Huellas rojas de Cozumel y Tulum

Joshua J. Mark
por , traducido por Federica Buckmeier
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Los enclaves mayas de San Gervasio, en la isla de Cozumel, y Tulum, ubicado en el territorio continental de México en Quintana Roo, suelen pasar desapercibidos en comparación con la más conocida Chichén Itzá u otras espectaculares ruinas más hacia el interior. Sin embargo, ambos lugares tienen historias fascinantes que contar y ambos recompensan ampliamente una visita tranquila y prolongada.

En esta nueva aventura, camino junto a Betsy y Emily, mi esposa y mi hija, por el sendero sagrado o sacbé de San Gervasio en Cozumel. Es una excursión rápida en nuestro trayecto hacia la antigua ciudad de Tulum, pero empiezo a desear haberle dedicado más tiempo.

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Temple of the Frescoes and El Castillo, Tulum
Templo de los Frescos y El Castillo, Tulum Betsy Mark (CC BY-NC-SA)

En el pasado, esta ciudad se llamaba Tantum Cuzamil, que significa «Roca plana en el lugar de las golondrinas», y tenía una gran importancia religiosa. Durante siglos, fue un sitio de peregrinación para mujeres que venían a rendir culto a la diosa Ixchel, la mujer arcoíris, cuyo nombre se pronuncia «Ishél». Incluso después de la llegada de los cristianos españoles, quienes la rebautizaron según su religión y reemplazaron a Ixchel por la Virgen María, el lugar siguió siendo significativo.

Durante miles de años, las mujeres se reunían en las playas de Playa del Carmen, al otro lado del mar, a 48 kilómetros (29 millas) de distancia. Desde allí eran llevadas en canoa por remeros expertos, capaces de navegar entre las olas y los vientos. El viaje duraba doce horas y, al llegar, las peregrinas se dirigían a pie desde la costa hasta la ciudad sagrada para ofrecer oraciones y buscar consejo divino.

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Tantum Cuzamil y las manos rojas

Ixchel era la diosa de la fertilidad, el parto, las mujeres, el tejido, la salud, la medicina y la luna. Se esperaba que las mujeres hicieran una peregrinación para honrarla en este lugar al menos una vez en la vida y, en otras ocasiones, enviaran tributos. Para los mayas, una peregrinación a Tantum Cuzamil tenía la misma importancia que una a Jerusalén, Roma o el camino de Santiago de Compostela para los cristianos, o una a La Meca para los musulmanes.

En varias zonas arqueológicas mayas se pueden encontrar huellas rojas de manos en las paredes. Estas están asociadas con el dios creador Itzamná.

En la cima de la pirámide que se alza más adelante, conocida como Ka'na Nah, o «la casa alta», hay un pequeño templo desde donde el oráculo hablaba al pueblo. En el centro del templo se encontraba una estatua hueca de Ixchel. Una sacerdotisa, purificada como médium y bajo el efecto de alucinógenos, se colocaba dentro de la estatua para canalizar a la diosa. Las peregrinas dejaban ofrendas de comida, flores y otros objetos valiosos en agradecimiento por las plegarias respondidas.

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Según algunos especialistas, es posible que hayan dejado un registro permanente de su visita en huellas rojas de manos en las paredes de otra casa llamada Las manitas, que fue el hogar del gobernante de Cozumel. Aun así, esta teoría es cuestionada, ya que también se cree que esas huellas pertenecen a un dios. Las huellas se encuentran en las paredes de varios sitios mayas y están asociadas con el dios creador Itzamná, cuyas manos con siete dedos ardían al rojo vivo para facilitar la sanación, lo que llevó a vincularlo naturalmente con los médicos.

Las huellas rojas de manos también están relacionadas con otra deidad, el Dios Descendente, cuya naturaleza y función son motivo de debate, aunque se lo ha vinculado con Venus. Este mismo tipo de huellas puede verse en el Templo de los Frescos en Tulum. En una ocasión intenté entrar al Akab Dzib en Chichén Itzá para verlas allí también, pero no lo logré, porque una iguana me persiguió hasta hacerme salir. Así que es una grata sorpresa poder verlas aquí.

