Diez piratas franceses infames

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Mark Cartwright
por , traducido por Rosa Baranda
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A lo largo de los siglos, la piratería ha contado con participantes de muchas nacionalidades, pero uno de los grupos más destacados de la Edad Media y la Edad Moderna fueron los piratas franceses, que aterrorizaron el Atlántico, el Caribe y el océano Índico. Los escritores franceses solían preferir los términos «filibustero» y «corsario» para referirse a los piratas que actuaban como corsarios, y a continuación se presentan diez de estas figuras que han dejado huella en los anales de los delitos marítimos.

Battle between the Confiance and Kent
Batalla entre el Confiance y el Kent Teddy Seguin (Public Domain)

Eustaquio el Monje (fallecido en 1217)

En su día, Eustaquio había sido miembro de un monasterio benedictino de Boulogne, pero abandonó la sencillez de la vida monástica para ponerse al servicio del conde de Boulogne. No logró nada con esto salvo caer en el descrédito, hasta tal punto acabó en busca por delincuente, lo que lo llevó a huir para llevar una vida en el mar como corsario. Dada su antigua vida eclesiástica y la afición de los piratas por los apodos, no es de extrañar que acabaran conociéndolo como el «Monje Negro». Al menos encontró una profesión en la que destacaba, y pronto reunió una banda de seguidores a los que no les importaba demasiado para quién actuaban como corsarios. En la primera década del siglo XIII, Eustaquio estaba al servicio del rey Juan de Inglaterra (que reinó en 1199-1216), por lo que asaltaba barcos franceses, ya que Inglaterra y Francia se encontraban entonces en guerra. El antiguo monje atacaba a veces barcos ingleses, pero el rey Juan era generoso e indulgente; Eustaquio llegó incluso a tener una gran residencia propia en Londres.

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El rey español estaba bastante enfadado por haber perdido su tesoro azteca y ordenó que ahorcaran a Jean Fleury.

Se hizo con las islas del Canal como base para sus incursiones a lo largo de la costa francesa y río arriba por el Sena. Tuvo tanto éxito y sus habilidades de navegación eran tan consumadas que abundaban los rumores de que el «Monje Negro» sabía de magia y podía hacer que su barco se volviera invisible cuando lo necesitaba. Perdió su refugio en las islas del Canal después de cambiar de bando y unirse a los franceses. Saquearon Folkestone y atacaron a la flota mercante inglesa con el fin de mantener el canal de la Mancha despejado para una invasión francesa de Inglaterra. Eustaquio encontró la muerte cuando su propio barco fue abordado frente a Sandwich, en Kent, después de que los ingleses cegaran a su tripulación con cal en polvo. El corsario fue ejecutado de inmediato sin que nadie sintiera mucha compasión por él.

Jean Fleury (muerto en 1527)

Jean Fleury (también conocido como Juan Florín o Juan Florentino) era de Normandía y se especializó en atacar flotas del tesoro y buques mercantes españoles cuando estos llegaban al Atlántico oriental. Al servicio del conde de Dieppe, Fleury merodeaba por las Canarias y las Azores, donde logró capturar dos barcos españoles procedentes de América frente al cabo de San Vicente, en Portugal, en junio de 1523. Era la primera vez que alguien capturaba un barco del tesoro español, y la riqueza que contenía era increíble. Había tres cofres de lingotes de oro, 500 libras de polvo de oro, 680 libras de perlas, cofres de lingotes de plata y varias cajas de esmeraldas, incluida una piedra enorme del tamaño de la palma de la mano. También había una enorme colección de obras de arte y objetos religiosos que los conquistadores le habían arrebatado a la civilización mexica, e incluso una colección de animales exóticos que incluía jaguares, monos y loros.

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Headdress of Motecuhzoma II
Tocado de Moctezuma II Jonathan (Copyright)

La noticia de la captura de Fleury no tardó en difundirse, y piratas y corsarios de todas las nacionalidades se lanzaron en busca de botines similares. Por su parte, Fleury fue capturado por una flota vasca en 1527. Los capitanes rechazaron su soborno de 30.000 ducados a cambio de su liberación y, en su lugar, entregaron al pirata más buscado de Europa a Carlos I de España y V de Alemania, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (que reinó en 1519-1556). Como era de esperar, el rey español, enfadado por haber perdido su tesoro azteca, ordenó ahorcar a Fleury.

