Luis XIV de Francia

El Rey Sol
Harrison W. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
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Portrait of Louis XIV of France (by Hyacinthe Rigaud, Public Domain)
Retrato de Luis XIV de Francia Hyacinthe Rigaud (Public Domain)

Luis XIV (1638-1715) reinó como rey de Francia desde 1643 hasta 1715. Conocido como «Le Roi Soleil» («el Rey Sol»), creía fervientemente en el concepto del «derecho divino» de los reyes y se lo recuerda como un monarca absoluto. Su reinado de 72 años estuvo marcado por varias guerras y crisis, como la Fronda, la guerra de los Nueve Años y la guerra de Sucesión española. También fue testigo de la construcción del glorioso Palacio de Versalles, la expansión del imperio colonial francés y el surgimiento de Francia como potencia militar, económica y cultural dominante en Europa. Luis XIV fue posiblemente uno de los gobernantes más importantes de la historia europea, que marcó el destino del continente de cara al siglo XVIII.

Infancia y minoría de edad: 1638-1651

Luis XIV nació el 5 de septiembre de 1638 en el castillo de Saint-Germain, a 19 kilómetros de París. Su nacimiento fue muy esperado. El matrimonio de sus padres, el rey Luis XIII de Francia y Ana de Austria, había sido tormentoso en muchos aspectos, pero había sido especialmente desafortunado en lo que respecta a los embarazos. Los cuatro embarazos anteriores de Ana habían terminado en abortos espontáneos, lo que llevó a Luis XIII a temer que nunca tendría un hijo y que el trono francés pasaría a manos de su detestado hermano menor, Gastón. En consecuencia, el nacimiento definitivo de un heredero, o delfín, sano se consideró un milagro divino y, de hecho, bautizaron al bebé como Luis-Dieudonné («Luis, el dado por Dios»). Dos años más tarde, Ana dio a luz a otro hijo, Felipe de Francia, con lo que se consolidó la línea de sucesión. La llegada del proverbial «heredero y el suplente» no pudo llegar en mejor momento. Luis XIII llevaba años luchando contra una enfermedad, probablemente tuberculosis, y finalmente sucumbió a ella el 14 de mayo de 1643. Con tan solo cuatro años, Luis XIV se convirtió en rey de Francia.

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Con el peso de la corona sobre su pequeña cabeza, Luis no disfrutó de una infancia tradicional en ningún sentido. A menudo lo consideraban maduro para su edad, algo que un embajador de Venecia observó mientras asistía al quinto cumpleaños del niño rey:

Es de complexión robusta y tiene una expresión animada, aunque bastante seria, pero es una seriedad llena de encanto. Rara vez se ríe, ni siquiera cuando juega. Insiste en que su hermano de tres años, el duque de Anjou, le muestre respeto y obediencia. Sabe y comprende que es rey y pretende que se le trate como tal. Y cuando de vez en cuando su madre, la reina, le reprende, él responde que se acerca el momento en que él será el señor… En resumen, a menos que su vida y su educación le traicionen, promete ser un gran rey.

(citado en Wilkinson, 22)

Como regente, Ana trató de aumentar la autoridad de la corona tanto como fuera posible, para dejar a su hijo en una posición fuerte cuando alcanzara la mayoría de edad.

Por muy prometedor que fuera Luis, no dejaba de ser un niño y era vulnerable a las intrigas de los pretendientes rivales en la corte. Sin embargo, contaba con una poderosa aliada: su madre. Ana adoraba a su hijo, obteniendo de él el afecto que nunca había recibido en su matrimonio sin amor. Mucho más que otras reinas madres de la época, lo crio ella misma; un testigo ocular recordaba: «La reina apenas se separa de él. Disfruta mucho jugando con él y llevándolo a pasear en su carruaje» (citado en Mansel, 19). Por lo tanto, Ana estaba decidida a hacer cualquier cosa para proteger a Luis y asegurar su lugar en el trono. El 18 de mayo de 1643, tan solo cuatro días después de la muerte de su marido, Ana se proclamó regente y llenó la corte de amigos leales. Su nombramiento más significativo fue el del cardenal Jules Mazarin como primer ministro. Mazarin, protegido del difunto cardenal Richelieu, se convirtió en la mano derecha de confianza de Ana, responsable de dirigir su Gobierno. También supervisó la educación de Luis, que, además de las materias académicas de historia, escritura y aritmética, incluía clases de esgrima, equitación y baile.

