Los Hechos de los Apóstoles narran la forma en que el movimiento que se convertiría en cristianismo se extendió por las ciudades del Imperio romano aledañas al Mediterráneo oriental a partir de su comienzo en Jerusalén. Escrito alrededor del período 95 al 120 d.C., su autoría se atribuye a Lucas, a quien también se debe el tercer Evangelio. Los estudiosos designan la obra completa con el nombre Lucas-Hechos, que constituye el texto más extenso del Nuevo Testamento.
Propósito
Los profetas judíos habían predicho que el Dios de Israel intervendría una última vez en la historia humana para establecer su reino en la tierra. Dios levantaría una figura mesiánica que guiaría al pueblo y restauraría la nación de Israel según el plan original del Jardín del Edén concebido por Él. El reino incluiría a aquellos gentiles (paganos y naciones) que se arrepintieran y adoraran a Dios.
los estudiosos usan hechos para establecer la cronología de los viajes y las epístolas de pablo.
Según los Evangelios, Jesucristo proclamó la inminencia de la llegada del reino. Sin embargo, habían transcurrido varias décadas y no se observaban indicios de su presencia. El propósito de Hechos era demostrar que las predicciones de los profetas se consumaban en las obras contemporáneas de los primeros misioneros cristianos, los discípulos y Pablo. Así, los acontecimientos descritos en Hechos «cumplían» las profecías de Jesús recogidas en el Evangelio de Lucas.
Las fuentes de Hechos incluyen las Escrituras judías, los libros de los profetas, y los relatos de los viajes del apóstol Pablo. En Hechos, Lucas incluyó detalles específicos recogidos en las cartas del Apóstol a los gentiles, aunque el libro también contiene contradicciones. En casos de discrepancia, las misivas de Pablo se consideran más fiables, pero no aportan fechas internas. Los estudiosos utilizan Hechos para establecer una cronología de los viajes de Pablo y de sus epístolas.
Hechos (praxeis apostolon, en griego), se considera historiografía antigua: el método empleado para escribir la historia de los pueblos y sus acontecimientos. Se esperaba que los historiadores compusieran disertaciones sobre personalidades famosas que encajaran con lo que se sabía de ellos. Existe consenso acerca de que Lucas fue el autor de Hechos, cuyo texto contiene 24 discursos principales.
La estructura de Hechos
Tanto el Evangelio de Lucas como Hechos comienzan con una dedicatoria a un creyente llamado Teófilo. Luego, el texto continúa con las enseñanzas que Jesús transmitió a sus discípulos durante los cuarenta días anteriores a su ascensión al cielo. Los discípulos le preguntan al nazareno si restablecería el reino de Israel, a lo cual Él responde:
«No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra». Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. (Hechos 1:7-9)
En esencia, Hechos abre con el índice del libro. La obra relata los testimonios de Pedro y Juan en Jerusalén y Judea, continúa con la misión en Samaria, y termina con Pablo en Roma, «en lo último de la tierra». Esta estructura sustenta la teoría de que Hechos se escribió en Roma, aunque el tema aún se debate. Del mismo modo que hace en su Evangelio, las «pruebas» aportadas por Lucas consisten en la vinculación de cada acontecimiento con figuras históricas de la época. En relación con estos eventos, Lucas afirma por medio de Pablo que «no se ha hecho esto en algún rincón» (Hechos 26:26), lo cual significa que son sucesos que se validan en el escenario de la historia. De ahí que en Hechos se nombren reyes judíos y magistrados romanos.
Pentecostés era una antigua fiesta religiosa judía conocida como Shavuot («semanas», en hebreo); uno de los tres festivales de peregrinación prescritos por las Escrituras judías. En el relato de Juan el Bautista, Lucas presenta a través de Juan que el Mesías bautizaría a las personas con el Espíritu Santo y con fuego (Lucas 3:16).
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: «Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?» (Hechos 2:1-8)
El milagro del «don de lenguas» dio lugar al término «glosolalia», que en la actualidad tiene su expresión en las denominaciones pentecostales. El fenómeno consiste en que durante el trance experimentado por una persona poseída o dominada por un dios o espíritu, esta pronuncia palabras en un idioma desconocido. El aspecto clave de la manifestación del don de lenguas se encuentra en su relación con las naciones. En griego, «lenguas» se refiere a «idiomas». El milagro estriba en que los judíos de otras regiones entendieron en sus lenguas nativas las palabras que los discípulos galileos pronunciaron en idioma arameo.
la posesión por el espíritu se combinó con uno de los primeros rituales cristianos, el bautismo.