Jean Lafitte (en torno a 1780-1820)

Jean Lafitte (también llamado Juan Lafita) era un contrabandista, corsario y pirata. Se trasladó de Francia a Nueva Orleans siendo aún joven y montó una próspera red de contrabando camuflada bajo la apariencia de un taller de herrería. Al pasar a la piratería hacia 1810, Lafitte estableció su base en la recóndita ensenada de la bahía de Barataria. Capturaba barcos y vendía sus cargamentos, que a menudo incluían esclavos, a comerciantes de dudosa reputación en Nueva Orleans. La gran flota de Lafitte y su banda multinacional de piratas, corsarios y contrabandistas causaron estragos en el golfo de México durante una década. En una ocasión, tras ser capturado y puesto en libertad bajo fianza, Lafitte no se quedó a esperar el juicio.

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Portrait of Jean Lafitte
Retrato de Jean Lafitte Rosenberg Library, Galveston (Public Domain)

En ese momento dio un giro radical y pasó de ser una auténtica lacra para las autoridades de Nueva Orleans a convertirse en su salvador definitivo. En la guerra de 1812 (de junio de 1812 a febrero de 1815), Estados Unidos se alineó contra España, Gran Bretaña y sus aliados. El general Andrew Jackson (1767-1845) recibió el encargo de defender Nueva Orleans frente a un ataque británico y, con gran acierto, aceptó la oferta de ayuda de Lafitte. Sus hombres y los 16 cañones de sus barcos se organizaron en unidades de artillería y recibieron el nombre de los Baratarians («baratarios»). Estados Unidos ganó la batalla de Nueva Orleans de 1815 y, en señal de gratitud, el presidente de Estados Unidos le concedió un indulto. Sin embargo, Lafitte no pudo resistirse a las fáciles ganancias de la piratería y retomó su antigua vida, esta vez en Galveston, Texas. Las autoridades estadounidenses enviaron barcos en su contra, pero en 1821, Lafitte arrasó Galveston, zarpó hacia el horizonte y nunca más se supo de él.

François Le Clerc (fallecido en 1563)

François Le Clerc era de Normandía y un pirata de acción que lideraba los ataques corsarios desde el frente. También aportaba el dinero para que otros capitanes siguieran su ejemplo. Su enfoque arriesgado tuvo su precio: Le Clerc resultó herido en un brazo y perdió una pierna luchando contra los ingleses en 1549. Al menos obtuvo un título nobiliario como recompensa por su valentía. Los españoles, que eran otro de sus objetivos frecuentes, apodaron al francés «Pata de Palo» (Jambe de Bois en francés).

En 1553, Le Clerc ya estaba causando estragos en aguas americanas, asaltando puertos a lo largo de las costas de Tierra Firme y La Española. De regreso a Francia, Le Clerc saqueó Las Palmas, en las islas Canarias. Al año siguiente regresó al Caribe con una flota de ocho barcos y asaltó Santiago de Cuba en 1554. El ataque y los 30 días de saqueo que le siguieron fueron tan devastadores que Santiago nunca se recuperó como capital de Cuba, por lo que se acabó sustituyendo por La Habana. En 1562, se volvió contra su propio país y se alió con una fuerza de invasión inglesa, atacando indiscriminadamente a los barcos franceses. Como era de esperar, Le Clerc murió en combate, esta vez luchando contra los españoles en las Azores en 1563.

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Capture of the Galleon by Howard Pyle
Captura de un galeón por Howard Pyle Howard Pyle (Public Domain)

Capitán Le Picard (en activo entre 1685 y 1688)

El capitán Le Picard comenzó su carrera pirata como miembro de los bucaneros franceses a las órdenes de François Grogniet (fallecido en 1687), quienes atacaron Panamá en la Tierra Firme española en 1685. Tras pasar a al mando de su propio grupo de piratas, tomó Granada en 1686. Además del rescate habitual, exigió la liberación de cinco compañeros piratas que se encontraban entonces en poder del gobernador de Panamá, pero esta demanda cayó en oídos sordos. En represalia, ordenó ejecutar a veinte españoles capturados y enviar sus cabezas al gobernador con una nota en la que se advertía de que, si no liberaban a los cinco piratas, ejecutaría a otros noventa cautivos de la misma manera. Esta vez, el gobernador liberó a los hombres y pagó 10.000 pesos de plata para que Le Picard liberara a sus propios prisioneros españoles.

Jean Le Vasseur, un noble normando, hugonote y talentoso ingeniero militar, se rebeló y estableció su propio miniestado.

Al año siguiente, el pirata francés saqueó Nicoya (Nicaragua) y Guayaquil (Ecuador). Al igual que antes, torturaron a los cautivos para que revelaran la ubicación de sus objetos de valor ocultos, y las autoridades españolas se vieron obligadas a desembolsar otro cuantioso rescate tras el envío de unas cuantas cabezas. La espantosa estrategia funcionó por segunda vez, y esta vez Le Picard recibió 42.000 pesos y siguió adelante como si nada. A continuación puso la mirada en los asentamientos de México, pero sufrió un revés cuando su flota resultó dañada en una tormenta, lo que le obligó a atravesar la selva costarricense. Este sería un viaje espantoso que provocó la desintegración de su banda pirata.

