Manuel I Comneno gobernó el Imperio bizantino entre 1143 y 1180. Continuó las campañas ambiciosas de su abuelo Alejo I y de su padre Juan II, y expandió los límites de su imperio de forma agresiva. Manuel resultó ser más ambicioso de lo que sus ejércitos podían aguantar y, a pesar de firmar tratados y formar alianzas matrimoniales útiles, terminó fracasando al intentar invadir Italia y luego los selyúcidas lo derrotaron en Asia Menor.
Sucesión
Manuel heredó el trono del Imperio bizantino cuando el reinado de su padre Juan II Comneno llegó a su fin de forma inesperada tras la muerte del emperador en un extraño accidente de caza el 8 de abril de 1143. Manuel era en verdad el hijo menor, pero dos de sus hermanos ya habían muerto trágicamente de fiebre, y Juan había pasado por alto a su hijo mayor, Isaac, ya que lo consideraba incapaz de gobernar porque se enojaba con facilidad. Juan había nombrado a Manuel como su sucesor unos días antes de morir en Cilicia, y el nuevo emperador había estado al lado de su padre. El problema inmediato de Manuel era volver a Constantinopla antes de que a su hermano Isaac se le ocurriera tomar simplemente el trono a la fuerza.
Manuel pasaría la mayor parte de su reinado de campaña en cada rincón de su imperio.
Afortunadamente, Manuel tenía un aliado invaluable que aseguraría que sus primeros meses como emperador transcurrieran sin problemas: Juan Axoukh, megas domestikos o comandante supremo del ejército durante el reinado de Juan II. Mientras Manuel lidiaba con los arreglos funerarios de su padre, Axoukh se dirigió rápidamente a Constantinopla y mandó arrestar a Isaac; también se le ofreció a la Iglesia un pago anual generoso para apoyar a su heredero legítimo. Para cuando Manuel llegó a su capital, ya se había nombrado a un nuevo patriarca (obispo) y se celebró la ceremonia de coronación. Más adelante, Isaac fue liberado en un acto típico de clemencia.
El historiador J. J. Norwich describe el carácter del nuevo emperador de Bizancio de la siguiente manera:
En primer lugar, era excepcionalmente apuesto; segundo, tenía modales encantadores, una afición por el placer y un disfrute de la vida que se destacaban frente a la austeridad íntegra de Juan [su padre]. No obstante, no era para nada superficial. Además de ser un buen soldado y un jinete magnífico, tal vez era demasiado testarudo como para ser el gran general que había sido su padre, pero nadie podía dudar de su energía y coraje. Un diplomático habilidoso y estadista nato, siguió siendo el típico intelectual bizantino, cultivado tanto en las artes como en las ciencias. (274-5)
Una sección de la sociedad bizantina que no lo apreciaba tanto era la Iglesia. Al igual que muchos emperadores antes que él, Manuel se interesó mucho por los asuntos eclesiásticos, pero la jerarquía de la Iglesia vio esto como una intromisión y no se sintió atraída por sus propuestas a los papas ni por la invitación a visitar Constantinopla que le extendió al sultán selyúcida. Además, la reputación de Manuel como mujeriego no pasó desapercibida. Afortunadamente para los ancianos de la Iglesia, Manuel pasaría la mayor parte de su reinado de campaña en cada rincón de su imperio.
A diferencia de sus predecesores, Manuel parecía muy atraído por Occidente, ya que favorecía a los latinos en Constantinopla y les otorgaba galardones civiles y títulos militares. El emperador incluso era conocido por haber participado en torneos de justas en Occidente (y además haber tirado a un par de caballeros italianos de sus monturas). También es posible que Manuel haya introducido una novedad occidental algo indecente, los pantalones, en la sociedad bizantina. Se casó dos veces con princesas de Occidente: primero con Bertha de Sulzbach y luego, dos años después de su muerte, con María de Antioquía, hija del soberano de Antioquía, Raimundo de Poitiers, en 1161. Bertha era la cuñada del rey germano y emperador de Occidente Conrado III (que reinó de 1138 a 1152), y el matrimonio lo arregló el padre de Manuel en 1146 para reforzar la alianza antinormanda, dirigida en especial contra el rey normando Roger II (que reinó de 1130 a 1154) en Sicilia.
