Eduardo IV de Inglaterra reinó de 1461 a 1470 y de nuevo de 1471 a 1483.La guerra de los Cien Años (1337-1453) la perdió el predecesor de Eduardo, Enrique VI de Inglaterra (que reinó de 1422 a 1461 y de 1470 a 1471), por lo que Calais quedó como el único territorio inglés en Francia. La incompetencia y los episodios de locura de Enrique fueron factores importantes en la rivalidad entre la casa gobernante de Lancaster y la ambiciosa familia de York que desencadenó el conflicto que hoy se conoce como la guerra de las Rosas (1455-1487).Ricardo, duque de York (1411-1460), había tenido la ambición de convertirse en rey, y su hijo Eduardo asumió ese cargo a partir de 1460. Tras sus victorias en el campo de batalla, Eduardo fue coronado como Eduardo IV al año siguiente. Habría una breve interrupción cuando su antiguo aliado, el conde de Warwick, reinstauró a Enrique VI en 1470, pero Eduardo recuperaría su trono, nuevamente en el campo de batalla, al año siguiente. Durante el segundo mandato del rey, hubo mucha más estabilidad y una economía en auge gracias a un tratado de paz con Francia y al fomento del comercio a través del canal. Eduardo murió, probablemente de un derrame cerebral, a los 40 años, en 1483, y lo reemplazó su joven hijo Eduardo V de Inglaterra (que reinó de abril a junio de 1483), quien fue encarcelado y más tarde asesinado posiblemente por su tío, el duque de Gloucester, quien se convirtió en Ricardo III de Inglaterra (que reinó entre 1483 y 1485).
La guerra de los Cien Años: las semillas del descontento
Los fracasos en la guerra de los Cien Años que libraban Inglaterra y Francia proporcionaron a los ambiciosos barones de Inglaterra una excusa para deshacerse de su rey sin talento. Enrique VI no tenía ningún liderazgo militar en absoluto, y su matrimonio en 1445 con Margarita de Anjou (fallecida en 1482) sobrina de Carlos VII de Francia (que reinó de 1422 a 1461), que implicó la entrega de Maine, provocó una mayor división en Inglaterra. Algunos barones resentían la rendición del rey, mientras que otros estaban enojados porque la guerra enormemente costosa contra Francia aún no había terminado. La influencia obvia de la reina sobre su indeciso esposo fue otro motivo más de discordia entre los funcionarios de la corte, que eran considerados corruptos por los forasteros. Sin embargo, en 1453, la guerra había terminado y los franceses habían recuperado todas las tierras controladas por los ingleses, excepto Calais. Fue entonces cuando Enrique sufrió su primer episodio de locura, que lo dejó tan incapaz de gobernar que Ricardo, duque de York, fue nombrado protector del reino, de hecho regente, en marzo de 1454.
EDUARDO Y SU ALIADO, EL CONDE DE WARWICK, GANARON LA SANGRIENTA batalla de Towton el 29 de marzo de 1461.
Guerra de las Rosas
Ricardo ambicionaba el trono a largo plazo. Tenía un derecho legítimo, aunque lejano, pues era bisnieto de Eduardo III de Inglaterra (que reinó de 1327 a 1377) y sobrino del conde de March, quien había afirmado ser el legítimo heredero de Ricardo II de Inglaterra (que reinó entre 1377 y 1399). Sin embargo, había un rival serio, el conde de Somerset, también un descendiente de Eduardo III pero a través del hijo de ese rey, Juan de Gante, padre de Enrique IV de Inglaterra (que reinó de 1399 a 1413), el primer monarca de la Casa de Lancaster. Así, dos grupos familiares estaban en desacuerdo: los Lancaster y los York, y cada uno tenía aliados entre la nobleza, que Enrique VI había polarizado a través de su interferencia en varias disputas a lo largo de los años. Sumado a esto, la falta de un heredero por parte del rey significaba que el campo estaba libre para cualquier persona capaz de impulsar su reclamo a través de victorias militares. En consecuencia, comenzó el conflicto que hoy conocemos como la guerra de las Rosas. El novelista sir Walter Scott (1771-1832) acuñó el nombre en honor a las insignias posteriores de las dos familias (ninguna de las dos libreas se usaba realmente a mediados del siglo XVI): una rosa blanca para los York y una rosa roja para los Lancaster (que apoyaban a Enrique VI). La guerra fue intermitente y en realidad solo involucró a la nobleza y a sus sirvientes, y no a la población en general; de hecho, muchas de las batallas fueron poco más que escaramuzas, incluso cuando algunas alcanzaron una escala mayor.
