Un mártir es alguien que muere de manera voluntaria por una causa religiosa o secular. La palabra proviene del griego «testigo» y hace referencia a alguien que, ante un tribunal, da testimonio de sus creencias o de la verdad, a pesar del riesgo que pueda conllevar. Como tal, se considera uno de los mayores sacrificios que puede hacer alguien.
La sociedad es la que otorga el título y la condición de mártir, que es la que conmemora a la persona martirizada mediante historias y monumentos. El martirio suele yuxtaponerse a una cosmovisión social o religiosa dominante o a un Gobierno opresivo. En la tradición occidental, el concepto de mártires y martirio se deriva de las historias grecorromanas de una muerte noble (cultos a los héroes), la revuelta macabea judía de 167 a.C. y la persecución de los cristianos por parte de Roma.
La Antigua Grecia había creado el concepto de los cultos a los héroes, con la apoteosis o deificación de la persona tras la muerte.
El suicidio, el acto de la muerte voluntaria, nunca estuvo condenado en la Antigüedad, pero pero se debatía si la razón de la muerte era honorable y necesaria. La memoria social era un concepto esencial de la vida después de la muerte; sin memoria, no había existencia. En las escuelas filosóficas, el modelo de muerte noble era la historia de Sócrates (469-399 a.C.), tal y como la relató su discípulo, Platón. A Sócrates lo juzgaron en Atenas por corromper a la juventud y acabó condenado a muerte. A pesar de los planes de sus amigos, Sócrates se negó a huir de Atenas y aceptó su destino. El hecho de que se bebiera la cicuta demostró que era él quien tenía el control de su propio destino, no el Gobierno griego de Atenas.
La antigua Grecia había creado el concepto de los cultos a los héroes con la apoteosis o deificación de la persona tras la muerte. Sus grandes hazañas en vida se recompensaban con la posibilidad de estar entre los dioses tras la muerte en los Campos Elíseos. El dios Heracles/Hércules era un modelo. La gente peregrinaba a los lugares donde se suponía que estaban las tumbas de los héroes y podía pedirles favores. Roma tardó en adoptar esta idea, pero se convirtió en una forma popular de honrar a grandes generales como Escipión el Africano, quien derrotó a Aníbal en la segunda guerra púnica (218-201 a.C.).
Tras la muerte de Alejandro Magno (que reinó de 336-323 a.C.), Siria quedó bajo el dominio del Imperioseléucida. En el año 167 a.C., Antíoco IV Epífanes (que reinó de 175-164 a.C.) tomó la medida sin precedentes de prohibirles a los judíos practicar sus costumbres. Bajo el dominio de la familia asmonea, los judíos se rebelaron y derrotaron a los griegos. Conocida como la revuelta macabea, la historia se relata en cuatro libros que ahora se incluyen entre los testamentos en las Biblias modernas. 2 Macabeos sentó las bases para varias innovaciones que se convirtieron en fundamentales para el judaísmo, el cristianismo y el islam. Tenemos la historia de Ana, una madre que tuvo que ver cómo sus siete hijos eran torturados y ejecutados por negarse a adorar a los dioses griegos.
El término «mártir» se introdujo por primera vez como «testigo» de por qué preferían la muerte. Antes de morir, cada hijo pronunció un discurso, afirmando que moría por los pecados de la nación. La nación debía de haber pecado, o Dios no habría permitido que los griegos los oprimieran; debía de ser una forma de disciplina divina. Sus muertes se interpretan como un sacrificio a Dios a modo de expiación (una forma de cubrir o reparar una ofensa) y como la reivindicación de los justos. Estaban felices de morir por sus creencias, decían, porque sabían que su Dios los resucitaría (anastasis en griego, «resurrección» en español). Este es el origen de la recompensa por el martirio: que tanto el cuerpo como el alma sean llevados instantáneamente a la presencia de Dios en el cielo.
El culto imperial y la persecución de los cristianos
Tras el asesinato de Julio César en el año 44 a.C., su heredero, Augusto (que reinó desde el 27 a.C. hasta el 14 d.C.), organizó sus juegos fúnebres en Roma. Poco después se avistó un cometa, y el pueblo afirmó que César se encontraba ahora entre los dioses. El Senado romano cedió a la demanda popular y deificó oficialmente al difunto Julio, quien, como tal, podía ser venerado. Se crearon templos y un sacerdocio para el ahora deificado Julio. Augusto amplió entonces la idea al culto a Roma (la personificación de la ciudad), que incluía el homenaje a la familia imperial (que ahora podía reivindicar antepasados divinos). Cuando Augusto murió, también fue deificado por el Senado.
A finales del siglo I d.C., el segundo hijo de Vespasiano (que reinó de 69-79 d.C.), Domiciano (que reinó de 82-96 d.C.), renovó todas las viejas políticas que por lo general les costaban la vida a los emperadores. Revisó rápidamente el tesoro y estaba buscando medios para obtener ingresos cuando recordó el impuesto judío que su padre había ordenado como indemnización por la gran revuelta judía del año 66 d.C. Sin embargo, al parecer, el cobro de este impuesto judío se había descuidado tanto en Roma como en las provincias.
