, finalmente, que convocarlos de nuevo, sellando así el destino de su propia monarquía y de la misma Francia.

La crisis fue el resultado de décadas de gastos excesivos por parte de la Monarquía, especialmente en caras empresas militares.

La cuestion de fondo: El reino se desintegra

A la altura de la primavera de 1789, los cimientos sobre los que estaba construido el Antiguo Régimen de Francia se desmoronaban rápidamente. En agosto 1788, una crisis financiera incubada durante años estalló cuándo el tesoro francés se declaró en bancarrota. La crisis fue el resultado de décadas de gastos excesivos por parte de la Monarquía, especialmente en caras empresas militares como la intervención francesa en la guerra de Independencia de los Estados Unidos. Otro factor añadido a las penurias financieras del reino eran las incoherencias de los sistemas de tributación, que variaban de provincia a provincia, agravadas por la exención de impuestos a los otros dos órdenes sociales, el clero y la nobleza. La mayoría de la carga fiscal recaía sobre el tercer orden, que comprendía el 90-98% de la población, incluidos así los miembros más pobres de la sociedad.

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Los ministros del rey Luis XVI intentaron varias veces, sin éxito, reformar el sistema financiero. La Asamblea de Notables de 1787, convocada para aprobar precipitadamente una serie de reformas radicales cuyo objetivo era evitar la bancarrota del Estado, se volvió contra los convocantes cuando la Asamblea se declaró incompetente argumentando que solo los Estados Generales tenían autoridad de peso en temas fiscales. El Parlamento de París, la corte judicial más alta del Reino, dio la razón a la Asamblea y rehusó admitir a trámite las reformas del Rey a pesar de que, previamente, había reclamado para sí la autoridad para supervisar asuntos financieros en la ausencia de los Estados Generales.

Todo ello condujo a la llamada Revuelta de los parlements, una disputa entre la autoridad real y la de los parlements, en la cual los trece parlements o tribunales judiciales de Francia ganaron el apoyo popular, apelando a una convocatoria de los Estados Generales y a la resistencia contra los abusos tiránicos del poder real como los arrestos arbitrarios. La revuelta acabó en agosto 1788 con la renuncia del primer ministro del rey que fue sustituido por Jacques Necker (1732-1804), el popular banquero ginebrino y antiguo ministro de finanzas del rey. Necker prometió una reunión de los Estados Generales para 1789 y les restauró el poder a los tan queridos parlements.

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Portrait of Jacques Necker
Retrato de Jacques Necker Joseph Duplessis (Public Domain)

El nombramiento de Necker salvó al tesoro ya que su promesa de convocatoria de Estados Generales dio suficiente confianza a los acreedores para conceder nuevos préstamos que mantuvieron a flote el reino. Aun así, Francia seguía caminando hacia el desastre. La Revuelta de los parlements había conducido a disturbios e inquietudes en todo el país, situación exacerbada por una cadena de desgraciados acontecimientos meteorológicos. En julio 1778, una anormal granizada destruyó muchas de las cosechas en la cuenca parisina. A continuación, vino una serie de vendavales seguida por el invierno más largo y cruel que Francia había visto en 80 años. En abril 1789, grandes nevadas ocurrieron casi todos los días. Los ríos se helaron profundamente y los molinos quedaron inmovilizados, trayendo una disminución de la producción y un aumento del desempleo, en un momento dónde el precio del pan ascendía como un cohete.

En tiempos normales, un trabajador urbano promedio gastaría la mitad de sus ingresos en pan, pero en la primavera de 1789, los más acomodados gastaban, solo en pan, dos tercios de sus salarios mientras que los mas desfavorecidos podrían gastar nueve décimas partes. Durante el invierno de 1789, según el Duque de Dorset, «la miseria de los pobres…sobrepasa cualquier descripción» (Doyle, 87). Para muchos, la inminente convocatoria de Estados Generales era la única esperanza posible para un cambio.

