La Revolución francesa (1789-1799) fue una década turbulenta de cambios sociales y políticos que desmantelaron el Antiguo Régimen francés y transformaron las ideas sobre la soberanía, la ciudadanía, los derechos y la autoridad política. Una serie de crisis fiscales, unos impuestos desiguales y tensiones sociales aunadas a las ideas políticas de la Ilustración y el conflicto sobre la reforma monárquica llevaron a Luis XVI a convocar los Estados Generales en mayo de 1789. la formación de la Asamblea Nacional, la toma de la Bastilla, el Gran Miedo y la abolición de los privilegios feudales provocaron que la soberanía dejara de estar en manos de la monarquía rápidamente. Los intentos de establecer una monarquía constitucional se vieron debilitados por la fuga del rey a Varennes en 1791 y por la creciente polarización política, acelerada por la guerra con Austria y Prusia en 1792: la monarquía fue derrocada, se estableció la República francesa y Luis XVI fue ejecutado en enero de 1793.
Después, la revolución se desarrolló a través de crisis domésticas e internacionales interconectadas. La invasión extranjera, la guerra de la Vendée, las revueltas federalistas, la inestabilidad económica y las luchas entre facciones contribuyeron al surgimiento de un gobierno de emergencia y el Reinado del Terror de 1793-1794. Mientras tanto, los ejércitos franceses pasaron de defender la revolución a expandir la influencia francesa a través de los Países Bajos, Renania, Suiza e Italia, creando a su paso territorios anexados y repúblicas hermanas respaldadas por Francia. La decada terminaría con el golpe del 18 de Brumario de Napoleón Bonaparte, el 9 de noviembre de 1799, que sustituyó al Directorio con el Consulado y vinculó de manera directa la era revolucionaria con el ascenso del gobierno napoleónico.

