El río Nilo era la fuente de vida para los antiguos egipcios y, por ello, ocupaba un lugar destacado en sus creencias religiosas. Por la noche, la Vía Láctea se consideraba un Nilo celestial, asociado a Hathor y proveedor de todas las cosas buenas. El Nilo también estaba ligado a Uat-Ur, el nombre egipcio del mar Mediterráneo, que se extendía hacia tierras desconocidas desde el delta y traía bienes mediante el comercio con puertos extranjeros.
No cabe duda de que las embarcaciones estaban entre los medios de transporte más antiguos construidos en Egipto, con pequeños botes que aparecen en inscripciones del periodo predinástico (en torno a 6000 – 3150 a.C.). Estos botes estaban hechos con cañas de papiro tejidas, pero más adelante se construirían con madera, crecerían en tamaño y se convertirían en barcas.
Las barcas de los egipcios se usaban en actividades comerciales como la pesca, el comercio y los viajes, además de desempeñar un papel en la guerra. Sin embargo, al menos desde el Imperio Antiguo de Egipto (en torno a 2613 – 2181 a.C.), también formaban parte de las creencias y prácticas religiosas. Los navíos conocidos como barcas de los dioses estaban asociados con diversas deidades egipcias y, aunque cada uno tenía su propio significado, su relevancia común radicaba en servir de vínculo entre el mundo mortal y el divino.
La barca de Ra
Ciertamente, la embarcación divina más importante fue la barca de Ra, que surcaba el cielo cada día en forma del sol. En un relato religioso, Ra se enfurece con la humanidad y su constante necedad, por lo que decide destruirla enviando a Sejmet para devorar a los humanos y arrasar sus ciudades. Luego se arrepiente y la detiene al hacerle llegar una gran vasija de cerveza, la cual bebe hasta quedar inconsciente. Al despertar, se transforma en Hathor, la amiga de los seres humanos. En algunas versiones, la historia termina allí, pero en otras, Ra aún no se siente satisfecho con la humanidad, así que aborda su gran embarcación y zarpa hacia el cielo. Sin embargo, como no puede alejarse del todo del mundo, aparece cada día para vigilarlo en forma del sol. La barca solar que la gente veía durante el día se llamaba Mandjet, y la que navegaba por el inframundo era conocida como Meseket.
Para la época del Imperio Medio de Egipto (2040 - 1782 a.C.), este mito había incorporado una nueva dimensión: la presencia de la Gran Serpiente conocida como Apofis. Cada vez que la barca de Ra descendía por el oeste al atardecer, se adentraba en el inframundo, donde Apofis aguardaba para atacarla. Apofis estaba presente desde el inicio de la creación cuando, según un mito, Ra es el dios que se alza sobre el montículo primordial y establece el orden a partir del caos. Apofis deseaba devolver el universo a su estado indiferenciado original, lo que solo podía lograr si destruía la barca del dios solar y al dios con ella.
Otros dioses, así como las almas de los muertos justos, viajaban en la embarcación con Ra para protegerlo a él y a su barca de Apofis durante su travesía por el inframundo. Numerosas pinturas e inscripciones representan a todos los dioses más famosos, en un momento u otro, enfrentando a la Gran Serpiente ya sea en solitario, en grupo o en presencia de los muertos justos.
A los mortales se les animaba a participar en esta lucha desde sus hogares y templos en la Tierra. Se llevaban a cabo rituales como El derrocamiento de Apofis, en los que se elaboraban figuras e imágenes del dios con cera para luego mutilarlas ritualmente, escupir y orinar sobre ellas y quemarlas. Este era uno de los rituales de execración más ampliamente practicados en Egipto, y vinculaba a los vivos con las almas de los difuntos y con los dioses.
Cada noche, los dioses, las almas y la humanidad se unían para luchar contra el caos y la oscuridad, con el fin de preservar la vida y la luz. Cada vez que vencían, el sol se alzaba por la mañana, y la luz del amanecer era una señal de que todo estaba bien con Ra y de que la vida en la Tierra continuaría. Sin embargo, mientras la barca navegaba por el cielo, Apofis volvía a la vida en el inframundo y estaría esperando nuevamente cuando cayera la noche, de manera que la batalla tendría que librarse una vez más.
