Religión en el antiguo Egipto

Definición

Joshua J. Mark
por , traducido por Diego Villa Caballero
Publicado el 20 enero 2016
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Disponible en otros idiomas: inglés, alemán, griego
Pyramidion of Ramose [Detail] (by Mark Cartwright, CC BY-NC-SA)
Piramidión de Ramose [Detalle]
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

La religión egipcia era una combinación de creencias y prácticas que en la actualidad incluirían la mitología egipcia, la ciencia, la medicina, la psiquiatría, la magia, el espiritismo y la herbología, así como la comprensión moderna de la "religión" como creencia en un poder superior y una vida después de la muerte.

La religión desempeñaba un papel en todos los aspectos de la vida de los antiguos egipcios, ya que la vida en la tierra se consideraba sólo una parte de un viaje eterno y para continuar ese viaje, después de la muerte, era necesario vivir una vida digna de continuidad. Durante la vida en la tierra, se esperaba que uno mantuviera el principio de ma'at (armonía) con un entendimiento de que las acciones propias en la vida tenían un efecto no solo en uno mismo sino también en la vida de los demás y en el funcionamiento del universo. Se esperaba que las personas dependieran unas de otras para mantener el equilibrio, ya que era la voluntad de los dioses producir la mayor cantidad de placer y felicidad para los humanos a través de una existencia armoniosa que también permitiera a los dioses realizar mejor sus tareas.

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Al honrar el principio de ma'at (personificada como una diosa del mismo nombre que sostiene la pluma blanca de la verdad) y vivir la vida de acuerdo con sus preceptos, la persona se alineaba con los dioses y las fuerzas de la luz contra las fuerzas de la oscuridad y el caos, asegurandose una recepción de bienvenida en el salón de la verdad después de la muerte y un juicio amable por parte de Osiris, el señor de los muertos.

Los dioses

El principio subyacente de la religión egipcia se conocía como heka (magia) personificado en el dios Heka. Heka siempre había existido y estuvo presente en el acto de la creación. Era el dios de la magia y la medicina, pero también era el poder que permitía a los dioses realizar sus funciones y permitía a los seres humanos comunicarse con sus dioses. Él era omnipresente y universal, imbuyendo la vida diaria de los egipcios con magia y significado, nutriendo el principio de ma'at del cual dependía la vida.

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Posiblemente la mejor manera de entender a Heka es en términos de dinero: uno puede comprar un artículo en particular con una determinada denominación monetaria porque el valor de ese artículo se considera igual o menor que esa denominación. El billete que uno tiene en la mano posee un valor invisible que le otorga un patrón de valor (originalmente era el patrón oro) que promete compensar al comerciante por lo que uno está comprando. Ésta es exactamente la relación de Heka con los dioses y la existencia humana: él era el estándar, el fundamento de poder del que dependía todo lo demás. Un dios o diosa que se invocaba con un propósito específico y se adoraba por lo que proporcionaba, pero era Heka quien permitía esta relación entre la gente y sus deidades.

Los dioses del antiguo Egipto se veían como los señores de la creación y custodios del orden, pero también como amigos familiares interesados en ayudar y guiar a la gente de la tierra. Los dioses habían creado el orden a partir del caos y le dieron a la gente el lugar más hermoso del mundo. Los egipcios estaban tan profundamente apegados a su patria que evitaban campañas militares prolongadas más allá de sus fronteras por temor a morir en suelo extranjero y no recibir los ritos adecuados para continuar su viaje después de la vida. Los monarcas egipcios se negaban a dar a sus hijas en matrimonio a gobernantes extranjeros por la misma razón. Los dioses de Egipto habían bendecido la tierra con favores especiales y se esperaba que el pueblo los honrara como grandes y bondadosos benefactores.

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LOS DIOSES DEL ANTIGUO EGIPTO se veían COMO LOS SEÑORES DE LA CREACIÓN Y CUSTODIOS DEL ORDEN, PERO TAMBIÉN COMO AMIGOS FAMILIARES INTERESADOS EN AYUDAR Y GUIAR A LA GENTE DE LA TIERRA.

