Ninurta (identificado con Ningirsu, Pabilsag y el Nimrod bíblico) es el dios héroe sumerio y acadio de la guerra, la caza y el viento del sur. Aparece por primera vez en textos de principios del tercer milenio a.C. como un dios agrícola y una deidad local del pueblo de Girsu (como Ningirsu) y de la ciudad de Larak (como Pabilsag), ambas comunidades sumerias.
Su papel como dios de la agricultura cambió a medida que las ciudades mesopotámicas se fueron militarizando cada vez más y empezaron campañas de conquista, lanzándose unas ciudades contra otras. El estudioso Stephen Bertman escribe:
Ninurta comenzó su carrera divina como un dios de la irrigación y la agricultura. De hecho, «La instrucción de Ninurta» es el título de un antiguo «almanaque de granjero» sumerio. Pero con la aparición del imperialismo, se transformó en un dios de la guerra joven y vigoroso. (124)
Ninurta era hijo de Enlil y Ninhursag o, según otras historias, de Enlil y Ninlil. Era esposo de Gula, la diosa de la curación, aunque en inscripciones anteriores, donde aparecía como Ningirsu, estaba casado con la diosa Bau o Baba, diosa de los perros que más tarde se convertiría en Gula. Aunque se definía principalmente por su naturaleza agresiva, también estaba asociado a la curación y la protección (de ahí su asociación con Gula) y se lo invocaba a menudo en encantamientos mágicos para ahuyentar el peligro, a los demonios y las enfermedades.
Como más a menudo se lo representa es como un guerrero, en ocasiones con alas extendidas, sujetando un arco y una flecha y portando su famosa maza, Sharur, un arma capaz de hablar y razonar. En el arte babilónico aparece de pie o corriendo sobre el lomo de una bestia con forma de león y cola de escorpión. Aun así, hasta alrededor de 1500 a.C. se lo seguía asociando con la agricultura, el crecimiento y la cosecha y se lo representaba como un individuo pleno capaz de grandes gestas pero imperfecto como cualquier mortal.
Los imperios asirio y neoasirio acogieron a Ninurta como el hijo de su dios Ashur y bajo el reinado de Asurnasirpal II (884-859 a.C.) se construyó un gran templo y un zigurat en honor al dios en la nueva ciudad de Asurnasirpal II, Kalhu. Los sellos de esta época representan a Ashur como un disco alado, con el nombre de Ninurta debajo, lo que sugiere claramente que los dos se consideraban casi como iguales.
Muchos reinos y principados de la antigua Mesopotamia invocaban a Ninurta, ya fuera por protección o por su ayuda en asuntos militares, desde alrededor de 3300 hasta 612 a.C. cuando el Imperio neoasirio cayó ante los invasores y muchos de sus dioses cayeron en desgracia. A pesar de todo, a principios de su existencia se concibió como el polo opuesto de un dios de la guerra.
Origen y relevancia de Ninurta
El dios se originó como Ningirsu, «Señor de Girsu», en Sumeria, y los textos más antiguos utilizan ese nombre para designar al hijo de Enlil y Ninlil (aunque un mito sugiere que es hijo de Enlil y una cabra). Gudea de Lagash (que reinó de 2144-2124 a.C.), conocido por su devoción a los dioses, se entregó a Ningirsu y su sucesor, Ur-Ningursu, adoptaría el nombre del dios para honrarlo. Por lo que más se conoce a Gudea es probablemente por los cilindros de Gudea, dos cilindros de terracota (datados en torno a 2125 a.C.) que recogen su sueño en un texto conocido como La construcción del templo de Ningirsu, el texto sumerio más largo descubierto hasta la fecha.
