Los siete contra Tebas es la tercera parte de una trilogía escrita por uno de los más grandes tragediógrafos griegos, Esquilo, en el año 467 a.C., que ganó el primer premio en el concurso de Dionisíacas. Desgraciadamente, solo se conservan fragmentos de las dos primeras obras, Layo y Edipo, y el drama satírico que las acompañaba: La esfinge. Basada en el conocido mito griego antiguo sobre el rey Edipo de Tebas, Los siete contra Tebas se centra en la rivalidad entre Etéocles y Polinices, los dos hijos de Edipo, que continúan con la maldición de su padre al no poder resolver nunca su disputa y, al final, morir a manos del otro. Como se evidencia en su obra más famosa, Orestíada, Esquilo pudo haber sido el único dramaturgo trágico que trató sus trilogías como una sola obra dramática. Esta práctica es evidente en Los siete contra Tebas, donde hace varias referencias a acontecimientos de las dos primeras obras.
Esquilo
Considerado el padre de la tragedia griega, Esquilo nació alrededor del año 525 a.C. en el seno de una familia aristocrática de Eleusis, una zona al oeste del centro de Atenas. Como orgulloso ateniense, luchó contra los persas en la batalla de Maratón en el año 490 a.C., donde su hermano pereció. Algunos estudiosos afirman que también pudo haber peleado en la batalla de Salamina en el año 480 a.C. Comenzó a escribir por esa misma época y consiguió su primera victoria en el año 484 a.C. De sus más de 90 obras, solo seis sobrevivieron; la autoría de una séptima, Prometeo encadenado, está en duda. Era conocido sobre todo por su uso del coro y la introducción de un segundo actor que hablaba, lo que permitía una mayor libertad en el desarrollo de la trama. Sus dos hijos, Eveón y Euforión, fueron también dramaturgos.
El historiador Norman Castor explica en su libro Antiquity que el propósito de las obras dramáticas de Esquilo no era contar una historia, sino explorar un problema. La clasicista Edith Hamilton, en su obra El camino de los griegos, afirma que fue el primer poeta en comprender la «desconcertante extrañeza de la vida» (p. 222). Añade que era profundamente religioso, pero algo radical, ya que dejaba de lado los adornos de la religión griega tradicional. Los dioses de sus obras se ven como sombras, y se cuestiona por qué «los inocentes sufren: ¿cómo puede ocurrir eso y ser justo Dios?» (p. 235). Al final de su vida, Esquilo viajó a Sicilia, donde continuó escribiendo. Murió allí alrededor del año 456 a.C.
El mito
La mayoría de los espectadores conocían bien el mito de Edipo y la maldición del rey Layo. Sin embargo, para comprender y apreciar la obra, el espectador ocasional tenía que entender la difícil situación de la familia condenada del rey y la leyenda que rodeaba la tragedia de Edipo. Antes de su nacimiento, un oráculo le predijo a su padre, el rey Layo, que su hijo lo mataría algún día. Para evitar esta tragedia, el bebé Edipo fue enviado lejos con la orden de que lo mataran. Desafortunadamente, el soldado al que se le encomendó esta misión no pudo hacerlo y, por un golpe de suerte, el rey de Corinto y su esposa criaron al niño. Años después, Edipo, ya adulto, vuelve a su tierra natal, Tebas, y, sin saberlo, cumple la profecía: asesina a su padre y se casa con su madre. Finalmente, Edipo, ahora rey de Tebas, se entera de su pecado, se ciega a sí mismo y se exilia. Junto con su hija, Antígona, vaga como un paria durante muchos años hasta que se establece en Atenas a petición del rey Teseo. Antes de morir, lanza una maldición sobre sus dos hijos: nunca podrán resolver sus diferencias y morirán en combate. Los siete contra Tebas se centra en esta rivalidad entre Etéocles y Polinices, los dos hijos de Edipo. Aunque se le menciona por su nombre, Polinices no aparece ni habla en la obra.