La barca de Ra existía en el reino espiritual, aunque había otras construidas y mantenidas por manos humanas. La más conocida fue la barca de Amón, erigida y custodiada en Tebas.
Los egipcios conocían la barca de Amón como Userhetamon, «Poderosa es la frente de Amón», y fue un regalo para la ciudad de Ahmose I (en torno a 1570 – alrededor de 1544 a.C.) tras su victoria sobre los hicsos y su ascenso al trono, que marcó el inicio de la era del Imperio Nuevo de Egipto (en torno a 1570 – 1069 a.C.). La egiptóloga Margaret Bunson escribe: «Estaba cubierta de oro desde la línea de flotación hacia arriba y estaba provista de camarotes, obeliscos, nichos y elaborados ornamentos» (21). Había un camarote destinado al santuario del dios, decorado con oro, plata y piedras preciosas, desde el cual Amón, en forma de estatua, presidía los festivales y recibía las alabanzas de su pueblo.
Durante el festival anual de Amón, la Fiesta de Opet, la barca se desplazaba con gran solemnidad, llevando la estatua del dios.
Durante el festival anual de Amón, la Fiesta de Opet, la barca se desplazaba con gran solemnidad, llevando la estatua del dios desde el templo de Karnak río abajo hasta el templo de Luxor para que pudiera «visitarlo» y luego regresaba con ella. En el ritual del festival de Uadi (la bella fiesta del valle), uno de los más importantes de Egipto, las estatuas de Amón, Mut y Jonsu (la tríada tebana) se transportaban en la barca de una orilla del Nilo a la otra para participar en el homenaje a los difuntos e invitar a sus espíritus a regresar a la tierra y unirse a las festividades.
En otras ocasiones, la barca se amarraba a las orillas del Nilo o en el lago sagrado de Karnak. Cuando no estaba en uso, se guardaba en un templo especial en Tebas construido expresamente para ella, y cada año el templo flotante era renovado, repintado o incluso reconstruido. Se construyeron otras barcas de Amón en distintos lugares de Egipto, y también existían templos flotantes dedicados a otras deidades, pero la barca de Amón en Tebas era la más elaborada. El esmero con que se adornaba la embarcación reflejaba el estatus del dios que, para la época del Imperio Nuevo, era tan ampliamente venerado que su culto se volvió casi monoteísta, con otros dioses relegados prácticamente a meros aspectos de Amón.
Sin embargo, uno de sus más cercanos competidores por ocupar el primer lugar en el corazón de la gente era Osiris. Se lo consideraba el primer rey de Egipto quien, tras ser asesinado por su hermano Set y revivido por su esposa-hermana Isis y su hermana Neftis, se convirtió en señor y juez de los muertos.Horus, hijo de Osiris, figuraba entre las deidades más importantes del panteón, asociado al reinado justo del monarca y, en la mayoría de las épocas, identificado con el propio rey.
Cuando una persona moría, se esperaba que compareciera ante Osiris para ser juzgada por sus acciones en vida. Aunque el juicio del alma estaba influido por los Cuarenta y Dos Jueces, Thot y Anubis, quienes participaban en la aceptación o rechazo de la confesión negativa y en el pesaje del corazón, la última palabra correspondía a Osiris. Dado que la existencia en la otra vida dependía de su misericordia, fue perpetuamente venerado a lo largo de la historia de Egipto.
El culto a Osiris se remonta con certeza al Periodo arcaico en Egipto (en torno a 3150 – alrededor de 2613 a.C.), aunque sin duda se originó en el Periodo Predinástico. La historia de su muerte y resurrección a manos de Isis se volvió tan popular que se instauró en la cultura egipcia y, aun cuando otros dioses podían ser honrados de manera más elaborada en ceremonias estatales, el festival de Osiris conservó su importancia y su culto siguió siendo generalizado. Los rituales mortuorios se basaban en el culto a Osiris y el rey estaba vinculado a Horus en vida y a Osiris en la muerte. De hecho, se creía que el rey viajaba a la tierra de los muertos en su propia barca, que se asemejaba a la de Osiris.