Los cristianos asimilaron la historia de los mártires macabeos; cualquiera que muriera por sus creencias era recompensado con la presencia inmediata ante Dios.
Al registrar las viviendas de Roma, la Guardia Pretoriana se topó con cristianos que afirmaban no deber ningún impuesto porque no eran judíos (es decir, no estaban circuncidados).Julio César les concedió a los judíos étnicos el privilegio de no tener que ajustarse a los cultos estatales de Roma, pero este nuevo grupo resultaba confuso. Estos cristianos adoraban al mismo Dios que los judíos, honraban las Escrituras judías, pero no eran judíos étnicos. Al igual que a los judíos, a los cristianos se les prohibía adorar a los dioses tradicionales del Imperio romano, incluido el culto imperial, y esa es muy probablemente la causa principal del inicio de la persecución de los cristianos en el Imperio romano.
La negativa a participar en los cultos estatales del Imperio era «ateísmo», o incredulidad en los dioses. Como los dioses eran responsables de la prosperidad del Imperio romano, la incredulidad y la no participación eran los equivalentes antiguos de la traición. La traición, siempre y en todas partes, acarreaba la pena de muerte, y esa fue la razón por la que ejecutaban a los cristianos en los circos, con la frase: «Cristianos a los leones». Los cristianos asimilaron la historia de los mártires macabeos; cualquiera que muriera por sus creencias era recompensado con la presencia inmediata de Dios. En los inicios de la tradición cristiana, se estableció el modelo para que los creyentes actuaran imitando a Jesucristo.
El que quiera ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio, la salvará (Marcos 8:34-35).
Tras la conversión de Constantino al cristianismo en el año 312 d.C., el cristianismo se convirtió en una religión legal, lo que significaba que contaban con una autorización del Senado para reunirse. Esta autorizarión redujo las oportunidades para el martirio, así que, en su lugar, las nuevas órdenes de hombres y mujeres del movimiento que se convirtió en el monacato (siglos III-IV d.C.) se convirtieron en mártires vivientes: los monjes se retiraban de la sociedad para dedicarse a la oración y a una vida ascética en el desierto, sacrificando así una vida normal (matrimonio e hijos) a Dios.
Al igual que los cultos a los héroes de la antigua Grecia, ahora los cristianos realizaban peregrinaciones a las tumbas de sus primeros mártires. Se entendía que, como ahora se encontraban en el cielo, los mártires podían actuar como mediadores a los que implorarles beneficios terrenales. Para beneficio de los fieles, también se crearon relatos legendarios con los detalles de sus juicios y muertes en forma de martirologios. En la Edad Media esta práctica se convirtió en el culto a los santos, un aspecto importante de la Iglesia medieval.
Los primeros rabinos desarrollaron criterios para quitarle la vida a alguien. La vida debía preservarse, ya que habían recibido los mandamientos para vivir según ellos, no para morir por ellos. Tanto el comportamiento privado como el público debían reflejar el kiddush ha Shem, la «santificación del nombre». Estaba permitido violar los rituales judíos cotidianos para preservar la vida. Hay tres excepciones (normalmente durante una época de persecución):
ser obligado a asesinar a alguien,
conducta sexual inapropiada,
idolatría (Tratado Sanedrín 74a).
Islam
El profeta Mahoma (570-632 d.C.) también incorporó al islam el mismo concepto de martirio del judaísmo y el cristianismo. Shahid es el término para «testigo», pero también está relacionado con el concepto islámico de yihad («lucha»). El Corán enseña dos niveles de yihad. El más importante es la lucha interior, la práctica diaria de los conceptos y rituales islámicos centrados en la relación de cada uno con Dios. La segunda yihad es la lucha para defender la fe del islam. Esta segunda yihad ha sido adoptada por grupos islamistas radicales que justifican el uso de la violencia contra otros, alegando la defensa de su fe.
Los mártires islámicos se entierran con la ropa con la que murieron y son transportados instantáneamente al Paraíso (Cielo), donde se les concede un lugar especial. El islam también otorga el estatus de mártir a quienes sufren en esta vida, como las víctimas del cáncer.
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El martirio moderno
Los conceptos modernos de martirio incluyen lo que se conoce como mártires seculares, es decir, personas dispuestas a morir por una causa social o política. Entre los ejemplos de mártires modernos se encuentran Abraham Lincoln, Dietrich Bonhoeffer, Gandhi y Martin Luther King Jr. Los funerales de los soldados se celebran de acuerdo con los funerales de los mártires, ya que dieron su vida por Dios y por la patria. Otras religiones del mundo tienen un concepto similar, en el que las víctimas de la persecución cultural o gubernamental se consideran mártires.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Rebecca I. Denova, Ph D. es catedrática emérita de Cristianismo Primitivo en el Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Pittsburgh. En julio de 2021 se publicó su libro de texto titulado «The Origins of Christianity and the New Testament» (Wiley-Blackwell).
Escrito por Rebecca Denova, publicado el 15 febrero 2022. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.