En la sociedad germánica, el camino más seguro hacia la riqueza, el estatus y el poder era el éxito en la batalla. Su institución más importante era el comitatus o banda de guerra, el séquito personal de guerreros de élite que todo rey o jefe intentaba reunir a su alrededor y que constituía el núcleo del ejército tribal. La necesidad de mantener unida a la banda de guerra solía dictar la política de las primeras jefaturas y reinos germánicos.
Los guerreros necesitaban la guerra como un escenario en el que demostrar su destreza y ganar estatus y riqueza. Los reyes y jefes necesitaban el éxito en la guerra para disponer de los medios necesarios para recompensar a sus guerreros y mantener su lealtad, por lo que, en una sociedad así, era imposible mantener largos periodos de paz. El éxito generaba más éxito, ya que cada vez más guerreros se sentían atraídos por la banda de guerra de un líder triunfante. Las confederaciones y la centralización política de los siglos III y IV estuvieron impulsadas, en parte, por bandas de guerra especialmente exitosas.
Se esperaba que los guerreros fueran leales a sus líderes, hasta la muerte de ser necesario. No existía una disciplina formal; el miedo a la deshonra solía ser suficiente para evitar que un guerrero abandonara a sus compañeros en la batalla. La lealtad al líder militar era mayor que la lealtad al propio pueblo, las ideas modernas de nacionalismo no son aplicables a la Alta Edad Media. Los mercenarios germánicos mantenían esta actitud cuando se alistaban en el Ejército romano: no eran más propensos a amotinarse que los soldados romanos y eran leales a sus comandantes romanos incluso cuando se les pedía que lucharan contra su propio pueblo. En la sociedad germánica primitiva se esperaba que todos los hombres libres sanos tomaran las armas.
Book Excerpt
The Making of the Middle Ages: An Atlas of Europe
by John Haywood
Trace the tumultuous history of Europe during the Early Middle Ages through 90 specially commissioned maps and a authoritative narrative. Medieval Europe remains a mystery to many, yet the relative dearth of information about the period cannot mask its crucial importance in history. Often mischaracterized as a time of darkness and decline, the period from 476 to 1000 CE was marked by turmoil, rebirth and transformation.
El arma ofensiva preferida era una espada larga de doble filo, las mejores de las cuales se fabricaban mediante la técnica romana de forjado con patrones o damasquinado. Las espadas eran muy caras y la mayoría de los guerreros luchaban solo con una lanza y un cuchillo grande de una sola hoja para el combate cuerpo a cuerpo. También empleaban el arco y las flechas y el hacha arrojadiza, especialmente popular entre los francos.
La mayoría de los guerreros germánicos iban a la batalla protegidos únicamente por un escudo de madera y, tal vez, un gorro de cuero endurecido.
Para protegerse, un guerrero germánico bien equipado llevaba una cota de malla o una armadura de escamas (una capa de cuero remachada con placas metálicas superpuestas), un yelmo cónico de hierro con placas para las mejillas y un collarín de malla, y un gran escudo circular de madera recubierto de cuero y, a veces, ribeteado con metal. Esa protección no era barata. Las leyes francas le atribuían una cota de malla el valor de dos caballos o seis bueyes y un yelmo el de un caballo, por lo que solo resultaba asequible para los guerreros de alto rango.
La mayoría de los guerreros germánicos iban a la batalla protegidos únicamente por un escudo de madera y tal vez un gorro de cuero endurecido, lo que suponía una grave desventaja frente a las tropas romanas regulares, que vestían todas cota de malla o armadura de escamas. A medida que avanzaban sus migraciones, los guerreros germánicos fueron adquiriendo cada vez más equipamiento romano, especialmente espadas y armaduras.
La mayoría de los germanos luchaban a pie. Tan solo los godos, bajo la influencia de los nómadas de la estepa, habían desarrollado una caballería eficaz, y su papel fue decisivo en su victoria sobre los romanos en Adrianópolis en el año 378. Los estribos no se utilizaron en Europa hasta el siglo VI o VII, pero las sillas de montar estaban diseñadas para que los guerreros pudieran luchar a caballo eficazmente sin correr el riesgo de que el impacto contra un oponente los hiciera caerse.
Entre los demás germanos, la caballería era importante para las escaramuzas, las incursiones y el reconocimiento, pero en un enfrentamiento defensivo incluso aquellos guerreros que tenían caballos solían desmontar y luchar a pie. Al renunciar a un medio fácil de huida, los líderes militares mostraban su disposición a compartir el mismo destino que sus seguidores, que no estaban tan bien equipados.
Los germanos no empleaban tácticas de batalla sofisticadas y carecían de habilidades para la guerra de asedio. El líder visigodo Fritigerno dijo que «no se enfrentaba a muros de piedra». Los ataques se lanzaban en formaciones profundas, con los guerreros de alto rango y mejor equipados en la primera fila y los más humildes en la retaguardia.
La formación defensiva preferida era el muro de escudos, en la que los guerreros se agrupaban estrechamente detrás de sus escudos superpuestos y que probablemente estaba inspirada en las tácticas de los legionarios romanos. Los guerreros germánicos no estaban tan bien entrenados como los soldados romanos: si se rompía una formación, había pocas posibilidades de que se reorganizara y probablemente se producía una desbandada.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.