Tras algunas victorias menores en Cilicia, Siria y Asia Menor entre 1144 y 1146, Manuel enfrentó el problema de la segunda cruzada de 1147-9. Los bizantinos sospechaban de los cruzados, cuyo objetivo era recuperar los lugares sagrados cristianos de los musulmanes, ya que creían que estos, en realidad, solo iban a por las mejores partes del Imperio bizantino. Por este motivo, Manuel insistió en que los líderes de la cruzada le juraran lealtad. Al mismo tiempo, las potencias occidentales consideraban a los bizantinos más preocupados por sus propios asuntos y de poca ayuda en las nobles oportunidades que, en su opinión, ofrecía una cruzada.
En términos más prácticos, tal como pasó en la primera cruzada (1095-1099), en cuanto el ejército cruzado llegó a territorio bizantino en ruta hacia Oriente, la turba de fanáticos y hombres de dudoso pasado en busca de absolución que atrajo la campaña se dedicó al pillaje, el saqueo y las violaciones. Todo ello a pesar de que Manuel insistió a sus líderes que debían pagar por la comida y los suministros. Manuel les dio una escolta militar para que se fueran lo antes posible, pero hubo frecuentes escaramuzas entre ambos grupos armados. Cuando el contingente francés llegó a la capital bizantina, las cosas empeoraron aún más. Siempre recelosos de la Iglesia oriental e indignados al descubrir que Manuel había firmado un armisticio con los turcos (a quienes veía como una amenaza menor a corto plazo que los cruzados), algunas secciones del ejército quisieron atacar Constantinopla.
Finalmente, tras recibir noticias de que un gran ejército musulmán se estaba preparando para impedir su entrada en Asia Menor, los cruzados siguieron rápidamente su camino hacia el este. Allí, ignoraron los consejos de Manuel de mantenerse cerca de la seguridad de la costa, lo que los llevó al desastre y la derrota. La cruzada también fue un golpe a las alianzas diplomáticas que Manuel había cultivado cuidadosamente porque, al involucrar a Conrado III en persona, proporcionó una distracción que le dio a Roger la libertad de atacar y saquear Kérkyra (Corfú), Eubea, Corinto y Tebas (donde se llevaron a los trabajadores cualificados y la seda de vuelta a Palermo). Manuel intentó convencer a Luis VII, el rey de Francia (que reinó de 1137 a 1180), quien lideraba la cruzada, de aliarse con él contra Roger, pero fracasó. En 1149, sufrió la vergüenza de una revuelta serbia y un ataque a la zona circundante de Constantinopla por la flota de Jorge de Antioquía, pero lo compensó con la recaptura de Kérkyra para los bizantinos.
Italia y Barbarroja
Entre 1155 y 1157, los bizantinos invadieron Italia con la ayuda de su aliado Conrado III, aunque, para ese momento, el rey germano estaba demasiado enfermo para participar en persona. El vínculo familiar entre ambos soberanos se había reforzado cuando la sobrina de Manuel, Teodora, se casó con el hermano de Conrado, el duque Enrique de Austria. A pesar de haber adquirido Bari en 1155, la expedición fue un fracaso debido a la resistencia importante del sucesor de Roger II, Guillermo I de Sicilia (que reinó de 1154 a 1166), quien también podía reclamar el apoyo de Luis VII. En esencia, fueron los propios mercenarios inconstantes de Manuel y los rebeldes locales cobardes los que lo decepcionaron. Así, en 1158, Guillermo firmó un acuerdo de paz con los bizantinos mediante el cual Manuel lo reconocía como rey.
Las cosas empeoraron para el emperador en 1152 cuando Conrado murió y fue sucedido por Federico I Barbarroja (que reinó de 1152 a 1190). La larga alianza entre las dos potencias se terminó, principalmente por el problema del apoyo bizantino a los lombardos y una disputa sobre las posesiones en Hungría. Efectivamente, las alianzas regionales se revirtieron, ya que el tratado que Manuel firmó en 1158 con Guillermo también identificaba a Federico como su enemigo común.