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La barca de Osiris era conocida como la Barca Neshmet que, aunque construida por manos humanas, pertenecía al dios primordial de las aguas, Nun. Bunson escribe: «Una embarcación elaborada, con una cabina destinada al santuario y decorada con oro, otros metales preciosos y piedras… que era renovada o reemplazada por cada rey» (43). La Barca Neshmet se consideraba tan importante que participar en su restauración o sustitución se contaba entre los actos más significativos en la vida de una persona.
Durante el festival de Osiris en Abidos, la Barca Neshmet transportaba la estatua del dios desde su templo hasta su tumba y de regreso, recreando así la historia de su vida, muerte y resurrección. Al inicio del festival, dos doncellas del templo representaban a las diosas al recitar la liturgia responsorial de las Lamentaciones de Isis y Neftis, que invitaba a Osiris a participar en la ceremonia y, al mismo tiempo, recreaba ritualmente su resurrección. Una vez que emergía de su templo en forma de estatua, la Barca Neshmet lo aguardaba para conducirlo, dando comienzo al desarrollo de la ceremonia.
Los barcos de los dioses, del rey y del pueblo
Una gran cantidad de dioses y diosas tenían sus propios barcos, construidos según el mismo modelo de los ya mencionados. Todos estaban ricamente decorados y se utilizaban como templos flotantes. Bunson describe las barcas de algunas de estas deidades:
Otras deidades egipcias zarpaban en sus propias barcas durante los días festivos, con sacerdotes remando las embarcaciones en lagos sagrados o en el Nilo. La Barca de Jonsu recibía en algunas épocas el nombre de Frente Brillante. La del dios Min era conocida como El Grande del Amor. La Barca Hennu de Sokar se conservaba en Medinet Habu y se sacaba en procesión alrededor de las murallas de la capital en los días sagrados. Esta barca estaba ricamente ornamentada y se veneraba como un objeto de culto. Las barcas podían ser auténticas embarcaciones de vela o bien ceremoniales, llevadas sobre andas en las festividades. Por lo general, los dioses poseían ambos tipos de barcas para diferentes rituales. (43)
La barca de Hathor en Dendera era de similar opulencia, y los templos de las grandes deidades contaban con un lago sagrado en el que la nave podía surcar las aguas durante las festividades o en ocasiones especiales. Esta asociación de los dioses con las embarcaciones llevó a la creencia de que el rey partía de su vida terrenal hacia el otro mundo en una barca semejante. Las plegarias e himnos dedicados a los monarcas difuntos expresaban el deseo de que su nave alcanzara sin contratiempos el más allá, y algunos conjuros incluían incluso instrucciones de navegación. Por esta razón, se solían incluir barcas barcas entre los ajuares funerarios del difunto.
La más conocida de todas es la Barca de Keops, pero a lo largo de la historia de Egipto se enterró a muchos reyes con barcas solares. Keops (2589 - 2566 a.C.), el constructor de la Gran Pirámide de Guiza mandó enterrar su barca cerca de la tumba para utilizarla en la otra vida, igual que el resto de sus ajuares funerarios. No fue el primero en hacerlo, ni mucho menos el último, y con el tiempo llegó a ser costumbre incluir incluso un modelo de barca en las tumbas de la élite.
Estos modelos a escala o barcas de tamaño real se creía que, como todos los ajuares funerarios, servían al alma del difunto en la otra vida. Incluso una barca en miniatura podía emplearse para transportarlo con seguridad de un lugar a otro mediante conjuros mágicos. Con el mismo propósito, se solían colocar en las tumbas estatuillas de diversos animales, como el hipopótamo, que cobraban vida al ser invocadas por un hechizo para asistir al alma cuando fuera necesario.
Las barcas, grandes o pequeñas, cumplían la misma función y, al incluirlas en la tumba, se aseguraba un viaje sin contratiempos por el reino de los dioses. Algo más importante aún, la barca personal vinculaba el alma con lo divino de la misma manera en que las barcas de los dioses lo habían hecho durante la vida en la tierra.
Licenciado en traducción inglés-español, aficionado de la historia, la astronomía e interesado en libros de ciencia ficción y fantasía. Actualmente se encuentra desarrollando sus habilidades como traductor y buscando nuevas oportunidades.
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 11 mayo 2017. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.