Las joyas de la Corona de la monarquía del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte se conservan hoy en día en la Torre de Londres y datan en su mayoría del siglo XVII, con algunas incorporaciones posteriores de gran esplendor, como los diamantes Koh-i-Noor y Cullinan. Sin embargo, las insignias reales incluyen varios objetos medievales y muchas de las piedras preciosas tienen una historia mucho más antigua (y a menudo más siniestra) que las coronas y los cetros en los que se encuentran hoy en día.
Los reyes llevan desde la Antigüedad coronándose a sí mismos, pero en Inglaterra fue realmente Guillermo el Conquistador, en 1066, quien inició la tendencia de las ostentosas exhibiciones, especialmente durante su ceremonia de coronación en la Abadía de Westminster, una tradición seguida por casi todos los monarcas desde entonces. Entre las joyas de la Corona se cuentan algunos objetos inusuales además de las tradicionales coronas, cetros y orbes, tales como cucharas, espadas, espuelas y saleros. Las joyas de la Corona están expuestas al público en exhibición permanente, pero en ocasiones hacen apariciones en escenarios más grandiosos, tales como la apertura solemne del Parlamento y los banquetes de Estado.
En los manuscritos medievales abundan las escenas de coronaciones en las que los arzobispos colocan coronas sobre la cabeza del soberano, pero la descripción textual detallada más antigua de una coronación data del año 973 y corresponde a la coronación del rey anglosajón Edgar (que reinó de 959-975) en Bath. Es muy posible que los reyes ingleses anteriores a él se conformaran con un yelmo ornamentado en lugar de una corona. Guillermo el Conquistador inició la tradición de celebrar la coronación en la Abadía de Westminster, donde él mismo fue coronado el día de Navidad de 1066. Los reyes y reinas posteriores, todos deseosos de mantener un vínculo con la historia y enfatizar su legitimidad para el cargo, repitieron muchos de los elementos ceremoniales que aún hoy forman parte de la ceremonia de coronación.
Gran parte de las insignias originales se vendieron por partes, se fundieron o se destruyeron en 1649 tras la ejecución de Carlos I.
Las diversas coronas y joyas pertenecientes a la monarquía se guardaban tradicionalmente en Westminster, en la Torre de Londres, o viajaban con el soberano cuando este se desplazaba por el reino. En tiempos de rebelión, las joyas de la Corona debían trasladarse a un lugar más seguro. El desventurado rey Juan de Inglaterra (que reinó de 1199-1216), por ejemplo, perdió algunas de las joyas de la Corona en un río mientras huía de los barones rebeldes en octubre de 1216, cuando el rey perdió el control de Londres. En consecuencia, el siguiente rey, Enrique III de Inglaterra (que reinó de 1216-1272), necesitó nuevas insignias reales. Enrique era admirador de Eduardo el Confesor (que reinó de 1042-1066), quien más tarde fue canonizado y a quien, en muchos sentidos, se consideraba el fundador espiritual de la monarquía tal y como se configuró en la época medieval y como es hoy en día. Enrique III construyó un nuevo santuario dedicado a Eduardo el Confesor en la abadía de Westminster, y es probable que las túnicas, las joyas y la corona o diadema sajona de oro que este utilizó se incorporaran a las nuevas insignias reales del siglo XIII. Este legado sigue presente hoy en día al utilizar la designación «Corona de San Eduardo» para cualquier corona que se utilice en la ceremonia de coronación de un nuevo soberano, aunque también existe una corona específica que lleva ese nombre.
Por desgracia, gran parte de las insignias reales originales se vendieron por partes, se fundieron o se destruyeron en 1649 tras la ejecución de Carlos I de Inglaterra (que reinó de 1600-1649) y la que la abolición, que luego resultó ser temporal, de la monarquía. Se pueden vislumbrar algunos detalles tentadores de lo que se perdió en los retratos de reyes anteriores a 1649, como el de Carlos I, obra de Daniel Mytens, pintado en 1631, en el que se aprecia detrás del rey la corona imperial, probablemente creada para Enrique VII de Inglaterra (que reinó de 1485-1509). La Restauración de la monarquía en 1660 hizo necesaria la confección de nuevas insignias reales que se utilizarían de inmediato en la coronación de Carlos II en 1661 (que reinó de 1660-1685). Aunque no está claro exactamente de qué manera se encontraron o se recuperaron, muchas de las piedras preciosas que sobrevivieron a las antiguas insignias reales se incorporaron a las nuevas joyas de la Corona del siglo XVII.