La posesión por el Espíritu se combinó con uno de los primeros rituales cristianos: el bautismo. El Espíritu se manifestaba en las comunidades cristianas primitivas a través de milagros físicos reales, como la capacidad de «hablar en lenguas», profetizar, sanar, o resucitar a los muertos. Todos estos prodigios están presentes en las epístolas de Pablo.
Pedro y Juan
Los discípulos Pedro y Juan oraban a diario en el templo. Pedro sanó a un lisiado y muchos de la multitud que presenciaron el hecho se convirtieron en creyentes. El sumo sacerdote y los saduceos les ordenaron que cesaran sus actos, pero persistieron, y a continuación fueron arrestados y encarcelados. Luego, durante la noche, un ángel del Señor realizó el milagro de liberarlos. Este suceso estableció una secuencia predeterminada que se presenta a lo largo de Hechos: la persecución de los primeros creyentes por parte de los judíos, seguida siempre de una liberación divina.
Esteban
Hechos expone las evidencias más tempranas de la existencia de jerarquías en las comunidades cristianas primitivas, manifestada por la elección de diáconos encargados de resolver asuntos prácticos, como la distribución de alimentos y ropas a los pobres. Uno de ellos, Esteban, resultó detenido por alegarse que se había pronunciado contra el Templo. El discurso de Esteban repasaba las numerosas ocasiones en que el pueblo judío había desobedecido a Dios. El Sanedrín lo condenó a muerte por lapidación, el castigo prescrito para la ofensa de blasfemia. Justo antes de morir, Esteban tuvo una visión: «… he aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios» (Hechos 7:56). En la antigüedad las palabras pronunciadas en el lecho de muerte a menudo se consideraban revelaciones divinas. La función del relato de Esteban en la narración es la de validar que Jesús está en el cielo.
Lucas escribió que Pablo estuvo presente en la lapidación de Esteban: «… hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles» (Hechos 8:1). Pablo persiguió a los primeros creyentes, hacía arrestarlos y votó a favor de la aplicación de la pena de muerte; acudió al sumo sacerdote y obtuvo órdenes de detención contra los creyentes de Damasco.
Una de las historias más conocidas de Hechos es la de Pablo en el camino a Damasco:
Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Él dijo: «¿Quién eres, Señor?» Y le dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues … levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer». (Hechos 9:3-6)
Tras haber quedado temporalmente ciego, un creyente de Damasco lo cura, tanto de su ceguera física como espiritual, y lo bautiza.
La historia de Lucas acerca de Pablo presenta varias incongruencias históricas.
En sus cartas, Pablo admite haber perseguido a la Iglesia de Cristo, pero no detalla cómo, ni por qué.
No queda claro por qué se había permitido a los apóstoles permanecer en Jerusalén, mientras se había dispersado a otros creyentes.
Lucas no explica qué justificaba la aplicación de la pena de muerte a los primeros creyentes. Afirmar que alguien era un mesías no violaba la Ley de Moisés.
Resulta improbable que el sumo sacerdote contara con autoridad suficiente para emitir una orden de arresto válida en otra ciudad, potestad reservada en exclusividad a los magistrados romanos.
La función de esta narración es explicar la existencia del movimiento más allá de Jerusalén.
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Los «temerosos de Dios», gentiles que respetaban y veneraban al Dios de Israel, constituían un grupo importante para Lucas. Los adjetivos empleados por Lucas para describirlos, «devotos» y «piadosos», implican que estas personas habían dado el primer paso hacia la adopción del Dios de Israel. En las ciudades del Imperio, las sinagogas no eran espacios sagrados; los gentiles no tenían prohibido el acceso a sus servicios y actividades. Muchos gentiles admiraban las enseñanzas judías. Resulta plausible que escucharan por primera vez las prédicas de Jesús de Nazaret en las congregaciones de simpatizantes del judaísmo que asistían a las sinagogas.
Un descubrimiento arqueológico realizado en las ruinas de una sinagoga ubicada en Afrodisias, en la actual Turquía, aportó pruebas históricas demostrativas de la existencia de estos simpatizantes de Dios. Inscrito en un pilar, se halló un listado que contenía los nombres de los donantes, en su mayoría griegos descritos como «temerosos de Dios», que también figuraban como benefactores en bibliotecas públicas y otros edificios.
La figura de «los temerosos de Dios» se articula por primera vez en una compleja historia de Pedro y Cornelio, un centurión de una cohorte italiana que simpatizaba con el judaísmo. Pedro y Cornelio habían tenido visiones simultáneas y Pedro había bautizado a toda su familia. Pedro resume en Hechos 15.9 que «… ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones».