Ningirsu ya se reconocía como un dios de la guerra para el segundo milenio a.C., donde aparece en la obra babilónica La epopeya de Anzu. Este mito se revisaría durante el primer milenio a.C. y el nombre de Ningirsu se cambiaría por Ninurta. El dios ya se conocía por este nombre posterior, cuyo significado se desconoce, para alrededor de 2600 a.C. y, aunque Ningirsu se seguiría nombrando en Sumeria, Ninurta sería el nombre que conocerían y utilizarían la mayoría de los mesopotámicos. Aunque está considerado un gran dios guerrero, campeón de los dioses y protector de la humanidad, Ninurta no perdió su asociación con la agricultura.
Los sumerios son célebres por sus invenciones e innovaciones tecnológicas, que se utilizaron mucho en la agricultura temprana. El orientalista Samuel Noah Kramer escribe:
Algunos de los logros tecnológicos de mayor alcance de los sumerios estaban relacionados con el riego y la agricultura. La construcción de un intrincado sistema de canales, diques, presas y embalses exigía no poca habilidad y conocimientos de ingeniería. Había que preparar mediciones y planes, para lo que hacían falta instrumentos de nivelación, varas de medición, dibujos y mapas. La agricultura también se había convertido en una técnica compleja y metódica que requería previsión, diligencia y habilidad. Por tanto, no resulta sorprendente encontrar que los pedagogos sumerios habían recopilado un «almanaque del agricultor» que contaba con una serie de instrucciones para guiar al granjero a lo largo de las actividades agrícolas anuales. (104-105)
Este manual, el primer almanaque de agricultor del mundo, data de alrededor de 1700-1500 a.C. y empieza casi como un cuento, diciendo: «En los días de antaño un agricultor le enseñaba a su hijo... » y luego pasa a la instrucción práctica sobre cómo sacarle el mayor provecho a la tierra. Incluye detalles sobre cómo preparar la tierra, cómo plantar las semillas y hasta cómo ahuyentar a los pájaros o la manera adecuada de cosechar los cultivos.
A lo largo de las 35 líneas del texto parece como si fuese un padre dándole consejos a su hijo, pero en la conclusión la tablilla dice: «Estas son las instrucciones de Ninurta, hijo de Enlil. Oh Ninurta, granjero de confianza de Enlil, tu alabanza es buena». Con esto, las instrucciones del granjero a su hijo adquieren una autoridad divina.
El poder y la posición de Ninurta en el panteón mesopotámico habrían dotado de un peso importante a cualquier documento que se le atribuyera, en especial si se tiene en cuenta que habría tenido que sacar tiempo entre sus hazañas heroicas para ofrecer sugerencias. Los mitos relativos a Ninurta comparten muchas características con los del dios babilonio Marduk y el héroe griego posterior Heracles (el Hércules romano) por que triunfa sobre las fuerzas del caos y establece el orden, igual que Marduk, pero a veces le puede su orgullo, como le ocurre a Heracles.
Ninurta en la mitología
En La epopeya de Anzu (también conocida como La derrota de Zu), el ave Anzu ha robado las tablillas del destino de Enlil. Estas tablillas contienen el destino de los dioses y los mortales y, algo igual de importante, legitiman el gobierno de quienquiera que las posea. El ave Anzu, una criatura divina de tamaño enorme, espera la oportunidad de robar las tablillas y un día, mientras Enlil se está lavando la cara, el ave se abalanza y se las arrebata.
Se aleja volando mientras Enlil pide ayuda a los otros dioses. Tan solo Ninurta acude y persigue al Anzu. Sin embargo, las tablillas del destino tienen el poder de hacer retroceder el tiempo, y cuando Ninurta le dispara sus flechas al ave, se desmoronan en el aire y revierten a sus componentes: los astiles regresan al cañaveral, las plumas a los pájaros y las puntas a las canteras. Hasta el arco de Ninurta regresa a los bosques y la cuerda a una oveja. El ave Anzu rechaza a Ninurta, pero este conjura el viento del sur, que le arranca las alas al pájaro y hace que caiga al suelo. Luego Ninurta le corta el pescuezo y le devuelve las tablillas del destino a Enlil.