El duque de York y el conde de Somerset continuaron su rivalidad hasta que Somerset fue asesinado en la batalla de St. Albans el 22 de mayo de 1455. Entonces, Ricardo le juró lealtad a Enrique VI, probablemente porque se dio cuenta de que ahora el rey podía ser manipulado como un títere. Todavía quedaba un obstáculo para las ambiciones de Ricardo: la formidable figura de la esposa de Enrique, la reina Margarita. La reina detestaba a Ricardo y lideró a un ejército a la victoria contra él en la batalla del puente de Ludford el 12 de octubre de 1459. El duque de York huyó a Irlanda, y el Parlamento de 1459, el llamado «Parlamento de los demonios» lo reconoció como un traidor y desheredó a sus descendientes.
Los aposentos de Eduardo IV en la Torre de Londres estaban tan suntuosamente decorados que llegaron a ser conocidos como la «casa de la magnificencia».
Eduardo se convierte en rey
Fue en el medio de este complejo juego de ajedrez de tronos cuando Eduardo alcanzó la madurez. Eduardo, nacido el 28 de abril de 1442 en Ruan, Francia, hijo de Ricardo, duque de York, y de Cecilia Neville, tenía ahora 17 años y ya era un líder militar capaz. Eduardo de York, conde de March, como se le conocía antes de ser rey, participó activamente en la causa de su padre y, junto a Ricardo Neville, conde de Warwick (1428-1471), derrotaron al ejército de la reina Margarita en Northampton el 10 de julio de 1460 y capturaron al rey Enrique. Ricardo, duque de York, regresó de Irlanda y persuadió a Enrique, que ahora se encontraba en la Torre de Londres, de nombrarlo el heredero oficial al trono, una decisión ratificada por el Acta de Acuerdo del 24 de octubre. Sin embargo, el 30 de diciembre de 1460, el duque de York murió y su ejército fue derrotado en la batalla de Wakefield por aquellos leales a Enrique VI liderados, nuevamente, por la reina Margarita. Esta se aseguró de exhibir la cabeza de Ricardo en una pica en Micklegate, York, con una corona de papel para recordarles a todos que había sido un mero usurpador. El 17 de febrero de 1461, otro ejército yorkista liderado por el conde de Warwick fue derrotado en St. Albans, y Enrique fue rescatado de su cautiverio.
Las posibilidades de Eduardo de hacerse famoso ahora parecían bastante escasas. Sin embargo y de manera significativa, Eduardo todavía contaba con el apoyo del conde de Warwick. Eduardo ganó la sangrienta batalla de Towton el 29 de marzo de 1461, la batalla más grande y larga de la historia de Inglaterra en la que participaron unos 75.000 combatientes. Enrique fue depuesto, y él, la reina Margarita y su hijo Eduardo (nacido el 13 de octubre de 1453) huyeron todos a Escocia. Eduardo de York, que aún tenía solo 19 años, fue coronado como Eduardo IV de Inglaterra en la abadía de Westminster el 28 de junio de 1461. La ceremonia implicó una pompa inusual, seguida por un discurso y precedida por una proclamación similar de su derecho a gobernar ante la comunidad política en Westminster Hall. El nuevo rey sabía muy bien que había usurpado el trono a través de sus hazañas en el campo de batalla.