Tras el exilio de Edipo, los hermanos acuerdan compartir el trono de Tebas; cada uno gobernaría alternativamente durante un año. Etéocles decidió gobernar primero, pero al final de su año se negó a cederle el trono a su hermano, lo que obligó a Polinices a exiliarse. En represalia por la traición de su hermano, Polinices se alía con el rey Adrasto de Argos, y estalla la guerra. Rodeado por los argivos, Etéocles se ve obligado a luchar y, uno por uno, envía a sus siete campeones más valientes fuera de las siete puertas de Tebas contra los siete mejores de Argos. Con la guerra en punto muerto, Etéocles, la última esperanza de Tebas, lucha contra su hermano en la séptima puerta, donde ambos mueren. Los atacantes son repelidos y la guerra termina. Al igual que en la obra de Sófocles, Antígona intenta enterrar a su hermano Polinices, a quien se lo considera un traidor, a pesar de las advertencias de los líderes tebanos. Aunque no se menciona en la obra, según la leyenda, la siguiente generación de Argos vuelve a luchar contra Tebas y sale victoriosa.
Personajes
Hasta el final, cuando Antígona e Ismene hacen su aparición, gran parte de la obra transcurre con Etéocles hablando al coro. Por lo tanto, hay relativamente pocos personajes:
- Etéocles,
- Antígona,
- Ismene (sin diálogo),
- un mensajero,
- un heraldo,
- y, por supuesto, el coro.
La trama
La obra comienza con Etéocles enfrentándose a una gran multitud de tebanos preocupados. Es obvio que Polinices y sus compañeros argivos se han reunido fuera de las murallas de Tebas preparándose para la batalla. Los ciudadanos han acudido a su rey en busca de tranquilidad. Él les habla en un tono reconfortante. Les ruega que cuiden el altar, ayuden a los niños y, por último, ayuden a la madre Tierra. Les informa que un profeta predijo que el enemigo planea un asalto, por lo que deben vigilar las puertas y las torres. En un intento por aliviar sus preocupaciones, envía espías y exploradores al enemigo.
Un mensajero entra para informar a Etéocles que siete «impetuosos» capitanes se acercan a las puertas y le aconseja que «defienda la ciudad antes de que se desaten las ráfagas de Ares, pues ya grita la ola terrestre del ejército» (Esquilo, p. 3). El nervioso rey reza a los dioses para que protejan su ciudad. El coro está preocupado y pregunta quién los protegerá, quién será su defensor. ¿Qué dios o diosa los refugiará? Hablando del enemigo que se aproxima, exclaman:
Siete distinguidos capitanes del ejército, blandiendo lanzas impetuosas, avanzan hacia las siete puertas, escogidas a suerte. (Esquilo, p. 5)
Le gritan a Zeus, a Apolo y a Atenea. Dirigiéndose al coro, Etéocles se enfada, dice que hay muchos en la ciudad que tienen miedo y los acusa de ser cobardes sin espíritu. Los insulta llamándolos a todos un montón de mujeres. El enemigo está ganando fuerza. Si el pueblo no obedece sus órdenes, tanto hombres como mujeres, serán condenados a muerte. «La obediencia es madre del triunfo salvador, mujer» (Esquilo, p. 7). Incita al coro a no permitir que los ciudadanos se conviertan en cobardes, a rezar para que las torres los mantengan a raya, a permanecer en silencio y a no tener un miedo excesivo. El líder del coro está preocupado y asustado:
La ciudad se lamenta del fondo de su suelo, pues estamos cercados […] Tengo miedo; aumenta el golpeteo en las puertas. (Esquilo, p. 7)
Etéocles intenta consolarlo al decirle que no tiene que preocuparse y, una vez más, le pide que no hable sobre lo que escucharon en la ciudad. El líder del coro continúa asustado y agrega que él no será un esclavo. Etéocles le habla al coro sobre sus planes:
Yo iré a colocar en las siete salidas de nuestra muralla a seis guerreros, conmigo como séptimo, remeros poderosos contra el enemigo. (Esquilo, pp. 8-9)
Él sale. El coro habla en voz alta sobre el caos que se vive tras las murallas de la ciudad: gritos y bandas itinerantes de saqueadores. Etéocles regresa justo cuando llega un mensajero con noticias del enemigo; cada campeón argivo se encuentra en la puerta que le ha sido asignada. Pregunta al rey quién debe ser enviado a la primera puerta, quién merece su confianza. Etéocles escucha mientras el mensajero habla del poderío del primer campeón enemigo, pero rápidamente descarta la amenaza, ya que ninguna arma humana le hará temblar. Elige a su primer campeón para enfrentarse al enemigo.