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Louis XIV and Anne of Austria
Luis XIV y Ana de Austria Unknown Artist (Public Domain)

Como regente, Ana trató de aumentar la autoridad de la corona tanto como fuera posible, para dejar a su hijo en una posición fuerte cuando alcanzara la mayoría de edad. Con este fin, Mazarin y ella subieron los impuestos, encarcelaron a los aristócratas que se oponían a ellos y trabajaron para disminuir el poder de la nobleza y de los parlements (tribunales regionales). Esto provocó un descontento generalizado y desencadenó un período de guerra civil conocido como la Fronda (1648-1653). Durante esos años turbulentos, Luis se dio cuenta de que a menudo estaba a merced de los grandes señores e incluso del pueblo llano de París. La noche del 9 de febrero de 1651, una turba enfurecida irrumpió en el Palacio Real y entró en la alcoba real, donde el rey, de 12 años, fingió estar dormido. Aunque la turba se dispersó pacíficamente, Luis nunca olvidaría aquel traumático incidente, ni la humillación que lo acompañó. A partir de entonces odiaría para siempre a la altiva nobleza y a toda la ciudad de París, de la que ansiaba escapar. Para 1653, la última de las rebeliones de la Fronda fue derrotada, lo que confirmó el poder absoluto del rey.

El amanecer: 1651-1678

Aunque Luis XIV celebró la mayoría de edad en septiembre de 1651, su madre y Mazarin seguían ocupándose de los asuntos de política. Aún adolescente, Luis se contentó con este arreglo y centraba su atención en dedicarse a sus pasiones, entre las cuales se contaba el ballet. En 1653, Luis bailó en el Ballet Royal de Nuit en el papel de Apolo, el dios griego del sol. Fue un espectáculo magnífico que duró 13 horas. Dos años más tarde, interpretó diversos papeles en el Ballet des Plaisirs.

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Aparte del ballet, Luis adoraba el arte y la literatura. A lo largo de su reinado, les encargó obras a artistas como Charles Le Brun, música a compositores como Jean-Baptiste Lully, y protegió a escritores como Molière de la censura y el encarcelamiento. Otra de sus pasiones era Marie Mancini, la sobrina del cardenal Mazarin, de quien se enamoró. Esto supuso un problema para Ana y Mazarin, que intentaban concertar un matrimonio para Luis y no querían que esta historia de amor complicara las negociaciones. En 1658, Mazarin se llevó a Mancini, dejando al rey enamorado en un estado de «depresión extrema» (citado en Wilkinson, 93). El 9 de junio de 1660, Luis se casó con la infanta María Teresa de España, quien adoptó la versión francófona de su nombre, Marie-Thérèse.

Wedding of Louis XIV and Marie-Thérèse
Matrimonio de Luis XIV y María Teresa Jacques Laumosnier (Public Domain)

El 9 de marzo de 1661, Mazarin falleció tras una larga enfermedad. Aunque Luis estaba sinceramente desconsolado por la pérdida de su mentor y figura paterna, reconoció que ese momento era una oportunidad: la ocasión de comenzar por fin su gobierno personal. Al día siguiente, convocó a sus cortesanos y les informó de que no nombraría a un nuevo primer ministro. En su lugar, asumiría él mismo la responsabilidad del gobierno del reino. Esto fue toda una sorpresa, ya que tradicionalmente los reyes dependían de sus primeros ministros para dirigir el Gobierno. Pero Luis creía firmemente en la noción del «derecho divino» de los reyes, según la cual se le había otorgado un mandato de Dios para gobernar con autoridad absoluta. Esto inquietó a muchos de los poderosos nobles de Luis, incluido el influyente superintendente de Finanzas, Nicolas Fouquet, que esperaba suceder a Mazarin como primer ministro. Haciendo gala de su recién adquirido poder, Luis arrestó a Fouquet el 5 de septiembre de 1661 acusado de malversación. El desdichado Fouquet fue condenado a cadena perpetua y pasó el resto de sus días en la sórdida fortaleza-prisión de Pignerol.

Luis se rodeó de ministros de talento que solo le rendían cuentas a él.

