Urartu, también conocido como el reino de Urartu o el reino de Van, fue una civilización que se desarrolló en la Edad de Bronce y de Hierro en la antigua Armenia, al este de Turquía, y en el noroeste de Irán a partir del siglo IX a.C. El reino, que se apoderaba de los territorios mediante el poder militar y la construcción de fortalezas, presumía de una producción rápida en las artes, sobre todo el trabajo en metal. Sin embargo solo sobrevivió dos siglos; desapareció misteriosamente en el siglo VI a.C. y recién se lo redescubrió como cultura antigua distintiva y reconocible en excavaciones realizadas en el siglo XIX d.C.
La historia de Urartu sigue siendo fragmentaria debido a la falta de fuentes escritas extensas y a la sobredependencia de fuentes potencialmente sesgadas de Estados enemigos contemporáneos, como Asiria. Sin embargo, las inscripciones, la arquitectura y los artefactos que han sobrevivido, junto con las investigaciones arqueológicas actuales, han ayudado a recrear una historia bastante detallada que indica la importancia indudable de una de las culturas antiguas más influyentes de la región.
«Urartu» proviene de urashtu, la palabra asiria para «reino», y significa «lugar alto», que posiblemente se refiere ya sea a la región montañosa o a la práctica común de la cultura de construir fortificaciones en acantilados rocosos. Para los babilonios, eran los uruatri y, para los hebreos, el reino era conocido como Ararat. Los urartios se llamaban a sí mismos biaina y a su Estado, Biainili (o la Tierra de Nairi).
Para el siglo VII a.C., Urartu controlaba el territorio que se extendía desde el mar Caspio hasta la parte superior del Éufrates.
Prosperidad
Urartu surgió de una confederación de reinos que se venía desarrollando desde el siglo XIV o XIII a.C. A partir del siglo IX a.C., se desarrolló un Estado reconocible e independiente conocido como Urartu que combinaba estos reinos más pequeños, probablemente como respuesta a una amenaza externa de Asiria. La cultura prosperó porque se asentaron en una extensa meseta fértil que estaba bien irrigada por los ríos. Entre sus cultivos, estaban el trigo, la cebada, el mijo, el centeno, el sésamo y el lino. La viticultura también era importante y tal vez fue la más antigua en el mundo (aunque existen otros candidatos). Entre los restos de frutas hallados en los yacimientos de Urartu, hay ciruelas, manzanas, cerezas, membrillos y granadas.
La cría de animales, incluidos ovejas, cabras, ganado y caballos, prosperó gracias a la presencia de excelentes pasturas de montaña. Los depósitos de minerales de la zona incluían oro, plata, cobre, plomo, hierro y estaño. Otra fuente de prosperidad era la ubicación en las rutas comerciales entre el antiguo Mediterráneo y las culturas de Asia y Anatolia. Aunque estaban protegidos por las montañas al norte y al sur, debían defenderse constantemente contra los atacantes del este y oeste, que estaban ansiosos por aprovecharse de la riqueza de la región.
El Gobierno de Urartu funcionaba alrededor de una monarquía centralizada, con un estrecho círculo de asesores y un grupo mucho más grande de administradores civiles que supervisaban los templos y proyectos de construcción como fortalezas, carreteras y canales. La capital fortificada de Tushpa se construyó en un acantilado de piedra caliza en las márgenes orientales del lago Van, en las tierras altas. Más tarde, Tushpa se llamaría Van, y es posible que alcanzara una población de hasta 50.000 habitantes en su apogeo. La capital también contaba con una necrópolis real formada por cámaras labradas en la montaña sobre la cual se había construido la ciudad. Otros restos que han perdurado incluyen un altar al aire libre con paredes lisas y muchas inscripciones talladas en la roca. Los gobernadores regionales representaban al rey en las provincias, administraban justicia y recaudaban impuestos en especias que luego regresaban a la capital.
