Apis

Joshua J. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
publicado el
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Apis Bull (by Carole Raddato, CC BY-SA)
Toro Apis Carole Raddato (CC BY-SA)

Apis era el dios toro más importante y reverenciado del antiguo Egipto. Su nombre egipcio original era Api, Hapi o Hep; Apis es el nombre en griego. No obstante, no está asociado con el dios Hapi/Hep, que estaba vinculado a las inundaciones y se representa como el dios del río.

El culto del toro Apis está documentado ya en la Dinastía I (en torno a 3150 - alrededor de 2890 a.C.) en ceremonias conocidas como La carrera de Apis, pero la veneración del toro en Egipto es anterior a esta época, de manera que se cree que Apis puede ser el primer dios de Egipto o, como mínimo, uno de los primeros animales asociados con la divinidad y la eternidad. En origen era un dios de la fertilidad y luego pasó a ser el heraldo del dios Ptah, pero, con el tiempo, se consideraría Ptah encarnado. En algunas eras también se lo representaba como hijo de Hathor y estaba estrechamente asociado con la bondad y la abundancia de la diosa.

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Había muchas deidades bovinas en Egipto, y Hathor es sencillamente la más conocida, pero Apis era la más importante por que representaba los valores y conceptos culturales centrales de todos los egipcios. Cada deidad tenía su propia esfera de influencia y poder, pero Apis representaba la eternidad misma y el equilibrio armonioso del universo. Otras deidades bovinas tales como Bat, Buchis, Hesat, Mnevis y el Toro de Occidente, sin importar cuán poderosas fueran, nunca tendrían la misma resonancia que la deidad encarnada que era el toro de Apis.

Apis se representa a lo largo de la historia de Egipto como un toro, por lo general con un disco solar y un ureo (la serpiente sagrada que simbolizaba el poder del rey) entre los cuernos. En el Período Tardío del antiguo Egipto (525-332 a.C.) a veces se lo representaba como un hombre con cabeza de toro y, en la época romana, se convirtió en la representación más popular del dios. Durante la época ptolemaica (323-30 a.C.), que tiene lugar entre las dos anteriores, se representaba con forma antropomórfica como un hombre barbudo con túnica, al estilo de los dioses griegos como Zeus, con el nombre de Serapis. El toro de Apis siempre se asoció con el rey de Egipto y, entre sus muchos significados, representaba la fuerza y la vitalidad del monarca en el trono.

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Origen y selección

No hay ningún mito relacionado con el origen de Apis, pero aparece en los grabados desde el periodo Predinástico (en torno a 6000-3150 a.C.). Apis era un dios de la fertilidad y un poder primordial que más tarde se asociaría con el dios creador Ptah. No está claro en qué momento se lo empezó a asociar con Hathor, pero es una relación que está bien establecida para el periodo Arcaico (en torno a 3150 - alrededor de 2613 a.C.), época en la que el toro también se vinculó al poder del rey (tal y como demuestra la Paleta de Narmer). El toro de Apis se adoró ceremonialmente desde esta era hasta la época ptolemaica e incluso hasta el periodo romano, independientemente de las demás deidades que estuvieran en boga en cualquier momento dado. Durante las diferentes eras de la historia de Egipto, hubo diferentes dioses que asumieron la supremacía en distintas regiones, o incluso a nivel nacional, tales como Osiris, Isis, Amón, Atum o Ra, pero el culto de Apis nunca cambió de una manera dramática.

Painted Coffin Footboard with Apis Bull
Pie de ataúd pintado con el toro Apis Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)

A principios del periodo arcaico, el ritual conocido como La carrera de Apis se realizaba para fertilizar la tierra. El toro aparece en los grabados con un menat, el collar sagrado de Hathor. No está claro dónde corría el toro en esta ceremonia, pero lo más probable es que fuera en el recinto del templo de Menfis, la capital de Egipto en aquella época, que fertilizaba de manera simbólica todo el país.

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Elegían el toro, tras una cuidadosa búsqueda, basada en la apariencia; tenía que ser negro con una marca triangular en la frente, otra marca blanca en el lomo en forma de alas de halcón o buitre, una media luna blanca en el costado, una separación en los pelos de la cola (que se conocía como «doble pelo») y un bulto en la lengua en forma de escarabajo. Si encontraban un toro con todas estas características, obviamente lo reconocían inmediatamente como Apis, pero también valía uno que tuviera unas pocas o incluso una sola. Una marca blanca en forma de triángulo en la frente y el bulto en forma de escarabajo bajo la lengua a menudo eran suficientes para elegir al toro.