Remnants of Maya Ruins at San Gervasio, Mexico
Restos de ruinas mayas en San Gervasio, México James Blake Wiener (CC BY-NC-SA)

El único sitio que conozco donde hay huellas con siete dedos es Tulum, donde se encuentran en lo alto de una pared exterior. Las huellas que hay aquí tienen cinco dedos y están a la altura de una persona adulta promedio. Son sorprendentemente nítidas para la antigüedad que tienen. No creo que hayan sido dejadas por un dios; parecen muy humanas.

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Rumbo a Tulum

Me encantaría seguir explorando, pero tenemos que tomar un barco, así que regresamos apurados al puerto. Salimos de Cozumel en un pequeño barco de alta velocidad que golpea contra las aguas agitadas, tambaleándose y dando saltos. La velocidad de la embarcación y las olas altas de la mañana pronto producen el resultado inevitable: más de la mitad de las personas a bordo terminan mareadas. Por suerte, nosotros tres ya hemos estado en mares peores y no nos afecta, pero me da pena por quienes comienzan su viaje de esta manera. Si eres propenso al mareo, te recomiendo tomar algo antes de subir.

Los mayas no tenían embarcaciones rápidas, pero seguramente seguían un recorrido similar al que hacemos al salir de Cozumel hacia tierra firme. Además de ser un sitio religioso importante, Tantum Cuzamil formaba parte de una extensa red comercial, con barcos que salían regularmente cargados de bienes y recorrían la costa hacia el norte y el sur.

Building 25, Tulum, Mexico
Edificio 25, Tulum, México Betsy Mark (CC BY-NC-SA)

Tardamos solo 30 minutos en cruzar, cuando el capitán parece darse cuenta de pronto de que el muelle de tierra firme está justo enfrente. Con un sacudón repentino, la embarcación reduce la velocidad y avanza con suavidad hasta atracar. Una vez en tierra, nos recibe nuestro guía, Antonio, junto con su conductor, quienes nos guían, junto a otras siete personas, por las calles serpenteantes hasta su pequeña camioneta.

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Antonio nos va señalando sitios relacionados con los mayas a lo largo del camino y nos lleva por las afueras de la Zona Arqueológica Playa del Carmen. Son ruinas mayas modestas, pero igual de fascinantes y llenas de fauna silvestre, con pequeños capibaras y agutíes correteando por ahí. Este habría sido otro centro comercial al que probablemente llegaban los mayas de Cozumel antes de volver a subir a sus embarcaciones para continuar hacia Tulum. Nosotros no seguiremos esa ruta; iremos por tierra y, después del viaje en barco, lo agradezco.

Sin embargo, el viaje en camioneta resulta casi tan agitado como el anterior, y empiezo a sospechar que el conductor tomó clases con el capitán. Aun así, todos sobrevivimos y bajamos en el estacionamiento frente a la tienda de regalos de Tulum. Antonio es amable y relajado, pero firme a la hora de guiar al grupo. Nos apura para que dejemos los puestos y comercios, y nos lleva directo al sendero de tierra.

Tulum
Tulum Dennis Jarvis (CC BY-SA)

Es un día soleado, con un cielo azul despejado y una suave brisa. Caminamos unos diez minutos por un sendero plano y luego subimos una pequeña pendiente, con la selva elevándose a ambos lados y el sol en lo alto. Pasamos por la taquilla, seguimos ascendiendo por el sendero, hasta que una antigua pared de piedra aparece entre las raíces y enredaderas a nuestra derecha.

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Seguimos el contorno de la vieja muralla hasta llegar a un arco. Salimos de la luz intensa y entramos en un pasillo corto, oscuro, fresco y húmedo. De pronto, la luz vuelve a estallar frente a nosotros cuando cruzamos al otro lado y entramos en la antigua ciudad de Tulum.