El primer monarca conocido del reino fue Arame, quien reinó entre alrededor de 860 y 840 a.C. En las fuentes asirias, se menciona que el reino adquirió importancia por primera vez hacia 830 a.C. bajo el rey Sarduri I (que reinó entre alrededor de 835 y 825 a.C.), cuyos descendientes gobernarían durante los próximos dos siglos. En 776 a.C., Argishti I (que reinó entre alrededor de 785 y 760 a.C.) fundaría una nueva ciudad, Argishtihinili, en la llanura de Ararat, que más tarde se convertiría en la segunda ciudad del reino y se renombraría Armavir. Hacia 685 a.C., el rey Rusa II (que reinó entre alrededor de 685 y 645 a.C.) fundó la importante ciudad septentrional de Teishebaini (el Ereván moderno), también en la llanura de Ararat. Otros centros importantes de Urartu eran Bastam, Karmir Blur, Adilcevaz y Ayanis.
El Estado controlaba grandes zonas de producción agrícola gracias a campañas militares anuales y a una red de fortalezas.
El Estado controlaba grandes zonas de producción agrícola gracias a campañas militares anuales y a una red de fortalezas. La política de los soberanos con respecto a las tribus vecinas más débiles era, a veces, la de una confederación y la recaudación de tributos en forma de bienes y esclavos en lugar de la conquista. Sin embargo, existen casos notables de la toma de esclavos, como en las campañas de Argishti I contra los hatianos y Tsopq en la década de 780 a.C., cuando se decía que había capturado a 320.000 esclavos. Así, para el siglo VII a.C., Urartu controlaba el territorio que se extendía desde el mar Caspio hasta la parte superior del Éufrates (de este a oeste) y desde las montañas del Cáucaso al norte hasta la cordillera de Tauro al sur. Sin embargo, los académicos no concuerdan sobre la cobertura territorial exacta.
El conflicto armado
Todos los reyes de Urartu parecen haber liderado a sus ejércitos en la batalla. Entre las armas que utilizaban, había espadas de hierro y de bronce, lanzas, jabalinas y arcos, como lo indican aquellas dedicadas en los templos. Utilizaban escudos pesados que tenían grandes ornamentos en el centro decorados con imágenes de criaturas míticas, toros y leones. También hay evidencia del uso de cascos y armaduras de escamas de metal, al menos por parte de la élite. El adversario principal era el Imperio neoasirio, aunque también hay evidencia de relaciones comerciales entre ambos Estados. Dado que los asirios utilizaban carros de guerra, parece razonable suponer que sus adversarios también los empleaban, sobre todo dada la fama de los urartianos por la cría de caballos. Urartu disfrutó algunas victorias a mediados del siglo VIII a.C., pero el soberano asirio Tiglat-Pileser III (que reinó de 745 a 727 a.C.) fue más agresivo que sus predecesores y asedió Tushpa. Otro conflicto importante entre los dos Estados ocurrió en 714 a.C. durante la campaña de Sargón II (722-705 a.C.). Otros enemigos de Urartu eran los cimerios, los escitas y, por último, los medos.
Los urartios realizaban ofrendas de alimentos, armas y bienes preciosos, libaciones de vino y sacrificios de animales a los dioses en espacios rituales al aire libre dedicados a ellos y en portales falsos tallados en la faz de las rocas conocidos como «Portales a los dioses». El panteón de la religión de Urartu contiene una mezcla de dioses únicos y hurritas, como el dios de la tormenta y el rayo Teisheba, derivado del hurrita Teshub. El rey Ishpuini, que gobernó a mediados del siglo IX a.C., ascendió a Jaldi (Haldi), una deidad de origen extranjero, a jefe de los dioses, aunque no se sabe mucho sobre su función aparte de que estaba asociado con el conflicto armado. A menudo se representa a Jaldi como un hombre parado sobre el lomo de un toro o un león, simbólico de su poder.
Jaldi, en especial, tenía templos dedicados a él, que se distinguían por sus torres cuadradas con las esquinas reforzadas. Tan importante era este dios que los urartianos a veces se llamaban los «hijos de Jaldi». El rey gobernante era conocido como el «sirviente de Jaldi», y todas las guerras se realizaban en su nombre.