La Corona Imperial contiene el rubí medieval del Príncipe Negro.
Dos objetos que se conservan completos de las insignias anteriores a 1649 son la cuchara de coronación y la ampolla del águila. Esta última se utiliza para guardar el óleo santo, que se vierte en la cuchara y se emplea para ungir al monarca durante la ceremonia de coronación. La unción la realiza el arzobispo, quien vierte una pequeña cantidad de aceite sobre la cabeza, el pecho y las palmas de las manos del monarca. Ambos objetos están hechos de oro y el estilo de la decoración de la cuchara sugiere que data del siglo XII, mientras que la ampolla probablemente se fabricó en el siglo XIV y su superficie exterior se volvió a grabar en el siglo XVII.
La Corona de San Eduardo se fabricó para la coronación de Carlos II en 1661, posiblemente utilizando partes de una de las coronas dañadas por los parlamentarios. Es de oro, pesa 2,3 kilos (5 libras) y se utiliza en la coronación, pero, debido a su gran peso, solo en el momento específico de coronar al monarca. Después se suele sustituir por otra corona más ligera, como la Corona Imperial de Estado. La Corona de San Eduardo, al igual que la mayoría de las demás de la colección, tiene un anillo de piel de armiño y un gorro interior de terciopelo púrpura, color que se asocia a los gobernantes desde la época romana. Igual que muchas otras hoy en día, tiene arcos y, en el centro, un mini orbe o «monde» coronado por una cruz, que simboliza que solo Dios está por encima del monarca. Curiosamente, la corona solo se adornaba con gemas alquiladas cuando era necesario para una coronación y no fue hasta 1911 cuando recibió engastes permanentes.
También conocida como la Corona del Estado, la Corona Imperial del Estado se creó en 1838 para la coronación de la reina Victoria (que reinó de 1837-1901) como una alternativa más ligera a la Corona de San Eduardo, que se utilizaría más tarde en la ceremonia de coronación. También la utilizó su hijo Eduardo VII (que reinó de 1901-1910). Posteriormente, se remodeló la estructura de la corona antes de que la utilizara Jorge VI (que reinó de 1936-1952) en su coronación de 1937 y su hija y sucesora, Isabel II (que reinó de 1952-2022), en la suya de 1953. Esta corona también se luce (o al menos se exhibe) en actos de Estado, como la apertura solemne del Parlamento.
Realizada en oro y decorada con motivos de hojas de roble, es quizás la más espectacular de todas las coronas y, sin duda, la más colorida, con muchas piedras procedentes de coronas anteriores. Con un peso de poco más de un kilogramo (32 onzas), contiene más de 2.800 diamantes, 17 zafiros, 11 esmeraldas, cuatro rubíes y 269 perlas. Entre ellas se encuentran el Rubí del Príncipe Negro (que es realmente una espinela), situado en el centro; debajo, el diamante Cullinan II de 317 quilates (también conocido como la Segunda Estrella de África); así como el Zafiro Estuardo de 104 quilates de talla ovalada (engastado en la parte posterior) y el Zafiro de San Eduardo (engastado en la cruz superior). Se dice que el zafiro de San Eduardo, una piedra octogonal de talla rosa, fue extraída del anillo de Eduardo el Confesor, lo que la convierte en la pieza más antigua de todas las joyas de la Corona. El rey regaló en su día el anillo a un mendigo, pero dos peregrinos se lo devolvieron. Estos peregrinos se habían encontrado milagrosamente en Siria con san Juan Evangelista, quien les había explicado que él era el mendigo disfrazado. Las cuatro perlas alargadas que cuelgan del remate de la corona (donde se unen los arcos) se atribuyen tradicionalmente a la reina Isabel I (que reinó de 1558-1603), pero no hay pruebas documentales que respalden esta asociación.