Jean Le Vasseur (activo entre 1642 y 1652)

Jean Le Vasseur (a veces conocido como François) fue un caso peculiar, ya que era un funcionario nombrado en 1642 por las autoridades francesas para expulsar a los ingleses y gobernar Tortuga, en el noroeste de La Española (las actuales Haití y República Dominicana). Noble normando, hugonote y talentoso ingeniero militar, Le Vasseur se rebeló y estableció su propio miniestado, declarando la independencia total. Con su fuerza de 100 hombres, construyó una impresionante fortaleza, el Fort de Rocher, que contaba con más de 40 cañones de defensa. Encaramado en los acantilados que dominaban el puerto, Le Vasseur construyó su palacio personal en el corazón de su fortaleza. Los españoles enviaron una flota de seis barcos para expulsar al francés, pero su castillo estaba bien diseñado y sus cañones hacían que el puerto fuera inexpugnable.

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Vasseur's Fortress, Tortuga
Fortaleza de Vasseur, Tortuga Unknown Artist (Public Domain)

Bucaneros de todas las nacionalidades se animaron a establecer su base en Tortuga y, durante la década siguiente, Le Vasseur amasó una fortuna con su parte del botín que llegaba a lo que se convirtió en el refugio pirata más importante del Caribe. Mientras tanto, parece que el poder absoluto condujo a la locura absoluta, ya que el reinado de Le Vasseur se volvió cada vez más turbulento. Prohibió los servicios católicos, incendió la iglesia de Tortuga y exilió a su sacerdote. El reinado del francés se caracterizó por episodios crueles, como el de mantener a los prisioneros en una jaula de hierro llamada «Infiernillo», ya que era tan estrecha que el ocupante no podía ponerse de pie por completo. Le Vasseur recibió su merecido cuando fue tiroteado y apuñalado por dos miembros de su propio séquito en 1652.

François L’Olonais (en torno a 1630-1668)

Si se elaborara una lista de los piratas más notorios y sádicos de cualquier nacionalidad, François L’Olonais sin duda entraría en ella con facilidad. Su verdadero nombre era Jean-David Nau, y era un bucanero que operaba desde Tortuga. Era tan cruel con sus cautivos que se le conocía como el «Mayal de los españoles». La mayoría de los piratas se conformaban con saquear la carga de los barcos, pero L'Olonais no hacía prisioneros ni en el mar ni en sus incursiones en la Tierra Firme del Imperio español. Los que quedaban con vida tras una batalla eran ejecutados mediante decapitación, pero muchos tenían que sufrir primero diversas torturas. El bucanero sometía a sus víctimas al potro de tortura antes de descuartizarlas con su sable y lamer la sangre de la hoja. El pirata enloquecido llegó incluso a cortarle los labios a un capitán y a otro cautivo le arrancó el corazón, que después se comió.

François L'Olonais
François L'Olonais Unknown Artist (Public Domain)

En 1667, L'Olonais saqueó Maracaibo (Venezuela) durante cuatro terribles semanas, exigiendo un rescate de 30.000 reales de a ocho por la ciudad. En 1668, atacó la costa de Honduras, pero encontró escaso botín, y sus desgracias continuaron cuando encalló un galeón español capturado frente a las costas de Nicaragua. El final de L'Olonais fue espantoso: capturado por caníbales frente a la Costa de Mosquitos, fue cocinado y devorado.

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Paul de Saumur (1597-1668)

Paul de Saumur (también conocido como Jean-Paul de Saumeur) era un caballero hospitalario, por lo que se le conocía como «Le Chevalier Paul» («El caballero Paul»). Sus comienzos en la vida fueron un tanto turbulentos, ya que era hijo ilegítimo del gobernador del famoso Château d’If, en el sur de Francia, y su madre era una lavandera local. Al emprender una carrera en el mar, las cosas no mejoraron cuando mató a un oficial en un duelo. Al igual que para muchos hombres de fortuna, la guerra le brindó una oportunidad, y cuando el capitán del barco en el que navegaba fue asesinado, le confiaron el mando a Paul. Sin duda, sus habilidades de combate y liderazgo eran incuestionables; en una notable batalla, se enfrentó y derrotó por sí solo a cinco barcos turcos.