A pesar de su intención de gobernar en solitario, Luis era lo suficientemente pragmático como para saber que aún necesitaba ayuda. Por lo tanto, se rodeó de ministros talentosos que solo le rendían cuentas a él. Quizás el más notable fue Jean-Baptiste Colbert, nombrado Controlador General de Finanzas en 1665. Colbert trabajó incansablemente para reducir la deuda nacional, lo que logró mediante la introducción de nuevos impuestos como la gabelle (impuesto sobre la sal) y la taille (impuesto sobre la tierra). También fomentó el comercio interior y exterior, aplicó políticas mercantilistas y promovió el crecimiento de la industria y la manufactura en Francia. Estas reformas financieras lograron llenar las arcas del tesoro francés. Parte de este dinero se destinó a la reorganización del Ejército. Con la ayuda de su ministro de Guerra, el marqués de Louvois, Luis aumentó el tamaño de su ejército a 340.000 hombres. Los oficiales ya no podían comprar sus rangos, que ahora solo podían conseguirse por méritos. Los soldados estaban mejor entrenados, mejor equipados y más disciplinados. La armada también se amplió hasta contar con 116 buques de guerra y otros 83 buques en 1677, lo que la convirtió en la mayor armada de Europa.

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Luis no tardaría en poner a prueba su nuevo y mejorado ejército. En 1667, invadió los Países Bajos españoles, reclamando estas tierras en nombre de su esposa. En la posterior guerra de Devolución, el ejército francés al mando del mariscal Turenne demostró su eficacia y capturó varias ciudades clave. Esto alarmó a muchas de las demás naciones europeas, que temían las ambiciones territoriales de Luis. En enero de 1668, Inglaterra, Suecia y las Provincias Unidas de los Países Bajos formaron la Triple Alianza para contrarrestar la agresión francesa y presionaron a Luis para que pusiera fin a la guerra, obligándole a renunciar a la mayor parte de sus conquistas.

Louis XIV Crossing into the Netherlands at Lobith
Luis XIV cruzando a los Países Bajos en Lobith Adam Frans van der Meulen (Public Domain)

Durante los años siguientes, Luis esperó su momento, a la espera de una oportunidad para debilitar la Triple Alianza. Invadió las Provincias Unidas en mayo de 1672, un año conocido en la historia holandesa como el Rampjaar («Año del Desastre»), ya que para diciembre los franceses habían invadido casi toda Holanda. Pero la rápida invasión francesa pronto se convirtió en una guerra de desgaste estancada, y el mejor general de Luis, Turenne, murió alcanzado por una bala de cañón. Para empeorar las cosas, los holandeses contaban con el apoyo de una nueva coalición antifrancesa financiada por Leopoldo I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Una contraofensiva holandesa liderada por Guillermo, príncipe de Orange, recuperó la mayor parte del país, y la Guerra Franco-Holandesa llegó a su fin en 1678. Aunque Francia no había logrado conquistar la República Holandesa, había demostrado su poderío militar y se había erigido como la potencia dominante en el continente.

Cénit: 1680-1700

En 1680, Luis XIV, de 42 años, se encontraba en el apogeo de su poder. Al inicio de su reinado había adoptado el sol como emblema personal y, de hecho, parecía como si el mundo entero estuviera bañado por sus rayos. El imperio colonial francés era más fuerte que nunca. En América, la población de Nueva Francia (Canadá) crecía de forma constante, mientras que el explorador René-Robert Cavelier de La Salle reclamaba la cuenca del río Misisipi para Francia y la bautizaba como Luisiana en honor a su generoso rey. En la India, se fundaron puestos comerciales franceses en Chandernagore y Pondicherry, y se creó la Compañía Francesa de las Indias Orientales para competir con el comercio inglés y holandés en Asia. Más cerca de casa, Luis XIV continuó ejerciendo su poder mediante la centralización de la autoridad. Impuso un control más estricto sobre las actividades de la Iglesia, de modo que todas las regulaciones papales requerían un sello de aprobación real para entrar en vigor en Francia. Tomó medidas drásticas contra la nobleza, a la que ahora se le exigía demostrar el pedigrí de su familia para seguir teniendo derecho a sus privilegios, so pena de verse obligada a pagar sus impuestos como cualquier otra persona. En verdad, el esplendor del reinado de Luis era tal que parecía personificar a Apolo, el dios al que una vez había imitado en el ballet, asumiendo el manto del Rey Sol.