Otra deidad importante era Shivani, el dios del sol, quien, dada su representación con un disco solar alado, probablemente estaba inspirado en el dios egipcio con la misma asociación, Ra. La consorte de Jaldi, Arubani, era la diosa más importante; Sielardi era la diosa de la luna y Sardi, una diosa de las estrellas. El arte de Urartu incluye el símbolo del Árbol de la vida compartido por todas las culturas mesopotámicas, que suele representarse con una figura a cada lado realizando ofrendas.
Los urartianos eran arquitectos innovadores y ambiciosos. Uno de sus proyectos de construcción más importantes es el canal de piedra de 80 kilómetros de longitud que llevaba agua dulce desde la montaña Artos hasta la capital. El rey Menua (que reinó entre alrededor de 810 y 785 a.C.) construyó esta estructura y permitió la proliferación de viñedos y huertos, lo que le dio a Tushpa renombre como ciudad jardín.
Si bien pocas estructuras sobreviven al día de hoy, se puede ver un ejemplo de un templo de Urartu en un relieve en el palacio del rey asirio Sargón. El relieve muestra el templo de Jaldi, en Ardini, antes de que los asirios lo saquearan en 714 a.C. El edificio tiene un pórtico hexástilo (con seis columnas en la entrada) y un frontón triangular; cuelgan escudos de los muros externos y la entrada tiene una gran urna de cada lado.
Aunque no queda mucho de las fortificaciones de Urartu, una de las fortalezas más importantes y mejor preservadas está en Erebuni, cerca de la capital de Armenia, Ereván. Construida durante el reinado del rey Argishti I, algunas secciones impresionantes de los muros de la fortificación aún se encuentran en pie. Algunos rasgos típicos de las fortificaciones de Urartu son muros enormes apoyados sobre cimientos de piedra formados por grandes bloques cuadrados y apuntalados con torres. En los relieves asirios de las fortificaciones de Urartu, estas torres son almenadas y tienen ventanas. El hecho de que hayan perdurado desde la Antigüedad es un testimonio de las habilidades de construcción de los urartianos, sobre todo si se considera que la región sufre terremotos poderosos y frecuentes.
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Los palacios cuentan con varias recámaras y salas más grandes: el techo de las primeras suele tener una columna de madera central como soporte y el de las segundas, varias filas de columnas. También contaban con patios abiertos y depósitos donde había grandes vasijas de cerámica hundidas en el suelo donde se guardaban alimentos, vino y cerveza. Los ejemplares más grandes de estas vasijas hundidas tienen una capacidad de unos 750 litros (200 galones) cada una. Entre las estructuras ubicadas lejos de los edificios residenciales, probablemente debido al riesgo de incendio, había talleres de cerámica y hornos de fundición.
Las paredes internas estaban decoradas con frescos y, a veces, también tenían cavidades labradas en ellas donde se ubicaban placas de bronce decorativas.
Algunos materiales utilizados son grandes bloques «ciclópeos» ubicados unos sobre otros sin argamasa, bloques de piedra trabajada y ladrillos de barro. Los techos se hacían con vigas de madera o bóvedas de cañón de ladrillos de adobe. Los pisos eran de piedra en los edificios más prestigiosos; los ejemplos que han sobrevivido tienen ya sea grandes losas de basalto o mosaicos uniformes polícromos de piedras grandes con diseños geométricos. Las paredes internas estaban decoradas con frescos y, a veces, también tenían cavidades labradas en ellas donde se ubicaban placas de bronce decorativas o losas de piedra rojas, blancas o negras. Las puertas estaban hechas de tablones gruesos y se cerraban mediante un pestillo de bisagra de bronce.
La cultura material
La riqueza y prosperidad de Urartu está demostrada por la amplia evidencia que ha sobrevivido de su cultura material, en particular la cerámica, los objetos utilizados como dedicaciones religiosas y los ejemplares de trabajos en bronce. De las esculturas de piedra a gran escala, solo han sobrevivido fragmentos. Las excavaciones de las ciudades urartias han revelado la presencia de edificios públicos y privados con murales internos. Los fragmentos que han sobrevivido, pintados sobre yeso, muestran escenas con animales, criaturas míticas, procesiones de dioses y escenas de la vida cotidiana, como la agricultura y la caza. El fondo solía ser blanco, con los contornos trazados en negro, y los colores azul y rojo eran los más utilizados.