Culto

Una vez elegido, llevaban al toro a Menfis, donde vivía en el recinto del templo con su madre. La gente viajaba a la ciudad desde todo el país para adorar a los animales. El egiptólogo Richard H. Wilkinson describe la vida del toro en la ciudad:

En Menfis el toro Apis vivía en un lugar especial justo al sur del templo de Ptah, donde lo adoraban y disfrutaba del entretenimiento de su propio harén de vacas. Además de participar en procesiones especiales y otros rituales religiosos, el animal se utilizaba para pronunciar oráculos y se consideraba una de las fuentes oraculares más importantes de Egipto. (172)

Los días de festival, las fiestas y otros acontecimientos importantes, como la coronación del rey, soltaban al toro en una sala especial con varias puertas que conducían hasta ella. Fuera de las puertas colocaban símbolos y comida y la gente hacía preguntas sobre el futuro mientras llevaban al toro a la habitación. Dependiendo de la puerta que eligiera el toro, la gente recibía una respuesta u otra.

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Una vez realizada la profecía e interpretada por los sacerdotes, dejaban al toro caminar libremente por el recinto mientras la gente se arrodillaba para adorarlo. Para los antiguos egipcios, todo tipo de vida era una extensión de la divinidad y la vida era sagrada. Aunque la dieta egipcia incluía carne, en gran parte era vegetariana y, en las ocasiones en las que comían animales, daban gracias por el sacrificio.

Apis
Apis Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

Aunque la gente sabía que el toro concreto que estaban viendo moriría antes o después, también sabían que el espíritu que habitaba en el toro era eterno; el cuerpo específico moría, pero no el toro en sí, no el alma que insuflaba vida al animal. Era ese aspecto eterno del toro Apis lo que lo hacía tan importante en los festivales religiosos y otros encuentros públicos.

Uno de los acontecimientos más importantes en los que participaba el toro era el festival de Heb-Sed, celebrado cada treinta años del reinado de un rey para rejuvenecerlo. El festival de Heb-Sed contaba con varios actos físicos que tenía que realizar el rey para demostrar que todavía estaba en condiciones de servir a los dioses y al pueblo. El toro, desde los primeros tiempos, se había asociado con el rey y la fuerza del monarca, de manera que tenía que caminar junto al rey en una muestra de aprobación divina. Al final del festival, cuando invitaban a la gente a un festival comunal en honor al rey, el toro Apis se quedaba en presencia del rey como un recordatorio de la fuerza y la virilidad.

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Muerte y sustitución

Tras un periodo de 25 años, si el toro no sufría ninguna enfermedad o accidente, lo sacrificaban en una ceremonia. Los sacerdotes se comían ciertas partes del animal y luego el cuerpo se llevaba a una parte especial del templo en Menfis para embalsamarlo. Se declaraba un estado de luto durante el que se momificaba el cuerpo del toro con el mismo cuidado que se le habría dado al rey o a los nobles y, durante ese tiempo, enviaban a los sacerdotes a encontrar un sustituto. Una vez completado el embalsamamiento, el toro momificado se transportaba por el camino sagrado desde Menfis hasta la necrópolis de Saqqara, donde se enterraba en el Serapeo, una serie de cámaras subterráneas excavadas con este propósito por el hijo de Ramsés II (1279-1213 a.C.), Jaemuaset. También fue Jaemuaset, un devoto de la preservación de la historia, el que se aseguró de recoger cuidadosamente las fechas de las muertes de los toros Apis y las fechas de los enterramientos. Jaemuaset, sumo sacerdote de Ptah en Menfis, habría presidido las ceremonias fúnebres de los toros.

Estos toros se enterraban en sarcófagos de granito, algunos de los cuales estaban decorados, mientras que a la madre del toro, que también se sacrificaba y embalsamaba, se enterraba de manera similar en las catacumbas del Iseo dedicado a Isis. Cualquier ternero que hubiese producido el toro también se sacrificaba y embalsamaba, aunque en este caso no se sabe dónde.

La muerte del toro no era el final de su vida, sino un momento de transición de un estado al siguiente y la ceremonia en la que moría no se consideraba una matanza, sino una transformación.

La razón para sacrificar al toro era que se pudiera unir a Osiris y recrear de manera ritual el ciclo de la vida, la muerte y la resurrección. El toro había representado al creador vivo Ptah en vida y se convertía en Osiris cuando moría; a partir de ese momento se referían a él como Osirapis. Osiris era el primer rey de Egipto, y el primero en morir y regresar a la vida de todos los seres vivos, por lo que el ritual de matar al animal que estaba relacionado de manera tan estrecha con la realeza y la divinidad fusionaba la monarquía con la resurrección. La muerte del toro Apis simbolizaba la naturaleza eterna de la vida. En vez de esperar a que el toro se muriese de viejo o por alguna enfermedad, se lo enviaban a Osiris todavía sano y, una vez enterrado, otro toro que se le parecía mucho ocupaba su lugar. De hecho, este nuevo toro albergaba el mismo espíritu eterno que el anterior, y creían que el alma del anterior renacía en el siguiente que sería elegido para sustituirlo.