Tulum

Al otro lado de una extensión de pasto verde, entre ruinas pálidas y desgastadas por el tiempo, se alza la famosa pirámide de El Castillo. Más a la izquierda, justo debajo, está el Templo del Dios Descendente, y mucho más a la derecha, en la esquina, se encuentra el Templo de los Frescos. Por un momento, me quedo completamente paralizado. Me siento como un niño en una feria que no sabe a qué juego subirse primero.

Antonio resuelve el dilema haciéndonos una seña para que lo sigamos. Nos dirigimos hacia la derecha mientras comienza a hablar sobre la historia de la ciudad y nos guía hacia un muro de piedra bajo. Tomamos un sendero flanqueado por las ruinas de antiguos edificios en dirección al Templo de los Frescos. La energía del lugar es tan intensa que siento que la tierra bajo mis pies está cantando. Estoy seguro de que siempre tuvo esa misma magia, y probablemente por eso los mayas eligieron este sitio para fundar su ciudad.

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The Temple of the Frescoes, Tulum, Mexico
El Templo de los Frescos, Tulum, México Betsy Mark (CC BY-NC-SA)

Tulum llamó la atención mundial a mediados del siglo XIX cuando John Lloyd Stephens y Frederic Catherwood popularizaron la cultura maya con sus libros Travel in Central America, Chiapas, and Yucatan (Viajes por América Central, Chiapas y Yucatán, 1841) e Incidents of Travel in Yucatan (Incidentes de viaje en Yucatán, 1843), dos relatos de sus exploraciones en antiguos sitios mayas que tuvieron gran éxito comercial. Casi todas las ciudades mayas habían sido devoradas poco a poco por la selva tras su abandono alrededor del año 950, pero Tulum era una ciudad tardía, aún habitada y funcionando como centro comercial en 1518, cuando llegaron los españoles.

El grosor de la muralla de Tulum y su ubicación sobre un acantilado sugieren que el sitio tenía especial importancia y significado religioso.

Construida sobre un acantilado a 12 metros (39 millas) sobre el nivel del mar y rodeada en sus otros tres lados por una muralla de cinco metros (16 pies) de espesor, Tulum ya prosperaba como centro comercial desde el siglo VI. Su nombre original podría haber sido Zama, que significa «Ciudad del Amanecer», y fue un sitio ceremonial y religioso desde al menos el año 1200 hasta la conquista española en el siglo XVI. El nombre actual, Tulum, que significa «muro» o «cerca», es una denominación posterior.

La mayoría de las ciudades mayas no tenían murallas durante el periodo Clásico, cuando surgieron centros como Chichén Itzá. Sin embargo, Tulum es un sitio posterior y, al igual que la próspera ciudad de Mayapán al noroeste, fue amurallado para protegerse de ataques externos. El gran espesor de la muralla de Tulum, junto con su ubicación sobre el acantilado, sugiere que el lugar tenía una importancia especial para su gente y que su significado era religioso. El templo central, conocido como El Castillo, recibía los primeros rayos del sol cada mañana, iluminando su interior en la cima de las escalinatas y dando la bienvenida al dios Kukulcán a un nuevo día en la tierra que ayudó a crear.

Narrativa de la creación maya

Según la religión maya, al comienzo del tiempo no existía nada. El texto sagrado de los mayas quichés, el Popol Vuh, describe el mundo antes de que los dioses decidieran crear el orden:

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Solo está el cielo, solo... solo el mar se extiende bajo todo el cielo; no hay nada reunido. Lo que podría ser simplemente no está; solo murmullos, ondulaciones, en la oscuridad, en la noche. (Tedlock, 64)

Dentro de las aguas nadaba la gran serpiente emplumada, Kukulcán (identificada con Itzamná), y muy arriba volaba el dios Hunab Ku, también conocido como «corazón del cielo». En algunos mitos, Itzamná, en su forma de serpiente, es hijo de Hunab Ku. Los dos dioses entendían los pensamientos del otro, y Hunab Ku descendió justo cuando la gran serpiente emplumada emergía nadando. Se reunieron, conversaron y reconocieron lo que debían hacer. Con su palabra, trajeron al mundo la existencia:

Para la formación de la tierra, dijeron «Tierra» y surgió de repente, como una nube, como una neblina, ahora formándose, desplegándose. (Tedlock, 65)

Su creación no fue perfecta al instante. El mundo y todo lo que había en él tuvieron que ser creados y destruidos cuatro veces hasta lograr plasmar su visión en la realidad. En uno de esos momentos, la lluvia cayó tan fuerte y por tanto tiempo que empapó el cielo hasta hacerlo colapsar sobre la tierra. Entonces, los dioses crearon a los Bacabs, unas entidades sobrenaturales de cuatro caras que sostienen el cielo en las esquinas de la tierra, es decir, en los cuatro puntos cardinales, para que nunca vuelva a caer.

Temple of the Winds, Tulum
Templo del Dios del Viento, Tulum Betsy Mark (CC BY-NC-SA)

En otro intento de creación, las personas que los dioses crearon resultaron ser tan crueles entre sí, con los animales, la naturaleza y sus propios creadores, que las deidades las entregaron a las criaturas y objetos que habían maltratado. A los perros se les dio el don del habla y se volvieron contra sus amos. Las ollas, los cuchillos y las azadas cobraron vida, los acusaron y los atacaron. Una vez destruidos estos seres humanos, los dioses crearon otros nuevos y mejores a partir del maíz. El dios del maíz, una deidad de la fertilidad también asociada con Itzamná, fue uno de los más importantes en todas las épocas de la civilización maya y se lo representaba como una mazorca, alimento básico en la dieta del pueblo. Es común encontrar imágenes del maíz en estelas y muros de templos.

El templo de los frescos y las manos rojas

Nos detenemos en el Templo de los Frescos, dedicado al dios de la lluvia Chaac, a Ixchel y al Dios Descendente. En lo alto del muro exterior se encuentran las antiguas huellas de manos en pintura roja, supuestamente dejadas por el Dios Descendente. El nombre original de esta deidad se desconoce; «Dios Descendente» es una denominación moderna, ya que siempre se lo representa cabeza abajo, como si estuviera cayendo o trepando hacia abajo. Su imagen está integrada en la arquitectura maya.

Como se mencionó, algunos estudiosos vinculan al Dios Descendente con Itzamná debido a las huellas rojas aquí presentes, que parecen mostrar siete dedos. Sin embargo, a mí me da la impresión de que simplemente se trata de dos huellas superpuestas que dan la apariencia de siete dedos. Por supuesto, siempre existe la posibilidad de que efectivamente estén destinadas a representar las huellas del dios, como nos cuenta Antonio, dejadas en el muro como promesa de su regreso, pero yo las interpreto de otra manera.

The Temple of the Frescoes Facade, Tulum
Fachada del Templo de los Frescos, Tulum Betsy Mark (CC BY-NC-SA)

El Templo de los Frescos recibe su nombre por las pinturas en las paredes interiores que representan a Chaac e Ixchel en presencia del Dios Descendente. Aunque estas obras de arte maya ya no pueden ser vistas por las y los visitantes, el exterior del edificio es lo suficientemente impresionante. Es necesario tomarse el tiempo adecuado aquí, como en cada estructura, porque los edificios cuentan una historia tallada en piedra.

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La cornisa que estoy observando, por ejemplo, representa el rostro del dios, pero resulta bastante fácil pasarla por alto si uno tiene demasiada prisa. Todos los edificios de Tulum están ahora acordonados, una medida relativamente reciente necesaria para preservar el sitio, pero todavía se puede estar lo suficientemente cerca como para apreciar el intrincado trabajo artístico y el esfuerzo que debió implicar la construcción y ornamentación de cada edificio.

El templo del Dios Descendente y El Castillo

Al girar por la siguiente avenida angosta, entre otras ruinas, El Castillo se alza a la derecha, pero no conviene llegar demasiado rápido; hay otro tesoro que ver. Al final del sendero, uno gira a la derecha y el templo del Dios Descendente se encuentra en lo alto de una colina, hacia la izquierda. En el interior de este templo hay un mural bastante bello, además de más huellas rojas de manos en las paredes. Hasta hace no tantos años, se podía entrar, pero hoy el edificio está acordonado a cierta distancia del camino. Ya no es posible acercarse, aunque todavía se puede ver la figura del dios descendente tallada sobre la entrada.