El trabajo en metal tiene una larga historia en la región y se remonta al siglo X a.C. Los artesanos del reino de Urartu producían artículos como joyas, bocados para caballos, cascos, hebillas y candelabros de bronce y cobre. También producían enormes calderos de bronce con cabezas de animales o humanas alrededor del borde en grandes cantidades. Los artículos de metal se moldeaban, se repujaban, se incrustaban con oro o se los grababa con diseños. El arte de Urartu se observa mejor en las esculturas de bronce hechas en tres dimensiones, que muestran una influencia de Asiria, sobre todo en la elección de los temas: leones, toros, criaturas mitológicas como grifos y centauros, y temas militares, en particular los jinetes. El arte religioso incluye estatuillas de bronce de dioses prominentes como Jaldi, Teisheba y Shivani. Algunas deidades no se han identificado, como una diosa representada en hueso y figuras híbridas un hombre-pez, un hombre-pájaro y un hombre-escorpión. Aquellos artículos de bronce pertenecientes a la casa real se identificaron mediante inscripciones que también ayudaron en la identificación de las obras de Urartu halladas fuera de Asia, como en las tumbas etruscas del centro de Italia. Otros materiales utilizados en el arte de Urartu son el marfil, las piedras semipreciosas y las astas de ciervos.
En cuanto a la escritura, al principio utilizaban simples pictogramas, pero luego adoptaron y adaptaron la escritura cuneiforme de las culturas mesopotámicas contemporáneas vecinas. Las inscripciones en cuneiforme del reino que han sobrevivido, de las cuales hay unos 400 ejemplos, muestran que el lenguaje urartio estaba relacionado con el hurrita, y ambos probablemente compartieron un lenguaje ancestral en común que data del tercer o segundo milenio a.C.
Declive
En el siglo VII a.C., el reino de Urartu llegó a su fin de forma misteriosa pero violenta cuando, en algún momento entre alrededor de 640 y 590 a.C., sus ciudades fueron destruidas. El Estado probablemente estaba debilitado a causa de décadas de batallas con los asirios, y puede que estuviera demasiado exigido para controlar su propio imperio. Se desconoce quiénes fueron los responsables, pero, entre los posibles candidatos, están los escitas, los cimerios e incluso fuerzas de los mismos territorios administrados por los reyes de Urartu.
El hallazgo de puntas de flecha de tres púas, típicas de los arqueros escitas, en el yacimiento destruido de Teishebaini son sugerentes. La destrucción de la ciudad por un incendio en algún momento entre 594 y 590 a.C. parece haber sido inesperada, ya que los graneros se habían llenado recientemente, y las armas y las pertenencias preciadas parecen haberse abandonado a las apuradas. Es probable que las diversas ciudades de Urartu sucumbieran en distintas épocas ante distintos pueblos durante un período de dos o tres décadas.
Los territorios que el reino de Urartu había ocupado antaño terminaron bajo el control de los medos hacia 585 a.C., y luego Ciro el Grande los incorporó al Imperio aqueménida a mediados del siglo VI a.C. Sin embargo, el lenguaje de Urartu sobreviviría hasta el período helenístico. Muchas ciudades urartias terminarían ocupadas por asentamientos importantes durante la Antigüedad, y muchos de sus nombres urartios sobreviven hasta el día de hoy. Urartu, desconocida y no documentada por los historiadores griegos antiguos, tendría que esperar hasta las excavaciones arqueológicas del siglo XIX para ser reconocida como una importante cultura regional de la Edad de Bronce.
Soy traductora pública, literaria y científico-técnica de inglés al español y me apasiona todo lo relacionado con la arqueología, la historia y la religión.
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 08 febrero 2018. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.