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Louis XIV as Apollo in the Ballet de la Nuit
Luis XIV como Apolo en el Ballet de la Nuit Henri de Gissey (Public Domain)

Pero si Luis iba a vivir como la encarnación de Apolo, necesitaría encontrar su propio Monte Olimpo. El lugar que eligió fue Versalles, un modesto pabellón de caza a unos 20 kilómetros (12 millas) al oeste de París. Al principio, pocos podían imaginar que Versalles se convertiría en el emplazamiento del palacio más espléndido de Europa; un testigo ocular lo describió como «el más inhóspito de los lugares; sin vistas, sin bosques, sin agua, sin tierra, pues todo es arena o pantano, y, por consiguiente, con un aire que no puede ser puro» (citado en Wilkinson, 160). Pero Luis, decidido a trasladar la sede del poder lejos de París, no podía estar más contento con aquella ubicación apartada. La construcción comenzó en 1661 y continuaría de forma intermitente durante el resto de se reinado.

En marzo de 1682, Luis trasladó la sede del Gobierno a Versalles. Para entonces, el recinto consistía en un palacio gigantesco, que pronto incluiría la famosa Galería de los Espejos, elegantes jardines e incluso un pequeño pueblo. Al trasladar la corte francesa a Versalles, cualquier aristócrata que quisiera estar cerca de la sede del poder tuvo que trasladarse allí también. Allí, el rey podía vigilarlos de cerca, al tiempo que los mantenía distraídos con una estricta etiqueta cortesana y un estilo de vida lujoso. A medida que iba pacificando a los nobles en Versalles, los iba sustituyendo por burócratas leales únicamente al rey. Con el establecimiento de su Olimpo particular, donde la vida giraba necesariamente en torno a él, Luis había acabado con los últimos vestigios del feudalismo.

Palace of Versailles Print, c. 1661-1695
Impresión del Palacio de Versalles, circa 1661-1695 Gabriel Perelle (CC BY-NC-SA)

Con la neutralización de la nobleza, Luis XIV estaba afirmando su «derecho divino» a gobernar con poder absoluto. Pero, aun así, a su alrededor había recordatorios de lo frágil e ilusorio que era realmente ese poder. Como rey de Francia, Luis ostentaba el título de «Su Majestad el Cristianísimo» y tenía la responsabilidad de defender la Iglesia católica en Francia (Iglesia galicana). Como tal, Luis detestaba el Edicto de Nantes de 1598, que había concedido libertades a los protestantes franceses, o hugonotes, tras las guerras de religión francesas. Consideraba que el edicto era un fracaso de la autoridad real y juró rectificar el error. A partir de 1681, les impuso más restricciones a los hugonotes, prohibiéndoles ocupar cargos públicos o casarse con católicos y limitando sus desplazamientos dentro del reino. Luego, en 1685, promulgó el Edicto de Fontainebleau. Con ello, Luis XIV y la revocación del Edicto de Nantes despojaron a los hugonotes de casi todos sus derechos, lo que desencadenó un éxodo masivo de casi 200.000 fuera de Francia. El edicto también aumentó las tensiones con las naciones protestantes vecinas, que ya estaban cada vez más preocupadas por la reanudación de las políticas expansionistas de Luis.

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En 1681, los ejércitos de Luis capturaron y anexionaron Estrasburgo, una ciudad imperial libre que custodiaba un paso clave sobre el Rin. Tres años más tarde, los franceses se apoderaron también de Luxemburgo. Envalentonado por estas victorias, Luis condujo un ejército al otro lado del Rin en septiembre de 1688, con la intención de apoderarse de más territorios en el Palatinado. Para las demás potencias europeas, esto fue la gota que colmó el vaso. El viejo enemigo de Luis, el príncipe de Orange, había ascendido al trono inglés en la Revolución gloriosa de 1688. Ahora que gobernaba como el rey Guillermo III de Inglaterra, se dispuso a contrarrestar la agresión francesa formando la Liga de Augsburgo con Leopoldo I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. En 1689, la Liga de Augsburgo le declaró la guerra a Francia, desencadenando la Guerra de los Nueve Años. A pesar de sus éxitos iniciales, el ejército francés no estaba preparado para un conflicto de esta magnitud y se vio obligado a luchar a la defensiva. Tras años de tediosa guerra de asedio y desgaste, ambas partes coincidieron en que seguir luchando era inútil, y se alcanzó una paz general en el Tratado de Rijswijk a finales de 1697. Sin embargo, ninguno de los problemas subyacentes se resolvió, lo que hacía presagiar que otro conflicto se cernía en el horizonte.