Entre Hechos 10 y 15 se aprecia el progreso geográfico de la misión, pero al avanzar la historia aparece un inesperado interés por Antioquía. Hasta entonces los misioneros solo hablaban con los judíos; en cambio, ahora «… unos varones de Chipre y de Cirene … hablaron también a los griegos [los paganos], anunciando el evangelio del Señor Jesús. … y gran número creyó y se convirtió al Señor». (Hechos 11:20-21)
Hechos 15:1 expresa, «… algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: "Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos"». Lucas no ofrece razonamiento alguno que explique por qué algunos fariseos creyentes requerían que la conversión total incluyera la circuncisión. Los profetas, por su parte, no exigían la conversión ritual de los creyentes gentiles. Esto dio lugar a que se convocara a todos los involucrados a una reunión en Jerusalén, la cual se convirtió en el primer concilio apostólico, al que siguieron muchos otros durante los siglos siguientes.
Santiago, el hermano de Jesús, toma la decisión:
Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de la fornicación, de [lo estrangulado] y de [la] sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo. (Hechos 15:19-21)
En el siglo I d.C. la mención de alimentos «contaminados por ídolos» aludía al problema de que la carne de los mercados públicos procedía de los restos de los sacrificios efectuados en los templos. Durante las fiestas religiosas celebradas en las ciudades, los sobrantes se distribuían a la comunidad. La expresión «contaminaciones de los ídolos» reflejaba el desprecio judío por dicha carne. A menudo las comunidades judías contaban con sus propios carniceros, debido al estigma asociado a esta idolatría. La ley judía exigía drenar la sangre de los animales antes de su venta y uso.
La «inmoralidad sexual» (pornea, en griego), tiene varias connotaciones en las Escrituras; abarca los códigos judíos sobre el incesto, la falta de castidad, el adulterio, y la prostitución. Las uniones sexuales ilícitas se incorporaron por los judíos en las listas de vicios que elaboraron para contraponerse a las naciones, las cuales Pablo repite a menudo en sus epístolas. Aunque el libro de Hechos se escribió con posterioridad a la destrucción del Templo, el texto incorpora los rituales de pureza e impureza y los conceptos de Levítico, los cuales solo eran viables bajo el Templo de Jerusalén. Sin embargo, Hechos 15 los incorpora como cumplibles en la vida cotidiana de los gentiles creyentes.
Mediante el recurso literario de la apologia, o apología, dedicada a Roma, Lucas explica que para consolidar el poder de Roma en sus campañas de Oriente, Julio César (100-44 d.C.) utilizó contingentes judíos en el Ejército. A su retorno a Roma, César impulsó al Senado a que aprobara una ley que recompensaba a los judíos con el privilegio de continuar la práctica de sus costumbres ancestrales y los eximía de participar en los cultos estatales romanos. La legislación estipulaba que los judíos debían obedecer la ley de Roma, no hacer proselitismo fuera de las sinagogas, ni interferir con las costumbres romanas. El incumplimiento de estas condiciones se consideraba traición.
Entre 66 y 73 d.C. los judíos se rebelaron contra el Imperio romano. Los acontecimientos de este período se documentan en la obra Antigüedades de los judíos escrita por el historiador judío Flavio Josefo (36-100 d.C.), que explica las causas que condujeron a la gran revuelta judía del 66 d.C. Durante los decenios del 40, 50 y 60 se produjeron disturbios civiles en los que judíos y griegos se enfrentaron en varias ciudades, pero Lucas no hace mención de estos sucesos en sus descripciones de los viajes de Pablo. En Hechos, el reino de Dios se presenta como un reino escatológico y proléptico predicho por los profetas, no como una alternativa política a Roma. Tanto en los Evangelios como en Hechos se culpa a los judíos opositores del juicio y crucifixión de Jesús de Nazaret.
Lucas evita incluir en Hechos la retórica profética de condena explícita a la idolatría. Aunque Pablo predica en sus cartas contra la idolatría tradicional, «Por tanto, amados míos, huid de la idolatría» (1 Corintios 10:14); en Hechos ninguno de sus pronunciamientos insulta a los dioses. El énfasis de los parlamentos de Hechos se centra en que «esas vanidades», tales como los ignorantes sacrificios a los dioses realizados en Listra mencionados en 14:15, no conducen a la salvación según la concebía Lucas: la del perdón de los pecados.