El rubí del Príncipe Negro, de forma irregular, fue un regalo a Eduardo de Woodstock (1330-1376), hijo mayor de Eduardo III de Inglaterra (que reinó de 1327-1377), de Pedro I de Castilla, en 1367, en agradecimiento por las habilidades marciales de Eduardo. A este se lo conocía como el Príncipe Negro posiblemente debido a la armadura negra que llevaba. La piedra se engastó posteriormente en una corona que lució Enrique V de Inglaterra (que reinó de 1413-1422) en la batalla de Azincourt en 1415 y durante mucho tiempo se consideró un rubí auténtico.
Corona Imperial de la India
La Corona Imperial de la India se fabricó para que Jorge V (que reinó de 1910-1936) la luciera en el Delhi Durbar («Corte de Delhi») el 12 de diciembre de 1911, lo que en la práctica supuso una coronación independiente como emperador de la India. Hubo que fabricar una corona especial porque una ley escrita prohibía sacar del país las coronas de Estado habituales. Esta nueva corona tiene ocho semiarcos y contiene muchas joyas procedentes de la propia India, entre las que destaca la esmeralda cuadrada de la cruz superior. Cuenta con la increíble cantidad de 6.002 diamantes y otras gemas incrustadas a su alrededor, pero a pesar del esfuerzo dedicado a crear un objeto tan fabuloso, la corona solo se llevó una vez.
Esta corona se fabricó en platino en 1937. El diamante Koh-i-Noor de 105,6 quilates, procedente de la India, ha adornado varias coronas, pero ahora descansa en la corona de la reina Isabel, la Reina Madre. El Koh-i-Noor, al igual que muchas gemas preciosas, tiene una historia larga e intrigante. Es posible que se encontrara en las minas de Golconda, en el Decán, y que en su día perteneciera al príncipe mogol Babur (1483-1530). Cuando el líder persa Nader Sah (1698-1747) conquistó Delhi en 1739, se hizo con el diamante a pesar de que el entonces emperador mogol intentó ocultarlo en su turbante. Cuando vio la piedra por primera vez, Nader Shah la describió como una «montaña de luz», y así quedó fijado el nombre de Koh-i-Noor. La propiedad volvió a cambiar a mediados del siglo XVIII, cuando la adquirieron los Durrani de Afganistán. En 1813, se entregó como regalo al gobernante del Punyab, el maharajá Ranjit Singh (1780-1839).
Se dice que el gran diamante Koh-i-Noor trae suerte a quien lo lleva si es mujer y mala suerte si es hombre.
Posteriormente, la Compañía de las Indias Orientales adquirió el diamante cuando se hizo con el control de la región en 1849, y el tratado de paz que puso fin a las guerras anglo-sij (1845-49) especificaba que la piedra debía entregarse a la reina Victoria. Al recibir el diamante, se dice que la reina no quedó satisfecha con la falta de brillo de su talla rosa, por lo que lo mandó reelaborar con más facetas como un brillante de talla ovalada (reduciéndolo de 186 a 105 quilates) y lo lució como broche. Se dice que este gran diamante trae suerte a quien lo lleva si es mujer y mala suerte si es hombre, por lo que solo ha aparecido en diversas coronas de reinas consortes. La Corona de la Reina Madre cuenta además con otros 2.800 diamantes engastados, la mayoría de los cuales también proceden de la colección de la reina Victoria. Debajo del Koh-i-Noor se encuentra un diamante destacado que pesa 17 quilates. Se lo regaló el sultán de Turquía a la reina Victoria en agradecimiento por la ayuda prestada durante la guerra de Crimea (1853-1856).