Familia y amantes

Al igual que Francia alcanzó el apogeo de su poder durante el reinado de Luis, también la Casa de Borbón alcanzó su propio cénit. En noviembre de 1661, la reina María Teresa deleitó a su marido con el nacimiento de un heredero sano, que pasaría a ser conocido como Luis el Gran Delfín. Aunque ninguno de los demás hijos de la reina llegaría a la edad adulta, el rey demostró ser más que capaz de tener descendencia propia con sus numerosas amantes; entre las más famosas de estas se contaban Louise de La Vallière y Madame de Montespan, con las que el rey llegó a tener doce hijos ilegítimos.

Louis XIV with Madame de Ventadour and his Heirs
Luis XIV con Madame de Ventadour y sus herederos Unknown Artist (CC BY-NC-ND)

En 1680, el delfín, de 19 años, se casó con María Ana Victoria de Baviera y tuvo tres hijos propios, asegurando el futuro de la dinastía Borbón durante al menos tres generaciones. Poco después, la reina María Teresa murió de fiebre. Luis esperó unos meses antes de casarse en secreto con otra de sus amantes, Françoise d'Aubigné. Aunque Françoise nunca fue reconocida como reina, Luis se mostró más fiel a ella de lo que había sido con su primera esposa.

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Ocaso: 1700-1715

En noviembre de 1700, se desencadenó otra crisis europea cuando el enfermizo rey Carlos II de España murió sin descendencia. Uno de los nietos de Luis, Felipe de Anjou, fue coronado rey de España, para horror de la Liga de Augsburgo, que temía la expansión del poder borbónico. Al darse cuenta de que se encontraba al borde de otra guerra, Luis invadió una vez más los Países Bajos en 1701, desencadenando la guerra de Sucesión española. Inicialmente, los ejércitos franceses obtuvieron buenos resultados en los campos de batalla de Italia y Flandes, pero la marea de la guerra cambió en la segunda batalla de Höchstädt (13 de agosto de 1704), cuando un ejército francés fue derrotado por una fuerza aliada liderada por el duque de Marlborough. En 1709, los franceses sufrieron otra gran derrota en la batalla de Malplaquet, una de las más sangrientas de todo el siglo XVIII. Luis se negó a reconocer la derrota y siguió luchando hasta que se negoció la paz en 1714. A su nieto se le permitió seguir reinando como Felipe V de España a cambio de renunciar a sus pretensiones al trono francés.

Death of Louis XIV at Versailles
Muerte de Luis XIV en Versalles Thomas Jones Barker (Public Domain)

Para entonces, Luis XIV era ya un anciano y le preocupaba la línea de sucesión, que ya no era tan segura como antes. El Gran Delfín murió de viruela en 1711, dejando a su hijo de 28 años, el duque de Borgoña, como heredero al trono. Pero menos de un año después este también había fallecido de sarampión; en 1715, el heredero de Luis XIV era su bisnieto de cinco años. Aunque esto era problemático, poco podía hacer el Rey Sol, ya que era evidente que su propia salud se estaba deteriorando. Tras sufrir una gangrena, falleció en Versalles el 1 de septiembre de 1715, cuatro días antes de cumplir 77 años. Había reinado como rey de Francia durante 72 años y 110 días, y hasta el día de hoy ostenta el récord como el monarca con el reinado más largo de la historia. Había llevado a Francia a una nueva era, transformándola en el Estado más poderoso de Europa. Ahora le correspondía a su heredero de cinco años, el rey Luis XV de Francia, mantener lo que su bisabuelo había construido y guiar al reino a través de los turbulentos años que se avecinaban.

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Bibliografía

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Harrison W. Mark
Harrison Mark es un investigador histórico y escritor para World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, H. W. (2026, abril 27). Luis XIV de Francia: El Rey Sol. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-26075/luis-xiv-de-francia/

Estilo Chicago

Mark, Harrison W.. "Luis XIV de Francia: El Rey Sol." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, abril 27, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-26075/luis-xiv-de-francia/.

Estilo MLA

Mark, Harrison W.. "Luis XIV de Francia: El Rey Sol." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 27 abr 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-26075/luis-xiv-de-francia/.

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