Enrique VII de Inglaterra

Mark Cartwright
por , traducido por Eliana Rua Boiero
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Bust of Henry VII of England (by va_va_val, CC BY-SA)
Busto de Enrique VII de Inglaterra va_va_val (CC BY-SA)

Enrique VII de Inglaterra reinó de 1485 a 1509. Enrique, que representó la causa de los Lancaster durante la guerra de las Rosas (1455-1487), derrotó y mató a su predecesor, el rey yorkista Ricardo III de Inglaterra (que reinó de 1483 a 1485) en la batalla de Bosworth en 1485. Enrique VII, conocido como Enrique de Richmond o Enrique Tudor antes de ser coronado, fue el primer rey Tudor. A pesar de tener que lidiar con tres pretendientes a su trono y dos rebeliones menores, su reinado fue en gran parte pacífico y próspero, ya que, como un auditor experto, aumentó la solidez de las finanzas públicas de forma constante. El rey murió de mala salud en abril de 1509, y lo sucedió el mayor de sus hijos sobrevivientes, Enrique VIII de Inglaterra (que reinó entre 1509 y 1547).

El reclamo de los Lancaster

Ricardo III fue uno de los reyes menos populares de Inglaterra, y lo acusaron de participar en el asesinato de los dos hijos de su hermano Eduardo IV de Inglaterra (que reinó de 1461 a 1470 y de 1471 a 1483), quienes desaparecieron de la Torre de Londres. Ricardo, luego de eliminar a sus sobrinos, se autoproclamó rey en 1483. Su reinado fue breve y turbulento, y llegó a su fin con el ascenso de Enrique Tudor, en ese momento mejor conocido como Enrique, conde de Richmond.

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Lord Stanley le entregó al victorioso Enrique Tudor la corona de Ricardo III, que había encontrado bajo un arbusto de espinas, en Bosworth.

Enrique nació el 28 de enero de 1457 en el castillo de Pembroke; era hijo de Edmundo Tudor, conde de Richmond (que vivió entre 1430 y 1456). Enrique era nieto del cortesano galés Owen Tudor (hacia 1400-1461) y Catalina de Valois (que vivió de 1401 a 1437), hija de Carlos VI de Francia (que reinó entre 1380 y 1422), exesposa de Enrique V de Inglaterra (que reinó entre 1413 y 1422) y madre de Enrique VI de Inglaterra (que reinó de 1422 a 1461 y de 1470 a 1471). La madre de Enrique Tudor era Margarita Beaufort (que vivió hacia 1441-1509), bisnieta de Juan de Gante, duque de Lancaster e hijo de Eduardo III de Inglaterra (que reinó entre 1312 y 1377). No era una gran conexión monárquica, en especial porque algunos consideraban a los Beaufort como ilegítimos, pero era lo mejor que los lancastrianos podían esperar mientras continuaba su disputa dinástica con la Casa de York, la guerra de las Rosas. Así, Enrique Tudor, cuando regresó del exilio en Bretaña, se convirtió en la cabeza de los lancastrianos, cuyo objetivo era derrocar al rey yorkista Ricardo III.

Enrique Tudor se alió sabiamente con los Woodville, la familia de Elizabeth Woodville (que vivió hacia 1437-1492), la esposa de Eduardo IV, con la que estaban enemistados. Otros aliados incluían lores tan poderosos como el duque de Buckingham, que no estaban felices con la distribución de propiedades del rey Ricardo, y cualquiera ansioso por ver que Ricardo III recibiera su merecido. Estos aliados incluían al nuevo rey al otro lado del canal, Carlos VIII de Francia (que reinó entre 1483 y 1498). La primera acción de los rebeldes resultó ser prematura y mal planificada, por lo que la flota invasora de Enrique se retrasó por el mal tiempo, y Buckingham fue capturado y ejecutado en noviembre de 1483.