Tras la última derrota de la reina Margarita en Hexam, en 1464, Enrique VI fue capturado en Lancashire en julio de 1465 y encarcelado en la Torre de Londres. El nuevo régimen ahora parecía bien establecido, pero todavía habría un giro más en la guerra de las Rosas. El conde de Warwick y el rey Eduardo se pelearon por el matrimonio de este último con Elizabeth Woodville (que vivió hacia 1437-1492). Eduardo, alto y apuesto (medía 1,93 metros, algo inusual para la época) siempre había sido un poco mujeriego y no quería conformarse con un matrimonio por conveniencia con un aliado diplomático útil. La mujer que llamó su atención fue Elizabeth, en muchos sentidos una candidata errónea: era plebeya, viuda y madre. El conde de Warwick había estado trabajando entre bastidores para arreglar el matrimonio del rey con la princesa francesa Bona de Saboya, y se enfureció al descubrir que, cuatro meses antes, Eduardo se había casado con Elizabeth en secreto el 1 de mayo de 1464. El conde se sintió aún más decepcionado cuando su posición especial en la corte fue usurpada por la familia de Elizabeth, ya que varios de sus miembros recibieron tierras y títulos del rey.
Como consecuencia de esta enemistad, el rey terminó acusando a Warwick de traición, por lo que este huyó a Francia, donde unió fuerzas con la reina Margarita. La pareja regresó a Inglaterra y derrotó al ejército del rey Eduardo en Northampton en la batalla de Edgecote Moor (el 26 de julio de 1469). Warwick encarceló a Eduardo IV en su castillo de Middleham, y el supuesto «hacedor de reyes» pasó a ser merecedor de ese título, ya que tenía dos reyes confinados. El 11 de abril de 1470, Warwick restituyó brevemente a Enrique VI, que era más maleable, como rey (lo que se conoce como la «restauración»). Sin embargo, Eduardo IV no quedaría en desventaja y, gracias a su huida a Borgoña, pudo organizar otro desafío al trono. Con el respaldo de un ejército anglo-holandés, Eduardo regresó a Inglaterra en marzo y ganó la batalla de Barnet el 14 de abril de 1471 contra su exaliado, el conde de Warwick. La batalla fue la primera en Inglaterra en la que ambos bandos utilizaron artillería como arma principal, aunque, curiosamente, el campo de batalla estaba rodeado de una densa niebla.
Con la muerte de Warwick tras la batalla de Barnet y la muerte del único hijo de Enrique en la batalla de Tewkesbury el 4 de mayo de 1471, Eduardo volvió al trono para su segundo mandato como rey. Solo para asegurarse de que esta vez se quedara allí, persiguió a importantes partidarios de los Lancaster, y casi con seguridad fue él quien ordenó el asesinato de Enrique VI en la Torre de Londres el 21 de mayo de 1471. La evidencia forense indica que el exmonarca recibió un golpe en el cráneo, pero en ese momento Eduardo declaró que Enrique había muerto de «descontento y tristeza». El cuerpo de Enrique se exhibió a la vista de todos en caso de que hubiera dudas sobre su fallecimiento. La reina Margarita fue encarcelada, pero la liberaron tras el pago de un rescate, y regresó a su Francia natal en 1476. Eduardo incluso mandó encarcelar y más tarde matar a su propio hermano Jorge, duque de Clarence, ya que había sido lo bastante imprudente como para aliarse con Warwick y tal vez fuera culpable de conspirar contra el rey. El 18 de febrero de 1478, el duque fue ejecutado de forma creativa, ahogándolo en un barril de vino en la Torre de Londres, posiblemente porque él lo solicitó luego de que le permitieran elegir el método de su ejecución.