Elecciones y agravios

La cuestión presente en todos los pensamientos, en los meses previos a la convocatoria, era como se desarrollarían los nuevos Estados Generales tras 173 años de ausencia. En septiembre 1788, el recientemente restaurado Parlamento de París declaró que la estructura de los Estados Generales debería ser la misma que en su última reunión. Esta declaración fue sin duda muy impopular e hizo caer de la noche a la mañana el inmenso aprecio que el pueblo sentía por los parlements.

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El pueblo detestó la declaración del Parlamento de París por dos motivos. En 1614, cada estado tenía asignado un número igual de representantes, despreciando que la mayoría de los franceses pertenecían al tercer estado. Más aún, en 1614, cada estado tenía asignado un solo voto, lo que implicaba que los estados superiores, aliados, siempre podían vencer al tercero. Para muchos, seguir con esta estructura en 1789 era inaceptable.

Tras la fuerte contestación popular, la Asamblea de Notables se reunió por segunda vez en noviembre para considerar duplicar la representación del tercer estado. Los Notables votaron en contra, pero su decisión fue finalmente desoída por Necker que deseaba una convocatoria lo menos conflictiva posible. El tercer estado consiguió una representación de 578 diputados, comparada con los 303 del clero y los 282 de la nobleza.

The Three Orders
Los Tres Órdenes National Library of France (Public Domain)

El proceso electivo de los diputados comenzó en febrero 1789 y duró, en algunos sitios, hasta bien entrado junio. Los distritos se delimitaron de acuerdo con las jurisdicciones del bailliage o bailiazgo medieval, con ajustes menores para conseguir jurisdicciones más o menos iguales en tamaño y población. Cada uno de estos distritos tenía una asamblea electoral separada para cada orden y debía designar dos diputados representantes del clero, dos de la nobleza y cuatro del tercer estado. Junto con las elecciones, cada distrito estaba obligado a elaborar una lista de quejas o agravios, o cahiers, para centrar la discusión en los Estados Generales.

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Por supuesto había puntos oscuros en este proceso, especialmente para los estándares modernos. Solamente podían votar los varones contribuyentes mayores de 25 años y el proceso de comenzar el borrador de un cahier en los niveles mas bajos de la sociedad e irlos modificando progresivamente significaba que la versión final no incluía las quejas de los campesinos más pobres. Los diputados elegidos por el tercer estado eran principalmente acomodados burgueses, hombres de cultura y con tiempo disponible, dos tercios de los cuales procedían del mundo de las leyes. Así tenía que ser, ya que se daba por descontado que los representantes elegidos debían pagarse sus propios gastos durante el tiempo que los Estados Generales estuvieran reunidos en Versalles y también porque los trabajadores más pobres, la mayoría con familias a su cargo, no podían permitirse dejar de trabajar para dedicarse a su propia campaña electoral. Ningún campesino o artesano conseguía pasar de la primera ronda de votaciones.

las elecciones y la elaboración de los cahiers fueron éxitos democráticos monumentales para su época.

Con todo, las elecciones y la elaboración de los cahiers fueron éxitos democráticos monumentales para su época. El intelectual William Doyle escribe que, hasta aquí, las elecciones de 1789 fueron «el mayor espectáculo democrático nunca visto en la historia de Europa y no habría nada comparable hasta ya bien entrado el siguiente siglo» (97). Mas de seis millones de personas participaron en el proceso electoral, y se elaboraron más de 25.000 cahiers, muchos de los cuales señalaban acusadoramente los privilegios de los estados superiores, se quejaban de abusos de poder en el Antiguo Régimen y pedían una nueva constitución. Muchos anticipaban que los Estados Generales traerían una transferencia de poder al pueblo, pero la mayoría preveían algo similar a la Revolución gloriosa de 1688 en Gran Bretaña, dónde el rey compartiría poder con un organismo parecido al Parlamento británico. En este momento temprano, pocos pedían el cambio radical que suponía el crear una república.