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The Wars of the Roses in England (1455–1487)
La guerra de las Rosas en Inglaterra (1455–1487) Simeon Netchev (CC BY-SA)

La batalla de Bosworth

La causa lancastriana recibió un impulso drástico cuando el hijo y heredero de Ricardo III, Eduardo, murió el 9 de abril de 1484. El 8 de agosto de 1485, la guerra de las Rosas alcanzó un punto crítico cuando Enrique Tudor desembarcó con un ejército de mercenarios franceses en Milford Haven (en el sur de Gales), una fuerza de no más de 5.000 hombres. El ejército de Enrique se fue incrementando a medida que marchaba a enfrentar al ejército del rey en los campos de Bosworth, en Leicestershire, el 22 de agosto de 1485. Ricardo, aunque estaba al mando de entre unos 8.000 y 12.000 hombres, fue abandonado a último minuto por algunos de sus aliados clave, y el conde de Northumberland incluso se negó a involucrar a sus tropas hasta tener una idea clara de qué bando iba a salir victorioso. No obstante, el rey luchó con valor y actuó tal vez de forma atolondrada al intentar matar a Enrique Tudor con su propia espada. Ricardo logró derribar al portaestandarte de Enrique, pero tiraron su caballo y se mató.

Puede que La guerra de las Rosas hubiese terminado, según los libros de historia, pero el rey Enrique aún tenía que lidiar con muchos disturbios en su reino.

Según la leyenda, lord William Stanley le entregó al victorioso Enrique Tudor la corona de Ricardo, que había encontrado bajo un arbusto de espinas en los campos de Bosworth. El nuevo rey fue coronado como Enrique VII de Inglaterra (de 1485 a 1509) el 30 de octubre de 1485 en la abadía de Westminster y, al casarse con Elizabeth de York (nacida en 1466), la hija de Eduardo IV, el 18 de enero de 1486, las dos casas rivales se unieron finalmente y se creó una nueva: la casa de los Tudor. Las batallas de la guerra de las Rosas (casi) se habían terminado, y la mitad de los barones ingleses habían muerto en el proceso, pero Inglaterra estaba finalmente unida (más o menos) conforme dejaba la Edad Media y entraba en la era moderna.

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Los grandes pretendientes

La guerra de las Rosas podría haber terminado, según los libros de historia, pero el rey Enrique aún tenía que lidiar con muchos disturbios en su reino. Su primer problema era que contaba con muy pocos seguidores leales tras haber pasado años en el exilio. Esta situación tenía sus ventajas, ya que el rey formó la Cámara y el Consejo Privados de asesores cercanos, lo que le permitió sostener las riendas del poder y limitar el acceso físico a su persona. También creó comités especializados, formados mayormente por abogados, a cargo de gobernar el reino, todos supervisados personalmente por él.

Entre aquellos fuera del círculo interno del rey, los más peligrosos eran dos pretendientes al trono o impostores yorkistas. El primero era el hijo de un carpintero llamado Lambert Simnel (hacia 1475-1535) que afirmaba ser el conde de Warwick (sobrino de Ricardo III), un alarde desafortunado, ya que el rey tenía al verdadero conde bien encerrado en la Torre de Londres. Simnel y sus partidarios recibieron una golpiza rotunda en la batalla de East Stoke el 16 de junio de 1487. Luego se obligó al impostor a trabajar en la cocina del palacio para que aprendiera sobre la humildad.

El segundo y más serio desafío provino de Perkin Warbeck (1474-1499), que afirmaba ser Ricardo, duque de York (uno de los hijos desaparecidos de Eduardo IV). Warbeck tenía el apoyo de varios reyes extranjeros ansiosos por desestabilizar Inglaterra, pero fue derrotado en una batalla en Cornualles en octubre de 1497, y confesó que sus reclamos eran mentira. Warbeck fue encarcelado y luego ejecutado en 1499.