Se creía que hace mucho tiempo no existía nada más que las oscuras y arremolinadas aguas del caos que se extendían hasta la eternidad. De este caos (Nu) surgió la colina primordial, conocida como ben-ben, sobre la cual se encontraba el gran dios Atum (algunas versiones dicen que el dios era Ptah pero muchas otras que era Ra, quien finalmente fue conocido como Atum-Ra) en presencia de Heka.

Atum-Ra miró la nada y reconoció su soledad, por lo que se unió a su propia sombra para dar a luz a dos hijos, Shu (dios del aire, a quien Atum-Ra escupió) y Tefnut (diosa de la humedad, a quien Atum-Ra vomitó). Shu dio al mundo primitivo los principios de la vida, mientras que Tefnut aportó los principios del orden. Dejando a su padre en el ben-ben, se propusieron construir el mundo.

Con el tiempo, Atum-Ra se preocupó porque sus hijos llevaban demasiado tiempo fuera, así que se quitó el ojo y lo envió a buscarlos. Mientras su ojo estaba ausente, Atum-Ra se sentó solo en la colina en medio del caos y contempló la eternidad. Shu y Tefnut regresaron con el ojo de Atum-Ra (más tarde asociado con el ojo Udyat, el ojo de Ra o el ojo que todo lo ve) y su padre, agradecido por su regreso sanos y salvos, derramó lágrimas de alegría. Estas lágrimas, al caer sobre la tierra oscura y fértil del ben-ben, dieron origen a los hombres y las mujeres.

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Sin embargo, estos humanos no tenían dónde vivir, por lo que Shu y Tefnut se aparearon y dieron a luz a Geb (la tierra) y a Nut (el cielo). Geb y Nut, aunque eran hermanos, se enamoraron profundamente y eran inseparables. Atum-Ra encontró su comportamiento inaceptable y empujó a Nut lejos de Geb, hacia lo alto del cielo. Los dos amantes podían verse siempre, pero ya no podían tocarse. Sin embargo, Nut estaba embarazada de Geb y terminó por dar a luz a Osiris, Isis, Set, Neftis y Horus, los cinco dioses egipcios reconocidos como los más antiguos (aunque ahora se considera que Hathor es más antigua que Isis). Estos dioses luego dieron origen a todos los demás dioses de una forma u otra.

Horus Statuette
Estatuilla de Horus
Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)

Cada uno de los dioses tenía su propia área de especialidad. Bastet, por ejemplo, era la diosa del hogar, la vida hogareña, la salud y los secretos de las mujeres, además de los gatos. Hathor era la diosa de la bondad y el amor, asociada con la gratitud y la generosidad, la maternidad y la compasión. Sin embargo, según una de las primeras historias que la rodean, conocida como El libro de la vaca celestial, fue enviada a la tierra para destruir a la humanidad y se convirtió en la diosa Sejmet, quien embriagada de sangre, casi destruyó el mundo hasta que fue pacificada y puesta a dormir por medio de la cerveza, la cual los dioses tiñeron de rojo para engañarla.

Cuando despertó de su sueño se transformó en una deidad más gentil, Hathor, quien prometió su servicio eterno a la humanidad. Aunque Hathor estaba asociada con la cerveza, Tenenet (Tjenenet) era la diosa principal de la bebida y también presidía los partos. La cerveza se consideraba esencial para la salud en el antiguo Egipto, era un regalo de los dioses y existían muchas deidades asociadas con la bebida, de la cual se decía fue elaborada por primera vez por Osiris.

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Un mito antiguo cuenta cómo Osiris fue engañado y asesinado por su hermano Set y cómo Isis le devolvió la vida. Sin embargo, se encontraba incompleto porque un pez se había comido una parte de él, por lo que ya no podía gobernar armoniosamente en la tierra y fue nombrado señor de los muertos en el inframundo. Su hijo, Horus el Joven, luchó contra Set durante ochenta años y finalmente lo derrotó para restaurar la armonía en la tierra. Luego, Horus e Isis gobernaron juntos, y todos los demás dioses encontraron sus lugares y áreas de especialización para ayudar y animar al pueblo de Egipto.