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Por ese motivo, al principio de la era ptolemaica, Ptolomeo I eligió fusionar a Apis con el dios griego Zeus, entre otros, para crear su nuevo dios, Serapis, para la sociedad multicultural que estaba intentando formar en Egipto. Ptolomeo I construyó su gran Serapeo en Alejandría, cerca de la famosa biblioteca, para elevar a su nuevo dios como deidad y acogía y aceptaba a todo el mundo. Apis no era solo un dios más del panteón egipcio, sino la personificación de los valores egipcios y, una vez que Ptolomeo I lo fusionó con las divinidades griegas, se convirtió en el dios preeminente de la nación que solo moría para vivir eternamente. La muerte del toro no era el final de su vida, sino un momento de transición de un estado al siguiente y la ceremonia en la que moría no se consideraba una matanza, sino una transformación.

Serapis
Serapis Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

Este ritual puede parecer contradictorio del valor que los antiguos egipcios ponían en la individualidad y una vida larga y plena, pero en realidad ilustraba ese concepto mismo. El toro nunca envejecería ni moriría, era un ser eterno: se mantendría siempre sano y en forma mientras pasaba de un cuerpo al siguiente en una progresión eterna. La razón por la que el culto de Apis nunca se alteró demasiado en más de 3.000 años de historia es que encarnaba los valores egipcios más profundos relativos a la vida, el tiempo y la eternidad. El tiempo que pasaba una persona en la tierra no era más que una breve estancia en el viaje eterno que sacaba a la persona del tiempo pero no del lugar. La otra vida egipcia era una continuación de la vida en la tierra, sencillamente en un plano diferente; la gente seguía disfrutando de su hogar, sus mascotas, su tierra y sus seres queridos en el paraíso. El toro Apis garantizaba esto a través de su constancia; independientemente de la era en la que viviera alguien, esta manifestación divina concreta existía: había una en el presente, había habido una en el pasado y habría una en el futuro, y todas ellas serían la misma entidad eternamente.

Cambises II y el cristianismo

En 525 a.C. los persas, liderados por Cambises II, invadieron Egipto y Heródoto nos informa de que el rey mató al toro Apis antes de tiempo (una historia que también cuenta Diodoro Sículo) e hizo arrojar sus restos a la calle, donde se los comieron los perros. Estos relatos se han cuestionado porque Cambises II conocía y respetaba la cultura egipcia, por lo que algunos estudiosos creen que no concuerda con su carácter que cometiera tal sacrilegio a sabiendas.

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Sin embargo, la historia no resulta tan difícil de creer. Cambises II acababa de conquistar Egipto en la batalla de Pelusio utilizando las creencias de los egipcios contra sí mismos. Como sabía de su veneración por los animales en general, y por los gatos en especial, hizo que sus soldados reunieran todos los animales callejeros que pudieran encontrar y que pintaran imágenes de la diosa gato egipcia Bastet en sus escudos. Después marchó a Pelusio y llevó a los animales por delante, exigiendo la rendición inmediata de la ciudad. Los egipcios prefirieron hacer lo que les decían a arriesgarse a herir a los animales y enfurecer a Bastet. Y no parece haber demasiada diferencia entre las acciones de Cambises II aquí y en el asesinato posterior del toro Apis. En ambas ocasiones utilizó las creencias egipcias en beneficio propio: al matar al toro Apis antes de tiempo estaba anunciándose como el nuevo rey de Egipto y desestimando a la antigua monarquía y los rituales que tenían que ver con ella para resaltar su triunfo y el amanecer de un nuevo régimen.

Heródoto explica que Cambises II pagó por el crimen con su vida; cuando estaba montándose en su caballo, se clavó la espada por accidente en la pierna, en el mismo lugar en el que había apuñalado al toro, y se murió de una infección. También se dice que, a partir de entonces, veían a los perros como animales impuros porque se habían comido al toro divino. Los perros siempre habían estado bien considerados en Egipto, según cuenta la historia, pero a partir de entonces los consideraron viles. No obstante, no parece que haya ninguna evidencia que respalde esta historia, ya que los perros se siguieron usando para la caza, como guardianes y compañeros durante el resto de la historia del país sin ninguna disminución apreciable en su estatus.

El culto de Apis siguió adelante hasta el ascenso del cristianismo en el siglo IV d.C. El toro eterno que simbolizaba los valores egipcios era incompatible con la nueva visión cristiana, de manera que los rituales en torno al toro fueron desapareciendo. El Serapeo de Ptolomeo I fue destruido por cristianos fanáticos en torno a 385 d.C. en un esfuerzo por erradicar las creencias precristianas en Alejandría. Puede que ese mismo celo fuese también el culpable de la destrucción de la gran biblioteca, situada cerca del Serapeo, en la misma época o poco después. En el siglo V d.C. el culto de Apis se prohibió junto con todas las demás sectas paganas y los rituales cristianos sobre el universo y la divinidad se convirtieron en los dominantes.

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2026, febrero 01). Apis. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-14352/apis/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Apis." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, febrero 01, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-14352/apis/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Apis." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 01 feb 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-14352/apis/.

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