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Otras rebeliones menores alimentadas por yorkistas persistentes fueron la del vizconde Francis Lovell de 1486 en el sudeste de Inglaterra y otra en los alrededores de Thirsk, Yorkshire, en 1489, donde la subida de impuestos alimentó los disturbios. Enrique lidió con ambas rebeliones fácilmente, aunque el conde de Northumberland murió en Yorkshire. Un tercer y último yorkista aspirante al trono fue Edmund de la Pole, conde de Suffolk (sobrino de Eduardo IV), capturado en 1506 y ejecutado en 1513. El trono de Enrique estaba seguro, y el sello que indicaba la nueva dinastía era su creación de la «rosa de los Tudor», una amalgama de las insignias de librea de las dos casas rivales: la rosa roja de Lancaster y la rosa blanca de York.

Las políticas económicas de Enrique

Enrique no era solo eficaz para deshacerse de sus rivales: también era un soberano muy eficiente para las finanzas. A través de una combinación de impuestos, cuotas feudales, rentas y multas, Enrique pudo duplicar los ingresos del Estado durante su reinado. La última táctica, es decir, imponer multas, resultó ser particularmente lucrativa, ya que el rey cobraba por delitos menores, desde un mal comportamiento en la corte hasta poseer demasiados sirvientes armados. Una estrategia económica malvada era emitir un bono penal (una fianza) a cualquiera ya encontrado culpable de una falta o multa económica. Si una persona no cumplía con sus obligaciones económicas existentes, entonces, de acuerdo con esta segunda declaración firmada, el rey podía confiscar su propiedad y arruinarla. El rey mantuvo bajo su control a muchos nobles de esta manera, con una guillotina perpetua sobre ellos. La cantidad de nobles también bajó con la creación del cargo de Tasador de las Salas del Rey, que buscaba dinero que se le debía al rey y confiscaba tierras para reforzar los bienes crecientes de Enrique.

Henry VII of England, National Portrait Gallery
Enrique VII de Inglaterra, Galería Nacional de Retratos National Portrait Gallery (Public Domain)

Enrique incluso hizo dinero de su única expedición importante al extranjero. En 1489, envió un ejército a ayudar a Bretaña a mantener su independencia de Francia y asedió Boulogne brevemente. Es posible que, al principio, Enrique estuviera ansioso por devolverle el favor al ducado que lo había cuidado durante su infancia exiliado allí. Sin embargo, para 1492, había dado marcha atrás luego de que Carlos VIII de Francia le hiciera honor a apodo «Carlos el Afable» y le facilitara una compensación económica apropiada.

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Otra fuente de ingresos fue el enorme aumento de los impuestos provenientes del auge del comercio, cuando Inglaterra firmó tratados con Dinamarca, los Países Bajos, España, Portugal y Florencia. La Corona alentó más el comercio al invertir en una pequeña flota de barcos mercantes y establecer una base fortificada para ellos en Portsmouth. El rey incluso quería buscar nuevos centros de comercio y, así, financió el viaje revolucionario del mercader genovés Juan Caboto (también conocido como Giovanni Caboto) a Terranova. Caboto zarpó con su barco, el Matthew, de Bristol en 1497. La iniciativa de Caboto tuvo éxito, pero murió en el viaje de regreso a Inglaterra, y el rey, fiel a su reputación de tacaño, compensó a su familia con una suma insignificante de 10 libras.

Con el tiempo, esta obsesión de enriquecer al Estado llevó al rey a perder popularidad, pero, para ese entonces, ya había reafirmado firmemente su poder monárquico sobre la nobleza, no solo imponiéndoles multas y deudas y limitando su capacidad de crear ejércitos privados, sino estableciendo consejos en Gales y en el norte y oeste de Inglaterra para controlarlos mejor. El ascenso y dominio de los barones, que habían causado tantos problemas a los predecesores de Enrique y asegurado la prolongación de la guerra de las Rosas, había llegado a su fin. Incluso la evolución del Parlamento retrocedió durante el reinado de Enrique, aún una institución que solo se reunía para aprobar nuevos impuestos. En los 23 años del reinado de Enrique, el Parlamento se reunió solo seis veces, un indicador de que el gobierno inglés seguía siendo medieval y el monarca, absoluto.