En el poema Lugale (también conocido como Las hazañas de Ninurta), el héroe tiene que enfrentarse a un demonio de la enfermedad conocido como Asag o Agag que vivía en el inframundo. Sin embargo, no es Asag el que inicia el conflicto, sino Sharur, la maza de Ninurta, que lo anima a ir a la batalla contra el demonio alabando la fuerza, la valentía y la habilidad de Ninurta y le dice lo fácil que sería derrotar a la criatura.
Ninurta va a encontrarse con Asag en la batalla, pero el demonio no viene solo; ha reunido un ejército de monstruos de roca y plantas rebeldes que marchan hacia el héroe. Ninurta está asustado (el texto dice «huye como un pájaro»), pero Sharur le dice que se dé la vuelta y se enfrente a sus enemigos, animándolo con recuerdos de glorias pasadas y la gran fama que le brindará la victoria. Ninurta destruye a Asag y su ejército con su maza, su gran arco y las demás armas en su arsenal.
Pero Asag y sus seguidores mantenían a raya las aguas primordiales del inframundo y, con su muerte, las aguas salobres empiezan a subir e inundan la tierra. No puede crecer nada porque no hay agua dulce para regar los cultivos. Ninurta recupera los cadáveres de sus enemigos y los apila para formar un muro en torno a la tierra y los apila más y más hasta formar una montaña que mantenga las aguas del inframundo en su sitio. Después, eleva el río Tigris para regar la tierra. El texto dice así:
He aquí, ahora, todo en la tierra/se regocijó lejos en Ninurta, el rey de la tierra/Los campos produjeron grano abundante/La viña y el huerto dieron sus frutos/La cosecha se amontonó en graneros y colinas/El señor hizo duelo para desaparecer de la tierra/Hizo feliz el espíritu de los dioses. (Kramer, 152)
La madre de Ninurta, Nimah («reina magnífica»), baja del cielo para regocijarse por la victoria de su hijo y él le dedica la montaña de piedra en su honor, cambiándole el nombre por Ninhursag («señora de la montaña»). La diosa Nisaba aparece para documentar el triunfo de Ninurta y el nuevo nombre de Ninhursag y el poema termina con alabanzas al arte de la escritura que preserva tales momentos para siempre.
En la historia de los Héroes Asesinados, Ninurta tiene que derrotar a varias criaturas extrañas, incluidos el carnero salvaje de seis cabezas, el rey palmera, el cobre fuerte y la serpiente de siete cabezas. Algunos de estos monstruos son objetos inanimados, tales como el barco Magillum que transportaba a las almas de los muertos al inframundo, y otros simbolizan materiales valiosos, como el cobre fuerte. Este mito con su tema de pruebas y victorias sucesivas se cree que contribuyó a la historia griega de los trabajos de Heracles.
No obstante, al igual que Heracles, Ninurta no siempre se consideraba un campeón heroico, y en la historia de Ninurta y la tortuga, su orgullo se apodera de su razón. La tablilla está rota hacia el final, y falta parte de la introducción, pero parece que la historia está ambientada después de que Ninurta haya derrotado al ave Anzu y a Asag y esté recibiendo los honores de Enki. Ninurta ha llevado un polluelo del Anzu a Eridu al absu de la casa de Enki, que son las profundidades acuosas primigenias.
Enki alaba a Ninurta por sus victorias, por llevar a uno de los vástagos de su enemigo a Eridu , por devolver las tablillas del destino; pero Ninurta se enfada por sus elogios. Quiere recibir victorias aún más grandes y «pone la mirada en el mundo entero». Enki le lee la mente y crea una tortuga gigante a la que deja ir detrás del héroe. La tortuga le muerte el tobillo a Ninurta y no lo deja ir y, mientras forcejean, la tortuga excava un foso enorme con las garras en el que caen los dos.