Rechazo e inocencia en Hechos
Lucas aplicó en Hechos el esquema tradicional de aceptación seguida de rechazo experimentado por los profetas. Al principio, los profetas de Dios son honrados y bien recibidos, hasta que comienzan a transmitir el mensaje de inminente perdición y destrucción causadas por los pecados del pueblo. Hacia el siglo I d.C. circulaban leyendas relativas a que todos los profetas de Israel habían muerto como mártires. Las historias que Lucas presenta sobre las experiencias de Pablo en distintas ciudades lo retratan como un profeta tradicional que enfrentaba innumerables ordalías y sufrimientos.
Lucas creó un patrón repetitivo de aceptación y rechazo de Pablo en sinagogas y ciudades. A su arribo a una ciudad, el Apóstol acudía primero a la sinagoga para proclamar la buena nueva, que al inicio era bien recibida. Al regresar el día siguiente comenzaba la reacción, seguida de tensiones, persecución, y por último, la expulsión de la sinagoga. Los judíos no creyentes eran los originadores de los disturbios civiles, y ante su surgimiento, Pablo declaraba que «iría a los gentiles». En la siguiente ciudad se repetía el mismo esquema: primero la sinagoga, luego la expulsión.
En cada ciudad, la «envidia de los judíos» era el factor que impulsaba los disturbios civiles que conducían al arresto de Pablo, no sus prédicas contra la idolatría, particularidad que se expresa en Hechos 13:45 por medio de la frase «Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos …». ¿Qué motivaba los celos de los judíos? La palabra griega zilia significa resentimiento hacia alguien que se considera superior, la cual referida a «la muchedumbre» acumulada, se transforma en la idea de que los cristianos atraían a más conversos paganos que los judíos. Esto, con independencia de que el judaísmo no era una religión misionera.
En cada una de las ocasiones que se produce el arresto y encarcelamiento de Pablo, el gobernador local o el magistrado de la ciudad siempre lo declara inocente de las imputaciones de generar disturbios civiles. Hechos 18 describe un juicio presidido por Galión, el procónsul de Corinto; los judíos de la ciudad acusaban a Pablo de «[persuadir] a los hombres a honrar a Dios contra la ley» (18:13), la ley de Roma, en este caso. Allí, en presencia de todos los magistrados, se le declara inocente de quebrantar la legislación juliana. Los problemas que se confrontaban con el nuevo movimiento más bien tenían su origen en diferencias internas entre los judíos.
Lucas afirma que Pablo era ciudadano romano, aunque Pablo no lo menciona en sus epístolas. Entre los privilegios otorgados por la ciudadanía romana se contaba el derecho al debido proceso y a la apelación hasta el nivel del emperador. Este mecanismo se empleó para mantener a Pablo en Roma, en «lo último de la tierra». A su llegada a Italia Pablo sufre arresto domiciliario y espera por el resultado de su apelación. Mientras aguarda, Pablo continúa su misión en libertad:
Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento (Hechos 28:30-31)
En otras palabras, a Pablo no se le acusa de transmitir enseñanzas contrarias a las tradiciones de Roma, incluso durante su presencia en el corazón del Imperio.
A pesar de la prominencia de Pedro, de Santiago y de Pablo, Lucas no informa de sus muertes en Hechos. La descripción de los martirios de Pedro y de Pablo durante el reinado de Nerón (reinó 54-68 d.C.) solo se recoge en historias posteriores del siglo II d.C. La causa de esto permanece en el misterio, pero resulta significativo que Hechos no mencione persecución ni ejecución por parte de Roma.
El legado de Los Hechos de los Apóstoles
Hechos de los Apóstoles mantiene una vigencia e importancia vitales en la actualidad, debido a que constituye la primera historia del cristianismo, y a que proporciona amplia y rica información sobre las creencias y prácticas judías, paganas, y de los gentiles del siglo I d.C. Por desdicha, los argumentos contestatarios de Lucas que aparecen en las historias de persecución de los creyentes por parte de los judíos se intensificaron durante el siglo II d.C. Después que el cristianismo se separó del judaísmo, los Padres de la Iglesia utilizaron estas narraciones para crear su literatura «Adversus Judaeos» (contra los judíos), en la que se presentaba a los judíos como adversarios y enemigos de los cristianos. El libro de Hechos de los Apóstoles se convirtió así en el texto sustentador de la afirmación de que tal como habían hecho a lo largo del siglo I d.C., los judíos continuaban con la persecución de los cristianos dentro del Imperio romano.
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.
Rebecca I. Denova, Ph D. es catedrática emérita de Cristianismo Primitivo en el Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Pittsburgh. En julio de 2021 se publicó su libro de texto titulado «The Origins of Christianity and the New Testament» (Wiley-Blackwell).
Escrito por Rebecca Denova, publicado el 07 noviembre 2024. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.