Entre los dioses más importantes se encontraban los tres que formaban la tríada tebana: Amón, Mut y Knons (también conocido como Jonsu). Amón era un dios local de la fertilidad en Tebas hasta que el noble tebano Mentuhotep II (2061-2010 a.C.) derrotó a sus rivales y unió Egipto, elevando a Tebas a la posición de capital y a sus dioses a la supremacía. Amón, Mut y Knons del Alto Egipto (donde se encontraba Tebas) adquirieron los atributos de Ptah, Sejmet y Jonsu del Bajo Egipto, que eran deidades mucho más antiguas. Amón se convirtió en el dios creador supremo, simbolizado por el sol; Mut era su esposa, simbolizada por los rayos del sol y el ojo que todo lo ve; y Knons era su hijo, el dios de la curación y destructor de los espíritus malignos.

Estos tres dioses estaban asociados con la Ogdóada de Hermópolis, un grupo de ocho deidades primordiales que "encarnaban las cualidades de la materia primitiva, como la oscuridad, la humedad y la falta de límites o los poderes visibles. Por lo general, constaba de cuatro deidades duplicadas en ocho al incluir a sus contrapartes femeninas" (Pinch, 175-176). La Ogdóada representaba el estado del cosmos antes de que la tierra surgiera de las aguas del caos y la luz atravesase la oscuridad primordial y también era conocida como Hehu ("los infinitos"). Eran Amón y Amunet, Heh y Hauhet, Kuk y Kauket, y Nun y Naunet, cada uno de los cuales representaba un aspecto diferente del tiempo informe e incognoscible, que era anterior a la creación: el ocultamiento (Amón/Amunet), el infinito (Heh/Hauhet), la oscuridad (Kuk/ Kauket) y el abismo (Nut/Naunet). La Ogdóada es el mejor ejemplo de la insistencia de los egipcios en la simetría y el equilibrio en todas las cosas, encarnadas en su aspecto masculino/femenino, que se pensaba había engendrado el principio de armonía en el cosmos antes del nacimiento del mundo.

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Armonía y eternidad

Los egipcios creían que la tierra (específicamente Egipto) reflejaba el cosmos. Se pensaba que las estrellas en el cielo nocturno y las constelaciones tenían una relación directa con la personalidad y el destino futuro de una persona. Los dioses animaban el cielo nocturno, incluso viajaban a través de él, pero no eran deidades distantes en los cielos; los dioses vivían junto al pueblo de Egipto e interactuaban con ellos a diario. Los árboles se consideraban los hogares de los dioses y una de las deidades egipcias más populares, Hathor, a veces era conocida como "Señora de la palmera datilera" o "La dama del sicomoro" porque se pensaba que prefería estos árboles en particular para descansar dentro o debajo de ellos. Los académicos Oakes y Gahlin señalan que:

Presumiblemente debido a la sombra y los frutos que proporcionaban, las diosas asociadas con la protección, la maternidad y la crianza estaban estrechamente asociadas con [los árboles]. Hathor, Nut e Isis aparecen con frecuencia en la imaginería y la literatura religiosas [relacionadas con los árboles]. (332)

Las plantas y las flores también se asociaban con los dioses, las flores del árbol ished se conocían como "las flores de la vida" por sus propiedades vivificantes. La eternidad, por tanto, no era un concepto etéreo y nebuloso de algún "cielo" lejos de la tierra, sino un encuentro diario con los dioses y diosas con los que uno seguiría teniendo contacto para siempre, en la vida y después de la muerte.

Hathor
Hathor
Mary Harrsch (Photographed at the Metropolitan Museum of Art) (CC BY-NC-SA)

Sin embargo, para poder experimentar este tipo de dicha, era necesario ser consciente de la importancia de la armonía en la vida y de cómo la falta de dicha armonía afectaba a los demás y a uno mismo. El "pecado de entrada" para los antiguos egipcios era la ingratitud, porque lo desequilibraba a uno y permitía que todos los demás pecados echaran raíces en el alma de una persona. Una vez que uno perdía de vista lo que había que agradecer, sus pensamientos y energías eran atraídos hacia las fuerzas de la oscuridad y el caos.