Justo después de este templo está El Castillo. La arquitectura del período tardío maya ha sido criticada con frecuencia por parecer menos impresionante que las estructuras clásicas como Chichén Itzá o Uxmal, pero nunca he comprendido esas quejas. El Castillo muestra un equilibrio perfecto y una destreza que iguala o incluso supera a las construcciones europeas del mismo período. Se puede rodear el edificio, aunque desde una distancia considerable. Al llegar a la parte trasera, se tiene una vista hacia el mar y hacia una pequeña playa blanca al pie del acantilado.

Castillo, Tulum
El Castillo, Tulum Dennis Jarvis (CC BY-SA)

Aquí es donde los comerciantes mayas habrían atracado sus pequeños barcos para desembarcar. Tulum era el centro comercial de varias ciudades importantes del período Tardío, desde lugares tan distantes como Xicalango, al otro lado de la península, hasta Mayapán en el norte, Cozumel en el este, Lamanai en el extremo sur y la ciudad de Naco, aún más abajo en la costa. Tulum se enriqueció gracias a este comercio, y fue esta ciudad próspera la que los españoles encontraron por primera vez cuando llegaron en el siglo XVI d. C. y, al igual que en Tantum Cuzamil, trajeron consigo el cristianismo y la viruela, que tanto destruirían como transformarían la vida de los pueblos originarios.

Conclusión

El viento sopla cálido desde el mar, y me doy vuelta para mirar la parte trasera de El Castillo y luego, una vez más, hacia el agua. Imagino las pequeñas embarcaciones mayas acercándose a la playa y a la gente en tierra llamándose entre sí para ir a recibir a los comerciantes. Una vez más, me doy cuenta de que el tiempo para quedarme y disfrutar del sitio es muy breve, aunque también noto que llevamos más de tres horas aquí. Salimos por el extremo opuesto al que habíamos entrado y comenzamos a bajar por el sendero.

Red Handprints, Tulum
Huellas rojas de manos, Tulum Jaime (CC BY-NC-ND)

Me descubro pensando en las huellas rojas de manos, tanto en Tulum como en Tantum Cuzamil, y me doy cuenta de que recordaré esas marcas más que cualquiera de las otras vistas que he presenciado hoy. Las ruinas son magníficas, pero hay algo profundamente íntimo en esas huellas, como si alguien hubiera dejado un mensaje para cada visitante futuro que resuena a través del tiempo.

En algún momento del pasado, alguien se tomó la molestia de trepar esa pared para dejar un recuerdo duradero de su existencia. El ser humano tiene una necesidad innata de ser recordado, de perdurar más allá de la muerte en la memoria de los vivos. A veces lo expresa mediante grandes hazañas o monumentos, pero también en simples huellas de manos estampadas sobre un muro, con la esperanza de que alguien, en el futuro, las vea y las recuerde, no necesariamente por su nombre, sino simplemente por ese gesto universal y comprensible de marcar el mundo, aunque sea mínimamente, con un «yo estuve aquí».

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Sobre el traductor

Federica Buckmeier
Estudiante avanzada de traducción con experiencia en proyectos terminológicos junto a la OMPI. Interesada en la traducción especializada y en facilitar el acceso multilingüe a contenidos culturales y educativos.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2025, agosto 02). Huellas rojas de Cozumel y Tulum. (F. Buckmeier, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1500/huellas-rojas-de-cozumel-y-tulum/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Huellas rojas de Cozumel y Tulum." Traducido por Federica Buckmeier. World History Encyclopedia, agosto 02, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1500/huellas-rojas-de-cozumel-y-tulum/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Huellas rojas de Cozumel y Tulum." Traducido por Federica Buckmeier. World History Encyclopedia, 02 ago 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1500/huellas-rojas-de-cozumel-y-tulum/.

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