Durante el proceso electoral circularon panfletos por las calles de las ciudades principales, enumerando lo que debería tratar de conseguir el terce estado en Versalles. El más famoso e influyente de estos fue uno titulado ¿Que es el tercer estado? escrito por el sacerdote Emmanuel Joseph Sieyès (1748-1836). Sobre la base de que el tercer estado suponía la inmensa mayoría de los 27 millones de habitantes de Francia de aquel tiempo, Sieyès defendía que este estado por sí solo ya era realmente la nación francesa. Los estados superiores privilegiados que contribuían con muy poco tanto a la población como a la recaudación, simplemente se describían, en su panfleto, como un peso muerto. Sieyès los comparaba a una enfermedad maligna que «parasita y tortura el cuerpo de un hombre enfermo» (Schama, 304). El trabajo de Sieyès hizo que ganara en las elecciones un puesto de representante del tercer estado, abandonando el orden del clero al que pertenecía por derecho propio.

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Mientras todo esto ocurría, las tensiones continuaban aumentando en Francia a medida que los pobres pasaban hambre. Las cosas se desbordaron el 28 de abril cuando varios miles de manifestantes se reunieron ante la casa y el taller de papeles pintados de Jean-Baptiste Reveillon a quien, a pesar de tener una reputación de pagar bien a sus trabajadores, lo habían acusado, de manera errónea o interesada, de defender salarios más bajos. Gritando «¡abajo el rico!», la turba saqueó las propiedades de Reveillon. Intervino el ejército, que disparó sobre la multitud. Las estimaciones de muertos y heridos variaron ampliamente; al menos murieron 25 personas, pero los rumores aumentaron este número hasta los 900 muertos. Este derramamiento de sangre ocurrió a pocos días de los Estados Generales y contribuyó en gran medida a incrementar el tenso ambiente de la reunión.

Los Estados Generales se reúnen

El 5 de mayo, los Estados Generales se reunieron en Versalles entre la general alegría. Aunque en la ceremonia de apertura debían estar presentes y juntos los tres estados, ya el tercer estado se juzgó discriminado. Además de tener que esperar tres horas para inclinarse ante el rey, mucho más que los otros, el tercer estado se consideraba maltratado en materia de atuendo. Cada estado tenía asignado un tipo de vestimenta, dictada por la tradición; mientras que el primer estado, el clero, vestía sus hábitos propios y el segundo estado, los nobles, iba con sombreros de pluma, ropas de seda y espadas en los cintos, el tercer estado solo podía vestir en un sombrío color negro, como si estuviera en un funeral.

El rey encabezó la apertura de los Estados Generales con un discurso convencional y aburrido, seguido por el Guardian de los Sellos cuyo discurso fue totalmente convencional pero completamente inaudible. Jacques Necker se quedó sin voz a la media hora de un discurso de tres horas que tuvo que terminar otra persona. Decepcionando a muchos del tercer estado, el discurso de Necker se centró principalmente en los problemas financieros que afligían al país, mencionando escasamente los problemas sociales que muchos pensaban que debían ser el punto principal a tratar en los Estados Generales. Una vez leído el discurso de Necker, la reunión se dio por concluida por ese día sin que se hubiese discutido o acordado nada.

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The Opening of the Estates-General
La apertura de los Estados Generales Isidore-Stanislas Helman (Public Domain)

El siguiente día, cada estado tenía la tarea de dar por buenas y aprobar las conclusiones de sus propios electores. Pero esto traía consigo un problema. Si se permitía que cada estado aprobara sus conclusiones por separado de los otros, muy probablemente vendría luego una votación también por separado. El tercer estado no podía aceptar este procedimiento que fácilmente conduciría a ser superado en votos en cada tema tratado. Consecuentemente, el tercer estado rehusó aprobar conclusiones o participar en cualquier otro asunto si se mantenía la situación de aislamiento respecto a los otros estados.