Luego Enki mira en el agujero, donde la tortuga está mordiéndole los pies a Ninurta, y se burla de él, diciendo: «Tú que hiciste grandes afirmaciones; ¿cómo saldrás ahora?» La conclusión se ha perdido, pero el objetivo de la tortuga y el agujero era humillar al héroe y obligarlo a reconocer sus limitaciones y a aceptar con gratitud los elogios por sus logros en vez de desear una gloria aún mayor, y es de asumir que el plan de Enki funciona.
Ninurta en el Imperio neoasirio
Aun así, la gloria que buscaba en el cuento de la tortuga se la otorgaron libremente los grandes reyes del Imperio asirio. Tukulti Ninurta I (que reinó en torno a 1244-1208 a.C.) honró al dios al adoptar su nombre e invocarlo en batalla; le atribuyó sus espectaculares victorias militares y su próspero reinado. Tiglat-Pileser I (que reinó en torno a 1115-1076 a.C.) honró al dios, al igual que haría Adad Nirari II (que reinó en torno a 912-891 a.C.) y muchos otros. Sin embargo, ningún rey asirio supero Asurnasirpal II, que construyó la ciudad de Kalhu como capital del Imperio neoasirio con el gran templo de Ninurta como primer proyecto y decoró las paredes con relieves que elogiaban los triunfos del dios.
Uno de los relieves mesopotámicos más célebres, que a menudo se usa en las portadas de libros y revistas que tratan de Oriente Próximo es una representación de Ninurta y el ave Anzu, del templo de Kalhu. Este templo no solo servía como lugar de adoración para el dios, sino que cuidaba de los pobres, los huérfanos y los indigentes, además de dar trabajo a los trabajadores itinerantes. El gran templo de la ciudad y el zigurat cercano dedicado a Ninurta eran célebres más allá de las fronteras de Mesopotamia.
La fama del dios héroe Ninurta, así como de la ciudad, queda reflejada en la Biblia, donde Ninurta se conoce como Nimrod, a quien describe como un «poderoso cazador» y Kalhu, escrito Calaj, «una gran ciudad» (Génesis 10:8-12). En nombre de Nimrod, alterado a Nimrud se vincularía con la ciudad de Kalhu en los siglos XIX y XX cuando los arqueólogos pensaron que se trataba de la ciudad bíblica de Nimrod.
Algunos estudiosos han sugerido que la figura bíblica de Nimrod es Tukulti Ninurta I, pero es una afirmación insostenible. Tukulti Ninurta I no tenía nada que ver con Kalhu, mientras que Asurnasirpal II básicamente le dedicó la ciudad entera a Ninurta; esta sería una asociación que los escribas hebreos posteriores recordarían y plasmarían en la narrativa del Génesis.
El posterior rey neoasirio Sargón II (que reinó de 722-705 a.C.) construyó su ciudad de Dur-Sharrukin («Fortaleza de Sargón») entre 717-706 a. C. y trasladó la capital allí, pero Kalhu continuó siendo una ciudad muy respetada; las reinas del imperio se enterraban en Kalhu y los reyes en el emplazamiento tradicional de la ciudad de Assur. Durante este periodo, Ninurta perdió prestigio porque Sargón II favorecía al dios de la escritura, Nabu, que también se consideraba hijo del dios supremo Ashur. No obstante, los sucesores de Sargón II volvieron a elevar a Ninurta, y durante los reinados de Asarhaddón (681-669 a.C.) y Asurbanipal (668-627 a.C.) se lo menciona con frecuencia.
Asurbanipal fue el último gran rey del Imperio neoasirio y, tras su muerte, las ciudades fueron saqueadas y desbalijadas en 612 a.C. por una coalición de medos, babilonios, persas, escitas y otros que vieron la oportunidad de liberarse del yugo asirio y no la dejaron escapar. Las grandes ciudades de Nínive, Kalhu y Assur entre otras fueron destruidas y las estatuas y los templos de los dioses asirios derribadas. Ninurta sufriría el mismo destino que los demás dioses que se habían vinculado estrechamente con el gobierno asirio, pero el dios héroe perduró gracias a su influencia en historias y mitos de otras culturas, tales como Grecia o Roma.