El segundo reinado de Eduardo fue en gran parte estable y pacifico. Eduardo apoyó el comercio e incluso se involucró personalmente en algunas inversiones comerciales. El rey dirigió un gran ejército de alrededor de 12.000 hombres a Francia, pero, al no conseguir el apoyo local, firmó un lucrativo tratado de paz con Luis XI de Francia (1461-1483) en marzo de 1475. El monarca francés pagó con entusiasmo para que Eduardo retirara su ejército, aunque el entusiasmo de Luis pudo haberlo fingido, consciente de que más tarde incumpliría sus promesas. Eduardo alentó particularmente el comercio entre Inglaterra y Borgoña (la lana era un bien comercial especialmente lucrativo) y esto hizo que la economía inglesa se recuperara cuando el arca del tesoro se volvió solvente por primera vez en siglos. La paz era más barata que la guerra, pero la creación de un superávit significativo de fondos estatales resultó difícil de alcanzar. Desafortunadamente, un intento de adquirir las concesiones comerciales de la liga hanseática de comerciantes alemanes fracasó. Hubo solo una campaña militar significativa entre todo este palabrerío diplomático: el hermano menor del rey, Ricardo, duque de Gloucester (nacido en 1452), lideró una incursión a Escocia en 1482 y recuperó el control de Berwick para la Corona inglesa.
Durante el reinado de Eduardo, hubo un renacimiento de la caballería medieval y la literatura asociada con ella. El rey también disfrutaba de los torneos medievales y le gustaba vestir finas túnicas y joyas. Los aposentos del rey en la Torre de Londres estaban tan suntuosamente decorados que llegaron a ser conocidos como la «casa de la magnificencia». En estos aposentos con cojines de terciopelo y cubrecamas de armiño, el rey recibía con frecuencia a sus amantes, y de sus travesuras tuvo al menos un hijo ilegítimo: Arturo Plantagenet (fallecido en 1542). Los proyectos arquitectónicos más sagrados del período incluyeron la finalización de la catedral de York en 1474 y la reconstrucción de la capilla de San Jorge en el castillo de Windsor, donde se agregó un magnifico techo abovedado. Otro desarrollo cultural significativo fue la apertura de la imprenta de William Caxton en Westminster, que produjo los primeros libros impresos en Inglaterra, incluidos Cuentos de Canterbury y Dictes or Sayings of the Philosophers (Dichos de los filósofos) de Geoffrey Chaucer en 1477. Una mayor disponibilidad y un menor costo de los libros significarían que, en adelante, habría un público mucho más amplio de lectores expuesto a ideas tanto antiguas como nuevas.
Eduardo IV disfrutaba mucho de sus alimentos y vinos favoritos y, para cuando alcanzó la mediana edad, tenía un grave sobrepeso. El rey murió, tal vez de un derrame cerebral, en Westminster el 9 de abril de 1483 con apenas 40 años. Lo enterraron en el castillo de Windsor y lo sucedió su hijo mayor, Eduardo (nacido en 1470), que entonces tenía 12 años. El joven Eduardo V de Inglaterra solo reinaría de abril a junio, y nunca llegaron a coronarlo. Eduardo y su hermano menor Ricardo (nacido en 1473) fueron encarcelados en la Torre de Londres, donde pasaron a ser conocidos como los «príncipes de la Torre». Nunca se los volvió a ver fuera del castillo; muy probablemente fueron asesinados por su tío y regente, el protector del reino, Ricardo, duque de Gloucester, o al menos eso es lo que los historiadores del período Tudor y el propio William Shakespeare (1564-1616) quieren que creamos. Curiosamente, el duque de Gloucester estaba de servicio en la Torre de Londres la noche en que Enrique VI fue asesinado, pero la muerte de los príncipes sigue siendo uno de los más grandes misterios de la historia inglesa. En 1483 el duque se convirtió en el rey Ricardo III, pero la guerra de las Rosas siguió adelante y Ricardo murió en la batalla de Bosworth en agosto de 1485. El victorioso Enrique Tudor de la Casa de Lancaster se convirtió entonces en el rey Enrique VII de Inglaterra (de 1485 a 1509) y, al casarse con Elizabeth de York, la hija de Eduardo IV, en 1486, las dos casas rivales se unieron finalmente y se creó una nueva: la casa de los Tudor.
Soy traductora pública, literaria y científico-técnica de inglés al español y me apasiona todo lo relacionado con la arqueología, la historia y la religión.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 06 febrero 2020. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.