La nobleza, no tuvo en cuenta las preocupaciones del tercer estado, creyendo que éste estaba haciendo una montaña de un grano de arena, y votó en favor de la aprobación por separado. El clero, sin embargo, la mayoría de cuyos representantes eran párrocos simpatizantes con los comunes, permanecía dividido sobre este asunto. Pronto, el tercer estado se autodenominó los Comunes y fue incluso más allá, pidiendo que el contaje de los votos fuera nominal, en vez de por estados. De nuevo, la nobleza rehusó aceptar estas condiciones. Antes de que cualquier discusión formal hubiese comenzado, parecía que los Estados Generales ya estaban bloqueados.

El 26 de mayo, un frustrado Luis XVI intervino, condenando la inacción de los estados y pidiendo que se llegara a una solución rápida. Sin embargo, la muerte del enfermizo delfín de siete años, el 4 de junio, atrajo la atención del rey y paralizó a sus ministros. Con el rey en otras cosas y los nobles que rehusaban aceptar un compromiso, el tercer estado empezó seriamente a pensar en organizarse como asamblea nacional y comenzar a gestionar por sí mismo los asuntos pendientes.

Portrait of Louis XVI of France
Retrato de Luis XVI de Francia Antoine-François Callet (Public Domain)

El 11 de junio, Sieyès propuso una moción dónde se invitaba formalmente a los otros estados a unirse con los Comunes para diseñar con éxito una asamblea nacional. Al día siguiente, al no recibir respuesta, los Comunes siguieron adelante listando presentes y ausentes. Esta fue una iniciativa muy importante y un punto de no retorno, ya que el tercer estado no sólo estaba negando la autoridad de los otros dos estados, sino que estaba tomando más poder por decisión propia, sin el consentimiento real. Ya que el tercer estado era el único que permitía espectadores en sus deliberaciones, las noticias de lo que estaba ocurriendo se extendieron rápidamente por París y más lejos.

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El 13 de junio, tres párrocos dejaron el estado del clero y se unieron a los Comunes. En los siguientes días, otros 16 los siguieron. Como se estaba gestando una nueva formación más amplia que los propios Comunes, parecía necesario un nombre nuevo para ella y el 17 de junio, se adoptó el nombre de Asamblea Nacional. En el entusiasmo del momento, la Asamblea decidió por unanimidad declarar ilegal todo el sistema de impuestos en vigor, aunque provisionalmente seguiría en vigor hasta que un nuevo sistema hubiera sido acordado y puesto en marcha. Ese mismo día, el astrónomo Jean Sylvain Bailly (1736-1793) fue elegido presidente de la Asamblea. Estos acontecimientos representaban un desafío directo a la autoridad real, situación que se agravó aún más cuando, el 19 de junio, el Primer Estado votó formalmente unirse a la Asamblea Nacional.

El Juramento del Juego de Pelota

Amenazados por los acontecimientos, los ministros del rey discutieron que hacer. Necker, que creía que había que reconciliarse con el tercer estado, propuso que el rey mantuviera una sesión real dónde afirmar su autoridad. El rey estuvo de acuerdo y decidió fijar la sesión para el 23 de junio. Pero nadie se preocupó de informar a los diputados de esta decisión. El 20 de junio, cuando los diputados llegaron a la sala dónde se reunían, la encontraron cerrada y guardada por soldados. Desinformados de la sesión real, los diputados interpretaron mal la situación, como un acto de despotismo contra ellos. Negándose a dispersarse, la Asamblea Nacional se reunió en la sala real de juego de pelota, dónde cada miembro juró que se mantendrían en asamblea hasta establecer una nueva constitución.

The Tennis Court Oath
El Juramento del juego de pelota Jacques-Louis David (Public Domain)

Aunque Necker se esforzó en hacer comprender a los diputados que no había intención de ofensa en lo ocurrido, la animosidad ya no aminoró. En la sesión real del 23 de junio, el rey intentó afirmar su poder declarando nulo todo lo decidido por la Asamblea el día 17. El rey aceptaba que cualquier impuesto nuevo debería ser aprobado previamente por los Estados Generales, que acabaría con las prácticas de los arrestos arbitrarios y que aboliría la servidumbre. También le aconsejó al segundo estado ceder sus privilegios, aunque no lo obligó a ello.