Uno por uno, Etéocles elige a los capitanes que lucharán. Todos observan cómo los hombres pelean en la tercera, cuarta, quinta y sexta puerta. Finalmente, el mensajero habla con Etéocles. En la séptima puerta se encuentra su hermano, Polinices:
Voy a hablarte del séptimo que viene contra la séptima puerta, de tu propio hermano, y de las desdichas que impreca y pide para la ciudad. Quiere, después de escalar las torres, de ser proclamado rey del país y de haber prorrumpido con un canto de conquista, encontrarse contigo y habiéndose dado muerte morir cerca de ti. (Esquilo, p. 15)
Etéocles grita que la maldición de su padre se ha cumplido. Pide sus grebas para protegerse. Aunque el líder del coro le ruega que no vaya, Etéocles insiste en que debe hacerlo. Etéocles sale. El mensajero regresa pronto. En la séptima puerta, los hermanos han muerto a manos del otro; la maldición se ha hecho realidad.
La ciudad se ha salvado, pero los reyes de una misma siembra... […] Han muerto los varones, derribados por sus propias manos. […] Así se quitaron la vida con fraternas manos. […] La tierra ha bebido su sangre en la mutua matanza. (Esquilo, pp. 19-20)
Los asistentes traen los cuerpos de los dos hermanos asesinados. Un heraldo comenta:
Debo pregonar las decisiones tomadas por los magistrados populares de esta ciudad cadmea. A Etéocles, que aquí veis, han acordado a causa de su amor al país, sepultarlo en amorosa fosa de tierra. (Esquilo, p. 26)
Sin embargo, el traidor Polinices debe ser expulsado sin entierro. Como declara Antígona en la obra de Sófocles:
Yo lo sepultaré y asumiré el peligro de enterrar a mi hermano, sin avergonzarme de ser desobediente y rebelde para con la ciudad. (Esquilo, p. 26)
El heraldo se mantiene firme, prohibiéndoselo, pero ella está decidida. Antígona, con la mitad del coro, se queda junto al cuerpo de Polinices, mientras que Ismene, con la otra mitad, se queda junto al cuerpo de Etéocles. Todos se marchan para enterrar los cuerpos.
El legado
La influencia de Esquilo perduraría mucho tiempo después de su muerte, llegando incluso a tener un profundo efecto en sus compañeros tragediógrafos. Hay referencias a Los siete contra Tebas tanto en Las ranas de Aristófanes como en Las fenicias de Eurípides. La obra sobreviviría hasta bien entrados los periodos bizantino y renacentista. Desgraciadamente, es posible que su forma actual no sea la misma que la escrita por Esquilo. Muchos estudiosos creen que partes de la obra fueron reescritas años más tarde para mantenerla en consonancia con Antígona de Sófocles, una obra presentada 15 años después de la muerte de Esquilo. Esto es bastante evidente en el clímax: Antígona solo aparece en las últimas líneas de la obra para expresar su preocupación por el cuerpo sin enterrar de Polinices. A pesar de este final bastante abrupto, la obra ha resistido el paso del tiempo y ha influido no solo en sus compañeros trágicos, sino también en otros hasta bien entrado el Renacimiento.
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Hamilton, E. (2002). El camino de los griegos. Fondo de Cultura Económica.
Esquilo. (2015). Los siete contra Tebas. Biblioteca electrónica. (Obra original escrita en 467 a.C.). https://roperoaventuras.com/wp-content/uploads/2015/11/los-siete-contra-tebas-esquilo.pdf