Otras coronas
Entre las demás coronas de la colección se cuenta la Corona de María de Módena (esposa de Jacobo II de Inglaterra, que reinó de 1685-1688), utilizada en su coronación de 1685. La corona está hecha de oro y adornada con diamantes y perlas. También se encuentra la sencilla pero elegante Corona de la reina Victoria (1870), la Corona de la reina María (consorte de Jorge V), a la que se le pueden quitar los arcos para transformarla en una diadema, y la Corona del Príncipe de Gales de finales del siglo XVIII, de oro, que, al ser una corona de príncipe, solo tiene un arco en lugar de los dos habituales en las coronas de rey o reina.
El cetro es un símbolo tradicional del poder real y la justicia. El Cetro del Soberano (también conocido como Cetro del Rey) se fabricó por primera vez en 1661, y posteriormente se le fueron añadiendo modificaciones. Hoy en día, luce en su parte superior el diamante Cullinan I, de 530 quilates, también conocido como la Primera Estrella de África. Este diamante en forma de pera, el mayor de las cuatro Estrellas de África y que lleva el nombre del presidente de la mina donde fue hallado en Transvaal, es el diamante incoloro de talla de primera calidad más grande del mundo. El diamante sin tallar, de 3.106 quilates, fue entregado a Eduardo VII por el Gobierno de Transvaal como regalo por su 66.º cumpleaños. Curiosamente, se envió simplemente por correo certificado, mientras que se utilizó un señuelo en un barco blindado que todos creían que contenía la piedra auténtica.
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El diamante se talló en 1908, creando nueve piedras grandes (Cullinan I - IX) y 96 diamantes pequeños de talla brillante. La piedra más grande, el Cullinan I, se añadió entonces al cetro del soberano para la coronación de Jorge V en 1911. El Cullinan II, como hemos visto, se engastó en la Corona Imperial, pero ambas piedras pueden desmontarse, unirse y llevarse como colgante, tal y como hicieron tanto la reina Alexandra (consorte de Eduardo VII) como la reina María; esta última llegó incluso a llevar un colgante con los Cullinan I y II y otro con los Cullinan III y IV, todos a la vez.
Otros cetros de las joyas de la Corona tienen una paloma en la parte superior para representar el papel del monarca como guardián de su pueblo. También hay bastones de marfil que deben sostener las reinas consortes. El orbe del soberano, coronado por una cruz, simboliza el dominio del monarca cristiano sobre el mundo secular y se coloca en la mano izquierda del soberano durante la ceremonia de coronación. El orbe hueco de oro, engastado con perlas, piedras preciosas y una gran amatista bajo la cruz, se fabricó en 1661 y se ha utilizado en todas las coronaciones desde entonces.
Objetos diversos
Las joyas de la Corona incluyen mucho más que coronas y cetros. Hay mazas, anillos, brazaletes, túnicas doradas, trompetas, candelabros, saleros, jarras, cálices, platos, una enorme copa de vino, y una pila bautismal y una palangana utilizadas para los bautizos reales. Como se ha señalado, el objeto más antiguo es la cuchara de coronación del siglo XII, que presenta incisiones decorativas de trenzado y volutas de filigrana. La ampolla con forma de águila utilizada para guardar el óleo santo data probablemente de finales del siglo XIV, si se toma el tornillo arcaico de la cabeza desmontable como un indicador fiable. La superficie exterior fue reelaborada en el siglo XVII.
Entre los anillos de las joyas de la Corona se encuentra el «Anillo de la Dignidad Real», que se coloca en el tercer dedo de la mano izquierda del monarca (donde tradicionalmente se lleva el anillo de boda). El que se utiliza hoy en día, el Anillo del Soberano, se fabricó originalmente en 1831 para Guillermo IV (que reinó de 1830-1837) y presenta una cruz de San Jorge (patrón de Inglaterra) en rubíes sobre un fondo azul de un único zafiro.