Estas promesas, de haber sido hechas un mes antes, podrían haber sido suficientes para aplacar al tercer estado, pero ahora llegaban demasiado tarde. Viendo la reluctancia del tercer estado, Luis XVI le recordó su poder, dejando claro que nada que los estados hicieran era válido sin su aprobación y mandando que cada estado volviera, por separado, a sus lugares habituales de reunión. El tercer estado rehusó esta orden, con una de sus voces líderes, la de Honoré-Gabriel Riqueti, conde de Mirabeau, proclamando orgullosamente «estamos aquí por la voluntad del pueblo y sólo nos harán salir por la fuerza de las bayonetas» (Davidson, 21).

El desafio del tercer estado tuvo impacto. Esa noche, la multitud invadió el palacio, dando vivas a Necker y a los diputados del tercer estado e insultando a los opositores de la Asamblea. Los soldados no ofrecieron resistencia y solo intervinieron cuando dos arzobispos estuvieron a punto de ser linchados. Al día siguiente, 48 nobles se unieron a la Asamblea Nacional. Esto era un signo claro de inminente desastre y el 27 de junio el rey cedió, ordenando a los representantes del primer y segundo estado que se unieran a la Asamblea. Con esta orden, los Estados Generales acabaron su transformación en Asamblea General. Un nuevo orden había nacido en Francia, y con él, una revolución.

Consecuencias y significado

Manteniendo su promesa, la Asamblea comenzó rápidamente a trabajar sobre una nueva constitución, pero el rey no se mantuvo pasivo mientras esto ocurría. Hacia el final de junio y comienzo de julio una concentración masiva de tropas se reunió en la cuenca parisina, el 1 de julio había 30.000 soldados acuartelados en la zona.

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Cuando la Asamblea pasó una propuesta al rey pidiéndole la retirada de las tropas, éste rehusó argumentando que los soldados solo estaban allí para mantener el orden. Simultáneamente, Luis XVI despidió y reemplazó a varios de sus ministros; lo más imperdonable ocurrió el 11 de julio, cuando Necker fue despedido con orden de abandonar el país inmediatamente. Estos sucesos, unidos a la subida del precio del pan, condujeron a la toma de la Bastilla el 14 de julio.

Muchos historiadores han considerado los Estados Generales como el primer evento de la Revolución francesa. Los estados reunidos vieron como el tercer estado usurpaba tanto la autoridad real como la de los otros estados, afirmando su derecho a legislar y crear una constitución nueva. Fue una transición de poderes relativamente ordenada y pacífica, un tipo de revolución totalmente diferente al caos y al derramamiento de sangre que pronto ocurrirían.

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Preguntas y respuestas

¿Que eran los Estados Generales y quiénes fueron sus miembros?

Los Estados Generales estaban formados por la reunión de los tres estados de la Francia prerrevolucionaria: clero, nobleza y comunes.

¿Que papel tenían los Estados Generales?

Tradicionalmente, el rey había consultado a los Estados Generales en política fiscal y, a su vez, los Estados Generales habían presentado al rey sus peticiones y quejas.

¿Que ocurrió en los Estados Generales de 1789?

Muchos historiadores consideran que los Estados Generales de 1789 representan el primer evento de la Revolución francesa. El tercer estado usurpó competencias de la corona y de los otros dos estados, reivindicando su derecho a legislar y crear una nueva constitución.

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Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, H. W. (2026, julio 21). Estados Generales de 1789. (M. A. D. Delgado, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20730/estados-generales-de-1789/

Estilo Chicago

Mark, Harrison W.. "Estados Generales de 1789." Traducido por Marco Antonio Delgado Delgado. World History Encyclopedia, julio 21, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20730/estados-generales-de-1789/.

Estilo MLA

Mark, Harrison W.. "Estados Generales de 1789." Traducido por Marco Antonio Delgado Delgado. World History Encyclopedia, 21 jul 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20730/estados-generales-de-1789/.

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