En 1172, Manuel instaló y apoyó a Bela III (que reinó de 1172 a 1196) en el trono húngaro y, por lo tanto, obtuvo una ventaja sobre Federico. Los lazos se reforzaron aun más cuando Manuel comprometió a su hija María con Bela, y el monarca húngaro recibió el título oficial de déspota y se convirtió en el heredero del trono bizantino. Cuando, más adelante, Manuel tuvo un hijo propio, Alejo, el compromiso se canceló y Alejo, naturalmente, fue nombrado el heredero oficial del emperador.
Venecia había proporcionado barcos para apoyar a la flota bizantina a cambio de privilegios comerciales desde 1126.
Venecia
Venecia había proporcionado barcos para apoyar a la flota bizantina a cambio de privilegios comerciales en Constantinopla y dentro del Imperio bizantino desde 1126, pero, para el reinado de Manuel, la república italiana dominaba el comercio oriental. Por lo tanto, para revertir de inmediato la situación, el emperador confiscó bienes, propiedades y barcos venecianos y, en 1171, arrestó a 10.000 comerciantes en todo el imperio. El pretexto oficial fue la acusación de que los venecianos habían incendiado el distrito de sus rivales, los genoveses, en Gálata.
En cambio, apoyaron a Estados italianos alternativos, como Génova y Pisa, pero el efecto en el dominio veneciano fue insignificante y, peor aún, Venecia envió una flota para tomar represalias. Afortunadamente para Manuel, que no tenía una flota para responder, logró engañar a los venecianos para que esperaran a una delegación diplomática y, mientras tanto, sus tripulaciones se vieron afectadas por una peste. El dux se vio obligado a regresar a casa, donde una turba indignada por su incompetencia lo apuñaló. Sin embargo, Venecia lograría vengarse, ya que la ciudad lideró la cuarta cruzada contra Constantinopla en 1204.
Las campañas de Manuel fueron exitosas en la Cilicia armenia, Asia Menor e incluso contra Antioquía, aún obstinadamente en manos de los cruzados. Sin embargo, el 17 de septiembre de 1176, el emperador sufrió una grave derrota en manos de los selyúcidas en Asia Menor, cuando se encontraba de camino a saquear su capital en Iconio. En la batalla de Miriocéfalo (o Myriokephalon), el ejército de Manuel quedó atrapado en un paso angosto en las montañas frigias, y solo se evitó una masacre completa porque el sultán Kilij Arslan II ofreció generosamente un acuerdo de paz, cuyas condiciones eran que los bizantinos abandonaran las fortalezas estratégicas de Dorilea y Soublaion. La pérdida de estos hombres y defensas acabó con cualquier ambición bizantina ulterior en la región, y creó a un enemigo que resultaría ser más problemático en las siguientes décadas. El reinado del emperador casi había llegado a su fin, pero, como de costumbre, hubo un último golpe de Estado. Manuel casó a su hijo de diez años, Alejo, con Agnes, de nueve, hija de Luis VII.
Muerte y sucesor
Alejo II Comneno (que reinó de 1180 a 1183) heredó el trono tras la muerte de su padre de causas naturales el 24 de septiembre de 1180, pero su reinado sería breve. Como era demasiado joven para gobernar por derecho propio, su madre María de Antioquía actuó como su regente, aunque favoreció a su sobrino, de modo que Alejo era una mera figura. Debido a sus políticas a favor de Occidente y su tratamiento preferencial de los comerciantes italianos, María adquirió rápidamente enemigos en la corte y entre el público general. En 1182, Andrónico I Comneno, primo de Manuel, lideró una revuelta exitosa, varios latinos fueron masacrados en Constantinopla y tanto el regente como el joven emperador fueron derrocados. Andrónico obligó a Alejo a condenar a su madre a muerte y, luego, en secreto, mandó estrangular al niño emperador y arrojar su cuerpo al mar. Andrónico solo gobernaría dos años, después de lo cual fue derrocado por un levantamiento popular.
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Así, el reinado de Manuel no logró muchas cosas significativas. Había deslumbrado en ocasiones, pero en realidad solo había conseguido victorias simbólicas (además de costosas), y cada vez que sus ejércitos estaban fuera de la vista, las regiones le daban la espalda al emperador y cuidaban sus propios intereses. El Imperio bizantino había pasado su apogeo y navegaba por aguas turbulentas, lo que culminaría en la terrible tormenta que fue el saqueo de Constantinopla por parte de la cuarta cruzada en 1204.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 31 enero 2018. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.