Como corsario al servicio de la Corona francesa, Paul tenía su base en Lesbos mientras asolaba la navegación en el Egeo. Los caballeros hospitalarios de Malta, que no desdeñaban la piratería cuando se presentaba la oportunidad, vieron el potencial de Paul y lo invitaron a unirse a la orden en 1637. Se convirtió en comandante de una galera, y su éxito atrajo entonces la atención de la Armada francesa, que lo nombró capitán de un buque de línea en 1638. En 1647, lideró una famosa incursión contra Nápoles y repelió a una flota cinco veces mayor que la suya. En 1649 fue nombrado caballero y, en 1652, fue designado teniente general de Oriente Próximo. Murió de gota en 1668.

Map of Spanish Main & West Indies c.1720
La Tierra Firme del Imperio Español y las Indias Occidentales c.1720 Simeon Netchev (CC BY-NC-ND)

Jacques de Sores (activo entre 1553 y 1570)

Jacques de Sores fue un corsario de Normandía, y su infamia se debió a un brutal ataque contra La Habana en julio de 1555. Con la esperanza de encontrar un tesoro escondido en la ciudad, de Sores se llevó una amarga decepción. El gobernador, que había huido al ver acercarse a los corsarios, lanzó un contraataque que fue repelido. Entonces, de Sores ejecutó a 24 prisioneros. Ofrecieron un rescate de 1.000 pesos, pero se trataba de una cantidad muy escasa. De Sores respondió a lo que consideró un insulto incendiando la ciudad, incluidas las iglesias. Sus hombres quemaron los campos de los alrededores y ahorcaron a los esclavos africanos que trabajaban en ellos. A continuación, hundieron todas las embarcaciones del puerto y se marcharon sin apenas nada a cambio de la brutalidad demostrada.

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Jaques de Sores regresó a Europa y, en 1569, fue nombrado comandante de una flota naval francesa. El expirata no dio muestras de moderación alguna y, al capturar buques mercantes venecianos, siguió fusilando a los prisioneros sin piedad. Su última y más notoria hazaña tuvo lugar cuando capturó un buque portugués en las Canarias en julio de 1570. El barco transportaba a 40 misioneros jesuitas, a los que arrojaron por la borda junto con sus libros e iconos. A los demás pasajeros no les fue mejor, y solo seis de los 500 sobrevivieron al despiadado ataque.

Robert Surcouf
Robert Surcouf Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

Robert Surcouf (en activo entre 1794 y 1810)

Robert Surcouf era natural de Saint-Malo, en Bretaña, y se convirtió en el más infame de los corsarios franceses que acechaban a los buques mercantes en el océano Índico durante las guerras revolucionarias francesas (1792-1802). Al igual que muchos marineros, Surcouf se había fugado al mar cuando aún era un adolescente, pero llegó a capitanear un pequeño barco negrero que transportaba africanos desde África Oriental hasta Mauricio, por entonces una colonia francesa. En 1795, el Gobierno francés prohibió el comercio de esclavos, por lo que Surcouf se convirtió en corsario. Equipó su bergantín , el Émilie, con algunos cañones y zarpó en busca de buques mercantes que transportaran riquezas desde Asia , rodeando el cabo de Buena Esperanza y dirigiéndose hacia Europa.

Una captura significativa en 1796 fue el buque británico Triton en la bahía de Bengala, que iba cargado de valiosas especias. Sin embargo, el problema de Surcouf no eran los británicos, sino el gobernador de Mauricio, que se negó a expedirle una patente de corso que le otorgara el derecho oficial a ejercer como corsario. En consecuencia, vio sus capturas confiscadas. Para resolver el problema, navegó hasta Francia, donde obtuvo una patente de corso. A su regreso a Mauricio, le entregaron debidamente sus botines. Surcouf disponía ahora de dos pequeños barcos, el Confiance y el Clarisse, y con ellos realizó otra captura notable en 1800: de nuevo un buque mercante británico que zarpaba de la India, el Kent. Cuando se firmó la paz entre Inglaterra y Francia en 1802, Surcouf regresó a Francia, pero pronto volvió a la actividad corsaria, esta vez utilizando su ciudad natal, Saint-Malo, como base, antes de pasar a realizar incursiones en el Caribe en 1807. El emperador francés Napoleón Bonaparte (que reinó en 1804-1814 y 1815) sin duda valoraba a Surcouf, ya que, según cuenta la leyenda, le concedió el título de barón; lo mismo hizo la Armada francesa, que bautizó varios buques importantes y un submarino con su nombre, lo que consolidó aún más su lugar como uno de los corsarios franceses más famosos de todos los tiempos.

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Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2026, agosto 15). Diez piratas franceses infames. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1879/diez-piratas-franceses-infames/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Diez piratas franceses infames." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, agosto 15, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1879/diez-piratas-franceses-infames/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Diez piratas franceses infames." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 15 ago 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1879/diez-piratas-franceses-infames/.

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