Gastos: palacios y bodas

El estrecho control de la cartera del Estado de ninguna manera evitó que Enrique gastara en sus propios proyectos y exhibiera su gran amor por la pompa y el boato, en particular los torneos medievales. Las residencias reales recibieron una atención especial con la construcción o restauración del castillo de Windsor, la Torre de Londres, la abadía de Westminster (en particular la capilla que hoy lleva su nombre), el palacio de Richmond y el palacio de Greenwich. Las bodas de los hijos del rey fueron otra área donde se gastó de forma generosa, por ejemplo, el casamiento de la princesa española Catalina de Aragón con Enrique (nacido en 1491), quien se convirtió en el heredero cuando su hermano mayor Arturo murió en 1502 con apenas 15 años. El rey sufrió otro golpe trágico al año siguiente, cuando la reina Isabel murió durante el parto a los 37 años. Esto marcó el debilitamiento del rey, quien se retiró a una vida de soledad tanto como podía en calidad de monarca.

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Henry VII's Chapel, Westminster Abbey
Capilla de Enrique VII, abadía de Westminster Canaletto (Public Domain)

Hubo algunas noticias positivas en los primeros años del siglo XVI. La hija del rey, Margarita (nacida en 1489), se convirtió en la reina de Escocia cuando se casó con el rey Jacobo IV de Escocia (que reinó de 1488 a 1513) el 8 de agosto de 1503. Esta unión del Cardo y la Rosa fue una culminación amistosa de las relaciones difíciles causadas por el apoyo de Jacobo del pretendiente Warbeck. El matrimonio aseguraba una paz duradera entre ambos países. Otra de las hijas de Enrique VII, María (nacida en 1496), se convirtió en la reina de Francia, otro ejemplo de los esfuerzos diplomáticos de Enrique de aumentar el prestigio de Inglaterra a nivel mundial.

Muerte y sucesor

Enrique VII murió de mala salud el 21 de abril de 1509 en el palacio de Richmond, en Surrey. Lo enterraron junto a su reina en la abadía de Westminster, y, con el tiempo, su tumba se recubrió de bronce esculpido por Pietro Torrigiano. Es posible que las políticas fiscales de Enrique VII le valieran cierto nivel de impopularidad, como lo evidencia la ejecución de sus dos abogados principales tras la propia muerte del rey, pero había fijado el curso del Estado para futuras expansiones y prosperidad. Lo sucedió su hijo mayor del mismo nombre, quien, con apenas 17 años, fue coronado Enrique VIII el 24 de junio de 1509. Enrique VIII, un soberano joven, atlético y carismático, heredó un reino económicamente sólido y se convertiría en uno de los grandes reyes de la historia inglesa. Su reinado entretendría a los futuros historiadores con su búsqueda de un heredero varón y seis esposas, y sería testigo de acontecimientos tan importantes como la creación de la Iglesia de Inglaterra.

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Sobre el traductor

Eliana Rua Boiero
Soy traductora pública, literaria y científico-técnica de inglés al español y me apasiona todo lo relacionado con la arqueología, la historia y la religión.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2026, abril 16). Enrique VII de Inglaterra. (E. R. Boiero, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-18781/enrique-vii-de-inglaterra/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Enrique VII de Inglaterra." Traducido por Eliana Rua Boiero. World History Encyclopedia, abril 16, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-18781/enrique-vii-de-inglaterra/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Enrique VII de Inglaterra." Traducido por Eliana Rua Boiero. World History Encyclopedia, 16 abr 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-18781/enrique-vii-de-inglaterra/.

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