Esta creencia dio lugar a rituales como "los cinco dones de Hathor" en los que uno miraba los dedos de la mano y nombraba las cinco cosas en la vida por las que estaba más agradecido. Se alentaba a la gente a ser específica y a nombrar todo lo que más quería; como su cónyuge, sus hijos, su perro o gato, o el árbol junto al arroyo de su jardín. Como la mano estaba disponible en todo momento, serviría como recordatorio de que siempre había cinco cosas por las que uno debía estar agradecido y esto ayudaría a mantener un corazón alegre para lograr un equilibrio armonioso. Esto era importante durante toda la vida y seguía siendo igualmente significativo después de la muerte, ya que para avanzar hacia una vida eterna de bienaventuranza, el corazón necesitaba ser más liviano que una pluma cuando uno comparecía ante Osiris.

El alma y el salón de la verdad

Según la académica Margaret Bunson:

Los egipcios temían a la oscuridad eterna y a la inconsciencia en el más allá porque ambas condiciones contradecían la transmisión ordenada de la luz y el movimiento evidentes en el universo. Entendían que la muerte era la puerta de entrada a la eternidad. Por tanto, los egipcios valoraban el acto de morir y veneraban las estructuras y los rituales implicados en tal aventura humana. (86)

Las estructuras dedicadas a los muertos todavía se pueden ver hoy en todo Egipto, en las tumbas y pirámides que aún se elevan sobre el paisaje. Sin embargo, había estructuras y rituales después de la vida que eran igualmente importantes.

Se pensaba que el alma constaba de nueve partes separadas:

  • Khat era el cuerpo físico.
  • Ka era el doble de la persona.
  • Ba era un pájaro con cabeza humana que podía volar entre la tierra y los cielos.
  • Shuyet era la sombra del yo.
  • Akh era el yo inmortal y transformado.
  • Sahu y Sechem eran aspectos del Akh.
  • Ab era el corazón, la fuente del bien y del mal.
  • Ren era el nombre secreto de una persona.

Estos nueve aspectos eran parte de la existencia terrenal y al morir el Akh (con Sahu y Sechem), aparecía ante el gran dios Osiris en El salón de la verdad y en presencia de los cuarenta y dos jueces para pesar el corazón (Ab) en la balanza dorada contra la pluma blanca de la verdad.

Uno tenía que recitar la confesión negativa (una lista de aquellos pecados que uno podía decir honestamente no había cometido en la vida) y luego se colocaba el corazón en la balanza. Si el corazón era más ligero que la pluma, uno esperaba mientras Osiris consultaba con los cuarenta y dos jueces y el dios de la sabiduría, Thot, y si uno se consideraba digno, se le permitía pasar por el salón y continuar su existencia en el paraíso; si el corazón era más pesado que la pluma, se arrojaba al suelo donde era devorado por el monstruo Ammut (la devoradora) y entonces uno dejaba de existir.

Weighing the Heart, Book of the Dead
El pesaje del corazón, Libro de los muertos
Jon Bodsworth (Public Domain)

Una vez atravesado El salón de la verdad, uno era guiado al barco de Hraf-haf "El que mira detrás de él", una criatura desagradable, siempre irritable y ofensiva, y con quien había que encontrar la forma de ser absolutamente amigable y cortés. Al mostrar amabilidad hacia el cruel Hraf-haf, uno demostraba que era digno de ser transportado a través de las aguas del Lago de los lirios (también conocido como El lago de las flores) hasta el Campo de los Juncos, que era un reflejo de la vida en la tierra excepto que allí no había enfermedad, ni decepción, ni muerte. Entonces uno seguía con su existencia como antes, esperando a aquellos a quienes había amado en vida o encontrarse con aquellos que habían partido antes.

El clero, los templos y las escrituras

Aunque el historiador griego Heródoto afirma que sólo los hombres podían ser sacerdotes en el antiguo Egipto, la documentación egipcia dice otra cosa. Las mujeres podían ser sacerdotisas del culto de su diosa desde el Imperio Antiguo en adelante y se les concedía el mismo respeto que sus homólogos masculinos. Por lo general, un miembro del clero tenía que ser del mismo sexo que la deidad a la que servía. El culto a Hathor, en particular, era atendido habitualmente por clérigos mujeres (cabe señalar que "culto" no tenía el mismo significado en el antiguo Egipto que hoy. Los cultos eran simplemente sectas dentro de una religión). Los sacerdotes y sacerdotisas podían casarse, tener hijos, poseer tierras y hogares y vivir como cualquier otra persona, excepto por ciertas prácticas rituales y observancias relacionadas con la purificación antes de oficiar. Bunson escribe:

En la mayoría de los períodos, los sacerdotes de Egipto eran miembros de una familia que había estado conectada durante mucho tiempo a un culto o templo en particular. Los sacerdotes reclutaban nuevos miembros dentro de sus propios clanes, generación tras generación. Esto significaba que no vivían separados de su propia gente, por lo tanto, mantenían un conocimiento de los asuntos de sus comunidades. (209)

Los sacerdotes, al igual que los escribas, pasaban por un período prolongado de formación antes de comenzar el servicio y una vez ordenados, cuidaban del templo o del complejo del templo, realizaban rituales y observancias (como matrimonios, bendiciones en un hogar o proyecto, funerales), desempeñaban los deberes de médicos, curanderos, astrólogos, científicos y psicólogos, y también interpretaban los sueños. Bendecían amuletos para ahuyentar demonios o aumentar la fertilidad, también realizaban exorcismos y ritos de purificación para liberar un hogar de los fantasmas.

Su deber principal era hacia el dios al que servían y hacia la gente de la comunidad, y una parte importante de ese deber era el cuidado del templo y la estatua del dios que se encontraba en su interior. Los sacerdotes también eran médicos al servicio de Heka, sin importar a qué otra deidad servían directamente. Un ejemplo de esto es cómo todos los sacerdotes y sacerdotisas de la diosa Serket (Selket) eran médicos pero su capacidad para curar e invocar a Serket era habilitada a través del poder de Heka.

Los templos del antiguo Egipto se consideraban literalmente los hogares de las deidades que honraban. Cada mañana, el sacerdote o sacerdotisa principal, después de purificarse con un baño y vestirse con lino blanco limpio y sandalias limpias, entraba al templo y atendía la estatua del dios como lo haría con una persona a la que le habían encargado cuidar.

Se abrían las puertas del santuario para dejar entrar la luz de la mañana, y la estatua, que siempre residía en el santuario más interior, se limpiaba, vestía y ungía con aceite. Después, las puertas del santuario se clausuraban y se cerraban con llave. A nadie, excepto al sacerdote principal, se le permitía un contacto tan cercano con el dios. A los que acudían al templo sólo para adorar se les permitía entrar en las zonas exteriores, donde eran recibidos por clérigos menores que atendían sus necesidades y aceptaban sus ofrendas.

Egyptian Temple
Templo egipcio
Georges Perrot and Charles Chipiez (1883) (Public Domain)

No había "escrituras" oficiales utilizadas por el clero, pero se cree que los conceptos transmitidos en el templo eran similares a los encontrados en obras como los Textos de las pirámides, los posteriores Textos de los sarcófagos y los hechizos encontrados en el Libro egipcio de los muertos. Aunque a menudo se hace referencia al Libro de los muertos como "La Biblia del antiguo Egipto", no era tal cosa. El Libro de los muertos es una colección de hechizos para el alma en el más allá. Los Textos de las pirámides son los textos religiosos más antiguos del antiguo Egipto que datan de entre el 2400 y el 2300 a.C. Los Textos de los sarcófagos se desarrollaron más tarde, a partir de los Textos de las pirámides entre el 2134 y el 2040 a.C., mientras que el Libro de los muertos (en realidad conocido como el Libro de la salida al día) se escribió en algún momento entre el 1550 y el 1070 a.C.

Las tres obras tratan de cómo el alma debe navegar a través del más allá. Sus títulos (dados por eruditos europeos), el número de grandes tumbas y estatuas en todo Egipto, sin mencionar los elaborados rituales funerarios y las momias, han llevado a muchas personas a concluir que la cultura egipcia estaba obsesionada con la muerte, cuando de hecho, los egipcios estaban totalmente preocupados por la vida. El Libro de la salida al día, así como los textos anteriores, presentan verdades espirituales que uno habría escuchado en vida y recuerdan al alma cómo debe actuar en la siguiente fase de su existencia sin un cuerpo físico o un mundo material. Se esperaba que el alma de cualquier egipcio recordara estas verdades de la vida, incluso si nunca ponía un pie dentro del recinto de un templo, ya que los egipcios celebraban muchos festivales religiosos a lo largo del año.