Dado que, tradicionalmente, un monarca era también un caballero medieval, la ceremonia de coronación incluye símbolos asociados a ese rango, como espuelas de oro y una espada. Hay varias espadas en las joyas de la Corona, todas ellas ricamente decoradas y tachonadas de joyas. Las espadas que se entregan al monarca en las coronaciones actuales son la Espada de Estado, que data de 1678, y la Espada de Ofrenda Engastada, que fue utilizada por primera vez por Jorge IV (que reinó de 1820-1830) para su coronación en 1821. Esta última espada tiene gemas incrustadas en la vaina que forman los emblemas nacionales de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Otras espadas son la Espada de la Justicia Temporal, la Espada de la Justicia Espiritual y la Espada de la Misericordia, roma (también conocida como «Cortana» o «Curtana»); todas ellas intervienen en la ceremonia de coronación y todas sobrevivieron a la destrucción de las Joyas de la Corona en 1649.
En la colección de la Torre hay hoy diez mazas ceremoniales (y otras tres en Westminster para el Parlamento, la Cámara de los Lores y una de repuesto) que tradicionalmente llevan los sargentos de armas durante la coronación. Estas se fabricaron en 1661, y cada una mide 1,5 metros (4,9 pies) de longitud y pesa 10 kilos (22 libras). También está la enorme Gran Ponchera, de un metro de ancho, fabricada entre 1820 y 1830 en oro y con un peso de 248 kilogramos (546 libras). Fue diseñada para enfriar hasta 144 botellas de vino. A menor escala, la colección cuenta con bastantes saleros ornamentados (de la época en que la sal era un bien preciado), de los cuales quizás el más impresionante es el salero de Exeter, de oro y enjoyado, fabricado en 1630 con forma de castillo. Este salero y otros artículos de servicio se utilizaban en los banquetes de coronación, el último de los cuales se celebró en 1821.
Las joyas de la Corona hoy en día
Desde que el «coronel» Blood intentara infamemente robar las joyas de la Corona en 1671, cuando se guardaban en la Torre Martin Inferior de la Torre de Londres, se han realizado esfuerzos para mejorar su seguridad. Hoy en día, los visitantes pueden admirar los tesoros en la Casa de las Joyas, dentro de los cuarteles de Waterloo, y situarse en una pasarela móvil que, de forma un tanto tentadora, los transporta suavemente frente a las relucientes vitrinas de cristal. Para un público más selecto, muchas de las piezas de las joyas de la Corona pueden verse en acción en actos de Estado. La reina Isabel II siguió luciendo personalmente muchas de las joyas o permitiendo que otros miembros de la familia real lo hicieran en eventos como banquetes de Estado para recibir a jefes de Estado visitantes. Por ejemplo, los diamantes Cullinan III y IV, conocidos entre la realeza como «the chips» («las astillas»), suelen lucirlos en ocasiones como broche y colgante con una montura de platino tanto la reina como las duquesas de Cornualles y de Cambridge.
¿Qué valor tienen realmente las joyas de la Corona británica?
Nadie sabe el valor que tienen las joyas de la Corona británica, porque nunca se han valorado oficialmente ni se han puesto a la venta. Sin embargo, se puede afirmar que tienen un valor de millones de dólares.
¿Qué joyas hay en las coronas británicas?
Entre las joyas presentes en las coronas británicas se puede encontrar el diamante Koh-i-Noor, engastado en la Corona de la Reina Isabel, la Reina Madre; el Rubí del Príncipe Negro, el Zafiro Estuardo, el Zafiro de San Esteban, y el diamante Cullinan II, todos ellos engastados en la Corona Imperial de Estado. El famoso diamante Cullinan I no está en una corona, sino en el Cetro del Soberano.
¿A quién pertenecen realmente las joyas de la Corona británica?
Las joyas de la Corona británica son propiedad de la monarquía británica.
¿Cuál es la más valiosa de las joyas de la Corona?
Los elementos más valiosos de las joyas de la Corona británica son probablemente el diamante Koh-i-Noor y el diamante Cullinan I, el diamante incoloro de talla de primera calidad más grande del mundo.
Bibliografía
Dixon-Smith, S. (ed) et al. The Crown Jewels. Historic Royal Palaces, 2010
Holmes, M. The Crown Jewels. Her Majesty’s Stationary Office, 1965
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 20 diciembre 2019. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.