Los principales lugares, pueblos y comandantes asociados con la Ilíada de Homero conforman una geografía poética del Egeo y del oeste de Anatolia durante la Edad del Bronce Tardía. Aunque el poema épico fue compuesto probablemente en el siglo VIII a.C., su acción se sitúa en el legendario último año de la guerra de Troya, que tradicionalmente se considera ocurrida varios siglos antes. Su mundo muestra recuerdos de la sociedad palacial micénica, la movilidad marítima, las élites guerreras y las frágiles redes de alianzas que vinculaban a gobernantes como Agamenón de Micenas, Menelao de Esparta, Néstor de Pilos, Odiseo de Ítaca, Aquiles de Ftía e Idomeneo de Creta. La expedición aquea no debería ser entendida como la de un Estado-nación griego unificado, sino más bien como una coalición de gobernantes y comandantes regionales unidos por juramentos, el prestigio, los lazos familiares, las rivalidades y las exigencias del honor heroico.
Los antiguos cronógrafos situaron la guerra de Troya en diferentes fechas, en términos generales entre los siglos XIV y XII a.C., y a menudo se asocia con el período de crisis y colapso que afectó a muchas sociedades del Mediterráneo oriental en torno a 1200 a.C. La historicidad de una única guerra de Troya homérica sigue siendo objeto de debate, pero las investigaciones arqueológicas en Hisarlik, ampliamente identificada con la antigua Troya, han revelado niveles de destrucción que corresponden a un posible conflicto durante la Edad del Bronce Tardía. Por lo tanto, la Ilíada debe leerse con ojo crítico como fuente histórica. No es un registro documental, sino un poema épico compuesto por múltiples capas en el que el mito, la memoria, la tradición oral y la composición poética tardía conservan ecos de antiguas realidades políticas, sociales y militares. Su valor imperecedero no radica en demostrar que la guerra ocurrió exactamente como fue narrada, sino en revelar cómo las primeras comunidades helénicas concebían el poder, el honor, el liderazgo, la violencia y el pasado heroico.