Festivales y vida religiosos

Las fiestas religiosas en Egipto integraban perfectamente el aspecto sagrado de los dioses con la vida diaria del pueblo. La académica Lynn Meskell señala que "las fiestas religiosas hacían realidad las creencias; no eran simplemente celebraciones sociales. Actuaban en una multiplicidad de esferas relacionadas entre sí" (Nardo, 99). Había grandes festivales como El hermoso festival de Uadi en honor al dios Amón y festivales menores para otros dioses o para celebrar eventos en la vida de la comunidad.

Bunson escribe: "En ciertos días, durante algunas épocas, varias veces al mes, el dios se llevaba en arcas o barcos a las calles o navegaba por el Nilo. Allí tenían lugar los oráculos y los sacerdotes respondían a las peticiones" (209). La estatua del dios se sacaba del santuario interior para visitar a los miembros de la comunidad y participar en la celebración; una costumbre que puede haberse desarrollado de forma independiente en Egipto o provenir de Mesopotamia, donde esta práctica tenía una larga historia.

El hermoso festival de Uadi era una celebración de la vida, la plenitud y la comunidad y, como señala Meskell, la gente asistía a este festival y visitaba el santuario para "orar por la integridad corporal y la vitalidad física" mientras dejaba ofrendas al dios o diosa como señal de agradecimiento por su vida y su salud. Meskell escribe:

Uno puede imaginarse a un sacerdote o sacerdotisa que venía y recogía las ofrendas y luego reemplazaba las cestas, algunas de las cuales se han identificado arqueológicamente. El hecho de que estas piezas de joyería fueran objetos personales sugiere un vínculo poderoso e íntimo con la diosa. Además, en el santuario de Timna, en el Sinaí, se rompían ritualmente figuras votivas para indicar la entrega del ser humano a la deidad, lo que atestigua la variedad de prácticas rituales que tenían lugar en aquella época. Había una alta proporción de donantes femeninas en el Imperio Nuevo, aunque en general las pinturas de las tumbas no tienden a mostrar las prácticas religiosas de las mujeres sino que se centran en las actividades masculinas. (101)

La destrucción de las figuras votivas significaba la rendición de uno a la benévola voluntad de los dioses. Un votivo era cualquier cosa ofrecida por el cumplimiento de un voto o con la esperanza de lograr algún deseo. Si bien los votivos a menudo se dejaban intactos, a veces se destruían ritualmente para indicar la devoción que uno tenía hacia los dioses; uno les estaba entregando algo precioso que no se podía recuperar.

En estos festivales no había distinción entre los actos considerados "santos" y los que una sensibilidad moderna etiquetaría como "profanos". Toda la vida estaba abierta a la exploración durante un festival, incluidos los actos sexuales, la embriaguez, la oración, las bendiciones para la vida sexual, la familia, la salud y las ofrendas de gratitud y petición.

Las familias asistían juntas a los festivales, al igual que los adolescentes, las parejas jóvenes y aquellos que esperaban encontrar pareja. Los miembros mayores de la comunidad, los ricos, los pobres, la clase dominante y los esclavos eran todos parte de la vida religiosa de la comunidad porque su religión y su vida diaria estaban completamente entrelazadas, y a través de esa fe, reconocían que sus vidas individuales estaban entrelazadas con las demás en un tejido.

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Sobre el traductor

Diego Villa Caballero
Profesional en lenguas con estudios literarios. Profesor de castellano, escritor, traductor y entusiasta de la historia. Áreas de interés: literatura, artefactos antiguos, la historia de las religiones, la astrología, la arquitectura, la historia militar y del arte.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark es un escritor independiente y antiguo profesor de filosofía a tiempo parcial en el Marist College de Nueva York. Vivió en Grecia y Alemania y ha viajado por Egipto. Ha sido profesor universitario de historia, escritura, literatura y filosofía.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2016, enero 20). Religión en el antiguo Egipto [Ancient Egyptian Religion]. (D. V. Caballero, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-14280/religion-en-el-antiguo-egipto/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Religión en el antiguo Egipto." Traducido por Diego Villa Caballero. World History Encyclopedia. Última modificación enero 20, 2016. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-14280/religion-en-el-antiguo-egipto/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Religión en el antiguo Egipto." Traducido por Diego Villa Caballero. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 20 ene 2016. Web. 01 mar 2024.

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